Los Amamiya

Capítulo 33: Resiliencia

Levanté la vista al escuchar a Touya removiéndose en el sofá incómodo por mi ausencia, y no pude hacer otra cosa que sonreír ante lo adorable que se veía plácidamente dormido en un espacio tan reducido. Todavía estaba sorprendida de haber tenido tiempo suficiente de ducharme, cambiarme y ordenar un poco antes de que él se despertara, pero a la vez no podía culparlo por estar exhausto después del intenso día que habíamos tenido y de habernos quedado en vela durante la mayor parte de la madrugada.

El calor que sentí en mis mejillas casi encendió mi rostro con sólo recordar aquella inolvidable noche de la que sólo quedaría como prueba aquel escrito mío que se proponía fungir como último desahogo para que tomáramos caminos separados de manera definitiva, y que revisaba por última vez antes de dejarlo sobre la mesa de centro para que fuera lo primero que él viera al despertar.

Querido Touya

Si estás leyendo esta carta es porque yo ya me he marchado y seguro te sientes frustrado porque me fui sin despedirme. Se que parece muy cobarde de mi parte solo marcharme sin decirte nada, pero te juro que solo lo hago porque sabía que si volvía a ver tus ojos, si volvía a escucharte decir que me amas, no tendría las fuerzas para hacer lo que tengo que hacer.

A partir de hoy muchas cosas en nuestras vidas cambiarán, pero tal vez pase mucho tiempo hasta que podamos mirarnos sin sentir algo de melancolía, hasta que nos acostumbremos a la idea de que no podemos formar parte de la vida del otro, pero a pesar de eso me consuela saber que los recuerdos que conseguimos forjar juntos seguirán vivos aun a través del tiempo y la distancia.

¿Había alguna última cosa que quisieras decirme? ¿Pensarás en mi cómo estoy segura de que yo pensaré en ti? Tengo miles de preguntas en mi cabeza en este momento, pero a la vez prefiero no saber las respuestas. Prefiero guardar todo eso en mi corazón para mantener latente este sentimiento, para recordar vívidamente cada roce, cada sonrisa, cada beso. Para jamás olvidar que más que dormir conmigo o hacerme el amor usted anoche me besó y me abrazó como si necesitara de mi para sentirse vivo, y allí entre roces y caricias conseguí comprender lo que en verdad significa amar a alguien, lo que realmente debe sentirse cuando dos personas están conectadas más allá de lo físico. Por eso, sin importar lo inalcanzable que sea ahora, ni lo mucho que cambien nuestras vidas a partir de este punto, jamás seré capaz de olvidar ni arrepentirme de todo lo dulce y lo amargo que viví a su lado. Te recordaré y espero que todos esos recuerdos se queden conmigo, y que tu mente y tu corazón puedan comenzar de nuevo tan pronto cruces esa puerta, para que así puedas ser feliz en tu nueva vida.

Te amo y viviré para que tu puedas vivir. Para que puedas disfrutar de todas las cosas bonitas que sé que la vida te tiene reservadas. Espero que tu también vivas por mi, para que pueda ver tu felicidad y para que cuando nos encontremos y hablemos puedas tener muchas historias que contarme.

Eres un hombre maravilloso y yo… me siento honrada de que me dejaras estar a tu lado aun fuera tan efímeramente. Fuiste la forma más triste y bonita que tuvo la vida para explicarme que no se puede tener todo lo que se quiere, y por mi parte a partir de este agridulce adiós, siempre serás una historia que recordaré sonriendo porque sin importar el final… lo bonito fue haberlo vivido.


Lo había olvidado. Esta es un área fuera de cobertura así que no puedo llamar un taxi. Podría volver y pedirle a Touya que me lleve a casa o ir hasta la mansión del abuelo y pedir a uno de sus chóferes que lo haga pero… no quiero ser una molestia, así que solo caminaré mientras mis piernas lo soporten y en algún punto del camino regresará la señal y podré llamar a alguno.

Ojalá y Touya no despierte aun, si descubre que he caminado todo este trecho sola seguro y se enojará conmigo. Es increíble lo sobreprotector que puede ser. Seguro y el que le recuerde que tengo dos años completos viviendo sola en un país extranjero no será suficiente para que lo acepte de buena gana, aunque eso tampoco importa, después de todo a partir de hoy no seremos más que simples conocidos.

Que tontería. Cada vez que lo pienso así mis ojos arden y no puedo evitar comenzar a llorar. Seguro que si Kurogane me ve en este instante me dirá que los masoquistas como yo no deberían ser tan sensibles.

Kurogane. Tal vez no le diga lo que ocurrió está noche a menos que no sea estrictamente necesario. Seguro se molestará muchísimo cuando se entere y no quiero que se sienta herido por mi culpa.

-No hace falta que lo hagas.- Al girarme sobre mi misma ante el escalofrío que me provocó escuchar aquella voz a mis espaldas me quedé petrificada al ver a Kurogane de pie a cierta distancia de mi. Había una extraña mezcla de dolor y enojo en sus ojos, pero aun así no dejaba de sostenerme la mirada mientras su auto yacía a su lado, en evidencia de que se había detenido allí tan pronto me vio caminar sola por aquel desolado paraje lleno de fango y vegetación silvestre. Ahora que lo pensaba mi ropa estaba bastante sucia y mis zapatos apenas podían distinguirse por todo el lodo que había pegado a ellos, pero aquello no me pareció nada importante, lo que más me angustiaba en ese instante era que dado que estaba vestido exactamente como la tarde anterior, seguramente nos había seguido y por tanto sabía exactamente que había pasado la noche con Touya.

Intenté darle una explicación, disculparme por haberle hecho pasar por algo tan doloroso, pero él solo se limitó a gruñir que no necesitaba mi lastima, y subiendo al auto esperó pacientemente a que yo también me subiera. Justo el día anterior le había jurado que ya no haría más estupideces, que sería cuidadosa de ahí en lo adelante a cambio de que se disculpara con Touya, pero al final había terminado haciendo todo lo contrario y por su expresión era obvio que ya había agotado su paciencia. No cruzamos ni una palabra más aquel día y al intentar cambiarme de ropa en casa me di cuenta de que ya no traía el broche que Touya me había obsequiado. Seguro que lo había dejado sin querer en la casa de verano al salir con tanta prisa. Pensé en llamarle y preguntarle pero una parte de mi era consciente de que aquella era una mala idea. Si quería dejarlo tener una nueva vida pues teníamos que limitar nuestro contacto a sólo el estrictamente necesario, de lo contrario correría el riesgo de desatar malentendidos que solo complicaran más las cosas. Duele mucho pero, creo que lo mejor es darlo por perdido.

-Hay muchas personas en torno al paso peatonal. Deberías ir a ver que pasa. – Señaló el abuelo justo en el momento en que nos disponíamos a salir de Tomoeda para llegar al aniversario durante la tarde de aquel domingo y yo levanté la vista hacía esa dirección mientras Kurogane obedecía y abandonaba en silencio el asiento del conductor para verificar lo que ocurría.

Tomoeda era un pueblo pequeño así que el que se tratara de alguien conocido no parecía ser algo demasiado sorprendente, aunque para ser sincera jamás imaginé que sería la ultima persona que deseaba encontrarme aquel día, la única que podía hacer que la calma que había reunido en las últimas 48 horas se fuera por el desagüe. Yoko se había desmayado en pleno paso peatonal mientras volvía del supermercado, pero afortunadamente salvo un rasguño en la mejilla y un pequeño moretón en la pierna no parecía tener nada lo suficientemente grave como para trasladarla al hospital, o al menos fue lo que explicó Kurogane cuando nos avisó que tomaríamos un pequeño desvío para llevarla a su casa con tal de evitar que algo así volviera a sucederle.

-Si tienes malestares tan severos no deberías salir sola. La próxima vez podría ser algo en serio peligroso.

-Lo sé. Discúlpeme doctor Ou, es solo que como quería hacerle algo especial a mi pareja para darle la bienvenida creí que estaría bien si no tardaba demasiado. Aunque estoy segura de que Touya se enojará si sabe que me arriesgué por algo así. No deja de decirme que tenga cuidado para que no le pase nada al bebé, y justo ocurre esto el día en que vendrá a vivir conmigo.

-¡Espera! ¿No será Kinomoto el apellido de tú Touya? - Soltó mamá para mi desgracia como si el ambiente allí dentro no fuese lo suficientemente asfixiante y de inmediato ella curiosa nos preguntó si acaso lo conocíamos. No estaba segura de si estaba sorprendida o indignada con mamá por lo conversadora que estaba y todas las preguntas que le hizo acerca de su relación con el susodicho, pero no pude menos que agradecer al abuelo por intervenir y corregirla por ser tan indiscreta. Obviamente Touya no había dicho a nadie la razón por la que no asistiría a la actividad, así que ni el abuelo, ni mamá, ni mucho menos Kurogane sabían que tendría un hijo hasta ese instante, por lo que su curiosidad era mas que justificada pero aun así las ganas inmensas que tenía de cubrirme los oídos para no escuchar una palabra más al respecto eran sencillamente insoportables.

Se suponía que debía estar feliz de que hubieran arreglado las cosas tan pronto, que verla así de ilusionada después de lo tensas que se habían puesto las cosas entre ellos debía tranquilizarme, pero no fue así. No sólo no pude soltar la respiración que contenía hasta que ella no se despidió al ingresar a su casa, sino que escuchar a mamá comentar lo sorprendida que estaba de que alguien tan arisco como él terminara con una mujer tan agradable y bonita como ella despertó en mi un sentimiento que no era capaz de identificar, y que me persiguió hasta el momento en que comencé a tocar las teclas del piano con todas aquellas miradas puestas sobre mi.

Piel dorada, media melena castaña, fuerte olor a rosas, caderas extremadamente anchas y piernas larguísimas. Yoko era una mujer realmente hermosa, de eso no había duda. Ahora que vivirían juntos seguramente Touya no tardaría en amarla con todo su corazón, sobretodo ahora que le daría un hijo. Pero… así debía ser, ¿no? Si eso ocurría Touya sería realmente feliz, ¿no es cierto? Entonces… ¿Por qué me dolía tanto el pecho con solo pensarlo?

La respuesta surgió en mi cabeza amarga y desgarradoramente y al final solo me puse de pie, miré a mi alrededor como si le pidiera en silencio perdón a todos los presentes por lo que iba a hacer y abandoné el escenario a media canción, con un enorme nudo en la garganta y una inundación de lágrimas a punto de salir de mis ojos. No quería ver a nadie, no quería oír a nadie. Sabía que fui yo quien le animó a tener una nueva vida junto a ella, que fui yo quien insistió en que terminar todo esa noche era lo mejor para los dos, pero aun así todo mi cuerpo ardía mientras lloraba con tanto dolor que sentía que mis pulmones en cualquier momento colapsarían. Él pronto me olvidaría, seguro que pronto se acostumbraría a mi ausencia. Yo era la única que seguiría aferrándose a ese sentimiento, que seguiría atada a su recuerdo.

Los brazos de Kurogane me detuvieron mientras corría y tomándome de la mano me sacó del lugar, lejos de las miradas de los curiosos medios que intentaban investigar por que la heredera del mayor imperio industrial de todo Japón estaba llorando con tanta amargura y subiéndome al auto se dispuso a llevarme a casa sin aun decirme una sola palabra.

Nunca, ni siquiera cuando éramos niños lo había visto tan enojado conmigo. En ese entonces aunque cascarrabias y algo frío, él siempre estaba a mi lado vigilando mis pasos y defendiéndome de cualquier peligro, pero en ese momento ni siquiera me miraba a través del retrovisor provocándome un inmenso nudo en la garganta. Me dolía tanto el que las cosas entre nosotros tomaran ese turbio rumbo, que sin quererlo nos hubiéramos involucrado en un amargo triángulo amoroso en él que el siempre parecía salir perdiendo. Si tan sólo hubiera una forma de remediarlo, si tan solo pudiera encontrar una manera de que todo volviera a ser como antes.

-Me casaré contigo. Si aún me quieres lo suficiente para desear que sea tu esposa, me casaré contigo. -Solté en un sollozo más para mi misma que para él, pero al escucharlo decir aquel "de acuerdo" me di cuenta de que lo había dicho más alto de lo que creía. Él seguía sin mirarme pero el ambiente se había suavizado, creo que a su manera estaba contento de que al fin hubiera recuperado el juicio y decidiera rendirme con respecto a Touya. Cuando vine a darme cuenta aquel anillo brillaba en mi dedo anular y de lo único que se hablaba en mi casa era de una vistosa boda digna de una princesa de cuentos de hadas que a mi no me provocaba ni la más mínima emoción.

Era irónico. Kurogane me había dicho que no quería mi compasión y al final, justo eso era lo que me llevaría al altar en sólo unos meses.

-Tomoyo… ya han llegado la mayoría de los invitados. El ministro pregunta si ya pueden comenzar con la ceremonia.- Escuché anunciar a Shaoran mientras se asomaba por la puerta, y después de deslizar cuidadosamente mis dedos por mis ojos para eliminar cualquier prueba de que había estado llorando, le pedí que indicara a los demás que fueran tomando sus puestos, y alisando un poco más mi vestido, tomé el ramo de flores que acababa de terminar para Nakuru e intenté salir de la habitación dispuesta a hacer gala de los casi veinte años de autodominio y templanza que había cultivado, hasta que él extendió sus brazos delante de mí con la intención de detenerme.

Sus ojos dorados me miraron fijamente con aquella seriedad que lo caracterizaba y que ahora estaba mezclada con preocupación y angustia, y llanamente cuestionó mis razones y sentimientos, me preguntó si en verdad estaba bien con todo aquello de casarme, con todo aquello de la nueva vida de Touya. Según parecía el preocupado grupo no había podido contenerse de ponerlo al tanto de todo con la esperanza de que me hiciera entrar en razón dado a que a todos ellos no hacía más que rebotarles sus preguntas con una de mis vacías sonrisas, y aunque mi garganta se cerró unos instantes al estar a punto de ceder a la lágrimas incapaz de admitir la cruenta verdad, le sonreí tiernamente y solo salí de la habitación dejándolo atrás mientras le pedía que no se preocupara.

Aquella sería una boda maravillosa y aunque agradecía la preocupación de todos no dejaría que ni mi dolor ni mi debilidad lo arruinaran.


Sublime. Esa era la palabra ideal para describir lo que veían mis ojos. Aun no podía asimilar que el patio de un templo viejo y aburrido como ese pudiese adquirir tal fulgor y hermosura con unos cuantos adornos y flores.

A donde quiera que veía las rosas rojas lo embellecían todo, haciendo un contraste extraordinario con las elegantes sillas blancas apostadas a ambos lados de un camino de pétalos carmesíes y níveos que terminaban justo debajo de un arco de rosas de la misma combinación, mientras a pocos metros una carpa heptagonal igualmente adornada aguardaba el momento en que comenzara la posterior celebración dónde pequeñas luces blancas alumbraban lo que sería la pista en la que los relativamente pocos invitados bailarían a la luz de la luna.

Volví a mirar al inicio del camino al escuchar a Yoko indicarme que ya comenzaría la boda y acomodándonos en el par de asientos vacíos al final del camino intenté poner atención a la ceremonia que ya estaba por empezar, fijándome en la pareja que ahora hacía su entrada como parte del cortejo nupcial y que se trataba nada más y nada menos que de mi hermana y el mocoso.

Sakura tomaba del brazo al insoportable de mi cuñado mientras escondía la mirada y avanzaban muy despacio por aquel camino, a la vez que el susodicho no podía estar más patitieso. Era obvio que ambos estaban nerviosos por tener los ojos de todos puestos sobre ellos, pero a la vez hacían galantería de el amor puro e inocente que representaban al llevar ambos las mejillas sonrosadas como si fuese la primera vez que estaban tan cerca uno del otro, cuando la verdad es que en sólo unos meses estarían caminando a través de un pasaje similar, pero para unir sus vidas permanentemente. Aun la idea de imaginármela lejos de casa llevando las riendas de su propio hogar me causaba cierto escozor, pero aunque odiara admitirlo verla colocarse a un lado del arco con su pelo recogido y aquel vestido escalonado de encajes carmesíes que le daban un aspecto elegante y maduro, me di cuenta de que ya mi monstruo no era más una niña. No, era una bella mujer que muy pronto volaría del nido y quien ya no necesitaría de su hermano mayor para cuidarla.

Un montón de cuchicheos se colaron entre los asistentes ante la entrada de la próxima pareja de acompañantes y al mirar al inicio del camino de rosas entendí perfectamente porque todos se habían alborotado tanto. Ella avanzaba despacio junto a ese sujeto, con un pequeño ramo de rosas blancas en las manos y el mismo estilo de vestido que llevaba Sakura, mientras apenas reparaba en cualquiera de los indiscretos que la veían impactados por su perfecta figura destacada en todos los lugares donde aquel vestido se ceñía a ella. Era tan difícil saber que estábamos en el mismo espacio y que no podíamos ni siquiera intercambiar una sonrisa, cuando la verdad era que en ese instante no había lugar en su cuerpo que no conociera, cuando habíamos compartido más que sentimientos, deseos y pensamientos, cuando la sentía tan mía que creía morir y ella sonreía ajena a todo como si ni siquiera supiera que existía, como si lo ocurrido hubiera pasado de largo sin dejar ninguna huella en su corazón.

No sabía si lo que más rabia me daba era que aquel sujeto se estuviera regodeando de su compañía aun sabiendo toda la historia entre nosotros o que aquel anillo brillara en su mano con descaro como si quisiera que me quedara más que claro que aquello no era una mala broma del viejo, pero al sentir a Yoko tocando mi brazo me di cuenta de que la había estado observando por más tiempo del que debería y tragándome mi amargura volví a mirar al inicio del camino para contemplar la tan esperada entrada del novio cuya apacible sonrisa consiguió espantar brevemente todos mis fantasmas y devolverme un poco de calma.

Yukito se veía tan tremendamente nervioso que daba algo de risa, pero aun así seguía avanzando paso a paso mientras Kaho le guiaba y sostenía hasta dejarlo bajo el arco y colocarse junto al par de chicas que intercambiaron una sonrisa cómplice a la vez que él acomodaba sus lentes insistentemente y suspiraba cada dos segundos como si fuese incapaz de respirar con normalidad. A pesar de su carácter siempre sereno había sido un verdadero fastidio lidiar con él y sus nervios prenupciales durante toda aquella semana, pero a la vez contar con su oído atento y sus palabras llenas de comprensión era lo que me había mantenido cuerdo hasta ese instante.

Él no dejaba de recordarme desde el día anterior que Tomoyo era una chica sensata, que jamás haría nada sin una razón y que seguro si le abordaba y hablábamos tal vez podría entender cosas que en ese momento para mi eran incomprensibles. Según sus propias palabras mas que corregirla o acusarla mi deber era meramente él de proporcionarle una opinión amistosa sobre un asunto delicado, asimilar que ahora que ambos habíamos decidido tomar caminos diferentes mi deber era aceptar sus decisiones aun no fuesen de mi agrado y no voy a negar que la idea no terminaba de convencerme.

Sabía que no tenía derecho a juzgarla, que su cuerpo, sus decisiones, sus sentimientos, todo era solo de ella y que tan pronto me dejó a solas aquella mañana yo había perdido cualquier relevancia en ello pero… pero aun así dolía, quemaba, ardía. Mi cuerpo se sentía entumecido de tanto desasosiego. Jamás me imaginé que verla a lo lejos tomando de la mano a alguien más me haría aquel agujero tan grande en el pecho. Agujero con el que ya no tenía más opción que aprender a vivir.

Intenté ya no pensar más en ello y notando el cambio de melodía dirigí por última vez mi mirada hacía el fondo del auditorio y entonces vi a Nakuru hacer su tan esperada entrada. Hiragizawa la llevaba del brazo con gracia y temple mientras ella lucía más que espectacular con aquella obra de arte de encajes y perlas blancas. Su cabello estaba hecho un elegante chongo alto y una sencilla pero brillante corona sostenía el velo que rodaba a su espalda, mientras apenas me enteraba de que aquella bulliciosa y algo insoportable chica tenía una figura tan femenina y delicada.

Era más que obvio todo el esfuerzo y cariño puesto en cada puntada y doblez de aquel vestido personalizado, por eso aquella noche ella brillaba con tanto esplendor que hizo imposible que el cuatro ojos continuara controlando las lagrimas de emoción que intentó torpemente secarse antes de que ella llegara a su lado y tomara su mano. Sus frentes se tocaron por varios segundos mientras ambos compartían la misma forma nerviosa de sonreír y entonces el ministro anunció que daría inicio a la ceremonia de manera formal, haciendo las preguntas correspondientes a una boda occidental tal y como demandaba el origen inglés de la novia y una buena parte de los presentes, y a la señal del ministro Nakuru tomó la mano de Yukito y después de equivocarse de dedo media decena de veces en el intento de colocarle el anillo y soltar un improperio que hizo que los padres tuvieran que cubrir los oídos de los pocos niños presentes, comenzó a recitar de memoria su voto de amor, que esperaba por el bien de todos los presentes no fuese una de sus muestras de indiscreción y falta de juicio.

- Yukito, yo jamás tuve una familia normal. Claro, no quiero decir que no fuera buena. Eriol siempre me dejó comer todo lo que quisiera, Kaho también fue amable aunque al principio no la soportaba, y Spinel era como un malhumorado y gruñón hermano menor al que no dejaba de fastidiar. – Masajeé mi frente intuyendo que aquello sería solo el inicio de los votos más irracionales y vergonzosos del mundo, pero al ver sus labios temblar y su voz llenarse de congoja mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla al mencionar al diminuto personaje que no estaba revoloteando por allí, me di cuenta de que las cosas comenzarían a tomar un melancólico y emotivo rumbo.- Pero aunque era muy feliz entonces, muchas cosas cambiaron de repente y yo sentí que mi mundo se derrumbaba, que ya no podía seguir adelante. Fue entonces cuando llegaste tú, me sonreíste y llenaste mi oscuridad de más luz de la que pude imaginar jamás. Ahora siento que no me falta nada, que tengo todo lo que podría desear. Por que tu eres mi familia, mi presente y mi futuro. Y yo te amo Yukito.

El susodicho besó sus manos mientras conmovido le sonreía con el fulgor de mil soles. Ya no se veía nervioso o preocupado sino que la luna llena sobre nuestras cabezas comenzó a brillar como si pudiese sentir la alegría que él emanaba mientras colocaba el anillo en su dedo con delicadeza y tocaba su mejilla secando las lágrimas que aún humedecían su rostro.

-Nakuru… eres tan hermosa, tan amable, tan alegre, tan divinamente desquiciada.- Su sonrisa se ensanchó aun más como si al decir aquello último hubiera recordado alguna de sus tantas ocurrencias. - Jamás conocí un desastre tan maravillosamente hecho, ni una personalidad tan llena de caos que precisara tanto de mi excesiva calma. Cada día junto a ti es una aventura. Y yo deseo con toda mi alma seguir viviendo bajo la luz que me da tu sonrisa, porque también eres mi familia, y también te amo, mucho más de lo que podría expresar.

- ¡Yuki…! - Chilló la ahora emocionada chica mientras se abalanzaba hacia él, quien hizo un esfuerzo enorme por no caerse ante aquel sorpresivo y eufórico beso que esta le dio en ese instante y dado que ya no tenía otra opción, el ministro se limitó a declararlos marido y mujer mientras todos se ponían de pie y aplaudían.

Ambos se veían tan felices, tan rebosantes de vida, tan seguros de su decisión. Era cierto que eran como el agua y el aceite, la luz y la oscuridad, pero lo diferentes que eran era justo lo que lo hacían perfecto el uno para el otro. Lo que los unía no era una fuerza abstracta e invariable como el destino que los obligaba a tomar un rumbo determinado, tampoco era un capricho momentáneo que los llevara a la deriva sin un lugar fijo al cual ir. Esos dos habían tomado la decisión consciente de estar juntos, de aceptar las consecuencias de sus actos, de asumir el dolor que podía devengar su decisión. Aun si él jamás los hubiera perdonado, aun si Nakuru no conseguía sobrevivir, aun si en unos años su decisión de permanecer juntos se veía afectada por la ausencia de uno de los dos, aun así, ellos decidieron quedarse uno al lado del otro. Su felicidad era algo que ellos mismos habían creado, algo a lo que ellos habían apostado. No estaban intentando sostener su realidad a base de mentiras ni engaños, habían asumido la verdad de sus sentimientos y eso, de una u otra forma los había terminado liberando. Y eso, aunque no lo expresara en voz alta me daba mucho en lo que pensar.

-Me alegra mucho que pudieran venir, ¿te sientes mejor Yoko?

-Si, mil gracias por su preocupación señor Kinomoto. Touya ha estado muy pendiente de mi todo el día y casi no me ha subido la fiebre hoy. Además, estaba tan ansiosa por conocer al fin a la mujer que consiguió enamorar a Yukito que no podía faltar de ninguna manera. Él y Touya siempre fueron un misterio en la escuela, nadie entendía porque no tenían novia, hasta se especulaba que en realidad eran… bueno, diferentes a los demás chicos y se gustaban entre ellos. ¡Se imagina lo descabellado que suena eso! Las personas siempre tergiversan todo.

-¿Descabellado?- Mi padre, quien se había acercado a nosotros tan pronto terminó la ceremonia y en poco tiempo había labrado una afectuosa relación con ella, me miró desconcertado como si me preguntara en silencio si acaso no le había hablado a Yoko al respecto, y no pude hacer más que encogerme de hombros para indicarle que aunque sabía que tarde o temprano se enteraría, había decidido reservarme esa información. No se trataba de que me avergonzara de ello o no estuviera seguro de mi mismo y mis preferencias en ese momento, mi mayor temor era que se escandalizara o no pudiese aceptar esa parte de mi pasado. Esperaba algún día querer a Yoko, llegar a verla como una persona importante que me había dado uno de mis mayores tesoros, pero dudaba mucho que algún día le tuviera ese grado de confianza. Compartiría mi día a día con Yoko y tendríamos una hija en común, pero nunca sería capaz de abrirle por completo mi corazón. Al menos no como a ella.

El simple pensamiento de ello puso a trabajar mis neuronas y sin quererlo en lo único que podía pensar era en encontrarla. Aquel sujeto se hallaba sólo conversando con Shaoran, así que tal vez aquella era mi única oportunidad de abordarla sin tener una acalorada discusión con él, así que tan pronto escuché a Yoko anunciar que iría al tocador y la vi perderse entre los demás invitados, le pedí a papá que se quedara un rato con ella hasta que yo regresara y salí en su busca recorriendo así cada rincón del templo sin éxito alguno, saliendo a las afueras del templo como última opción, dónde su furgoneta, aquella en la que habíamos estado a punto de perder el control la primera vez se hallaba estacionada.

Aun recordaba vivazmente aquella sensación de estarme quemando por dentro, aquella sed insaciable de perderme en su boca. La había extrañado tanto durante ese par de semanas que ensordecido por el constante golpeteo de la lluvia, dopado con el olor de su piel, motivado por la manera en cómo la ropa de ella se pegaba a su cuerpo por lo empapada que estaba, estuve a punto de llevar aquello hasta el mismísimo final. Esa vez pude detenerme por puro milagro, pero aquella noche, mientras estábamos a solas en la oscuridad de aquella habitación… simplemente hubo un momento en el que había olvidado que aquella era una despedida.

Los recuerdos de aquella noche más que fungir como una liberación de mis sentimientos se habían convertido en una atadura, habían avivado aquella ávida necesidad de ella. Por eso me enojaba tanto verla tomar a ese sujeto del brazo como si nada, pensar que tal vez, sólo tal vez había cruzado aquella línea con él también, que alguien aparte de mi había conocido su lado más irreverente y pasional. Estaba celoso, más celoso de lo que jamás había estado en mi vida. Celoso de sus ojos, de sus manos, de su boca, celoso de que él si tuviera la oportunidad de descubrirla cada día, de verla sonreír a lo largo de los años. De que al fin y al cabo hubiera conseguido lo que yo no era capaz de seguir deseando a pesar de ya estar fuera de mi alcance.

Levanté la vista al escuchar el constante golpeteo de unos zapatos de tacón acercándose a toda prisa y al encontrarme con sus luceros amatistas simplemente me perdí en su mirada presa del alivio de que mi búsqueda hubiera dado al fin frutos, pero ella sin mediar palabras, sin siquiera hacer algún intento por saludarme, solo se dio la vuelta procurando regresar sobre sus pasos, haciendo que casi en un impulso inconsciente la tomara de la muñeca y la hiciera volverse para comprobar lo que imaginaba. Ella estaba llorando.

-¿Qué te ha ocurrido Tomoyo?

-Nada.

-Las personas no lloran por nada. ¿Acaso el idiota de tu prometido te ha hecho algo?

-Eso no es algo que debería preocuparte a estas alturas. - Por alguna razón escucharla decir eso me hizo sentir aun más rabia de la que de por si llenaba mi cuerpo y entonces un "¿Te parece que una semana basta para romper nuestros lazos?" Lleno de ira, dolor e impotencia salió de mi garganta ante el hecho de que después de toda una semana pensando en ella, extrañándola con cada gramo de mi ser, aquello fuese lo único que me mereciera, lo único que quedara de lo que había entre dos.

-No se que piensas tú Tomoyo, no se lo que tu sientes al respecto, pero mis sentimientos no son tan volubles como eso. Y lo entiendo, entiendo que quieras tomar tu propio camino lo más pronto posible, entiendo que quieras olvidarte de todo cuanto antes. Pero ¿por qué demonios tienes que tomar el camino fácil y casarte con ese sujeto? ¿Por qué pisoteas mi orgullo haciéndome sentir que todo esto no ha significado nada para ti?

-¡¿Qué querías que hiciera si por más que quiera no puedo deshacerme de este sentimiento?! Creía que si me lo tomaba en serio, si dejaba a Kurogane quererme tal vez eso me frenaría, que tal vez me daría una buena razón para no echar todo a la basura e ir tras de ti en cualquier momento. Pero es inútil, no dejo de sentir dolor cada vez que la veo tomarte del brazo, cada vez que imagino que la amas a ella cada noche mientras yo me quedo sola intentando bastarme con simples recuerdos. ¡¿Y dices que estoy tomando el camino fácil?!

Un torrente de lágrimas se estaban deslizando por sus mejillas mientras ella temblaba y solo entonces me di cuenta de que la tomaba de la muñeca con más fuerza de la que debería y entonces no pude evitar sentirme terriblemente culpable de hacerla pasar por toda esa agonía. Ella solo había intentado reponerse a todo aquello, resignarse a que él estaba con alguien más. Ella solo había estado tratando de olvidar el dolor, de dejar de sufrir, y después de una semana lidiando con todo eso sola, lo único que hacía era desahogar contra ella toda mi frustración. Rodeé su cabeza con mis brazos y la atraje a mi pecho mientras murmuraba que lo sentía, que en serio sentía haberle causado tanta angustia, pero aquello solo aumentó la fuerza de su llanto, mientras ella apenas se movía, apenas me miraba, mientras la poca calma que había intentado mantener hasta ese instante se desmoronaba.

-Ya no lo soporto Touya. No debiste enseñarme lo maravilloso y doloroso que es enamorarme, últimamente solo he sentido tristeza, dolor e ira. Desde que comencé a quererte solo he estado sufriendo, mi cabeza solo está llena de pensamientos sobre ti. Me he vuelto celosa, le he mentido constantemente a mi familia, he usado los sentimientos de Kurogane para paliar mi tristeza. Yo sé lo que es crecer sin padre, se lo insustituible que puede ser su presencia y aun así no dejo de sentirme enfadada contigo por tener un hijo con otra, por preferirla a ella antes que a mí. ¡Y es tan injusto, ¿porque no puedo olvidarte cuando al fin y al cabo se que estas con otra persona, cuanto se que tendrás un hijo con ella?! Me estoy convirtiendo en una mala mujer.

-Eso no es cierto. Tu no has cambiado nada pequeña.- Susurré con la mayor dulzura que pude mientras colocaba mi frente contra la suya e intentaba conseguir que mi voz no se partiera también. Las manos de ella temblaban tanto, sus ojos estaban llenos de lágrimas, se veía tan destrozada, tan decepcionada, tan triste, que sin quererlo mis ojos también se llenaron de lágrimas al verla haciendo un esfuerzo sobrehumano por controlar su llanto. Me dolía tanto escucharla hablar así de si misma, pensar que durante todo ese tiempo su cabeza había estado llena de esos pensamientos, cuando al fin y al cabo todo eso estaba pasando porque yo también quise huir de mis problemas en su momento, por que intenté mentirme a mi mismo y a los demás acerca de lo que en verdad sentía. Por eso no quería que ella viviera como yo arrepintiéndose de sus decisiones. No quería que se pasara el resto de su vida junto a alguien a quien jamás podría amar, porque creía que si lo hacía, si daba un paso más en esa dirección nunca podría ser feliz. Pero la realidad era que si había un lugar en el que ella no sería capaz de alcanzar la felicidad era junto él.

La había extrañado tanto. Aun la buscaba en la oscuridad, aun intentaba dibujar los bordes de su silueta cuando Yoko dormía a mi lado pero aun así, había seguido mintiendo, había seguido fingiendo solo por que no quería reconocer que me había convertido en el mismo tipo de personas que había odiado, que había despreciado toda la vida. Pero la verdad era que yo también había dado la espalda a alguien que me necesitaba por mi propia conveniencia, también yo había intentado hacer la vista gorda a mis equivocaciones y tener aquella familia que mis propios errores me habían negado. ¿Qué sentido tenían todos esos años de rencores y malos tratos si al final iba a hacerle lo mismo a la persona que decía amar?

Sentí de repente que alguien me halaba del cuello de la camisa y entonces, vi los ojos de Ou mirándome lleno de furia mientras me sacudía y preguntaba qué le había hecho en su ausencia. La verdad no tenía fuerzas para responder ni mucho menos defenderme, si en ese momento él decidía partirme la cara no sería capaz de mover ni un músculo para detenerle, pero ella le suplicó que no lo hiciera y le extendió la mano para que se la llevara al aeropuerto, mano que después de gruñir hastiado tomó mientras yo entendía por primera vez que aquel sin duda era el final de manera definitiva. La próxima vez que la viera ya sería su esposa, la próxima vez que nos encontráramos ella estaría completamente fuera de mi alcance. Y aunque me dolía, también parecía ser lo mejor.

Levanté la vista al escuchar que me llamaban y al ver a Yoko y mi padre caminando a prisa hacia mi mientras aquel objeto brillaba en el cabello de ella entendí con claridad lo que había ocurrido solo unos minutos antes. Seguro que Tomoyo se había encontrado con ella en el tocador y al verla llevar prendido del cabello el broche que yo le había obsequiado pensó que había renegado de lo nuestro, que la había sacado completamente de mi vida. Y es que ¿Cómo podía ser posible que ni siquiera hubiera mirado a Yoko lo suficiente para notar algo tan evidente, para darme cuenta de que algo así podía pasar?

Una chica tan dulce y considerada como Tomoyo no se merecía a alguien como yo, alguien que había desconfiado tanto de sus buenos sentimientos que hubiera terminado en brazos de otra, alguien que se había dejado dominar tanto por el dolor que ahora le estuviera haciendo tanto daño, alguien que era tan débil que ni siquiera podía sostener por si mismo sus propias promesas y esforzarse por darle una buena vida a la criatura que ella traía en su vientre, que ni siquiera podía controlar sus propias emociones y prestarle la suficiente atención a la mujer que llevaba del brazo. Yo… ni siquiera me merecía que alguna de las dos me perdonara. Tal vez lo mejor que podía pasar de hay en lo adelante era que yo me quedara totalmente solo y las liberara de la carga de su egoísmo.

-Lo siento Yoko, pero… ya no puedo seguir con esto.- Ellos se detuvieron extrañados sin poder entender lo que ocurría y aunque intentaron hablarme de algo volví a interrumpirlos. Supongo que sentía que si no lo aclaraba en ese momento, jamás podría hacerlo, que tendría que seguir sosteniendo mi realidad a base de mentiras y por extensión haciéndole daño a ellas.

-En realidad la persona que me gustaba cuando te me declaraste en la escuela era Yukito. Es más, hasta hace poco menos de un año aun salíamos juntos. Pero eso no hace que me considere gay o bisexual creo más bien que aunque prefiero por mucho a una chica, si llego a enamorarme en serio no me importaría que fuese una cosa o la otra. -Declaré mientras la veía mirarme desconcertada como si no pudiera creer lo que decía, pero aun así continué con mi confesión sabiendo que aquello solo era la punta del iceberg y que lo que diría a continuación era aún peor que aquello.

-También… estuve saliendo con otra mujer mientras estabas con tus familiares, por eso te dije que no podía vivir contigo, por eso no fui capaz de responder de inmediato cuando me dijiste que no tendrías a nuestra hija. La verdad es que la única razón por la que volví contigo es porque ella me animó a intentarlo, porque ella me dijo que mi hija debía ser más valiosa para mi que cualquier relación amorosa y que cuando al fin naciera yo comenzaría a verte de manera diferente y hasta podría quererte en serio. Pero… ahora estoy convencido de que no es justo para ti el que tengas que quedarte con alguien que en realidad no te ama como mereces y que a parte no es capaz de dejar de pensar en alguien más, y aunque sé que lo mas probable es que ya no quieras tener nada mas que ver conmigo a ahora que sabes la verdad y puedo aceptarlo si eso deseas. Pero te pido, no, te suplico, que no hagas pagar a mi hija por mis errores, que no la prives de vivir solo por tener un padre estúpido e irresponsable.

No estaba seguro de si ella pudo entender algo de lo que dije con aquel hilo de voz pero al escucharla sollozar con tanta amargura llevé la mirada a mi padre que profundamente acongojado me pidió perdón por no poder hacer nada, mientras ella sostenía su vientre con los ojos llenos de lágrimas y me aseguraba que ella también hubiera querido que su hija naciera bien.

Lo siguiente que recuerdo es a nosotros tres conduciendo camino al hospital mientras ella intentaba soportar el intenso dolor que la había hecho dirigirse al baño en un principio y que le ayudó a descubrir que estaba sufriendo un serio sangrado. Mi padre había intentado buscarme tan pronto lo supo con el objetivo de animarme a llevarla al hospital, pero como no me había encontrado había decidido hacerlo el mismo y por eso ambos habían salido a las afueras del templo justo unos segundos después de que Tomoyo se marchara y yo egoístamente los detuviera intentando liberarme de la culpa.

Estaba tan asustado, tan angustiado, no era capaz de creer que la vida fuera a cobrarme tan caro todos mis errores, que al final el mayor de mis temores fuera a hacerse realidad, pero supongo que todo siempre cae por su propio peso y el de mis equivocaciones era tan inmenso que no podía ser simplemente pasado por alto.

No recuerdo demasiado de lo que pasó después de escuchar el funesto veredicto médico, ni cuanto tiempo pasamos en el hospital antes de que papá me llevara a casa y la dejara a ella junto a sus familiares, pero aquella mañana al abrir los ojos en mi antigua habitación, Sakura estaba vuelta un ovillo junto a mi, mientras se sacudía de vez en cuando presa de los sollozos que había intentado reprimir antes de quedarse dormida, y aunque no le dije nada al respecto agradecí internamente el que no quisiera dejarme solo en aquellas circunstancias. Aun una parte de mi no creía nada de lo que había ocurrido y aquel pedazo de realidad que ella representaba era lo único que me motivaba a quedarme despierto al menos momentáneamente.

Los días siguientes no tuve demasiadas ganas de hacer cualquier cosa, pero casi todas las tardes cuando regresaba del trabajo al cual me obligué a seguir asistiendo, recibía visitas de Yukito y los demás quienes intentaban sacarme del mutismo en el que me sumí desde ese día, aunque sinceramente no es que le hiciera demasiado sencilla la tarea. Solo quería estar solo con mis pensamientos lidiando con mis emociones como mejor sabía hacer o tal vez, sólo sentía que en mis circunstancias no merecía la compasión y el apoyo que los demás intentaban darme. Y así, antes de darme cuenta, había pasado un mes completo.

No había sido capaz de deshacerme de aquellos escarpines a pesar de ya no necesitarlos, tal vez por que en el fondo una parte de mi seguía convencido de que aquella solo era una pesadilla y que mi hija estaba creciendo en silencio esperando a ver la luz del sol, o solo porque sentía que si lo hacía, si intentaba borrar por completo su recuerdo volvería a caer en los mismos errores, pero guardando la pequeña caja en uno de las gavetas, me incorporé en la cama y después de resoplar frustrado harto del estúpido timbre que no había dejado de sonar a pesar de lo mucho que me había esforzado por ignorar a quien sea que osaba molestarme aquel sábado en que estaba completamente a solas, bajé las escaleras con desgano y abrí la puerta con tal brusquedad que seguro cualquiera hubiera salido huyendo augurando que le haría algún tipo de daño. Y aunque Shaoran se quedó allí parado sin inmutarse pues la cara de pocos amigos que traía era con la que lo recibía desde el día en que lo conocí, aun así seguí dando lo mejor de mi con el objetivo de ahuyentarlo y obligarlo a dejarme solo.

-El monstruo no está.- Solté cerrándole la puerta en la cara mientras intentaba subir las escaleras y encerrarme de nuevo en mi cuarto, entornando los ojos al escucharlo a mis espaldas mientras afirmaba que ya lo sabía y que había venido a hablar conmigo quedándose de pie en el marco de la puerta de mi habitación que en ese momento parecía más bien la zona de desastre tras el paso de un huracán, porque si, el aseo era una de las tantas cosas que no tenía demasiadas ganas de hacer.

-A menos que vayas a decirme que te diste cuenta que sólo eres un mocoso mimado y que ya no vas a casarte con el monstruo no creo que me interese nada de lo que tengas que decirme.

-Ni siquiera si se trata de Tomoyo.- Reconozco que oír su nombre hizo que me detuviera unos segundos de mi tarea de aventar objetos en cualquier dirección para ignorar a Shaoran. Pero aún así con la mayor hipocresía que pude le pregunté porqué habría de interesarme lo que hiciera la neurótica amiga de mi hermana y la manera tan cansina en que suspiró me indicó que el que la introdujera en la conversación no era una simple casualidad.

-¡Vamos! ¿En serio no creerás que no se nada a estas alturas? La única en toda Tomoeda que no sabe lo de ustedes es Sakura porque nadie a tenido las agallas de decirle que su intachable hermano mayor jugó con los sentimientos de su mejor amiga.

-¿Quién demonios te dijo que jugaba con ella? - El muro de desinterés e ignorancia que tanto esfuerzo me había costado labrar se derrumbó al instante con solo escucharlo afirmar aquello pero aun cuando lo escuché preguntarme porque si la amaba no había hecho nada para evitar que se casara con Ou, solo murmuré que tenía mis razones mientras seguía escondiendo cosas debajo de mi cama al más puro estilo de mi hermana menor. Siempre fui algo quisquilloso con el orden y la limpieza pero conservar aquel desastre a mi alrededor me hacía pensar menos en el lío que era todo mi ser en ese momento, aunque ahora que ya no había nada sobre mi cama creo que sentí que me quitaba un peso de encima. ¿Cómo demonios había estado tirado en ese mar de suciedad y desorden hacia solo unos minutos?

-No me digas que se te pegó la estupidez que ella defiende acerca de que ver a los demás felices hace que automáticamente uno sea feliz.- Cuando llevé mi mirada al mocoso me di cuenta de que media habitación estaba perfectamente ordenada y no pude evitar pensar en que era una fortuna que al menos Sakura no fuera a casarse con un tipo igual de desorganizado que ella, aunque claro está eso era algo que jamás diría en voz alta. La verdad es que mi cabeza había pensado una y otra vez en ese mantra que ella solía usar y eso me había convencido de que aunque la amara con todo mi corazón dejar que encontrara a alguien mejor que no la hiciera sufrir como yo era el mejor aporte que podía hacer a su felicidad. Pero a la vez por alguna razón el que él dijera que era una estupidez no me parecía del todo mentira, después de todo Tomoyo era la persona mas altruista del mundo y sin embargo él sabía más que nadie que su vida no había sido precisamente feliz. Entonces ¿qué se suponía que brindaba verdadera felicidad?

-Tomoyo siempre fue alguien muy importante para mi.- Explicó Shaoran mientras abría las cortinas y dejaba que la luz que aun brindaba el sol vespertino entrara a la hasta entonces oscura habitación. - No sólo la veo como una hermana, como alguien a quien proteger. La admiro… la admiro y le agradezco inconmensurablemente porque sé que si tengo toda esta felicidad entre mis manos se lo debo en buena parte a que siempre haya estado ahí para guiarme y abrirme los ojos. Y aun así nunca he conseguido ni siquiera que me cuente lo que le atormenta, que me deje ayudarla a resolver sus problemas. Pero llegas tú con tus malos tratos y miles de problemas a poner su vida de cabeza y no sólo consigues que te abra su corazón, si no que te conviertes en la única persona que puede obligarla a mostrar sus verdaderas emociones y abandonar esa falsa sonrisa. Llegas, te conviertes en alguien indispensable y solo… te alejas porque crees que así puedes conseguir que sea feliz. - Tuve que hacerme a un lado cuando lo vi frunciendo el ceño mientras tiraba de la cobija que cubría mi cama y sintiéndome acusado, abrí uno de los cajones y tomando una limpia lo dejé terminar con su labor de rescate mientras pensaba en que no debí ser tan severo con mi pobre hermanita mientras crecía. ¿En serio yo daba tanto miedo cuando estaba enojado?

-Nunca estuve de acuerdo con ella en ese aspecto, no hay forma de que alguien sea feliz solo viendo la felicidad de los demás, por que, la felicidad es estar con la persona a la que quieres. Aunque sucedan cosas malas y dolorosas por estar juntos, la verdad es que no ser capaces de estar juntos es aún más doloroso. Por eso… - Alisó un poco una esquina de la ahora perfectamente vestida cama y tomando asiento en ella me miró como si estuviera juzgando y reprobando mi apariencia que para que negarlo dejaba mucho que desear. No sólo no había cortado mi pelo en todo aquel tiempo sino que un vestigio de barba que me hacía ver como veinte años mas viejo de lo que realmente era cubría mi normalmente aseado rostro, eso sin mencionar que aún traía puesta la pijama desde la noche anterior.

-Aunque no tengo ni la menor idea de por qué de todos los hombres insoportables del mundo terminó enamorándose de ti, lo que si se es que es de cobardes decir que la vas a dejar porque merece a alguien mejor. Si de verdad la quieres, pues cambia y se tu esa persona. ¡No seas imbécil!

No se si era el que fuese tan llano, el que me mirara como si fuese un bicho raro o el que supiera que decía la verdad pero no contesté a su desafío en lo absoluto. Me sentía como un niño corregido severamente por su padre por haberse portado mal y eso que cuando el escuincle ese apenas había aprendido a hablar ya yo resolvía operaciones matemáticas de tres dígitos.

Lo vi sacar de su bolsillo un alargado sobre amarillo que colocó sobre la cama mientras se ponía de pie y pasaba a mi lado y justo antes de cruzar la puerta lo escuché recordarme que al día siguiente era el cumpleaños de ella y que al menos debía llamarla.

Me quedé allí solo observando el enorme cambio que había sufrido mi habitación con solo un poco de tiempo y esfuerzo, y me pregunté si algo similar podía ocurrir con las personas. Cultivar virtudes y desarraigar malos hábitos no sería una labor de varias horas de trabajo, pero al fin y al cabo nadie nacía con una personalidad predefinida. Si se pudiera tomar las cosas malas y convertirlas en buenas, entonces tal vez alguien como yo en serio podía volverse mas apacible y tolerante o al menos, menos impulsivo y prepotente.

Me acerqué a la cama mientras comenzaba a sobrecalentarse mi cabeza ante aquella utopía puesta ante mi, y al observar el contenido del enigmático sobre, miré la hora profundamente preocupado.

Mierda, si no me daba prisa jamás conseguiría hacerlo a tiempo.


Las hojas de los árboles se tiñen de dorado rojizo mientras el viento abrasador del verano que comienza a despedirse para dar paso al plácido otoño las hace caer al suelo suavemente terminando su ciclo de existencia y así, tan efímera y vacilante, la vida seguía pasando junto a todos sus cambios y etapas. Tomó en su mano la diminuta hoja que se había colado a través de la ventana de su cuarto y pensó con algo de melancolía en que el dos de septiembre había llegado antes de darse cuenta.

Ya había pasado todo un mes desde que se fue de Tomoeda y por tanto un mes completo que no sabía más de él de lo que Sakura angustiada le contaba de vez en cuando. ¿Cuántas veces ya, había mirado la pantalla de su teléfono con su nombre en la pantalla pensando en hacerle una llamada o al menos mandarle un mensaje? Sabía que estaba pasando por un momento difícil y que necesitaba todo el apoyo posible, pero una parte de ella no creía que comunicarse fuera una buena idea.

Ella no haría más que recordarle lo que había perdido, que quedarse en silencio solamente escuchándolo con compasión. Ella ni siquiera era capaz de lidiar con su propia tristeza, de lidiar con sus propios demonios. Él necesitaba otro tipo de persona a su lado, una que tuviera las fuerzas para sostenerlo en su dolor, que le recordara que la vida seguía adelante. Ella no lo era. Simplemente ella no estaba preparada para algo así.

Se quedó unos instantes con la cabeza apoyada contra la almohada en su momento diario de reprensión mental y al escuchar su teléfono repicar puso el auricular en su oído sin siquiera moverse imaginando que se trataba de Sakura con alguna novedad, dando un enorme brinco al escuchar aquella grave voz saludando del otro lado de la línea.

-¡¿To… Touya?!

-Disculpa si no esta bien que te llamara, es que…

-No, no hay problema.- Murmuró mientras llevaba su mano a su cabeza para intentar disipar el dolor que le provocó haberse caído de la cama de la impresión y sosteniéndose del borde de la misma mientras colocaba el teléfono entre su hombro y su oído, intentó ponerse de pie mientras pensaba que las cosas serian más fáciles si durmiera en un futón y no en una cama de casi tres plantas. Un día le diría a su madre que no sólo no tenía la piel tan delicada como la princesa del cuento de la habichuela, sino que sus mejores siestas habían sido en espacios tan reducidos como el ancho de unos brazos.

-Oye Tomoyo ¿Lo que oí fue golpe?

-No, solo estaba viendo una película de acción. Ya sabe que me encantan las aventuras.

-Muy interesante manera de pasar tu cumpleaños.

-Bueno técnicamente aun no es mi cumpleaños aquí.

-Eso es verdad.

Ambos se quedaron en silencio tras la línea mientras al trigueño se le acababan los temas de conversación y ella comenzaba a tener miedo de que de repente colgara. Había tenido el mes más difícil de su vida y aun así se había tomado la molestia de ser el problema de hacerle una llamada, y aunque oír su voz había sido tan reconfortante como un vaso de agua fría en pleno verano, o una vivaz fogata en medio de un crudo invierno, ahora solo se quedaba muda sin saber que decir. En serio era inútil, ¿por qué no se le ocurría nada sobre lo que hablar?

-Bueno, te dejaré descansar.

-Espere. Siento mucho lo de su bebé. Seguro que estos días…

-No hay nada que sentir. De todas formas no estaba preparado para ser padre, así que fue mejor así. – La forma tan llana y desinteresada en la que dijo aquello echó más sal a la herida y sin darse cuenta le gritó con impotencia que nadie le estaba pidiendo que ocultara sus verdaderos sentimientos. Que él también tenía derecho a no estar bien de vez en cuando.

Al principio la respuesta de él fue solo silencio. Pero al escucharlo respirar profundo intentando reprimir un sollozo se dio cuenta de que efectivamente aquello aun le dolía tanto como el primer día. Pero sentía que después de lo ocurrido no tenía derecho a sentir tristeza por esa criatura, que reconocer su dolor era una muestra de debilidad o incompetencia.

-¿No te parece tonto que aun esté deprimido por alguien que ni siquiera tuve oportunidad de conocer?

-No, no lo es. No puede esperar que algo que le provocó tantas emociones y por lo que hizo tantos cambios desaparezca sin dejar ningún sentimiento a su paso. Así que, el que esté triste es lo mas normal en esta situación.

-Me pregunto de donde sacará esa cabecita tuya tanta sabiduría.- Murmuró él con su usual tono burlón para ocultar el hecho de que intentaba secar sus lágrimas con sus dedos, pero al escucharla aclarar que aquello no era sabiduría, que solo había dicho lo que ella sentiría en una situación similar, comprendió con exactitud porque con ella siempre se le hacía tan fácil dejar salir sus verdaderas emociones. Tomoyo no sólo era una buena oyente, sino una chica llena de empatía y consideración, una persona que siempre se ponía en el lugar del otro y se esforzaba por entender sus sentimientos y circunstancias. Por eso todos la amaban, por eso las personas tendían a acercarse a ella cuando tenían problemas. Su apacible voz, su oído comprensivo, su mirada afectuosa y cálida, todo en ella era un aliciente activo para el desahogo y la liberación. Ella daba lo mejor de sí a los demás y a cambio ellos le entregaban su absoluta confianza.

Otra vez se quedaron en silencio pero esta vez no era algo incomodo o forzado, sino conciliador, reconfortante. Uno que les recordaba porque habían intentado por tantos medios estar juntos a pesar de las adversidades. No sabían si era el que pudiesen leerse uno al otro o el que supieran cuando debían callar o hablar en determinada situación, pero cuando tenían ese tipo de momentos juntos se sentía tan bien, que parecía no haberse roto nunca.

-Sé que no es tu cumpleaños aun, pero te molestaría recibir un regalo por adelantado.

-¿Un regalo por adelantado?

Tan pronto terminó de hacer aquella pregunta, un par de toques retumbaron en la puerta de entrada y entonces sintió que su corazón se detenía. Estaba segura de que no había pedido nada y no recibía visitas a menudo, así que avanzó hasta la puerta algo insegura y al abrirla se quedó helada mientras llevaba sus manos a su boca para evitar soltar un grito que alertara a toda la seguridad del edificio mientras él seguía mirándola con aquella media sonrisa complacido de la sorpresa de su rostro. Había al menos un millón de razones por las que era imposible que él estuviera allí justo frente a ella, pero a la vez ni en sus sueños más absurdos seria capaz de imaginarse algo así por lo que solo podía ser algo real.

Se retiró de un brinco de delante de la puerta tan pronto este le amenazó con llevarse su regalo si no le dejaba entrar y lo vio recorrer curiosamente el lugar aprovechando su completo estupor. Aquel departamento debía ser un par de veces más espacioso de lo que jamás imaginó pero de alguna extraña forma reflejaba el espíritu sencillo y apacible de la única habitante del lugar, que seguía allí junto a la puerta mirándolo como si fuera algún tipo de espectro.

-¿Cómo…?

-Tomé corriendo el vuelo nocturno. Ese estúpido mocoso debió haberme hecho entrar en razón un día antes al menos.

-¡¿Viniste solo?… ¡en un avión!!

-Los barcos tardan mucho.

-Pero el trabajo, la universidad, tu familia…

-Hey, ¿te alegra o no que viniera?

Ella se sonrojó al instante evidenciando claramente la respuesta. Claro que le alegraba, nada podría haberla hecho más feliz que verlo. Pero ¿realmente estaba bien que lo dijera en voz alta después de todo lo ocurrido? ¿Después de aquella discusión que habían tenido la ultima vez? Se acercó lentamente al él al verlo hacerle señas para se sentara a su lado y manteniendo una respetuosa distancia se quedó a su lado en completo silencio , hasta que él sacó de su mochila una alargada caja que le extendió disculpándose por no tener tiempo de envolverla.

-La verdad es que me daba algo de rabia que lleves algo que te dio otro tipo, así que lo compré el día antes de nuestra cita, aunque al final cierta personita se fue antes de que pudiese dárselo en la mañana. No es que diga que tienes que tirar el anterior pero si no lo vuelvo a ver en mi vida sería muy feliz.- Explicó mientras la veía abrír la caja y sus ojos violetas se iluminaban al ver aquel collar en forma de cuarto menguante con una magnolia blanca en la punta inferior.

-Por alguna extraña razón lo vi y pensé en ti, ya no puedo cambiarlo si no te gusta pero…

-Es precioso. Me encanta. -Susurró mientras lo colocaba contra su pecho y le preguntaba si podía colocárselo, mirándo el dije con una enorme sonrisa al tenerlo por fin alrededor de su cuello, con aquella sonrisa que desde el principio le había hecho saber que el día en que por fin la soltara le iba a doler muchísimo. Aunque nunca se imaginó que tanto.

-Sabes pequeña… en realidad no estaba seguro de si era una buena idea venir a verte, creía que sería mejor si ya no nos veíamos en lo adelante. Pero un molesto mocoso me dijo algo que me dejó pensando, una tontería acerca de cambiar y convertirme en lo que necesitas. El punto es que creo que estoy muy viejo para eso y que contrario a lo que piensan los demás no debería intentar estar contigo. Tal vez a simple vista pueda parecer una buena persona pero la verdad es que soy todo lo contrario a ti. Me enojo rápidamente, soy celoso y en el fondo egoísta, egocéntrico y posesivo. Si estás conmigo seguramente te celaré todo el tiempo, me enojaré cada vez que me entere que eres muy cercana a un hombre y me haré tan dependiente de ti que llegaré a ser una verdadera plaga si alguna vez intentas alejarte. Eres demasiado joven para atarte a algo como eso.

-Solo eres unos años mayor que yo, Touya.

-Siete para ser exactos.

-Seis y medio para ser exactos.

-¡Ese no es el punto!- Replicó mientras colocaba sus manos contra su cara y se inclinaba sobre sus rodillas. - He vivido muchísimas mas cosas que tú. No puedo simplemente ignorar todo lo que ha ocurrido estos días. Yo… simplemente no me siento como si fuese el mismo que derribaste frente a la oficina de tu madre hace sólo dos meses, y si han cambiado tantas cosas en tan poco tiempo ¿cuántas no irán cambiando en ti hasta que alcances mi edad? Lo que quieres hoy probablemente no sea lo que quieres en unas semanas. Tal vez no sepas ni siquiera que es lo que realmente quieres hacer o ser en tu futuro. Por eso quiero que sigas creciendo, que conozcas nuevas cosas, que te relaciones con más personas, que tengas otros amores. Quiero que descubras por ti misma que es lo que realmente quieres para tu futuro y si aún así sigues queriéndome, entonces yo te esperaré con los brazos abiertos, y si por el contrario quieres casarte con el doctorcito al final de todo, también lo aceptaré.

-La verdad es que yo y Kurogane rompimos nuestro compromiso ese mismo día. Creo que se dio cuenta de que era imposible obligarme a abandonar mis sentimientos y no pudo soportarlo. – Explicó ella haciendo que él levantara la vista mientras por primera vez se daba cuenta de que aquel vistoso anillo ya no adornaba su mano. - Me dijo que era estúpido el que intentara resolver los problemas de los demás cuando no era capaz de resolver ni siquiera los míos, y que un hombre tan problemático como usted necesitaba una mujer que siguiera siendo fuerte aun en las situaciones desfavorables, no una que llorara cada vez que las cosas se ponían difíciles. Así que lo pensé y en vez de regresar, decidí venir y poner en orden mi vida, mientras esperaba a que usted fuese el que decidiera si quería esto o no. Por eso cumpliré su deseo. Intentaré aprender todo lo que pueda de la vida, conoceré gente, pensaré en que es lo que realmente quiero en mi futuro y entonces, al final de todo, seguiré esperando el momento en que consideres que ya estoy preparada para esto y consigas asimilar todas estas cosas por las que has pasado.

-Pero… tal vez nunca puedas ser feliz a mi lado.

-Touya… - Sus suaves y cálidas manos se posaron en su rostro mientras ella esbozaba una tenue sonrisa al notar que él estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no llorar ante la simple idea de que ella tuviera que llorar por su culpa todo el tiempo. - En el momento en que yo me enamoré de ti sabía exactamente lo que eras. Sabía que tendríamos miles de obstáculos, que nada de esto iba a ser fácil. Yo no quiero que me digas que vamos a ser felices, ni que vas a ser alguien perfecto, ni siquiera que no vamos a discutir de vez en cuando. Yo solo quiero que me asegures que vamos a tener días buenos y días terribles pero que al final de todo siempre estaremos juntos, el uno para el otro. Así que no intentes convencerme de no esperarte. Soy en serio caprichosa y obstinada cuando me lo propongo.

-Creo que no tengo argumentos contra eso.- Un golpe en su hombro le indicó que ella esperaba que negara lo que había dicho y un "acepto tu propuesta" salió de su boca mientras acariciaba su mano profundamente agradecido de que estuviera dispuesta a seguirlo soportando a pesar de todo. Su padre siempre le había dicho que el verdadero perdón se daba cuando al recordar los errores de los demás ya no te dolía ni tenías ganas de vengarte y aunque nunca entendió lo necesario de perdonar de esa manera, en ese momento en que tenia su frente contra la suya y ella sonreía como si aquel día no hubiera estado llorando con tanta amargura se sentía tan agradecido que no era capaz de hablar. Definitivamente no se merecía ni la mitad de el amor de una mujer tan maravillosa, pero estaba decidido a un día ser lo suficientemente bueno para ella. Sacó de su bolsillo el broche que había recuperado de manos de Yoko la ultima vez en que se vieron y después de preguntarle si aún quería conservarlo, lo colocó en su pelo pensando en que tal vez la próxima vez le obsequiaría un par de aretes, una pulsera u otro adorno similar, o tal vez sería una casa, una isla, una nave espacial. Lo que quisiera. Deseaba dárselo todo, todo lo que sus manos pudieran alcanzar y construir y si lo que quería no existía pues se lo inventaría. Haría lo que fuera por mantener esa sonrisa en sus labios. Aunque por ese día ya se había beneficiado demasiado de su infinita suerte.

-Bien, entonces creo que es hora de que me vaya. – Explicó mientras se ponía de pie y se dirigía hasta la puerta, revisando la dirección del hotel que Shaoran le había reservado junto con el boleto de ida y vuelta de avión. Debía reconocer que aunque fuese insoportable e insufrible le debía una esa vez. -Ah si, mi vuelo de regreso sale al anochecer mañana, así que si quieres podemos salir a celebrar tu cumpleaños un rato. Iremos a donde quieras y…

Se detuvo al sentir una ligera presión contra su espalda y ver los brazos de ella rodearlo de repente. Podía escuchar el palpitar ansioso de su corazón y su respiración vacilante pero aun así se quedó quieto en completo silencio hasta escucharla invitarle a que se quedara a cenar al menos dado que había viajado tan lejos solo para verla y entonces en el afán de fastidiarla le preguntó si acaso aquello no era una de sus tretas para aprovecharse de él.

No hubo protestas, ni intentos de explicaciones de su parte sino que un vacilante "¿Aun se quedaría si lo fuera?" fungió como sorpresiva respuesta haciéndolo girarse lentamente incapaz de creer lo que escuchaban sus oídos, comprobando que no era una broma al verla tan sonrojada que apenas podía diferenciarse el verdadero color de su piel.

Dejó caer su cabeza en su hombro mientras la abrazaba por la cintura y se quedaba en un silencio tan profundo que ella comenzó a preocuparse de que sus palabras le hubieran creado algún tipo de conflicto, pero antes de que ella pudiese disculparse y pedirle que lo olvidara, él reconoció que aunque le encantaría quedarse, una parte de él temía que entonces le querría mas y al final ella también desaparecería, como todos los que alguna vez amó y perdió en el pasado. Los brazos de ella rodearon su cuello y levantando su rostro para que estuvieran cara a cara depositó un cálido beso sobre sus labios mientras sonreía y le garantizaba que jamás se iría a ningún lugar si él no lo quería.

-De hecho… ¿porque en vez de solo quedarse a cenar no se queda a vivir conmigo? Es un lugar espacioso, tranquilo y su compañera está algo desquiciada pero en el fondo es buena gente.

-¿Me estás pidiendo matrimonio?

-No lo sé. ¿Aceptaría si se lo preguntara?

-Uhn, creo que papá me mataría si hago algo así después de todo lo que ha ocurrido. Además de que le he caído tan mal al guardia de la entrada que seguro y se encarga de decírselo a tu madre y abuelo, y entonces perderé el trabajo y tendré tras de mi la mafia, los yakuzas, la Cia... Pero te aceptaré la cena por ahora, me muero de hambre.

Ella se rio ligeramente mientras le tomaba de la mano para conducirlo a la cocina ahora que todo estaba aclarado y al final entre conversaciones y bromas acerca de cómo serían las cosas si al final se fugaban juntos y vivían como fujitivos, cenaron juntos, hablaron por horas y se durmieron abrazados hasta la mañana siguiente y eso en cierto modo, fue mejor que haber hecho el amor.

Y así pieza a pieza, paso a paso al verse reflejados en los ojos del otro y sonreírse mientras la luz del sol matutino se colaba por la ventana, solo dejaron que los besos y las caricias marcaran el compás mientras un "feliz cumpleaños" era musitado a su oído y ella sonreía sin poder ocultar su felicidad.

No había torta, ni decoraciones, ni montañas de regalos, ni siquiera estaban vestidos en ese momento y sin embargo ella sentía que era el mejor cumpleaños de todos. Por que su felicidad era tenerlo a él allí cerca, a su lado.


El capítulo más largo de esta historia sin duda alguna, pero también el más satisfactorio de escribir si me lo preguntan. Ahora creo que entenderán mejor porque tanto drama y complicaciones. Touya aprendió a compartir sus problemas y sentimientos con los demás y a dejarse ayudar y Tomoyo comprendió que si bien es bueno contribuir a la felicidad de los demás, también hay que luchar por la suya propia y no tener miedo de decir lo que se quiere decir.

Les anuncio que a partir de este capítulo habrán pasado poco mas de seis meses en el futuro, y veremos el desarrollo de la relación de estos dos y la conclusión del asunto de su familia, pues después de todo aun hay que aclarar lo que pensarán Sonomi y Masaki de su relación, el asunto del padre de Tomoyo, y claro está la boda y reacción de Sakurita cuando se entere.

Solo quedan dos capítulos y un epilogo. Así que ya no habrán más dramas que separen a estos dos. De hecho estarán muyyyyy unidos XD. Hay por lo menos un trío de sorpresas agradables, así que todo lo que han sufrido habrá válido la pena.

Gracias por acompañarme en esta aventura, esperaré con ansias su opinión.

Att: Brie97