Capítulo 41
Sabo mantenía la mirada perdida en su café. Suspiraba de vez en cuando y nada parecía distraerlo, ni siquiera todos los soldados que corrían sin parar detrás suya o todos los gritos de órdenes de sus compañeros intentando organizar aquel bullicio.
-bo.. - escuchó levemente.
El rubio no levantó la mirada.
-¡SABO! - finalmente escuchó el grito de Koala, el cual casi le da un infarto.
-Dios ¿Qué ocurre? - contestó molesto.
-¿Cómo que qué ocurre? ¡Llevas 10 minutos dándole vueltas al café con la cucharilla! - contestó Koala enfadada - ¿¡Te recuerdo que estamos en medio de una guerra y tú eres el jefe de personal!?
-Ahh, jaja, perdona - dijo mientras apartaba la mirada con una sonrisa incómoda. Odiaba tener que lidiar con una Koala enfurecida.
-¡Eres de lo que no hay!
-Relájate Koala - intentó tranquilizarla Hack - Está afectado por lo de Mina, no debes presionarlo de esa...
-¡Justamente porque Mina no está él debe esforzarse más que nunca! - le interrumpió Kola mientras agarraba al rubio y lo miraba con furia - ¡Ella era la única capaz de mantener esta casa de locos en orden y ahora no está! ¡Así que hazme el favor y mueve tu culo AHORA MISMO!
Ambos hombres corrieron asustados de la furia de su compañera.
-Geeez, qué genio - dijo Sabo.
-Bueno, no puedes culparla, ella también está bastante afectada.
Eso era cierto. Mina y Koala tenían una gran relación. Koala apreciaba a Mina como una amiga muy cercana, y su captura le había afectado bastante, así que para no pensar en ello la tomaba con Sabo.
El rubio suspiró. Se odiaba así mismo por no haber ido a rescatarla. ¿Qué clase de nakama abandonaría al otro a la primera? Conocía las reglas, y sabía perfectamente que ese era el procedimiento en caso de que cualquiera de ellos fuese capturado por el enemigo, pero simplemente no podía aceptarlo.
Ella era su nakama. Una de las personas a las que confiaría su vida sin pensarlo. La simple idea de pensar en todas las cosas que le estarían haciendo simplemente le horrorizaba... Y le enfurecía.
El primer día que la conoció fue en aquel campo lleno de girasoles en Dressrosa. Había escuchado sobre el incidente en el Reverie y, a pesar de las advertencias de Dragon, no pudo evitar la curiosidad, así que fue a buscar a esa niña.
Cuando la miró a los ojos por primera vez, pudo ver algo que le era familiar: La mirada de alguien que estaba completamente aborrecido consigo mismo.
Él se sintió así cuando no pudo evitar que prendieran fuego a Terminal Grey, así que sintió que esa niña tenía los mismos pensamientos que él en ese instante.
"Soy tan inútil... ¿Merezco si quiera seguir viviendo?"
Y cuando ella por fin se alistó al Ejercito Revolucionario, sintió una gran alegría.
Adoraba a sus otros nakamas como Kaito, Kota, Koala o Hack, pero sólo con ella podía entenderse en ciertos aspectos.
Ambos eran nobles que despreciaban no haberse dado cuanta antes de lo que hacían.
Era cierto que Mina tenía un título mucho más alto que el suyo, ya que él era el hijo de un marqués de un reino sin valor, mientras que ella era directamente la heredera al trono de uno de los países más poderosos del Grand Line, además de tener sangre de Tenryubito, pero la esencia era la misma.
¿Cuántas aventuras habían tenido ambos juntos? El dolor, el hambre, el frío... Las buenas experiencias creaban amistades, pero los malos momentos creaban uniones inquebrantables.
¿Cuántas veces se habían tenido que cubrir las espaldas en medio del caos total de la batalla? ¿Cuánta comida en mal estado o espacio limitado habían compartido sin dudarlo?
Mientras caminó por la zona del campamento base, pudo observar al famoso "cirujano de la muerte", el cual hace nada había llegado para ayudar con el hospital de campaña para curar heridos.
No había tenido muchas oportunidades para entablar una conversación con él. Lo conocía de Dressrosa, ya que ayudaba a su querido hermano Luffy y parecían ser bastante cercanos. Además, había escuchado, para su sorpresa, que aparentemente mantenía una especie de relación sentimental con su compañera.
Mina nunca le pareció una persona sentimental, así que le costaba imaginarla en alguna relación amorosa, pero él desde luego no era nadie para meterse en los asuntos privados de sus amigos.
Observó al moreno, quien estaba totalmente concentrado mientras operaba a un herido de gravedad. Era un hombre inteligente, confiable y capaz. Tenía buen juicio y era un excelente estratega hasta donde había hablado con él.
Pensó que su compañera y ese pirata se parecían. Ambos parecían separar lo profesional de lo sentimental perfectamente. Sabía que Law conocía la situación de la pelirrosa, y sin embargo no había perdido la compostura y ahí seguía, luchando por mantener a más personas con vida en aquel quirófano improvisado, sin apenas recursos.
Pensó que también le gustaría ser capaz de separar sus sentimientos de todo lo que le rodeaba. Había puesto a sus nakamas en peligro en más de una ocasión por no saber mantener la cabeza fría. Pero no podía evitar preguntarse a sí mismo:
¿Echaría él también de menos a la pelirrosa?
Tras varias horas operando, Law finalmente suspiró al acabar con el paciente. Aquello era un desastre.
Había ido enseguida a la zona de campaña por petición de Luffy, ya que no podía negarle nada a ese idiota ni queriendo. Además pensó que se encontraría con la revolucionaria, pero en cuanto llegó le comunicaron que había sido capturada por el enemigo, y enseguida tuvo pacientes a los que no podía abandonar a su suerte.
Tenía ganas de acabar con todo ello para ir a rescatar a Mina, pero la suerte no parecía estar de su parte.
Levantó la mirada y observó unos ojos azules que lo miraban fijamente.
Era el Nº2 del Ejército Revolucionario, Sabo.
Se quedó mirándolo fijamente sin darse cuenta. Era un chaval atractivo sin duda. Lo único malo era una horrenda cicatriz de quemadura en la cara, una pena. Pensó en que si quisiera él podría hacerle una cirugía reconstructiva...
Ambos se miraron sin decir nada desde la distancia, hasta que finalmente el rubio sonrió y le hizo señales para que se sentara a su lado.
Law estaba confundido ¿Qué diablos necesitaba de él?
-Veo que has acabado con ese soldado - dijo con amabilidad el rubio - Muchas gracias por venir a ayudarnos, alguien con tu habilidad es muy útil para nosotros. Los médicos escasean en la guerra, y más los cirujanos.
-No me des las gracias, soy cirujano, es mi deber - contestó sin darle importancia.
Sabo le ofreció un café al moreno, el cual aceptó.
Ambos miraron el pabellón de medicina improvisado que habían montado. La guerra que acababan de iniciar ya había provocado cientos de muertes y heridos.
-Sabía que iba a ser duro, pero nunca imaginé cuánto - dijo con una sonrisa triste el revolucionario.
-La guerra siempre es igual sin importar los motivos que haya detrás.
-Supongo que tienes razón - señaló al soldado que acababa de operar - Me he memorizado el nombre de todas y cada una de las personas que hay aquí. Siento que como jefe de personal es mi deber recordar a todos los soldados que hayan servido. Nadie merece caer en el olvido.
Law lo miró sorprendido.
-Eso es... bonito.
Sabo se rió.
-¿Un pirata diciendo "bonito"? - miró con una sonrisa al moreno - ¡Eres divertido!
Law giró los ojos. Era más listo que Luffy, eso no tenía discusión, pero esa aura bobalicona era la misma.
-¡Supongo que por eso le gustas tanto a Mina!
-No creo que ella se sienta de esa forma - contestó con una sonrisa sarcástica.
El rubio ladeó la cabeza y se cruzó de brazos, como si estuviese confundido.
-¿Te gusta?
-Sí.
-¿Y qué te gusta de ella?
El moreno se quedó en silencio durante unos segundos.
-Es encantadora a su manera.
-¿¡Verdad!? ¡Yo opino lo mismo! - exclamó mientras se reía alegremente - ¡Es divertido ver sus reacciones!
Law sonrió. No sabía por qué diablos contestaba a todo lo que el revolucionario le preguntaba. Era como si tuviese un poder especial.
-Sabes, Mina no es una chica muy expresiva o habladora - comenzó a decir - Si no la conoces parece bastante fría y que nada le importa. Pero eso no es cierto. Para nada.
-También me da esa impresión.
-Se culpa de muchas cosas que han ocurrido - continuó hablando con la mirada perdida en el café - Cosas muy duras.
Law frunció el ceño.
-De verdad que no os entiendo - miró al rubio - Todo esto... simplemente no comprendo por qué lo sacrificáis todo por imbéciles que jamás lo agradecerán.
Sabo le devolvió la mirada, y le sonrió.
-¿De verdad piensas que lo hacemos para recibir palabras de agradecimiento? - Sabo rió un poco - Hubo un tiempo en el que soñé con ser pirata ¿sabes? Pensé que si salía a navegar por el mar como uno de ellos conseguiría cumplir mi mayor sueño... - su rostro se oscureció - pero fue un pensamiento estúpido.
Law lo miró confundido.
-¿Sabes por qué juramos nuestras vidas a la causa revolucionaria?
-Honestamente, no.
-Porque la única cosa que realmente deseamos con toda nuestra alma es ser libres - miró al techo con tristeza - Lo único que he deseado toda mi vida es ser libre. Pero no una libertad como la mayoría cree que consigue cuando zarpa al mar. Quiero ser libre de verdad. Y mientras haya un hombre que desde las sombras pueda decidir sobre ella para mi no será una libertad real.
El médico se quedó en silencio, sin saber muy bien qué decir.
-Y ella es igual que yo - continuó - Abandonó todo lo que tenía por querer conseguir esa libertad real. Y créeme, no es tan fácil dejarlo todo atrás.
Law comenzó a pensar para sus adentros "¿Qué fue lo que ella tuvo que abandonar? ¿Qué secretos ocultas"?
-Ella me habló de ti ¿Sabes? - cambió de tema de repente - ¡Ella nunca habla de nada personal! Así que eso es una buena señal ¿No te parece?
Esa sonrisa. Esa maldita sonrisa era la misma que la Luffy. Una sonrisa tan pura y brillante que le impedía negarle nada.
Ambos hermanos eran como un sol radiante que iluminaba un páramo helado. Inevitablemente irías tras él para intentar recibir su calor.
Law sonrió, dejando confundido al revolucionario.
-Es por ti que ella se niega a venir conmigo, ahora lo sé - dijo de pronto el moreno con una sonrisa, confundiendo al rubio - Eres igual que Mugiwara-ya.
-No sé de qué hablas ¡Pero me alegra que te caiga bien mi hermano! ¡Y también me alegra que le gustes tanto a Mina! Eres un buen hombre, Trafalgar.
Mientras Sabo reía feliz, Law sonrió con tristeza. Ahora comprendía mejor a Mina. No necesitaba que ella le contara por qué seguía ahí, porque ese chico rubio de ojos azules sonriente, seguramente era el culpable. Lo sabía porque él se sentía igual con Luffy.
Jamás lo reconocería en voz alta. Nunca y bajo ningún motivo.
Pero en secreto, deseaba que fuese él quien se convirtiese en el Rey de los Piratas.
-Una semana más tarde-
Explosiones, gritos, sangre...
Siempre lo mismo. Todos los días la misma mierda.
Sabo estaba ya agotado de todo aquello. La guerra no iba como querían.
La estrategia del Gobierno Mundial no era de "o todo o nada". Iban enviando pelotones que atacaban por sorpresa y rápidamente. Después, desaparecían enseguida y como si no hubiese pasado nada.
Esto no era como la Guerra de Marineford. La escala era mil veces mayor. No se jugaban la vida de un pirata, si no la libertad del mundo entero. Además, cada vez más países levantaban sus armas para unirse a su causa, pero eso tan sólo significaba más trabajo y mayor supervisión.
Dragon también estaba cansado. Se preguntaba todos los días cuándo diablos iba a volver su subordinada. Necesitaba tenerlos a todos para poder organizarse correctamente. Además, justamente Mina era la que tenía conocimientos sobre la guerra y tácticas militares. Ella era crucial en el desarrollo de estratagemas y ataques. Había sido un gran contratiempo que fuese capturada.
De todas formas, confiaba plenamente en todos sus subordinados, y sabía mejor que nadie que ella volvería. Era imposible que alguien con tanto orgullo se dejase podrir en una celda
Kaito disparaba junto con la ayuda de Koala, la cual estaba a su lado. También se preguntaba cuándo diablos su nakama volvería. La necesitaban más que nunca.
De pronto, un destello le nubló la vista. Se quedó quieto.
-¡Esto es una mierda! - gritó Koala mientras luchaba - ¿Kaito-san?
Enseguida se percató que su nakama estaba teniendo una visión del futuro, así que supo que debía protegerlo hasta que saliese del trance.
Finalmente, tras unos minutos ausente, el peligris volvió en sí.
-¿Qué has visto? - preguntó Koala.
El hombre no contestó, pero la miró con una gran sonrisa.
Las llamas de Sabo comenzaban a fallar. Llevaba muchos días sin descansar adecuadamente y el cansancio le estaba empezando a pasar factura. Su reflejos empezaban a fallar y sus llamas no tenían la misma potencia.
Aquellos ataques intermitentes estaban acabando poco a poco con su propio espíritu. Y si él se rendía ¿Cómo diablos iba a mantener a todo el mundo unido? Luffy aún no había llegado, y tampoco tenía a su nakama. Quería que los cuatro estuviesen juntos de nuevo.
-¡SABO! - escuchó que alguien gritó desde lo lejos. ¿Koala tal vez?
No lo vio venir. Estaba tan distraído en sus propios pensamientos que aquel hombre que se le acercó por la espalda con un puñal en la mano apuntando a su cuello se acercó tanto que podía ver el brillo del Kairoseki del arma.
Esperó el dolor punzante y el calor de su propia sangre, pero tan sólo escuchó el peculiar sonido de la carne cortada.
Cuando volvió en sí, vio una figura unida a una espada cortando la cabeza del hombre que casi consigue tomar su vida.
-¿Desde cuando eres tan distraído? - escuchó hablar a una voz burlona - Sí que has perdido reflejos.
Sabo notó como la emoción lo ahogaba.
-¡MINA! - gritó con una alegría desbordante - ¡Volviste!
Ella sonrió mientras recostaba su espada sobre su hombro.
-Acabemos con esto y nos ponemos al día ¿Te parece?
-¡Joder! ¡Realmente estás aquí! - exclamó Kaito mientras reía - ¡Te vi!
-Si que has tardado - continuó Kota con tono malhumorado - ¿Te has ido de vacaciones o algo, niña?
El rubio sonrió. Sintió un brote de adrenalina que le recorrió la columna vertebral. Sus llamas volvieron a avivarse.
-¡Hey! ¡Ten cuidado con lo que haces, idiota! - escuchó gritar a Kota.
Por fin estaban los cuatro unidos. Y definitivamente ahora lo lograrían. El Gobierno Mundial no tenía ninguna oportunidad.
¿Verdad?
