Capítulo 47: Movimiento triple

(Opening: Animal i have become – Three day grace)

12 de marzo. Konoha

La mañana recién comienza en la Aldea de la Hoja, el sol se alza en el horizonte a paso calmo iluminando con su vital calidez este mundo que se envuelve en misterios y violencia a cada día. Bajo órdenes de la Hokage un grupo de ninjas debían organizarse a estas horas para iniciar un nuevo viaje. Este grupo seria conformado por los equipos Kakashi y Asuma, además de la colaboración del Sabio de los Sapos.

En una de las calles principales caminaban dos personas con dirección a la salida principal de la aldea. Uno de los cuales formará parte de la misión, el otro, mejor dicho, la otra, solo lo acompañaba. Naruto y Yugito. La rubia extranjera en estas tierras caminaba jovial a la par del sonriente chico abundando en una conversación.

–¿Entonces ustedes no pueden tener televisores o radios? –Preguntaba el joven rubio a su acompañante con extrañes.

–Así es, en la Aldea de las Nubes están prohibidos, tampoco podemos leer libros o historietas que sean de otras aldeas –Explicaba ella con son leve sonrisa.

–Suena muy difícil, su kage parece ser muy controlador, bueno, no es por ofender.

–No te preocupes. Controlador es poco, es un tirano, ese es el termino correcto –Dijo riendo–. Es difícil, no podíamos hablar mal del gobierno ni siquiera negarnos a obedecer o se nos castigaba de forma severa –Suspiró agachando la mirada.

–Entonces es mucho mejor que estés ahora con nosotros –Dijo él animándola–. Verás que pronto te sentirás como en casa.

–…nunca tuve un hogar. Intenté escapar muchas veces, mismas que fui encontrada y regresada a la fuerza –Murmuró–. No conocí a mis padres, desde que tengo memoria me criaron en una base militar rodeada de ninjas, no conocí civiles hasta que cumplí ocho años. No tenía amigos, ni siquiera otros ninjas, la mayoría me miraban con miedo y para los superiores yo solo era un arma que no debía sentir, no debía hablar… solo obedecer.

–Dios, lo siento mucho, Yugito –El rubio, conocedor de ese sentimiento de rechazo y temor, entendía perfectamente lo que ella vivió–. No te puedo decir que se exactamente lo que sientes, pero lo entiendo, yo también fui rechazado por llevar dentro de mí a una bestia con cola. Estoy seguro que todos los Jinchurikis hemos sido tratados de igual forma.

–Si, igual lo pienso. Y ahora, además de sufrir el desprecio de nuestras propias aldeas un grupo de asesinos nos cazan como animales. A veces pienso que no es justo, no merecemos esta vida por algo que ni siquiera quisimos llevar dentro de nosotros.

–Pienso lo mismo, pero el destino nos puso en este camino y los mejor que podemos hacer es mejorarlo, un ninja de verdad nunca se rinde, siempre camina de frente haciendo aun lado todos los obstáculos.

Otra vez aquella sonrisa gallarda y animada se dibujó en los labios de aquel joven. Demostrando una vez más que nada puede doblegar ese espíritu. Esa misma sonrisa cautivó a Yugito desde el primer día que conoció a Naruto y hoy no es la excepción, pues bastaba con oír esas valientes palabras acompañadas de esa sonrisa para creerle de inmediato y contagiarse de ese ánimo. Y así fue, casi al instante ella misma sonrió y su ánimo se elevó asintiendo a lo que él decía, sonaban tan poéticas esas palabras.

En el punto de reunión ya estaban todos los miembros del grupo dejando a Naruto como el único que faltaba.

–¿Dónde está este flojo? –Alegaba molesta la pelirosa de frente prominente cruzándose de brazos–. Típico de Naruto, llegar tarde.

–Es muy temprano pero ya tengo hambre –Comentó Choji tentado de tomar sus provisiones para comer algo siendo detenido por su mentor.

–Ino, ¿estás bien? –Preguntó Asuma a su discípula quien permanecía en silencio aconchada contra una pared.

–Si, sensei, ¿por qué pregunta? –respondió ella, aunque era notorio que algo no estaba del todo bien.

–Normalmente tú también estarías molesta por esperar tanto, y no sueles quedarte callada tanto tiempo a menos que estés pensando en algo –Intervino Shikamaru, apático como siempre, pero con una habilidad tremenda para notar todo.

–Si, eso es lo que yo pensé –Dijo Asuma.

–Es que estaba pensando en lo que podría pasar si nos topamos de nuevo con los samuráis –Respondió con voz baja y un atisbo de temor, al tiempo que miraba sus manos, mismas que recién se recuperaban de las heridas causadas por su última pelea y eran cubiertas por vendas.

–¿Tienes miedo? –Preguntó el sensei con voz amable.

–N-no es eso –Negó al instante–. Solo estoy pensativa, algo así. Debemos estar preparados para pelear y que no se repita lo que ocurrió la última vez –Agachó la mirada cubriendo sus ojos bajo su cabello.

–¿Te refieres a lo de Shino? –Intervino Sakura–. Eso no pasará, esta vez no –Afirmó con seguridad–. Yo también tengo cuentas pendientes con una samurái que me venció, si me la topo de nuevo no será el mismo resultado.

–Sakura tiene razón, eso no volverá a ocurrir. Esos samuráis no derramarán sangre de la hoja otra vez, esta vez iremos con todo desde el inicio, sabrán de lo que somos capaces –Animó el sensei con una sonrisa orgullosa.

–Vaya, allí viene Naruto… ¿Quién es ella? ¿Es la chica que trajeron de la Aldea de las Nubes? Si que es linda –Comentó Choji divisando al rubio acercándose en buena compañía.

–¿Qué hace ella aquí? –Masculló Sakura frunciendo el ceño–. Kakashi sensei, no nos dijo que ella vendría con nosotros.

El ninja de la máscara había permanecido en silencio en todo momento, sentado sobre un tejado leyendo su libro favorito. Hasta que la rabieta de Sakura apareció sacándolo de su afable lectura.

–No, ella no vendrá con nosotros. Solo debió venir a despedir a Naruto –Explicó él guardando su libro. No fue difícil para Kakashi entender el repentino enojo de la chica–. ¿A caso te molesta que venga junto a él?

–¡Claro que no! Solo pensé que vendría con nosotros, eso es todo –Descubierta por su sensei optó por negar y darle la espalda–. Ese tonto debió llegar tarde por venir hablando con esa mujer todo el camino, es un irresponsable.

–Si, claro, eso mismo había pensado –Rio Kakashi saltando del techo.

–Disculpen la tardanza, buen día –Saludó el chico llegando con sus compañeros seguido de Yugito.

–¿Me pregunto porque llegaste tarde? –Dijo con tono jocoso Choji dándole un leve codazo.

–Si, es que olvidé decirle a Yugito que me iré de la aldea unos días, y como estoy encargado de atenderla no podía irme sin decírselo –Respondió ausente del doble sentido de las palabras del regordete ninja.

–Es verdad, ahora Shizune estará al pendiente de lo que necesites Yugito –Comentó Kakashi.

–Si, Naruto me informó de eso. Agradezco mucho lo que han hecho por mí y la hospitalidad que me han brindado –Dijo Yugito con una reverencia.

–Naruto solo debía enseñarte la aldea, no ser tu cuidador. No eres precisamente una niña –Farfulló Sakura.

–Cielos, Sakura, hoy te despertaste con el pie izquierdo –Alegó Naruto extrañado por esa actitud de su amiga.

–Idiota –Gruñó y se alejó de él–. ¿A que esperamos para irnos?

–Si, lo mejor será salir de una vez, nuestro objetivo está muy lejos y es posible que no seamos los únicos en esta encomienda. Es hora de irnos –Ordenó Asuma a sus chicos.

Todos iniciaron su camino, pero antes de salir Yugito llamó a Naruto tomándolo suavemente del brazo.

–Solo quería decirte que tengas cuidado en tu misión y te deseo mucha suerte –Dijo dedicando una gentil sonrisa al chico.

En ese momento, guiada por inciertos y efusivos sentimientos, se acercó a él y le dio un suave beso en la mejilla, no muy lejos de sus labios, el cual duró un par de segundos dejando a Naruto sorprendido y sonrojado por lo repentino. Al separarse de él, Yugito notaria que Sakura los estaba viendo por encima del hombro y su expresión era atemorizante, incluso para la Jinchuriki del nibi.

–… ¡Es verdad! así es como agradecen en la Aldea de las Nubes, lo había olvidado –Rio el rubio, como siempre dueño de una insensatez abrumadora, incapaz de entender cosas por más obvias que pudiesen ser.

–S-sí, si así es –Ella también se sonrojó al entender que lo que hizo fue atrevido e inoportuno.

–Ya debo irme, Yugito. Nos vemos pronto y cuídate también –Sin más salió corriendo para reagruparse con sus compañeros.

La chica lo despidió con un gesto de su mano. Se quedó un rato más mirándolo alejarse por la vereda principal, y no era la mirada de una amiga, sus ojos comenzaban a ver a ese chico de otra forma. Mientras tanto al frente Sakura caminaba sin decir o hacer nada, pero en su faz se notaba la molestia ante lo que vio e Ino no lo pasó por alto.

–¿Ahora celas a Naruto, frentona? –Le susurró acercándose a ella.

–No sé de qué diablos hablas, Ino. Yo no celo a nadie –Refunfuñó sin mirarla y apretando los puños.

–Gracias por confirmarlo, esto si es algo nuevo –Rio Ino alejándose para evitar hacerla enojar aún más.

El día apenas despunta con el alba y es a estas horas que cierto joven de ojos perlados camina por las inmediaciones del hogar de su clan. Neji acude de inmediato a la residencia de la rama principal de la familia buscando con avidez a su prima. Llegando a sus aposentos y abriendo la puerta abruptamente.

–Otra vez se fue –Gruñe al encontrar el lecho vacío y perfectamente tendido a pesar de las horas.

–¿Intentas detenerla otra vez? –Cuestiona una dulce voz a sus espaldas, misma que es de la hermana menor de Hinata, Hanabi. La niña recién escapa a sus sueños y se nota en su alborotado cabello y ojos adormilados.

–No puedo detenerla si no sé a dónde va –Suspira frustrado–. Ha hecho lo mismo los últimos cinco días. Se va antes de que amanezca y regresa después del medio día, sucia, herida y agotada. ¿Qué diablos hace y dónde?

–Es obvio que está entrenando, no entiendo por qué hacer tanto revuelo por eso –Bostezó la niña.

–No ha dejado que sus heridas sanen correctamente, no habla con nadie y apenas come, ese no es un entrenamiento al que Hinata esté acostumbrada –Explica claramente molesto, para luego relajar su semblante–. La muerte de su compañero la golpeó peor de lo que pensé, y ni siquiera deja que la ayudemos.

–Vaya, está vez si te vez preocupado por mi hermana, eso es raro en ti –Rio Hanabi.

–Claro que estoy preocupado por ella. Hinata no es precisamente una kunoichi muy fuerte, ni física ni mentalmente, por eso quiero ayudarla. Además, es mi trabajo cuidar de ella.

–Quizás Hinata ya no quiere eso, y quiere ser capaz de cuidarse sola –Sugirió Hanabi regresando a su habitación–. Mi hermana no es tan débil como parece.

–¿A qué te refieres? ¿Sabes algo? –Cuestionó sin entender.

Pero no hubo respuesta pues la niña cerró la puerta de su habitación sin decir nada, dejando al joven Neji muy confundido ante esas últimas palabras.

A una distancia no muy lejana a las tierras de la familia Hyuga, fuera de los límites de la aldea y dentro del inmenso bosque que impera en estas tierras es donde encontramos a la hermosa heredera del clan Hyuga, Hinata. Yace inmóvil sobre la fría tierra. Sus ropajes, roídos y sucios, así como los golpes y raspones sobre su tersa piel advierten al instante de una situación nada calma.

Madrugar todos los días y el escaso consumo de alimento produjo que se quedara dormida en el suelo del bosque sin notarlo. Sin embargo, poco duraría este descanso, su mente se llenaba siempre de las mismas funestas imágenes. Una katana moviéndose veloz como el viento, incapaz de detenerla haga lo que haga, un cuerpo masculino cayendo al suelo y sangre, mucha sangre, por todos lados, en al katana, en el suelo sobre él y sobre ella misma. Esas imágenes tan horridas rápidamente la sacan de su letargo.

–¡Shino! –Grita asustada, hallándose en medio del bosque y lejos de esos recuerdos–. Otra vez esa pesadilla –Susurra secando las lágrimas que escapan a sus ojos y que es incapaz de contener.

Suspira con pesar mientras se levanta. Sus fuerzas flaquean, el cansancio se nota sobre ella. Aun así, se planta firme, y descalza, sobre el suelo en postura de combate. Su respiración se hace lenta y profunda para poder concentrarse mejor. Su Byakugan se activa y sus manos emanan chakra.

Se mueve a gran velocidad hacia una enorme roca plantada frente a ella. Sus palmas atacan una y otra vez al objeto inmóvil causando gritas que al quinto impacto desmoronan la dura roca cual si fuera de arcilla. Una muestra de fuerza sorprendente, pero con el precio de que sus manos han comenzado a sangrar y el dolor trata de doblegarla recorriendo sus brazos. Se muerde el labio para no demostrar el daño de sufrido.

–No, aun no es suficiente. Debo ser más fuerte, mucho más fuerte –Se dice así misma reuniendo coraje para seguir el entramiento auto impuesto–. No puedo dejar que nadie más muera por mi culpa.

Bastó un vendaje que llevaba consigo para cubrir sus manos y reanudar el entrenamiento, esta vez los árboles serian sus objetivos. En cada golpe Hinata no solo buscaba la mejoría de su poder, liberaba el dolor que lleva sobre sus espaldas por el deceso de su compañero y amigo al tiempo que se castiga así misma por no haber hecho nada para salvarlo.

Pero no solo en la Aldea de la Hoja las cosas se mueven en dirección al Jinchuriki del Sanbi. En la base de los samuráis los jóvenes integrantes de la nueva fuerza de ataque se habían despertado incluso antes que sus maestros para estar plenamente listos. Hiroshi, Akira y Yura, fieles discípulos de la famosa Ayako Sendo veían en esta nueva misión una oportunidad de reivindicar su error en la misión anterior, había decisión en sus miradas y actitudes. Además, estaban con ellos Ryo y Asami, discípulos del campeón Jubei Yagyu. Los cinco jóvenes se encontraban en la entrada principal de la base esperando, sin embargo, Hiroshi y Ryo decidieron aprovechar el momento para entrenar un poco.

–¡¿Esto es necesario?! –Objetó Asami mirando molesta a ese par–. ¡Yura, diles algo!

–¿Qué quieres que haga? Son como un par de niños pequeños jugando –Rio la chica de larga cabellera castaña atada en una coleta. Yura disfrutaba, muy en su interior, de ver a Hiroshi pelear y decir sus típicas estupideces.

–Hiroshi es más como un perro, siempre trata de demostrar algo –Agregó el sosegado Akira sentado sobre unos barriles mientras lee un libro casi ausente de la situación de su amigo.

–Escuché eso, Akira, y me lo pagaras –Refutó Hiroshi riendo–. ¿Eso es todo lo que tienes Ryo? ¡Vamos, quiero una pelea de verdad!

–No estoy luchando a mi cien por ciento, Hiroshi. No quiero matarte antes que inicie la misión, podría robarle ese gusto a un ninja, como casi ocurre la última vez –Fanfarroneo el rudo joven el cual destaca por su musculatura.

–Maldito, eso si me dolió –Rio Hiroshi lanzándose al ataque con fuertes puñetazos.

El combate era a puño limpio, nada de armas, y se limitaban a arrojar puñetazos y patadas únicamente, como dijo Yura, es más un juego de niños. Aunque buscaban claramente superar, al contrario, siendo Ryo el más fuerte y Hiroshi más rápido.

–Que par de tontos –Bufó Asami resignada, sentándose sobre los barriles junto a Akira–. Oye, ¿eso es una novela erótica?

–¡No! –Alegó él cerrando rápidamente el libro, con un leve sonrojo en sus mejillas–. E-es una novela dramática.

Cerca de allí caminaban los tres encargados de la misión, los maestros de aquel grupo de cachorros y el campeón que fue adherido a la misión por orden misma del Shogun. Jubei, Ayako y Kazuma. Los tres repasaban la situación y formaban sus planes acompañados de un mapa y un informe con todos los datos que poseen.

–Ese lugar, La Aldea de la Neblina, está muy lejos –Dijo Jubei mirando el mapa con su único ojo–. Debemos seguir a lo largo de todo el País de las Aguas Termales hasta llegar a la costa oriental, desde allí buscaremos una embarcación para viajar al País del Agua.

–Debemos ser muy rápidos, igual que la última vez es posible que no seamos los únicos inmiscuidos en esta misión –Sugirió Ayako–. Debemos viajar ligeros, con las armadura y armas guardadas, eso nos servirá para pasar desapercibidos.

–Estoy de acuerdo. El Shogun mismo nos encomendó esta misión así que fallar no es una opción –Agregó Jubei guardando el mapa–. ¿Por qué estás tan callado, Kazuma? Eso es muy raro en ti.

–…–El semblante el campeón del clan Shimazu era muy serio y fuera de sí, ausente en sus pensamientos.

–Oye, no seas grosero, responde –Agregó Ayako moviendo su mano frente a la cara de Kazuma para llamar su atención.

–Se han preguntado, ¿por qué hacemos esto? –Lanzó Kazuma pensativo–. ¿Exactamente quien ese ese sujeto al que debemos capturar y por qué? Solo nos dijeron que posee algo muy especial con él.

–¿Debemos saberlo? –Dijo Ayako despreocupada–. Somos samuráis, solo obedecemos y hacemos la voluntad de nuestros señores. Sus motivos tendrán y deben ser muy importantes para enviar a dos campeones y dos escuadras de samuráis.

Esas palabras "¿Debemos saberlo?" "Somos samuráis, solo obedecemos y hacemos la voluntad de nuestros señores" Golpearon con fuerza la conciencia de Jubei trayendo de inmediato a su mente aquella reunió fortuita con el Demonio Sombra tras su escape de la Aldea de la Arena. Las palabras que en aquel entonces Hideo le dedico no han desaparecido de la mente de Jubei.

–No te pido que traiciones, Yagyu, te pido que no te dejes influenciar por ellos. Duda de todo lo que te digan y cuestiona las ordenes que te no agraden. Solo quieren acabar con la paz, y acabar con aquellos que están en su contra. Te pido, que abras tu mente. Nunca olvides el Sengoku y todas las mentiras que allí nos dijeron. Esos hombres no velan por el interés de los samuráis, ellos no tienen derecho a llamarse samurái, solo velan por sus interés y ambición–.

–¿Y si su voluntad no es buena? –Murmuró Jubei–. ¿Realmente estamos haciendo lo correcto?

–¿De qué hablas? –Cuestionó Ayako.

–¿Por qué no nos dicen todo? Solo nos dan una orden y debemos acatarla, ¿eso está bien? –Insistió Jubei.

–¿A caso bebiste anoche? Porque somos samuráis, por eso –Respondió con seriedad. Sin embargo, luego desvió la mirada mostrando desconsuelo en sus ojos–. No tenemos otra opción ya. Aunque sintamos que no es lo correcto debemos hacerlo para proteger a quienes queremos.

–…–Jubei se quedó sin palabras, incluso se sorprendió al entender lo que quiso decir.

–Ahora entiendo como una mujer como tú terminó bajo el mando de lord Shimazu –Comentó Kazuma sorprendido y maravillado al entender las acciones de Ayako.

–Así es, cuando el Sengoku se encrudeció debía encontrar un clan al que servir y que fuera lo suficientemente fuerte para protegernos a mí y a mis discípulos, aunque tuviera que hacer cosas incorrectas todo el tiempo. Vendí mi honor y creencias a cambio de protección –No dijo más, solo frunció el ceño con sentimientos deleznables hacia sí misma. Les dio la espalda y siguió su camino.

–Ella es un samurái de verdad, sigue el verdadero camino, aunque se ve forzada a no hacerlo –Dijo Jubei mirándola con sumo respeto.

–¿A qué te refieres con un verdadero samurái? –Preguntó Kazuma

–Es lo que Hideo me dijo cuando me topé con él por última vez. Ese sujeto, es más sabio de lo que pude pensar.

–Si, quizás. Pero por lo que escuché dicen que Tomoe lo mató, así que su sabiduría no le sirvió de mucho.

–…No, yo no creo que eso haya pasado. Algo me dice que Hideo y yo nos volveremos a ver algún día, tengo ese presentimiento –Siguió su camino pasando de Kazuma.

–Este podría ser un viaje muy interesante –Se dijo así mismo Kazuma.

Los tres samuráis llegaron hasta donde estaban sus discípulos esperándolos. Notando al instante que Hiroshi y Ryo estaban en el suelo riéndose el uno del otro, ambo con un moratón sobre la cara.

–¿Espero que haya una buena explicación para esto? –Dijo Ayako molesta mirando a su discípulo.

–¡M-maestra! –Se levantó rápidamente–. N-no es lo que parece, solo estábamos entrenando un poco.

–Uno no entrena así antes de iniciar una misión, Ryo. Te lo he dicho decenas de veces –Intervino Jubei mirando con igual molestia a su chico.

–Maestro, solo fue algo entre amigos, un juego –Respondió nervioso.

–Como siempre metiéndote en problemas, idiota –Dijeron Asami y Yura al mismo tiempo dando un golpe en la cabeza a su respectivo compañero. Arrodillándolos a los dos por la fuerza.

–Que jovial es la juventud de estos tiempos –Agregó Kazuma riendo–. A mí también me golpeaban las chicas a cada rato.

–Si, pero a ti por pervertido –Comentó Ayako levantando con una sola mano a Hiroshi.

–Lo que sea. No tengo tiempo de reprenderte como es debido así que te salvas por esta vez. Debemos partir cuanto antes, esta vez nuestro objetivo está muy lejos –Habló Jubei levantando de igual forma a Ryo.

–¿De qué se tata maestra? No nos lo ha dicho –Preguntó Akira guardando su libro.

–Lo mismo que la última vez, buscar, encontrar y capturar.

–Esta vez será diferente. Me entregaron esto –Habló Kazuma mostrando un pequeño pergamino de color negro enrollado con una cinta blanca–. Es un experimento de los monjes, lo llaman Jarrón Negro, un método de sellado muy singular. Cuando encontremos al objetivo yo me encargaré de todo.

–Perfecto. Nosotros nos encargaremos de aquellos que intente detenernos –Afirmó Jubei.

–¡Si! ¡vamos a patear traseros ninjas una vez más! –Exclamó Hiroshi muy animado.

–La última vez a ti te patearon el trasero –Comentó burlona Yura, haciendo reír a todos los jóvenes.

–Siempre tienes que arruinar mi ímpetu, Yura –Se quejó él.

Sin más charla el grupo de samuráis partió emprendiendo un largo camino hasta el objetivo de la misión, casi al otro lado del continente.

Así como el destino ofrece momentos pacíficos puede ofrecer situaciones terribles de gran peligro. Es así como se maquinaba un tercer movimiento en otro lugar. Conocido como La Aldea de la Lluvia. Es una pequeña aldea que se encuentra altamente industrializada, la cual es considerada como una tierra apartada del mundo exterior e irrelevante para las grandes naciones debido a su población escasa y marginada. Como su nombre lo indica, llueve casi permanentemente sobre el pueblo. Pocos saben que, entre sus enormes edificios, muchos abandonados o derruidos, se esconde un grupo de poder colosal y usa este lugar como su base secreta.

En el edificio más alto, una especie de torre de hormigón y acero, es donde nos encontramos. El cielo nuboso y la lluvia incesante creaban un ambiente frio y lóbrego. En las sombras de la edificación una figura femenina de cabellos azules y ataviada con una túnica negra camina seguida de otras dos sombras de vestimenta diferente.

–¿Es aquí? ¿Aquí se esconde él? –Preguntó una voz femenina, cubierta por una enorme túnica negra que la cubre por completo. Su voz se notaba suave y susurrante.

–Así es, y no le gusta que lo moleste a menos que sea algo importante –Explicó con seriedad la fémina de cabellos azules y belleza apreciable. Miro sobre su hombro a la otra persona–. Tu compañero no habla mucho, ¿verdad?

–Él no puede hablar como nosotros. Desde niño le cortaron la lengua y las cuerdas bucales, además le cocieron los labios, pero cuando desea expresarse lo hace –Respondió aquella mujer encapuchada con una risa extraña.

–Bien, que hable solo cuando deba.

Los tres avanzaron hasta un gran salón completamente vacío y carente de luz, salvo la que podía entrar por un enorme ventanal en el lado contrario. Iluminando en el centro una especie de trono de acero en el cual una figura masculina retozaba.

–¿A qué debo esta interrupción, Konan? No te he dado permiso de venir –Dijo una voz profunda emanada de aquel hombre.

–He cumplido con tu ultima encomienda, encontré a un par de ninjas que pueden ser buena adición a Akatsuki tras la desaparición de Deidara y Sasori –Explicó ella acercándose para luego arrodillarse ante él, mismo que aquellas dos personas hicieron.

–¿Así? Yo decidiré eso. Un paso al frente y digan sus nombres –Ordenó. Las sombras lo cubrían por casi por completo, solo logrando verse su largo cabello rojo y ojos azules con círculos negros concéntricos.

Ella fue la primera. Se acercó y se quitó la capucha. Se trata de una mujer no muy alta y de complexión delgada, de piel pálida y cabello blanco muy largo, aunque no muy bien cuidado, podría decirse que es un poco atractiva de no ser porque un vendaje negro cubre sus ojos, se pueden ver dos cicatrices verticales a lo largo de cada ojo que sobre salen por los vendajes. Así es, esta mujer es ciega.

–Mi nombre es Kurai, soy de la Aldea del Sonido. Lo era hasta que decidí irme de allí tras asesinar a mi mentor y compañeros –Se presentó tranquilamente.

Luego se acercó el otro hombre. Si que era extraño. Su piel es completamente gris y está cubierta por decenas de cicatrices y costuras, muchas costuras, así como clavos incrustados en ciertas zonas. Carece de vestimenta salvo un pantalón roído en la parte inferior de manera que toda su complexión, raquítica, es apreciable. Con tantas suturas e incluso clavos incrustados en el cráneo parece más un muñeco o un robot que un humano. Carece completamente de cabello o vello corporal, su cara es alargada, famélica e inexpresiva, destacando que sus labios están también cocidos imposibilitándole hablar de manera normal. Sus ojos son completamente blancos dejando únicamente la pupila como un punto negro en el centro. Y en el centro de su frente una especie de gema pequeña y redonda.

–Me llaman Itami, soy de la Aldea Oculta de la Nubes. Fui el juguete del Raikage desde que nací hasta que decidí matar a mis creadores y escapar –Este hombre era capaz de hablar sin usar sus labios, una habilidad muy extraña, pero al hablar la gema de su frente parpadeaba en una luz roja.

–¿Juguete? ¿Creadores? –Cuestionó aquel hombre de ojos azules con anillos negros y cabello rojo sentado en su trono.

–Soy un experimento creado por mentes retorcidas, dejé de ser humano hace mucho tiempo –Explicó tranquilamente.

–Konan, ¿crees que ellos pueden encargarse de este trabajo? –Cuestionó el pelirojo.

–Estoy segura que pueden lograrlo. No será complicado matar a la Mizukage –Afirmó ella mirándolos.

–¿Matar a la Mizukage? –Preguntó Kurai sonriendo–. Eso suena interesante.

–Así es. La Mizukage, Mei Terumi, había colaborado con nosotros de buena gana dándonos información importante. Hace un mes le exigí que me dijera donde encontrar al Jinchuriki del tres colas, hay fuerte rumores que se esconde en el País del Agua. Ella se negó y cortó toda comunicación con nosotros –Explicó Konan.

–Una ofensa imperdonable –Agregó el hombre del trono–. Sospecho que ella sabe dónde y quien es el Jinchuriki del tres colas, así que sacarle la información antes de matarla también es parte de la misión.

–Eso será perfecto para mi amigo –Aseguró Kurai mirando a Itami–. A él le gusta mucho lastimar personas, casi tanto como a mí. Una muerte rápida no es una opción ante nosotros.

–Ya lo veremos. Váyanse de inmediato y veremos si pueden formar parte de Akatsuki.

Los dos asintieron, le reverenciaron y sin objeción o duda se retiraron del lugar dejándolo a él y a Konan solos. Una vez en privado ella se acercó a él y acarició su rostro suavemente, buscando una respuesta similar.

–¿En cuántos días no has dormido? –Preguntó la dama con voz suave.

–No lo sé, ya no los cuento. Los pensamientos del futuro no me dejan dormir –Respondió sin prestar atención a las caricias de ella, casi como si no las sintiera.

–Deberías descansar de vez en cuando para…

–La venganza no descansa, cada minuto que pierdo es un minuto más que mis enemigos viven –Respondió tajante–. Ahora vete, quiero pensar en solitario, nadie debe molestarme si no es por mi voluntad.

Konan asintió, se sintió rechazada por esas palabras tan frías, aun así, le miro con devoción y una sonrisa que solo dedica a ese hombre. Obedeció y se fue cerrando las puertas tras su salida.

Continuara…

(Ending: My songs know what you did in the dark – Fall Out Boy)