EPÍLOGO
Naruto estaba muy ceñudo bajo la escalinata de entrada cuando el mozo llegó tirando a Kurama. Junto a él, Hinata se presionó con las manos la espalda a la altura de los riñones, movió la cabeza y lo miró, también ceñuda.
-Estás haciendo el tonto, mi señor marido -declaró.
Kakashi no pudo reprimir una risita, y Naruto frunció aún más el ceño.
-No va a pasar nada -le dijo ella alegremente-. Sólo estoy de siete meses, y en el caso de que ocurriera algo, que no va a ocurrir, Kakashi ya te ha prometido por lo menos cien veces enviar a buscarte inmediatamente. Además, están aquí mi madre y Hanabi, así que deja de preocuparte y vete -añadió, acompañando las palabras con un gesto de la mano.
-Justamente porque estás de siete meses estoy preocupado-repuso él, irritado, e hizo un gesto indicando que estrangularía a Kakashi si volvía a reírse-. ¿Y si el bebé viniera prematuramente? -insistió.
-Este bebé no se va a presentar antes de tiempo, querido, el doctor Kabuto ya te lo dijo. Vete de una vez, por favor. Los Libertinos van a creer que te asaltaron en la barrera de portazgo y que te has muerto.
Era inútil, comprendió él y exhaló un profundo suspiro. Con otra mirada rencorosa a Kakashi, abrazó a su muy embarazada mujer, hasta donde le llegaban los brazos, y la besó en la boca. Cuando levantó la cabeza, le dijo:
-Tengo tu palabra, princesa, de que me enviarás a buscar en el instante en que haya el más mínimo asomo de problema.
La sonrisa con hoyuelo de Hinata le hizo soltar un suave gemido.
-¡Lo prometo! -Lo besó en la comisura de los labios y luego lo apartó con un saludable empujón-. ¡Cuídate! –añadió alegremente.
Mascullando en voz baja, él caminó hasta Kurama y montó de un salto. Cogió las riendas de manos del mozo y maldijo por milésima vez a los Libertinos y sus juramentos estúpidos, idiotas y necios.
-Te amo, vida mía -dijo.
Y con una sonrisa burlona por la expresión escandalizada de Kakashi, espoleó a Kurama que partió al galope por el camino circular.
Apoyado en un pilar de la mansión de Inuzuka en Mount Street, Shikamaru estaba contemplando con los párpados entornados a las damitas que se paseaban por la avenida. A su lado, Kiba estaba igualmente embelesado observando el revoloteo de faldas cuando las jóvenes pasaban frente a ellos ocultando sus risitas tras sus manos enguantadas.
Y los dos se habrían pasado todo el día en las gradas regalándose los ojos, si no hubiera aparecido repentinamente el conde de Uzumaki, como venido de ninguna parte, bloqueándoles la vista del agradable espectáculo.
El conde se apeó de un salto de su montura y caminó hacia ellos con una alegre sonrisa en la cara. Shikamaru sabía, cómo no, que su burbujeante esposa estaba esperando un bebé, de lo que Uzumaki se enorgullecía muchísimo, a juzgar por su expresión idiota.
Naruto subió corriendo la escalinata y, brazos en jarra, los miró detenidamente, uno a uno.
-¿Y bien? ¿Alguno de vosotros se siente al borde de la perdición? -preguntó en tono guasón-. Si es así, dense prisa en decirlo. Mi hermosa mujer está embarazada de mi bebé, y por mucho que disfrute de su estelar compañía, prefiero con mucho la de ella. Venga, entonces, ¿quién empieza?
En los labios de Shikamaru se dibujó lentamente una sonrisa, mientras Kiba reía.
-Tú, Nara, tú primero -dijo Naruto y lo instó con un gesto a revelarlo todo.
Shikamaru se apartó riendo del pilar.
-Te harán falta unos caballos salvajes o una botella de buen whisky para arrancarme eso, y permíteme que declare, para que conste, que prefiero esta última -dijo, haciendo un guiño al sonriente Inuzuka.
Naruto se adentró en el pórtico, moviendo la cabeza.
-Me temo que no hay tiempo para eso. Vamos, hicimos nuestro maldito juramento, pero nadie estipuló cuánto tiempo hemos de dedicar a vuestros problemitas.
Kiba le dio unas palmadas en el hombro, riendo.
-¡Cuánto me alegra ver a nuestro buen Uzumaki vivito y coleando, aunque sea un estúpido!
Riendo, los dos Libertinos desaparecieron en el interior de la casa. Shikamaru se quedó fuera, observándolos. Qué increíble, pensó, que el día de la muerte de Yūra, hacía un año, él sintiera la seguridad de que Naruto dejaría de ser el mismo.
Después de todo lo ocurrido en Longbridge, había temido que Naruto estaría perdido para ellos, igual que Yūra. Triste, sumido en la autocompasión, y con más sufrimientos y pruebas que Naruto, su líder se les escapaba de las manos.
Bueno, milagrosamente, el líder se había recuperado.
Y lo más sorprendente de todo era que el antídoto hubiera sido una mujer, y no una mujer particularmente distinguida, sino una sencilla muchacha de granja. Pero esa muchacha le había abierto el corazón y la mente a Uzumaki a una forma de vida que casi resultaba atractiva.
«Casi.» Si había algo de lo que Shikamaru estaba absolutamente seguro era de que no necesitaba que una mujer le desorganizara la vida.
Inexplicablemente apareció en su mente la imagen de la muy encantadora lady Temari, pero se apresuró a negar violentamente con la cabeza. No necesitaba que ella, justamente, le desorganizara la vida. No, gracias.
Tenía hermanas, y eso era suficiente para que un hombre rechazara la ridícula idea de matrimonio toda su vida. Uzumaki..., bueno, había que disculparlo. El pobre tonto nunca tuvo una familia de que hablar, y mucho menos tuvo la experiencia de convivir con una mujer; era comprensible que hubiera caído presa de una.
Ah, pero el conde de Kage jamás, pensó, muy pagado de sí mismo. Él sabía exactamente cómo eran las mujeres, y le bastaba muy bien con un puñado de mujeres mundanas y una provisión de buen whisky.
-¡Nara, date prisa! -gritó Naruto-. Estoy seguro de que tú nos vas a ocupar la mayor parte del tiempo.
A esto siguió una carcajada de Kiba.
Riendo, Shikamaru entró a reunirse con sus compañeros Libertinos para asegurarles que él no era otro de ellos que iba a caer.
Dos meses después de la reunión con los Libertinos de Hokage Street, Naruto se encontraba en su estudio revisando las cuentas de Longbridge, cuando entro Kakashi para avisarle que Lady Uzumaki se encontraba en labores de parto.
Corriendo Naruto a los aposentos de Hinata, abrió las puertas, se dirigió directo a la cama en donde se encontraba su bella esposa.
-Hina, ¿estás bien?- dijo al mismo tiempo que tomaba su mano entre las suyas.
-Tengo contracciones, Polly fue a buscar algunas cosas, pero me dijo que hiciera respiraciones pro…- Hinata apretó su mano tan fuete, al mismo tiempo que cerraba sus ojos grises.
Naruto comprendió su princesa tenía una contracción.
Al poco tiempo Dismuke y el doctor Kabuto llegaron al cuarto al igual que su cuñada y su suegra, intentaron sacarlo del cuarto, pero él no se dejo.
Boruto Namikaze futuro Conde de Uzumaki & Márquez de Rasenrengan nació a media noche.
¡Hola! Llegamos al final de otra adaptación, gracias por leer.
Les dejo la información del libro:
Titulo: Un Caballeo Peligroso (libro 1)
Autora: Julia London.
Saga: REGENT STREET (Son 4 libros)
#1 Un caballero peligroso
#2 El Seductor Seducido (Historia de Shikamaru)
#3 El Bello Desconocido (Historia de Kiba)
#4 El Amante Secreto
No he leído los otros 3 libros.
Nos vemos en otra adaptación.
