Día 26. La ruptura

Hace un año atrás. Tres días después de que la chica desastre se inscribiera en el instituto Sweet Amoris…

–Esto es estúpido – Scarlet tamborileaba el lápiz sobre su libro de historia.

–No me digas –respondió Castiel con voz monótona.

–Faltan más de una hora…

Ambos eran los únicos que permanecían sentados en sus pupitres después de que acabaran las clases para los demás. Nathaniel los había responsabilizado de haberle provocado un ataque de alergia y de otras cosas más el primer día que Scarlet inició su vida académica en Sweet Amoris. Para consternación de esta última sus reclamos de inocencia no fueron escuchados y, por el contrario, la directora Shermansky amenazó con subirle la pena de un mes de castigo a dos si no aceptaba su suerte y reconocía sus errores.

–Que injusto que le creyeran a ese rubito sabelotodo… ¡Nosotros no hicimos nada! –afirmó la joven bastante disgustada.

–Es el lame botas de todos los profesores. ¿Qué esperabas? Jamás haría nada que los disguste así su vida dependiera de eso. Patético –sentenció Castiel negando con la cabeza.

–Patético… –secundó Scarlet–. ¿Pero por qué debemos sufrir por eso?

Dicho esto, la muchacha hundió la cabeza en su libro. El señor Farres, encargado de impartir el castigo, les había pedido a ella y a Castiel que resumieran un capítulo del volumen por día durante las tres horas que permanecerían castigados sin poder abandonar el salón de clases.

–Los misterios de la vida…

El chico pelirrojo sonrió como quien sabe un secreto que no piensa compartir. Y es que lo que Scarlet ignoraba era que él sí tenía la culpa de lo que le había pasado a Nathaniel, además de otra persona con la que jamás se habría imaginado intercambiar más de dos palabras. Pero había preferido ocultar esa información.

–Bueno… al menos ese psicópata estudioso no logró hacer que te expulsaran. Como sea... Quiero irme.

La joven, erróneamente, creía que Nathaniel había intentado que echaran a su compañero de clases por acumular ausencias cuando en realidad lo había salvado de ese desastre. Y ahora lucía verdaderamente hastiada, lo suficiente para mover la negra conciencia de su compañero de castigo.

–Vámonos entonces. Farres no volverá –dejó el pupitre y se dirigió a la ventana más próxima abriéndola de par en par, dejando que los rayos de sol iluminaran la hasta entonces lúgubre habitación.

Scarlet sonrió al tiempo que se ponía de pie.

–Bien. ¿A dónde propones ir?

–La azotea está libre y me quedan un par de cigarrillos.

–Me apuntó al plan.

Castiel atravesó la ventana tomando de la mano a su nueva amiga para ayudarla a hacer lo propio, causando que esta se ruborizara levemente. El chico pelirrojo empezaba a gustarle de verdad.

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De regreso al día 26…

Scarlet

"¿Escuchaste?"

"Es lo más raro que ha pasado en el insti"

"¿Sabes cómo fue?

"Ni idea"

"Eso tengo que verlo"

"¿Ya no están saliendo?"

"Era raro verlos junto"

Esa mañana los pasillos de Sweet Amoris consentían el paso de una marea de comentarios emitidos por los alumnos de todos los grados que, junto a sus casilleros o de paso a sus respectivos salones de clase, insistían en chismear sobre la ruptura de la pareja más extraña que se había visto hasta entonces.

–Hoy todos parecen más agitados de lo normal –apuntó Lysandro que se abría paso entre la multitud al igual que yo, caminando a su lado como una zombi mientras bebía el contenido de una botella de jugo de frutilla a través de una pajilla.

–Sea lo que sea no me importa. Por una vez te haré caso Lys. "La curiosidad es un hábito muy feo" –sentencié imitando su tono reprobatorio.

–Haces bien. Y no. Castiel no me volvió a escribir después de decirme que ya tiene novia.

"Ya no tiene novia". Repetí en voz baja antes de atragantarme con el jugo y toser lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de lo que me rodeaban, además de ganarme una mirada preocupada de Lysandro.

–¿Estás bien? –me pregunto palmeando suavemente mi espalda.

–Sí… sí, sí –gesticulé lo mejor que pude–. ¿Po… podemos solo ir a clases y ya?

Me coloqué los audífonos a todo volumen y aceleré el paso avergonzada por el espectáculo que acababa de dar. Pasé la noche dando vueltas en la cama y no estaba particularmente espabilada. Me desplomé sobre la mesa de mi pupitre. Había hecho una alianza absurdamente improbable con el señor perfecto. Desde entonces generé un caos en el cine, casi muero en la rueda de la fortuna, me extravíe en una isla, casi me mandan al otro mundo en un partido de basquetbol, me disfracé de una rubita descerebrada, bailé en un pub con el chico más aplicado de Sweet Amoris, fui a un concierto de música clásica, entre muchas otras cosas descabelladas como estudiar un montón y ayudar a destruir el papeleo de la sala de delegados. A este paso debería contratar un seguro de vida o reservar una plaza en un manicomio.

Y todo para quedarme con Castiel… O eso pensaba… Pero ahora el muy maldito, cuando se supone que lo había superado, se separa de su novia. ¡Y sin que yo intervenga! ¡Joder! ¡Pelirrojo del demonio! Encima no contestaba los mensajes de Lysandro ni los otros que le obligué a escribir preguntándole qué rayos había pasado. Los dejó en visto el muy maldito. Esto era lo que deseaba, que me rompiera la cabeza imaginando las razones de su ruptura. Melody ya no era su novia… Hace un par de semanas habría saltado de una pata, pero ahora… ¡Creo que lo que más rabia me daba era que no habían terminado por mi culpa! Si hice de todo para intentar separarlos, excepto amenazarlos con un arma.

Pero también sentía una extraña inquietud. Saqué de un bolsillo de mi mochila las entradas para el concierto de Incubus. Estaban dobladas en dos y un poco descoloridas. Las había comprado con tanta ilusión… O eso pensaba… cuando noté que un par de intensos ojos de oro derretido me observaban. Levanté la vista y ahí estaba Nathaniel cerca de la puerta de nuestra aula. Me dirigió una sonrisa que correspondí sin pensar. Enseguida Armin y Alexy se aproximaron a él cortando el momento. Me quité los audífonos. Ver y escuchar a esos tres era cuando menos bastante divertido.

–Nath. Tienes que ayudarme. Lysandro dice que no tiene ni pies ni cabeza –el gemelo de pelo negro le entregó, o más bien le lanzó, un fajo de papeles arrugados.

–No puedo negar que se ve… un poco descuidado Armin. ¿Es tu historia para el periódico escolar? –inquirió arqueando una ceja.

–¿Descuidado? Si lo escribió sobre las facturas de papá y luego se sentó sobre ellas en el sofá de la sala cuando empezamos a jugar Grand Theft Auto.

–Esos accidentes pasan –el aludido se cruzó de brazos disgustado.

–Lo mismo le dijiste a papá después de que descubriera que volviste inservibles las facturas de todo el mes, y no fue de mucha ayuda. Todo el vecindario se enteró del "accidente". Debiste estar ahí Nath –continuó Alexy la mar de feliz.

–Oh… ya déjalo… Fue un error inocente en nombre de la creación. Hice un esfuerzo por reciclar. Acaso han olvidado lo maléficas que son las megacorporaciones que nos quieren convertir en zombis. ¿Qué no se acuerdan de lo que decía la pelí?

–Oh no… ese tema otra vez –Alexi puso los ojos en blanco–. Juraba que ya lo habías superado. No nos tortures con eso Armin…

–Disculpa a Alexy… es tan inculto –el chico gamer se dirigió apenado al rubito.

–¿Inculto? Ese pretensioso documental danés es la única pelí con subtítulos que has visto en tu vida –replicó el agraviado.

–Es finlandés. Y fue más de lo que has hecho tú –contraatacó Armin.

–¿De qué hablas? ¡Si yo estaba en la sala de cine viendo esa aburrición contigo!

–Bueno, bueno –el señor perfecto se aclaro la garganta–. Mejor volvamos a lo que nos ocupa.

–¿Qué es lo que escribiste Armin? No puedo entender el título… la tinta de tu bolígrafo se escurrió y tu letra… Me temo que tendrás que hacer un poco de caligrafía.

–Es un fanfic de Sword Art Online. El anime. No te hagas, lo viste.

–Soy culpable –el señor perfecto levantó las manos como si lo fueran a arrestar–. No es mala ciencia ficción. Me recuerda a Ready Player One.

–Sí… se parecen un poco, aunque no decido cuál es mejor… Pero seguro mi fic los superará. Acabo de descubrir mi vocación de escritor.

Cubrí mi boca con la mano para evitar que se me escapara una carcajada luego de oír la confiada afirmación de Armin.

–¿Tú escritor? Entonces yo seré el director de un circo de friquis y haremos giras mundiales –Alexy se burló de su hermano.

–Di lo que quieras. Cómo se nota que no comprendes la sensibilidad artística. No veraz ni un centavo de las regalías de la pelí.

–No importa. Te exhibiré como atracción principal en mi circo y asunto arreglado.

–¡Atrévete!

–Estarás en una jaula con solo una consola y una cama de paja. Sé que te bastará y sobrará.

–Antes de eso aparecerás en el documental Hermanos asesinados por pesados.

–Chicos, chicos… basta –el rubito se interpuso entre los gemelos que echaban chispas–. Armin, vamos por pasos. Primero. No puedes vender los derechos de personajes que no creaste tú. Segundo. Antes de ser novelista, cuentista, poeta o lo que sea, tienes que diferenciar el principio y el fin de tu historia. No soy experto en leer jeroglíficos, pero veo que la palabra fin está unas veinte líneas por debajo del título en la misma página.

–Es que se me ocurrieron al mismo tiempo. Lo que pasa en medio está en las demás facturas, digo hojas.

–Ya veo. ¿Y estás flechas?

–Indican que sigue a qué.

–Aja... –el señor perfecto dio un largo suspiro. Seguro pensaba "en qué me he metido"–. Creo que deberemos reescribirlo para ordenarlo y sugiero que sea en un ordenador.

–Pero él escribe a mano como los antiguos –Armin señaló a Lys que, sentado en su pupitre, se encontraba abstraído escribiendo en su libreta con una de sus plumas fuente que ni yo podía osar tocar. Definitivamente él era un purista como pudo apreciar el trio conformado por los gemelos y Nathaniel.

–¿Cómo "los antiguos"? Qué sofisticado hermano –Alexy puso los ojos en blanco.

–No creo que sea buena idea. Lysandro tiene una caligrafía impecable, incluso es capaz de escribir en letra palmer –sentenció el rubito frunciendo el ceño.

–¿Palmer? ¿Qué es eso? –cuestionó el gemelo de pelo negro.

–Significa que es imposible que escribas como él –aclaró su hermano negando con la cabeza.

–¿Bromeas? Escribí un libro en tres días. Apuesto que puedo aprender eso del palmer hasta mañana.

–Admiro tu renovada confianza Armin… pero no. Como tu editor te recomiendo cambiar de estrategia. Si queremos que esto –el señor perfecto palmeó con el dorso de la mano las facturas, digo páginas del libro de su amigo–… se publique en unos días, deberemos trabajar sin descanso para pulir el diamante en bruto. Ahora aprovechemos que nos quedan unos minutos libres. Saca tu tableta.

–Ufff… lo que digas.

–¿Es todo? –exclamó sorprendido el gemelo de pelo azul mientras seguía a Armin y Nathaniel en dirección al pupitre del primero–. Si yo te hubiera dicho eso, estarías discutiendo y no habrías movido ni un dedo.

–Es mi editor, ¿no escuchaste? Tienes que ver más pelís subtituladas Alexy –declaró el chico gamer sacando su tableta y acomodándola en su mesa de trabajo.

–¿Es cierto o es otra de sus alucinaciones? –inquirió el interpelado en voz baja.

–Qué te puedo decir, yo me ofrecí –el rubito se encogió de hombros.

–Estás muy cabra Nath.

–Ya me lo habían dicho…

Me sonrojé al oír las palabras del señor perfecto que sonreía levemente.

–¿Dónde está tu Word? –preguntó al tiempo que pasaba su dedo por la tableta.

–Creo que no tiene… La usó para jugar –contestó su dueño rascándose la cabeza.

–¿Dije "pulir"? Quise decir que íbamos a intentar convertir el carbón en diamantes… –decretó el flamante editor sujetándose el puente de la nariz con los dedos. Pobre, estaba a punto de sufrir una migraña por estrés.

–Puedes descargar una versión libre del Office de PlayStore. Te ayudaré Armin.

Elisa, sentada en el asiento de al lado, dejó su kidle y tomó la tableta.

–Gracias. Estos problemas técnicos siempre pasan cuando se está en pleno proceso creativo. Ya sabes jajaja…

Armin se notaba nervioso en su fallido intento por aparentar la sobre confianza que tenía hace unos segundos.

–Sobre todo si nunca has usado una tableta de última generación más que para jugar Dota y Plantas contra zombis… Auch… –Alexy recibió un pisotón de su hermano. Mal día para usar unas convers.

–No habla en serio Elisa. Ya lo conocer. No te lo había dicho, pero en general escribo a mano con esa cosa… palmer, pero ahora estoy haciendo una transición al sigo XXI por consejo de Nathaniel. El editor de mi nuevo libro –explicó el gemelo de pelo negro.

–Nath, ¿acaso no es preciso tener algo ya escrito para decir que tienes un "nuevo libro"?

–¿Quieres dame más motivos para ahorcarte Alexy?

–Solo era una broma… qué sensible…

–Muy gracioso… El libro que copiaré en la tableta se publicará en el periódico escolar –continúo Armin orgulloso.

–Si es que consigue diferenciar la "y" de la "ll" –murmuró su hermano al rubito que estaba parado a su lado.

–¿Dijiste algo? Creo que estoy a punto de convertirme en hijo único.

–¿Yo? Estoy como una tumba.

–Descuida. Este Word es muy sencillo de usar y viene con corrector de ortografía. No tendrás problemas para transcribir tu historia. Además te bajé una aplicación para escritores –Elisa sonrió–. Estoy segura de que tu fanfic estará genial y si quieres puedo hacerte un booktrhiler.

–¿En serio? Eres la mejor –Armin abrazó a su amiga haciendo que se sonrojara al instante.

–Descuida… lo hago con mucho gusto –afirmó con timidez antes de que se separaran.

–¿Puedo ver la aplicación? –el señor perfecto tomó la tableta.

–Claro. Tiene varias opciones para describir personajes, hacer resúmenes de capítulos y tomar notas –explicó Elisa.

–No sabía que había cosas como esta. Te va a ayudar bastante a organizarte Armin.

–Si es que resuelve cómo usarlo… Auch… –Alexy acababa de recibir otro pisotón en el pie que tenía ileso.

–En todo caso esto está más práctico que aprender a escribir con pluma fuente –apuntó Nathaniel.

"Pluma fuente", como la que hallamos el día que descubrimos la sala de delegados hecha un desastre. Lysandro tenía varias en cajas individuales, pero recordaba haber visto una vacía… ¿Qué podía significar eso? Él no era el saboteador del rubito ni su cómplice. Me quedé meditando el asunto hasta que una bolita de papel me golpeó en la cara.

–Planeta Tierra llamando a Scarlet –Rosalya me miraba desde el pupitre de al lado–. Ya era hora de que me prestaras atención. Estuve buscando a Kentin y nada. El señor Farres me dijo que se reportó enfermo desde ayer y tal vez vuelva a clases mañana si se siente mejor.

–Eso no es bueno. Tenemos que hablar con él –fruncí el ceño ante ese inesperado obstáculo que se interponía en mis planes. Era vital encontrar a Kentin.

–Lo atraparemos tarde o temprano. Descuida. Tengo que contarte la bomba del día… si es que aún no te has enterado.

Ay no… íbamos a hablar de Castiel. Ahórquenme.

La profe de lengua entró justo cuando iba a pedirle a Rosalya que no me torture con el tema. La clase empezó, pero mi móvil empezó a vibrar casi de inmediato. Puse los ojos en blanco antes de ver la pantalla. Era imposible escapar de la tentación de los chismes.

"Castiel y Melody rompieron". Anunciaba el mensaje de mi querida amiga sentada en un pupitre a pocos centímetros del mío.

"Ya lo sé y me vale". Respondí.

"Se te pasó el pequeño crush que tenías por él"

Pues sí… "se me había pasado", aunque aún me importaba. Digo… jamás le conté a Rosalya qué tanto me gustaba Castiel. Acababa de descubrir lo difícil que era ser indiferente con alguien al que una vez quisiste.

"Seee".

"No te convenía. Nathaniel está mejor 😉"

"Seee". ¿No paramos de besarnos ayer? ¿Qué más podía decir?

"Jajaja. Ay Scarlet… Ya me contarás todo"

"Lo prometido es deuda". Podría escribir un libro con todo lo que el rubito y yo habíamos vivido. Tal vez fuera más exitoso que el de Armin…

"Me dijeron que vieron a Melody y Castiel discutir por la parada del autobús ayer". Mi corazón dio un pequeño salto al leer el mensaje. Eso debió ser después de que se fueron del instituto.

"Así? Castiel le dijo a Lys que habían terminado sin más detalles"

"Igual esos dos se veían raros juntos. Fue muy extraño que empezaran a salir no?". No me digas… Rosalya.

"Seee"

"Castiel no te contó como comenzaron a salir?"

"Nope y nadie sabe nada". Por más que interrogué a medio mundo, no encontré ni a un solo testigo que me pudiera contar qué rayos había pasado entre esos dos durante la estúpida convivencia. Solo estaba segura que de haber ido yo, Melody jamás habría podido acercase a Castiel.

"¿Almorzamos juntos?". Di un respingo al ver el mensaje del señor perfecto y volví a sonreír.

"Está bien pero no controles lo que como". Respondí.

"Siempre y cuando no sea solo azúcar 😊". Respondió.

"Tal vez podría compartir mi jugo contigo… boca a boca". Escribí divertida.

"Tal vez así sí me gusten las bebidas azucaradas 😊". Abrí los ojos de par en par ante lo que el rubito acababa de escribir. Jamás dejaba de sorprenderme.

"Más te vale". Apunté.

"Depende te ti. Hablamos en un rato. Hay que atender la clase. Y dile a Rosalya que deje de jugar con su móvil. Podría meterse en problemas 😊"

¿Cómo se había dado cuenta? A veces este chico podía ser escalofriante.

"Con quién hablas?". Me preguntó la aludida.

"Con el rubito psicópata. Dice que dejemos de hablar por el cel. Ya sabes cómo es"

"Un caso :/. Dale"

Guardé el móvil en el bolsillo de mi chaqueta y traté de prestar atención a la clase sin mucho éxito. Todavía no podía creer lo que hicimos ayer. Era tan indignante la opinión que los profesores tenían del señor perfecto y más porque él los ayudaba en todo. Lo peor es que yo opinaba un poco como ellos… hasta hace unas semanas claro. Nathaniel me parecía una persona amoldada al requerimiento de los demás y falto de personalidad propia, pero al final descubría que no era sí. Era una persona compleja que a veces me costaba entender y aunque nadie lo notara… era más rebelde que Castiel o que yo. Se había enfrentado a medio mundo por ser como es. Me alegraba que hubiera dejado atrás sus escrúpulos y decidido dar una lección a esos adultos prejuiciosos destruyendo su preciosa documentación. ¡Ja! Lo tenían bien merecido, estaban abusando de su buena fe. Yo me podía reír de la opinión de los demás, pero Nathaniel era diferente… a él sí le importaba.

Luego… ocurrió lo otro. ¡Me besó y se dejó llevar! Nunca había sentido algo tan intenso con un chico y era tan divertida cada cosa que se le ocurría. Nunca me lo esperaba. Los intelectuales estaban demasiado infravalorados. ¿Cómo no lo había considerado antes? Seguro sacaban ideas guay de lo que leían. Y la forma en que me levantó como si fuera una pluma…

Me pasé el resto de la clase rememorando los besos y caricias del rubito hasta que sonó el timbre anunciando el siguiente periodo. Y entonces lo pensé… ¿Nathaniel sabrá que Melody y Castiel rompieron? No. Obviamente no lo sabía. El rubito vivía en las nubes. ¿Qué sucederá cuando se entere? ¿Y si sale corriendo detrás de la princesita? Un repentino malestar recorrió mi pecho. ¿Eso no iba a pasar verdad? Digo… ayer se veía muy, pero muy a gusto conmigo. Era imposible que perdiera al rubito psicópata por Melody… pero ya me había robado a Castiel. Joder… Iba a ser una larga mañana hasta el almuerzo.

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Nathaniel

Desquiciamiento: Acción de desquiciar o desquiciarse.

Desquiciarse: Perder la serenidad, trastornarse o turbase.

Me había desquiciado. Mientras la clase de lengua avanzaba me convencía más y más de eso. Ayer fue como si el vaso que siempre imaginaba medio lleno o medio vacío estuviera al máximo de su capacidad. Y una gota bastó para que rebalsara con consecuencias devastadoras. Indignación. Esa era la palabra clave. No iba a soportar que siguieran cuestionando mi forma de ser. No más. Y si alguien no entendía y abusaba de mi confianza… Habría consecuencias. Sonreí maliciosamente al imaginar el estado de la sala de delegados y los documentos que una vez había defendido a capa y espada. Tenían razón, estaba como una cabra y no me importaba.

Por una vez en mucho tiempo sentí un indescriptible alivio, como si hubiera dejado ir un enorme peso que se deshizo en tiritas de papel. Era libre. Respiraba sin sentir que me ahogaba en un mar de palabras o acciones que era incapaz de hacer o pronunciar. Yo podía acabar con las opiniones de los demás si quería. Ese era mi poder, junto con la posibilidad de elegir mi destino. Y ser un bravucón sin horizonte no estaba en mis planes. Lo siento. Solo esperaba no haber metido en problemas a la chica desastre. Sea como sea yo asumiría la responsabilidad de todo. No importaba…

La besé sin pensar bajo una lluvia de trozos de papel… La alcé en mis brazos y nos quedamos juntos toda la tarde. ¡Era increíble! Hace un par de semanas me parecía la persona más irritante del planeta junto con el pelirrojo del demonio, pero ahora quería que fuera mi novia porque era la chica más especial que había conocido. Cómo no lo había notado antes... Se lo pediría en el almuerzo. No veía ninguna razón para seguir dando vueltas en algo que era obvio. Scarlet me atraía… mucho. Solo esperaba gustarle lo suficiente como para que dejara a Castiel en el pasado y olvidara el trato que hicimos para separarlo de su novia. Por mí… Melotiel podía durar hasta el fin del instituto o toda la vida si querían. Ya no era mi asunto, si es que alguna vez lo fue.

Lo que más me preocupaba era la respuesta de la chica desastre. ¿Qué haría si me decía que no? Esa eventualidad mantuvo en vilo la mayor parte de mis pensamientos. Quizá todo dependía de mi forma de expresar las cosas y llegar a ella. Me di cuenta de que nada de lo que había pensado decirle a Melody, serviría para ganar un "sí" de Scarlet. Lo más probable es que esta última creería que me estoy burlando de ella o haciendo una parodia bastante cursi de algún melodrama televisivo. Las dos eran tan diferentes…

Eso concluí mientras sostenía la invitación al restaurante francés que pensaba entregarle a Melody el Día de San Valentín. La había dejado entre las páginas de mi texto de lengua y ahora no sabía qué hacer con ella. Entregarla a su destinataria original ya no era una opción. ¿Le gustaría a Scarlet ir conmigo? Si ya me acompañó a un concierto de música clásica, ¿por qué no querría ir conmigo a cenar a un lugar elegante? ¿Pero y si se negaba? No me rendiría. Era lo único de lo que estaba seguro. No me daría por vencido con la chica desastre. Realmente quería que ella fuera mi novia.

Una vez que término la clase de lengua y comenzó la clase de historia del señor Farres decidí que debía tratar de no estresarme imaginando qué pasaría con nosotros cuando nos viéramos a la hora del almuerzo. Por suerte tenía otro problema que atender… el libro de Armin. Vi de reojo a este último que tenía su tableta con el teclado abierto y cuyas letras oprimía con un dedo luego de buscarlas unos segundos. A su lado se encontraba el manojo de papeles con sus garabatos en tinta azul. No cedí a la tentación de pedirle que dejara la transcripción de su relato y pusiera atención al discurso de nuestro profesor sobre la comercialización de la sal en Roma. Su expresión concentrada, que solo había visto cuando jugaba a la consola, me pedía en silencio que no lo interrumpiera. No sabía exactamente cómo… pero su publicación debía ser un éxito y vencería en calidad a los poemas de Lysandro... así fuera lo último que haga.

Finalmente sonó el timbre que anunciaba la hora del almuerzo. El señor Farres se fue y todos empezaron a levantarse para dirigirse a la cafetería. Guardé mis libros de texto en mi maletín y me dirigí al pupitre de la chica desastre.

–Buena suerte Nath.

Por alguna razón escuchar las palabras de Alexy provocaron que me ruborizara.

–¿Perdón?

No le había dicho nada sobre lo ocurrido ayer con la chica desastre.

–Vas con Scarlet, ¿no? –me miró con cara "de no te hagas el más listo" y me dio una palmada en el hombro.

–Pues…

–A comer. Ya tengo la mitad del libro aquí –Armin se acercó a nosotros salvándome de la embarazosa conversación con su gemelo.

–Él irá con alguien más –anunció este último mirándome con una sonrisa cómplice.

–¿Qué? Nath tienes que revisar mi libro. Creo que hay partes que no se entienden. No recuerdo por qué la chica del prota lo odia y cómo es que van a ser comidos por un Tiranosaurio con alas de metal.

–Bueno…. –no sabía qué contestar a eso. Era muy raro… hasta para mí y Armin.

–Vamos. Mira… –insistió angustiado mi amigo gamer apuntando con su tableta al pupitre de Lysandro que continuaba sentado mientras le mostraba a Elisa, de pie a su lado, algo que había escrito en su libreta. Y aunque la chica de pelo blanco y gafas casi nunca demostraba emociones, parecía sinceramente emocionada por lo que sea que Answorth hubiera imaginado. Fruncí el ceño. Era un presumido y fingía que no. Nadie me iba a quitar esa idea de la cabeza. No entendía qué es lo que veía Scarlet en él para apreciarlo tanto.

–Tu obra de arte y vida amorosa pueden esperar hasta que Nath haga su movida –Alexy lo regañó poniendo los ojos en blanco.

–¿De qué hablas?

El gemelo de pelo azul volteó la cabeza de su hermano obligándolo a ver a la chica desastre que estaba guardando sus cosas antes de dejar su asiento.

–Ahhh –Armin asistió con expresión de entendimiento–. Pero veraz mi manuscrito después.

–Por supuesto –le aseguré para su tranquilidad.

–Okey. Vamos… muero de hambre.

–¿Y Elisa?

La pregunta de Alexy desinfló a Armin.

–Me dijo que ella y el señor poeta irían al club de periodismo a arreglar detalles del periódico que saldrá mañana…

–Descuida. Nada pasará entre esos dos… a menos que ya haya pasado –sentenció Alexy burlándose de su hermano que no lucía muy feliz.

–Oye…

Por favor… no vuelvan a pelear –me interpuse entre los dos–. ¿Y por qué no los acompañas Armin? Podrías aprovechar para espiar a la competencia.

La verdad… tenía mucha curiosidad por saber qué tanto escribía Lysandro en esa libreta que llevaba a todos lados. Los poemas que había publicado en el periódico escolar no estaban mal. Pero estaba seguro que yo podía escribir mejor que él, y Armin también… con mi asesoría por supuesto.

–Qué buena idea –el semblante de Armin se iluminó–. Ven Alexy. Les diré que iremos con ellos.

–Pero yo no soy parte del club de periodismo –se quejó este último mientras era empujado por su hermano en dirección a Elisa y Lysandro.

–Y Nath –mi amigo gamer volteó y bajo la voz para que solo yo pudiera escucharlo–. Recuerda el entrenamiento con la chica tsundere en la consola.

–Gracias Armin. Lo tendré presente –sonreí–. Hasta luego –me despedí con la mano.

–¿No irán a la café?

Giré la cabeza y encontré a Scarlet a mi lado.

–Hola –la miré de pies a cabeza. Tenía el pelo suelto y un pantaloncillo de color negro que acentuaba sus piernas. Se veía muy bien…

–Hola… Vamos que Rosalya no me deja en paz –noté que la chica desastre se ruborizó un poco antes de adelantarse y salir del aula.

La seguí con una sonrisa.

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Ni bien abandonamos nuestro salón de clases escuché un rumor similar que se esparcía a lo largo del pasillo repleto de estudiantes que iban hacia la cafetería.

"Alguien los vio discutiendo en la parada de buses".

"Qué cosa más rara".

"Es una bomba".

"Era obvio que eso iba a pasar".

–Scarlet, ¿sabes de qué están hablando? –le pregunté a la chica desastre.

–¿Yo? Este… no sé –se encogió de hombros sonando algo nerviosa mientras bajaba la vista. Era raro en ella comportarse así.

Entonces lo comprendí. Era obvio… "Esos dos estaban bobeando", "No tenía sentido", "Se salieron de control". Tales comentarios no podían tener otra razón de ser. Era terrible… No creí que sucedería así.

–Ya sé de lo que se trata. De alguna forma ya lo saben todos –anuncié a Scarlet frente a la entrada de la cafetería.

–¿En serio? –la chica desastre se paró en seco–. ¿Y qué piensas? –me cuestionó mordiéndose el labio visiblemente preocupada. Sus ojos azules se concentraron en los míos y eso… hacía que quisiera besarla exactamente igual que ayer.

–Tranquila… Es mi culpa… Le diré eso a la directora Shermansky –balbuceé.

–¿Qué? ¿De verdad? –Scarlet me miró desconcertada.

–Es mi responsabilidad. Yo destruí los documentos de la sala de delegados. Tu no tuviste nada que ver –le aseguré esperando que no me odiara por haberla involucrado en mi desquiciamiento. Esperaba que al menos fuera memorable.

–Rubito –la chica desastre puso los ojos en blanco y empezó a tartamudear–. Na… nadie está hablando de eso ni le interesa… al menos hoy. Mi… mira… pasó algo y…y Castiel y Melody…

–¡Nathaniel!

Lo que sea que ella quisiera decirme tendría que esperar. La señora Shermansky se nos acercaba con cara de pocos amigos.

–Joder… No digas nada. Niega todo –susurró Scarlet a mi odio al tiempo que me tomaba del brazo. Abrí la boca para decirle que confesaría sin involucrarla, pero me dio un fuerte pellizco que convirtió mis palabras en un inteligible "Auch".

–Es terrible. Qué situación más inaudita –la directora de Sweet Amoris se oía muy, pero muy indignada.

–Sé que no estuvo bien, pero… Auch…

Un segundo pellizco de la chica desastre me interrumpió de nuevo.

–Por favor acompáñeme a la sala de delegados... Necesito los documentos de permiso a los eventos extraescolares. El auditor del instituto es un incompetente…

Scarlet y yo intercambiamos una mirada incrédula ante las palabras de la señora Shermansky. Aún no tenía idea de lo que había sucedido ayer con los documentos que pedía. Sin esperar una respuesta, caminó a la sala de delegados seguida por mí y la chica desastre.

–Imagínese que el despistado perdió la lista de los alumnos que asistieron a todas las actividades del año y…

Escuché a la directora de Sweet Amoris como si se tratara de un eco lejano, al igual que los pasos y voces de los compañeros de instituto que se dirigían a la cafetería mientras estiraba la mano en dirección al pomo de la puerta de la sala de legados y la abría lentamente….

–Pero, ¡qué es esto!

Todos voltearon al oír el gritó de la señora Shermansky una vez que contempló el tiradero de papeles inservibles en que se habían convertido sus preciados archivos.

–¿Qué sucede?

El profesor Farres llegó junto a tiempo para sostener a su jefa que parecía a punto de desmayarse.

–¡Vea lo que hicieron estos vándalos! –apuntó a la sala de delegados como si se tratara del mismísimo infierno.

–¡Cielo Santo!

Poco a poco se empezó a formar una aglomeración de estudiantes que aún no habían entrado a la cafetería y maestros interesados en el morbo del desastre. Peggy y Amber junto a sus pesadas amigas comenzaron a sacar fotos con sus celulares sin el mínimo pudor.

–A un lado. Apártense estorbos –mi hermana empujó a un par de chicas de primer año que se interponían en la mirilla de Peggy, seguida por Charlotte y Li que parecían estar compartiendo la primicia desde sus móviles.

"¿Qué habrá pasado?"

"Guay… todo está destruido… Genial"

"Oh no…"

"Qué cosa más loca"

–¡Suficiente! ¡Esto no es un circo! ¡Fuera de aquí! –los regaños de la señora Shemansky asustaron a la multitud que comenzó a dispersarse salvo por la chica desastre, yo y los profesores que empezaron con el recuento de los daños.

"No hay forma de recuperar los documentos"

"Pérdida total"

"Qué pena"

Comencé a sentirme muy, pero muy culpable. Tal vez lo mejor no era solo confesar, sino disculparme.

"Cambiarás y te convertirás en un bravucón sin brújula"

"Solo traviesas una fase…"

"Te dominan sus ideales"

"Nada más quieres agradar a los demás"

Cada frase que Scarlet me decía en voz baja al tiempo que tomaba mi mano, me recordó las opiniones que todos los adultos que nos rodeaban habían expresado sobre mí. La rabia volvió en un segundo. Podía admitirlo, pero jamás disculparme. Se lo merecían por creer que me conocían mejor que yo mismo.

–Sé quién fue –sentenció la directora que echaba chispas frente a todos los presentes que quedamos en silencio esperando la gran revelación.

–Fue un vándalo con malas calificaciones en los últimos exámenes. Es obvio. Quiso eliminar los exámenes, pero Nathaniel ya los había entregado a la dirección.

Sonreí. Sabía que eso era justamente lo que pensarían. A veces las personas podían ser tan predecibles…

–Es una barbaridad. ¿Cómo daremos con el culpable? –preguntó el señor Farres.

–Tiene que estar entre los peores promedios. Mañana publicaremos las notas y veremos si hay sospechosos. Nathaniel por favor intenté poner orden en este desastre. La mandaré una persona de limpieza –al parecer la señora Shermansky ya tenía una especie de plan.

–Yo puedo ayudarlo directora –afirmó Scarlet con cara de inocencia, aunque me guiñó un ojo sin que nadie más lo notara.

Cielos… esta chica era el demonio.

–¿Tú? Oh… bueno –la aludida no había reparado en la presencia de la chica desastre hasta ese momento–. Está bien. Le diré a uno de los empleados de la cafetería que les traiga el almuerzo. Volvamos a nuestros deberes. Venga conmigo Farres. Necesito un té de valeriana. Mi cabeza va a explotar.

Los maestros se dispersaron sin que ninguno notara, excepto nuestro profesor de historia que nos miró con desconcierto antes de seguir a la directora Shermansky a su despacho, que Scarlet y yo entramos de la mano a la sala de delegados.

–¡Lo logramos rubito! ¡El crimen perfecto!

La chica desastre me abrazó luciendo sumamente feliz. No pude hacer otra sino corresponder el gesto.

–Pues sí… creo que lo logramos.

–Esto les enseñará a no meterse contigo. Te insultan y luego te buscan para todo. Deberías decirles que ya no quieres ser delegado y que hagan su propio trabajo –sugirió todavía entre mis brazos.

–No es tan fácil –negué con la cabeza–. Me comprometí con este trabajo y me gusta. Que haya querido darles una lección a los profesores por asumir que soy una cascara sin personalidad, no significa que ya no quiera ser el delegado principal del instituto. Es divertido y… sé que nadie podría hacerlo mejor que yo –imité una de las expresiones de suficiencia que había visto tantas veces en el rostro de la chica desastre.

–Mmm…no dejas de ser raro… Pero está bien. Además, eres un rey en las sombras. Eso me gusta –afirmó con una media sonrisa.

–¿Un qué? –coloqué un mechó de su cabello rojo detrás de su oreja.

–Olvídalo –Scarlet colocó sus manos alrededor de mi cuello–. Es más interesante si no lo sabes.

–Un día me lo dirás –puse una mano en su cintura y con la otra acaricié su mejilla mientras la acercaba para besar esos labios que me volvían loco.

Era un momento perfecto. De esos que no vale la pena interrumpir por nada. Dábamos por sentado tantas cosas, y dejábamos pasar oportunidades que podían cambiar nuestras vidas como si nada hubiera pasado. La chica desastre era para mí uno de esos chances y que por algún capricho del destino había logrado recuperar. Nos besamos hasta que un empleado de limpieza tocó la puerta para ayudar a poner orden.

–Es igual que limpiar el depa después de una fiesta –apuntó Scarlet dejando caer una bolsa de plástico repleta de documentos cercenados al interior del enorme basurero instalado frente al estacionamiento del instituto.

–Hasta ahora no había tenido el placer de vivir esa experiencia –puntualicé recordando que las fiestas en casa de Lysandro y la chica desastre eran famosas. Por supuesto, yo nunca fui invitado y aunque hubieran tenido la deferencia de pedirme que asistiera, lo más que probable es que habría rechazado ir.

–Tienes suerte.

–Me imagino… Supongo que la próxima vez que organices algún tipo de celebración… me invitarás –tomé su mano entrelazando sus dedos con los míos y me acerqué lo suficiente como para que sintiera mi mejilla rozara la suya.

–Claro… por qué no… –la chica desastre estaba nerviosa otra vez y casi tan roja como su cabello. De pronto me dio la espalda–. Tengo que contarte algo…

–¿Qué? –acaricié sus hombros. Sonaba algo nerviosa.

–Pues… Castiel y Melody ya no son…

El timbre que anunciaba el fin de la hora del almuerzo hizo que girara la cabeza tanto que me lastimé el cuello.

–Ay –me sujeté la nuca–. Tenemos que volver.

–Pero…

Tomé a Scarlet de la mano y la arrastré hasta nuestra aula a pesar de sus protestas e intentos de decirme no sé qué cosa que le pedí que dejara para después. No pensaba a incitarla al crimen de nuevo llegando tarde a clases. Además, nos tocaba literatura y era por lejos mi materia favorita, no me la saltaría a menos que hubiera un incendio o algo parecido al fin del mundo. Una vez que sonara la campana de salida hablaría con la chica desastre. Tenía que confesarle lo que sentía por ella, dejé pasar toda la mañana, pero aún me quedaba parte del día. Al menos eso pensé… considerando que no tenía idea del desastre que se avecinaba.

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–En serio Nathaniel. Deja de ser tan obsesivo con eso de asistir a clases.

–Qué no soy obsesivo…

–¡Qué sí!

–¡Qué no!

–Qué sí… Y ahora cállate…

Scarlet colocó su mano sobre la mesa del pupitre más cercano y con la otra jaló mi corbata acercándome a ella lo suficiente para que nuestros labios estuvieran a pocos centímetros de distancia.

–Se te está volviendo un hábito –afirmé con una media sonrisa.

–Te gusta –afirmó guiñándome un ojo.

Nos habíamos quedado en un aula desocupada después de que todos los demás se marcharon luego de interrogarme sobre lo sucedido en la sala de delegados. Tuve que prometerle a Emma una entrevista exclusiva que saldría en el siguiente número del periódico escolar para que me dejara ir. La chica desastre y yo no acordamos nada, pero una vez que todos comenzaron a salir nos miramos y simplemente esperamos para estar solos. Y ahora nos contemplábamos como si acabáramos de descubrir al otro. Que es lo que había pasado en realidad.

"Quiero decirte algo" anunciamos ambos al mismo tiempo antes de sonreír por la coincidencia.

–Anda rubito… suéltalo –la chica desastre me cedió la palabra soltando mi corbata.

"Sé mi novia". Abrí la boca para soltar esas tres simples palabras… pero…

"¡Qué no estoy haciendo nada malo! ¡Cálmese señora!"

Volteamos al escuchar los gritos de Castiel que venían del pasillo.

–Y ahora qué… –Scarlet se dirigió a la puerta del aula.

–El pelirrojo del demonio… arruinándolo todo… como siempre –dije en voz baja mientras la seguía.

Este último y la señora Shermansky estaban discutiendo en medio del pasillo. Apenas repararon en nuestra presencia.

–Ya le dije que no sé qué pasó en la sala del cerebrito ese. No me interesa. Está montándose películas.

–Tenga cuidado Castiel. Qué espera qué pensemos si anda merodeando por el instituto sin explicarse. Usted tiene antecedentes –replicó la directora del instituto con un tono de voz más gélido de lo normal.

–Vamos –el increpado puso los ojos en blanco y la expresión socarrona que mejor lo caracterizaba–. Qué culpa tengo de que a su delegaducho le hagan daño hasta las flores.

Apreté los puños. Castiel estaba haciendo mención al incidente de las margaritas que ocurrió el día en que la chica desastre llegó a Sweet Amoris. Su broma pesada me costó un vergonzoso ataque de alergia.

–Sabe perfectamente que usted y su compañera le dieron a Nathaniel una maceta con margaritas sabiendo que era alérgico.

–Nosotros no tuvimos la culpa de eso –Scarlet interrumpió la interpelación colocándose junto al pelirrojo del demonio.

Aún lo negaba… ¿Por qué? ¿Tal vez ella era inocente? Pero se fue al lado del idiota que siempre me sacaba de quicio. Sentí un creciente malestar.

–¡Suficiente! Ustedes dos jamás van a reconocer sus errores. Mira que organizar bromas que comprometen la salud de su compañero –sentenció la directora de Sweet Amoris negando con la cabeza en señal de reprobación–. Y Castiel… creo recordar que estuvo muy cerca de ser expulsado por acumular ausencias injustificadas.

–Siento que no consiguieras echarme del instituto, aunque lo intentaste mucho… rubito –el pelirrojo del demonio me dirigió una sonrisa irónica.

"¡Yo no hice bromas a nadie!"

"¡Yo no quise que expulsarán a nadie!"

Luego de afirmar nuestra inocencia, Scarlet y yo nos miramos de nuevo, pero esta vez retándonos a contradecir al otro ante la expectación de la señora Shermansky y el pelirrojo del demonio.

–¿No vas a admitirlo acaso? –preguntó este último con cara de fiscal y cruzándose de brazos.

¿De qué hablaban? Yo había hecho todo lo posible por evitar que lo retiraran del instituto.

–Tú me diste la nota de ausencia para Castiel… –afirmó la chica desastre con una mezcla de tristeza y decepción.

Sí. Yo se la di para que se la pasara a ese idiota y firmara, evitándole así bastantes líos con la dirección de Sweet Amoris. Tres ausencias por mes significaban expulsión, pero eliminé la tercera sin decirle a nadie. Yo no quería que dejara el instituto, aunque fuera mi incordio personal. ¿Por qué ella reaccionaba así? No tenía idea… Y entonces reviví el día en que nos conocimos. ¿Cómo pude haberlo olvidado tan fácilmente?

–Tú me diste las margaritas… –afirmé en el mismo tono que Scarlet acababa de usar.

–No tienes el valor de ser tú mismo. Siempre te escondes detrás de una sonrisa de señor perfecto –me reprocho.

–Eres igual que yo. También te escondes de todos y de ti misma detrás de una máscara de dureza y mal comportamiento… chica desastre –contraataque.

Ella no había cambiado. Cómo pude ser tan ingenuo y creer que podía ser mi novia. Desde que nos conocimos prefirió a Castiel y a Lysandro, sobre todo a este último a pesar de sus sucias jugarretas. Ellos pertenecían a un mismo mundo y siempre congeniarán pasara lo que pasara. Scarlet nunca aceptaría salir en serio conmigo, y menos entender mi forma de pensar y hacer las cosas si contradecían a las de los chicos que realmente apreciaba. Dolía. Cómo dolía darse cuenta de eso. Yo… yo solo era un pasatiempo…

Nos quedamos en silencio por unos segundos hasta que la directora Shermansky perdió la paciencia.

–Ya he tenido suficiente de estas tonterías. No entiendo nada y francamente no me interesa. Los quiero a todos fuera de aquí y no me hagan repetirlo dos veces.

–Es lo mejor. Hasta mañana.

Dirigí un último vistazo a los presentes antes de darme la vuelta y retirarme sin mirar atrás.

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Él no había cambiado. Todo fue una ilusión. El rubito psicópata siempre estaría apegado a las reglas y al orden a pesar de todo. Así era su mundo y nada más le importaba, así otros fueran expulsados o castigados injustamente. ¿Cómo es que había olvidado lo que pasó el día en que lo conoció? Era obvio que ese chico mandón y estudioso nunca la tomaría en serio, y mucho menos si siempre insistía en tener la razón. Ella era solo un pasatiempo y nada más. Scarlet llegó a esa conclusión mientras veía alejarse a Nathaniel, dejándola sola con Castiel. La directora Shermansky se había marchado también y una creciente pena empezaba a apoderarse del humor de la muchacha. Acababa de entender cuánto apreciaba al delegado principal de Sweet Amoris y el dolor que implicaba dejarlo ir.

–¿Quieres ir a la azotea? Tengo un par de cigarrillos.

La joven consideró el ofrecimiento del chico pelirrojo sopesando los pro y contras.

–Okey… –asintió con la cabeza antes de soltar un suspiro derrotero.

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Nathaniel

No regresé a casa. Preferí quedarme en la sala de delegados y repasar mentalmente el desastre que acababa de suceder. Parecía tan irreal… Quizá solo se trataba de un mal sueño y nada más. Eso quise creer mientras contemplaba en silencio el escenario que me rodeaba. Ya no quedaba nada de la fiesta de ayer, ni una sola tirita de papel… como si nada hubiera pasado. Me dejé caer en la silla más cercana y cerré los ojos, seguro de que pronto tendría una jaqueca de proporciones épicas.

–Hola. ¿Se puede?

Alguien acababa de entrar. Volteé para ver de quién se trataba. No era Scarlet por supuesto…

–Qué tal Melody –solté a manera de saludo con una voz lúgubre.

–¿Mal día? –me preguntó cerrando la puerta tras ella.

–Ni te imaginas –afirmé sin ánimo de dar más detalles.

–Te comprendo. A veces todo puede complicarse y no hay nada qué hacer…

Melody ocupó una silla junto a la mía. Algo le preocupaba sin duda.

–¿A ti también te pasó algo malo? –le pregunté intentando concentrarme lo suficiente para atender lo que tuviera que decir.

–Pues sí… –se mordió el labio luciendo nerviosa–. Veraz… Castiel y yo rompimos.

–¡Qué!

Y fin del día 26… Scarlet y Nathaniel tienen mucho en que pensar… ¿Qué creen que le dirá Castiel a la chica pelirroja ahora que por fin están solos? ¿Será que Melody intenta algo con el rubito? ¿Le irá bien al fanfic de Armin?

Muchas gracias por seguir el fic y comentar. Pronto les traeré del día 27 XD