N/A gracias por su paciencia o impaciencia. (^.^)/

Capítulo anterior.

—¿Qué fue eso? —se preguntó asustado, viendo como los utensilios en ese pequeño cuarto comenzaron a vibrar y no sólo eso, de repente el mundo que estaba afuera comenzó a agitarse con pánico por el temblor que se sintió por debajo de sus pies.

Entonces volvió su mirada a su compañera y vio lo que sucedía, en medio de su dolor y de su llanto, Astrid estaba expulsando una gran cantidad de egni que apenas era visible para él y el cual estaba provocando un inesperado terremoto.

Asustado, comprendió porque le tenían prohibido llorar.

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Capítulo 25.

Lo que olvidamos

Parte 3

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El piso de maternidad, así como el edificio completo seguía vibrando conforme las lágrimas y gemidos de la entristecida hechicera aumentaban de tono; pronto la gente que aguardaba en el exterior de aquel pequeño espacio comenzó a agitarse también. Alaridos de madres preocupadas, personal médico que trataba de calmarlas y a la vez así mismos, y sobre todo eso, chillidos de recién nacidos que también se estaban alborotando.

—¡ES MI CULPA! ¡TODO ES MI CULPA! —chilló Astrid con más fuerza, haciendo que sus reprimidos sentimientos se vieran reflejados en una vibración más violenta.

El atónito Hiccup estaba perplejo, viendo como el egni de su compañera comenzaba a emanar y a hacerse visible involuntariamente conforme ella se desahogaba, un poder realmente sorprendente a su perspectiva, pues estaba prácticamente haciendo que un edificio completo se moviera, pero además de eso, peligroso, por lo que podría pasar si no la detenía.

Tenía que hacer algo, apretó los dientes mientras trataba de pensar en qué hacer, lo que menos quería era decirle que se calmara cuando él mismo la había incitado a desahogarse, además de que no tenía corazón para quitarle su derecho a llorar a su hijo muerto, porque en definitiva lo necesitaba y mucho, así que, reflexionando sus pros y contras, hizo lo único que se le ocurrió hacer en ese momento:

Se inclinó ligeramente sobre ella, en un intento extraño de tipo de abrazo y que a la vez lo hacía ver como una especie de escudo humano.

Haciendo un gran esfuerzo, Hiccup retuvo el egni de Astrid, expandiendo el suyo como si de una cúpula invisible se tratara. Esa simple acción hizo que el temblor del edificio desapareciera, pero su compañera era tan poderosa, que, aun con su egni retenido, no podía evitar sentir como aquella poderosa energía de color azul se manifestaba y chocaba con su cuerpo con pequeñas descargas eléctricas.

—Astrid, estás… liberando mucho egni. —dijo soportando aquellas punzadas eléctricas. —Puede ser peligroso para ti…

La que yacía debajo de su cuerpo, seguía chillando con sus ojos cubiertos con sus manos, ni siquiera se había dado cuenta de la posición en la que se encontraba aquel al que le decía "Enemigo"

—Por favor, trata de contenerlo… sé que duele, que estás muy dolida, pero no dejes que tú egni se descontrole, por favor, puede haber personas lastimadas.

Astrid hipeó y descubrió sus llorosos ojos, viendo en primera instancia, como el rostro de su "enemigo" estaba muy cerca al de ella, y por detrás de él, su alborotado egni azul, tratando de salir de la cúpula de egni color rojo que lo estaba conteniendo.

—Escucha a los bebés. —pidió Hiccup. —Si tu egni se libera demasiado se van a asustar más.

"Los podía lastimar", pensó Astrid chillando más, a pesar de que no quería hacerlo por lo que vio que estaba provocando; pero estaba tan lastimada que su energía la estaba sobrepasando, así como sus emociones.

—Pero, descuida… si no puedes, yo estoy aquí y lo mantendré retenido tanto como lo necesites. ¿Está bien?

Más lágrimas salieron de los ojos de la hechicera, no le cabía en la cabeza porque su "enemigo" estaba siendo "gentil" con ella, ¿por qué estaba soportando el dolor de retener su egni?, ¿por qué él estaba haciendo todo eso cuando ella acababa de matar al hijo de ambos por sus descuidos?

—¿Astrid?

Se sintió extraña al escuchar nuevamente como él la llamaba por su nombre, era tan desconcertante; sin embargo, aun así, asintió y tragó saliva para tratar de calmar su poder y también reprimir nuevamente sus sentimientos y culpas, a las cuales creía no tenía derecho por haber sido irresponsable.

Respirando hondamente, bajó el nivel de su egni gradualmente, el color azul que se encontraba retenido en la cúpula color roja de poco a poco fue desapareciendo hasta que se redujo a nada. Hiccup sintió alivio al ver todo más calmado, pero el rostro fruncido y ojos cerrados de su enemiga le dieron a entender que nuevamente se estaba reprimiendo.

—Astrid, llora si quieres… yo estoy aquí…

Ella negó con su cabeza, luchando por reprimirse, aunque unas lágrimas se le escurrieron de cualquier modo entre sus ojos cerrados.

—No me siento bien. —dijo entre gimoteos y llevó su mano a su adolorido vientre aún inflamado.

—¿Qué quieres que haga? ¿Qué puedo hacer? —preguntó Hiccup preocupado al verla sufrir demasiado.

Sin embargo, su compañera sólo negó con su cabeza otra vez, pues ni ella sabía que se debía hacer.

En ese momento, la cortina que cubría aquel pequeño cubículo se abrió bruscamente.

—Uhm… lo siento. —Era Atali, la cual sintió pena ajena, al encontrar a su paciente y esposo en una posición un tanto privada.

Con la recién llegada viéndolos, Hiccup se reincorporó rápidamente sintiendo demasiada vergüenza; mientras que Astrid, apenas era capaz de reaccionar pues el dolor en su vientre era su principal foco de atención.

—Dra. Atali… ¿no sé qué pasa? Dice que le duele mucho…—reaccionó Hiccup rápidamente al escuchar a su compañera quejarse.

—El efecto de los medicamentos debe haber pasado, además ese extraño temblor que se sintió de seguro la estresó. —respondió esta rápidamente dirigiéndose hacia la sonda que goteaba lentamente. —¿Tú estás bien, Hiccup? ¿No te lastimaste?

—Eh… no… estoy bien.

La doctora respiró sintiendo alivio y procedió a sacar unos medicamentos que estaban en una gaveta anexa.

—Le voy a suministrar otro coctel de medicamentos para que descanse, pero insisto en qué debe de comer algo o se debilitará más. —explicó mientras suministraba dichos medicamentos.

Con las drogas suministradas, la cansada Astrid pronto comenzó a sentir sus efectos y se dejó caer cansada sobre la camilla, la doctora entonces procedió a revisar su cuerpo y retiró sin previo aviso parte de la bata que la cubría.

Estando Hiccup de mirón, rápidamente se dio la vuelta antes de poder ver más de lo que ella le pudiera permitir ver, mientras que Atali siguió haciendo su trabajo.

—Sus heridas siguen bien, nada más que está un poco inflamada por la laparoscopia, pero el dolor irá disminuyendo con el paso de los días y, mira Hiccup…

Atali se volvió al supuesto esposo de su paciente, y se sorprendió al ver que le daba la espalda.

—Hiccup… ¿pasa algo?

—¡No!... es decir, es que usted…la está revisando. —respondió con timidez.

—Sí, pero hay algo que quiero que veas, algo que tienen que cuidar que no se infecte.

—Uh… pero, es que ella…—dijo sonrojado. —Yo no… puedo verla…

—¿Por qué no? Si eres su esposo y me imagino que ya debes conocerla en todos los sentidos, Hiccup, deja de bromear y ven que te quiero mostrar lo que debes de cuidar que no se infecte.

Necesitaba ayuda, necesitaba ayuda. Repetía Hiccup en su mente una y otra vez, pensando a la vez que no sería capaz de cuidarla bien si no tenía siquiera el valor para verla y menos tocarla sin su permiso.

—Hiccup… anda ya… que tengo que ver a otros pacientes.

No quedaba de otra, se rindió el asustado Hiccup y con los ojos cerrados se giró nuevamente hacia la camilla, donde ya reposaba la dormida Astrid.

—Hiccup, mira…

Abrió los ojos lentamente, pensando que estaba haciendo algo incorrecto; sin embargo, aquel pensamiento se dispersó, cuando vio las marcas en su compañera.

—Tuvimos que hacerle estás incisiones aquí…—comenzó a explicar Atali, señalando las heridas.

Sin embargo, una parte de él apenas y estaba captando sus instrucciones, la otra parte estaba pendiente de una cicatriz que tenía Astrid por debajo de su ombligo y un poquito más arriba de la sábana que cubría su parte intima.

—Hiccup… ¿me estás escuchando? —preguntó Atali al sentirse ignorada.

—¿Qué es esa cicatriz? —señaló este incrédulamente.

Atali vio hacia donde señalaba.

—Es una cicatriz de cesárea… Hiccup ¿qué pasa? Está se le hizo a Astrid cuando nació Nuffink.

"Tengo una evidencia en mi cuerpo" Recordó este vagamente aquellas palabras que Astrid le dijo la víspera de Navidad, cuando admitió que era la madre de sus hijos.

—Entonces… ¿a eso se refería? —susurró sintiendo tristeza.

—Hiccup… ¿seguro que te sientes bien? Si quieres podemos llamar a alguien que te pueda apoyar, algún familiar cercano o amigos.

El hechicero no pudo evitar pensar en sus guías, y nuevamente se culpó por haber sido arrogante y egoísta con ellos.

—No, yo… la cuidaré. —dijo tratando de sonar fuerte. —¿Me podría volver a explicar?

Atali sólo asintió, no indagando más en su comportamiento, y volviendo su atención nuevamente a la paciente, le señaló lo que de ahora en adelante debía procurar cuidar.

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Horas más tarde.

Las cosas en el hospital se calmaron y volvieron a la normalidad, del previo terremoto, sólo se escuchaban los cuchicheos de que sólo se había sentido en ese campus y les habían atribuido aquel hecho a unas tuberías de agua, mismas que el personal de mantenimiento se apresuró en revisar.

Mientras tanto, indiferente a todo aquel ajetreo, en una de las divisiones que había en el piso de maternidad, Hiccup vigilaba pacientemente el sueño de su compañera de cerca, sentado en una silla que estaba destinada para el familiar de compañía o visita.

Astrid no había despertado después de los calmantes que le habían suministrado, sin embargo, conforme fueron pasando las horas, su cuerpo poco a poco comenzó a reaccionar hasta que sus ojos nuevamente se abrieron a aquella realidad, y con lo primero que se encontró fue con la penetrante mirada de él.

—¿Aún sigues aquí? —preguntó con voz ronca y un poco adormilada.

—Sí. —respondió este con simpleza y se levantó de su asiento, para confrontarla nuevamente. —¿Cómo sigues? —se atrevió a preguntar.

Astrid trató de tragar saliva; sin embargo, tenía la boca reseca. Entonces trató de reincorporarse, pero su cuerpo le pesaba demasiado, además de que tenía un brazo inmovilizado.

—Déjame te ayudo.

Hiccup se apresuró a ir con ella y acomodó primeramente la camilla, la cual fue ajustando para que quedara más como una silla, luego, ayudó a Astrid a acomodarse de tal forma que se sintiera más confortable.

En todo ese momento, Astrid no puso objeción y se dejó ayudar; y entre el movimiento y esfuerzo que hizo, pronto sintió un peso extra sobre sus piernas, y todo eso debido a un extraño objeto que reposaba sobre ella, un juguete.

—¿Qué es eso? —preguntó, no siendo capaz de alcanzarlo por su cuenta.

—Ah… ¿esto? —dijo Hiccup tomando el peluche para luego entregárselo. —Es de Nuffink, me pidió que te lo diera.

Astrid hipeó al escuchar el nombre de su hijo, y con su mano sana tomó con cuidado el peluche, el cual no pudo evitar pensar que se parecía un poco a su guía en forma de dragona.

—¿cómo…? ¿Cómo están ellos? —preguntó con la voz entrecortada.

—Bien, Zephyr y Nuffink están bien, ansiosos por verte. Heather los está cuidando. Zephyr te manda a decir que te quiere y extraña mucho, y Nuffink, como te dije, me pidió que te diera esto, que es uno de sus tesoros, que su "mamá" le había dado y que ahora quería dártelo a ti.

Astrid sintió un nudo en la garganta y tomó con delicadeza aquel juguete para llevarla cerca de su pecho, luego se echó junto con él en la camilla, y volvió su mirada hacia el lado contrario donde estaba Hiccup, para evitar verse vulnerable enfrente de él.

Nuevamente se encerraría en su mundo, pensó el entristecido Hiccup viendo como su compañera, aparentemente se negaría a cruzar más de tres palabras con él, hasta que:

—¿Sabes?...

La escuchó musitar con tristeza.

—Nunca quise tener hijos…

A Hiccup se le aguaron los ojos, no por lo que había dicho, si no por la tristeza con la que ella se expresaba. Mientas que, del lado contrario de su mirada, Astrid estaba en las mismas condiciones, soltando unas cuantas lágrimas que por más que quería no podía retener.

—Antes solía decir eso…—continuó hipeando. —Y ahora… —volvió su mirada al techo. —Ahora… tengo tres… ¡tres! —repitió con tristeza. —De los cuales… a dos ni sé cómo criarlos y… al otro lo perdí por mi estupidez.

—No digas eso. —negó Hiccup con su cabeza.

—Sí, sí lo digo. —afirmó Astrid con la suya. —Tal vez… es un castigo.

—No, claro que no.

—Mi mamá. —continuó esta ignorándolo. —Pasó también por lo mismo… dos veces. —reveló con tristeza. —Dos veces… antes de tener a mi hermanito Fare.

Aquel dato conmocionó a Hiccup, pues desconocía esa parte de la historia de la familia de los Hofferson.

—Y recuerdo que… en ese entonces, yo no sabía muy bien lo qué pasaba, sólo veía a mi mamá sufriendo de repente de la nada… y… lejos de empatizar con ella, me molestaba. —admitió hipeando. —Me molestaba que no me prestara atención, por estar cuidando a esos "hermanitos" que nunca llegaban. Nunca se me pasó por la cabeza lo mucho que ella sufría… lo que sufrió… y ahora que, ¡esto! me pasó a mí, sé exactamente cómo se ha deber sentido ella, y yo nunca la comprendí, sólo la juzgué y por eso… creo que es un castigo, por haber sido una mala hija…—dijo hipeando.

—No, claro que no. Astrid, eras muy pequeña cuando eso pasó; no era tu obligación entender con exactitud lo qué le pasaba a tu madre, ni tampoco que tuvieras los sentimientos de cualquier niño que se siente abandonado por sus padres. Es normal, y te lo digo por experiencia.

—Pero en un futuro sí. —replicó Astrid aquel consuelo.

Hiccup no entendió.

—Mi madre murió después de dar a luz a Fare, y la verdad, sentí molestia y odio cuando eso pasó, estaba muy enojada; sin embargo; no pude evitar amar a mi hermano desde la primera vez que lo vi, porque al fin y al cabo él no tenía la culpa de nada y mi madre lo amó desde que supo de su existencia, tal como me está pasando a mi… —admitió con melancolía. —Extraño mucho a mi mamá. —confesó derramando más lágrimas.

Hiccup empatizó fuertemente con ella y comprendió perfectamente ese sentir, pero también sintió remordimientos de no haber valorado el que su madre, aunque no estaba con él, estaba viva, a diferencia de Astrid, que creció prácticamente sin una figura materna.

— Mi modo de pensar se forjó en base a esas experiencias; porque luego comprendí que mi hermano no era más que el producto de la ambición de la familia…

—¿A qué te refieres?

Astrid se limpió las lágrimas y continuó.

—Mi abuelo y mi padre necesitaban a un varón para continuar con la dinastía, y habían utilizado a mi madre para ello. —recordó con tristeza. —Pero… cuando lo comprendí, lejos de empatizar otra vez con ella, me molesté y la tomé por una idiota por haberse dejado manipular de esa forma, lo mismo pasando con mi hermana Camicazi, cuando prácticamente fue vendida como una reliquia para otra familia… las detesté a ambas por tontas.

Hiccup bajó la mirada, entendiendo a donde iban las cosas.

—Y sólo pensaba… ¿Eso era lo que me esperaba? —continuó Astrid, apretando el peluche contra su pecho. —Para mi familia, no era más que una incubadora que se vendería al mejor postor… ¿Sólo había nacido para hacer eso?... por eso nunca quise tener hijos, nunca los quise, y llegué a cometer una locura para lograr mi objetivo, cuando no encontré salida a ese absurdo matrimonio arreglado.

—¿Qué cosa? —preguntó Hiccup intrigado.

Hasta ese momento, Astrid se dio cuenta de lo mucho que le había confiado a su "enemigo", cosas muy intimas que siempre había guardado muy dentro de ella, e incluso sentimientos que le había ocultado a su guía.

Hiccup al darse cuenta de lo entrometido que había sido, dejó su curiosidad por un lado para enfocarse nuevamente en la salud y estabilidad de su compañera.

—Y ahora tengo tres hijos contigo…—dijo Astrid con un tono un tanto despectivo.

—Sí, lo sé…—musitó este sintiendo de repente como si la hubiera violado, como si le hubiera arrebatado una parte de sus sueños.

—Y Zephyr y Nuffink son unos niños maravillosos… ¿no crees? —lloró Astrid al mismo tiempo que esbozaba una tenue sonrisa.

El corazón de Hiccup se alborotó en ese momento, y le entraron unas inmensas ganas de llorar, pero se aguantó y sólo alcanzó a asentir con su cabeza y con gran orgullo.

—Y ese bebé que se fue…— musitó con cuidado. —Estoy seguro de que también lo hubiera sido.

Astrid ahogó un grito al escucharlo y se aferró nuevamente al peluche con fuerza para luego desviar nuevamente su mirada hacia el otro lado.

—¿Astrid? —llamó Hiccup pensando que nuevamente había retrocedido.

—Yo lo pude ver…—dijo esta hipeando.

Hiccup no comprendió.

—En un aparato…—siguió esta llorando. —Antes de que me lo quitaran… y ahora… cada vez que me acuerdo de él… a mi mente llegan esas últimas imágenes, las cuales después de que aparecen en mi mente se tornan en otra imagen diferente y en la cual… sólo puedo ver a… sólo puedo ver…

—¿A quién?

Astrid se volvió nuevamente hacia Hiccup, mostrando ante él todas sus lágrimas.

—A un niño que se parece mucho a ti…

Hiccup quedó boquiabierto.

—Que se parece mucho a ti, tal como te recuerdo cuando te vi la primera vez…

El hechicero mordió sus labios, recordando también aquel momento, y no sólo ese, también la conversación con Atali, en la cual Astrid le contó que su hijo saldría idéntico a él.

—Entonces hubiera sido muy apuesto. —comentó tratando de animar la conversación, para no recordar a su hijo sólo con tristeza.

Y misión cumplida, aunque adolorida, Astrid soltó una risita.

—¿Por qué nos tuvo que pasar esto, Haddock? —cuestionó un poco más calmada.

Hiccup, sólo se acercó a la camilla y se sentó en la orilla.

—Es lo mismo que estoy tratando de entender. —dijo encogiéndose de hombros. —Y soy Hiccup, si no es mucho pedir, me gustaría que me llamaras por mi nombre. —pidió con una leve sonrisa. —Porque en este mundo, sólo soy…yo.

—Hiccup…—pronunció Astrid agotada. —Suena extraño pronunciar tu nombre.

—Sí, lo sé…lo mismo me pasa, es… bastante extraño.

—¿Por qué tuvimos que odiarnos tanto, Hiccup? —preguntó ella de repente.

El interrogado sólo se encogió de hombros.

—No lo sé. —susurró. —En un tiempo pasado diría que fue por lo de la exhibición, pero creo que va más allá de eso. ¿verdad?

—Sí, creo que desde la etapa 1, cuando nos conocimos… ¿recuerdas el primer día de clases?

—Mmm… pasó hace mucho tiempo.

—Yo sí lo recuerdo…—dijo Astrid rememorando viejos recuerdos.

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Año 1994.

Escucha bien Astrid, esta es la academia de brujería y hechicería a la que han acudido los Hofferson de muchas generaciones, ahora es tu turno de seguir con tal legado y salir de esta escuela con honores.

Tomado de la mano de su abuelo, Astrid de 6 años, observó a lo alto del recinto mientras que sobre su hombro reposaba la pequeña Stormfly, viendo el edificio de igual manera. Estaba un poco nerviosa, pero no lo podía demostrar ya que luego su abuelo se enfadaba, y como su madre y padre estaban ocupados con el embarazo de la primera, al patriarca de su clan no le había quedado de otra más que acompañarla a la ceremonia de bienvenida.

A su alrededor había mucha gente, caminando de un lado a otro, como se solía ver en cada inicio de año; sin embargo, para el viejo Hofferson nada de ese ruido lo inquietó hasta que un auto color rojo apareció, llamando inmediatamente la atención de unos cuantos.

Ya llegaron esas basuras.

Astrid, sin saber porque su abuelo comenzaba a despotricar, miró hacia el lujoso auto que recién había llegado, de donde bajó un hombre mayor tan imponente como su abuelo, y seguido de este, bajó un niño bajito, flacucho y que se veía realmente tímido.

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—¿En serio no lo recuerdas?

—Mmm, creo que sí. —dijo Hiccup nervioso.

—Y bueno, esa fue la primera vez que te vi, y la verdad me disté igual, es decir, pudiste pasar ante mi como un estudiante más, pero para mi abuelo no…

—Sí, lo sé… supongo que te pasó lo mismo que a mí. —reflexionó este estirándose.

—¿Qué quieres decir? ¿También te hubiera dado igual que yo estuviera ahí de no haber sido por tu abuelo?

—Eh sí, claro… creo que ni siquiera te hubiera notado de no haber sido por él.

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La academia de brujería y hechicería le asustaba demasiado, era la primera vez que conviviría con más personas además de Toothless y su familia, por lo que estaba realmente asustado, así como por las expectativas que tenían en él.

Tantas eran aquellas expectativas que, antes de que su papá y mamá terminaran de asearse, su orgulloso abuelo, lo había tomado sin el permiso de sus progenitores, y se adjudicó la tarea de llevarlo a la ceremonia de bienvenida de la academia.

Cuando por fin llegaron y bajaron del auto, se asustó aún más al ver la gran cantidad de personas que había en ese momento en el recinto; sin embargo, de entre toda esa multitud, una singular cabellera rubia llamó su atención.

El pequeño Hiccup de 6 años, quedó boquiabierto, al fijar su mirada en una pequeña niña de más o menos su misma edad, la cual, a pesar de su ceño fruncido, se le hizo de lo más bonita.

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—Había demasiada gente ese día.

—Sí, y de no haber sido por ellos, como te dije… ni siquiera… te hubiera notado. —continuó el nervioso Hiccup.

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A pesar del gentío, los patriarcas rivales y sus respectivos nietos, se proyectaron en un mundo en donde sólo ellos cuatro estaban presentes.

Mira muy bien a ese tonto, Astrid. —señaló el abuelo Hofferson con su mirada al debilucho niño castaño. —Él es el hijo y heredero de nuestros enemigos: los Haddock, más te vale buscar la manera de hacerle la vida imposible a ese maldito niño, quiero que sufra y que mejor que sea por medio de la mano de una Hofferson.

¿Haddock? —repitió Astrid ausente, viendo con un poco de empatía a aquel niño que parecía que en algún momento se haría en sus pantalones por el miedo.

Bajo los preceptos con los que había sido criada, no podía aprovecharse de alguien que parecía más débil que ella, y Stormfly en secreto, la secundó al decirle que, si ese niño no le hacía nada, ella tampoco tenía por qué.

¿Me has escuchado, Astrid? —preguntó su abuelo demandante.

Sí, abuelo Hofferson. —respondió tan segura como pudo; sin embargo, no se sentía capaz de complacerlo.

Mientras que del otro lado…

Mira a esa niña tonta, hijo. —señaló Eero con su mirada a la pequeña rubia. —La segunda desgracia de los Hofferson: nuestros odiados y molestos enemigos.

¿Enemigos? —repitió Hiccup con voz bajita, viendo hacia lo alto de su abuelo, para luego mirar a la niña bonita.

Así es, y lamentablemente es de tu edad, por lo que, si te toca estar con ella en las mismas clases, más vale que sobresalgas en todo lo que ella haga, nunca te dejes ganar por un Hofferson, hazle la vida imposible a tal grado de que no le queden ganas de volver.

Hiccup torció la boca un tanto asustado, pues esa niña, aunque era bonita, se veía que era bastante fuerte, para nada podía hacer lo que le decía su abuelo.

Yo no quiero. —replicó con voz bajita.

Tonterías. —se puso su abuelo a su altura. —Hazle la vida imposible y te prometo que te compraré un juguete nuevo.

Pero…

Hiccup se giró hacia donde su guía estaba, pero, aunque este como todo ser razonable no pudo aconsejar bien a su pupilo, pues la vista del patriarca se enfocó en él de una manera muy amenazante.

Nada te pasará muchacho, ya verás. —insistió Eero maliciosamente. —Comienza con algo sencillo…—incitó, apareciendo unas tijeras entre sus ropas. —Córtale el cabello.

Hiccup tragó saliva, viendo con recelo el utensilio que le ofrecía su abuelo.

Hiccup… obedece. —ordenó demandante. —tráeme un mechón de ese estúpido y molesto cabello rubio y serás siempre mi gran orgullo.

Cuando le hablaba así, no había más remedio que aceptar. Con temor, el pequeño tomó las tijeras y las guardó en su mochila. Mientras que el pequeño Toothless, sólo esperaba el momento oportuno para evitar alguna tragedia.

Pero las cosas no salieron tal cual el guía esperaba; desafortunadamente, Hiccup y Astrid coincidieron en la misma clase, y para colmo, a los guías no les tenían permitido acompañarlos en estas, a menos de que la materia fuera para ambos.

Entonces sucedió.

En medio de una clase de lectura, cuando la maestra salió por unos momentos, los recién integrados niños comenzaron a cuchichear entre ellos, pues las mesas eran redondas y en cada una se podían sentar cinco niños.

Hiccup se encontraba sentado justo frente a la mesa donde estaba Astrid, ambos se daban la espalda, y Hiccup no hacía más que ver de reojo, el largo cabello que esa niña tenía, casi por debajo de la espalda.

Tragó saliva, no podía hacerlo; sin embargo, su imaginación pronto le jugó sucio al proyectarle lo que su abuelo le haría si no. Así que, armándose de valor, se levantó de su asiento, y con tijeras en mano, se aproximó a su víctima la cual en vez de socializar con las demás niñas estaba enfocada en su lectura.

Pero un ruido parecido a un "crac" "crac" pronto la hizo dejar su lectura y más cuando sintió su cabeza más ligera. Su primera reacción fue la de llevar su mano a su largo cabello, pero en cuanto lo hizo varias tiras se le quedaron enredados entre los dedos.

Atónita, se giró para tratar de ver qué era lo que había ocurrido y sorpresivamente con lo que se encontró fue con la mitad de su cabello en el suelo y con un niño tonto y asustadizo con el arma del crimen en sus manos.

Ese niño, su enemigo, no era tan debilucho como pensó que era, y encontrando la excusa que necesitaba se abalanzó con furia hacia él y le dio un puñetazo en la cara, justo cuando la maestra entró al salón de clase.

Por la fuerza que tenía, Hiccup no sólo cayó si no que también pareció rebotar, muy graciosamente a la vista de sus demás compañeros, los cuales pronto comenzaron a reírse de él, mientras que las niñas comenzaron a reír por la apariencia de Astrid a la cual tacharon como "presumida".

Con tales burlas, Hiccup no pudo evitar llorar tanto por la humillación, así como por el trancazo que le había dado; se sintió realmente humillado y ya no se le hizo para nada bonita esa niña; mientras que Astrid, sólo enrojeció por las burlas y más cuando la maestra la tomó tanto a ella como a Hiccup de la oreja para llevarlos con el director.

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—No puedo creer que aun te acuerdes de eso. —dijo el avergonzado Hiccup.

—¿Cómo olvidar cuando un niño tonto casi me deja sin cabello? Eso no se olvida fácilmente. —dijo ella con molestia.

—Estoy muy avergonzado.

—Pero descuida, al fin y al cabo, tu estúpida hazaña hizo que yo encontrara un pretexto para buscarte hacer guerra.

—¿Qué?

Astrid asintió.

—Si, no creo que mi abuelo me perdonara fácilmente el no hacerte la vida imposible.

—Entiendo. —reflexionó Hiccup, pensando que de una forma u otra ellos hubieran terminado enemistados.

—¿Disculpen? —Se escuchó de repente una vocecilla detrás de la cortina.

Hiccup se aproximó a la tela y la retiró, viendo que se trataba de una enfermera que preparaba unas vasijas con comida.

—Es hora de comer. —indicó a la paciente.

Astrid sintió un retorcijón en su estómago, a causa de las náuseas que le dieron con sólo oler la comida. Por un momento, la amena plática que había tenido con su "compañero" le había hecho olvidar por muy poco el motivo por el cual se encontraba ahí.

—¿Cómo sigue, señora? ¿Se le calmó el dolor? —preguntó la enfermera con amabilidad, revisando primeramente la sonda antes de acercar la comida.

—No quiero comer nada.

—Lo siento, señora. Pero, es una orden de la doctora, está muy débil y necesita comer para comenzar a recuperarse.

De sólo escuchar eso, Astrid comenzó a sentirse frustrada nuevamente.

—Vamos, se ve muy rico…—trató de animar Hiccup al notarla ansiosa. —Y entre más rápido te recuperes, más pronto podrás volver a casa con Zephyr y con Nuffink.

"Buena estrategia": pensó Astrid con melancolía, odiaba tener esos altibajos de emociones, pues más lágrimas se derramaron cuando la enfermera le acercó la comida.

—¿Puede dejarnos a solas? —pidió Hiccup amablemente, sabía que a Astrid no le gustaba que la vieran vulnerable.

La enfermera entendió, y antes de irse, le pidió que se asegurara que se comiera por lo menos la mitad de los alimentos.

—Anda Astrid, ¿quieres que te ayude? —preguntó Hiccup, dispuesto a darle la comida en la boca si era necesario.

Pero su compañera, negó con su cabeza, y dando un leve suspiro, tomó la cucharilla y tomó una porción de comida. Lo tragó con dificultad, su garganta seguía reseca que no pudo evitar toser y con ello sentir dolor en sus recientes heridas.

—Tranquila, toma un poco de líquido primero. —le acercó Hiccup un té que le habían dado y con cuidado la ayudó a beber.

—Gracias. —expresó cuando terminó de beber, sintiéndose un poco estúpida por no ser capaz de cuidarse por sí sola.

Mientras que Hiccup, sólo se limitó a verla comer, muy lento, pero lo estaba haciendo, aunque no veía que realmente quisiera comer, se veía muy obligada al hacerlo.

—Perdí al bebé porque no me cuidé bien ¿verdad?

—No, claro que no.

Una respuesta no tan consoladora, Astrid no preguntó más y siguió comiendo hasta donde su estado de ánimo se lo permitió. Dejando la mitad de la comida, se echó nuevamente en la camilla junto con el peluche de su querido hijo.

—¿No vas a salir a comer tú? —preguntó como no queriendo a su acompañante.

—No, estoy bien.

—Con la comida me dio sueño otra vez, puedes salir si quieres, prometo no destruir nada. —dijo tratando de bromear.

—Entiendo, entonces esperaré a que te duermas, compro y como algo rápido y vuelvo.

—¿No irás a casa con los niños?

Hiccup resopló.

—Quisiera, pero tampoco quisiera dejarte.

—Yo estaré bien, no te preocupes. —dijo Astrid tratando de sonar indiferente. —Puedo quedarme sola.

Estar sola no era una opción para Hiccup, más que nada por los altibajos que tenía su compañera, los cuales también podrían verse reflejados de repente en su egni.

—Ya no me queda más egni, si es lo que piensas. —interrumpió esta de repente sus pensamientos. —No puedo hacerle daño ni a una mosca.

—Entonces, menos me voy… —concluyó Hiccup. —Duerme un poco Astrid, yo veré qué como y luego vuelvo ¿sí?

La convaleciente chica, sólo desvió su mirada hacia el otro lado y aferrándose al peluche, cerró sus ojos para dormir un poco.

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Más horas pasaron.

Después de comer, Hiccup regresó al cuarto del hospital. Durante el lapso de su ausencia, Astrid no se había despertado, seguía dormida con el peluche entre su brazo y algunas lagrimillas marcadas en su rostro.

Ella seguía sufriendo hasta en sus sueños, y se sintió realmente inútil por no poder hacer nada en estos y menos en la realidad. Tampoco sabía qué hacer, faltaba poco para el anochecer y se debatía entre regresar a la casa con los niños o quedarse a cuidar a Astrid. ¿Y cómo le haría con el trabajo? El lunes tenía que regresar a trabajar, llevar a Zephyr a la escuela, atender a Nuffink, eran demasiadas cosas para él solo, y a pesar de qué contaba con el apoyo de Heather, Dagur y Mala, no quería abusar demasiado de su confianza y tiempo, pues suponía que estos tenían sus propios deberes.

De repente, el celular que le habían prestado comenzó a vibrar y respetando el reglamento del hospital, salió a la sala de espera para poder responder.

Hola Hiccup. —Era Heather. —¿Cómo sigue Astrid?

—Bien, dentro de lo que cabe… está dormida.

Mala me preguntaba si necesitabas ayuda para cuidarla en la noche, porque por lo que se ve, no la darán de alta ¿verdad?

—No, aun no.

Entonces, ¿le digo que vaya? También vinieron Tuffnut y Ushhh…. Ruffnut. —mencionó con molestia. — al enterarse y se ofrecieron también a apoyarte con Astrid o con los niños.

Eso sí sorprendió a Hiccup que, tarde se daba cuenta, de que había hecho muy buenos amigos en Berk.

—No, no es necesario. —susurró Hiccup enternecido.

Entonces…

—Creo que me quedaré con Astrid por lo pronto, con respecto a los niños, sólo no los saques de la casa hasta que volvamos, confío que la barrera mágica que construí es muy fuerte.

Ok, pero ¿entonces hay algún problema con Astrid?

—Está muy triste. —suspiró. —Y la verdad es que tiene unas emociones muy poderosas y explosivas.

Del otro lado de la línea, no se escuchó ningún comentario, Hiccup concluyó que Heather no le había entendido.

—En fin, ¿están los niños ahí contigo?

Sí. ¿Quieren hablar con Hiccup? —escuchó que preguntó a los menores.

De lado de Hiccup, sólo escuchó los gritos emocionados de los menores y una pequeña disputa por ver quien sostenía el teléfono, que se resolvió de manera pacifica cuando Heather optó por ponerlo en altavoz.

Hiccup… ¿Astrid está contigo? —preguntó Zephyr rápidamente.

—No pequeña, está dormidita.

¿La puedes despertar para hablar con ella?

—No puedo entrar con el celular a esa área.

¿Le diste mi regalo, Hiccup? —preguntó Nuffink.

Sí, amigo. Y le gustó mucho… lo está abrazando y no lo ha soltado.

¿Cuándo vuelven? —preguntó con tristeza.

—En cuanto la doctora la deje ir, que estoy seguro de que será muy pronto.

¿Cómo en cuántos días? —indagó Zephyr.

—No sé, pero le preguntaré a la doctora y te digo ¿sí?

Que sea mañana. —escuchó decir a Nuffink.

Ya lo escucharon niños, cuando la doctora lo diga. —ayudó Heather al ver que los niños se pondrían un poquito necios. —Ahora, despídanse de Hiccup, que tiene que volver a cuidar a Astrid ¿Verdad?

—Sí.

—¡Ok! —respondieron ambos pequeños como unos soldaditos.

Hiccup, dile a Astrid que llamamos y que queremos que vuelva rápido. ¿verdad Nuffink?

Que vuelva mañana si se puede. —rogó el menor.

—Claro, yo se lo diré.

¡Adiós Hiccup, vuelve también pronto! —desearon ambos menores al mismo tiempo.

—Sí, claro… que lo haré. —dijo este sintiendo un nudo en la garganta, en especial cuando Heather también se despidió y cortó la llamada.

—Disculpe, Sr. Haddock. —llamó una enfermera.

—Ah, sí. —respondió restregando sus manos por sobre sus ojos.

—Su esposa ya despertó.

—Ah, sí claro…

Regresando al cuartito, efectivamente se encontró a Astrid ya despierta, aunque estaba con mucha falta de ánimo, al juzgar por la posición en la que se encontraba; estaba ida; pero en cuanto llegó, dejó de ver hacia la nada para enfocarse en él.

—Pensé que te habías ido.

—No, estaba contestando una llamada. —dijo mostrándole el celular. —Eran los niños, siguen ansiosos por verte y quieren que te recuperes pronto, y si se puede que sea mañana. —le contó con una sonrisita.

—Estoy muy deplorable todavía ¿no crees? —preguntó con melancolía. —Me daría vergüenza de que me vieran así.

—Y por eso debes recuperarte, atender las instrucciones de la doctora para que pronto puedas volver con ellos.

—Suenas tan esperanzador. —opinó con una leve sonrisa. —Como si lo que dijeras fuera un momento que quisiera recordar para siempre.

—¿En serio? —sonrió Hiccup sentándose nuevamente en la orilla de la cama.

Astrid ya no le decía nada, ya no se incomodaba con su cercanía, pero sólo se limitó a ver el techo, ausente en sus pensamientos.

—¿En que piensas? —trató Hiccup de comprenderla, sabía que esa mujer guardaba demasiadas cosas en su interior.

—Pienso… en mi bebé y…—respiró. —En el horrible corte de cabello que me hiciste, parecía un varón. —dijo con una risita.

—Fue una estupidez, quisiera decir que fueron cosas de niños, pero no fueron más que manipulaciones por familiares que se creen superiores a otros.

Astrid asintió concordando con eso.

—Toda nuestra vida. —reflexionó con sentimiento. —compitiendo en estupideces, humillando al otro y… ¿para qué? Mira cómo terminamos.

Hiccup mordió sus labios, rememorando cada una de las estupideces que hicieron. Las clases de categoría física o estratégicas en donde ella siempre sobresalía por encima de él y lo humillaba; las clases teóricas y que requerían el uso de varios ingredientes, clases en donde él era bueno y se lo restregaba en la cara.

Las bromas pesadas, el cabello, el papel sanitario, desperdicios de comida y más estupideces que fueron haciendo conforme iban creciendo y que culminó con la tragedia el día de la exhibición de armas.

—Me siento tan tonta. —continuó Astrid. —Me siento tan vulnerable, tan débil, siento que ahora lloraré por todo.

—No es malo llorar, a veces es bueno, ya que libera muchas cosas.

—¿libera muchas cosas?

—Por supuesto, puede ayudarte a liberar o expresar felicidad, orgullo y… libera también las armas. —le dijo en secreto.

—¿Qué?

—Por si alguna vez te lo habías preguntado, para sacar a inferno de la roca yo… lloré como un crio para poder sacarla. —confesó abiertamente.

Astrid se sorprendió.

—Yo…

—Tú con una canción.

—¿Eh?

—Sí, Harald me devolvió algunas memorias. —recordó con rencor. —Tú y yo estábamos discutiendo, como siempre, y tú me dijiste o insinuaste que habías liberado a tu arma con una canción.

—Lo recuerdo.

—¿Qué?

—Ese hombre no sólo te hizo recordar a ti… también unas memorias volvieron a mí. —dijo apenada. —Discutimos, como siempre, y luego una tipa nos atacó ¿verdad?

—Sí.

—No logro recordar lo que nos hizo,

—Ni yo, esa parte no volvió.

—Pero…—suspiró Astrid volviendo a lagrimear. —Sí recuerdo lo que nos llevó a ella, y fue mi culpa ¿verdad? Como Harald lo dijo.

—No menciones más el nombre de ese desgraciado. —gruñó Hiccup tronando los dientes. —Y por supuesto que no fue tu culpa.

—Claro que sí, porque… después de todo… tú estabas enamorado, y yo me burlé de eso, te amenacé incluso.

—Ya no vale la pena recordarlo, quedó en el pasado.

—¡PERDÓNAME POR TODO LO QUE TE HICE! —exclamó Astrid arrepentida, dejando escapar nuevamente su dolor y remordimientos.

Hiccup sintió un vuelco en el corazón, esa palabra "perdón" que hasta ese momento no había tenido el valor de pronunciar, pero que su antes enemiga sí, y con tanto sentimiento que se podía sentir la sinceridad de su arrepentimiento.

—No, ¡PERDÓNAME, TÚ A MÍ! —le pidió él, tomándola por los hombros, para luego comenzar a llorar. —Nunca debí molestarte, debí comportarme como un hombre y no lo hice, yo fui el que ocasionó todo esto, por no poder quedarme callado y quieto, no tú.

—Pero, no sólo hablo de eso Hiccup… tu pierna, me descontrolé el día de la exhibición, pero… pero… te juro que te iba ayudar, sólo quería ayudarte cuando…

—No, no, no… lo entiendo, fue un accidente, ahora lo sé, ¡lo sé!… y creo que yo también confundí las cosas, ni siquiera sabía de lo que era capaz de hacer Inferno cuando empuñé la espada y te condené, y es doloroso ¿Verdad?

Astrid asintió.

—Como no tienes idea.

Hiccup apretó puños y dientes sintiendo que le había agregado otro pecado a su listado de malas acciones; pero de un modo u otro, pensó que tenía que quitar eso de su lista.

—Astrid… —llamó con firmeza.

La llorona hechicera levantó su mirada.

—Te prometo… no más bien ¡Te juro!... que no dejaré que tu alma sea condenada y dirigida al averno, por mi vida que no lo permitiré.

¿Qué era todo eso? ¿Era real? Astrid no podía creer lo que estaba escuchando, y aunque pareciera absurdo, algo en su corazón le decía a gritos que debía confiar en sus esperanzadoras palabras, por lo que sólo asintió y como parte de un trato le extendió delicadamente su mano.

Hiccup, conociendo aquel gesto, puso la suya sobre la de ella, sintiendo extraño el poder sentirla y no precisamente con un puñetazo.

—Entonces… creo que es un…

En ese momento, la cortina se abrió repentinamente. El par de hechiceros se sobresaltó por el susto, aunque luego quedaron boquiabiertos al ver de quienes se trataban.

—Ah… Sr. Y Sra. Haddock… tienen visitas. —dijo la enfermera cediendo el paso a los recién llegados.

Los recién llegados, tanto como el par de hechiceros no pudieron moverse de la impresión.

—Stormfly…—fue Astrid la primera en reaccionar, y sus altibajos nuevamente se hicieron presentes en ella, en forma de más lágrimas.

La guía humana se asustó de verla, "su Astrid", era de las personas que nunca lloraban, y sintiendo un enorme remordimiento para con ella, se apresuró hacia ella para protegerla.

—¡PERDÓNAME, STORMFLY! ¡LO PERDÍ… YO NO LO SABÍA! ¡NO LO SABÍA! ¡POR FAVOR, PERDÓNAME!

—Tranquila, tranquila…—le susurraba su guía, abrazándola con cuidado. —Ya estoy aquí, y nunca te volveré a dejar.

Sintiendo que sobraba en aquel lugar, Hiccup se levantó de la cama y caminó en reversa, chocando con los otros que aguardaban. Al girarse, vio con arrepentimiento tanto al angustiado Toothless, así como a la impresionada Alúmini, y su primera reacción fue abrazar a su guía, aquel ser que, a pesar de todo, sentía que era como su hermano.

Toothless, no dijo nada, sólo lo apretó con fuerza, sintiendo como su hermano temblaba al estarse aguantando el dolor, a diferencia de Astrid cuyos gritos desconsoladores parecían bastar en ese momento.

Mientras que Alúmini, sintiendo también sus propios remordimientos, se limitó sólo a acercarse a su amo adoptivo, no esperando nada más, aunque, sorpresivamente Hiccup al sentirla cerca, cambió su posición, para también abrazarla con fuerza, como si estuviera pidiendo perdón.

Todo era devastador a los ojos del guía nocturna, que siguió consolando a su hermano junto con su pareja; sin embargo, al fijar su mirada hacia donde Astrid y Stormfly estaban, vio que la nadder, desvió también su mirada hacia ellos, mostrando un rostro que jamás le había visto, estaba furiosa, realmente muy furiosa.

Continuará.

Comentarios y agradecimientos.

Más vale tarde que nunca, espero les haya gustado.

Maylu Liya: Sorry por la tardanza, la verdad no la he pasado muy bien y es por lo mismo de la tonta contingencia. Pero, en fin, me digo a mí misma que pronto pasará para sobrellevarlo. Saludos.

Vivi: Espero te haya gustado el capítulo y también los nuevos acontecimientos. Saludos.

K FanNeurtex: Sí, era un modo medio robótico y hasta un poco falso, y por supuesto Hiccup era igual. Saludos.

Sandy 97: Como quiera fue un gran avance, y así seguirán avanzado hasta poder ser ellos mismos y pues de ahí saldrán otras cosillas, espero te hay gustado.

Heimao3: probablemente leas esto después, ya que vas en uno los capítulos pasados, pero espero que hasta este punto de la historia te vaya gustando. Saludos.

A los seguidores, favoritos, anónimos y aquellos que envían mensajes privados por Facebook o Wattpad, espero que le esté gustado. Nos seguimos leyendo y cuídense mucho, siguen siendo tiempos de pandemia.