Su corazón se paralizó al percatarse de la disputa. Los hombres estaban dispuestos a luchar por su orgullo y por la mujer que amaban.
Quizás sea coincidencia o karma, pero Sakura era el vórtice de un cúmulo de emociones que despertaban en las almas de los hombres. Aún sin comprender qué era lo que ellos veían de ella misma, Sakura se mantuvo al margen, pero a una corta distancia.
Sasuke estaba como toro embravecido. Tal como un huracán amenazante que pensaba destruir todo a su paso. Naruto, por otro lado, un temerario dispuesto a sacrificarse para proteger a la Haruno, se interpuso entre ellos para marcar su poderío ante la actitud avasallante del Uchiha. Siempre se mostró impulsivo y colérico, lo cual no sorprendía al Uzumaki. No obstante, su reciente actitud hacia la pelirrosa despertó un sentimiento de rechazo que no podía ocultar.
—No te metas, traidor—masculló Sasuke, intentando zafarse del amarre de quien consideraba su mejor amigo—. Este asunto es entre ella y yo.
Ejerciendo más fuerza y considerando que Sasuke podía contraatacar en cualquier momento, Naruto aprovechó para quitar la pesada mochila que arrastró por años.
—Te conozco perfectamente, Sasuke. No permitiré que le pongas un dedo encima a Sakura—el rubio notó que el Uchiha comenzaba a enojarse cada vez más. Aflojó lentamente el agarre y adoptó una postura ofensiva ante un inminente golpe.
—¿DESDE CUÁNDO ESTÁS CON ÉL? —ignorando la presencia de Naruto, Sasuke apeló a la manipulación para quitarle la información de aquel mensaje—¿ACASO ÉL TE LLEVÓ A LA CAMA MÁS VECES DE LO QUE ESE VIEJO Y YO LO HACÍAMOS? AHORA ENTIENDO CUANDO SASORI PENSABA QUE ERAS UNA CHICA FÁCIL—comenzó a reír. Sakura, por su parte, se sorprendió al escuchar nuevamente el nombre de su primer novio—PODÍA HABERME ADVERTIDO DE QUE NO TE IMPORTABA CUÁL ELEGÍAS, SIEMPRE Y CUANDO TE COJ…
No pudo acabar su asqueroso discurso debido a un fuerte puñetazo en el costado derecho de su mandíbula. Allí se percató de la fuerza que guardaba Naruto y cómo se dejaba dominar por sus emociones.
Su interior sabía a sangre y escupió lo que estaba ahogándolo. Esbozó una sonrisa maquiavélica, propia de un psicópata a punto de cometer una locura.
Sin darle chance a que se defendiera, Naruto fue derribado de un solo golpe, permitiéndole al Uchiha que se lanzara sobre su cuerpo y utilizara su rostro como las viejas bolsas de boxeo que solía utilizar para entrenar.
Con su furia desmedida, depositando cada expresión de Sakura en los ojos hinchados del Uzumaki; recordando el odio que tenía por ser un perro esclavo de Karin y el objeto de burla de su padre, esas fueron su fuente de energía e inspiración para dejar sus marcas en Naruto.
Tras una máscara de lágrimas y desconcierto, Sakura corrió a su habitación para buscar el gas pimienta que guardaba en su bolso. Una vez que lo encontró, roció el rostro del Uchiha, logrando que éste se apartara del Uzumaki y que, de ese modo, lo ayude a levantarse.
Con un dolor insoportable y la rabia contenida en sus venas, Naruto agradeció la intervención de la pelirrosa pero le solicitó que se alejara, ya que Sasuke estaba enceguecido y podía utilizarla como botín de guerra en su contra, algo que no deseaba que sucediera.
La Haruno, preocupada, tomó la sugerencia y se escondió en el baño, a la espera de que todo acabara.
Al tener su celular encima, pudo marcar a la policía y llamar para que la trifulca terminara. Temía por Naruto y más por ella, ya que no sabía cómo defenderse.
Una vez que el rubio se aseguró de que la pelirrosa estaba lo suficientemente alejada de ellos, sujetó a un Sasuke que no paraba de quejarse por la molestia en sus ojos. Naruto lo levantó de la camisa y lo arrinconó contra la pared, colocando su antebrazo en el cuello del Uchiha.
—¿CÓMO TE ATREVISTE A ENGAÑARLA? ELLA ESTABA MUY ILUSIONADA CON SU RELACIÓN Y LO ECHASTE A PERDER, IDIOTA—inquirió.
Sasuke comenzó a reír y escupió el rostro magullado del Uzumaki.
—¿REALMENTE PENSÁS QUE POR ESTAR COMO PERRO FALDERO, ELLA TE DARÁ AMOR? —chasqueó la lengua y resopló—ELLA ESTÁ DESPECHADA. TE USA. LAMENTO DECIRLO, AMIGO MÍO, PERO A SAKURA LE GUSTA USARNOS COMO SU SUCIAS BRAGAS Y TIRARNOS POR LA VENTANA CUANDO SE LE PEGA LA GANA…
Las soberbias palabras de Sasuke enfurecían aún más al Uzumaki. Su cólera aumentaba cada vez más, llegando al punto de querer romper absolutamente todos los huesos de su cuerpo.
—¡NI SIQUIERA LA CONOCÉS! TU IGNORANCIA TE CONVIRTIÓ EN ESTE COMPLETO IDIOTA QUE DEJÓ IR AL AMOR DE MI VIDA… —espetó sin pensar. Sasuke perdió sus fuerzas al analizar rápidamente aquella frase. Sus ojos se llenaron de lágrimas y en su rostro se mezclaba la sangre con ellas.
Naruto, sin soltarlo, apretó la mandíbula y dio un golpe en el estómago del Uchiha, dejándolo caer y observando cómo se retorcía en el suelo.
Naruto tenía un claro resentimiento al saber que había lastimado a Sakura y no se lo perdonaría jamás. Por más que ellos hayan sido amigos por tanto tiempo, no podía permitir que él rompiera la confianza que la Haruno le había dado.
Sin fuerzas para seguir, Naruto cayó al suelo. Sus manos dolían tanto como su rostro.
Aquellos habían descargado gran parte de su odio en el otro, bajo la atenta mirada de Sakura, su manzana de la discordia.
En ese instante, los agentes de la policía se presentaban para llevarse a ambos e interrogarlos. Sakura subió a otro móvil, para declarar lo sucedido.
Lamentaba lo que había pasado. Su corazón destrozado se había dispersado y era momento de darle un respiro.
—Esto es mi culpa… —pensaba Sakura mientras era trasladada a la comisaría para levantar la denuncia contra Sasuke.
El sol aún no caía en la ciudad. A pesar de que el cielo amenazaba con volver a llorar, no fue así.
El día laboral fue bastante agotador para Matsuri y Temari, ya que no tuvieron un segundo de respiro por el constante ingreso de clientes a la cafetería.
Y uno de ellos era inesperado para la Sabaku No, ya que no pensaba que se presentaría allí.
—Café negro y fuerte, Tem—solicitó con su tono serio. Itachi era aún más interesante cuando estaba concentrado.
Matsuri observaba las miradas del Uchiha y se percató de un detalle. Cuando tuvo la oportunidad, tironeó del brazo de su amiga para preguntarle.
—¿Qué te traes con ese guapo muchacho? —inquirió de modo indiscreto. Temari llevó una mano a su rostro, recordando que no le había dicho los planes a la castaña.
—Él es Itachi. En otro momento hablaremos de él, ahora estamos muy ocupadas, no te comportes como una niña chismosa, Matsu—respondió con fastidio y sirvió la infusión que sería destinada al mayor de los Uchiha.
La joven se arrimó al mostrador y observó detenidamente a Itachi.
—Apuesto, trabajador, serio y muy interesado en mi amiga—su mirada indiscreta fue percibida por la rubia, quien mostró una expresión de vergüenza y decidió darle la espalda para evitar regañarla—. No pensé que aún guardabas ese poder, Tem.
Matsuri reía sola ante sus propias hipótesis. Era obvio que Itachi sentía atracción por Temari, era claramente perceptible en su mirada y sonrisa genuina cuando ella se acercaba a él.
No obstante, al recordar a su esposo, un sinfín de recuerdos navegaban por su mente. Conocía perfectamente a Temari y sabía que ella estaba destruía por dentro, ocultándole su dolor al mundo y tragando cualquier indicio que la muestre vulnerable.
Antes de sentir la frustración por su actitud empática, Matsuri observó la hora y notó que podía encargarse de la clientela con tranquilidad.
Temari se acercó a ella y aprovechó el momento para dejarle ese lapso de tiempo restante para que lo utilice a su favor.
Necesitaba comprobar las intenciones de ambos y eso no sería posible si no estaba presente.
—¿Estás segura de que podrás sola? —preguntó Temari, preocupada al notar la cantidad de personas presentes.
—Es pan comido, amiga —exclamó orgullosa —. Además, creo que ustedes tienen que hablar, así que aprovechalo—guiñó.
Temari agradeció y se quitó el delantal. Caminó en dirección a la mesa donde se encontraba Itachi y se sentó frente a él.
Matsuri espiaba las expresiones de ambos mientras trabajaba.
—Creí que aún faltaba una hora más… —espetó el Uchiha mientras de gustaba el café.
—Matsu me dio el permiso para que hablemos. Ella quiere que descanse como corresponde cuando termine la jornada—rió.
Itachi la miraba de soslayo. Ella tenía los ojos inflamados, cubiertos con una gran capa de maquillaje que, a simple vista, lo ocultaba perfectamente. Sin embargo, la vista aguda de Itachi encontró aquel detalle, guardándoselo para sí mismo.
—¿Cuándo te iras? —comenzó preguntando la rubia, apoyando las manos en sus piernas.
El Uchiha resopló y apoyó la taza sobre la mesa.
—Esta noche viajo a Kumo y me instalo en la casa. Dado que debo dejar todo listo para la semana que viene, prefiero hacerlo con tiempo—mientras ojeaba los papeles, miraba de soslayo a Temari, quien parecía querer decir algo—. Tu mensaje me sorprendió. No creí que aceptarías mi oferta, Tem.
—Es lo mejor que puedo hacer en este momento. Necesito irme y ya tengo un sitio dónde instalarme para mi tranquilidad—sonrió.
En su bolsillo guardaba la llave que Kankuro le había dado. Aquella prueba de que podía comenzar desde cero, olvidando los recuerdos que dañaban su corazón.
Itachi suspiró. Sabía que sería demasiado sencillo que ella aceptase alojarse en su casa, pero le dio gusto que sí tomara su oferta laboral como un gran paso.
—Tem… —juntó los papeles y sostuvo la mirada en el rostro de la Sabaku No— Sé que sos capaz de salir adelante por vos misma; que tenés la voluntad y fortaleza para sortear cualquier obstáculo y que pase lo que pase, levantarás tu cabeza para no decaer. Por eso, agradezco ser parte de este proceso, porque supongo que esta decisión tiene que ver con tu divorcio, si no me equivoco.
Itachi era un hombre muy perspicaz y poseía una excelente memoria. Más aún cuando se trataba de Temari.
Al contemplar su expresión, confirmó sus sospechas.
Temari colocó sus manos en la mesa y las cerró, guardando allí el dolor. Itachi las envolvió en las suyas, captando la mirada de sus orbes aguamarina a punto de colapsar de dolor. La sonrisa del Uchiha le dio la seguridad que necesitaba para continuar.
—Estarás bien. Yo estaré a tu lado si me lo pedís—la calidez que transmitían sus palabras, le calaban los huesos.
Sus sentimientos eran tan puros como bonitos, algo que a Temari le costaba asimilar y apartar. Él daría todo por verla feliz, aunque eso signifique no sea a su lado.
Sentía culpa, comenzando por aquella noche en la cual ambos habían compartido lecho y algo más. Él se mostraba realmente interesado en el bienestar de Temari.
—Gracias por darme la oportunidad de volver a empezar —sonrió y suspiró.
Itachi soltó las manos de Temari y regresó al papeleo que estaba leyendo minutos antes. Revisó uno por uno hasta que encontró el que estaba buscando.
—No hay motivo para hacerlo. De hecho, yo quiero agradecerte por prestarme tu inteligencia para trabajar en esa empresa—resopló y masajeó el entrecejo—. Me da jaqueca sólo pensar que tengo que irme para tomar las riendas de ese sitio.
—¿Por qué no fue tu padre? Supongo que él ha de tener la suficiente experiencia como para manejar ambas empresas… —comentó la rubia mientras recibía el papel que traía Itachi. Al darle un rápido vistazo, notó que algunos números no coincidían al finalizar la caja.
—Es precisamente por este motivo por el cual estás leyendo. Él fue demasiado obvio y estoy tratando de encontrar suficientes pruebas para encarcelarlo —musitó en voz baja. Temari le devolvió el papel e Itachi lo guardó cuidadosamente en una carpeta—. No tardarán mucho en buscarme para chantajearme con eso.
—¿Qué harás entonces? Esto no puede quedar así. Es decir… —le costaba reconocerlo, pero su propio hijo daba fe de ello— Tu padre estafó a sus socios y tiene planeado volver a hacerlo. Me da miedo que te utilice para mancillar tu buen nombre, Itachi—espetó con preocupación.
—Eso fue lo primero que pensé cuando me propuso como el presidente de ese lugar. Supongo que la responsabilidad caerá encima mío y estoy dispuesto a entregar todo para desenmascararlo. Sé que es peligroso, pero sé que si te tengo de aliada, será más sencillo, dado que él no te conoce y no tiene idea de mi plan inicial.
Itachi se mostraba seguro de su estrategia. Temari quería irse de Konoha y una aventura peligrosa sería un buen plan para evitar pensar en Shikamaru.
—¿Cuál sería mi papel en esto? —preguntó intrigada. Temari estaba preparada para olvidar su pasado y construir un nuevo futuro. Itachi le daba la oportunidad de renacer como una mujer fuerte y segura de sí misma.
Itachi estaba orgulloso de la Sabaku No. Daría todo de él para evitar que volviera a sufrir.
Por más que deseara conquistarla, no sería posible si su corazón continuaba ocupado por su esposo. Él entendía que su divorcio era un simple trámite legal, para demostrarse a sí misma que puede lidiar con la soledad.
Ahora, más que nunca, anhelaba abrazarla y tomarla de la mano. No obstante, no sería posible dado que ella aún amaba a Shikamaru.
—¿No pensás contarme nada, Naruto? —Shikamaru persiguió al Uzumaki por su casa. Él lo esquivaba porque sabía cuál sería el sermón que el Nara le daría.
—No molestes. Deberías enfocarte en tu terapia… —espetó el rubio, fastidioso de que su mejor amigo lo siguiera hasta la puerta del baño.
Las magulladuras del Uzumaki eran imposibles de esconder.
Por más que tratara de hacerlo, las marcas aún prevalecían.
—Amigo,necesito saber cómo te sentís. Estoy cansado de que me trates como un niño. Yo también quiero consentirte… —exclamó mientras golpeaba la puerta del baño, esperando que el rubio saliera.
Mientras estaba sentado en el inodoro, reflexionó acerca de lo sucedido con Sasuke. Era complejo y entendible su enojo hacia él.
Pero tenía que entender que sus actitudes se contradecían con sus sentimientos.
—No moriré por una paliza, si es lo que te preocupa—espetó y comenzó a reír solo. Shikamaru sonrió y suspiró—. Supongo que mi orgullo y autoestima me impide terminar en un estado depresivo—ironizó.
Sólo un adjetivo le remitió a la rubia. El Nara se recargó contra la pared y cayó lentamente hacia el suelo.
—No iré a ningún psicólogo. Aquello que me atormentaba lo aclaré con ella y estoy dispuesto a soltarla… —musitó y sentía cómo se formaba un nudo en la garganta.
—¿Firmarás ese divorcio, aún sabiendo que ella también te ama? —aquella pregunta le recordó su último beso. Llevó su mano a los labios y cerró sus ojos. Aún sentía su calidez apegada a él —Temari está gritando por dentro que la rescates de su propio orgullo y allí vas, siguiéndole la corriente, tonto.
—Sólo obtendré su verdadero odio si no la dejo ir. Quiero que sea feliz, aunque implique verla con otro hombre… —confesó y llevó su mano al pecho.
—Eso mismo pensaba yo. No te culpo, amigo, pero creo que el tiempo es valioso como para que lo desperdicies así… —Naruto siempre fue el que aconsejó de modo acertado, haciendo que Shikamaru pensara sus acciones—Sakura tiene muchos asuntos pendientes y yo soy el hombre en espera eterna. Eso es porque así lo quise, pero tu caso es distinto. Temari te eligió y siempre lo hará. Dudo mucho que otro hombre pueda enamorarla tal como lo hiciste.
—¿Qué hay del hermano de Sasuke? Por más que muera de celos, él sería un buen partido para reemplazarme—con su corazón destrozado, sacó a flote aquella duda.
—Itachi es un buen hombre, lo aseguro. Si un idiota como el gran Shikamaru Nara pudo enamorar a Temari, él podría hacerlo mil veces mejor—espetó con seguridad. Itachi era semejante a Shikamaru en cuanto a inteligencia y astucia, pero el Uchiha poseía dotes de caballero, algo que el Nara no tenía—Pero te aseguro que si estás dispuesto a luchar, le ganarás, sin lugar a dudas.
—¿Cómo podré alcanzarla, si en medio de todo esto se encuentra el embarazo de Ino y el divorcio en algunas semanas? —resopló.
—La responsabilidad es inherente al hombre. Es tu decisión y sé que elegirás correctamente…
Aquella extraña conversación fue interrumpida por el timbre que sonaba.
Shikamaru se levantó lentamente y bostezó.
Caminó hasta la puerta y espió por la mirilla, sin tener resultados. No obstante, el timbre no dejaba de sonar.
Harto de ese sonido agudo que lastimaba sus oídos, el Nara abrió y se topó con la persona más inesperada.
—Ino, ¡Qué sorpresa! —exclamó nervioso. En ese instante comenzó a pensar en las palabras de su abuela cuando decía que si deseabas algo con fuerza, ésta se cumple.
—Hola, Shikamaru —su mirada estaba apagada. Su belleza parecía perdida—Disculpame que aparezca así en tu casa, ¿Puedo pasar?
El moreno se disculpó y le dejó el paso a la mujer. Ella caminó lentamente hasta el sofá. En sus manos llevaba un sobre y cuando Shikamaru se acercó a ella, simplemente se lo entregó.
—¿Qué es esto? —desconcertado, buscaba respuestas en la mirada de Ino.
—Acabo de volver de mi control. Sólo quería que leyeras eso y sacaras tus propias conclusiones—suspiró y cruzó sus brazos.
Shikamaru sacó el papel que se encontraba dentro del sobre y lo leyó lentamente. Había datos que no entendía, pero uno de ellos fue el que trasladó su vista hacia la rubia.
—Entonces, esto quiere decir que…
—Exactamente. De ahora en más, espero que te quede claro y no me molestes más.
La vida se complicaba más. Sus corazones eran traicioneros cuando querían…
¿Existía realmente esa caja de Pandora en este mundo donde el sufrimiento era moneda corriente?
