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¡Muchas gracias a Christy por la traducción!
Billy estaba desayunando en el comedor para empleados del castillo. Las otras mesas estaban ocupadas por la servidumbre y también por algunos miembros de la escolta de Krauser, pero el joven se había sentado en un rincón a solas y nadie le había ofrecido unirse a los otros grupos.
Estar aislado no le molestaba. Al contrario, lo prefería, porque así podía evadir conversaciones que inevitablemente lo habrían llevado a tener que mentir.
Billy no se llevaba mal con el resto del personal, pero los sirvientes no le hablaban porque él ocupaba un lugar más alto en la jerarquía del castillo. Los guardias de Krauser no sabían cómo tratarlo, porque las funciones de Billy carecían de lógica o consistencia. Un día el joven se encargaba de la limpieza, y a la noche siguiente acompañaba a Lord Krauser a un importante banquete. Laurence Blood a veces lo invitaba a conversar mientras bebían algunas copas de vino, y no lo trataba como un subordinado, sino como un alojado más de ese castillo.
"Trofeo o mascota, elijan el término que prefieran", pensó Billy con sorna, sabiendo que ése era su status actual. "Me pregunto si a Geese-sama le hará gracia cuando le cuente todo esto..."
—Hola, Billy, ¿cómo va todo? —La voz de Laurence resonó en el comedor. Los sirvientes que haraganeaban después del desayuno se pusieron de pie rápidamente y abandonaron el salón.
Laurence se sentó a la mesa junto a Billy, mirándolo con una sonrisa.
—¿No creíste relevante informarnos que tenías una hermana? —preguntó sin preámbulos.
Billy sintió una corriente fría bajar por su espalda, pero mantuvo la calma. Empujó su plato semivacío lejos de él.
—Ella no tiene nada que ver con mi trabajo.
—Hablarnos sobre ella habría sido una señal de buena voluntad. ¿O es que intentabas ocultarnos información?
Billy entrecerró los ojos. Sí, habría preferido que Krauser nunca se enterara de que tenía una hermana, pero sabía que sus hombres averiguarían sobre Lilly tarde o temprano. En realidad, le extrañaba que se hubiesen tardado tanto.
—No lo consideré relevante —respondió Billy, alzando la mirada hacia Laurence en lo que esperaba fuera una expresión de completa franqueza.
Laurence sonreía como si aquello fuera un juego.
—Te has comportado como un buen empleado desde que llegaste —comentó, acariciándose la barba—. Pero no debiste ocultarle información a Lord Krauser.
—No se metan con Lilly —amenazó Billy, perdiendo su autocontrol por un segundo.
—Bueno, eso depende de ti. —Laurence hizo una pausa y con mucha parsimonia sacó un par de objetos de su bolsillo. Uno era una fotografía—. Tu hermana es muy guapa.
El español deslizó la foto hacia Billy, quien la observó con el rostro pálido. La imagen mostraba una casa con un pequeño jardín delantero, donde una muchacha de largas trenzas rubias regaba algunas flores.
—Si le ponen un dedo encima...
—¿Cómo es posible que en todo este tiempo no le hayas escrito una línea, ni la hayas llamado? ¿Qué clase de hermano eres? La pobre dijo que te echa mucho de menos. —Laurence sonreía, divertido con la ofuscación de Billy—. Mira, elegí esto en la tienda del pueblo, puedes enviársela —dijo, poniendo una postal y un bolígrafo ante el joven. El diseño mostraba una pradera verde, con algunas ovejas pastando bajo un cielo azul.
Billy no reaccionó.
Laurence esperó, sin dejar de sonreír.
—No es necesario que escribas un mensaje extenso. Es una postal, al fin y al cabo. Si ella quiere escribirte, basta con que mencione a Stroheim Castle en la dirección y el correo hará lo demás.
—¿Por qué hacen esto? —murmuró Billy.
—En parte es una garantía para asegurar que seguirás siendo un buen empleado. Si continúas comportándote como un buen chico y complaciendo a Lord Krauser, no tendrás de qué preocuparte —respondió Laurence—. Debiste hablarnos sobre esto. ¿No te gustaría reunirte con ella? A Lord Krauser no le tomaría ningún esfuerzo hacerla venir a Alemania.
La amenaza implícita en aquellas palabras no pasó desapercibida para Billy.
Con letra temblorosa, Billy escribió unas cortas líneas comentando que su nuevo trabajo iba bien, pero que aún estaba acostumbrándose a sus nuevas tareas.
—Me encargaré de enviarla —dijo Laurence, viéndose satisfecho—. Puedes quedarte con la fotografía. ¿Hay algo más que nos estés ocultando?
—No —respondió Billy.
Después de que Laurence partió, Billy se quedó sentado por unos minutos, inmóvil y cabizbajo, viéndose agobiado.
Sin embargo, en realidad no estaba preocupado, sino sorprendido.
Geese-sama había previsto que algo así sucedería y había hecho preparativos. La casa que aparecía en la fotografía no era la de Billy, y la muchacha rubia no era Lilly, sino un miembro de Howard Connection. Billy la había reconocido al instante, pese a que la joven se había teñido su largo cabello castaño de rubio, y había cambiado su traje formal por un vestido celeste, como los que Lilly usaba.
Al parecer, los hombres de Krauser habían hablado con ella, y ella había actuado como si fuera Lilly, diciéndoles que extrañaba a su hermano.
La dirección que Billy había escrito en la postal era la de esa casa que no le pertenecía. Quien la recibiría sería esa doble.
Por el momento, Lilly estaba a salvo.
Un par de semanas después, Billy estaba en su habitación, observando la laguna desde el balcón, cuando Laurence entró y le entregó un sobre un poco maltratado.
Billy no pudo ocultar su sorpresa al ver que era una carta de Lilly.
—Los contenidos fueron revisados por seguridad, pero todo está intacto —dijo Laurence, atento a cada reacción del rubio.
Billy prácticamente se olvidó de Laurence y fue a sentarse a uno de los sillones, manteniendo la misiva fuertemente sujeta en su mano.
La dirección del remitente era el domicilio falso que Geese-sama había establecido, pero la letra en la que la carta estaba escrita pertenecía a Lilly, de eso no había duda.
Laurence perdió el interés en la silenciosa reacción de Billy y se retiró después de algunos segundos, negando levemente para sí, como si le divirtiera que tras el exterior rudo del joven hubiese un sentimental hermano mayor.
Billy leyó la carta varias veces. Lilly había recibido su postal y estaba feliz de saber de él. Le contaba que en South Town todo estaba en calma. El mensaje no era largo y constaba de apenas cuatro párrafos escritos en una esquela de papel celeste. Lilly hablaba de temas inofensivos, como comida, o las flores que había plantado en el jardín, y a Billy no le costó adivinar que su hermana había tenido el buen criterio de evitar mencionar algo que pudiera relacionarla con Geese.
El joven intentó buscar algún tipo de mensaje oculto en esas simples oraciones, pero no halló nada. Sin embargo, su extrañeza persistía, porque él no había contactado a Lilly. ¿Cómo se había enterado la muchacha sobre la postal? ¿Acaso… los secretarios habían encontrado la manera de hacérsela llegar? Y luego habían encontrado alguna forma de enviar esa carta, sin atraer las sospechas de los hombres que vigilaban a la doble de Lilly.
Tomarse tantas molestias para que Lilly pudiera escribirle una carta era demasiado complicado. Tal vez… ¿Tal vez los secretarios lo habían hecho por orden de Geese-sama?
Billy examinó la carta una vez más. Acercó el papel al calor de una lámpara en caso hubiese un mensaje escrito en tinta invisible. Revisó el interior del sobre y los bordes unidos con pegamento. Al acabar, seguía sin encontrar nada, pero de algo estuvo seguro: A través de Lilly, Geese-sama había encontrado la manera de mantenerse en contacto con él.
En las semanas que siguieron, Billy encontró un pasatiempo en escribirle cartas a Lilly. En sus días libres iba al pueblo a buscar postales y a veces Laurence lo acompañaba para "tomar aire", aunque Billy sabía que en realidad era para vigilarlo.
Todas las cartas que él escribía eran leídas antes de ser enviadas, ya fuera por Laurence o por alguno de los guardias, como precaución, para confirmar que él no estuviera comunicándole detalles sobre Stroheim Castle o Krauser a algún enemigo.
Billy se limitaba a hablar de temas inofensivos, como el clima, la comida, o los animales que había visto en las caballerizas y perreras del castillo, pero siempre procuraba incluir al menos una línea en la que indicaba que no tenía mucho que decir sobre su trabajo. Esperaba que, si los secretarios o Geese-sama leían esa carta, al menos así sabrían que él no había encontrado el segundo Pergamino Secreto aún.
Las cartas de Lilly no variaban demasiado. Su hermana había comenzado a compartir recetas de platos que había aprendido a preparar. Las flores de su jardín eran ahora muy numerosas, y pasaba tardes enteras atendiéndolas. Hasta estaba considerando aprender a cultivar hortalizas.
Billy se preguntó cuántas flores podía plantar Lilly en el pequeño jardín de la casa, pero guardó aquella interrogante para sí. Había algo en las cartas de Lilly que comenzó a hacérsele extraño. La joven hablaba del jardín y los implementos de la cocina, y mencionaba detalles que Billy no había visto en casa. Utensilios y herramientas que él nunca había comprado. Muebles que tenían más cajones de los que él recordaba. Eran detalles que, para cualquier otra persona, no habrían tenido ninguna importancia, pero Billy tenía la intensa impresión de que había un mensaje oculto dentro de los escritos de su hermana, y él no estaba consiguiendo descifrarlo.
Hasta que, un día, recibió una carta que no le dejó ninguna duda.
Lilly había escrito: "El bambú que compraste en el Barrio Chino está volviendo a dar brotes. Tenías razón, ¡estas plantas son muy resistentes!"
Billy sólo había comprado un bambú en toda su vida, y era el que le había regalado a Geese-sama por su cumpleaños. Aquella planta adornaba una de las mesillas en la oficina de Geese, y Billy se había encargado de cuidarla por años. Los tallos aún se mantenían enhiestos, y daban numerosos brotes de los que pendían largas hojas de color verde encendido.
Era imposible que Lilly hubiese visto esa planta. Y no tenía por qué decir que estaba "volviendo a dar brotes" porque en realidad ese bambú nunca había dejado de darlos.
Billy se preguntó si ésa era una manera de decirle que la salud de Geese-sama estaba mejorando.
—"Resistente…" —murmuró Billy. Y luego imaginó a Geese-sama diciendo "soy muy resistente" y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no echarse a reír, feliz de por fin tener noticias de él.
Los meses estaban pasando, y la vida en el castillo se había hecho un poco más llevadera. Billy esperaba con ansias las cartas que llegaban quincenalmente y, mientras tanto, seguía cumpliendo sus labores tan eficientemente como le era posible. Krauser estaba complacido con él, y había empezado a darle mayores responsabilidades.
Ninguna de las tareas de Billy era crucial para los negocios y operaciones de Krauser, pero ahora el joven pasaba más tiempo con él y tenía más libertad para moverse por el castillo.
Una tarde, por accidente, mientras escoltaba a Krauser a una reunión con líderes del crimen organizado de Rusia, Billy había visto el lugar donde el Pergamino Secreto estaba almacenado. Se trataba de un pabellón que hacía las veces de museo, donde no se le había permitido el acceso antes de ese día. El documento estaba dentro de una caja de vidrio, sobre una funda de terciopelo rojo. Billy no tuvo tiempo de examinarlo detenidamente, ni de verificar que se tratara del pergamino real, pero al menos sintió que había hecho un gran avance en su misión.
Ahora que sabía de ese pabellón, podría infiltrarlo cuando quisiera.
Le costó esfuerzo actuar como si no hubiese notado nada. Por fortuna, Krauser estaba enfocado en las actividades de ese día, y no percibió su agitación.
Tocar el tema del torneo probó ser una tarea mucho más difícil que encontrar el pergamino. Billy no tenía oportunidad de simplemente entablar una conversación con Krauser al respecto. Aquel lord gustaba de exhibirlo, pero no le daba un trato preferencial por sobre el resto de empleados. Cuando necesitaba algo, recurría a Laurence, su hombre de confianza.
Así, Billy decidió que para llegar a Krauser tendría que utilizar a Laurence. Porque el tiempo estaba pasando, y no le quedaba otra opción.
El término "utilizar" era engañoso. Daba la impresión de que era Billy quien tenía el control sobre aquella situación y no era así. En realidad, el joven iba a tener que exponer una parte de él ante Laurence, y aquello lo incomodaba enormemente. Pero debía hacerlo, porque Geese-sama estaba esperando resultados.
En los días y noches que siguieron, Billy empezó a mencionar casualmente el nombre de Geese cuando estaba a solas con Laurence. El proceso fue lento, porque Billy quería simular que había comenzado a confiar en Laurence y por eso le revelaba detalles sobre su ex jefe. Aprovechó las visitas a bares para hablar sobre el trabajo que había hecho para Geese, con la excusa de estar un poco pasado de copas. Laurence lo escuchaba con una sonrisa entretenida y a veces se burlaba de él, porque Billy no ocultaba la admiración y agradecimiento que Geese le hacía sentir.
Cada palabra que Billy compartió era una simple verdad, y por eso su plan funcionó a la perfección. La estima con la que hablaba sobre Geese llegó a oídos de Krauser.
Así, una tarde, mientras Billy estaba sentado en la sala de su habitación releyendo las cartas de Lilly, Krauser golpeó a la puerta y entró sin esperar que Billy respondiera.
El joven se puso de pie de un salto y saludó con una venia. Krauser avanzó hacia él, examinando la habitación con una sonrisa complacida.
—No hemos tenido oportunidad de conversar debidamente. Qué falta de cortesía de mi parte. Espero que tu estadía en mi castillo haya sido de tu agrado —comentó el lord, deteniéndose un momento junto a Billy para observar las cartas que estaban sobre la mesilla de centro.
—Su hospitalidad ha sido más de lo que jamás habría esperado —respondió Billy, forzándose a decir las palabras de manera respetuosa.
—¿A qué te refieres exactamente?
—Esta habitación —aclaró Billy—. Sé que es una de las habitaciones con mejor vista en todo el castillo.
—Ah, eso. En realidad no es nada —dijo Krauser, echando a andar hacia el balcón, cuyas puertas estaban abiertas. El sol aún estaba alto y hacía resplandecer la laguna.
Billy siguió a Krauser a algunos pasos de distancia.
—Entonces, puedo concluir que esta vista es de tu agrado —dijo el lord, haciendo un gesto para que Billy se acercara a la baranda.
El joven obedeció y respondió afirmativamente, ocultando el desasosiego que le producía estar de pie junto a aquel hombre de estatura imponente.
—Imagino que ver paisajes tan hermosos en una ciudad como South Town es imposible —comentó Krauser.
—El paisaje de South Town era hermoso, aunque no se pudiera comparar con éste —respondió Billy, con voz cortés pero firme.
Krauser giró el rostro para observarlo, y Billy le devolvió la mirada.
Aquella tarde, Krauser vestía una holgada camisa blanca y su cabello lila contrastaba con la tela clara. Billy tardó un segundo de más en apartar la vista y Krauser lo notó.
—Asignarte esta habitación no fue una decisión arbitraria —comentó—. Me pareció apropiado que la mascota de mi querido hermano se alojara aquí, en el lugar donde le demostré cuál de los dos era el más fuerte.
Billy parpadeó, sin haberse esperado un comentario así.
—¿De qué habla?
Krauser rio, inclinándose sobre la baranda para observar la laguna.
—¿Geese nunca lo comentó? Digno de él, supongo, eso de ocultar sus peores fracasos.
—¿Comentar qué?
Krauser observó a Billy y vio una inquietud e interés irreprimibles. Confirmó lo que Laurence le había dicho: ese joven realmente estimaba a Geese.
—Cuando éramos niños, Geese vino al castillo buscando venganza. Quería matar al padre que le dio la espalda y que, según él, provocó la muerte de su madre. —Krauser hizo una pausa, sin dejar de observar los ojos celestes de Billy, completamente abiertos por la sorpresa—. Consiguió llegar hasta esta sala, pero en vez de encontrar a nuestro padre, fui yo quien salió a su encuentro. Hizo un patético intento por enfrentarme. Está de más decir que lo derroté sin esfuerzo. De hecho, no esperaba que sobreviviera al último ataque. —Krauser volvió a dirigir la vista hacia la laguna y los peñascos oscuros que sobresalían de sus aguas tranquilas, justo debajo de aquel balcón—. Especialmente después de verlo caer desde aquí —terminó.
—¿Geese-sama… perdió…? —musitó Billy, sus manos cerradas con fuerza, sus ojos celestes ardiendo con rabia.
—¿"Geese-sama"? —repitió Krauser, y dejó escapar una risa profunda—. ¿Así se hacía llamar? Veo que ni sufrir una derrota en mis manos sirvió para que dejara de ser un fanfarrón.
Billy se sintió invadido de unas intensas ganas de golpear a Krauser y enviarlo al fondo de la laguna. Sus brazos estaban temblando, debido a la fuerza con que tenía sus manos cerradas en puños. Lo que acababa de oír sobre Geese-sama siendo derrotado y cayendo desde el balcón había nublado sus pensamientos. Apenas conseguía mantenerse calmado, pero sabía que si daba rienda suelta a ese impulso iba a arruinar el trabajo de meses, y también los planes de su jefe.
Krauser estaba disfrutando de su reacción.
—Veo que aún le guardas mucha estima —comentó.
—Nunca dejaré de estarle agradecido por lo que hizo por mí —masculló Billy.
—¿Dejarlo morir fue tu forma de agradecerle?
Billy sintió aquellas palabras como un cuchillazo. En ese breve instante de vulnerabilidad, Krauser posó una mano en su hombro.
—Creo que entiendo qué vio Geese en ti —dijo el lord—. Encontró a alguien que lo apreciaba sinceramente. Su vanidad estaba saciada.
Billy empujó la mano de Krauser con brusquedad, pero el lord no lo tomó a mal. Toda aquella situación le divertía, porque Billy estaba siendo demasiado evidente con sus emociones.
—Hiciste bien al aceptar trabajar para mí. Muéstrame la misma dedicación, y te darás cuenta de lo diferente que es servir al amo correcto.
Billy apretó los dientes. No podía dar voz a los pensamientos que se atropellaban en su mente. No podía arruinar los planes de Geese-sama.
Krauser dio la conversación por terminada. Antes de dirigirse hacia el interior de la habitación, le dedicó una mirada maliciosa a Billy.
—¿Qué te parece si de ahora en adelante me llamas "Krauser-sama"? —preguntó burlón, y dejó a Billy de pie en el balcón, sin darle tiempo a responder.
El mal rato valió la pena, y, en los siguientes días, Billy notó que el trato de Krauser hacia él cambiaba. Ambos cumplían un rol: Krauser el de "amo correcto", y Billy el de "empleado dedicado". El joven se esforzó en complacer a su nuevo jefe, y se mostraba servil cuando era necesario, pero se negó rotundamente a llamarlo "Krauser-sama". Para su suerte, esa muestra de rebeldía complació a Krauser en vez de enfurecerlo.
Día a día, lentamente, Billy se acercaba más a Krauser y soportaba los duros comentarios que éste le dirigía. Sin embargo, Billy pronto se dio cuenta de algo: Krauser no estaba mostrando desprecio hacia él, sino hacia Geese. El modo de vida de Geese, sus logros, sus aciertos, sus caprichos, todo adquiría un matiz negativo cuando era Krauser quien lo describía.
En ocasiones, Billy defendía a su ex jefe. Hábilmente, encauzaba la conversación hacia los innegables logros de Geese-sama, y Krauser caía en un silencio taciturno mientras lo escuchaba. Haber conquistado una ciudad, arrancándola de manos de otros criminales y mafiosos no asombraba a Krauser, pero los millones de dólares que Geese había conseguido amasar en tan poco tiempo sí.
Y fue en una de esas conversaciones que Billy finalmente pudo mencionar el torneo de The King of Fighters como uno de los mayores proyectos exitosos de Geese. El reconocimiento mundial, la cobertura de la prensa internacional, los peleadores que había conseguido reunir…
Krauser prestaba atención cuando Billy hablaba del torneo y de su participación. Aquel noble gustaba de probar sus habilidades contra oponentes dignos, y Billy le aseguró que en KOF encontraría eso y más.
Cuando Krauser comenzó a considerar la idea de apropiarse de la marca del torneo, Billy se arriesgó a comentar que debían tener cuidado con un hombre llamado Terry Bogard. El rencor que Billy guardaba contra Terry fue convincente, y eso bastó para que Krauser se empecinara en probar su fuerza contra el hombre que había derrotado a Geese.
Al oírlo, Billy tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no suspirar con alivio. Después de largos meses, finalmente, finalmente, había conseguido cumplir la orden que Geese-sama le había dado.
Los días transcurrieron de prisa después de eso. Ayudar a organizar el torneo fue agotador, porque Krauser quería utilizar distintas ciudades alrededor del mundo como locación para las peleas. Viajaron a España, Inglaterra e Italia. Visitaron monumentos famosos, y discutieron opciones. Billy se dio cuenta de que había cumplido tan bien su papel de empleado, que tanto Laurence como Krauser habían empezado a confiar en él. Ya no lo mantenían bajo vigilancia estricta, y Laurence hasta se permitió embriagarse delante de él en un pub de España, donde le explicó con lujo de detalles por qué la Plaza de Toros de Pamplona era una mejor ubicación que La Monumental de Barcelona, y le pidió a Billy que lo ayudara a convencer a Lord Krauser de organizar una pelea en la primera y no en la segunda.
Durante aquellas salidas, en medio de una inesperada atmósfera de camaradería, Billy confirmó que Laurence apreciaba a su jefe, tal como él apreciaba a Geese-sama. Las circunstancias de su empleo eran distintas, porque la familia de Laurence había estado dedicada a servir a los señores de Stroheim Castle desde hacía años, pero la devoción era la misma.
Sin poder evitarlo, Billy se sintió un poco culpable por lo que Geese-sama iba a provocar en la vida de esos dos hombres. Y, una noche, entre copas, le sugirió a Laurence no subestimar a Terry Bogard.
—Lord Krauser no es como tu Geese-sama —se burló Laurence—. Él no va a perder.
Billy dejó pasar la burla. Bebió de su propia copa, sabiendo que le había hecho la advertencia a Laurence en buena fe. No había más que pudiera hacer.
Billy se mantuvo al margen del torneo, y vio con turbación que Laurence y Krauser cometían los mismos errores que Geese-sama. Ninguno de los dos tomaba en serio la amenaza que Terry Bogard representaba, y, al igual que Geese, decidieron que el mejor lugar para el enfrentamiento final no podía ser otro que una de las altas torres de Stroheim Castle, que ofrecía una vista espectacular de las montañas y la laguna.
Los preparativos del torneo estaban finalizados, y las invitaciones habían sido enviadas. El nombre "The King of Fighters" ya era conocido, y la gran mayoría de invitados aceptó inscribirse, ya fuera para averiguar quién estaba detrás de la organización ahora que Geese Howard había "muerto", o para intentar ganar el cuantioso premio.
Billy comprobó con desagrado que Terry y su equipo se habían inscrito también.
Pero no dedicó mucho tiempo a pensar en ese hombre. Se acercaba el momento de terminar la misión y volver donde Geese-sama.
En sus ratos a solas, Billy preparaba su partida. Dejaría su equipaje atrás, y sólo llevaría consigo la foto de Geese-sama y las cartas de Lilly. Iba a usar su bandana para proteger el Pergamino Secreto, y esperaba que ese viejo documento resistiera el viaje, fuera de la protección de su caja de cristal.
En su último mensaje a Lilly, había comentado que quizá no podría volver a escribirle, porque estaría ocupado viajando con Laurence y Krauser a los distintos lugares donde se celebraría el torneo. Pero prometió que no tardaría mucho en contactarla, apenas el KOF finalizara. Aquello era una promesa verdadera, pero tenía un doble significado. Billy confiaba en que Geese sabría ver a través del texto, y comprendería que el final del KOF marcaba el momento que Billy había elegido para ejecutar su orden.
Después de eso, a Billy no le quedó más que esperar. Su participación en el torneo no fue sobresaliente, pero no le molestó ser derrotado. Perder era necesario, o de lo contrario se habría convertido en un obstáculo en el camino de Terry Bogard hacia la cima.
No se sorprendió de que fuera el equipo de Terry el que llegara a la final. Tampoco le extrañó cuando Laurence también fue derrotado. Al ver el rostro magullado y desconcertado de Laurence, Billy se sintió un poco mal por él, pero empujó esas emociones fuera de su mente.
—Te lo dije —le recordó a Laurence—. No deben subestimar a Terry Bogard. Lo único que puedes hacer ahora es no separarte de tu jefe.
Laurence no se había molestado en responderle. Se había apresurado a ir al lado de Krauser.
Mientras los últimos preparativos para el enfrentamiento final se desarrollaban en lo alto de la torre, Billy se había quedado solo, en un castillo casi desierto porque los guardias vigilaban la pelea, y los sirvientes estaban reunidos en la cocina, mirando la transmisión del torneo en la televisión.
El joven sabía que al enviar a Laurence con Krauser estaba arriesgándose a que el español salvara a su jefe de una muerte segura en manos de Terry. Probablemente eso no era lo que Geese-sama quería… Pero Geese-sama tampoco le había dicho explícitamente que debía provocar la muerte de Krauser.
Billy tenía libertad para decidir cómo proceder… Y había decidido que no quería que Terry arruinara la vida de esos dos hombres.
Si un día Geese-sama le ordenaba retornar a Alemania a asesinar a Krauser a sangre fría, él lo haría. Si tenía que matar a Laurence para sacarlo del camino, no se negaría. Pero, por el momento, ni Krauser ni Laurence eran sus enemigos, porque, en todo el tiempo que Billy llevaba viviendo ahí, a pesar del desprecio que sentían hacia Geese, ambos hombres habían sido justos con él.
Billy rompió la caja de vidrio con un golpe de su codo y tomó el pergamino con delicadeza, aliviado de que ninguna alarma oculta hubiese empezado a sonar. Desenrolló el papel con cuidado, encogiéndose ligeramente al oírlo crujir, y buscó las diminutas marcas que le ayudarían a saber si aquel documento era el verdadero. Una muesca en las varillas, un kanji en el reverso de la hoja, un sello casi invisible en un extremo…
Habría sido más fácil poder confirmar si ése era el pergamino real usando energía, pero Geese no le había enseñado cómo hacer eso.
Sin embargo, las marcas estaban ahí, y Billy tuvo la seguridad de que ése era el pergamino correcto.
Lo envolvió en su bandana y se apresuró a salir de ahí.
Nadie lo interceptó en los corredores ni en las salas camino a la salida. Tuvo que esconderse un par de veces para no ser visto, pero pronto llegó a una puerta secundaria, y luego ya cruzaba el jardín, y bajaba por el sendero en dirección al pueblo, donde podría conseguir un vehículo y buscar un lugar seguro desde donde poder contactar a Geese-sama.
"Tomar prestada" una motocicleta no requirió mucho tiempo. Casi todos en el pueblo estaban dentro de los pubs, restaurantes y cafés, viendo la final del torneo. Las pantallas mostraban la espectacular vista de Stroheim Castle, y el amo del castillo estaba de pie en una alta torre, viéndose magnífico, con su largo cabello lila y una armadura dorada cubriendo sus hombros y su torso.
Terry Bogard estaba ahí, con la misma gorra e indumentaria que había vestido cuando Billy lo había enfrentado, meses atrás.
—Tch. —Billy arrancó la moto con más fuerza de la necesaria.
Si le daban a elegir entre aquellos dos enemigos de Geese-sama, él prefería estar del lado de Krauser. No olvidaba que ese noble había maltratado a Geese-sama en su juventud, pero, a diferencia de Terry, Krauser no había intentado ir activamente tras la vida de Geese. Lo había dejado en paz por años. Si no hubiese sido por una estúpida foto en una estúpida revista, tal vez Geese y Krauser se habrían seguido ignorando por varios años más.
Sí. Billy tenía muy claro a quién quería apoyar.
Averiguaría el resultado de la pelea más tarde. Si Terry obtenía otra victoria, él no quería verla.
Así de profundo era su rencor.
