Dazai sonreía a pesar de que era evidente su vergüenza, Chuya sabia que este odiaba bastante las reglas del hospital, en especial esa donde ningún paciente puede dejar el lugar por su propio pie, absolutamente todos los que pasaron por un tratamiento un poco intenso, deben utilizar una silla con ruedas, lo cual le causaba bastante gracia a Chuya, lo que mas provocaba estas reacciones en el pelirrojo era el rostro del castaño.

Dazai se encontraba con una mueca extraña en su rostro, le sonreía a Chuya y buscaba que este riese, sabia que se encontraba dándoselas de su payaso para animarlo, y funcionaba.

Cuando llegaron a las afueras del hospital, los ánimos dejaron de ser juguetones. Chuya fue por el automóvil, el de Dazai, si, conduciría él, había sido un acuerdo con el castaño, mas bien, este cedió debido a que, claramente, no permitirían que este subiese a la motocicleta del pelirrojo, por ende, su única opción era que Chuya condujese el automóvil.

Chuya sabia conducir, lo había echo antes, hace muchos años, el pelirrojo esperaba que eso fuese algo que no se olvidase, esperaba realmente eso o terminaría por conducir como lo hacia Dazai, siendo un peligro en las calles.

Había podido llegar hasta el hospital sin grandes problemas, sin embargo, eso no evitaba que se hubiese ganado los reclamos e insultos de algún otro conductor en el camino. Chuya estaba un poco nervioso, tal vez si se tratase de su propio automóvil no se encontraría en ese estado, pero no era suyo, era el automóvil de su novio y lo que menos deseaba era que algo le sucediese al automóvil, apenas se habían mudado juntos y en realidad ni siquiera habían pasado una semana juntos, no seria una buena forma de comenzar su convivencia con algún percance en el automóvil ajeno.

Chuya subió al automóvil y condujo hasta la entrada del hospital, con cuidado, lentamente, eso lo desesperaba bastante, después de todo, estaba acostumbrado a la velocidad de su motocicleta, pero no pensaba acelerar, aunque se ganase un gran numero de insultos debido a ello. No le importaba.

Cuando llego a la entrada, estaciono, podía ver a Dazai de pie, esperándolo, traía la ropa que Chuya le había seleccionado esa misma mañana, un sweater de cuello alto azul oscuro. El pelirrojo pensaba seriamente en comenzar a ser él quien seleccionase la ropa del otro, al ver su armario los últimos días, podía percatarse de que el castaño no le prestaba una real importancia al como se vestía, muchas prendas similares y los mismos colores, Chuya había terminado por decidir intervenir un poco en ello, aunque no de una forma demasiado invasiva.

Y Dazai había mostrado su aprobación ante la ropa que había seleccionado para él esa mañana.

"oh dios, se ve apuesto" pensó Chuya, de pie a un lado de Dazai, este se despedía de la enfermera que había estado cuidando de él durante su estadía.

Antes de darse cuenta, Dazai había llevado su propia mirada hacia Chuya, casi esperando que este dijese o hiciese algo, el pelirrojo salió de su vergüenza y se despidió también de la enfermera, entonces comenzaron a subir al automóvil, al menos el pelirrojo ya no se encontraba nervioso con respecto a su conducción, por el momento, aun no encendía el motor después de todo.

El pelirrojo se acomodo y abrocho su cinturón, Dazai se encontraba listo y atento a cada movimiento que, hacia Chuya, no buscaba juzgarlo, mas bien, lo observaba solamente porque se comportaba de una forma adorable ante el otro.

Chuya tomo aire profundamente y encendió el motor.

- Puedo conducir yo – sugirió Dazai, le gustaba ver a Chuya nervioso, pero no si este se encontraba realmente afectado por ello

- No – negó de inmediato el otro – no te preocupes, puedo hacerlo, sé conducir, es tan solo que no lo hago hace algún tiempo

- Bien, tomate tu tiempo – dijo Dazai, dejando de jugar y buscando actuar como apoyo en el otro

Entonces el pelirrojo comenzó a conducir, lentamente, Dazai lo observó en silencio, no esperaba para nada que Chuya decidiese conducir el automóvil a una velocidad realmente lenta, lo había visto casi volar sobre su motocicleta. El castaño no dijo nada, se limitó a sonreír y observar el exterior.

Chuya se sentía tenso, sin embargo, también deseaba acabar con ello rápidamente, y aunque su cuerpo por si como comenzaba a recordar como conducir, él solo deseaba bajar de ese automóvil, la idea de cambiar lugares con Dazai era tentador.

- Solía conducir bastante cuando tenia dieciséis – comenzó a contar el pelirrojo, deseaba distraer un poco sus nervios

- Oh, eras un chico que le gustaba hacer cosas peligrosas e ilegales

- Lo admito – dijo Chuya – por eso cuidaba bastante lo que hacia durante la universidad, tener un historial te cierra bastantes puertas

- Supongo que el anciano te ayudo a entrar

- Vio algo en mi y desde entonces me apoyo, en realidad, yo simplemente disfrutaba de escribir y publicar algunos poemas de forma anónima, él me descubrió y eso es todo

- Lo haces sonar fácil y simple, pero puedo ver que no fue para nada así

- No fue para nada así – admitió Chuya – siempre un problema tras otro – continuó casi para si mismo

- ¿así describirías tu vida?

- No me gusta ser dramático, pero si pienso que hasta hace un tiempo lo era de esa forma

- ¿hasta hace un tiempo? ¿Qué cambió?

Chuya se tomo un momento para pensar, si admitía que su vida de adolescente e incluso hasta los veinte años había sido problemática, porque él también buscaba esos problemas, le gustaba entrometerse en cosas que no debía, salir, no asistir a la escuela, beber y conducir, amigos que eran incluso peores que él y padres ausentes, todo eso había terminado por causar un desastre en él, y no fue que cambió hasta que conoció al anciano.

- Llego el anciano y me saco de todo eso, todo lo malo en lo que me había terminado por meter, gracias al anciano estaba estable, comencé a vivir de forma estable – continuó hablando, los nervios y las ansias habían desparecido, Chuya conducía con normalidad por las calles y se detuvo en un semáforo en rojo

- ¿eres feliz Chuya? – no le extrañaba ese tipo de preguntas de Dazai, después de todo, sabia que este disfrutaba bastante sobre temas de filosofía, esperaba que después de esa pregunta comenzase otra sobre su propósito en la vida

- No fue hasta los últimos dos años de universidad que realmente comencé a ser feliz, tenia al anciano y había comenzado a enamorarme de alguien – el semáforo cambio a verde y Chuya continuó conduciendo

- ¿y ahora? – preguntó Dazai, su voz era baja, observaba con atención el perfil del pelirrojo

- Extraño al anciano, pero soy feliz – reconoció Chuya, una sonrisa escapó de sus labios – y estoy profundamente enamorado

- Que romántico eres a veces, Chuya – comentó Dazai, volvía a estar tranquilo

- ¿Qué hay de ti? – preguntó Chuya

- Todo oscuro hasta que conocí a una ovejita, desde entonces, muchos sentimientos cursis y felices – Chuya soltó una carcajada

- Fue una buena conversación, pero ya llegamos – estacionó Chuya – gracias

- ¿Por qué?

- Por ayudarme a calmarme – Chuya tomo un momento al apagar el motor, se encontraban en el estacionamiento – y escuchar

Ambos bajaron del automóvil, caminaron hacia el interior del departamento y subieron en el ascensor, un silencio cómodo que Chuya no se atrevió a romper, estaba un poco nervioso y admitía que, si había hecho mas de algún cambio en el lugar, cambios que Dazai no conocía. El pelirrojo sabia que Dazai podía llegar a ser bastante perceptivo, no le seria demasiado trabajo adivinar lo que pasaba por la mente de Chuya, o al menos eso pensaba.

- Espero que no hayas transformado nuestro departamento en una bodega de vinos – comentó Dazai, haciendo un énfasis a propósito en la palabra "nuestro", sabía a donde apuntar cuando deseaba una linda reacción por parte de Chuya

- Lo siento – dijo Chuya de forma seria, dando a entender que eso era precisamente lo que había terminado por hacer

Dazai lo evaluó con la mirada, buscando alguna señal que delatase la mentira del pelirrojo, pero este no dejo nada entrever, había pasado un tiempo considerable con Dazai, ya sabia controlar un poco mejor sus reacciones y la forma en que el otro podría tomarse un poco mas de tiempo en descubrirlo.

El ascensor se detuvo y Chuya dejó que Dazai bajase primero, este lo hizo, aunque le dedicó una larga mirada al pelirrojo antes de hacerlo. El castaño camina delante del pelirrojo por el pasillo.

Chuya en realidad no había hecho algo como dejar sus vinos por doquier, no seria tan descuidado, él utilizaba su propio armario para guardar sus vinos, no era algo demasiado extravagante, pero le gustaba.

Dazai tecleo su contraseña y la puerta se abrió junto a una pequeña música en señal de aprobación del sistema, Chuya tomó aire, no esperaba una reacción exagerada ni nada por el estilo, se sentía estúpido por sentirse ansioso.

Chuya lo siguió por el interior del departamento, esperando a que el castaño le dijese algo, aunque sabia que en parte no le diría nada por el momento, con el objetivo de molestarlo por un tiempo.

- Bien – comenzó el castaño – ¿Qué almorzaremos? – preguntó Dazai, Chuya enarcó una ceja

- Te llevare de vuelta al hospital – dijo Chuya girándose

- Es solo una broma, cariño – dijo el castaño, adelantando sus pasos y abrazando al pelirrojo por la espalda – hiciste un gran trabajo – beso su sien – ahora si parece un departamento

Y es que en realidad Chuya tan solo había terminar por utilizar las cosas que se encontraban en su propio departamento, el de Dazai era bastante simple, el pelirrojo sabia que este no se preocupaba en decorar ni nada por el estilo, mas bien, se veía como un lugar de paso, como si se encontrase a un paso de marcharse nuevamente, pero con las cosas de Chuya ahí, el panorama había cambiado completamente, se veía.

- Como un lugar al que me gustaría volver – dijo Dazai, acariciando el cabello de Chuya

- ¿realmente no piensas que es un poco invasivo?

- Chuya, me encanta que me invadas todo lo que quieras, me complace – dijo Dazai

El castaño comenzó a inclinarse y beso el cuello de Chuya, intentando que este dejase de pensar, sabia que sus pensamientos podían comenzar a correr en direcciones incorrectas.

- ¿sabes que mas me complace? – preguntó Dazai, el pelirrojo negó con su cabeza – me complace saber que, desde ahora, podré estar mar tiempo contigo, tendré mas tiempo para molestarte constantemente

- Vaya, eso suena bien – dijo Chuya, sonriendo

El pelirrojo llevo sus brazos hacia los hombros de Dazai, llevo su peso hacia la punta de sus pies y disminuyo la diferencia de estatura que los había separado. Chuya se sintió completamente encantado al ver los ojos de Dazai desde esa cercanía, un café que le gustaba, sin embargo, ese brillo especial que le dedicaba a Chuya y solo a él, una forma que se utiliza para observar algo sumamente valioso y atesorado, el pelirrojo se sentía de esa forma con Dazai.

Termino por inclinarse hacia el otro y eliminar la mínima distancia que aun los separaba.

.

Chuya observo como Dazai se encargaba de los platos, había insistido este en hacerlo, el pelirrojo lo había permitido, escuchaban un poco de música en un volumen bajo, habían terminado de cenar y disfrutaban de una copa de vino, bueno, al menos el pelirrojo lo hacia, Dazai no podía beber aun, instrucciones del medico. Chuya sabia que, si no fuese por él, Dazai no obedecería dichas instrucciones, se alegraba de estar ahí, y se alegraba de comenzar a vivir junto a él.

El pelirrojo había llevado una pluma y una hoja hacia la isla de la cocina, había estado escribiendo un poco, nada con la intención de ir directamente a su libro, simplemente por placer, un poco de escritura personal, intima. Y es que encontrarse con Dazai y una copa de vino era como si la inspiración simplemente cayese sobre él.

Casi como si sus sentimientos se escribiesen por si solos.

- Veo que te encuentras bastante inspirado – comentó Dazai, secando sus manos y acercándose nuevamente a Chuya, sentándose a su lado

- Supongo – dijo el pelirrojo, jugando con su copa, sus ojos clavados en la hoja frente a él, para esas alturas, ya no le importaba si Dazai terminaba por leer algo de lo que había escrito – aunque creo que me inspiración ha decidido tomarse un descanso por el resto de esta noche

- Excelente – dijo Dazai de inmediato, Chuya frunció el ceño – ya tengo en mente que podríamos hacer por el resto de la noche

- Ilumíname – dijo Chuya para que el castaño continuase con sus palabras

- Podríamos beber, darnos un baño y tener un poco de sexo – dijo el castaño mientras rellenaba la copa de Chuya, este rio ante las palabras de Dazai

- ¿podríamos?

- O – comenzó el otro, a punto de entregar mas opciones, Chuya lo escuchaba divertido – podríamos hacer todo al mismo tiempo

- Beber, bañarnos y tener sexo – dijo Chuya, mirando algo extrañado

- Claro, traerás tu copa a la bañera y listo, ahorraremos tiempo

Y eso fue suficiente para que Chuya terminase por soltarse a reír.

- ¿intentas emborracharme? – preguntó el pelirrojo mientras bebía de su copa

- Chuya, nunca ha sido necesario emborracharte para que accedas a tener sexo conmigo

- Ahorraríamos tiempo – dijo Chuya, Dazai sonrió

- Ese es el plan

- Entonces deberías ir a llenar la bañera, estas perdiendo tiempo – dijo Chuya

Dazai caminó hacia el baño, en el camino deposito un beso en la coronilla de Chuya, parecía un niño pequeño al conseguir lo que quería. El pelirrojo no podría negar que él también lo deseaba bastante, Dazai se encargaba constantemente de seducirlo y no es como si el pelirrojo pusiese algo de resistencia al respecto.

Chuya se puso en pie, terminó de beber su copa, guardo la hoja con su poema entre algunos de sus otros papeles en su libreta, la dejó en la mesa de centro del sofá, estiró su cuerpo por un momento, escucha el sonido del agua desde el baño, sabía que seria una gran noche, Chuya la disfrutaría, después de todo, dentro de poco tiempo terminaría nuevamente por sumergirse en el trabajo de su libro, aunque lo editores hiciesen la mayoría del trabajo, él se encargaba de contribuir como parte de su trabajo personal, además del trabajo como escritor.

Se preguntaba si Dazai había terminado por corregir o al menos leer un poco del manuscrito que le había cedido, ni siquiera sabía con certeza el paradero de dichas hojas, el castaño las había guardado, eso era todo lo que sabía Chuya.

El pelirrojo jugó un poco con su cabello, se paseo un poco por el departamento, sus ojos observaban de forma atenta a su alrededor, buscaba su manuscrito, sin embargo, podría preguntarle a Dazai al respecto y eso seria todo.

- Chuya – lo llamó el castaño desde el baño

El pelirrojo se acercó al cuarto de baño, reposó su peso sobre el marco de la puerta, observaba el panorama ante él, Dazai se encontraba en la bañera sentado y observando a Chuya, con su mano lo llamaba para que se acercase, no había vendas sobre su cuerpo.

- Te ves cómodo – comento el pelirrojo

- Lo estoy, pero seria mejor si te apresurases y entrases

- Bien – aceptó Chuya

A pesar de que Dazai conocía cada parte del cuerpo del pelirrojo, Chuya no pudo evitar sentirse un poco extraño, avergonzado, al desvestirse ante los atentos ojos de Dazai, como si el castaño se encontrase sediento, Chuya pensaba que apenas tocase el agua tibia el otro se lanzaría contra él, mas bien, sabía que seria de esa forma.

Se quitó toda su ropa, evitando observar directamente a Dazai, estaba avergonzado, a pesar de que se conociesen bastante, a pesar de todo lo que habían vivido. Había cosas que simplemente nunca cambiarían, o eso pensaba Chuya en ese momento.

Se acercó a la bañera, Dazai separó sus piernas, señalando a Chuya que se sentase allí, entre sus piernas, con su espalda pegaba al pecho del otro, el pelirrojo no dijo nada y lo hizo, en silencio, el sonido del agua era relajante, agradable.

- No trajiste tu copa – observo Dazai

- No era necesario, ya me la terminé

- Veo que estabas algo sediento

- En realidad, si – reconoció Chuya

Relajó su cuerpo, el agua se encontraba tibia, en un punto medio perfecto y agradable. Se acomodó mejor sintiendo el pecho de Dazai detrás de él, su respiración en un ritmo lento. Por un momento el pelirrojo cerro sus ojos, luego volvió a abrirlos recordando algo importante en su antebrazo, escondió la zona bajo el agua, aunque sabia que era bastante tarde, Dazai ya lo había visto, Chuya llevó sus ojos hacia Dazai detrás de él, tenía su ceño fruncido.

El pelirrojo sintió su cuerpo estremecer por un momento, giro de inmediato y llevó su mirada al frente nuevamente, evitando a Dazai.

- Siempre nos encontramos en situaciones similares al darnos un baño juntos – comentó Dazai – aunque – continuó, tomo el brazo de Chuya, con delicadeza, lo elevó y sacó del agua, dejando expuesta la zona que aun tenia algunas marcas de los dientes de Chuya – esta vez hemos invertido los papeles

- No es nada, desparecerá en un par de días mas, ya ni siquiera se nota – comentó Chuya – lo había olvidado por completo

- Chuya – llamó Dazai utilizaba un tono de voz diferente, serio - ¿me dirás quien ha osado en morderte? – Chuya comenzaba a entender que pasaba por la mente del otro

"¿acaso esta celoso?" se preguntó Chuya a si mismo. Se inclinó nuevamente hacia atrás, buscando el rostro de Dazai, no estaba preparado para lo que observaría ahí, una mirada fría y seria, una expresión conocida por Chuya, intensa, un tanto amenazante. El pelirrojo se sonrojo, su mente de inmediato había comenzado a interpretar lo que veía, eso y sentimientos extraños recorriendo su cuerpo, volvió a estremecerse.

- ¿y bien? – insistió Dazai

Pero Chuya se encontraba un poco alejado de pensar en una respuesta, su mente se encontraba presa de otras sensaciones en su cuerpo, estaba pensando en otras cosas. Se giro mas entre las piernas del castaño, observándolo, su cuerpo de lado, su rostro mirándolo de frente, sus manos sobre el pecho del otro, sin embargo, se veía como si Dazai no fuese a ceder.

Y eso no hizo mas que provocar al pelirrojo, comenzaba a sentir calor en su cuerpo, soltó un jadeo, sin siquiera poder controlarse, termino por abalanzarse a los labios de Dazai, besando con desespero estos, mas bien, se encontraba en un estado de suplica por el otro.

Pero Dazai no tardó demasiado en ponerle un fin al beso. Chuya lo observo en silencio, solamente se escuchaban sus jadeos, el castaño lo observo y sonrió como si el pelirrojo se tratase de una presa deliciosa.

- Así que, no piensas responderme, haces esto para distraerme – soltó este, sabia que, con una actuación seria y fría, terminaría por activar algo en el interior de Chuya, y en ese momento estaba listo para jugar

Para ese entonces Chuya ya se encontraba a gatas por sobre el cuerpo del castaño, su cuerpo goteaba sobre el otro y una erección sobresalía entre sus piernas, el pelirrojo se sentía fuera de si mismo, de sus sentidos, el sentido común y su pensamiento lógico se habían apagado.

Dazai enderezó su cuerpo, haciendo que Chuya terminase retroceder un poco, el castaño se posiciono sobre sus rodillas, su cuerpo erguido ante Chuya.

El pelirrojo se sintió excitado, observo el cuerpo desnudo ante él, antes de darse cuenta, ya se encontraba llevando sus manos hacia la erección de Dazai, la vergüenza había quedado olvidada en su mente, todo era erotismo.

El pelirrojo se acerco nuevamente a Dazai, llevo su mano hacia su erección, una parte de él se encontraba un tanto inconsciente sobre sus acciones, solo deseaba entregar placer y sentirlo por si mismo. Acaricio de forma breve la erección ajena, entonces, comenzó a utilizar su boca.

Lamio rápidamente, desde la base hasta la punta, luego llevo su erección hacia el interior de su cavidad, todo lo que podía, probándolo, escuchar los suspiros del castaño lo ayudaba a continuar con ello, lo hacia sentir incluso un grado de placer en su cuerpo, una de sus manos se encontraba en la superficie de la bañera, la mitad de su cuerpo continuaba bajo el agua. Se preguntaba que imagen de él estaría viendo Dazai en ese momento, se preguntaba si le gustaría.

Escucho un gruñido provenir desde Dazai, Chuya, sin dejar de lado sus actividades sobre la erección del otro, levanto la mirada, observando al castaño, su ceño fruncido, una mezcla de enojo y placer que nuevamente hizo estremecer a Chuya, sintió las manos de este dirigirse hacia su cabello, comenzando a marcar un ritmo en cuanto a las embestidas sobre el otro.

Chuya ahogaba suspiros y gemidos en su boca, el sonido que provocaba la erección del otro en esta solo lo hacia excitar aun mas. Hasta punto en que sentía que no lo soportaría por mas tiempo, el temblor de sus piernas le indicaba que él mismo se encontraba en un punto critico.

El sonido del agua acompañaba a cada movimiento que realizaban, pero cuando Dazai terminó por posicionarse sobre Chuya, volviendo a sumergirse en el agua, esta termino por rebalsarse un poco. A ninguno de los dos le importaba en realidad.

Dazai beso de forma demandante los labios de Chuya. Llevando sus manos hacia el cuerpo del otro, lo recorrió rápidamente, el pelirrojo no era el único ansioso, este se estremeció en respuesta al tacto del otro, lento y fuerte, manos firmes a su alrededor.

Entonces el castaño separó sus labios, recorrió con su lengua la boca de Chuya, robándole el aliento, provocando que Chuya se sintiese a merced de este.

Se encontraba a un paso de rogar por ello.

Pero no era necesario, Dazai terminó por girar a Chuya, haciendo que este le diese la espalda provocando que nuevamente el agua terminase por salir de la bañera, el pelirrojo se inmediato lo comprendió, llevo sus manos hacia la orilla de la bañera frente a él, se inclinó hacia adelante y levantó el trasero hacia el otro, llevo una de sus manos hacia su trasero, mostrando su entrada al castaño.

Una mirada suplicante, ojos llorosos, jadeos y palabras inentendibles, todo eso era Chuya en ese momento.

Dazai lo observaba con atención, no deseaba olvidar nada de ello, de ese panorama. Su erección comenzaba a palpitar deseoso de aceptar lo que el pelirrojo le ofrecía.

- Quédate así – ordenó Dazai

Chuya no se sorprendió al ver que el castaño tenia las intenciones de prepararlo, aunque no esperaba realmente que el otro terminase por inclinarse hacia su entrada y lamer esta. Un sonido descarado y erótico broto de la boca de Chuya, después de todo, estaba sensible y desde hace un tiempo considerable que no habían tenido sexo. Al menos considerable para ellos.

Y también había terminado por tomarse su tiempo en prepararse, aunque no lo desease, Dazai nunca estaría dispuesto a simplemente continuar sabiendo que eso podría causar dolor y dañar a Chuya. Este se movía de forma inquieta, miraba por sobre su hombro hacia atrás, aunque normalmente una escena como aquella lo avergonzase, en ese momento no hacia mas de que empeorar su estado, acelerar su respiración.

Y para cuando Chuya comenzó a desesperar, el castaño ya se encontraba considerando continuar.

El agua comenzaba a enfriarse, aunque aun tuviesen la mitad de sus cuerpos bajo esta, mas que nada sus piernas. Dazai beso de forma breve la espalda húmeda de Chuya, acomodo su erección en la entrada de este y comenzó con movimientos lentos, al pendiente de las reacciones del pelirrojo.

Chuya sujeta con fuerza la orilla de bañera frente a él, había decidido ser ruidoso y su voz sonaba con un poco de eco en el baño, eso seguido al sonido del agua en reacción a las embestidas que le daba Dazai, podía sentir el agua en la zona cercana a su entrada, eso junto al cuerpo caliente del castaño.

Con cada embestida el ritmo aceleraba, Chuya sentía que perdía la cabeza, mirada constantemente hacia Dazai, le gustaba ver su expresión, esa sonrisa lasciva que le regalaba.

Dazai se movía rápidamente, una vez cerciorado de que no lastimaría a Chuya, sus movimientos se volvieron certeros y fuertes. Y es que realmente no podía controlarse en ese momento, los sonidos que venían del pelirrojo, el sonido del agua y el de sus cuerpos húmedos al chocar, todo eso estaba haciendo que perdiese la cabeza, además de los movimientos casi imperceptibles de Chuya, le gustaba la forma en que se movía en busca del placer, su cuerpo podía llegar a ser bastante seductor sin siquiera proponérselo. Dejaba escapar gruñidos y gemidos fuertes, su mirada chocaba con la de Chuya de vez en cuando, ninguno de las dos la desviaba.

Dazai no tardo en llevar una de sus manos hacia la erección del pelirrojo, masajeando de forma constante, sabia la forma en que Chuya le gustaba, esa noche lo haría todo de la forma en que sabia que él lo disfrutaba.

Y eso bastaba para que ambos terminasen por llegar a la culmine del placer.

Lucharon por un momento para retomar el aliento, continuaban en su misma posición, sin la intención de mover un musculo, jadeaban y soltaban suspiros, sumergidos en el nuevo silencio que no tardo por ser roto.

- Deberíamos cambiar el agua, esta sucia – puntualizo Chuya

- Ahora deberíamos tomar una ducha de verdad

- Estoy de acuerdo

Y eso hicieron.

.

Chuya se encontraba acariciando el cabello del castaño, terminando de secarlo, aunque este había asegurado que no fuese necesario, Chuya se rehusó de inmediato a permitirle el acostarse en la cama con el cabello húmedo, y Dazai no había tenido elección ante ello.

Una vez terminado, Chuya se encargo de ordenar unas cuantas cosas, Dazai solamente leía un poco sobre la cama, o en realidad fingía que lo hacia, sus ojos viajaban constantemente hacia Chuya.

- No es normal que dudes tanto en decirlo – comentó el pelirrojo

- ¿a que te refieres?

- Llevas mucho tiempo mirándome como si deseases decir algo, tan solo dilo, Dazai

Chuya termino de guardas las cosas y fue a acomodarse a un lado de Dazai en la cama, el castaño lo observaba con atención, sorprendido al ser descubierto por este.

- ¿y bien? – Chuya imitó las anteriores palabras que le había dedicado Dazai en el baño

El castaño llevo su mano hacia el antebrazo de Chuya, tomó su manga y la subió hasta descubrir la herida. La observó con atención, analizándola, luego decidió tocarla de forma delicada, como si pudiese producir nuevamente dolor en el pelirrojo, el cual, simplemente se quedó en silencio.

- Te has mordido tu mismo

- No parecías seguro de ello en el baño

- Siempre estuve seguro, Chuya, pero sabia que una escena de celos te encendería bastante

- No son los celos – debatió Chuya

- Se que no es eso – reconoció el castaño – pero ese no es el punto, el punto es – dijo volviendo a señalar la herida - ¿Por qué te mordiste?

Chuya lo pensó por un momento, de inmediato las memorias llegaron a su mente, pero no deseaba realmente recordar aquello. Soltó un suspiro. Sabía que debía decir la verdad y hacerlo rápidamente si quería terminar con ello.

- Me congelé – terminó por decir, su voz había sonado bastante baja, casi como susurros – eran segundos preciados y yo había entrado en shock, debía hacer algo, podías morir en cualquier momento – Chuya trago saliva – así que, para salir del shock y empezar a moverme, mordí mi antebrazo, el dolor me ayudó a despertar

- Entiendo – dijo Dazai, pensativo

- No es tu culpa – dijo de forma apresurada Chuya

- El problema – comenzó nuevamente Dazai, ahora acomodándose sobre la cama, acostándose sobre esta y mirando el techo, sus brazos tras su cabeza, Chuya lo observaba recostado a su lado – es que, si lo es, lo siento

- Dazai, no debes disculparte por nada ¿sí? Solamente apliqué lo que todo el mundo sabe que debe hacer

- No creas que no sé lo que haces, Chuya – le cortó de inmediato Dazai

- ¿a que te refieres?

- No es algo que pueda controlar, desearía no ser así, desearía que no tuvieses que investigar sobre reanimación o como detener el sangrado de una herida profunda, desearía que no sintieses la necesidad de hacer todo eso, pero no puedo controlarlo, realmente no puedo - Dazai se mostraba calmado, pero su tono de voz no era del todo controlado, Chuya podía reconocer aquello, el pelirrojo entendió que había sido descubierto en cuanto a sus investigaciones

- Y yo no me encuentro cuestionándote eso, no te estoy pidiendo explicaciones ni exigiendo que cambies, Dazai, solo no me alejes – pidió, y es que Chuya comenzaba a pensar eso, comenzaba a inferir que Dazai haría algo como aquello

Ambos se quedaron en silencio, sobre la cama, Dazai se giró en dirección de Chuya, ambos recostados uno frente al otro. A pesar de que no lo deseaba, el pelirrojo sabia que su expresión dejaba bastante entrever sus pensamientos, un tanto asustado, nervioso, al igual que Dazai.

- No, claro que no – dijo el castaño – Chuya, yo jamás te alejaría

- Y aunque deseases hacerlo, no te dejaría – amenazó Chuya, Dazai rio un poco

- Eso es cierto – Dazai llevo su mano hacia el cabello de Chuya acariciándolo – lamento asustarte, ovejita

Y esa disculpa Chuya si la acepto, lo había asustado bastante, durante la noche en que lo había descubierto inconsciente, se había llevado el peor susto de toda su vida. Sin embargo, en ese momento, bajo las caricias y palabras dulces de Dazai, sentía esa experiencia como algo alejado, como si hubiese pasado mucho tiempo en vez de las semanas reales.

"solamente no lo vuelvas a hacer, no lo vuelvas a hacer" pedía Chuya en su mente, imploraba por ello.

Tal vez sus deseos si terminarían por ser escuchados.

GRACIAS POR LEER.