Capítulo Treinta
Se dirigió a la sala principal, mirando a su padre charlar con el castaño. No podía decir que le extrañaba, sabía bien que tenía a Hao en buena estima. No había más que buenas palabras para él y lo aceptaba, concordaba con él, no le cabía la menor duda de que Hao fuera un hombre extraordinario, no por nada sentía todo eso por él. Sin embargo, no tenía claro qué deseaba con todo eso.
Tuvo meses para ir y hacer negocios con su padre. Por lo menos para acordar algo preestablecido. Pero no apareció ninguna vez antes de esta ocasión. No tuvo contacto con ella durante meses. Nada personal desde hace más de cuatro meses y de la nada, ahí estaba, bebiendo el café con su padre.
—Buenas noches, papá—pronunció inclinándose para besar su mejilla.
—¿Y qué hay de mí? —preguntó algo serio el castaño al verla con intención de marcharse.
—Buenas noches, Hao.
Mas no esperó que se levantara del sillón y caminara hacia ella para darle un beso en la mejilla también.
—Buenas noches, Anna.
Se sonrojó, en especial porque su padre estaba presente, pero el sólo bebía de su taza con una sonrisa difícil de disimular. No sabía por qué se tomaba esa clase de atrevimientos, ni que lo vieran tan familiar, pero no dijo nada. Sólo dio media vuelta y subió las escaleras.
En cuanto llegó a la habitación, vio a Yoh quitándose los pupilentes y dejar los anteojos sobre la cómoda. Sabía que estaba molesto, se lo había manifestado con una severa mirada cuando sus ojos se toparon minutos antes de la cena. No dijeron mucho, salvo una pequeña broma, lo cual en cierta medida los liberó del ambiente tenso.
Otras veces se quejaba del batido, que religiosamente tomaba como tres veces al día, esta vez, no pronunció palabra alguna. Revolvió su pelo, soltando un prolongado suspiro y se metió a la cama con sólo su pantalón de dormir. Ella también tomó del clóset un conjunto de pantalón y se metió al baño para alistarse. Una vez de vuelta, notó que él seguía contemplando la luz que entraba por su ventana, sentado suspirando continuamente.
Tomó las sábanas y la cobija para introducirse en la cama, pero terminó sentada como él, en su lado. La cama no era muy grande, así que sus brazos se rozaron de forma inminente.
—Dilo.
Suspiró pesado y volteó a verla.
—No me gusta que hagas eso.
—Si no me explicas detalles, yo no encuentro lo malo en que dos hermanos se reúnan—dijo con simpleza—¿Puedes explicarme, Yoh? Porque todo mundo ya sabe tu historia, pero soy la única idiota que sigue sin saber mayor detalle.
Él torció su boca.
—No vale la pena, quedamos que me iría en cuanto termine la cosecha y el trabajo.
—Cuando te recuperes—enfatizó ella—No puedes ir y largarte a otro sitio, tengo la certeza de que no vas a comer bien.
—Eso no importa.
—¡Claro que importa! —dijo subiendo el tono—¡Para ti es fácil decirlo ahora, pero si no te cuidas puedes volver a decaer! Además, ¿qué de malo tiene que en lo mientras veas a tu familia?
Es que ella todo lo hacía ver simple.
—¿Que qué tiene de malo? ¿Qué qué tiene de malo? —reiteró también subiendo el mismo tono—¡Es peligroso!
—¡Él ni siquiera te reconoció! ¡No te pareces en nada a él! —gritó molesta— ¡Él te puede contratar un maldito guardaespaldas!
—¡¿Y nos va a contratar un guardaespaldas a todos, o qué?!
Apretó las cobijas en un puño, mientras lo veía con desprecio, tomando con brusquedad su mandíbula.
—Vuélveme a hablar de ese modo y te juro que duermes con los perros.
—Sabes que no me molestaría dormir con los perros—dijo altivo.
Volvió a ganarse otra bofetada. También que Anna se sentara en su cadera mientras lo azotaba contra la cabecera de madera. Había veces en que la desesperaba, ésta era una de ellas. Pero él ya estaba acostumbrado a esos arranques de ira, así que sólo buscó sus muñecas y detuvo toda violencia.
—¿Por qué haces las cosas tan difíciles? —preguntó él—Yo soy momentáneo y lo sabes, en cambio él… Él estará bien sin mí, lo ha estado bien todo el tiempo.
—Tú eres su familia—dijo ella molesta—No puedes decir que estará mejor sin ti, ¿Él se incomodó en tu presencia?
—No—aceptó con pesar—Pero ese no es el punto, no se incomodó porque no sabe que soy yo. Créeme cuando te digo que no quiere nada que ver conmigo.
Liberó sus manos al verla mucho más tranquila.
—Tal vez piensa que eres igual.
—Soy igual—afirmó con una pequeña sonrisa—Igual de cínico y embustero.
Ella comenzó a reír con una fingida ironía.
—¿No me crees? —dijo ofendido—¿Qué tengo que hacer para que me creas?
—Viólame.
—¡Qué! ¡Estás loca!—exclamó, sobresaltándose—¡Soy carterista, estafador, incluso he cometido crímenes con pistola! Pero nunca, nunca he violado ni matado a nadie.
Eso sólo aumentó la sonrisa triunfadora de Anna.
—Son cosas perdonables, entonces, él debe entenderlo.
—Eran cosas perdonables antes y de cualquier modo se fue, me llevó al hospital con la nariz rota y fue todo—dijo con un gran suspiro— Será peor si sabe que duermo contigo en la misma cama.
—Tal vez, pero no sabe que duermes conmigo para que no te escapes.
Él se inclinó y acarició su mejilla con suavidad.
—Quedamos en que no me iría hasta terminar el trabajo con tu papá—dijo tranquilo.
—No puedo confiar en la palabra de un estafador, ¿o sí?
—No—negó divertido—Pero tú no crees que sea un estafador.
No lo negó, tampoco lo afirmó.
—Enséñame, vamos a jugar al casino—propuso ella, recostándose en la cama—Quiero aprender a librarme de las esposas como tú.
Él la miró de forma curiosa, en especial por la manera en que sus manos atraían su cuerpo al de ella, acariciando su nuca en el proceso.
—Quiero aprender de ti…
Su pulso comenzó a acelerarse, en especial por el particular brillo de sus ojos, el tirante de la playera colgando sobre su hombro y la magnífica vista que tenía de ella con el cabello esparcido en la almohada.
—Eres hermosa—confesó, recostándose a su lado—A puesto a que la abuela te habría incluido sin problemas a su club de cartas.
—¿Club de cartas? —se burló ella—Eso suena terriblemente peligroso.
—No cuando hay mafiosos apostando millones en la mesa—le relató él—El abuelo administraba las ganancias y hablaba con políticos para conseguirles joyas de valor altísimo. Robábamos información de enemigos, éramos más inteligencia un tiempo.
—¿Alguna vez robaste un banco?
—Una vez—confesó, guiando su mano a una de sus cicatrices—Disparo al salir, pase días en la alcantarilla, hasta que Ishiyo me encontró.
—¿Qué hay de esta? —señaló una más arriba.
Él la miró, apoyándose en su brazo para evitar aplastarla.
—Robé un mercado y el dueño de la pescadería me atrapó antes de que cruzara la cerca. Dos patadas. No te metas con alguien con suela metálica.
—¿Qué hay de las marcas en tus brazos? ¿Tú… te drogabas?
Una sonrisa triste se coló en su rostro, que le llamó la atención. Seguido de un prolongado silencio.
—No quieres hablar de eso.
Negó con la cabeza, mientras hundía su rostro en el espacio de su cuello. Ella lo abrazó en consecuencia, acariciando su cabello y besó su frente. Permanecieron así, abrazados un buen rato.
—Él no lo va entender, ni me aceptará…
—Lo hará, eres su hermano y aunque seas un criminal, eso es algo que ya dejaste atrás—dijo acariciando su sien—No eres un mal tipo. Si no, ya me hubieses violado.
Él rio, acariciando su cuello con la nariz.
—No podría violarte—dijo en tono muy bajo, con la cabeza gacha— Aparte las paredes son de madera, no son muy gruesas, se van a dar cuenta. Además… tu papá tiene una escopeta en su despacho. Tienes tres hombres de tu familia que te defenderían hasta la muerte, dos perros guardianes. Una hermana que es habilidosa con el cuchillo y por si no lo notaste, Hao aún se muere por ti. Así que… violarte en tu propia cama, no sería nada inteligente.
—A menos que yo te viole a ti y te culpe de todo—dijo en el mismo rango de voz.
Eso avivó un poco su humor, sonriendo leve.
—¿Cómo lo hiciste aquella vez? —preguntó divertido.
Ambos se miraron a los ojos, sonrojándose por todos esos recuerdos ardientes de una noche.
—Hao es muy afortunado, que tú lo quieras así, es algo muy hermoso—pronunció acariciando su mejilla.
—Tal vez, pero…. Nunca dije su nombre—respondió tocando su nariz—¿Está es la última noche que dormiremos juntos?
—Sí…. Mañana te irás y yo me quedaré aquí.
No era algo que le gustara experimentar, porque de algún modo sabía que estaba fallando en su objetivo central. Sin embargo, aun veía esperanza en eso. Además, que no le agradaba mucho dejarlo atrás.
—¿Quieres…?
Él parpadeó confundido, sin saber si era a lo mismo que se refería ella, pero al verla deslizar un tirante, sabía que no estaba tan equivocado en el concepto.
—Ammm… ¿si sabes… que no soy Hao, verdad?
—Sí, al parecer eres un tal señor Grey—afirmó entrelazando su mano con la suya— Que es algo así como un depravado sexual.
—¡Qué!
Anna comenzó a reír por su reacción, mientras él no dudó en ocultar su sonrojo contra la almohada. En definitiva él podría tener la mente de un criminal, pero sin duda tenía el corazón de un crío. Subió su tirante, cuando escuchó la puerta tocar. Seguro su madre preguntaría por el desayuno de mañana. Lo que no esperó, fue ver a Hao, mirándole con extrañeza.
—¿Hay… algo que pueda hacer por usted, señor Asakura? —preguntó, acomodando su cabello.
—Mi cuarto es algo frío, pensaba si podría, no sé cambiar de habitación—dijo serio.
Eran cerca de la una de la mañana, aunque tuviera más habitaciones, tendría que limpiarla para hacerlo sentir confortable.
—No hay más….
—¿Qué tal la tuya? —sugirió acercándose más—Tu cuerpo y el mío se calientan bien. Cama pequeña… tenemos que dormir uno sobre el otro.
Suspiró, interponiendo una mano en su pecho.
—Pensé que respetabas la casa de mis padres.
—¿Acaso lo haces tú? —le devolvió con desconfianza.
Ambos se miraron en silencio, mientras él levantó una mano para acunar su mejilla.
—Puedo amordazarte y así no harás ruido—sugirió él—Tengo ganas de continuar lo de hace un rato, además…. Traigo más condones.
—Y yo tengo varios en mi cómoda—dijo quitando su mano—Buenas noches, Hao.
Intentó cerrar su puerta hasta que él la sostuvo de la cintura, atrayéndola.
—Podemos empezar de nuevo—le dijo—Déjame intentarlo de nuevo.
Algo en ella se paralizó de la nada.
—La última vez empezamos así, dijimos que iríamos día a día. Hagámoslo de nuevo—dijo volteándola—Sabes que estoy aquí por ti, así que no fijas que te soy indiferente, porque los dos sabemos que nunca lo seremos.
—Quizá… pero no repito los errores dos veces.
—Tal vez no sea un error la siguiente vez—susurró en su rostro—Déjame entrar… te enseñaré que valdrá la pena. Mañana despertaremos abrazados y desayunaremos con tu familia. Haremos negocios, tus padres podrán hacer inversiones y yo te abrazaré y te besaré delante de ellos, si es lo que quieres. Te invitaré a mis partidos, cenaremos con Silver y Rutherford. Podemos ser los padrinos de su hija….—dijo con firmeza—Sólo, déjame entrar.
—No lo sé, yo…. Tendría que pensarlo.
—Pensarlo demasiado no es muy bueno—dijo él, presionando su cuerpo contra la puerta—¿O prefieres mi habitación?
—Prefiero la mía—afirmó, también colocando una mano para frenar sus intenciones—Sola.
Enarcó una ceja, mirándola confundido.
—Encontrarás el modo de dormir, si has podido hacerlo todos estos meses, podrás hacerlo solo un día más—dictaminó, dando media vuelta.
Cuando sin previo aviso, él le empujó la puerta y entró decidido. Algo en todos sus sentidos se activó, pero ya era tarde para tratar de impedirlo. Estaban dentro, mientras él exploraba el lugar con la mirada, incluso abrió el baño, corrió las cortinas de plástico, tirando en su paso algunas cosas al suelo.
—¡Qué te pasa! —gritó, sosteniendo su mano.
Pero él la ignoró, pasando su vista por todo el lugar. Incluso buscando por debajo de la cama: nada. Fue así que sintió cómo lo jalaba de regreso para darle una gran bofetada, que le dejó temblando la quijada.
—¡¿Estás loco o qué te pasa?! —le exigió la rubia.
Él no respondió nada, aun aturdido, cuando vio que la puerta se abrió de prisa, dejando ver a Ethan y a Justin con un candelabro en mano.
—¡Anna, ¿está todo bien?! —dijeron ambos, dentro de la habitación.
Pocos minutos después, eso pareció reunión familiar. Decir que eso era vergonzoso, fue demasiado. Pero juraba que eso no era de extrañarse, porque su hermano mayor dormía casi con un oído pegado a la pared por si acaso, porque no les daba buena señal que durmiera con un criminal.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó su padre, acomodando su bata para dormir.
Todos buscando al culpable de ese inusual movimiento.
—Nada—respondió Anna, irritada.
—Pero cómo nada, te escuché discutir…
—Dije nada—contestó contundente—Ahora vayan a dormir, todos—enfatizó mirando a Hao.
Ya afuera, el cuchicheo no paró. En especial, las quejas de Ethan, que no dejaba de repetir que eso era mala idea desde el principio. Pensó que eso sin duda fue una gran imprudencia de su parte, pero al ver que ninguno lo veía de mal modo fue extraño para él. Porque incluso hasta su madre tenía un gesto pensativo.
—Tranquilo, yo estaré pendiente por si acaso—dijo él, palmeando su hombro—Ve a dormir. Mi recámara está justo enfrente.
Ser un estúpido le quedaba corto.
—¿Y escuchaste algo en particular? —preguntó Hao.
—Cuchicheos, gritos, luego cómo tiraban muchas cosas—describió molesto—Pero como te digo, agradezco tu preocupación por mi hermana, ella es afortunada de tener alguien como tú, decente.
Pasó una mano por su cabello, sintiéndose cada vez más estúpido. Todos se retiraron a sus habitaciones, entonces volvió a tocar la puerta una vez más, con el rostro gacho. Intentó más de cinco veces, hasta que giró la perilla sin ninguna traba.
—¿Anna..?
Entró a la habitación de nuevo, pero esta vez notó que estaba vacía, confundiéndolo aún más. Percibió el aire frío de la madrugada, observando que las cortinas se movían en forma sincrónica. Entonces se acercó al marco, molesto al verla correr al granero. Ni siquiera lo pensó para seguirla.
Afuera hacía aire, así que apresuró su paso hasta llegar al lugar donde dormían sus perros. Ambos la recibieron con agrado al vera apoyada en la puerta de madera. Corrió el madero de seguridad y caminó molesta entre la paja. Un tiempo su papá quiso tener caballos, descubrió que era muy caro, pero era ideal para tener una jauría de perros que protegiera sus tierras. Los perros eran más económicos. Y también, la paja era caliente para dormir.
Cruzó sus brazos al verlo durmiendo en un montículo, despreocupado. Tomó una pequeña piedra y se la lanzó, con éxito al verlo despertarse.
—¿Qué pasa? ¿Por qué vienes así de violenta?
—¿Ves por que no confío en ti? A la primera oportunidad que tienes, te sales por la ventana—dijo molesta.
Él la miró, luego se dio la vuelta.
—¿Y qué querías? —preguntó indiferente—Vino por ti, esta desesperado por ti. ¿Tres condones, terminar lo de hace rato? Tú necesitabas privacidad, yo te la di.
—Yo no te la pedí—le replicó sentándose a su lado, tomando su brazo para girarlo con brusquedad—Me hiciste saltar por mi ventana.
—Yo no te pedí que vinieras aquí—dijo con un gran suspiro—Te dije que no habría problema si dormía con los perros. Deberías estar con él, reconciliándote, es lo que querías, ¿no?
Abrió la boca para rebatir esa idea, pero sabía a la perfección por qué lo decía.
—Tú lo amas—dijo acariciando su mejilla—Dale una oportunidad.
—Sólo si tú le das una oportunidad…—dijo tomando su mano.
—Anna…
Ninguno dijo nada, ella sólo se recargó en su regazo.
—Tengo frío, abrázame—le dijo con dureza.
Él no tardó en obedecerla, tratando de darle calor a sus brazos. Escucharon el ruido de la puerta, pensaron que era el aire, dejando pasar el incidente.
—Tenías razón—añadió Anna, acariciando su estómago—Hacerlo en mi cuarto es demasiado riesgoso. Todo mundo escucha.
—Te lo dije.
—Pero aquí nadie escucha—dijo mirándolo con fijeza.
—No… aquí es perfecto—respondió Yoh.
Mientras afuera, Hao intentaba quitar la tranca, sin mucho éxito. ¿En qué estaba pensando para correr así en medio de la noche? ¿Y en qué estaba pensando él para sentarse con una frustración demasiado notable en su rostro? ¿Dónde estaba su cordura? Parecía que dentro, con alguien más, teniendo pasión con su empleado.
Continuará
Uno más a la lista. Pensé que sería mas corto, pero me pareció gracioso terminarlo así. Un Hao celoso hasta la médula me gusta mucho, siento que está totalmente descontrolado. Tiene que ubicarse un poco si es que quiere rebatir, aunque su hermano le ayuda, pero él no se ayuda mucho. Gracias por seguir comentando, es bonito ver sus opiniones. Lo del señor Grey me salió de la nada, creo que fue porque algo en la trama me lo recordó. Y fue chistoso porque luego los hombres no saben de quíen hablan y las mujeres saben bien de las 50 sombras. Wow…. Qué pasara en el siguiente, qué opinan de ese cierre. El reencuentro fue lindo, pero Yoh aun piensa que no es buena idea estar en la vida de ninguno.
Gracias a todos, los quiero.
