Capítulo 66
Confía en mí
—Qué mala cara tienes ¿Qué has hecho esta noche?
—No dormir—se quejaba Quinn mientras permitía que su representase se adentrara en el apartamento.
Eran las 8:30 de la mañana y Quinn ya llevaba casi tres horas lejos de la cama. Había desayunado, lo poco que aquel nudo en su estómago le permitía. Había salido a correr para tratar que el frío rompiera el autismo que se había apoderado de su estado anímico. Y ahora por fin, después de varias llamadas durante la noche, Mónica se personaba en su apartamento.
—¿Por? ¿Qué te pasa? —cuestionó adentrándose—¿Se ha escapado la rata?
—No tengo ganas de bromas—respondía con seriedad—. Estoy en un gran lío, Mónica.
—¿Un gran lío? ¿Qué lío?
—La he jodido—se dejó caer sobre el sofá—. No sé si estoy o no con Rachel, no sé estoy haciendo bien o todo lo contrario. Y te juro que ya no puedo más.
—¿Cómo que no sabes si estás con Rachel? ¿Habéis discutido?
—Yo he provocado esa discusión—aclaró.
—¿Por qué?
—Porque soy imbécil—se lamentó—. Y porque vosotros me obligáis.
—¿Nosotros? —tomó asiento a su lado—¿Qué tengo que ver yo?
—Tú me dijiste que la carrera profesional de Rachel corre peligro si esos rumores salen a la luz.
—Sí, pero eso no es motivo para romper una relación ¿Creía que ya lo sabias?
—Mónica, he visto fotos. Kevin Reich me enseñó un book completo de imágenes de ella y yo. Además de algunas en las que salía con Em.
—Lo sé Quinn, ese tipo se puso en contacto conmigo para poder contar con mi ayuda y así tener todo mejor controlado. Pero no tienes que preocuparte por eso. Solo, solo tenéis que ser más prudentes.
—¿Mas prudentes? ¿Te refieres a no salir a pasear por el parque, o a no hacer la compra juntas? ¿Te refieres a no salir de mi casa porque hay tres fotógrafos esperando a que la chica de la portada de Broadway Magazine haga acto de presencia? Porque te aseguro que no es sencillo pasar desapercibida cuando están pendiente de ti. Y lo peor, lo peor no es eso, porque me importa una mierda que me sigan a mí—suspiró—. El problema es que esos estúpidos ya saben que entre Rachel y yo hay algo, y no van a parar de perseguirnos para conseguir dinero con las imágenes.
—¿Qué opina ella de todo esto?
Rio. Una leve carcajada salió de Quinn tras aquella pregunta.
—Eso es lo más divertido—la miró—. Rachel no tiene ni idea de que esos paparazis tienen fotos de nosotras dos y de Emily. Ni que os chantajean con portadas que podrían hundir cualquier proyecto profesional.
—¿Y por qué no se lo dices?
—No puedo, Mónica. Rachel está en plena terapia con Santana. Está tratando de solucionar sus problemas con la enfermedad… ¡Dios! —se lamentó al pronunciar aquella palabra—Con el problema de Emily—recapacitó—. Está avanzando mucho. De hecho, ya incluso ha accedido a buscar una guardería para que Emily empiece a relacionarse con otros niños. Es algo que hace un mes jamás habría imaginado siquiera y ahora se atreve a hacerlo—suspiró—. No puedo decirle nada de lo que sucede, porque eso le haría recaer, le haría volver a temer por la privacidad de su hija. Y no puedo permitirlo, ni por ella ni por Emily.
—Ok ¿Y por qué dices que os habéis enfadado? ¿Qué tiene eso que ver?
—Kevin me dijo que ahora tendríamos que tratar de pasar desapercibidas hasta que Rachel recuperase su lugar. Ya sabes, que los productores y directores vuelvan a contar con ella—explicó—. Y la mejor opción para que eso suceda es que el musical vaya bien. Si triunfamos, Rachel triunfará y todos sabrán que puede ser responsable y una gran profesional.
—Eso tiene lógica.
—Bien —volvía a hablar—. Pues ahora resulta que hay una gran productora que va a invertir en el musical, una tal Kristen Watson a la que todo el mundo conoce.
—¿Kristen Watson? ¿De veras? ¿Por qué no me has informado de eso?
—Nos enteramos ayer. Fue Rachel quien nos confirmó que quiere coproducir el musical con ella y.…—tomó aire—Es el empuje que Rachel necesita para poder regresar a Broadway por la puerta grande ¿Entiendes?
—Entiendo—respondía—. Ahora todo debe ser mucho más privado para no tratar que esa oportunidad se desvanezca ¿No es cierto?
—No solo debe ser privado, Mónica. Tengo a todos esos paparazis persiguiéndome, a Kevin comprando todo tipo de imágenes que pueden delatarnos, y a Rachel en terapia—se lamentó—. No puedo más, te lo juro. No puedo mentirle más y no puedo decirle la verdad.
—Vaya…
—Ayer exploté—recordó con amargura—. Santana me dijo que, si Rachel llevaba a cabo una serie de pasos en las siguientes semanas, podría contarle todo lo que está sucediendo para no seguir mintiéndole. Pero mientras eso no sucede, se me hace imposible estar como si nada—susurró—. Ella, ella me pide salir a pasear, a comprar… No sé, está empezando a hacer las cosas que yo siempre le he pedido que haga, y ahora soy yo la que lo rechaza con excusas que no tienen sentido—hizo una pausa—. Y no pude soportar la presión.
—¿Discutisteis?
—Sí bueno, la verdad es que llevamos toda la semana peleándonos por estupideces, pero lo de ayer ya fue… Puff—resopló—No quiero ni recordarlo, pero le pedí tiempo.
—¿Tiempo? —interrumpía extrañada.
—¿Se te ocurre otra solución? Solo, solo quiero que pase cuanto antes este tiempo y que podamos volver a estar bien. Ocultándonos sí, pero sin perjudicar por completo su carrera.
—¿Y qué te dijo?
—Que no entendía ese concepto en una relación. Que ella o estaba con alguien o no estaba, pero que eso de darnos un tiempo no le convencen, porque se hace ilusiones y luego pasa lo que no quiere que pase.
—¿Y? Si ella no ha aceptado eso ¿qué habéis hecho? ¿Habéis roto?
—No lo sé—respondía confusa—. Me fui sin elegir—tragó saliva—. Le dije que no estaba siendo justa conmigo, que yo había sido paciente con ella y que ahora que le pedía ayuda y que me diese esa opción para no estropear todo, me ponía entre la espada y la pared. Y me fui.
—¿Te fuiste? ¿Sin aclarar nada?
—Sí, me fui y la dejé allí—sollozó—. No tengo ni idea de lo que me voy a encontrar cuando vaya hoy.
—¿A qué hora tienes ensayo?
—Dentro de una hora. De hecho, estoy esperando a que venga Matt—espetó—. Me dijo que me iba a acompañar por si tenía problemas con los fotógrafos. Ya sabes…
—Ok ¿Y por qué me has llamado a mí?
—Porque no sé qué hacer, Mónica. No sé cómo afrontar todo esto. Nadie me da una solución y no quiero perderla, no estoy dispuesta a sacarla de mi vida.
—Quizás deberías volver a hablar con ella y hacerle ver que… Bueno, que tienes una buena explicación, pero que no puedes dársela ahora mismo. O quizás deberías llamar a Santana, y que ella como psicóloga le haga entender lo que sucede sin perjudicarle. No sé, ella tiene que estar acostumbrada a ese tipo de conflictos ¿No?
—Ella no sabe que hacer tampoco. Bueno sí—recordó—, ella tiene un plan, pero va a tardar un par de semanas según me dijo. Y yo no tengo tanto tiempo.
—Pues tienes que tenerlo, Quinn. Si dice que en unas semanas podrás contarle la verdad sin que ello le perjudique en su terapia, tendrás que tener paciencia y aguantar como sea.
—¿Esquivándola? ¿Dejándola? ¿Desapareciendo de la faz de la tierra?
—Como sea, pero tienes que hacerlo por su bien y por el tuyo. No creo que quieras cargar en tu conciencia con una recaída en su terapia.
—No me ayudas en nada—respondía apática—. No sé para qué te llamo.
—Vamos Quinn, no es la primera vez que lo pasas mal por culpa del amor—se relajó—. Estoy segura de que sobrevivirás y encontrareis la mejor de las soluciones. Así que deja de lamentarte y recarga baterías, porque al menos tienes que demostrar que eres buena actriz. Aunque sea en la vida real.
—Ya—balbuceó al tiempo que se levantaba dispuesta a preparar su bolso—. Una actriz que va a cobrar tres veces más de lo que iba a ganar.
—¿Cómo? —se mostró confusa.
—No solo te he llamado para contarte mis penas—espetó junto a la mesa—. También quería decirte que la obra no se estrena en julio, sino en mayo. Y que me van a pagar más.
—¿Cómo? —se levantó rápidamente—¿Qué dices?
—Esa productora, la señora Watson, exige que la obra se estrene en mayo si queremos que invierta en nosotros. Y según Rachel, en esa inversión también va incluida una subida de salario.
—Quinn—se quejó—. Esas cosas tienes que consultarlas conmigo antes de aceptarlas. Soy tu representante ¿Recuerdas?
—Bueno, puedes llamar a Rachel y que ella misma te lo explique—respondía desganada —. Aunque imagino que ella te llamará a ti en unos días para explicarte todo.
—No voy a esperar a que eso pase. La voy a llamar ahora mismo y concertar una entrevista con ella. —Le dijo buscando rápidamente su teléfono en el bolso.
—¿La vas a llamar ahora?
—Pues sí. Lo siento, Quinn, en asuntos del corazón tal vez no pueda mediar, pero tu contrato no se toca sin que me lo consulten a mí primero. Si te hace mal que la llame, lo siento, pero…
—Pon el altavoz—La interrumpió justo cuando ya veía como realizaba la llamada, y Mónica la mirada sorprendida—. Por favor, me gustaría escuchar su voz y saber cómo está—inquirió Quinn, que ya se colocaba tras Mónica y esperaba impaciente que aquellos tonos de llamada dejasen de sonar.
—Hola, buenos días—saludó desde el otro lado del teléfono y Quinn se sorprendía tras notar la supuesta tranquilidad con la que hablaba.
—Hola Rachel ¿Qué tal estás?
—Bien Mónica ¿Qué tal estás tú?
—Muy bien. Disculpa que te llame tan temprano, pero Quinn me ha comentado lo de Kristen Watson y no sabe explicarme muy bien de qué va todo el asunto ¿Te importaría hacerme un hueco en tu agenda para que me lo explicases mejor?
—Claro. No hay problema. De hecho, te iba a llamar en un par de días, cuando lograse tener todo organizado para poder informaros detalladamente—respondía esbozando una sonrisa que terminó escuchándose tras el auricular—. Quinn no es muy dada a cláusulas de contratos y demás asuntos burocráticos.
—La conoces bien—respondía Mónica tras observar el gesto confuso de la rubia tras ella—. La tengo aquí a mi lado, mirándome como una estúpida solo porque hablo contigo ¡Aww! —se quejó tras recibir un certero golpe en el hombro—. Me acaba de golpear ¿Te lo puedes creer?
—Bueno, será mejor que dejes de bromear con ella, creo que no acepta muy bien esas bromas. Además, no puedo hablar demasiado ahora mismo—se excusó—. De hecho, estoy a punto de recibir a mi representante también para explicarle lo mismo que tú quieres saber.
—Ok, ok. No te entretengo demasiado. Solo dime cuando puedo ir a verte.
—¿Qué te parece el miércoles de la semana que viene? Este fin de semana tengo bastante que hacer reajustando la agenda, y el planning y los primeros días de la semana que viene tengo muchas reuniones.
—Ok, el miércoles ¿A qué hora?
—A las 9 ¿Te parece bien?
—Perfecto. Allí estaré, y gracias por atenderme.
—Siempre es un placer hablar contigo, Mónica—sonó sincera—. Nos vemos la semana que viene ¿Ok?
—Ok. Que tengas un buen día.
—Y tú también—se despedía—. Cuídate.
Una mirada.
Mónica lanzó una mirada hacia Quinn que perpleja aún permanecía tras ella.
—Pues no parece que esté muy afectada por la discusión. De hecho, juraría que está hasta de buen humor.
—No, no lo entiendo—balbuceó Quinn—. Ayer estaba furiosa, incluso lloraba, y ahora bromea acerca de mí.
—Bueno, es una buena señal ¿No? Quizás lo haya pensado mejor y te entienda, y quiera darte ese tiempo. O que se yo, pero al menos no está hundida como lo estás tú—sonreía—. Parece que el melodrama del teatro se ha adueñado de ti.
—Basta Mónica. No, no lo estoy pasando nada bien—volvía a retirarse para terminar de preparar su bolso, pero en ese instante el sonido de su móvil abortaba cualquier paso de la rubia.
—¿Qué haces llamándome ahora? —cuestionó tras ver la sonriente cara de Santana en la pantalla de su móvil.
—Es el único momento libre que voy a tener en todo el día. De hecho, voy de viaje ha Jacksonville y me temo que voy a tener el teléfono desconectado.
—¿Y qué te sucede? —cuestionó rápidamente lanzando una mirada de reojo a Mónica, que no la perdió de vista en ningún momento.
—A mí, nada ¿Qué tal estás tú? ¿Cómo has pasado la noche después de haber llorado todo lo que lloraste? ¿Se te ha pasado ya el mal humor?
—¿Por qué todo el mundo se ríe de mí? —se molestó—¿Nadie entiende que lo estoy pasando mal? Estoy cansada ¿Me oyes? No aguanto más y vosotras os dedicáis a reíros de mí cuando peor estoy.
—Hey, calma rubia—interrumpió—. Te recuerdo que me llamaste a las tres de la madrugada para llorar desconsolada y no me quejé. Déjame que por lo menos ahora me divierta ¿No? Además, yo te llamaba para darte una muy buena noticia.
—Muy buena tiene que ser para que cambien mi día—se quejó.
—Bueno, quizás no es una buena noticia, pero si es algo que te va a venir bien para que te calmes de una jodida vez—respondía—. Britt me ha llamado, han organizado la cena con los chicos del Glee para la semana que viene.
—Santana, no sé si voy a poder ir—se excusó—. Ahora voy a tener que trabajar el doble.
—Vas a ir—ignoró la excusa—. Es el fin de semana y no tienes nada que hacer. Además, puedes viajar en el día. Así que no pongas excusas.
—Oye, no tengo ni idea de mi agenda ahora mismo ¿Ok? Nos han cambiado el planning, y hasta que no lo vea, no sabré si podré ir o no.
—Vas a ir—sentenció—. Yo solo te digo que no hagas otros planes para el sábado 14.
—Santana, te estoy diciendo que…
—Adiós Quinn, cuídate—se despidió sin darle opción a réplica, dejándola completamente aturdida tras ver como la pantalla se apagaba frente a ella.
—Odio que haga eso. Odio que me dejen así—recriminó enfadada—. Es lo que me faltaba para joderme aún más.
—Cálmate—murmuró Mónica—. Vamos, termina de prepararte, que te faltan 30 minutos para llegar al teatro. Y ahora no puedes faltar ¿me oyes? Si te van a subir el suelo, si vas a dejar de ser la peor pagada tienes que rendir mucho más. Así que cambia esa cara…
—A ver si llega Matt de una vez—se quejó recuperando su posición junto a la mesa.
Lo mismo hacía Rachel, pero en el teatro.
La morena ya terminaba de organizar todo lo que debía llevar a cabo durante aquel día, cuando recibía la visita de su representante en el despacho.
Apenas eran las 9 de la mañana, pero Rachel ya llevaba allí casi cuatro horas trabajando, organizando y planificando aquella locura en la que se iba a convertir el musical. Aunque la verdadera razón por la que había acudido al teatro tan temprano, la tenía ella. Quinn.
Ella era la culpable de que apenas hubiese logrado dormir un par de horas durante toda la noche. Y solo mantener la mente entretenida, le permitía pasar las horas sin dejar que las lágrimas volvieran a llenarla de congoja. Y que la rabia por no saber qué diablos le estaba sucediendo, la llevase a imaginar situaciones o razones que probablemente, no tendrían sentido alguno.
—¿Se puede? —cuestionó Kevin tras abrir la puerta.
—Claro. Te estaba esperando—respondía con tranquilidad—. Vamos, pasa siéntate.
Lo hizo tras desprenderse del abrigo que lo cubría y colocar su maletín sobre la mesa, dispuesto a comenzar aquella reunión.
—He hablado con los abogados, vendrán a las 11 para organizar todo el papeleo del contrato nuevo con los actores, y también para que ellos den su visto bueno a las cláusulas que quieren añadir desde el despacho de la Sra. Watson, ¿Ok?
—Ok—respondía con apenas un hilo de voz, sin dejar de mirarlo.
—Bien, y también tenemos que organizar los eventos—añadió observando los papeles que ya esparcía sobre la mesa—. Me han enviado un planning que tienes que coordinar con el director de la obra, porque es probable que os exijan que estéis los dos juntos para… ¿Rachel?—la cuestionó tras alzar la mirada hacia ella y descubrirla completamente ausente, asintiendo con la mirada perdida en aquel montón de hojas que se acumulaban ante ella—¿Me estás escuchando?
—Eh sí, si claro—reaccionó.
—Sí, me estarás escuchando, pero estás pensando en otra cosa ¿No es cierto?
—Mas o menos—balbuceó—. Kevin, yo necesito hablar contigo antes de empezar con todo esto.
—¿Qué necesitas hablar conmigo? —cuestionó extrañado—¿Qué sucede?
—Es sobre mí. No tiene nada que ver con el teatro ni nada de eso.
—¿Sobre ti? —repitió soltando las hojas y acomodándose en la silla—¿Me quieres hablar sobre ti?
—Sí, así es—bajó la mirada—. Creo que es necesario que sepas algo importante que me ha sucedido y que, estoy dispuesta a defender por encima de todo.
—Quinn—espetó rápidamente, dejando a la morena sin habla—. Me quieres hablar de Quinn ¿Verdad?
Tragó saliva.
Rachel volvía a bajar la mirada y asentía con una extraña mueca de culpabilidad en su rostro.
—¿Crees que es necesario que vengas a decirme nada, Rachel? —cuestionó de nuevo el hombre—¿Crees que no te conozco lo suficiente como saber que estás completamente enamorada de esa chica?
—¿Lo sabes? —balbuceó.
—Claro que lo sé. Soy tu representante Rachel, siempre he estado al tanto de todo y esto, no iba a ser menos.
—Ok —recuperaba la compostura—. Pues yo tengo que decirte que no me importa nada ¿Ok? Me da igual que me digas que no es lo adecuado o que me voy a meter en líos. Yo la quiero, y quiero estar con ella.
—Hey, hey—interrumpía—Calma, yo no te he dicho que no puedas estar con ella.
—Pero seguro que me lo vas a decir.
—No, en absoluto, Rachel—respondía sereno—. Escúchame, te conozco desde hace casi 10 años y aunque no lo demuestre con afecto, ya te considero como alguien de mi familia. Y para mi familia siempre quiero lo mejor—añadió—. Si tú quieres estar con esa chica porque te hace feliz, yo voy a apoyarte en todo.
—¿De verdad? —preguntó desconfiada.
—Rachel, lo que hagas con tu vida personal es asunto tuyo. Yo no soy quién para exigirte cosas, pero…
—Pero…
—Pero si tu vida personal va a influir en la profesional, ya si es asunto mío. Porque tú me has contratado para que proteja tu carrera profesional ¿No es cierto?
—Cierto, pero te aseguro que mi relación con Quinn no va a influir en eso.
—No te mientas, Rachel—intervino—. Tú y yo sabemos que una relación así, si va a influir. Y lo sabes de sobra.
La morena volvía a bajar la mirada, y tensaba su mandíbula con un claro signo de disgusto y frustración. Hecho que Kevin detectó rápidamente.
—La cuestión es ¿hasta dónde vas a dejar que influya?
—¿Tengo opción?
—Rachel, no eres la primera actriz que está con una chica, ni serás la última. Y no por ello te van a humillar o a hundir. La cuestión es que tú estás intentando regresar a Broadway, que tienes una gran oportunidad de hacerlo con algo grande y acabar con esos rumores que bien sabes que existen sobre ti—explicó.
—¿Salir con una chica podría en tela de juicio mi reputación?
—No, lo que pondría en mal camino tu reputación, sería que esos estúpidos paparazis desvirtúen las cosas—aclaró—. Ya sabes que a ellos no les interesa ver a una pareja feliz y enamorada. A ellos solo les interesa el morbo, y eso es lo que tú tienes que evitar por todos los medios—hizo una pausa—. Si te ven salir del apartamento de Quinn, no dirán que te vieron caminar por la calle y salir de la casa de tu chica, dirán que pasaste una noche de sexo desenfrenado con una mujer. Y eso sí puede perjudicarte.
—¿Y qué tengo que hacer? ¿Estar toda mi vida escondida?
—No. Ya suficiente has hecho con mantener a Emily lejos de todo esto—trató de no asustarla—, pero no debes darles motivos para que hagan algo así antes de que vuelvas a recuperar tu lugar en Broadway. Solo tienes que aguantar unos meses, esperar a que todo esto del musical comience a funcionar y el éxito consiga acallar esos rumores absurdos. Una vez que logres eso, podrás hacer tu vida como siempre has deseado.
—¿Tú crees?
—Te lo aseguro. Además, estoy seguro de que Quinn también lo entenderá y estará dispuesta a hacerlo así.
—Bueno no, no estoy tan segura, pero…
—Rachel, hazme caso. Vosotras solo necesitáis tiempo—interrumpía—. Es como cuando construyes una casa, primero tienes que poner los cimientos y darle tiempo para que pueda soportar la estructura, que es lo más pesado. Una vez que esos cimientos son fuertes y estables, todo lo demás llega, la pintura, los muebles, la decoración ¿Entiendes?
Sí. Claro que lo entendía, pero Rachel hacía ya algunos segundos que había olvidado todo y su mente solo se centraba una palabra, "tiempo". Otra vez la misma excusa, pero dada por otra persona. Otra vez aquella palabra, otra vez alguien le pedía tiempo y supuestamente era por su bien. Y como si de un puzle se tratase, sintió como algunas piezas podrían encajar perfectamente si aquello que ya revoloteaba por su mente, tenía algo que ver con la excusa del tiempo.
—¿Me estás escuchando? —volvía a hablar Kevin, pero en ese instante alguien interrumpía la conversación dejando varios golpes sobre la puerta.
—Eh, adelante—habló la morena ignorando la pregunta de su representante.
—Rachel, perdona que te interrumpa—fue uno de los ayudantes de dirección el quien se personaba en el despacho—, pero Gio te necesita un minuto en el escenario. Al parecer han llegado nuevos operarios y quiere que estés allí.
—Mmm, cierto. Ok, gracias, voy ahora mismo—respondía segundos antes de ver como el chico volvía a desaparecer del despacho—. Kevin ¿Te importa si voy antes de empezar con lo nuestro? No tardaré más de cinco minutos.
—No, claro que no me importa, ve. Yo mientras voy a hacer un par de llamadas que tengo pendiente.
—Ok, vuelvo en seguida—espetó tras abandonar su silla y caminar hacia la salida del despacho para llevar a cabo aquella petición de su compañero.
Estaba claro que aquello no podría funcionar sin ella, y en ese instante, podría corroborarlo.
Necesitaba su presencia solo para dar varias indicaciones a los nuevos operarios que habían llegado de la mano de Kristen Watson. Y ese mismo hecho le hacía sentirse importante, necesaria para que todo aquello tuviese el final deseado.
Aquel pasillo no había tenido tanta vida antes como la tenía en aquel instante, en el que el ir y venir de técnicos, bailarines y un largo etc. de ayudantes, conseguía llenar de murmullos, comentarios y algunas risotadas las antiguas paredes de madera que los protegían.
Unas conversaciones que procedían de gente que ya conocía y que podía distinguir incluso sin llegar a verlos. Y eso mismo fue lo que le sucedió tras adentrarse en el pasillo que la llevaba hacia el escenario, y en el que tuvo el acierto de encontrarse con dos de aquellos actores que ya formaban parte de su familia.
—Hey, buenos días, Rachel—saludó Matt con una enorme sonrisa.
—Buenos días, Matt—respondía nerviosa, pero no por el chico, sino porque detrás de él era Quinn quien caminaba con paso lento y temeroso hacia ella.
—¿Preparada para la locura? —bromeó el chico.
—¿Yo? No, sois vosotros los que tenéis que estar preparados—respondía sonriente—. Así que vamos, no tardéis que Gio ya está en el escenario para los ensayos, y ahora está más exigente que nunca.
—A sus órdenes, jefa—volvía a bromear el chico que ya la esquivaba y seguía su trayecto por el estrecho pasillo.
Una estrechez que se hacía más patente en ese instante, justo cuando se quedaba frente a Quinn. Se mantenía en silencio, aunque su mirada llena de frustración y dolor lo decía todo. Rachel lo percibió, y sin saber por qué, entendió a la perfección el mensaje que le había dejado Kevin.
—Buenos días, Quinn—saludó serena.
—Buenos días—susurró la rubia bajando la mirada, y dejando que sus piernas la llevasen hacia su destino, llevándola a pasar el peor momento que podría imaginar en su vida; pasar junto a Rachel de forma tan cercana que incluso sus brazos se rozaban, y no poder dirigirle la mirada ni palabra alguna.
Apenas fue un segundo lo que duró aquel leve roce al pasar la una junto a la otra, pero fue suficiente para ambas. Para saber que aquello tenía que tener una solución, que no podían convivir en aquel lugar sin que algo en su interior se quebrase por completo cada vez que se encontrasen. Y fue Rachel la que tomó la iniciativa. Quizás no la que deseaba, pero sí la más acertada para dejar que todo volviese a ser lo que era. Para darle una oportunidad a aquello que su chica le había pedido entre súplicas.
—Quinn—susurró cuando ya se habían apartado varios metros. La rubia no respondió, simplemente se giró y dejó que sus ojos entristecidos la miraran reticentes. No quería volver a discutir—. Creo que tienes razón—volvía a hablar tras tomar una gran bocanada de aire—. Tendrás todo el tiempo que necesites.
Ya está. Lo había dicho. Había sido capaz de destruir sus principios, de dejar a un lado el miedo que aquella palabra le provocaba, y lo hizo por no volver a ser testigo de la pena que inundaba a la rubia.
No sabía si esperar o marcharse, porque no sabía si Quinn iba a responderle de alguna manera, o simplemente le era suficiente con dejar que sus ojos se llenasen de lágrimas. Pero no. Quinn si iba a responderle con lo único que podía decirle en aquel instante y que envolvía todos los sentimientos que se apoderaban de ella. Aunque para ello solo contase con un leve suspiro y el temblor que ocupaban sus cuerdas vocales, dificultándole el habla.
—Gracias—susurró tras dejar escapar todo el aire que mantenía en sus pulmones.
—No me des las gracias—respondía Rachel que ya comenzaba a alejarse—. Solo demuéstrame que no me estoy equivocando de nuevo.
—Te lo prometo, Rachel—balbuceó tras ver como la morena ya se marchaba—. Confía en mí.
