A Josuke no le gusta ir de compras, o más bien, odia acompañar a su madre y el salir con su padre tampoco le trae tan gratos recuerdos, como aquella vez que se gastó todos sus ahorros en cosas para la bebé que apenas habían encontrado.
En esta ocasión, va con el grupo; más aliviado de que la pequeña Jolyne estuviera bien. Tal vez no debería de actuar como una madre preocupada, Jolyne es una niña lista, no se meterá el problemas y por supuesto no se perderá.
En verdad espera que así sea.
Aunque Dio vaya hecho un desastre, camina como si fuera todo un rey, orgulloso de quien es en todo sentido, es la vanidad andando.
Hoy quiere probar los límites de la tarjeta de crédito de su hijo. Quiere pensar que no se aprovecha de Giorno como lo hizo su padre con él y que solo toma lo que merece por darle la vida y los maravillosos dones vampíricos.
¡Ah! Pero no solo quiere cosas para él. Es tan generoso que busca cosas para Jonathan y Joseph que debe lucir decorosamente ese cuerpo joven y viril. Y por supuesto para la pequeña a quien quiere ganarse para que a Jotaro le de un aneurisma del puro coraje.
Prada, Versace, Gucci y Salvatore Ferragamo. Esas son apenas unas cuantas de las tiendas que el grupo liderado por Dio visita. Tiendas con lo último de la moda sobran en Roma y bien que se podría poner una secuencia musical como en Mujer Bonita mientras Dio va de tienda en tienda.
De rato ya tendrían a Dio en pantalón de cuero, botas de tacón alto y una chaqueta con plumas en los hombros; porque no va a ir por Roma comprando ropa en harapos.
Joseph tiene que admitir algo: ya no sabe si Dio es bueno o malo. El cabrón es demasiado carismático y vaya que su apariencia es un buen distractor.
– Aun me cuesta creer que este es el mismo Dio con el que peleamos en Egipto. – Le confiesa a Josuke con discreción.
– ¿Crees que este fingiendo? Estoy seguro que Jotaro san piensa eso; tal vez sólo quiere ganar nuestro agrado, cosa que por lo menos con Jolyne esta logrando. Creo que en un sólo día, Dio le ha puesto más atención que Jotaro san en toda la semana.
– Tal vez lo esté haciendo y sólo espera el momento para apuñalarnos por la espalda. – A estas alturas ni él está tan seguro de eso. – No lo sé, fingiendo o no, lo está haciendo muy bien. A Jotaro le va a dar algo cuando sepa lo bien que se lleva Jolyne con Dio.
– Otousan, quería preguntarte algo desde hace rato, ¿Es cosa mía o Dio salió de casa de Giorno con tu pantalón?
Porque estaba tan seguro de que aquel era el pantalón de su padre como que Jotaro estaría furioso al saber que Jolyne tenía un nuevo amigo. Para Josuke mientras Jolyne no fuera lastimada por ese hombre, podría aceptarlo.
– Erh, si... esos son mis pantalones. Dio los me los robó mientras me bañaba.
Porque esa excusa suena creíble. Que listo sos, Joseph.
Por fortuna Josuke no es Jotaro y le creyó a su padre completamente. Es raro si, pero tampoco tenía razones para dudar. A veces llega a ser un poco ingenuo.
Joseph tampoco es alguien que suela ir de compras, esas son cosas que hace sólo cuando esta con Suzie. Eso no significa que Joseph Joestar no posea buen gusto. No sólo eso, si no que también trae a la mano su propia tarjeta, pero no es algo que vaya a decirle a Dio. Lo que si hace, es comprarle un par de zapatos nuevos a Josuke; sabe que a su hijo le gusta vestir bien y, estando en una de las capitales de la moda el no comprarle algo sería imperdonable.
En un principio Josuke no quiere aceptar los zapatos, son demasiado costosos y nunca ha recibido un regalo así de costoso. Se pregunta si su padre quiere comprar su amor, cosa que no hace falta. Luego de un poco de remilgo los aceptaría y sugiere que a lo mejor si le compra algo a Jotaro, este le podría perdonar cosa que duda pero no pierden nada con intentarlo.
Joseph duda seriamente que Jotaro vaya a perdonarle con facilidad, aunque eso no evita que le compre un par de gabardinas como las que suele usar. Una blanca y una negra con piel de mink, perfecta para el frío de la temporada.
Más tarde están en una tienda de ropa infantil buscando algo para Jolyne. Josuke se recarga contra su padre a las afueras de esta. Confiesa que por lo menos él preferiría pelear con Dio que seguir viendo tiendas, encima Dio les lleva como mulas de carga mientras que él no carga ni una maldita bolsa.
Jonathan no tiene problema con cargar las bolsas. En realidad le alegra ver a Dio llevándose bien con el resto, aun si no aprueba el que se aproveche del dinero de su hijo.
– Jonathan, toma esto. – Le pasa un montón de vestiditos para Jolyne que había escogido. – Vamos a llevar esto – le pasa unos zapatitos – y esto. Jotaro viste a su hija como pordiosera.
Jolyne por su parte no se despega de Dio, dando su opinion en algunos de los vestidos que le compran y, por supuesto, escogiendo como capricho unos hermosos lentes Gucci, aquamarina semi traslúcidos. Sabe que su padre nunca le compraría algo así, mismo motivo para aprovechar.
Dio no le va a negar el capricho a la niña y menos cuando aún no le han rechazado la tarjeta de Giorno, eso quiere decir que aún podrían seguir comprando.
Jolyne sigue revoloteando alrededor de Dio, señalándole cuanto vestido y accesorio bonito encuentre; mariposas y flores son los estampados que más llaman su atención.
Dio sigue siendo un hombre del siglo IXX. Busca cosas discretas para la niña, aunque eso no quiere decir que no le compre lo que ella señale. Por un momento hasta se le olvida que odiaba a los Joestar.
La siguiente parada es una tienda de maquillaje. Joseph no ve motivo para entrar, así que decide esperar afuera del lugar. Josuke tampoco quiere entrar a una tienda de maquillaje, aunque no le molestaría comprarle algo a su madre o a Yukako.
– ¿No te vas a unir a los otros idiotas, Jonathan? – Paras alturas ya se imaginaba a JoJo tan fastidiado como ellos.
– Por ahora no, creo que ellos necesitan un tiempo a solas. – Pero aprovechando que ellos dos se quedan afuera, les ha dejado encargadas las bolsas.
Dio carga a Jolyne sobre sus hombros, así puede ver los productos sobre los mostradores. Jolyne se sostiene practicamente abrazando a Dio. Quiere probar de todo, luego también le comenta que quisiera pintarse el cabello.
– Respuesta incorrecta, Jonathan. Es aquí donde tenías que decir que no hay nada que te guste más que estar a mi lado y yo me reiría de ti pero estaría complacido.
A la pequeña le pasó varios labiales verdes, a él le gustaba mucho ese color. Jolyne prefiere los tonos más claros y chillones
– ¿Tu padre se enojará si te pintas el cabello?
Porque si era así, la respuesta era afirmativa.
– Se enojaría mucho. – Responde a sabiendas que puede aprovecharse de la animosidad entre los dos.
– Ya veo. Bueno, no es que quiera desafiar la autoridad de tu padre pero sin duda no es el mejor ejemplo del buen gusto – suena totalmente malicioso – así que ¿Qué va a saber él?
¡Quién diría que Dio podía tener pasatiempos normales! como comprar ropa.
– Dio...
Jonathan le habla con ese tono de regaño, pero su cara le contradice. Dio toma un labial rosado, sujeta a Jonathan de la barbilla y le pinta los labios para callar su objeción. El labial se siente extraño sobre su piel, pero no aparta la cara. Le gusta verle de tan buen humor por motivos menos sociopatas.
– ¿Tiene algo de malo darle gusto a la niña?
Frunce el ceño, molesto porque a Jojo le queda muy bien el labial sobre sus carnosos labios que lo invitan a darle un beso. Cosa que por supuesto hace sin ninguna pena.
– Hago esto por ti, Jonathan. Te iba a llevar a Japón para que te encontraras con tu familia, estoy cansado de pelear.
No era del todo cierto.
– Dio, la vas a meter en problemas. – Porque no quiere decirle directamente que no quiere que Jolyne sea mal influenciada.
El beso le toma de sorpresa. Este, a diferencia de otras ocasiones, no le parece desagradable. Aun si no cree del todo en lo que dice Dio.
– Otousan no puede decirme nada si llego ya con el cabello pintado.
– Que niña tan lista, te voy a adoptar, Jotaro no te merece. JoJo, es una niñita, ¿En qué problemas puede meterse? No creo que su padre sea de los que golpean niños. Así que sólo se molestará, le saldrán nuevas arrugas de tanto enojarse y tendrá que aceptar el hecho que ahora es un anciano.
Seducir a Jonathan no es como seducir a Joseph. Le ha tomado años apenas lograr robarle un par de besos, pero sigue creyendo que un día lo tendrá a sus pies con toda la voluntad Joestar reducida a nada.
– Además, – su mano recorre su pecho hasta su vientre, de esas veces que son sus uñas filosas las que le recorren por encima de la ropa; – yo quiero que me arreglen las uñas.
Mientras Jonathan es casualmente manoseado por Dio, Jolyne esconde un par de labiales en su vestido. ¿Quién podría pensar mal de un niña inocente?
Los intentos de seducción de Dio eventualmente han de ser exitosos, y el que se esté comportando lo menos patán posible es un gran empuje a su favor.
– No puedes adoptarme, eres un vampiro. – No, su objeción no es porque ya tiene un padre ni nada por el estilo. – Y si me adoptas ya no podría ir a visitar a Josuke oniichan.
– ¿Y si te robo? ¿Eso va más con idea de lo que debe hacer un vampiro? Yo no tengo problema con que veas al del peinado feo, aunque es un insulto a la vista.
– Shhh. Que Josuke oniichan no te escuche, se enoja mucho cuando hablan mal de su cabello. – Se pone los lentes, sin importarle que el que estén en un lugar cerrado y sea de noche.
Luego de elegir el maquillaje más costoso va a pagar para tan sólo para descubrir que ha llegado al límite de la tarjeta.
Ahora necesita otro Joestar acaudalado. Baja a Jolyne y se la deja a Jonathan. La menor hace un puchero al ser bajada; a pesar de eso, se sostiene de Jonathan mientras espera que Dio regrese.
– Toma su mano, no quiero que de pierda.
Eso se lo dice a Jolyne.
– ¿Dio te robó? – Acaba preguntándole a Jonathan una vez estando a solas.
– Podríamos decir que así fue. – Es algo más complicado que solo eso.
Dio tiene en la mira a otro Joestar, sale de la tienda para asaltarlo muy descaradamente, metiéndose entre Josuke y Joseph y registrando la ropa del segundo.
Josuke se recarga contra su padre. Las luces de la ciudad provocaban que la mayor parte de las estrellas no fueran visibles aunque la luna llena estaba presente.
La gente iba y venía, turistas fascinados con las tiendas de la ciudad, Josuke los veía ir y venir, desde hace un rato pensaba que ahora que su padre no fingía estar senil tenían muchas cosas de qué hablar pero no sabía por dónde empezar.
Quería pensar que gracias a su abuelo, la presencia de su padre no le había hecho falta; esa figura misteriosa que había abandonado a su madre sin preocuparse por ella.
No es que Joseph haya querido abandonar a Tomoko, pero lo suyo sólo fue cosa de una noche. Después de su encuentro le perdió el contacto hasta que supo que había tenido un hijo. ¿Habrían cambiado las cosas de saberlo antes? Tal vez, para empezar habría asegurado los mismos cuidados para Josuke que los que tuvo Holly durante su "enfermedad".
Afortunadamente Josuke salió bien, aun sin haber estado con él durante casi toda su vida.
Por otra parte, Joseph aún piensa en la conversación que tuvo con Dio hacía unas horas. Tampoco es como si pudiera pedirle a Josuke que le acompañe a saquear tumbas como una actividad de padre e hijo.
– Puedo enseñarte a pilotear... si así quieres. – Es él quien rompe el hielo, pasando un brazo por encima de los hombros de su hijo. – Es decir— ahora que se puede. Mientras sea de noche.
– ¿En verdad sabes pilotear? Porque me encantaría aprender, a lo mejor hasta te perdono por no ir a los festivales deportivos – agrega con una risa.
– ¡Por supuesto que lo se! Fui piloto durante la Segunda Guerra y he sobrevivido a tres accidentes aéreos. – Dos que él mismo ocasionó.
– ¿Qué? Dime que tú no provocaste esos accidentes.
Como que de pronto se le han quitado las ganas de aprender a pilotear con él. La cara de Josuke es hilarante. Joseph suelta una muy varonil risotada. Sabe que está hablando de más y tal vez aquello no le de una buena imagen a Josuke, pero así es él: le gusta jugarle bromas un poco pesadas con quienes ama.
– Solo provoqué uno. Fue porque el avión fue secuestrado por terroristas; el segundo lo ocasionó un hombre del pilar, pero claro, esa historia ya te la sabes; y el tercero fue por un Stand enemigo cuando salimos de Japón hacia Egipto.
Oficialmente Josuke se va a pensar más detenidamente eso de subirse a un avión con su padre.
– Otousan, cuando las vacaciones de invierno acaben tendré que volver a Morioh y preferiría que no fueras por un tiempo. Mamá aún piensa en ti y si te ve así… ya sabes. Así que podrías enseñarme a pilotear el siguiente verano, ahora quiero aprender el Hamon.
– Bien, te enseñaré el próximo verano, pero para eso y evitar a tu madre tendras que salir de Morioh. ¿Y si esta vez vienes a Nueva York?
– Nueva York me parece bien pero voy a llevar a Okuyasu, no me va a perdonar que lo deje abandonado de nuevo en vacaciones.
– Claro, puedes llevar a Okuyasu contigo, o a quien quieras. Incluso a tu otro amigo, el mangaka.
– ¡Rohan no es mi amigo! Sólo le hablo porque tenemos a Koichi en común ¿Porqué piensas que es mi amigo? No es mi amigo, ese tipo me odia y es un cretino.
– Pensé que lo era, en vista que estaban trabajando juntos con el caso de Kira.
– ¡Eso sólo fue un asunto profesional y nada más! ¡Nunca seremos amigos!
Aunque por lo menos tres veces por semana iba a su casa a interrumpir su trabajo. Rohan hasta la fecha aún no sabe cómo fue que Josuke hizo trampa.
Joseph no le cree nada a Josuke pero le deja pasar eso. Por como lo hace sonar Josuke, Rohan sonaba un poco como Dio, sin la parte de ser un psicópata.
– ¿Dio que mierda—?
Y ese mismo psicópata, casi como si hubiese sido invocado, llega para literalmente meterse entre ellos dos y darle una manoseada a Joseph. Josuke le grita que deje de molestar a su padre, Dio lo ignora como a Joseph y cuando da con la cartera, le da un buen apretón en la entrepierna a Joseph como agradecimiento a su tan grandiosa contribución.
– Es sólo un préstamo, Joseph, te lo pagaré después.
Spoiler: no lo hará. No monetariamente, eso era seguro, pero consideraba que luego de un par de folladas se le iba a olvidar la deuda.
Josuke habría deseado no estar tan cerca para ver o escuchar eso, aunque siendo honestos no lo entendió del todo.
– ¡Carajo, Dio!
– Cállate Joseph, las personas nos están mirando raro y no pienso pasar un ridículo por tu culpa.
– Lo hubieras pensado antes de gastarte el dinero de tu propio hijo. – Miren quien habla.
– ¡Pero si tú eres quien esta tocado a otousan de forma rara!
– No hice nada que no le gustara a este hombre. – Y dicho eso volvió a la tienda a pagar.
La indignación es cada vez mayor, su rostro está cubierto de rojo aun después que Dio les ha dejado a solas. Carajo, eso debía quedarse en la habitación.
– Otousan…
– Bastardo, creyendo que puede tocarme así aparte de quitarme la cartera.
La otra técnica secreta de los Joestar: hacerse pendejo. No va a negar ni afirmar nada, uno de los dos debe de mantener el trato de "lo que pasa en la cama se queda en la cama."
Josuke no da crédito a lo que ha visto y ha oído ¿Acaso su padre no podía mantener los pantalones en su lugar o Dio solo decía por molestar? Decidió no preguntar más y ser cómplice de las infidelidades de su padre.
Y así Dio volvió a la tienda de forma impune a pagar con el dinero de Joseph Joestar.
Luego de la tienda de cosmésticos, el último destino sería algún glamoroso local donde pudieran pintarle el cabello a Jolyne y arreglarle las uñas.
La tarjeta de crédito de Joseph permanecería en custodia de Dio. Joseph puede dar por perdida la tarjeta, toma nota mental de cancelarla más tarde.
Hay dos cosas de las que Joseph Joestar está seguro: la primera es que Josuke ya ha de darse una idea de lo qué pasó entre él y Dio, la segunda es que a Jotaro le va a dar algo al ver a Jolyne con el cabello pintado.
Pero, independiente a el muy posible enojo de Jotaro, Jolyne se ve satisfecha con su cabello, ahora mostrando varias mechas teñidas de verde fluorescente que combina con el labial que ella misma se robó de la tienda de maquillaje.
– ¿Podemos ir a cenar después?
– Tal vez, si me lo piden de buen modo.
– No vamos a pedirlo, si soy yo quien está pagando de todas formas.
– ¡Pero que generoso eres, Joseph! Nos estas invitando a cenar.
– ¡Nosotros ni siquiera necesitamos comer!
Y si, ahora Joseph tendría que pagar por la cena en algún buen restaurante que Dio iba a escoger sin consultarlos. Por lo menos tenía buen gusto y alrededor de las nueve de la noche, los cinco estarían cenando frente a una de las tantas concurridas plazas de Roma.
Joseph no tiene inconveniente con pagar la cuenta, a él también le gusta darse sus lujos y tiene el dinero de sobra para eso.
Aún si Dio no necesitaba comer, pidió un buen vino y un filete, casi crudo para que le supiera a algo. Joseph se pide lo mismo que Dio, mientras que Jonathan se conforma sólo con el vino y Jolyne pide un pastel de chocolate porque para ella eso es una cena de lujo.
– Si ustedes no necesitan comer pudimos ir a cualquier otro lugar, no me habría molestado una hamburguesa y una soda, estoy seguro que a Jolyne tampoco.
– A veces hay que consentirnos, Josuke.
– Si bueno… – suspira resignado; tal vez la seriedad de Jotaro se le estaba contagiando. – Son vacaciones, es verdad, aunque Jotaro san diga que no lo son.
Al final Josuke también se pide algo del muy costoso menú y aunque no esta acostumbrado al alcohol, también prueba aquel vino.
Si Jotaro viera que le están dando de cenar a su hija, los mataba.
– ¿Cómo pueden vivir con un hombre que parece estar en un estrés constante?
– Dio, no está bien que hables asi de tu tataranieto. – Aunque Jonathan está de acuerdo con que Jotaro parece estar estresado las 24 horas.
– Para empezar no digo nada que no sepan. Además, Jotaro no me considera parte de esta familia, no se merece ninguna consideración de mi parte.
– Esa es la cosa: nosotros no vivimos con él.
– Yiyi vive con Suzie y Shizuka, y Josuke oniichan con su mamá en Morioh. – Responde Jolyne mientras come de su pastel. – Otousan viaja mucho... – Y gran parte del tiempo ella la pasa bajo el cuidado de Holly.
Honestamente Dio esta sorprendido. Se imaginó que esa familia vivía toda junta, incapaces de ir a algún lado sin el otro pero para su sorpresa son bastante normales. A pesar de las situaciones que rodean a la familia Joestar, ellos siguen viviendo sus vidas de la forma más "normal" que les sea posible. Y Jotaro suena como un mal padre, cosa que celebra, sirve muy bien para sus fines.
– Sé que Suzie es la esposa de Joseph, ¿Quién es Shizuka?
– Es la hija adoptiva de otousan.
– ¿Y porqué eres japonés si la esposa de Joseph es italiana? – Esas cosas las sabe porque investigó a Joseph y al resto de los Joestar cuando estuvo con la vieja Enya. – No me digas que… oh, ya veo. Eres el bastardo de Joseph.
– ¡Eso suena horrible! Pero si... eso soy.
La cara de Jonathan es todo un poema al enterarse que Joseph le fue infiel a su esposa. Porque ya no es sólo saber que Joseph fue un padre desobligado, ahora también había que agregarle la infidelidad.
– Joseph, ¡¿Como pudiste?!
Una vez más, Joseph se niega a dar justificaciones a lo que hizo. Diría que era joven y estúpido pero en ese tiempo ya no era tan joven.
– Josuke es mi hijo, tanto como lo son Holly y Shizuka.
A pesar de la hora el lugar estaba lleno de vida, incluso un grupo de monjas parecía llevar de excursión a un grupo de niñas de la edad de Jolyne. Todas con el mismo uniforme y unos abrigos color rojo.
Jolyne voltea hacia la calle, se siente observada. Su mirada se cruza con el grupo de niñas jugando, se ven más interesantes que los adultos hablando sobre las infidelidades de Yiyi. Baja cuidadosamente de su asiento, llevandose consigo lo que queda de su pastel y se escabulle hacia la calle.
Desde hace un rato, una niñita del grupo que jugaba en la plaza mira a Jolyne, a su pastel en particular, se ve sumamente apetitoso.
Así que mientas discuten la pésima paternidad de Joseph, se olvidan un momento de la pequeña que llevan consigo. De nuevo.
– Pero eso no cambia que es tu bastardo ¡Ah! ahí va el buen nombre de la familia Joestar, apuesto a que no es el único que tienes.
Y sino fuera porque Jonathan no lo perdonaría, Dio mencionaría que se lo acaba de coger. Porque hay hombres que sólo quieren ver arder el mundo y Dio es uno de estos.
– Otousan, no tiene más hijos por ahí, ¿Verdad?
– No tengo ningún otro, ¡Por si les queda la duda!
– Eso quiero creer. – Pero a veces le cuesta un poquito creerlo.
– Además, ¿Me van a venir a hablar de bastardos? Porque si no mal recuerdo ustedes dos también tienes uno, hasta donde sabemos.
– Si, Giorno es nuestro bastardo, pero no fue concebido mientras yo estaba vivo.
– En mi defensa, pensé que esos detalles como concebir eran imposibles; después de todo somos cadáveres andantes. Pero fue una grata sorpresa
– Seguro hay más gratas sorpresas por ahí.
– No lo sé, supongo que el número de hijos que nosotros tres tenemos probablemente sea un misterio. Por lo menos yo no los voy a negar como Joseph lo esta haciendo.
Eso dice ahora. Quizás los años permitan que sus caminos se crucen y Dio tenga toda la oportunidad de negar a sus otros bastardos.
– Apuesto a que hiciste muchas otras cosas en Egipto aparte de planear nuestro homicidio. El caso es que, sin duda quien ha de tener varios hijos regados por el mundo no soy yo.
– No quiero saber, por favor. – Nope, Jonathan no quiere ni imaginar para qué usó Dio su cuerpo. Hasta rellena su copa con tal de evitar el tema.
– Lamento decirte que los Joestar no son el centro del universo. Tenía apetitos como cualquier hombre ¿También les ofende que me haya divertido?
Dio sabe que Jonathan no quiere oír sus indecencias y solo por eso le dan más ganas de contarlas. De derramar sangre entre ellos a hablar de sus aventuras sexuales hay una gran diferencia y quizá es lo mejor, no serán amigos ni una familia excelente y Dio tiene muchos deseos de continuar con sus antiguos planes pero de momento funciona.
Jonathan se siente sucio de solo pensarlo, a este paso acaba siendo él quien vacíe la costosa botella de vino. Al ver la botella vacía, no duda en pedir una más.
Joseph por su parte prefiere esto a tener que lidiar con Dio intentando asesinarlos de nuevo.
– ¡No se pongan a hablar de cosas raras frente a Jolyne!
El sexo parece ser suficiente para limar las asperezas que se han dado entre la familia Joestar y Dio desde hace ya más de un siglo, aun si el tema incomoda enormemente a Jonathan.
Eso, hasta que Josuke menciona a Jolyne y entonces es cuando tanto Joseph como Jonathan se dan cuenta que la pequeña no está. Lo primero que hace Josuke es buscarla bajo la mesa sin éxito.
Joseph inmediatamente se levanta para buscarla, gritando su nombre. Josuke se levanta de la mesa, le pregunta a los meseros por la pequeña niña que iba con ellos, hasta se mete al baño de mujeres a buscarla.
Tampoco está ahí.
– No lo puedo creer, son vampiros, usen su olfato para encontrarla – él lo hace y por lo menos en los alrededores no la huele.
– Demasiada gente, no logro hallarla. Paga la cuenta, Dio. Iremos a buscarla.
Joseph se adelanta para salir del restaurante; su no está tan entrenado como para poder encontrarla. Jonathan le sigue de cerca pero ninguno de los dos ve señales de Jolyne por la calle.
– Oh fuck.
– La vamos a encontrar, no hay de qué preocuparse. ¿Qué tan lejos puede llegar una niña pequeña?
Jonathan no tiene ni idea.
– Tenemos que hallarla antes que Jotaro se entere.
Si Jotaro no los mata, seguro Holly lo hará. Cual sea de ambas opciones es aterradora.
Dio no dice nada, aún cree que hallarla no será muy difícil, tal vez solo este a unas calles, la encontrarán. Josuke ya esta a media plaza gritando el nombre de Jolyne, se ayuda de Crazy Diamond.
Algo es seguro en la plaza ya no está.
Joseph quisiera tener una pantalla a la mano, tal vez así podría hallarla usando a Hermit Purple, pero al no tener nada de eso, no le queda más que seguir gritando su nombre.
– ¡Ay no esta en ninguna parte! ¡Perdimos a Jolyne! ¡ahora si la perdimos!
– ¿Perdimos? Tú eres el niñero, nosotros no.
– Dio, nosotros estábamos con Jolyne, también es nuestra responsabilidad. - Si, Jonathan se va a echar parte de la culpa, a fin de cuenta la pequeña había pasado un buen rato con ellos dos.
– ¿Porqué solo me consideran parte de esta estúpida familia solo cuando hay problemas?
Todos tienen la culpa lo acepte Dio o no.
– Porqué te deslindas de la familia cuando hay problemas.
– A veces me da vergüenza decir que estamos emparentados.
– ¡Jotaro san va a matarme!
Cuatro hombres perdieron a una pequeña niña; de los cuales tres tienen el olfato lo suficiente afinado como para poder rastrearla y uno posee un Stand útil para ese tipo de cosas. Jotaro no va a dar crédito a su ineptitud.
– Jotaro nos va a matar.
– Yo no le tengo miedo a Jotaro. Además es viejo y lento, podría vencerlo con facilidad.
– ¡EL PUNTO NO ES SI LE PUEDES GANAR O NO, JOLYNE ESTA PERDIDA! – Josuke ha llegado al borde de la histeria. – ¿Y SI LE PASA ALGO? ¿Y SI ALGUIEN MALO SE LA LLEVA?
– Como siempre, yo, Dio, tengo que solucionarlo todo. – Rueda los ojos. – Nos dividiremos, la encontraremos antes de volver con el amargado de su padre.
El plan de Dio es bueno, en realidad es la única opción viable de momento, así podrían abarcar mayor espacio en el menor tiempo.
– Entonces nos dividiremos y volveremos a este punto, – Ok, bien, aquella idea parece calmar un poco a Josuke, suficiente para que deje de gritar. – Tal vez no se ha ido tan lejos...
– Si se pierden a ustedes no los voy a buscar. Jonathan no te pierdas, estas usando mi cuerpo de repuesta.
De alguna forma le dice que se cuide.
– No me voy a perder, Dio. Y si me pierdo siempre puedes hallarme por mi olor, ¿No es así? No hay forma que pueda escaparme de ti.
Y eso, increíblemente, ya no suena a uno de los reclamos que usualmente le hace.
Jonathan tiene razón, si a alguien podría encontrar sin importar a dónde se metiera sería a Jonathan, son uno solo al fin y a cabo. Dio sigue pensando que hallar a la niña no será difícil pero luego de andar por algunas calles se da cuenta que no es así.
Como siempre, piensa en qué pasaría si por otro lado nunca la encuentran. El sufrimiento de Jotaro le sabe a gloria, le hace ilusión pensar en él devastado por la pérdida de su hija. Quiere pensar que sigue buscando a la niña porque le es de utilidad no porque él siente un poco de empatía por ella.
Jonathan trata de no pensar en la facilidad con la que Dio puede hallarle, no cuando tiene que usar esas mismas habilidades para encontrar a una niña pequeña.
Josuke no espera a ver si dicen que si o si no, el echa a correr en dirección al norte de la plaza.
Dio sospecha que por lo menos Josuke y Jonathan van a acabar perdiéndose.
Dio se va en dirección al sur, sigue pensando que la niña no ha ido lejos. Josuke se adelanta al norte y Joseph hace lo mismo yéndose hacia el este.
Jonathan es el último en partir, yendose de lado del oeste de la plaza. Trata de recordar el camino de vuelta para evitar perderse, porque no piensa darle la razón a Dio.
El problema es que Jonathan no tiene buen dominio de esas habilidades y, a pesar de haber pasado toda la tarde con la menor, no logra distinguir su aroma entre la multitud.
En otras palabras menos caballerosas: está jodido.
