Ojeras.
Eso era lo primero que vio cuando se miró al espejo por la mañana. Sus ojos verdes estaban siendo opacados por unas feas marcas negras bajo ellos. No había dormido en toda la noche por culpa de lo acontecido con Otabek y por eso ahora estaba muriendo de sueño y su humor era de perros.
Después de haber conversado con el kazajo en aquel hermoso mirador fuera de la ciudad, habían vuelto a casa ya cubiertos por la noche. Yuri en el momento que bajó de la motocicleta entró de inmediato a la casa sin responder a las palabras de despedida del mayor y sin mirar a su abuelo se fue a su habitación para no salir hasta el amanecer.
No había llorado más. Aquella conversación con Otabek lo había dejado tan confundido que no sabía cómo debía sentirse. Se sentía completamente rechazado sin embargo al mismo tiempo no. No comprendía para nada al kazajo.
—Buenos días, Yuratchka —saludó su adorado abuelo cuando bajó a desayunar. Yuri notó como el mayor se daba cuenta de su mala cara y sabía que no iba a liberarse de lo que le diría, por eso simplemente se sentó en silencio frente a su comida ya servida—. ¿No lograste dormir nada? Anoche cuando llegaron te fuiste de inmediato a tu recamara, al parecer no se arreglaron las cosas con Otabek, ¿verdad?
Se movió algo inquieto en la silla y bajó la mirada para ver a como Potya mecía la cola al aire escuchando todo lo que acontecía. No quería hablar de aquello. Sentía que había pensado tanto en todo que ya las palabras se desvanecieron en su interior. Odiaba preocupar a su abuelo, sin embargo esta vez tenia presente que era mejor ocultarle la verdad o las cosas se pondrían peores… Ahora que lo pensaba, ¿qué opinaría él al saber que le gustaba Otabek?
Remojándose los labios de forma nerviosa se encogió de hombros para tomar una tostada.
—Estamos bien… creo —murmuró sin estar para nada convencido. En esos momentos de verdad no sabía que tenía con Otabek, ¿estaban bien?, ¿mal? Pensara cuanto pensara no llegaba a una conclusión.
—Pues todo de ti dice lo contrario —observó Nikolai seriamente sentándose a su lado.
No queriendo mentirle más a su abuelo prefirió terminar su leche de forma rápida y levantarse para irse a la escuela con la excusa de que debía hacer algo importante antes de clases. Salió de la casa despidiéndose de ambos y sin colocarse audífonos pues los había olvidado en su velador, caminó hasta la estación con los ánimos por el suelo. Recordaba vivamente la conversación que tuvo con Otabek el día anterior, seguía muriéndose de vergüenza por todo lo que hizo de forma impulsiva pero no se arrepentía. El haber desvelado todo su sentir lo tenía tranquilo como sorprendido. Nunca pensó llegar a admitir aquello que ya llevaba mucho tiempo negándoselo de forma fuerte. Tampoco había pensado que al dejarlo ir sería rechazado de inmediato haciendo que su corazón se rompiera de la peor forma.
"También me gustas"
Recordó esas palabras de Otabek y se sonrojó de inmediato. ¿Qué habían significado? No lo comprendía. ¿A qué clase de gustar se refería?
"Pero por ahora solo te puedo ofrecer esto… mi amistad"
¿Qué se suponía que debía hacer con eso?
Agarrando un puesto vacío se sentó y maldijo no tener sus audífonos para ahogarse en música. Encontraba que todo lo ocurrido con el kazajo era tan confuso que se sentía perdido. Nuevamente se preguntó en qué punto estaban, seguían siendo amigos, ¿verdad? Al pensar eso sintió su pecho oprimirse. Aquella palabra para ellos ya no le gustaba para nada, sin embargo sabía que debía conformarse solo con ella.
Miró de manera amenazante a un tipo que se paraba frente a él que lo veía de forma muy insistente. Como andaba tan enojado con todo juró por su gato que si aquel bastardo le decía cualquier cosa lo iba a moler a golpes sin llegar a medirse. Ya estaba cansado de toda la mierda que le pasaba. Ignorando la asquerosa mirada de ese tipo siguió cavilando en sus pensamientos y llegó a congelarse cuando recordó que debía ver a Otabek en la tarde, en el club.
¿Qué iba a hacer?, ¿cómo enfrentarlo después de lo ocurrido? A pesar de que el kazajo le había dicho que su relación de amistad no se había dañado con su confesión, Yuri no lo creía así; sentía que algo muy grande entre ellos había cambiado por lo tanto el trato que se tenían antes ya no iba a ser el mismo. ¿Cómo iba a verlo nuevamente a la cara? Moría de vergüenza con tan solo pensar en estar cerca de él y hablarle… no sentía el coraje para hacerlo, además estaba muy herido. Temía largarse a llorar frente al kazajo y así incomodarlo más… odiaba tanto ser tan débil con él.
Cuando llegó a la escuela se encontró a Yuuri en el salón. Su amigo asiático se le acercó con una expresión seria y Yuri supo de inmediato que venía.
—Yuri, ¿puedo hablar contigo a la hora del almuerzo? —preguntó Katsuki sin demostrar expresión en su rostro.
—Claro —respondió Yuri agradeciendo que hubiera un par de horas antes de tener que enfrentarlo.
El tema iba a ser su rechazo hacia Yuko, eso lo tenía presente y comprendía que Yuuri como familiar de ella iba a estar molesto. Al sentarse en su puesto sonrió con algo de ironía y tristeza. Quizás el dolor que sentía ahora era su karma por haberle roto el corazón a ella. Encontró increíble cómo se devolvían las cosas en la vida.
Las clases las encontró tan pesadas que al acabarlas tenía todo el cuerpo tensado. Su mandíbula que la había estado apretando por todas las horas le dolía y ya no creía ser capaz de comer sin sentir dolor en ella. A la hora del almuerzo se levantó sin ánimos de nada y tomando su comida se fue junto a Yuuri para calentarla y luego irse a un lugar apartado para conversar. En todo ese trayecto se preguntaba que debía decirle exactamente, no quería contarle su historia fallida con Otabek, sin embargo no lograba inventarse nada para que comprendiera el actuar con su prima. Yuri al sentarse en una silla de un salón vacío junto a Yuuri, comprendió que lo mejor era ir con la verdad aunque le doliera y lo avergonzara.
—Yuko me contó que la rechazaste —dijo directamente Yuuri sin esperarse a nada.
Plisetsky se sorprendió por la actitud tan directa del japonés, Yuuri normalmente era alguien tímido e inseguro que le costaba soltar palabras, sin embargo esta vez parecía otra persona, su mirada determinada lo intimidó levemente.
—Hum… sí —respondió Yuri moviendo la albóndiga que tenía en su pocillo con su tenedor. No tenía nada de hambre, pero debía comer o su abuelo lo regañaría.
—Porque te gusta otra persona… —recalcó Katsuki. Yuri asintió—. No comprendo. Sí te gusta otra persona, ¿por qué ilusionaste a Yuko?
Sintió un pinchazo en su interior. Con las simples palabras de Katsuki podía adivinar que ella había quedado muy mal por lo ocurrido. Nuevamente se sintió la peor persona del mundo.
—Yo no la ilusioné… Bueno sí, pero nunca fue mi intención hacerle daño —confesó Yuri ya no teniendo fuerza para mantenerse callado—. Ella de verdad me gustó, la encuentro muy linda y es una buena persona… Sin embargo me di cuenta que tengo sentimientos muchos más fuertes por otra persona, es algo complicado, pero debes saber que jamás quise que ella saliera lastimada, yo de verdad deseé en su momento tener algo con Yuko…
El rostro de Katsuki se suavizó con esas palabras sinceras. Yuri desvío la mirada al sentirse vulnerable, jamás pensó conversar así con él.
—Ya veo… aun así, si estabas confundido con algo no debiste hacer nada con Yuko, ella —pareció dudar—, de verdad te quiere.
Se sonrojó por eso. Sabía el sentir de Yuko y se odiaba por no poder corresponderle como ella lo merecía, si tan solo pudiera quererla como deseaba las cosas serían tan fáciles y ahora no tendría ese dolor en el pecho; estaría muy feliz junto a ella en vez de estar sufriendo por un corazón roto.
—Lo sé… pero es que no pude evitarlo. Yo quería aferrarme a Yuko porque no quería admitir que me gusta… —se enmudeció comenzando a sentir las manos sudorosas. Su corazón comenzó a latirle con fuerza, ¿estaba bien contarle a él? Llegó a la conclusión que sí, después de todo él sabía cosas de Yuuri que otros no. Además el nipón a pesar de su torpeza y timidez era digno de confianza.
—¿Yuri? —lo llamó Katsuki preocupado—. ¿Te encuentras bien? Tienes los ojos llorosos.
El nombrado se llevó su diestra a sus ojos sorprendido, no se percató que tenía ganas de llorar por estar tan metido en su pensar.
—N-No es nada —aseguró el ruso.
—¿Estás seguro? —en ese instante el semblante duro de Katsuki despareció para volver a ser el inocente y torpe que Yuri conocía. Se sintió en más confianza.
Negó moviendo la cabeza. Necesitaba desahogarse con alguien y no sabía con quién, no tenía a nadie más que a su molesto compañero de clase por eso decidió tragarse el orgullo que lo caracterizaba y abrir la boca.
—A mi… a mí también me rechazaron… —confesó Yuri apretando sus manos en puños, mirando directamente la mesa sin atreverse a ver a su contrario.
—¿También? —inquirió asombrado Katsuki. Yuri se mordió la lengua para no soltar nada pesado, no tenía ganas de pelear con nadie—. ¿Fue la persona que te gusta?
Movió la cabeza de forma afirmativa apretando los labios.
—Sí… —habló con la voz pequeña por eso hizo sonar la garganta—. Yo le dije lo que siento y creo que todo fue para peor. Hum, ahora no sé cómo verlo a la cara. Mejor me hubiese quedado callado con todo...
Katsuki lo quedó viendo mucho más sorprendido y Yuri se mordió la lengua.
—¿Verlo?, ¿hablas de un hombre? —preguntó muy sorprendido, como si le hubiera dicho el secreto más impactante del universo.
Volvió a sonrojarse. Dibujó en su semblante una mueca de molestia dejándose ver muy enojado, sin embargo logró controlar su temperamento ya que en estos instantes la tristeza fue mayor.
—Sí, hablo de un hombre —"y que hombre…", pensó Yuri sin poder evitarlo.
Su compañero pestañeó varias veces sin creérselo. Yuri al ser víctima del silencio enfrentó la mirada oscura de su amigo y se asustó cuando Katsuki se levantó precipitadamente de la silla apoyando de forma pesada sus manos en la mesa.
—¡¿Eres gay?! —soltó Yuuri notablemente boquiabierto.
—¡No soy gay! —fue el turno de Yuri para levantarse y golpear la mesa.
Se quedaron viendo de forma tensa por unos segundos, ninguno hacía un movimiento.
—Pero dijiste que te rechazó un hombre, entonces te gusta un hombre…
—¡Sí!, ¡pero eso no quiere decir que lo sea! —se defendió Yuri alzando la voz. Sus mejillas las tenía incendiadas y todo su cuerpo temblaba. Vio como Katsuki lo veía extrañado y se dio cuenta que sus palabras eran tontas—. Bu-Bueno… —se enderezó e hizo sonar la garganta—. Quizás solo lo sea… un poquito… nada más.
—¿Un poquito?
Dudó si proseguir con aquella extraña conversación, sin embargo al ver que Katsuki no lo dejaría en paz hasta aclarar todo, se armó de valor —el cual lo sacó de algún lugar— y reanudó.
—Sí… No puedo considerarme… gay, si antes nunca me llamaron la atención los hombres... A mí solo me gusta Beka —confesó temiendo que su rostro explotara por lo caliente que se encontraba.
Al acabar de hablar quiso taparse la boca deseando tener un poder para que las palabras volvieran al encierro de sus labios o por ultimo poder tener la habilidad de borrar la memoria. Ahora sí que se sentía vulnerable frente a Yuuri, le había confesado su mayor debilidad por el momento y no tenía ni la más mínima puta idea como proseguir con aquella conversación. Quería irse del lugar y esconderse en algún sitio lejano. Seguía siendo difícil confesar aquello.
—¿Otabek? —inquirió atónito el nipón dejando más incómodo al ruso.
—Shh —lo hizo callar de inmediato mirando hacia la puerta cerrada, era imposible que alguien los oyese a menos que entrara, sin embargo Yuri no quería arriesgarse a más problemas—. No te veas tan sorprendido, estúpido Katsudon —se cruzó de brazos fingiendo indiferencia al tema.
—Es que Yuri —Katsuki se paró frente a él haciendo notar la diferencia de altura entre los dos. Yuri gruñó en silencio por eso, odiaba ser más bajo que el japonés—. Tú antes me habías dicho que no te gustaba Otabek… ¿Recuerdas que yo pensaba que eran pareja?
—¡Huh!, ¿cómo olvidar aquello, idiota? —refunfuñó volviendo a sonrojarse al recordar las palabras de Katsuki que en ese tiempo le parecieron tontas. Bajó la mirada y se mordió un labio al pensar que ahora le gustaría con mucha fuerza que aquel pensamiento que tuvo el japonés en el pasado fuera verdad.
—Entonces, ¿Otabek te ha rechazado?
Persistió en el silencio. ¿Para qué le preguntaba aquello si ya se lo había dicho? Le dolía recordarlo. Miró a su amigo y contuvo las ganas para no golpearlo como siempre lo hacía, después de todo era normal que Yuuri no pudiera asumir la noticia tan rápidamente; él tampoco se había tragado del todo el enamoramiento del japonés dirigido al profesor que más detestaba en la vida.
—Sí, y ya deja de preguntar —murmuró Yuri frunciendo las cejas a la vez que hacía caso omiso a la pena que permanecía en su corazón. Ya no quería llorar más. Había botado suficientes lágrimas para abastecer un lago seco—. Es por eso que tuve que rechazar a Yuko… Ya que por un segundo, ingenuamente creí que el tonto de Otabek me iba a corresponder, pero me equivoque —apretó sus manos en su ropa sintiendo sus ojos humedecerse en contra de su voluntad—. No lo comprendo, Katsudon… él me dijo que yo también le gusto pero aun así me rechazó… —agachó la mirada ya no pudiendo aguantar su tristeza.
No quería que Katsuki lo viera de esa forma tan miserable, sin embargo no pudo seguir mostrando su máscara de indiferencia y rudeza con el dolor y la confusión que poseía dentro.
Sintió la mano liviana de Katsuki sobre su hombro izquierdo. No necesitó que su contrario le dijera algo, pues él sabía que Yuuri también estaba viviendo de alguna misma forma su dolor. El dolor al rechazo, el sabor de la incertidumbre.
Aquel apoyo silencioso fue suficiente para poder aguantar lo que quedaba de jornada.
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Faltando treinta minutos para que la última clase se acabara Yuri levantó la mano para pedir permiso al baño. Al salir con consentimiento de la maestra caminó por los pasillos solitarios, ya que todos estaban en clases, y al llegar a la ventana que dejaba ver la entrada cerrada de la escuela, Yuri sacó su móvil y buscó el contacto de Otabek. Pensó en mandar un mensaje para hacer las cosas rápidas y simples, pero eso le sonaba a cobardía y no le gustaba.
Suspirando profundamente marcó al kazajo y se colocó el móvil en la oreja preparado para hablar. Lo que le diría a Otabek ya lo tenía pensado de hace horas, y aunque le doliera necesitaba decírselo.
—Yura —la voz de Otabek hizo presencia después de dos tonos de marcado. Yuri con solo oírlo sintió como su corazón se enloqueció—. ¿Cómo estás?, ¿estás aún en clases?
Apretó los dientes, la conversación de la tarde anterior volvió a su mente y controló la frustración que percibió en ese segundo.
—Estoy bien y sí, todavía en clases —respondió aparentando estar tranquilo e indiferente, su voz la agravó dejándose sonar como si no fuera él. Yuri al percatarse de eso aclaró la garganta no queriendo revelar su sentir. Tenía que tener cuidado, Otabek lo conocía muy bien.
—Yura, yo… —siguió el moreno, no obstante Yuri lo interrumpió estando consciente que no debería demorar mucho.
—Otabek no quiero que me vengas a buscar más —sentenció con los ojos fijos en la entrada. Recordó las muchas veces cuando veía a Otabek allí esperándolo con su hermosa moto. Movió la cabeza para alejar aquella memoria.
—¿Qué dices, Yura? —el kazajo se escuchó un tanto contrariado. Yuri se llevó su mano libre a su pecho—. ¿No quieres entrenar más?
Al ver que sus palabras podían ser mal entendidas se apresuró en hablar.
—¡N-No es eso! —soltó un tanto fuerte que se enmudeció unos segundos mirando para los lados—. Sí quiero seguir entrenando... solo que no creo que sea necesario que me sigas viniendo a buscar. Puedo ir solo, me conozco el camino y además ya no quiero molestarte más.
Nuevamente el silencio entre ellos lo hizo sentir incomodo, culpable y asustado.
—¿Estás seguro que quieres eso? —la pregunta del kazajo lo hizo dudar un poco, sin embargo de inmediato alejó ese sentir.
—Sí, estoy seguro... Es lo mejor —afirmó apretando sus dientes.
Cerró los ojos notándose muy liado. Por un lado necesitaba que Otabek accediera sin problemas pues no se sentía capaz de enfrentarlo tan luego, y por otro lado deseaba que se negara por completo y que se apareciera con Bestia negra del infierno polar afuera como todos los días. No tenía muy en claro que le gustaría escuchar de la boca de Otabek.
—Tú sabes que no me molesta para nada ir a buscarte, Yura… pero si es eso lo que quieres lo respetaré —dijo Otabek con un notable decaimiento en la voz.
Yuri abrió los ojos percibiendo un nudo en su garganta. Las palabras de Otabek nuevamente hacían que su interior se confundiera. Algo agradecido como decepcionado pensó que ya debía volver a clase.
—Gracias…
—Entonces… Nos vemos en el club —se despidió Otabek sonando algo dudoso, sus últimas palabras parecieron más a pregunta que a afirmación.
—Sí. Nos vemos allá —afirmó Yuri para quedarse por unos segundos con el móvil pegado en la oreja sin decir nada. Solo lograba escuchar el rápido latir de su corazón.
—Bien. Por favor cuídate. Nos vemos.
Yuri cortó la llamada dejando salir el aire contenido en sus pulmones. Haber hablado esos cortos minutos con Otabek habían sido raros y difíciles. No sabía ahora como rayos lo iba a enfrentar en el club cara a cara.
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Después de una hora llegó al club de boxeo. Había viajado con el metro lleno y eso lo tenía un poco estresado. Necesitaba pegarle a algo ya, sin embargo aquel deseo duró poco al cruzar la puerta de vidrio viendo todo el panorama. El sitio parecía completamente normal; visualizó a unos metros más adelante a su derecha a Jean junto a Michele haciendo sombra frente a los espejos. Se quedó algo admirado al ver la rapidez de sus movimientos, pero rápidamente despegó sus ojos de ellos y caminó hasta adentro fingiendo seguridad. Confianza que era falsa, ya que temía ver de forma rápida a Otabek y así volver a sentirse indefenso y pequeño frente a él.
Avanzó pasando entre todos buscando disimuladamente a Otabek, sin embargo sus pasos se vieron interrumpidos cuando chocó sin querer con un saco de boxeo estático.
—Maldición… —murmuró por lo bajo separándose del implemento rezando para que nadie hubiese visto su torpeza al andar caminando distraído.
—Ese es un punto para el saco —una voz conocida le vino de atrás y con el corazón en la garganta se dio la vuelta casi perdiendo el equilibrio, sin embargo rápidamente lo retomó. Vio como Leo con su sonrisa amable de siempre se acercaba a él. Vestía ropa normal por lo que concluyó que recién llegaba al club—. Debes estar más atento, Yuri.
Algo avergonzado del pequeño percance que sufrió segundos atrás, retomó su postura erguida y dirigió sus jades ojos al latino. Vio como la sonrisa calmada de Leo desapareció lentamente al mismo tiempo que quedaban frente a frente.
—Traes mala cara —comentó Leo notándose preocupado. Yuri no queriendo revelarle nada simplemente se encogió de hombros.
Leo después de unos segundos miró a su alrededor para a continuación volver a ver al menor.
—¿Estás solo?, ¿dónde está Ota? —preguntó Leo con algo de persistencia.
—No lo sé. Me vine solo esta vez —respondió Yuri volviendo a fingir indiferencia.
Sin querer alargar más la situación se dio la vuelta y caminó hasta los vestuarios. Él también se preguntaba dónde estaba Otabek, pero no tenía la más mínima intención de mostrar interés.
—¿Te has venido solo? —preguntó Leo siguiéndole el paso.
Yuri le iba a responder cualquier cosa a la vez que abría la puerta de los vestuarios, no obstante su voz nunca abandonó sus labios ya que sus ojos se encontraron como si se tratara de un hechizo con los del kazajo, el cual estaba con su remera negra en las manos lista para ponérsela y tapar la desnudez de su torso. El ruso al ver aquello de forma tan inesperada sintió su rostro enrojecer; desvió la mirada cuando Leo se adelantó entrando al lugar para saludar a su amigo.
—Así que aquí estabas. Yuri me dijo que se ha venido solo —habló leo ya al lado de Otabek, quien se colocó de inmediato su remera.
Yuri tragando fuertemente y tratando de controlar su nerviosismo al tener a Otabek tan cerca de él después de todo lo acontecido, pasó al lugar donde siempre se cambiaba y dejó sus cosas sobre la banca percibiendo como su tonto corazón quería volver a escaparse de su pecho. Volvió a sentirse vulnerable al percibir la mirada del kazajo sobre él.
—Me adelanté por hoy —informó Otabek volviendo a su labor tomando sus cosas para guardarlas en su casillero. Ya estaba listo para el ejercicio.
Yuri abrió su bolso sintiendo el pulso en la piel. Estaba siendo todo tan incómodo que agradecía la presencia de Leo, si se encontraba el solo con Otabek no creía ser capaz de permanecer de pie.
—Yura —lo llamó el kazajo tensándolo al instante. Hizo uso de toda su fuerza de voluntad para mirarlo y así no levantar las sospechas de Leo. Lo que menos quería ahora era que más gente se enterara de sus estupideces cometidas—. Saldremos a trotar hoy —comunicó Otabek para después cerrar su casillero y salir del lugar.
Se volvió a sus cosas ignorando la mirada curiosa del restante. Había sentido las palabras de Otabek tan distantes que le dolió el corazón.
—Ánimos, Yuri —la mano de Leo en su hombro derecho lo sacó de su mal sentir y se volteó para verlo de inmediato con la duda en la cara, sin embargo no alcanzó a decir nada ya que el latino se fue del lugar dejándolo a merced del silencio.
¿Por qué le había dicho eso Leo?, ¿acaso él sabía algo de lo pasado?
Frunciendo el ceño volvió a su labor y se vistió pensando en esa espinita que le había dejado las palabras de Leo. Moriría de la vergüenza si él llegaba a estar al tanto de todo.
Ya listo y abrigado con un suéter más delgado que las anteriores veces, pues el clima era más cálido, salió de los vestuarios y fue hasta Otabek que lo esperaba cerca de las puertas con dos botellas de aguas llenas.
—¿Listo? —preguntó el moreno pasándole una de ellas. Yuri solo mirando la botella asintió sintiendo todo su interior tembloroso—. Bien, vamos entonces.
Salieron después de calentar un poco. El camino hasta el parque que usaban para trotar fue tranquilo y silencioso para su pesar. Otabek iba unos pasos adelante de él y él miraba su ancha espalda preguntándose qué cosas pasaban por la mente del kazajo. Deseaba saber pero al mismo tiempo no. Nuevamente aquellas dudas que se aglomeraban por culpa de Otabek salían a la luz y se dibujaban en su rostro.
Al llegar al lugar hicieron su rutina. No se habían puesto de acuerdo pero al parecer los dos quisieron correr más de lo normal ya que al acabar ambos quedaron cansados como sudados. Yuri no lo comprendía, pero sentía que con el ejercicio los problemas y las dudas que tenía disminuían un poco.
Sentados en el suelo, sobre el naciente pasto que hace pocas semanas había estado cubierto de hielo, se hidrataron recuperando su ritmo cardiaco y su respiración normal. Cuando Yuri notó que el calor abandonaba su cuerpo y que su garganta ya no dolía por el esfuerzo, miró a Otabek a su lado que se veía muy pensativo.
—Pensé que ya no querías venir más a club —dijo Otabek repentinamente alterándolo por haber tenido sus ojos puestos fijamente sobre el kazajo.
Bajó la mirada y se controló en segundos. Dejando salir la voz más grave que tenía habló.
—Eso hubiera sido tonto. No iba a permitir que todo el esfuerzo hecho se desperdiciara —expresó Yuri frunciendo su ceño al notar su voz quedita—. Aunque no te voy a mentir que sí lo pensé… el no venir…
—Ya veo. Me alegro de que decidieras seguir —Otabek tomó más del agua dejando con ello silencio. Un silencio que le apretó el corazón.
Fijó más sus ojos en el suelo sintiéndose inútil y cobarde por no poder decir nada, odiaba estar así con Otabek y se odiaba mucho más no hacer nada para cambiarlo. Apretó sus manos en la botella y Otabek lo vio de reojo soltando un pequeño suspiro.
—Yura, nosotros dos tenemos que hablar —anunció Otabek cortando el sentir de odio dirigido hacía si mismo que poseía Yuri.
Levantó su mirada perdida centrándose por completo en esos ojos otoñales que adoraba.
—¿Hablar dices? —murmuró Yuri desentendido—. ¿Ya no lo hablamos todo?
—No. Faltaron muchas cosas que debo decirte para que me comprendas.
—¿Qué cosas? —preguntó nuevamente desviando la mirada, no podía estar más de unos simples segundos viéndolo, debía apartar la mirada de él o sentía que se pondría a llorar.
—No creo que ahora sea el momento indicado, pero… —Otabek de forma un poco retraída levantó su mano derecha y la colocó en la mejilla del menor. Yuri con ese simple toque sintió una tormenta de emociones en su interior. Emociones que no logró definir—. Lo haremos en el momento indicado. Creo que han sido muchas emociones estos últimos días.
—¿Cómo vamos a saber cuál es el momento indicado? —inquirió Yuri con la voz más empequeñecida. Otabek en ese instante bajó su mano teniendo una expresión tensa en el rostro.
Yuri extrañado por eso elevó sus ojos y vio a varias personas pasar cerca de ellos con rostros indescifrables. Sus miradas dirigidas a él las percibió frías.
—Vamos al club. Debemos seguir con los ejercicios —se levantó Otabek golpeándose suavemente los pantalones para quitar el pasto que quedó en ellos.
Yuri se colocó de pie teniendo esa extraña sensación en el cuerpo después de ver esas raras miradas. No era como si le importara lo que pensaran los demás pero había quedado extrañado por ese hecho. Jamás lo habían visto de forma tan rara, y eso que él había visto muchas miradas de desprecio en su vida, pero aquellas no se comparaban a nada, ¿había hecho algo malo?, ¿tenía algo en el rostro? Con esa duda se llevó las manos a su cara tocándose cada poro con insistencia.
—Te estas llenando de pasto, Yura —informó Otabek girándose a verlo.
Yuri de inmediato se sonrojó refregándose más la cara para quitarse el pasto que el mismo se había colocado.
—Aún te queda en el mentón —Otabek se le acercó con la intención de limpiarle, sin embargo su mano quedó a mitad de camino completamente tiesa. Yuri nuevamente vio en su rostro aquella mueca tensa.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—No me mientas, Otabek —se quejó Yuri sintiendo que su calma llegaba hasta ahí. No le gustaba para nada la extraña actitud de su amigo. Tan distante, tan fría… Nuevamente se odió por haber desvelado su sentir—. No tienes para que fingir que las cosas están bien entre nosotros cuando sabes perfectamente que no es así… No me gusta esta situación, no me gusta estar como estamos… sin decirnos nada ya que al parecer todo lo que digamos será equivocado —sintió sus ojos descocerse—. Odio estar así, Otabek… No me gusta… Me odio por haberte dicho todo lo que siento —declaró ya no pudiendo contener las lágrimas. Sin evitarlo dejó caer la botella y se llevó sus manos a sus ojos para enjuagarlos—. Todo es tan raro… tan enfermizo, me siento tan extraño…
No pudo decir nada más ya que en ese momento Otabek mató los centímetros que sobraban entre ellos y lo abrazó. Lo abrazó tan protectoramente que su mal sentir se hizo una bolita en su interior quedando aprisionada en su pecho. Con sus palmas abiertas y tocando el pecho del kazajo, sintió el corazón acelerado de Otabek. Estaban los dos iguales. Nerviosos como ansiosos, asustados como enternecidos. Yuri percatándose que nuevamente había hablado sin pensarlo y que por eso le estaba ocasionando más problemas a Otabek, cerró los ojos permitiéndose ser egoísta por unos segundos dejando que con aquel abrazo su dolor disminuyera aunque fuera solo un poquito.
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—¡Hey chicos! —los llamó Emil muy animado cuando Yuri y Otabek cruzaron la puerta del club.
El ruso ya estaba más recompuesto por aquel abrazo de Otabek que podía andar sin soltar lágrimas. Después de haberse calmado habían vuelto al club a paso tranquilo. Yuri no quiso hablar más y al parecer Otabek estuvo metido por completo en sus pensamientos que tampoco lo quiso interrumpir.
—¿Qué pasa, Emil? —preguntó Otabek llegando a su lado. Yuri sin ánimos de soportar la hiperactividad de Emil quiso irse al baño pero el inesperado abrazo de Emil sobre sus hombros lo dejó sin poder moverse.
—¡¿Qué te pasa?! ¡Déjame! —gruñó sin hacerse esperar, sin embargo sus palabras no tuvieron ningún poder sobre el chico con expresión tan alegre que lo intimidaba.
—Georgi va a regresar esta semana —informó Michele llegando al lado de Otabek junto a Mila.
Yuri al verla se olvidó del abrazo en que aún era prisionero y posicionó su fiera mirada en la chica. Ella al verlo solo le sonrió despreocupadamente guiñándole un ojo. Ese gesto hizo que su rabia por ella aumentara, pero sin querer hacer más escandalo se quedó quietito en su lugar.
—¡Sí! Al fin después de seis meses lejos volverá. Usaremos tu departamento para darle una fiesta de bienvenida —anunció Emil mirando a Otabek a la vez que atraía más a Yuri a su cuerpo, parecía un perrito feliz, solo le faltaba las orejas y la cola.
Yuri se quejó por eso y mordió la mano de Emil para que lo soltara, pero lo único que logró fue que este lo quisiera abrazar más. Se estaba sofocando con la muestra de cariño que siempre le daba.
—Mi departamento… —Otabek frunció su ceño mirando a Emil junto a Yuri—. ¿Por qué el mío?
—Es cómodo. Es el más cercano a todos ya que estas al centro de la ciudad. Además siempre se pasa bien ahí y tu comida es exquisita —dijo Mila poniendo su mano en el hombro de Otabek. Yuri al ver eso chasqueó la lengua para tratar de volver a morder a Emil queriendo desquitarse con él por los celos que comenzó a sentir, sin embargo Emil fue más rápido esquivando su ataque aunque sin dejar de abrazarlo.
—Ustedes solo quieren que les cocine… —murmuró Otabek soltando un suspiro.
Todo menos el kazajo y Yuri rieron para después seguir conversando sobre aquella fiesta. Otabek reclamaba ya que no quería que fuera en su departamento, pues encontraba injusto que todas las juntas se hicieran ahí y después nadie lo ayudara a ordenar exceptuando por Yuri, el cual lo ayudó la última vez. Los chicos hicieron oídos sordos a esas quejas y sin consentimiento del kazajo quedaron en juntarse en la morada de Otabek el día sábado a las ocho. Mila junto a Michele dijeron que le informarían a los demás y Emil le dijo a Yuri que no faltara ya que las cosas no eran lo mismo sin él. Después de irse y dejando a Yuri junto a Otabek algo perdidos por lo acontecido, se quedaron mirando sin saber que decir, por eso Yuri agradeció cuando Leo algo sudado por haber hecho sparring, llegó con ellos con su gentil sonrisa.
—Así que Georgi va a volver —mencionó secándose su cuello sudado con una toalla—. Va ser divertido juntarnos todos nuevamente.
—Eso dices ya que no eres el que tiene que limpiar al otro día los desastres que ustedes hacen… —murmuró Otabek cruzándose de brazos y dejando ir un suspiro cansado.
Leo le dio palmadas animadas en la espalda.
—No seas amargado, hombre —rio Leo para después posar sus ojos curiosos en Yuri, el cual planeaba irse otra vez a los baños, pero se pausó al ver a Leo con intenciones de hablarle—. ¿Iras, Yuri?
Tragó en seco al sentir las dos fuertes mirada de ellos sobre su persona. Desvió los ojos sintiéndose inseguro. No creía estar de humor para fiestas ni mucho menos poder ir al departamento de Otabek.
—Hmp, no creo que sea buena idea —soltó Yuri mirando de reojo a Otabek sintiendo el corazón en su garganta.
—¡Vamos! No seas así, Yuri. Ya verás que será divertido —exclamó Leo más animado que normalmente, aquello lo encontró extraño sin embargo no dijo nada por eso.
—No lo sé… —se giró sobre sus tobillos comenzando a caminar—. Ahora déjenme en paz, necesito ir a mear.
Se alejó de ellos, mejor dicho de Otabek sintiéndose muy temeroso a todo.
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Al acabar de entrenar se fue a cambiar de ropa dejando de lado bañarse en las duchas ya que aún no se sentía muy cómodo para hacer eso. Guardando sus cosas vio como Otabek entraba al lugar y se dirigía a su casillero para sacar sus cosas de aseo personal. Fingió no ponerle atención y agarró su bolso para retirarse, sin embargo al darse la vuelta se encontró con la imponente figura del kazajo frente a él con una expresión seria.
—¿Ya te vas? —preguntó el kazajo con su grave voz que le erizó los vellos del cuerpo.
—Sí… —dijo apretando la correa de su bolso.
Otabek pareció querer decir algo, sin embargo no lo soltó. Yuri ya notando que todo se ponía tenso entre ello se movió para retirarse, no obstante Otabek lo tomó por el brazo deteniendo su avance.
—¿Irás a la fiesta? —inquirió el mayor girando su cabeza para ver el perfil de Yuri.
Cerró los ojos sintiendo la mano de Otabek en su brazo. Era tan cómoda su cercanía, pero al mismo tiempo se sentía tan intranquilo como asustado... por eso estaba dudando sin llegar a una respuesta.
—No quiero molestarte más, Otabek —soltó cortando el silencio que se formó.
—Es imposible que me molestes... —afirmó el kazajo soltándolo lentamente—. Solo piénsalo, ¿sí?
Yuri abrió los ojos y miró los de Otabek, al ver su expresión entristecida asintió rindiéndose por completo a esa mirada de cachorro entristecido.
—Espérame, te iré a dejar —informó Otabek comenzando a irse a las duchas.
Yuri saliendo del hechizo de esa mirada reaccionó y habló.
—¡N-No es necesario!
Otabek se dio vuelta apretando sus labios. Yuri en ese segundo percibió que había dicho algo que hirió mucho al kazajo. Sin embargo, aunque le dolía a él también, prosiguió.
—Ya no es necesario que tú me… —no pudo terminar, Otabek lo interrumpió.
—Yura.
El nombrado tragó y esperó lo que fuera a salir de esos labios.
—Por lo menos déjame hacer esto, Yura —pidió Otabek con un tono de voz entristecido. Yuri sintió un pequeño remezón por su actitud.
Era increíble pero no podía negarse a nada que él le pidiera.
—Está bien —respiró y se atrevió a verlo a los ojos. Otabek lo veía tan fijamente que sus mofletes se incendiaron de forma inmediata—. Te permito que hagas esto.
Una leve sonrisa apareció en los labios de Otabek dejando mostrar aquel hoyuelo que lo dejó tembloroso.
—Gracias, Yura. No demoraré nada.
Su amigo se fue a las duchas y el salió de los vestuarios teniendo el corazón enloquecido. Encontraba increíble como Otabek podía derrumbar sus murallas con tan solo una acción o unas palabras. Lo odiaba por eso pero a la vez le gustaba.
Todo era tan confuso.
Salió al exterior para tomar algo de aire y ya más relajado miró el atardecer.
—El amor es una perra… —murmuró con el corazón apretado.
