Hola, espero que todos estén super bien, acá les dejo otro capítulo más, espero que les guste.
Pov Sakura.
La noche estaba sumamente fría, me abracé a mí misma, mientras salía por el marco de la puerta. Obito caminaba detrás de mí en silencio, habíamos planeado esto hace algunos días. Desde la primera vez que había tenido terapia con él las cosas habían mejorado, ahora y aunque el DR. Hatake ya había regresado de su viaje en el extranjero, mis terapias siempre eran con el Uchiha. Todo el tiempo me hacía preguntas referentes a Alucard, al principio temía que la hiena viniera y me castigara por mis imprudencias, pero hacía bastante tiempo que no merodeaba por los alrededores.
—por acá.
No dije nada, solo lo seguí. La emoción de estar afuera de este complejo para locos y adictos decadentes era reducida a cenizas por el repentino pensamiento de que Sasuke no había vuelto a verme más, tampoco Itachi. Ambos atormentabas mis días, pero no dejaba que esto me impidiera seguir adelante; dos veces por semana me visitaban Ino y Hinata para entregarme los deberes del instituto. Debía enfocarme en los estudios si quería lograr algo en la vida.
—Es aquí, sube —me abrió la puerta de un auto negro y ostentoso, me gustaba. Era como estar dentro del cuerpo de un gran monstruo, sus asientos eran de piel y el olor que emanaba de él era el de tabaco con un perfume masculino. Me imaginé que era el perfume de Obito del cual nunca me había percatado.
Al principio un silencio sepulcral tensaba el ambiente, yo iba recargada en le ventanilla tratando de ver hacia afuera, pero todo estaba oscuro. En algún punto Obito enncedió el reproductor musical y finas melodías estilo barroco salieron del pequeño parlante, lo miré extrañada ¿por qué mierda no decía nada? Ya me había acostumbrado a su insistente acoso.
— ¿Qué sucede?
—nada, es solo un ligero dolor de cabeza ¿quieres que te lleve al departamento de Itachi? —su vista estaba puesta en la carretera.
—obvio no.
— ¿ah no? Pensé que sería el lugar que querías visitar ¿entonces? Puedo llamar a Sasuke y concretar una cita, sería algo improvisada —se pasó uno de los dedos por su barbilla —tuviste que haberme dicho antes a donde querías ir.
—Tampoco quiero verlo a él —bajé el rostro.
— ¿entonces a donde mierda te llevo? No es como si fuera a manejar toda la noche. ¿Quieres ir a ver a tu amiga? La pelirroja que golpeó a Itachi.
—no sabía que también conocías a Tayuya.
—la conocí el día que traje a Itachi, después fuimos a una fiesta en su casa. Ella estaba ahí ¿entonces te llevo con ella?
—no. Creo que nuestra relación está algo desgastada, tampoco quiero verla.
—me estas empezando a irritar. No te puedo llevar a tu casa, tampoco puedo llevarte a la mía. Eso sería extraño.
— ¿sabes dónde está la Universidad Central? —pregunté mientras lo miraba.
—sí, estudié ahí.
—bueno, cerca de esa Universidad hay un complejo estudiantil, no recuerdo su nombre, pero es un lugar donde hay dormitorios para los alumnos, algunos cafés y lugares de estudio ¿me puedes llevar ahí?
—creo que sé dónde es.
Después de decidir a donde iríamos la música inundó de nuevo cada rincón del auto. De vez en cuando observaba al sujeto que tenía a mi lado, él parecía sumergido en sus pensamientos mientras que con uno de sus dedos daba pequeños golpes al volante.
— ¿Por qué estás tan callado? —me atreví a preguntar.
— ¿callado? No lo había percatado. No es nada, tal vez cansancio y desvelo.
—es extraño verte así, últimamente me has preguntado sobre todo y sobre nada.
—bueno, en estos momentos no estamos en la clínica. La mayor parte del tiempo soy así. —se encogió de brazos. Mientras que con sus dedos seguía el compás de la canción.
—eres raro. Todos los Uchiha lo son. —me molestaba hablar de más, pero no podía parar, no quería estar en silencio.
— ¿raros? No somos raros. ¿Quieres hablar? De acuerdo, pregunta lo que quieras, yo siempre hago las preguntas. Es tu turno. —me observó y sonrió.
— ¿qué edad tienes? —me reacomodé en el asiento a forma de ver en todo momento su rostro.
—tengo veintiocho y ¿tú?
—no seas tonto, sabes mi edad. Está en el expediente.
—sí lo sé, aparte de que a veces te comportas como una niña de esa edad. También vi que pronto cumplirás los dieciocho. ¿Tienes planeado algo?
—que entrometido eres. Y no, no tengo ningún plan aunque sería genial salir de la clínica antes de mi cumpleaños.
—cada vez falta menos. Has cumplido con todas las expectativas del tratamiento, no creo que haya mayor problema en dejarte ir antes de tu cumpleaños.
—Sí, creo que sería un buen regalo —me quedé pensando en silencio un par de segundos — ¡oye las preguntas las estaba haciendo yo!
—es correcto, sigue.
— ¿Por qué estudiaste Psiquiatría?
—buena pregunta. Lo más sencillo sería decir que me gusta, pero en realidad todo tiene su grado de complejidad. La verdadera razón es porque en nuestra familia "Los Uchiha" ha habido siempre muchos trastornos mentales. Quería entender el porqué de estas enfermedades, han sido muchas reflejadas en distintas generaciones. Mi madre se suicidó cuando yo tenía doce años, creo que es el eje central de mi decisión.
Me quedé muda por un momento ¿Qué mierda había hecho? —Lo siento, no quise ser imprudente —me sonrojé al instante.
—no te preocupes, es algo que hoy en día puedo externar sin ningún problema. Los terapeutas de todos los niveles debemos tomar terapia siempre, no podríamos andar por la calle con toda la carga de las personas.
—sí lo sé.
— ¿quieres preguntarme algo más? Ya vamos a llegar.
—No por el momento. —me quedé callada el resto del camino, me sentía como una idiota por preguntar tal cosa, aunque él aparentaba estar tan tranquilo y neutral como siempre.
Llegamos al lugar donde había pasado tantas tardes con Itachi, las luces de los locales aún seguían prendidas, era algo así como las once y media de la noche, pero era viernes y el sábado nadie tenía clases. Después de buscar un sitio, Obito aparcó frente a una pequeña cafetería.
—Bien vamos —dijo antes de bajar.
— ¿bajaras conmigo? —al decir esto el sujeto me miró y alzó una ceja.
— ¿estás bromeando? Este lugar está lleno de universitarios, de alcohol, drogas y quizás de uno u otro degenerado. No puedo dejarte aquí sola. —tras decir esto bajó del auto azotando su puerta.
—demonios chico, deberías de ser más amable con este bebé —hablé mientras acariciaba el tablero del auto.
Tomamos asiento en las mesas de afuera del establecimiento, yo miraba hacia todas partes, estaba un tanto emocionada.
— ¿Qué vas a querer? —preguntó mientras ojeaba el menú.
—en realidad no tengo hambre, solo quiero beber algo.
—no beberás alcohol.
—nunca dije que quería alcohol. Tal vez un té negro.
—Está bien. Lamento ser insensible, pero estás bajo mi cuidado.
—si lo entiendo.
—ahora dime ¿Por qué quisiste venir a este lugar?
—lo cierto es que Itachi tenía un cuarto en aquellos edificios de allá, solía saltarme la escuela para estar con él. —rasqué mi nuca ante la incomodidad. Obito hizo una mueca extraña y sus ojos revelaron más de lo que quizás él quería decir. — ¿Por qué son así? —pregunté algo irritada.
— ¿perdón?
—sí. Ustedes los Uchiha aparentan ser de una forma, pero sus miradas los delatan.
— ¿nuestras miradas?
—Sasuke puede aparentar no sentir nada, pero la euforia de su mirada lo desmiente, Itachi siempre lleva una mirada triste y compasiva y tú, bueno tú siempre luces imparcial, pero algunas veces tu mirada refleja incomodidad. —me crucé de hombros y solo me dediqué a observar a los jóvenes pasar.
— ¿tengo cara de incomodidad? —Obito comenzó a reír, lo observé por el rabillo del ojo, cuando reía lucía más joven y tranquilo. La mesera llevó las bebidas a nuestra mesa y observó al Uchiha, de inmediato se notó la vergüenza en su rostro, Obito le ofreció una sonrisa y esta se sonrojó.
Supongo que todos los Uchiha despiertan ese tipo de deseos en las mujeres. Me sentí rara, me hubiera gustado estar sola y caminar por todo el lugar, quería recordar viejos tiempos. Recargué una de mis mejillas sobre mi muñeca, estaba deseosa de salir corriendo de ahí y encontrarme con el pasado.
— ¿en qué piensas?
—en el pasado.
—el pasado nunca va a volver. Y si "vuelve" no lo hace de la misma manera, jamás volverás a ver las cosas como lo viste anteriormente, has cambiado y todos a tu alrededor también lo han hecho. Los humanos perdemos mucho tiempo añorando cosas o personas, inclusive lugares. Deberías de dejar eso atrás y enfocarte en lo que realmente puede ser provechoso para ti.
—dijiste que no estábamos en la clínica ¿Por qué siento que me estás dando terapia?
—solo trato de ayudar. Eres bastante joven, si dejas de pensar en basura y te enfocas llegarás lejos.
— ¿y si no quiero llegar lejos? Solo quiero huir —dejé caer mi rostro sobre la mesa.
—ya deja de decir tonterías.
Nos quedamos callados, no quería decir nada más. ¿Por qué si ya estaba afuera de ese espantoso lugar aún me sentía tan pesada? Era patética.
— ¿Obito Uchiha? —una voz femenina le habló a mi compañero de té.
— ¿Izumi? Vaya bastante tiempo sin verte.
—lo sé ¿Qué demonios haces por aquí? Estos no son los rumbos de un afamado psiquiatra —
Mientras ellos hablaban yo me encontraba en la misma posición, no quería ser vista como una entrometida.
—bueno en realidad hoy son más un guardaespaldas. Sakura, levántate —habló de manera tan autoritaria que me erguí al momento. —ella es Sakura.
Observé a la chica un segundo, sentí que la conocía pero no sabía de dónde. Le sonreí tímidamente.
— ¿Sakura? ¿En verdad eres tú? —ella se acercó más para poder verme mejor, me sentí incomoda.
—creo que si lo soy.
— ¡demonios! Qué bueno es verte, al fin lograste bajar del auto.
— ¿perdón?
—lo siento, soy una tonta. Mi nombre es Izumi, soy la persona que le rentaba la habitación a Itachi, me pareció verte en diversas ocasiones frente a la unidad; pero siempre estabas montada sobre un auto. Nunca bajaste.
Me avergoncé ante sus palabras, observé que Obito me miraba con cierta ternura. ¿Qué debía responder? Nada, solo me quedé en silencio.
—discúlpame, no quería hacerte sentir incomoda. Me da gusta volver a verte.
—yo... tengo que ir al baño — y sin más me puse de pie e ingresé al establecimiento. Me encerré en uno de los cubículos — ¡maldita sea! Ella debe pensar que soy una cobarde —recargué todo el peso de mi cara sobre las palmas de mis manos.
No sé cuánto tiempo había pasado pero esperaba que cuando saliera ella ya no estuviera ahí, aún sentía las mejillas sonrojadas. Debía salir, tenía que dejar de hacer escenas.
— ¿Cuánto tiempo más me ibas a hacerte esperar?
—Lo siento —sonreí disimuladamente.
—llegué a pensar que habías huido por la venta del baño.
— ¿Qué? No seas tonto. —me llevé lo que quedaba de mi bebida a la boca, de pronto Obito se estiró y puso una llave frente a mí.
— ¿Qué es esto?
—Izumi me dio la llave del pequeño apartamento que tenía Itachi, me dijo que él se la dio para ti hace bastante tiempo. Pensó que la querrías tener. —me quedé observando el pequeño metal.
— ¿enserio?
—sí. Sabes, me he dado cuenta que estás un poco incomoda. Ahora déjame preguntarte algo ¿Por qué si no querías ver a Itachi, decidiste venir aquí? —Obito había encendido un cigarrillo y le daba largas caladas mientras me observaba.
—ya te lo dije, quería recordar el pasado.
— ¿Por qué no quieres verlo?
—no quiero decirlo, es tonto. —bajé la mirada.
—sí eres medio tonta, pero no importa dilo.
—bueno, es que él —suspiré —él no ha venido a verme. Quizás lo dicho aquella noche que lo llevaste eran palabras vacías. —apreté un poco los labios. Una cosa era pensarlo y otra era decírselo a alguien más.
— ¿te prometió cosas?
—no quiero hablar de eso. En realidad creía que en cuanto me otorgaran las visitas el sería de los primeros en aparecer, pero no fue así. Tú... ¿tú sabes algo sobre él?
—no directamente. El fin de semana pasado estuve en casa de Kisame, es uno de sus amigos quizás lo conozcas. Bueno, me invitaron a beber y acudí; en el lugar estaba la chica francesa, creo que se llama Azuka, me extrañó no ver a Itachi así que pregunté por él. Algo ebria dijo que ellos habían terminado. —se encogió de brazos.
— ¿Qué?
—no te emociones tanto. No he sabido nada de él desde hace tiempo, tampoco de Sasuke. Quita esa cara, como te dije los Uchihas somos unos imbéciles con delirio mental —Obito me ofreció una sonrisa.
—idiota.
—ven vámonos de aquí, pagué cuando huiste al baño.
— ¿A dónde vamos? —pregunté mientras me ponía de pie y lo seguía.
—yo a mi casa, tengo bastante sueño. Te llevaré a la pieza que compartían tú e Itachi, quizás puedas pasar la noche ahí, puede que te ayude a dormir o te ayude a olvidar. No respondí solo le sonreí.
— ¿este es el lugar?
—Sí —vi el edificio que había albergado gran parte de mi felicidad, estaba nerviosa.
— ¿prometes que no vas a huir? —Obito miraba el pequeño edificio. —en realidad no estoy muy convencido, en este lugar habitan únicamente estudiantes de universidad. Será mejor que te lleve hasta la puerta.
—no, todo estará bien. Venía sola de más joven, no creo que ahora me suceda algo. Además ve mi aspecto, parezco un fantasma.
—eso es verdad, debiste ponerte un poco de maquillaje al menos.
—idiota.
—toma, mi número está guardado en este celular. Llámame si necesitas algo, te buscaré a eso de las cinco de la mañana, debemos regresar antes de que amanezca. —me puso una mano en la cabeza y tras esto se fue.
Me adentré en el sitio buscando el apartamento 202-B, estaba algo nerviosa aunque en realidad no tenía por qué estarlo. Cuando llegué a la puerta la miré alrededor de cinco minutos antes de entrar, había música viajando por todo el pasillo; unos chicos pasaron jugando y molestándose los unos a los otros, nadie reparaba en mí y lo agradecía.
Entré al apartamento sin pensarlo más tiempo. El lugar era más lóbrego de lo que yo recordaba, era frío y un tanto oscuro. Solo la luz al fondo del pasillo se mantenía prendida, me pregunté el por qué mientras me deshacía de la sudadera tan pesada que llevaba puesta. Me quedé quieta junto a la mesa y en silencio ¿debía avanzar? O quizás debía salir corriendo del lugar. Lo cierto es que me traía recuerdos que eran dolorosos y a su vez necesarios. No quise pensar más y comencé a avanzar.
El corazón latía con fuerza mientas la respiración se tornaba dificultosa, mis manos temblaban al tocar cada mueble o pared del lugar. Escruté con devoción la sala, una sonrisa de media luna apareció en mi rostro, tantas cosas que habían pasado en esos sillones. Seguí mi camino mientras me llevaba una de las manos a mi rostro, era un poco bochornoso recordar ese tipo de escenas. La poca luz que me otorgaba el pasillo me hacía sentir segura, era como ser un fantasma.
Avancé hasta la habitación la cual estaba cerrada, parecía haber luz adentro, pegué mi frente a la puerta tratando de evocar lo recuerdos de un pasado lejano, mis labios se contrajeron en un intento por reprimir algunas finas lágrimas. Suspiré y abrí la puerta, mi mundo se contrajo al ver el hombre sentado frente al escritorio, tragué grueso « ¿Qué mierda significa esto?» El tipo llevaba puestos unos audífonos que cubrían ambos oídos, llevaba su torso desnudo y el cabello suelto. Aún no se percataba de mi presencia, mis piernas tiritaban « ¿debo huir?» Pensé mientras aún sostenía el pomo de la puerta. Itachi estaba frente al ordenador escribiendo, sobre el escritorio había varios libros y libretas.
Por fin se giró y nuestras miradas se encontraron. Itachi me observó con sorpresa, sus mejillas estaban algo sonrojadas. Ninguno de los dos parecía entender la situación, mi cuerpo reaccionó por sí solo comenzando a correr hacia la salida, pero antes de llegar si quiera a la sala de estar unos brazos me rodearon.
—Espera no... —Itachi me tenía sujetada por detrás, su piel desnuda chocaba contra mi cuerpo, mi respiración se volcó violenta.
—yo... yo no sabía —no podía hablar ni formular oraciones completas. Su respiración agitada sobre mi cuello me estremecía, el olor a licor reinaba entre ambos.
Debo ser sincera y decir que me encanta escribir sobre Itachi
No lo sé, pero creo que ya nos merecemos algo entre ellos.
¿qué les ha parecido?
