67. Lo que ella buscó proteger.

¡Mami! —llamó el pequeño Sakura, corriendo a ella. La mochila pequeña que le habían comprado hace unas semanas ahora se encontraba desgastada, casi rota por las tantas veces que las llevaba a sus entrenamientos. Los cabellos le caían por la frente, limitándole el campo de visión y provocando que tropezara más veces.

— ¿Qué pasa, Sakura? —preguntó Mebuki, girándose a él. Estaba sentada en la mesa, esperando que la comida que había puesto en la olla estuviera lista. Sakura notó el cansancio de su madre apenas verla.

—U-Unos chicos comenzaron a molestarme en la academia. —se quejó, haciendo un mohín de querer llorar. —Ya van tres veces que lo hacen, les he pedido que paren, pero…

— ¿Y por qué te molestan? —Mebuki dio un suspiró, haciéndole una seña a Sakura para que se acercara.

—Dicen que parezco una chica, ¡ya les dije que soy hombre! —comentó Sakura, enfurruñado. —No me dejan jugar con ellos.

—En vez de estar jugando, deberías estar entrenando. —reprochó Mebuki, quitándole los mechones de cabello de la cara. —Le has insistido tanto a tu padre para que te deje ir a la academia, usualmente nuestro clan es entrenado por nuestros ninjas y solo toman el examen para aprobar, pero tú lo has querido y se te ha permitido, para hacer sonar tu nombre desde temprana edad.

—Pero…

—Aun así llegas con quejas todos los días. —Sakura bajó la cabeza, sintiéndose culpable de darle más problemas a su madre. —Si esos niños te han molestado, ponlos en su lugar, demuestra que eres un hombre, Sakura, o te estarán pisoteando toda la vida.

—Sí, madre. —murmuró Sakura, comenzando a retirarse; cuando Mebuki ya no pudo verla, Sakura volvió a cubrirse el rostro con su cabello, avergonzado de este. Si no tuviera esos rastros tan finos, nadie se metería con él.

Al subir a su habitación, se dejó caer en la cama, abrazando la almohada y alzando ligeramente su manga para ver el moretón que tenía en antebrazo, ni qué decir del dolor que sentía en el pecho o en el vientre por estar recibiendo las continuas patadas de los demás. Sakura dio un suspiro, volviendo a cubrirse, dejó la almohada a un lado y se limitó a observar la ventana que daba a la calle, había dos mujeres caminando con la cabeza gacha, llevando consigo las compras del mercado. La tristeza en sus rostros era apreciable incluso en esa distancia.

Lucen igual que mi madre. suspiró Sakura, volviendo a meterse.

Sakura miró su rostro frente al espejo, notando a través de su cabello, unos ojos que no reconocía como suyos. Los niños de su edad tenían miradas alegres, infantiles, felices. Los de él ni siquiera tenían ese brillo de inocencia.

Luzco igual que ellas.se murmuró, agachando la mirada y volteándose para no continuar viéndose.

—Sakura, ¿estás bien? —Itachi le puso una mano en su hombro, preocupado por ella. Había estado mirando el fuego por largos minutos.

—Sí, solo recordaba algo del pasado. —comentó Sakura, rascándose la mejilla. —Suena algo estúpido sabiendo lo que estamos a punto de hacer.

—Tus pensamientos no son estúpidos, Sakura. —sonrió Itachi. —Además, es natural recordar el pasado en estas situaciones, pero solo no te quedes atrapada en él.

—No lo haría, jamás. —afirmó Sakura, seria. —Una vez que esto suceda, no recordaré nada de esos días. Mi vida habrá comenzado desde el instante en que conocí a Ino, Naruto y Sasuke. No antes.

Itachi la miró con cierta ternura mezclada con tristeza. ¿Cuánto dolor estaba dispuesta Sakura a soportar por alcanzar aquello que llamaba felicidad? Se había esforzado en creer que al terminar con todos esos recuerdos del doloroso pasado, podría empezar de nuevo, pero nunca se comenzaba desde cero, siempre tendría esas cadenas rotas amarradas a los tobillos, arrastrándolas hasta el fin de sus días. Podría reír y ser feliz con ellas, sentirse libre, no obstante, el recuerdo de aquella opresión nunca se iría.

No obstante, no podía decirle eso, sería cortar las alas que apenas comenzaban a extenderse.

Y todavía quedaba el sacrificio que estaba haciendo por Naruto y Sasuke, ¿por qué quería hacerse la heroína cuando estaba a punto de alcanzar lo que tanto anheló toda su vida? Itachi sonrió, cerrando los ojos, después de todo no era como si no entendiera los sentimientos de Sakura, el por qué lo hacía, sus motivaciones eran quizás demasiado claras para él, tanto que no podía dejar de sentirse melancólico. Hace mucho tiempo él estuvo cargando con algo igual de importante, Sasuke; pensando que estaría ahí para él, que lo vería convertirse en un gran ninja, después en algún líder famoso y asistiría al día de su boda, cenarían de vez en cuando juntos y conocería a sus pequeños sobrinos, no habría pedido otra cosa más en su vida, más que contemplar la felicidad de su pequeño hermano hasta que la muerte reclamara su nombre.

Sin embargo, cuando menos se dio cuenta, se le escapó de las manos. Y luego de llorarle a la luna, decidió nunca más volvería a cargar con algo. Que gran mentira. Porque, teniéndola ahí presente, observando las estrellas a su lado como solían hacerlo cada noche, se preguntó, ¿desde cuándo volvió a cargar con algo tan pesado nuevamente?

El Uchiha quería mentirse, pensar que Sakura jamás se apartaría de su lado, pero la realidad era tan obvia que casi era dolorosa. Sakura quería hacer todo lo que pudiera para salvar a Naruto y Sasuke, sin tener en cuenta que a veces los sentimientos más honestos, como la lealtad, el amor y la amistad, conducían a los finales más crueles.

Lástima que tuviera que averiguarlo por ella misma.

Te he dicho miles de veces que no quiero que estés con esta niña. reclamó Kizashi Haruno, golpeando la mejilla de su hijo. ¿Cuándo vas a aprender, Sakura? ¡Nos dejas a todos en ridículo!

Sakura agachó la mirada, agarrándose la mejilla con fuerza. Ino unos dos pasos detrás de él miraba con horror la escena, asustada del enojo del hombre y su desquite con su mejor amigo.

Y tú, deja a mi hijo en paz, suficiente tengo con que le hayas dado ese listón asqueroso. reprochó, tomando el brazo de Sakura y jalándolo para llevárselo consigo.

Saku…

No te preocupes por mí, Ino. sonrió Sakura, despidiéndola con la mano, sin oponerse a su padre.

Sakura observó con algo de rencor como Ino se echaba a correr en dirección contraria, totalmente asustada. Al menos ella tenía un sitio a donde ir, con sus padres o sus amigas, a diferencia de Sakura que solo conocía al clan Haruno. Kizashi se calmó en el transcurso del camino, iban a los campos de entrenamiento, por lo que Sakura, con la mano que tenía disponible, tocó el listón que le caía sobre sus hombros, dándose fuerzas.

Estaba bien. Volvería a ver a Ino al día siguiente y seguiría jugando con ella, no importaba lo que su padre le dijera, mientras se volviera más fuerte, no tendrían por qué alejarlo de su mejor amiga.

Aunque unas semanas después, volvió a quedarse completamente solo, observando a los niños jugar y perseguirse por todo el parque. Ino incluso estaba ahí, pero no le dirigía la mirada para nada, y las niñas que solían juntarse con él, poco a poco se fueron apartando también.

¡Ah, es Sasuke! gritaron unos niños. ¡Hay que invitarlo a jugar con nosotros!

Haruno suspiró, a pesar de estar en medio del lugar, era invisible para los demás. Mientras que otros, llamaban la atención con solo parecer en un segundo, y todavía tenían el descaro de negarse.

¿No se cansaría ese tal Sasuke de estar solo?

Bueno, no era su problema y Sasuke, quitándole la linda cara, era un idiota, así que le restó importancia y mejor se fue de ahí. Sin darse cuenta que mientras se marchaba, Ino lo fue persiguiendo con la mirada.

Sakura se levantó con cuidado de no despertar a nadie, era de madrugada, Lee e Itachi se encontraban dormidos y Sasori era quién hacía guardia; Sakura no confiaba para nada en él y siendo que también las imágenes del pasado no dejaban de aglomerarse una tras otra en su mente, le era imposible conciliar el sueño. Además, durmió suficiente por la tarde.

— ¿Por qué decidiste acompañarnos? —preguntó Sakura al fin, poniéndose al lado de Sasori. Este no la miró, seguía contemplando las pocas estrellas que quedaban en el cielo. Aunque sí que le extrañó que la chica se dirigiera a él, había estado ignorándolo la mayor parte del camino.

—Quería ver.

— ¿Humm? —Sakura pegó también su mirada al cielo, las estrellas habían terminado de ocultarse, ahora el amanecer estaba llegando.

—Lo que la vieja bruja intentó proteger aquella vez, quería verlo de nuevo. —comentó Sasori.

— ¿La abuela Chiyo…?

Sasori alzó el dedo poco a poco, apuntando a Sakura, que se quedó pasmada.

¿Era una broma? ¡Definitivamente tenía que ser una broma! ¡Era ridículo pensar que todos tuvieran tanto interés en ella cuando hace unos años era una don nadie que nadie quería a su lado! ¿Qué pasaba con el mundo? ¿Se habían vuelto locos? ¿O era un complot entre todos para hacerle estallar el cerebro?

— ¿Qué te estás imaginando? —preguntó Sasori, frunciendo la boca.

— ¡N-nada!

—Sea lo que sea, puedes ir eliminándolo de tu mente. —reprochó el de la arena, irritándose al ver el rostro de Sakura. —Lo único que quiero de ti es una cosa.

— ¿Y qué es? —Sakura frunció la boca, no le gustaba el tono de voz con el que lo dijo.

—Que tu cuerpo se convierta en mi marioneta. —sentenció Sasori, regresando la vista al cielo. —El día que mueras, yo estaré ahí para recoger tu cuerpo y darte una nueva vida, de esa manera quizás pueda averiguar lo que esa vieja e Itachi intentaron proteger aquel día.

Sakura sintió que el miedo recorrió cada parte de su cuerpo, lo decía de una manera tan natural, casi poética. — ¿A qué te refieres? —masculló en un hilo de voz, pasando saliva con dureza.

—No entiendo a Itachi, y en algún punto deje de entender a esa mujer. —suspiró. —Pero si obtengo tú corazón quizás pueda entenderlo.

— ¿¡Qué clase de ideología siniestra es esa!? —gritó Sakura, poniéndose de pie en un salto, apuntándole con el dedo. — ¡Das un miedo de cojones! ¡Ni creas que te dejaré acércate a mí después de enterarme de eso!

—Tú amigo igual puede servir. —sonrió.

— ¡No sonrías cuando acabas de decir algo tan macabro! —siguió alegando Sakura, despertando a los otros dos.

—No sé porqué estás tan asustada, si ya estarás muerta cuando lo haga. —reprochó Sasori.

—Deberías ver la cara que te cargas cuando dices eso. —murmuró Sakura, con los ojos en blanco. ¿Es qué nunca podía estar rodeada de personas normales?

— ¿Qué pasa, Sakura? —preguntó Lee.

—N-nada, no te acerques a ese sujeto. —respondió ella, tosiendo para recobrar la compostura, alejando a Lee de Sasori. Itachi intercaló miradas entre ambos, pero Sasori de nuevo estaba ignorándolos, comenzando a limpiar la marioneta que había llevado con ellos.

Sakura miró atrás un momento, mientras ayudaba a Lee a preparar el pequeño desayuno, Sasori seguía en completa soledad y parecía estar a gusto con ella. Sin embargo, una duda comenzó a surgir, ¿quién podía estar feliz entre tanto dolor, tristeza y sin amigos con lo que contar?

Sin duda, Sasori no le agradaba, por su culpa Chiyo resultó muy malherida y también por él capturaron a Gaara, dejándolo muerto. Si no hubiera sido por ellos, la abuela aún seguiría viva. Pero, al mirar a Itachi, se dio cuenta que aunque todos tenían motivos diferentes, lo que más predominaba en la organización de Akatsuki eran tipos llenos de heridas que nunca dejarían de sangrar.

— ¿Sakura? —llamó Lee.

—Te odio, eso no va a cambiar nunca. —aclaró Sakura, volviéndose a acercar a él. —Incluso si te haces con mi cuerpo y robas mi corazón, nunca podrás entender lo que Chiyo buscó proteger.

— ¿Qué clase de conversación tuvieron ustedes dos? —preguntó Lee, preocupado.

—Sin embargo…—Sakura hizo una pausa, dando un largo suspiró. —Si confías en mí, puedo mostrarte lo que ella buscó proteger a costa de su vida.

Sasori la observó de reojo, esperando a que continuara.

—La abuela Chiyo murió dando su vida por Gaara. —dijo Sakura, bajando la mirada. —Porque en él vio, al nieto que un día amó.

Aunque fue casi imperceptible, por momentos en la cara de Sasori hubo un rastro de sorpresa, pese a que esta no duró nada y volvió a la expresión neutral de siempre. Sakura le dio una leve sonrisa, antes de ir a donde sus amigos, lanzándole un pedazo de madera a Sasori, que este agarró antes de que le pegara en la cabeza.

— ¿Ahora qué?

—Los que no ayudan no comen. —reprochó Sakura, frunciendo el gesto.

Sasori miró a Itachi, pero él lo ignoró a posta, encendiendo el fuego de la fogata. Luego de guardar su marioneta, fue hasta ellos, lanzándole el mismo trozo de madera a Sakura, quién al tener las manos ocupadas, lo recibió de lleno en la cabeza.

— ¡¿Qué diablos?!

—Yo no como. Mi cuerpo es de madera y lo único que me mantiene con vida en mi corazón, no llevo órganos dentro de mí. —explicó Sasori, alzando una ceja, pensaba que eso ya había quedado claro cuando se enfrentaron.

Sakura se quedó en silencio, sin saber que decir, se le había olvidado por completo.

—¿Eres idiota? —sentenció Sasori, al ver que Sakura apenas acababa de recordarlo.