Hola hermosas ¿Cómo están? Espero que muy bien, en este capítulo de nuevo eché mano de el título en inglés por la misma razón que el otro, al ser el significado "Luna de Miel" pero con en una sola palabra, espero lo disfruten mucho y sobre todo que entiendan que no es apto para menores de edad, así que como les he dicho antes. ¡COMENZAMOS!

EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"Me gustaría que todas nuestras noches fueran noches de bodas y que todas nuestras lunas fueran lunas de miel. Hacer contigo el amor y crear contigo la vida".

HONEYMOON

CAPITULO XXXIII

Un elegante automóvil se abría paso entre el oscuro camino, solo se iluminaba por los dos faros que este tenía al frente, una pareja de recién casados viajaba rumbo a su primera aventura como pareja. Anthony manejaba con suma precaución sabía que ya era tarde cuando emprendieron el camino, sin embargo tenía cuidado de lo que pudiera pasar, a su lado unos cabellos rubios seguían recargados en su hombro, negándose a dormir en aquel trayecto, se sentía cansada, pero más que todo estaba feliz e ilusionada de emprender un nuevo camino en su vida, uno al cual creyó en un momento que no tendría la oportunidad de vivir al lado de alguien, estaba sumamente feliz y mientras se abrazaba con un brazo a su amado príncipe con su otra mano se frotaba con mucho amor su vientre imaginándose cómo sería aquel o aquella que nacería de ahí.

-¿No estás cansada? – Preguntó su amado con un tono cariñoso, meloso, como si le hablara a la más pura de las criaturas.

-Sí, pero quiero estar en todo momento contigo. – Le decía feliz, acurrucándose más en su brazo. El la abrazaba por momentos para demostrarle que él estaba igual de feliz y emocionado que ella. No había pasado mucho tiempo que vislumbraron a lo lejos las luces del hotel que Albert había contratado para ellos, era un lugar sumamente elegante que se encontraba a la entrada de la ciudad.

-¿Es aquí? – Preguntó Candy admirando la grande y hermoso que era el lugar. Anthony asintió.

-Así parece amor. – Dijo corroborando la dirección que venía en aquella carta. – Vamos. – Le dijo ayudándola a bajar por su mismo lado mientras entraban a la recepción de aquel lugar, todo estaba muy silencioso, solo estaba el portero y una persona tras el mostrador, un botones y era todo el personal que se podía observar a esas horas de la noche, era pasada de media noche.

-Buenas noches. – Saludó el portero del lugar. -¿Son el matrimonio Brower? –Preguntó con un poco de duda.

-Así es. Buenas noches. – Respondió Anthony feliz de escuchar por primera vez como se referían a ellos.

-Los estábamos esperando. – Dijo de nueva cuenta el joven. Colocándose detrás del maletero del coche para que el rubio lo abriera y poder bajar las maletas, una vez hecho esto Anthony entró de la mano con su esposa y llegaron a la recepción del lugar, el portero entregó las maletas al joven botones que tenía cara de no haber dormido por días y se regresó para llevar el coche de Anthony al estacionamiento techado del hotel.

-Muy buenas noches señores Brower. – Dijo la persona de la recepción con una gran sonrisa.

-Muy buenas noches. – Respondió Anthony sin soltar a Candy de la mano.

-El señor Andrew nos informó de su estancia en este lugar. Aquí tienen su llave. – Les dijo con una gran sonrisa, una que no ocultaba el rostro inquisitivo de aquel hombre.

-Gracias. – Dijo Anthony un poco extrañado por la actitud del hombre, este hizo una seña al botones para que llevara sus maletas hasta la habitación que había solicitado el patriarca.

-Por aquí por favor. – Dijo el joven indicándoles hacia donde estaba el elevador que los llevaría a la suite nupcial.

Los rubios siguieron en silencio a aquel joven que los dirigía y se introdujeron al elevador, admirando igual la elegancia del lugar. Llegaron al último piso y de nueva cuenta siguieron los pasos de aquel muchacho, el joven se detuvo frente a la única puerta que estaba en aquel gran corredor, era una puerta grande y doble que anunciaba la entrada a la suite más grande y elegante del lugar.

-Bienvenidos a la suite nupcial. – Dijo el joven con una mirada picaresca. Anthony sonrió de lado y otorgó una excelente propina al muchacho quien se dirigió sobre sus pasos para regresar a la planta baja y poder ahora si retirarse a descansar.

-Muchas gracias. – Dijeron ambos chicos con una sonrisa en sus labios. Anthony introdujo la llave que les habían proporcionado minutos antes y abrió ambas puertas, pero cuando Candy iba a entrar él la sostuvo de la muñeca y le sonrió con ternura.

-Espera mi amor, tenemos que seguir la tradición. – Le dijo con travesura, Candy no entendía mucho sobre lo que le hablaba así que él la tomó de pronto entre sus brazos causando una risa de asombro en ella.

-¡Anthony! – Dijo emocionada de sentirse en el aire en brazos de su amado. Recordó la primera vez que la había cargado de esa manera, no tenían ni dos horas de conocerse que ya la tenía entre sus brazos cargándola mientras bailaba una melodía que solo se escuchaba en sus mentes y atravesaban aquel largo pasillo custodiado por los antepasados de los Andrew. Él parecía recordar el mismo recuerdo ya que le sonreía como aquella vez.

-Desde la primera vez que te vi, sentí la necesidad de abrazarte, de tenerte muy cerca de mí. – Le dijo cambiando de pronto la manera en como la veía. Sus ojos se habían dilatado y su voz se había hecho más ronca, rozándole los labios para hablarle muy cerca de su rostro.

-Cuando yo te vi la primera vez, pensé que eras mi príncipe de la colina. – Le dijo también muy cerca de su rostro. - Sin embargo al bailar por primera vez contigo, hasta el ambiente era más dulce que cuando encontré al príncipe de la colina. - Anthony cerraba la puerta con uno de sus pies y se dirigía al interior ambos se quedaron observando por unos momentos lo grande y hermosa que estaba la habitación. – Que grande y hermosa es. – Dijo Candy emocionada Anthony le sonrió.

-Recuerdo que cuando me comentaste de tu príncipe de la colina por primera vez, tuve un sentimiento que jamás había experimentado. – Dijo algo serio. Candy lo miró extrañada. – Sentí que mi corazón se había paralizado de pronto y el aire me faltaba, algo me impedía reaccionar y de pronto no quería escucharte hablar, mi corazón se sentía como si lo estuvieran oprimiendo. – Dijo bajándola con cuidado a la cama.

-Ese sentimiento lo tenía yo cada que Elisa se acercaba a ti. – Le dijo Candy.

-¿También estabas celosa? – Le preguntó mimoso acariciando su nariz con la propia.

-Mucho.- Le dijo ella, cuando Anthony cerró la distancia de sus rostros con un apasionado beso, le gustaba escucharla decir que también había estado celosa por él. Candy lo atrapó por el cuello y correspondió al momento su beso. La habitación estaba muy iluminada y podían ver ambos la expresión de sus rostros. El rostro de Candy lucía cansado y Anthony sabía que era necesario que descansara, si hubiera sido otra la situación hubiera buscado la manera de animarla, sin embargo el embarazo le robaba mucha de su energía.

-Vamos a dormir hermosa. – Le dijo con cariño, sin dejar de besar su cuello. – Necesitas descansar. – Candy asintió sin objetar mucho, quería estar con su marido, quería darle la mejor de las noches de bodas pero estaba batallando por mantener los ojos abiertos. Candy abrió la pequeña maleta que le habían puesto, ella no sabía qué llevaba en ella, así que procedió a buscar y se dio cuenta que había pura ropa de noche, se metió al baño para poder cambiarse de ropa, sin embargo al hacerlo se sintió muy descubierta, el camisón apenas le tapaba su busto y le llegaba a media pierna, parecía que era para una niña y no para una mujer, se colocó una bata larga encima para cubrirse y se dirigió al lado de su esposo, quien por el calor solo usaba su pantalón de pijama dejando al descubierto su bronceado y marcado abdomen. Candy por un segundo se quedó observándolo maravillada por lo perfecto que era. Él le sonrió para hacer más perfecta aún la imagen, se acercó a ella y la tomó por el cuello para atraerla hacia él y besarla una vez más.

-Te ves hermosa, mi vida. – Le decía con voz ronca, deseosa, sin embargo estaba decidido a dejarla dormir. La tomó de nuevo entre sus brazos y la llevó a la cama, Candy esta vez no se sorprendió en absoluto estaba dedicada a observar detalladamente aquellos ojos tan hermosos que la admiraban en esos momentos, su color azul se veía más oscuro por la dilatación que tenían en ese momento, lo mismo pasaba con los de ella, sin embargo no podía apreciarlo, Anthony era el que estaba maravillado por el intenso color verde que habían adoptado los ojos de su hermosa pecosa.

-Te amo Anthony. – Dijo Candy cuando la dejó sobre la cama y lo atrajo hacia ella para continuar besándolo.

-Y yo te amo a ti hermosa. – Le dijo continuando con sus besos hasta que el sueño la venció y se quedó profundamente dormida. Candy había hecho todo lo posible por seguir disfrutando de los besos de su esposo sin embargo el descanso que le exigía su cuerpo era mucho mayor. – Duerme mi vida que yo velaré tu sueño. – Dijo por último dedicándose un tiempo a observarla dormir detenidamente hasta que también fue presa del cansancio y termino dormido a su lado.

El canto de los pájaros comenzó muy temprano por la mañana, sin embargo al estar en uno de los edificios más altos de la ciudad impedía que estos fueran escuchados, eso y las pesadas cortinas que cubrían los enormes ventanales de la suite no dejaban pasar luz alguna a la suite. Los rubios seguían dormidos, abrazados uno al otro compartiendo el calor de sus cuerpos, ambos estaban muy cansados y ni el personal del hotel había osado con molestarlos, era una regla no molestar a una pareja de recién casados hasta que ellos solicitaran su servicio.

Anthony fue el primero que abrió los ojos, sintiéndose algo cansado y perezoso se asomó hacia la ventana y vio que la posición del sol estaba llegando a su punto más alto, lo que indicaba que era cerca de medio día, se sobresaltó por todo lo que había dormido y su pecosa tenía que desayunar, se colocó la bata de su pijama y se dispuso a salir de la habitación para pedir el desayuno, pero se encontró que a la entrada había un carrito de servicio, lo metió a la habitación, levantó la tapa de la charola que llevaba y observó que estaba lleno de fruta con crema batida, jugo y leche, todo un desayuno muy nutritivo para ambos.

-Creo que Albert de verdad nos estaba observando. – Dijo al ver que lo que les habían llevado era lo que generalmente se les antojaba por las mañanas. Escuchó que Candy comenzó a moverse parpadeando repetidas veces antes de enfocar sus hermosos ojos hacia él. – Buenos días princesa. – Le dijo en un susurro por si ella prefería seguir durmiendo.

-Buenos días mi príncipe. – Le dijo con una sonrisa tierna, tratando de ubicarse en el lugar en el que se encontraba. - ¿Qué hora es? – Preguntó viendo que las cortinas no dejaban pasar mucha luz.

-Cerca de medio día. – Dijo Anthony con una sonrisa traviesa.

-¿Qué!? – Preguntó Candy sorprendida. En eso su estómago reclamó alimento y Anthony acercó todo en una charola hacia ella.

-Tranquila, es nuestra luna de miel, tenemos todo el tiempo del mundo antes de irnos, estaremos unos días aquí. – Le dijo poniendo una fresa con crema en sus labios, Candy la atrapó gustosa, tenía hambre. Mientras desayunaban platicaban de un sinfín de cosas, de lo sucedido en la boda, de sus primos, de su futuro y cuando menos pensaron ya habían acabado con todo. Anthony de pronto comenzó a reír.

-¿De qué te ríes? – Preguntó Candy sorprendida. Anthony no dijo nada solamente se acercó a ella y con sus labios comenzó a limpiar el rostro de su amada, el cual tenía rastros de crema batida cerca de los labios, esa pequeña acción hizo que ambos se perdieran en su mirada una vez más provocando despertar el deseo en ambos muchachos y más cuando Anthony se levantó para poder quitar la charola que les estorbaba en esos momentos, la puso sobre el carro de servicio y se quitó la bata que cubría su cuerpo quedándose de nuevo con el pantalón.

Anthony tomó un poco de crema batida con su dedo y se hincó sobre la cama muy cerca de Candy quien lo miraba expectante de lo que haría.

-¿Qué sucede? – Le preguntó con una sonrisa al ver que se acercaba a ella con la crema en un dedo.

-Nada, solo que el sabor de tu piel combinado con la crema es delicioso. – Le dijo con una mirada traviesa, Candy comprendió un poco lo que haría y se quitó la bata que se había colocado la noche anterior quedando al descubierto tan solo con la pequeña bata que decía que era para una niña, dejando a Anthony sin palabras al ver como quedaba expuesta ante él, observando con detenimiento su escote que sobresalía de la prenda y le mostraba sus piernas tan blancas y firmes. Por un momento no dijo nada, solo la observaba enamorado, la había visto desnuda antes, sin embargo con ese camisón que traía para dormir la hacía ver increíblemente hermosa, con su inocencia y ese atuendo hizo que el cuerpo de Anthony pronto reaccionara.

-Sé que me queda chico. – Dijo Candy un poco apenada.

-Te queda perfecto. – Le dijo olvidándose que traía la crema batida en su dedo lo embarró en los hombros de la pecosa al momento de abrazarla. –Perdón le dijo un poco tímido, buscando con que limpiarlo pero no encontraba nada aparte de las sábanas y sus propias ropas. Así que sin más comenzó a limpiarlo con sus labios, provocando que Candy suspirara y se le erizara la piel de su cuerpo, esa reacción fascinó al rubio quien se dedicó a limpiar más lentamente aquel rastro de crema que se alojaba en su hombro, era deliciosa la combinación de sabores, Candy comenzó a moverse ansiosa en busca de más, le había gustado sentir de esa forma la boca de su amado como si degustara un dulce al momento que la iba limpiando.

Anthony volvió a repetir la misma acción en diferentes zonas del cuerpo de su amada y ella estaba cada vez más acalorada, el color de su piel se había puesto rojizo por completo desde los pies hasta la cabeza, y Anthony seguía con su cometido, besando y succionando por partes la piel expuesta de ella, ya no podía más, ella necesitaba más, su cuerpo se lo exigía y se lo hizo saber al acercarlo hacia su cuerpo.

-Te necesito. – Le dijo en un suspiro que sonó como a ruego. Anthony rio con un poco de malicia al ver la ansiedad que había provocado en el cuerpo de su esposa al estar él disfrutando del sabor de su piel, la había besado en sus lugares expuestos, sin embargo le faltaban aquellos que cubría aquella pequeña prenda.

-Y yo te necesito a ti hermosa. – Le dijo muy cerca de sus labios, comenzándola a besar ansioso, dulce, húmedo, sus manos se dirigían a aquella pequeña prenda y poco a poco la comenzó a despojar de ella sin mirarla aún, sin observar su desnudez solo la besaba y la acariciaba con sus manos recorriendo todo su cuerpo. De un momento a otro la liberó de sus labios y posó su vista en su perfecto cuerpo, la observó mientras su rostro se ponía de un rojo más intenso por la pena que sentía al exponerse así delante de él, su mirada la intimidaba de cierta forma y le provocaba querer cubrirse un poco. – No. – Le dijo en un susurro. – Quiero verte a la luz. – Le dijo observándola, la luz de las ventanas entraba de lleno a la habitación y le permitía observar la perfección de su cuerpo, y el ligero abultamiento que comenzaba a formarse en su vientre.

-Yo quiero verte a ti. – Le dijo Candy aguantándose la vergüenza que le producían esas palabras. Anthony sonrió y asintió, se bajó de la cama para darle gusto, se despojó del pantalón de su pijama y después del gran calzón que le cubría su cuerpo. Quedo expuesto ante ella, Candy pudo observarlo detenidamente, le daba pena verlo así de esa manera, no era que no lo había visto ya, sino que en la intimidad de su habitación siempre estaban a media luz y en ese momento parecía que estaban al aire libre por la cantidad de luz que entraba a aquella habitación, pudo observar cada uno de los músculos que se marcaban en su torso, en su abdomen, en sus piernas, en su… - Eres perfecto. – Dijo Candy en un suspiro. Anthony se agrandó orgulloso, nunca había sido presumido pero esa vez le encantaba que su pecosa lo observara con esos ojos de deseo y pasión. Se acercó hacia ella cual felino a su presa tomando otro poco de crema batida para untarla en su busto y proceder a degustarlo, la sensación fue maravillosa para ambos. Candy no dejaba de lanzar gemidos y suspiros buscando jalar más aire a sus pulmones, Anthony jalaba aire para seguir con esas muestras de amor que le nacían desde lo más profundo de su ser.

Poco a poco fue viajando al sur, quería una vez más degustar le intimidad de su esposa, saborear ese lugar que lo había vuelto loco la primera vez que lo hizo, aspiro su aroma ante de hundirse de lleno en ella, Candy arqueó su cuerpo en busca de más y más, Anthony seguía concentrado en ese lugar, ya no para cerciorarse si ella estaba lista como un día su padre le había sugerido, sino por el simple hecho que le fascinaba deleitarse con la humedad de su esposa. Candy poco a poco se dejó llevar y caía de nuevo en aquel remolino de pasión al cual era arrastrado en cada movimiento que hacía su príncipe relajando todo su ser y llenando de placer a su amado al momento de sentir que aquella deliciosa corriente eléctrica la atrapaba una vez más para hacerla estallar de gozo y placer. Anthony recibía aquella demostración de la culminación de su esposa con gusto y seguía estimulándola para prepararla nuevamente.

Se colocó encima de ella y comenzó a invadirla lentamente mientras Candy lo observaba con su frente sudada y su respiración aún agitada, no se recomponía por completo de aquella maravillosa experiencia que su amado ya la invitaba a seguir con ello, él la beso con ansia, con anhelo, provocando que Candy se aferrara más a su cuerpo para que entrara de lleno en ella, necesitaba más de él, quería más, necesitaba sentirse plena y amada una vez más por él, su cuerpo le comenzaba a exigir sus caricias y sus besos. Sus miradas se sincronizaron y ella le indicó con una sola mirada que estaba lista, que necesitaba que iniciara ese candente baile sobre ella, Anthony obedeció gustoso comenzándose a mover afanosamente, con delirio, demostrándole lo loco que estaba por ella y por llevarla nuevamente a la cúspide del placer, sus cuerpos se sincronizaban en aquella vieja danza de placer que si bien era muy antigua para ellos era un nuevo ritmo que estaban aprendiendo y que los tenía enajenados, Candy se aferraba a su cuerpo abrazando su espalda con fuerza, mientras Anthony seguía con aquellos movimientos más fuertes y frecuentes, le acariciaba las piernas al momento que entraba y salía de ella, cuando de pronto sintió que el calor de su esposa se disparó una vez más su cuerpo comenzaba a convulsionarse y temblar entre sus brazos anunciándole de nuevo la llegada a su destino, él aceleró sus movimientos para intensificar aquellos sentimientos que afloraban desde el centro de su cuerpo, comenzando a llegar al mismo tiempo que ella, dejándose abrazar por el calor que su cuerpo desprendía al momento de llenar a su esposa de todo su amor, poco a poco los movimientos fueron más pausados, más lentos, hasta que sus cuerpos terminaron agotados uno encima del otro, con una sonrisa de satisfacción que ninguno de los dos podía ocultar.

-Anthony. – Dijo otra vez Candy, quien había repetido una y mil veces el nombre de su amado durante su acto de amor como queriendo anunciar a todos que ese era su nombre. Candy se había dado cuenta que el solo el hecho de decir su nombre completo provocaba en Anthony el deseo de poseerla una y otra vez, era como su afrodisiaco.

-Me encanta escucharte decir mi nombre amor. – Le decía tratando de recuperar su aliento, mientras seguía encima de ella. Un brillo apareció en la mirada de su esposa, un brillo intenso, travieso, que le anunciaba que deseaba nuevamente que la saciara de él.

-Anthony. – Le dijo de nueva cuenta en un susurro en su oído, cosa que no pudo evitar dejar pasar, la giró sobre su cuerpo posicionándola encima de él, ahora quería verla desde abajo y ver una vez más de lo que era capaz de hacer encima de él, así a plena luz del día, sin cubrir su cuerpo, sin sombras que los cubrieran, comenzando Candy a moverse encima de él mientras él le proporcionaba un sinfín de caricias sobre su cuerpo, preparándola una vez más para llenarla de él.

Aquel nuevo encuentro había sido igual de intenso, Anthony descubría que le gustaba bastante sentirse dominado por su esposa, de todas formas la podía hacer llegar desde esa posición y eso lo maravillaba.

Después de un largo día encerrado en aquella lujosa habitación, en la cual solo se habían demostrado su amor, llegaba la noche una vez más y el servicio llegaba otra vez. Anthony se dedicó a preparar la mesa que tenían dentro con velas y colocando todo para que tuvieran una cena romántica, mientras Candy iba al baño él se lucía acomodando todo para sorprenderla una vez más, amaba darle sorpresas a su amada. Candy salió del baño para dedicarse a cenar y se sorprendió por la rapidez para preparar todo.

-¡Es hermoso! – Le dijo emocionada.

-Te mereces eso y más mi amor. – Le dijo atrapándola por la cintura para besar sus labios y dirigirla hacia la mesa para que pudiera alimentarse.

Los días que pasaron en ese lujoso hotel llegaron a su fin y pronto partirían rumbo a Nueva York donde tomarían el barco que los llevaría rumbo a Europa. Anthony estaba muy ilusionado de realizar ese viaje con su esposa, ya que tenía muchísimos años de no viajar, y tenía escasos recuerdos de los viajes que realizaba con su familia.

-¿Desde cuándo no viajas a Europa? – Preguntó Candy una vez arriba del barco.

-Cuando regresamos a vivir a Lakewood tenía como unos dos años de haber regresado, siempre tuve la oportunidad de viajar mucho gracias al trabajo de mi padre, sin embargo cuando mi madre enfermó nos quedamos mucho tiempo en la mansión, una vez que ella partió la tía abuela nos mandaba constantemente a Europa para que me distrajera un poco. Sin embargo para un niño que acaba de perder a su madre eso no es ningún consuelo. – Decía Anthony triste recordando cuan solitaria había sido su vida, si no hubiera sido por sus primos, no podría decir dónde estuviera en esos momentos.

-Yo lo siento mucho Anthony. – Dijo Candy con verdadero pesar, le dolía saber que su amado príncipe no tenía a su madre con él y eso la hacía pensar en el pequeño bebé que crecía dentro de ella. Anthony notó el estremecimiento de su cuerpo, llevándose una mano por instinto a su vientre.

-No te preocupes hermosa, eso fue hace mucho tiempo, y si bien sigo extrañando a mi madre, sé que ella vive dentro de mí. – Le dijo tratando de mostrar una sonrisa más tranquila para evitar hacerla sentirse triste.

-¿Y tú padre? ¿Sabes que ha sido de él? - Preguntó Candy. Anthony negó.

-La última vez que lo vi fue antes de conocerte. – Le dijo con una sonrisa de lado. – Sin embargo él sabía de ti por las largas cartas que yo le escribía acerca de ti, de lo mucho que me tenías enamorado. – Le dijo abrazándose a ella mientras estaban en la cubierta disfrutando los rayos del sol.

-Sí, me enteré de ello. – Dijo Candy recordando la vez que sus primos le habían contado sobre la visita del señor Brower a Lakewood. Anthony la miró curioso. – Los muchachos me dijeron que tu padre les había comentado que tú le habías hablado mucho de mí en tus cartas. – Le dijo buscando su mirada celeste.

-Mi padre estaba enterado de mis intenciones contigo. – Le dijo sincero.

-¿Tus intenciones? – Preguntó curiosa.

-Candy. – dijo dando un largo suspiro. – Mi amor, desde que ten conocí causaste un gran impacto en mi corazón y muy pronto descubrí que ese sentimiento dentro de mí se llamaba amor, y a mi corta edad yo soñé en casarme contigo, sabía que éramos muy jóvenes, pero yo ya tenía un futuro seguro a tu lado, sin embargo la situación que viví me alejó mucho tiempo de ese futuro. – Le decía sin soltarla aferrándose a su cuerpo ansioso por tenerla junto a él. Candy lo miraba sorprendida, asombrada de sus palabras, siempre había sido un chico muy maduro y desde muy pequeño sabía lo que quería.

-Nunca pensé que tú hubieras soñado en casarte conmigo. – Dijo Candy bajando un poco la mirada.

-¿Por qué? Eres hermosa, no solo por fuera, sino que para mí eres la persona más bella y noble de este mundo y eso fue lo que más me conquistó de ti, más que tus hermosos ojos verdes, más que tu hermoso rostro y tus adorables pecas. – Le decía besándola por todo su rostro con cortos besos que le provocaban cosquillas, mientras reía por su acción. – Más que tu hermoso cuerpo. – Le dijo por último atrapando sus labios para unirse en un largo y apasionado beso, se habían olvidado por un segundo donde se encontraban, dejándose llevar por el amor que se tenían y sin percatarse de las miradas de los curiosos que los observaban en aquel barco. Candy de pronto se percató de donde estaban y se separó un poco de su esposo para ocultar su rostro en su pecho, él la recibió un poco extrañado al principio, pero cuando captó porque ella se había retirado y escondido en su cuerpo, solo pudo abrazarla con ternura para protegerla con sus brazos. Se retiraron al camarote para alejarse de las miradas de los curiosos y así poder dar rienda suelta a su amor, sin miradas acusatorias, sin ojos que los juzgaran, sin que nadie pudiera decir u oír lo que sucedería en la intimidad de aquel camarote.

El recorrido por Europa fue bastante amplio, recorrieron varias ciudades deteniéndose en cada una de ellas unos días, mientras cada día que pasaba se iba a acercando cada vez más el regreso a su patria. Candy seguía con las náuseas y los pequeños mareos, sin embargo era acompañada por su príncipe quien estaba igual que ella, por lo menos agradecía que en el barco no les hubiera hecho mucho efecto.

El vientre de Candy solo se percibía un pequeño abultamiento y eso era solo cuando su esposo la tenía a su lado mostrándole su belleza directa, sin embargo para los demás aún pasaba desapercibido su estado.

Habían llegado a Escocia, una ciudad que traía recuerdos a ambos rubios.

-¿Conoces Escocia Candy? – Preguntó el rubio a pesar de conocer aquella respuesta. Candy asintió.

-Una vez venimos en verano cuando estábamos en el colegio. – Contestó la rubia recordando aquella ocasión.

-Me imagino que se divirtieron mucho. – Respondió Anthony.

-Fue un verano muy agradable a pesar de las maldades de los Leagan. ¿Tom te contó? – Preguntó Candy. Anthony asintió. -¿Por qué estamos aquí Anthony? Esto no es parte del recorrido que nos regaló Albert.

- Lo sé mi amor, sin embargo deseo ir a un lugar. – Dijo Anthony viendo a su esposa a los ojos. - ¿Vamos? – Candy tomó su mano para seguirlo hacia donde se dirigía.

Llegaron a una hermosa casa que estaba muy cerca del castillo de los Grandchester y de la gran mansión de los Andrew.

-¿Dónde es aquí Anthony? – Preguntó Candy quien recordó que cuando había ido al castillo de los Grandchester había pasado muy cerca de ahí.

-Es la casa donde pasaba mis vacaciones cuando venía a Escocia. – Respondió el rubio ante el asombro de Candy.

-Creí que la pasabas en la mansión de los Andrew. – Dijo Candy mirando el rostro de ansiedad que tenía su esposo.

-En parte sí, sin embargo yo prefería pasarla aquí, junto a mi padre. – Dijo explicándole los motivos que tenía por estar ahí.

-¿Entonces, esta es la casa de tu padre? –Preguntó Candy.

-Por lo menos es la que más apreciaba él. – Dijo con cierta nostalgia. – Era la mansión que más le gustaba a mi madre después de Lakewood. – Dijo con una sonrisa nostálgica. Candy apretó su mano en señal de apoyo.

-Vamos. – Le dijo Candy ante el asombro del rubio quien solo se limitó a seguirla para dirigirse dentro de la propiedad. – Buenos días. – Dijo a unas personas que estaban trabajando en la entrada.

-Buenos días señorita. – Le respondieron desde adentro. Candy sonrió por la respuesta y se apresuró a pararse frente aquella buena mujer que le había respondido el saludo. - ¿Qué se les ofrece?

-Venimos buscando al Capitán Brower. – Dijo Candy segura.

-El capitán no se encuentra. – Dijo el hombre que estaba detrás de la mujer comenzando a observar bien a Anthony, era el mismo matrimonio que siempre había cuidado aquella gran mansión, sin embargo tenía más años y los ojos de ambos ya no miraban con claridad. – Pero volverá dentro de poco. ¿Quién lo busca? – Preguntó de nuevo entrecerrando los ojos para enfocar bien.

-Su hijo. – Dijo Anthony reconociendo perfectamente al fiel empleado de los Brower. – Anthony. – Dijo de nueva cuenta, sabiendo que se llevarían una gran sorpresa esperaba no causar daño en aquel par de viejos.

-Joven Brower. – Dijo el señor acercándose a él con tranquilidad, lo había reconocido desde el primer instante, sin embargo no quería hacerse ilusiones. – Sabía que usted estaba en algún lugar. – Le dijo extendiendo sus brazos para atraparlo de sus hombros y acercarse más a su rostro para observarlo con detenimiento. – Su padre y yo siempre dudamos de su muerte. – Dijo sorprendiendo al rubio, el buen hombre vio la sorpresa en los ojos de su joven patrón. – No hubo cuerpo. – Dijo simplemente.

-¿Entonces mi padre dudaba de mi muerte? – Preguntó. - ¿Por qué no me buscó?

-Te busqué por tres años seguidos. – Dijo una voz detrás de él. Anthony volteó hacia donde había escuchado aquella voz y se encontró con la mirada cansada y amorosa de su padre.

-¡Padre!- Dijo emocionado, mientras sus ojos eran recorridos por un par de gruesas lágrimas al igual que el rostro de Candy.

-¡Hijo! ¡Sabía que si estabas vivo ibas a venir a este lugar! – Decía conmovido, por eso no me moví de aquí. ¡Eres todo un hombre! – Le dijo abrazándolo de nueva cuenta mientras lo alejaba una vez más para verlo de cerca.

-Nadie supo darme noticias tuyas. – Dijo Anthony.

-Lo sé, me alejé de todos para buscar por mi cuenta, sin embargo no tuve éxito alguno. – Dijo aún con su voz emocionada. - ¿Ella es Candy? – Preguntó al ver a la joven que acompañaba a su hijo. Anthony asintió.

-Ella es Candy Brower, padre, mi esposa. – Le dijo con una sonrisa radiante al decirlo, sintiéndose orgulloso de mencionárselo a su progenitor. Se adentraron a la mansión mientras el viejo matrimonio seguía tras ellos felices.

-Me da mucho gusto conocer por fin a la niña de verdes ojos que cautivó a mi hijo. – Dijo el señor viendo a los ojos a Candy. – Tienes razón hijo, sus ojos se parecen a los de tu madre. – Le dijo recordando una de las tantas cartas que le había enviado describiendo a su pecosa. – Me alegra tanto verlos juntos.

-Gracias señor Brower. – Dijo Candy agradecida con aquel señor.

-¡Eres todo un hombre! – Dijo con orgullo. - ¿Lo ven? – Les dijo al matrimonio que seguía cerca de ellos. - ¿Les dije que mi hijo estaba con vida? Algo siempre me lo dijo, ¡Y vean aquí está por fin frente a mí y viene con Candy, su esposa! – Decía emocionado.

-Así es señor Vincent. – Dijo la señora. – Ya es todo un hombre y pronto será papá. – Dijo ante el asombro de los rubios y los otros dos presentes. Ninguno sabía cómo lo había averiguado si el vientre de Candy seguía sin ser perceptible a simple vista.

-¿Eso es verdad? – preguntó Vincent emocionado al ver a ambos rubios al rostro. Anthony miró a Candy con complicidad y ambos asintieron frente a su padre.

-Así es padre, dentro de unos siete meses serás abuelo, primero Dios. – Dijo Anthony. Vincent de la emoción sintió que sus fuerzas le faltaban sin embargo con los ojos llenos de lágrimas volteó al gran salón de la mansión.

-Vamos a ser abuelos, Rosemary. – Dijo ante la sorpresa de Candy quien volteo a ver hacia donde aquel hombre dirigía su mirada, seguida por la de su esposo. A sus espaldas pudo apreciar una hermosa pintura que reflejaba la imagen de una bella y elegante mujer de cabellos rubios y lacios y unos grandes ojos verdes.

-¿Es tu mamá? – Preguntó asombrada por lo bella que había sido la mamá de su esposo, sintió algo de nostalgia ver aquella pintura que reflejaba los ojos verdes que tanto le había dicho Anthony se parecían a los de ella, llegando a la conclusión de que no eran en sí los verdes ojos lo que se asemejaban a ella, sino la mirada de dulzura que ese reflejaba en ellos, el pintor había captado muy bien la esencia de Rosemary y su mirada tierna y dulce era lo que la hacía parecerse a la pecosa.

-Así es amor, ella es mi madre Rosemary Brower. – Dijo Anthony con orgullo observando con amor aquella pintura. – En esa pintura ella estaba embarazada de mí. – Dijo abrazando a su esposa.

-¿Verdad que era hermosa? – Dijo Vincent dirigiéndose a su nuera. Candy asintió.

-Muy hermosa. – Dijo Candy sincera.

-Igual que tú mi amor. – Dijo Anthony besando su mejilla con cariño.

Los días que habían pasado en Escocia habían sido maravillosos, Candy se llevaría de aquel lugar nuevos recuerdos que sobresalían de los anteriores, estar ahí al lado de su príncipe de las rosas había sido algo que le había parecido imposible en algún momento de su vida, sin embargo el recorrer las calles por aquella pequeña villa a su lado habían dejado una huella imborrable en su corazón, olvidándose de los malos momentos que había también pasado ahí.

-¿De verdad tienen que irse tan pronto? – Pregunto Vincent a su hijo, se le había hecho tan corto el tiempo que habían estado a su lado que deseaba que permanecieran a su lado más tiempo.

-Lo siento padre, pero como te había dicho Tom pronto se casará y me gustaría compartir con él ese momento. – Le decía Anthony con un poco de pesar a su padre porque tampoco quería alejarse de él.

-Lo entiendo hijo, sé que Tom es como un hermano para ti y entiendo la importancia de estar con él. – Dijo con melancolía, no podía evitar sentirse así.

-¿Por qué no nos acompañas? – Preguntó Anthony a su padre, quien observaba a Candy al mismo tiempo que ella asentía feliz por la propuesta de su esposo.

-¡Eso sería fabuloso! – Dijo Candy a su suegro.

-No lo creo hijo, ustedes están en su luna de miel, pero te aseguro que pronto tendrás noticias mías. – Dijo Vincent con una sonrisa. – Quiero conocer a mi primer nieto. – Dijo feliz al voltear a ver a Candy.

Vincent había ido a despedir a su hijo y su nuera al muelle, él se había retirado desde la pérdida de su hijo, sin embargo seguía teniendo amor por el mar. Sus ojos se enfocaban orgullosos en la pareja de jóvenes que lo habían hecho tan feliz aquellos días, despidiéndose con la esperanza de que pronto los volviera a ver, los jóvenes mecían sus manos en señal de despedida, abrazados uno al otro mientras emprendían su viaje de regreso a su hogar.

-¿A casa pecosa? – Preguntó a su amada una vez que la figura de su padre se había esfumado de su vista.

-A casa mi príncipe. – Le dijo con una sonrisa aferrándose a su cuerpo abrazada a él refugiándose como siempre, concentrándose en el latir de su corazón.

Continuará…

Bueno señoras y señoritas bellas, hasta aquí con el nuevo capítulo, espero lo hayan disfrutado mucho o se hayan entretenido un poquito al leerlo, sobra decirles que pronto llegará a su fin esta historia también, sin embargo no sabría decirles cuantos capítulos más me hacen falta.

Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes, reciban mis saludos y bendiciones.

Hasta pronto!