Capítulo 67
Try
—Lindsay, Chris, disculpad que os interrumpa, he intentado ponerme en contacto con vuestra agencia de representación, y me ha sido imposible. El viernes tenemos la firma de los nuevos contratos, ¿podéis avisar a vuestros representantes?
—Claro—respondía una de ellas.
—No hay problema—espetaba la otra.
—Perfecto, gracias chicas ¿Sabéis dónde está Matt? Vengo de su camerino, pero no está allí y tampoco está en el escenario.
—Creo que está ensayando en la sala de canto, con Quinn.
—Oh ok. Gracias—respondía con una agradable sonrisa—. Nos vemos en el ensayo—se despidió.
La clave.
Fue escuchar su nombre, y saber que el momento que tanto había deseado en aquellos cinco días, podía venir acompañado con aquella excusa; la firma de contratos.
Matt era precisamente el tercero de los actores con el que no había podido ponerse en contacto con su representante, y que el chico estuviese ensayando con Quinn, era casi una bendición para ella. Habían pasado cinco días desde que aceptó la petición de darle un tiempo para asimilar lo que estaba sucediendo con sus vidas. Cinco días en los que la máxima interacción que mantuvieron fue gracias a los ensayos, y a un par de llamadas durante el fin de semana, que Quinn no pudo evitar realizar para interesarse por Emily, algo que Rachel agradecía.
Sabía que la pequeña se había convertido en alguien realmente importante para la ella, y quizás eso era una de las razones que le hacían creer que todo volvería a ser como antes, que Quinn no se iba a alejar para siempre cuando diese por finalizado aquel tiempo de separación.
La estancia de Brody durante aquellos días le hizo más llevadera la sensación de vacío que se había apoderado de ella. Una sensación que le hizo comprender lo importante que era tenerla a su lado, y el poco tiempo que había necesitado para resultarle tan necesaria en su vida.
Echaba de menos todo en ella. Echaba de menos esas visitas matutinas cuando no se encontraban en Central Park mientras entrenaban. Su obsesión por aquél extraño café que poco a poco, se había ido colando entre sus gustos también. Echaba de menos verla jugar con Emily, enseñándole palabras en el lenguaje de signos que no sabía de dónde o cuándo las había aprendido. Echaba de menos verla sonreír o cuando conseguía provocar una carcajada general en mitad de un ensayo por cualquier ocurrencia, llamarla cada noche para saber si estaba en su apartamento sana y salva, o cuando decidía quedarse a su lado y pasar la noche junto a ella.
Echaba de menos sentir como el sueño se apoderaba de su cuerpo mientras le entregaba el último beso de los miles que se regalaban cuando hacían el amor. O despertar y no verla a su lado, buscando alguna excusa para redimirse por su falta de romanticismo. Echaba de menos tantas cosas de ella que era imposible enumerarlas, ni recordarlas en aquel corto trayecto que la separaba desde los camerinos, hasta la sala de ensayo donde debía estar Matt. Y que ya se presentaba ante ella con la puerta entreabierta y el sonido de la música saliendo desde el interior. Música que correspondía a una canción en concreto del musical, y que la incitó a descubrir el motivo por el cuál sonaba con tanto volumen, evitando que nadie se percatase de su curiosidad.
Estaban practicando algunos movimientos de una de las escenas más complicadas de toda la obra, por no decir la más difícil de todas. Y Rachel decidió esperar pacientemente a que terminasen para colarse en la sala. No fue necesario. Tras varios minutos observándolos, era Matt quien la descubría a través del enorme espejo que presidía la habitación, y no dudó en detener la música.
—Hey, hola Rachel—saludó el chico.
—Hola, hola Matt… Quinn—masculló con algo de dudas—¿Estáis ensayando?
—Sí, así es—respondía de nuevo Matt. Quinn no podía. El aire le faltaba tras los últimos movimientos y su respiración se mostraba dificultosa. Pero no era la única excusa para mantenerse en silencio. También lo hacía por la tensión que sentía cada vez que se encontraba con ella en aquel teatro.
—¿Por qué no utilizáis el escenario principal? Tenéis más espacio y…
—Necesitamos las paredes—habló Matt—. Queremos hacer la escena completa y en el escenario no podemos calcular bien sin el decorado. Además, aquí nadie nos molesta.
Cierto. Nadie les iba a molestar en aquella sala, excepto ella, que en ese mismo instante sentía como aquellas palabras la dejaban en evidencia por su inesperada interrupción.
—Siento interrumpiros—se disculpó—. Te he estado buscando y Lindsay me dijo que estabas aquí—miró a Matt.
—¿A mí? ¿Para qué? ¿Sucede algo?
—No, no, tranquilo—lanzó una fugaz mirada hacia Quinn. Era la primera vez que la veía en aquella semana que recién comenzaba, y su mutismo comenzaba a ponerla nerviosa—. Solo es que no he podido ponerme en contacto con tu representante. Estoy llamándolo, pero no da señal su teléfono.
—Oh, probablemente lo tenga desconectado. Se supone que debe estar volando ahora mismo hacia aquí.
—Ok, tiene sentido—le sonrió tímidamente—. El viernes es la firma de los nuevos contratos, así que si no te importa avisarle… O después le llamo yo de nuevo.
—No te preocupes, yo le aviso en cuanto me llame. Me dijo que lo haría nadas más aterrizar.
—Perfecto. Genial, muchas gracias—le dijo complacida, justo cuando lanzaba la mirada hacia Quinn, y sentía como de nuevo el corazón parecía querer salirse de su pecho. Tuvo que tomar una bocanada de aire para lograr mantener la calma—. Quinn, tengo entendido que este fin de semana estarás en Lima ¿No es cierto?
—Sí, es la reunión de los chicos del Glee—respondía con apenas un susurro. Para ella tampoco era fácil sobrellevar aquella situación con Rachel.
Tener que evitarla cuando se moría de ganas por besarla, por abrazarla o simplemente mirarla a los ojos sin sentir que su corazón se rompía. Era una completa tortura. Tanto, que ni siquiera era capaz de comprender como lograba acudir al teatro cada día, y mantener la promesa que se hizo así misma para protegerla.
—Ok. Ya sabes que tengo una reunión con Mónica el miércoles, pero quiero que tengas presente que el viernes tienes que venir tú también. Para la firma… Procuraré que sea lo más pronto posible, así te puedes ir a Lima y aprovechar todo el día.
—Ok. Gracias—respondía bajando la mirada —. Aquí estaré.
—Perfecto—susurró tras ver cómo ni siquiera era capaz de mantenerle la mirada—. No os interrumpo más. Gracias a los dos. ¡Ah! Y os prometo que la semana que viene os ya tendréis el decorado que necesitáis para las escenas. Yo, yo misma me encargaré de que así sea.
—Genial—musitó Matt y Rachel le sonrió agradecida de nuevo por la amabilidad con la que la trataba. Y sobre todo porque parecía ser plenamente consciente de la tensión que se generaba entre ellas cada vez que se encontraban, y procuraba siempre mediar para que fuese más liviana.
—Bien. Lo digo, no os interrumpo más. Por cierto, lo estáis haciendo bien—espetó con una leve sonrisa, segundos antes de dirigirse hacia la salida —. Va a ser una escena maravillosa—añadió deteniéndose justo en la puerta para volver a lanzarle una mirada a ella. A Quinn, que seguía cabizbaja —. Nos vemos luego—se despidió dispuesta a marcharse, algo que no sucedió.
La voz de Matt la obligó a detenerse justo cuando ya regresaba al pasillo.
—¡Rachel! Espera… Espera un minuto, por favor —le dijo, y la morena regresó la vista al interior de la sala, curiosa —¿Tienes mucha prisa?
—¿Ahora? Pues… No, quiero decir, tengo que volver al despacho, pero…
—¿Puedes echarnos una mano? —le interrumpió provocando la sorpresa en Quinn.
—Claro—musitó regresando al interior— ¿En qué os puedo ayudar?
—Verás—se adelantó—. Estamos ensayando la escena de Try, pero tenemos un pequeño problema de coordinación en una de las partes—miró a Quinn, que cabizbaja empezaba a lamentarse—.En el giro que tengo que dar con ella sujeta de mi espalda, no hay manera de que nos salga bien y tengo miedo de hacerle daño.
—Tendría que verlo—respondía la morena—¿Os importa hacerlo de nuevo?
—Claro. Podemos, ¿no, Quinn? —la buscó con la mirada.
—Sí, claro—susurró con apenas un hilo de voz. El suficiente para que Matt se diese por satisfecho, a pesar del rostro descompuesto que mostraba su compañera. Gesto que también pudo percibir Rachel, el cual quiso asociar a la frustración que probablemente sentía por tener que aceptar la ayuda. Era algo ya habitual en ella, y Rachel lo sabía. Si había algo que molestase a Quinn su trabajo, era tener que pedir ayuda. El no poder resolver los problemas que surgieran por ella misma, y depender de los demás para lograrlo.
Hasta eso echaba de menos Rachel, hasta aquel halo de soberbia que a veces salía a relucir en ella.
Cuando vio como Matt acercaba al equipo de música, Rachel regreso para permanecer junto a la puerta, en la pared opuesta al espejo desde donde iba a poder observar la escena completa.
Y las primeras notas musicales de la canción dio comienzo al ensayo de la escena en cuestión. Una escena llena de movimientos casi acrobáticos que ponían de manifiesto el buen estado de forma en el que se encontraban. Tanto Matt, que tal y como exigía el guion se mostraba con unos ligeros pantalones de tela, dejando al descubierto el torso y por ende los músculos de los que hacía gala, mucho más marcados que la última vez que pudo observarlos en primera persona. Y por otro lado Quinn, que con un vestido hecho jirones también conseguía mostrar partes de su cuerpo que permanecían ocultas durante la obra, hasta la llegada de aquella escena en concreto. Zonas como la espalda, hombros, y parte de la barriga, y que, por supuesto, también se mostraban en pleno estado de forma.
Tuvo que recuperar la respiración en algunos de aquellos inimaginables movimientos que llevaban a cabo, y que parecían dominar a la perfección debido a la sensualidad que mostraban. Sobre todo, Quinn, que, a pesar de no ser un ensayo oficial, se metía de lleno en el papel que interpretaba, dándole el dramatismo que caracterizaba al personaje.
Saltos, enfrentamientos, huidas, persecución, encuentros y muchas, muchas miradas que se quedaban a escasos centímetros de sus labios, mientras Rachel los observaba completamente hipnotizada, sorprendida por la buena elección que había hecho al elegirlos para el musical, y, una vez más, arrepentida por no ser ella quien compartiera escenario con su chica. Porque Quinn seguía siendo su chica, a pesar de todo.
Hasta que ocurrió.
Llegó el momento al que había hecho referencia Matt, y Rachel supo cuál era sin tener que detener la actuación. Pero si lo hicieron ellos.
—Dios —se lamentó Quinn sacudiendo su brazo derecho con una mueca de dolor en su rostro.
—¿Ves? —habló Matt tras acabar con la acción —. Como tengamos que hacerlo así, le voy a hacer daño —se quejó —. Ya se lo comenté al coreógrafo, pero me dijo que era lo que estaba marcado en el guion, y que debíamos practicarlo mucho para que saliese bien sin hacernos daño.
—Lo veo—respondía Rachel acercándose a ambos—. Y sí, es cierto que el movimiento ese está en el guion, es como debe hacerse… Pero creo que el problema está en tu espalda—se dirigió a Quinn, que seguía tratando de relajar los músculos de su brazo—.No puedes cargar el peso de Matt con tus brazos, porque es imposible que lo consigas—trató de explicarle— Tienes que procurar que tu espalda vaya bajando de forma gradual y sin perder la rectitud, es la única forma para que el peso quede equilibrado, y Matt pueda quedar completamente en horizontal sin que te hagas daño.
—Lo he intentado—se excusó—, pero si no lo sujeto de esa forma. Pierdo el equilibrio.
—No es necesaria la fuerza—volvía a incidir—. Tienes que buscar el equilibrio en tus piernas y luego ceder poco a poco, dejándote caer al mismo tiempo que Matt alza sus piernas.
—Es lo que hago, pero me da miedo porque tengo la sensación de que no voy a poder mantenerlo, y se va a caer.
—No me voy a caer—interrumpía Matt—. Te lo aseguro, en el momento en el que tú empiezas a tirar hacia atrás, yo me levanto solo. No me cuesta esfuerzo alguno.
—No lo sé, no puedo evitarlo. Lo hago por inercia.
—Vamos a intercambiar los papeles—intervino Rachel—De esa forma sabrás como se siente Matt en ese movimiento y se te quitará el miedo.
—¿Quieres que yo haga de él? —la miró incrédula—. No puedo, no tengo tanta fuerza en la espalda, no… No tengo sus abdominales—se excusó, y el tono infantil de su voz estuvo a punto de provocar una sonrisa en ambos, tanto en Matt como en Rachel, que volvía a sentir esa presión en el pecho.
—¿Puedes hacer tú de mí? —interrumpió Matt buscándola rápidamente.
—¿Yo?
—Claro, tal vez así se dé cuenta de que no me voy a caer. Tu pesa menos, y si ella no se ve con fuerzas para hacer mis movimientos, puede que, liberándola de peso, le ayude a comprender que todo es cuestión de equilibrio—aclaró lanzando una mirada a Quinn, que de nuevo recuperaba la frustración en su rostro—. Seguro que está más acostumbrada ¿No crees? —añadió, y Quinn se encogió de hombros—¿Qué dices, Rachel? ¿Te atreves a ocupar mi lugar?
—Yo… No sé—miró a Quinn— ¿Tú estás de acuerdo?
—Yo solo quiero hacer ese movimiento perfectamente, así que cualquier ayuda será bien recibida le respondió dándose por vencida.
—Ok, pues lo hago—cedió. Tampoco le resultó demasiado complicado aceptar. Había estado buscando cualquier excusa para estar un poco de tiempo con ella, y ayudarla en un ensayo era mucho más de lo que había imaginado.
No tardó más de dos minutos en prepararse para el momento. Un par de ejercicios de calentamiento tras deshacerse de la chaqueta, de los zapatos e incluso de la coleta que mantenía recogido su pelo, solo por tal de evitar que pudiese molestar a Quinn.
—¿Quieres que hagamos la escena completa? —se atrevió a preguntarle con tal de lograr alargar aún más aquel instante.
—Si conoces los movimientos, perfecto—respondía Quinn.
—Ok, pues Matt—lanzó una mirada al chico—, puedes poner la canción.
—A sus órdenes—respondía situándose en el lugar que minutos antes había ocupado ella misma junto a la puerta, y activó el equipo de música con un pequeño mando a distancia.
Silencio.
Eso era lo que existía entre ambas tras la tensa espera de aquellos primeros segundos en los que Quinn se colocaba tras la morena, y la abrazaba rodeando su pecho. Silencio, porque era el primer acercamiento físico que se producía entre ellas desde hacía casi dos semanas y, evidentemente, pudieron sentirlo. Fueron conscientes de ese nerviosismo que se apoderaba de ambas por aquel simple gesto, el más leve que iba a producirse en los siguientes minutos.
Un suave balanceo de ambas acompañaba a las primeras notas de que aquella canción que comenzaba con una suave melodía.
Ever wonder about what he's doing?
Tres pasos a la derecha y las manos de Quinn seguían aferradas a aquel abrazo que mantenía con Rachel.
How it all turned to lies?
Tres pasos a la izquierda, y esta vez era Rachel quien enredaba sus dedos en el pelo de la rubia, obligando a que su cabeza cayese sobre sus hombros.
Sometimes I think that it's better to never ask why
Un suave movimiento circular y Rachel terminaba posando su espalda en la rodilla flexionada de la rubia.
Fue el principio y el último de los movimientos técnicos que llevaron a cabo en aquel ensayo. Les bastó tener aquel primer encuentro de sus miradas para olvidarse de que era algo estrictamente organizado, y optaron por dejarse llevar y seguir la música.
Un abrazo, un baile de apenas unos segundos en el que las dos destruían cualquier resquicio de espacio que pudiese quedar entre ambas, y que acababa con una desesperada caricia de Quinn sobre una de las piernas de Rachel, que, a su vez, ésta utilizaba para realizar la primera de las acrobacias, aprovechando la espalda de la rubia para dar una magistral voltereta que la volvía a separar de ella. Pero no por mucho tiempo, solo el justo y necesario para que Quinn sujetase con fuerzas una de sus manos, y tirase de ella hasta volver a abrazarla.
Where there is desire
There is going to be a flame
Where there is a flame
Someone's bounds to get burned
But just because it burns
Doesn't mean you're going to die
You've got to get up and try, and try, and try
Fuego, eso decía la letra de aquella canción, y eso exactamente era lo que empezaba a existir entre las dos, cuando Rachel se dejaba caer en los brazos de Quinn y ésta, con un suave impulso, la alzaba para volver a apartarla de ella en aquel tira y afloja que trataban de representar. Llegando a tomar un paralelismo con sus propias vidas que incluso asustaba.
Porque eso era lo que sentía Quinn cuando en ese instante. Rachel la miraba desde el suelo, con una súplica en sus ojos que destruía su corazón en miles de pedazos. Miedo al recorrer los escasos metros que las separaban, mientras Rachel se deslizaba por la pista y se alejaba. Hasta que, de nuevo, la providencial mano de la rubia se aferraba a la suya y la obligaba a levantarse y enredar sus piernas en un nuevo baile, que terminaba con un cara a cara y el caos que producía toda aquella locura en sus mentes.
Se miraban mientras llevaban a cabo los siguientes movimientos, porque la escena así lo exigía. Pero también lo hacían sin guion, simplemente porque lo necesitaban, porque deseaban sentirse cerca. Respirar el mismo aire que se interponía entre ellas en cada uno de los enfrentamientos que tenían que fingir.
Ever worry that it might be ruined
And does it make you wanna cry?
When you're out there doing what you're doing
Are you just getting by?
Tell me are you just getting by, by, by?
Aquellas palabras que sonaban en toda la sala eran indirectas que ellas mismas se estaban enviando, porque nunca antes una canción pudo describir a la perfección la situación que vivían y que, a pesar de disimularlo, estaba destrozándolas por dentro.
Y volvía el abrazo tras un breve tiempo distanciadas, y volvían los brazos de Quinn a rodear el cuerpo de la morena, atrayéndola hacia ella, evitando que volviese a escapar de su vida. Porque en aquel instante no sentía que era aquel personaje, sino Quinn.
No podía evitar estremecerse al tenerla junto a ella, al sujetar su cintura para que, como si de una verdadera bailarina se tratara, girase con elegancia sobre uno de sus pies, y así comenzar de nuevo otra tanda de movimientos acrobáticos. Con la única diferencia de que ahora le tocaba a ella "tomar las riendas".
Era su momento.
Rachel se metía en el papel que ella misma iba a interpretar y sin pensarlo, terminaba cantando aquellas estrofas con la misma intensidad con la que lo hacía la cantante original, mientras buscaba entre aquellas paredes la salida de la habitación. Abriendo y cerrando puertas que no existían en aquel momento, pero que sin duda parecían estar allí a tenor de la desesperación que mostraba en su interpretación, hasta que volvían a encontrarse.
Tres segundos. Eso era exactamente lo que duraba aquel cara a cara que de nuevo volvía a ponerlas una frente a la otra, y las preparaba para llevar a cabo un par de movimientos más que terminaba con Quinn en el suelo, mientras Rachel, se acercaba a ella por detrás y la abrazaba con ternura para terminar con la acción que las exponía ante la prueba de fuego. El movimiento, la acrobacia por la cual estaban ensayando juntas.
Era Rachel quien se aferraba al torso de la rubia que permanecía tras ella, y ésta sujetaba con fuerzas una de sus piernas, obligándola a levantar su cuerpo del suelo en una acción digna de acróbatas profesionales.
Ambos cuerpos quedaban en el aire, en perfecta alineación horizontal, solo con la ayuda de las piernas de Quinn que hacían de soporte y que permitían que ésta se dejase caer hacia atrás, equilibrando aquella balanza que ahora sí parecía controlar, y asegurar para poder llevarla a cabo con Matt.
Todo era tan sencillo con Rachel, que el dolor de estar obligándola a alejarse se hacía aún más punzante en su corazón. Y no pudo evitar buscar la forma de agradecerle que estuviera dándole aquel tiempo. Fue la siguiente maniobra la que le iba a permitir llevar a cabo aquel gesto de agradecimiento, cuando Rachel se dejaba caer en el suelo, y tras un nuevo y efectivo impulso, saltaba literalmente hacia los brazos de la rubia, anclando sus piernas alrededor de la cintura, y permitiéndole que se girase en un efusivo abrazo que terminaba con la pared más cercana como punto de apoyo.
Y fue ahí, justo ahí, cuando sus brazos alzaban a la morena y ésta se aferraba a su cuello, cuando sintió que podía agradecerle, o quizás, recordarle que seguía estando a su lado. Que seguía enamorada de ella y que lo iba a estar hasta que su pobre corazón se lo permitiera, entregándole un beso que, de nuevo, una vez más en un ensayo, volvía a suceder sin importarles donde estaban. Sin darle sentido a nada más que no fuesen sus labios mientras sus cuerpos, casi por inercia, seguían los pasos establecidos.
—Te quiero—susurró Quinn tras apartar sus labios de los de la morena, y seguir con la secuencia de movimientos. Como si aquel beso hubiese sido parte del guion, pero siendo conscientes de que no lo fue, que había sido algo deseado y que casi acababa con el ensayo de la escena.
Solo un par de movimientos más en los que volvían a bailar, a tratar de apartarse la una de la otra y a caer sobre el suelo para deslizarse, y terminar con la canción en un leve suspiro. Como si realmente aquella alma que no encontraba su camino, muriese para siempre entre los brazos de aquel chico que la mantenía aferrada a una vida que ya no tenía.
No supieron si eran segundos o minutos los que transcurrieron mientras ambas permanecían abrazadas en el suelo, ignorando la orden de alejamiento impuesta por la sociedad y regalándose ese calor que tanto habían echado de menos.
No había recibido respuesta por parte de Rachel tras aquel "te quiero". Pero no fue necesario para Quinn, que, tras recuperar el aliento, era consciente de cómo Matt se había marchado de la sala y las había dejado a solas. Probablemente siendo consciente de lo mucho que necesitaban ese momento.
—Se ha ido—balbuceó tratando de llamar la atención en Rachel, que aún sobre el suelo, mantenía su rostro oculto—Rachel.
No respondía, pero no porque no quisiera, sino por culpa de aquel nudo que se aferraba a su garganta y que conseguía provocar que las lágrimas se asomasen vertiginosamente en sus ojos —Rachel —volvía a susurrar Quinn al ver el gesto apenado de su chica.
—Tranquila, Quinn—reaccionaba levantándose del suelo—. No importa que Matt no esté, lo importante es que tú tengas la confianza de saber que ese movimiento es sencillo para él, y que no debes preocuparte porque no le haces daño—hizo una pausa para controlar el sollozo—¿Lo tienes claro?
—Sí, totalmente—respondía acercándose, tratando de consolarla. Aunque solo fuese con su presencia.
—Ok. Pues, pues ahora solo tenéis que ensayarlo mucho. Yo—tragó saliva—, yo voy a salir y buscaré a Matt para que regrese.
—Rachel, lo siento—se disculpó tras un breve silencio en el que la morena no pudo evitar romper a llorar—. No me odies por favor, te juro que todo esto es por el bien de ambas—suplicó.
—No te odio, Quinn—respondía con sinceridad, sin poder evitar que las lágrimas cayesen —. Si lloro es por todo lo contrario, porque te amo.
—Esto acabará te lo prometo. Todo volverá a ser como antes y te juro que te haré feliz, aunque sea lo último que haga en mi…
—Quinn—la interrumpía tras ver como avanzaba hacia ella—. Déjalo estar. Si necesitas tiempo, no precipitemos las cosas ¿De acuerdo?
—De acuerdo—se detuvo tras escucharla hablar con el tono sereno—. Pero no llores, por favor, no puedo verte así. Sé que crees que soy despreciable, pero tienes que confiar en mí, tienes que hacerlo—susurró.
—Lo hago, por eso no tienes que preocuparte por mí—espetó con firmeza segundos antes de regresar hasta la salida, donde de nuevo volvía a detenerse y a mirarla—. Llevo toda la vida esperando a alguien como tú, supongo que podré esperar un poco más.
Y así, tras abrir por completo su corazón, Rachel abandonó la sala de ensayo envuelta en lágrimas, en una pena que conseguía desestabilizar su respiración y provocarle una incomprensible sensación de desconocimiento por no saber ni el por qué, ni cómo ni cuándo pasó lo que tuvo que pasar para llegar hasta aquel punto en el que ya no veía ni escuchaba nada, sino que simplemente se dejaba llevar por su corazón. Solo porque Quinn así se lo había pedido. Porque aquella chica, su chica, tras aparecer en su vida y revolverla por completo, le hacía creer la incomprensible idea de que había motivos suficientemente hermosos, como para permitir que el corazón se rompiese en mil pedazos, y todo perdiese el sentido que con tanto empeño consiguió encontrar en aquella relación. Solo Quinn había conseguido hacerle recuperar la confianza en sí misma, y sentirse importante cuando menos lo creía. Y eso era razón suficiente para esperar y creer que aquel tiempo de súplica, traería a su vida la tan ansiada felicidad.
