Capítulo XXXIII


Las niñas tenían miedo, desde luego eso no se podía evitar; no obstante las mayores ponían el ejemplo y se colocaron estratégicamente cubriendo a las tres menores.

Los padres de todas ellas, no se movieron del andén; solo enviaron a Remus a la mansión y eso con ayuda de los elfos para que se llevara a Raki y a Lucian. Sabían que no es que pudieran enfrentarlos, sin embargo como fuera deseaban poner su granito de arena en esa batalla y si la perdían... querían estar junto a sus niñas hasta el final.

Los despertados que comandaba Isley caminaron en forma humana hasta el andén y las barreras mágicas no significaron nada para ellos. Muchos sonidos de aparición se escucharon alguno de la gente que escapaba con ayuda de Harry y los otros, los terceros de los aurores arribando, por desgracia poco o nada podían hacer contra los guerreros yōmas que fueron cambiando azuzados por el olor de la comida.

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Rubel y Ermita, fueron los que acompañarían a las Claymore; ellos apareciéndose cada vez sin dejar de seguir a las guerreras que iban corriendo velozmente y que afortunadamente ya estaban sobre las vías y con la mira puesta en la horda que rodeaba la estación.

Los despertados viendo que su alimento se escapaba, no tardaron en cernirse sobre la multitud; algunos fueron veloces en agarrar a algún mago o bruja para devorarlo o eso creyeron; más algunas figuras se los impidieron, cercenando miembros a su paso.

Isley se abrió marcha hasta la plataforma y ahí la vio... ella la infanta que aun siendo una bebé los enfrentó a él y a Luciela; no había duda, esas facciones imperturbables y el escrutinio que ella hizo al instante en que lo sintió, le corroboró sus sospechas.

Una adolescente con hermosas facciones y una guerrera impresionante. Isley lo supo desde que sintió su nacimiento... si vivieran en otro mundo o tiempo, él hubiera buscado verse reflejados en eso ojos plateados..., más eso solo fue una quimera y ella en ese momento se colocó en posición de combate encarándolo, sin mostrar ningún reconocimiento o emoción.

Rigardo rió divertido al ver que las únicas que parecían defender ese lugar, era un grupo de niñas. Incluso vio como una de las mayores, pretendía enfrentar a Isley.

Rigardo se puso entre la chica y su líder, se cruzó de brazos y bostezó.

–Es mejor que me dejen pasar sin intentar nada, si lo hacen haré que su muerte sea rápida y sin dolor... o no mucho.

Los yōmas continuaban tratando de agarrar a algún aperitivo, más los magos y brujas, los de azul y el círculo de amigos de los Potter Malfoy, detenían con bombardas, Confringo o cualquier hechizo que sirviera para evitar las garras, púas o colmillos de esos seres.

Hermione y Theo habían convocado partes de la estructura para cubrir los cuerpos de sus cercanos y de ese modo, no estar tan expuestos. Por desgracia a pesar de los esfuerzos algunos aurores habían sido devorados frente a sus ojos, igual que algunos civiles que no pudieron escapar a tiempo.

Irene miró hacia donde el grupo de adultos luchaba y vio que su padre estaba en las primeras filas, no volteó, mas aclaró:

–Voy con ellos.

Teresa asintió y ordenó:

–¡Formación crup, ahora!

Las niñas se movieron al mismo tiempo y con Clare delante y las otras cuatro a su lados comenzaron la ofensiva como entrenaron; sus movimientos eran veloces y precisos, siempre hacia adelante y por debajo de los pies de los yōmas, estrategia basada en el ataque de un crup, –para ser exactos el de Deneve, uno llamado colacuerno. Las extremidades inferiores de la primera fila de despertados, fueron cortadas de tajo y si bien podría ser reunidas, eso les llevaría tiempo, el mismo que Irene y Miria usaban para cortar cabezas.

Y es que el grupo de Isley no esperaba que hubiera defensa en ese lugar, mucho menos una acostumbrada a luchar con yōmas, y por eso el asalto de las defensoras tuvo más éxito.

Teresa no se movió ni para vigilar las acciones; confiaba en Clare e Irene. Mientras ella no podía perder de vista a ese par, ambos líder y mano derecha respectivamente.

Y si bien las niñas eran una barrera, estaban muchos yōmas y no tardarían en ser superadas, pues el cansancio les estaba llegando.

Deneve movió su filo y cortó el tendón de una de las grandes garras de un reptil, o lo intentó, pues la espada se quedó atorada. La niña se quedó estática, miró a su alrededor buscado a sus amigas, más todos se hallaban luchando. La gran cabeza del despertado se inclinó y se fue acercando a la pequeña, ella sintió el fétido aliento antes de que este fuera alejado por un gran pedazo de estructura metálica, las varitas de Theodoro y Charlie, aun en ristre después de que unieran fuerzas para mover ese gran bloque para proteger a su hija.

El yōma quedó algo desorientado por el golpe, más eso no lo detuvo y retomó sus intenciones, ahora dirigidas a comerse al par de magos. Deneve se alteró y su cuerpo dejó salir el yõki, sus colmillos y orejas crecieorn, y sus brazos se pusieron más nervudos para terminar de dar ese tajo, que se había quedado a medias, el pie fue cortado y Deneve se dirigió al otro, pero alguien le llevó la delantera escindiéndolo; un par de espadas cruzadas hicieron el trabajo; su portadora –llevando una en cada mano–, una guerrera que vio a la niña y con voz grave, dijo:

–Eres debilucha..., pero hiciste un gran esfuerzo.

Deneve frunció el ceño, más la Claymore de aspecto rudo y grande, rió divertida.

–Soy Undine y vengo con el grupo de Claymore, pero tú eres muy joven como para estar aquí, regresa a tu base. –dijo la Claymore, sin embargo no veía posible que nadie pudiera dejar ese lugar.

–No soy...

Deneve se detuvo a tiempo de decir algo y optó por verificar a sus padres. Con las Claymore ya en el lugar, había más posibilidades de ganar.

Theodoro vio a su hija y si bien deseó correr y abrazarla, sabía que los yōmas solo esperaban la oportunidad de cazar a uno de ellos para comérselo. Charlie vio a Deneve y esta agitó la mano en su dirección.

–Ella está bien. Esa grandota le ayudó.

–Charlie... –regañó Theo.

–¿Qué? No miento, ella es muy grande y fuerte, mira que llevar dos espadas...

–Eso es extraño.

–¿Por qué?

–Según nuestras investigaciones, las espadas están hechas para distinguir a cada una de las Claymore, e igualmente se colocan en las tumbas de estas cuando mueren..., mira... ambas espadas llevan un signo diferente.

–¿O sea que una no es de ella?

Theo asintió, eso era curioso, sin embargo los dos dejaron de lado ese pensamiento, enfrascados en esconderse sin dejar de vigilar a su pequeña que fue adoptada por Undine la de las espadas gemelas y la llevaba cerca de ella.

Deneve, caminó y peleó un poco cerca de la gran Claymore, más la dejó, al ver que sus amigas y primas se reunían de nuevo; esta vez viendo como Clare peleaba contra Rigardo.

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En el castillo, las malas noticias arribaron y Severus se sintió morir, sus hijos y esposo estaban en la estación. Incluso algunos de sus maestros que llevaban a sus hijas al expreso.

Sabía que ir era un suicidio, pero no podía dejar a su familia lidiar con ese peligro, solos.

Convocó su maletín, lo empequeñeció, agarró una escoba y se elevó en el cielo rumbo al andén; aparecerse sería imposible y más peligroso, por lo que como pocas veces, voló raudo y peligrosamente.

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El Kakuseisha de ojos plateados, pensó que sería divertido destrozar a la chica frente a los ojos de eso sobrevivientes que parecían estar muy pendiente de ellos; pero al primer golpe de garras que fue detenido, tuvo que admitir que eso no sería tan fácil como creyó.

Isley no se movió, pues deseaba admirar paso a paso el desarrollo de ese combate, habían sido años en los que no vio a esa guerrera –él la veía como una, dijeran lo que dijeran– ni supo nada de ella.

Rigardo gruñó al notar que había una chica más y por el parecido, muy cercana a la que ya pelaba con él.

Aun jadeando Clare llegó con Teresa.

–Han llegado las Claymore.

–Sin embargo no hay que confiarnos; y si nuestros papás y los otros no quieren irse, debemos protegerlos.

–Pues no creo que sea ya una decisión irse o no. Ya no pueden salir o desaparecerse sin que sea vulnerables o pueden escindirse.

–Lo sé.

–Ese otro; es uno de los Abisales... verdad.

–Sí, es Isley del Norte el único varón entre los tres abisales.

–Ya. Pues no se ha movido, eso es bueno.

Teresa estuvo de acuerdo con su hermana menor, era muy bueno que Isley no estuviera atacando, más no sabían cuánto duraría su pasividad.

Isley vio a la menor de las Potter Malfoy analizándola, era muy fuerte se notaba, más no fue su esencia la que lo llamó desde su nacimiento; pero supo que era gemela de la otra guerrera.

Teresa volteó unos segundos para buscar a su padres. Draco le regresó la mirada, Harry no pudo hacerlo, pues protegía a su esposo, a Hermione y un grupo pequeño de estudiantes; sosteniendo con magia una paredes de lo que parecía un vagón. Ron ayudaba también.

Teresa se giró de nuevo y llamó.

–Vamos Clare.

–¿Formación Potter Malfoy...? –preguntó la menor y Teresa asintió.

Al unísono se movieron de frente, si Rigardo se movía para su izquierda o derecha ambas estaban listas para cortarlo.

Rigardo gruñó y es que no le agradaba usar su forma Kakuseisha, pero tuvo que usarla al sentir que los golpes de las dos rubias estaban cada vez más cerca de herirlo.

El gran León apareció y sus garras se volvieron casi imposibles de evitar. Rigardo se movió y su libido subió enormemente, ansiaba una buena pelea y esas niñas –milagrosamente– se la estaban dando.

Rigardo mostró su dentadura y es que no en vano llevaba años como Kakuseisha y no dejó pasar esa mirada entre la rubia de cabello largo y el mago rubio que luchaba más allá. El león dio un gran saltó y en el aire lanzó una de su garras las cuales salieron disparadas como saetas sin separarse de su mano.

Isley discernió las intenciones de su mano derecha y reaccionó para darle ventaja avanzó y cambiando una de su manos en una larga espada de hielo atacó a Teresa. La chica detuvo el golpe y no retrocedió, esperaba ese momento y estaba lista; dejaría a su gemela a cargo de ese León.

Clare gritó al ver hacia donde iba dirigido el embate de Rigardo, se giró veloz para detenerlo...; Draco volteó al escuchar a su hija y vio como en cámara lenta como esos apéndices iban como cuchillos en pos de él.

Clare susurraba, como rogándole a sus piernas...

–Más, más rápido, más velocidad...

Draco cerró los ojos; pero el dolor nunca llegó, sin embargo si sintió un peso sobre él... Abrió los ojos y vio a...

Harry lo protegía con su cuerpo. El moreno alzó la vista y preguntó...

–¿Es...tás... bien... cari...?

El de ojos verdes ya no pudo hablar, pues escupió sangre. Draco sintió que su esposo se desvanecía y gritó alterado.

–¡No Harry!

Pero entre lágrimas se concentró y usó su magia para intentar curar esas heridas en el costado, pierna derecha y hombro derecho de su moreno. Hermione dejó que Ron y Fred se hicieran cargo de su defensa, ayudados por Dudle y se unió al rubio para intentar curar a Harry.

Clare gritó y en medio de ese llamado, su voz se convirtió en un gruñido:

–¡Te mataré!

La adolescente cortó los apéndices que intentaba rematar a su padre; y correteó a Rigardo sin darle descanso, sus piernas sintieron la urgencia de más velocidad y cambiaron; a unas parecidas a las de... un ciervo, estrechas y agiles para saltar y correr.

Isley sin dejar de ver a Teresa le murmuró a esta:

–¿No deberías detener el cambio de tu hermana? Puedes dejar esta batalla, habrá más tiempo, aun son jóvenes.

–...

Al no recibir respuesta ni un gesto de parte de la chica, Isley presionó:

–¿No deberías estar preocupada porque tu hermana se transfigure en un Kakuseisha?

–No somos tan débiles para arrodillarnos tan fácilmente.

Isley vio con asombro el orgullo y arrogancia de esa chica y si aún hubiera tenido un corazón humano estaría latiendo como loco.

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Priscilla actuó lo eficientemente que le pidieron, acabando con varios guerreros del norte, sin embargo a pesar de lo ocupada que estaba, se dio cuenta que estaban perdiendo varias guerreras y también que había algunas que no reconoció, pues no llevaban uniforme, pero al revisar con más precisión; dio con la respuesta: Esas gemelas ya las conocía y las otras niñas, parecían pelear muy parecido a ellas o incluso esperando sus órdenes. Hace años que había preguntado y supo que esas rubias tan parecidas a ellas como Claymore, no lo eran si no que eran hijas de dos magos, uno el mismísimo héroe Harry Potter el otro –de quien heredaron esa apariencia– Draco Malfoy; una larga extirpe de herencia mágica, pero lo extraño era que... luchaban con espadas.

Priscilla dejó el campo de batalla inclinándose por lo que consideró lo más urgente, deshacerse del líder y por eso se acercó a donde la chica Potter luchaba contra Isley.

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–Más veloz, más...

Fue el mantra de Clare, al cazar a Rigardo. Irene la apoyó, evitando que el león llegara hasta donde se habían reunido su familia con los otros sobrevivientes.

Harry obtuvo algunos vendajes burdos, pero muy eficaces, deteniendo el sangrado. Draco lo tenía sobre sus piernas; mientras Hermione revisaba a los otros heridos.

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Severus vio a las moles desde lejos y si bien igualmente observó varios caídos, aun los que quedaban era una amenaza.

El Director aceleró, en un último esfuerzo y logró llegar al lugar; una cola o lo que parecía algo escamoso y largo se cernió sobre él. Al mismo tiempo Flora la cortavientos seccionó a la amenaza y vio al mago con el ceño fruncido, estaba por gritarle, pero Irene llamó:

–¡Papá; Tío Harry está herido!

Flora brincó y agarró como si fuera algo sin peso alguno, a Severus.

–Vamos yo lo llevo. Si es médico debe ayudar.

Snape, no dijo nada, a decir verdad estaba impresionado, por el caos reinante.

Flora dejó a salvo al mago y se reunió a la reyerta de nueva cuenta.

Snape fue estrujado por un Sirius sucio y cansado, pero vivo y sin heridas, solo unos cuantos rasguños. Severus se dispuso a trabajar en Harry, antes de que su hija y esposo le recriminaran su llegada. Al no ver a Raki ni a Remus o Lucian supuso que ellos si habían escapado, y se sintió aliviado.

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Clare alcanzó la velocidad de Rigardo y sonrió feral al cortar un brazo de este. Rigardo lanzó sus garras para recuperar su brazo y conectárselo de nuevo, más Irene no se lo permitió y con su espada deshizo la extremidad.

–¡Maldita bruja! –exclamó Rigardo.

Clare no le dio cuartel al despertado y sin soltar su espada arremetía contra este; Irene y Helen se le unieron y pronto el León fue acorralado, aun sin poder creer que unas mocosas lo estuvieran cazando.

Rugió y atacó, pero Clare ya estaba en su límite y muy furiosa por lo que le hizo a sus padres, así, que con dos tajos limpios lo partió a la mitad desde el cuello, hasta el estómago.

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Las niñas estaban fatigadas, al igual que las Claymore; Deneve aun miraba atónita el cuerpo inerte de la guerrera que le ayudó. Undine yacía partida a la mitad cerca del último Kakuseisha que derrotó. La niña llegó hasta el cuerpo y recogió una de las espadas usándola en su mano izquierda.

Helen se limpiaba el sudor de su carita y su estómago gruñía, pero todo eso lo dejó de lado viendo que sus padres estaban bien y a salvo.

Miria sintió una mano sobre su hombro y al alzar la vista, vio a una Claymore de bellas facciones.

–Soy Galatea, me llaman Ojos de Dios. Y vi cómo te mueves, eres muy rápida, pero astuta; se ve que piensas detenidamente tus movimientos.

–Gracias.

–¿Cuál es tu nombre?

–Miria Weasley Granger.

–Miria... La fantasmagórica Miria.

La niña se sonrojó, y vio como la Claymore retomaba la lucha. Ella por su parte vio con preocupación que Clare aun no volvía a su apariencia humana. Y Teresa luchaba junto a otra guerrera como de su edad, contra ese monstruoso ser.

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Isley fu cambiando conforme los embates se lo exigieron; ese par de chicas eran muy fuertes. Terminó en su forma de centauro de hielo y sus saetas se dispusieron acabar con todo a su alrededor.

Teresa se concentró en esa lucha y sus movimientos adquirieron maestría y agilidad; usó su velocidad y atacó las extremidades del centauro. Priscilla se dirigió a la cabeza de Isley y usó su titánica fuerza para asestar golpes contundentes. Teresa percibió un golpe de uno de los cuartos traseros del monstruo, pero logró esquivarlo. Y del mismo saltó, se impulsó al estómago desprotegido del centauro abriéndolo. Isley perdió el equilibrio y Priscilla actuó veloz cortando la yugular de este. Teresa salió de debajo de este y cortó la parte trasera del cuello, las espadas chocaron a medio camino, al instante en que la cabeza del líder del Norte caía inerte, pero con lo que parecía una sonrisa plasmada en su boca.

El grupo de magos y brujas al ver esa escena gritaron aliviados. Draco besó la frente de Harry y le susurró...

–Ganaron cariño, nuestras hijas ganaron.

El moreno sonrió tenuemente. Teresa sacudió su espada y estaba por volverla varita, cuando sintió una mirada dura sobre ella. Priscilla cuestionó:

–¿Qué eres?

–...

Teresa ni se inmutó, en cambio volteó a ver a su gemela que aun gruñía, pero sin soltar su hierro. Teresa llamó con autoridad...

–Terminamos. –decretó y luego vio a su hermana menor– Clare, regresa...

El yõki de Teresa salió por primera vez en ese día. Al mismo instante las niñas de once años cambiaron a su apariencia normal, Clare tardó un poco, pero lo logró igualmente.

Todo pareció concluir... ¿o no?

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Retirados del lugar, sin perderlo de vista. Rubel se removió con temor. Ermita preguntó:

–¿Qué sucede?

–Priscilla usó su yõki al luchar contra Isley, pero ahora lo aumento como nunca lo había hecho antes.

–¡¿Dementores?!

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Priscilla sintió ese yõki, ese monstruoso y poderoso yõki. Ni siquiera el Abisal que cayó hacía unos minutos la hizo sentir todo eso.

La psique de Priscilla regresó a su pasado a ese terrible suceso de su niñez; ese monstruo comiéndose a su familia, a la cabeza del que fue su padre rodando por el suelo por su propia mano.

La chica gritó antes de girar su espada contra Teresa:

–¡Eres una de ellos! ¡Eres unos de eso yōma devorahumanos!

Teresa frunció el ceño. Los presentes se quedaron patidifusos ante la más que alocada afirmación de esa Claymore. Las guerreras sobrevivientes se dieron cuenta que la numero uno estaba sobrepasando su límite y corrieron a detenerla.

Las alarmas sonaron en la cabeza de los Inefables, lo que Rimt siempre temió estaba muy cerca de suceder... el Despertar de Priscilla.

...


Y casi llegamos al final y te agradezco mucho tus comentarios Ana Luisa, ya no me siento sola en esta historia