Hermione se debatía entre la rabia, el dolor y la incertidumbre. No sabía qué le molestaba más: que Bellatrix la hubiese tomando por tonta, que la hubiese utilizado, o que todo hubiese sido mentira… Decidió que lo último: no saber qué parte fue real (si es que algo lo fue). ¿Fue amable con ella, aceptó las citas, le contó confidencias e incluso se acostó con ella por genuino deseo o para ganarse su confianza? Necesitaba creer que algo había sido real.

-¡Pero no, seguramente no! ¡He sido una estúpida, como siempre! –bramó con rabia.

Descubrió en su cama al mono de peluche y lo agarró con brusquedad. Sentía tanta rabia que deseaba destrozarlo con sus propias manos. No fue capaz. En lugar de masacrarlo lo desterró a su armario. Ya se desharía de él cuando la herida no estuviera abierta.

Durante dos días le costó centrarse incluso en sus clases. Bellatrix le envió una nota pero la quemó sin leerla. En persona no necesitó ni esquivarla: llevaban horarios diferentes y la bruja evitaba la vida social. Dio gracias de que así fuera, no sabría reaccionar en caso de verla. Lo que le quitó el sueño literalmente fue decidir qué hacer. ¿Ignorar la información o ponerla en conocimiento de la directora? En cualquier otra circunstancia, la segunda opción sin dudar. Era lo que su sentido de la moral y su conciencia le dictaban. Pero si lo hacía…

-La mandarán a Azkaban –susurró casi con miedo.

No le deseaba eso. O sí. Ni siquiera decidía lo que quería, se estaba volviendo loca. Al final se serenó. Debía hacer lo mejor para todos: si Bellatrix tramaba algo peligroso y no trataba de evitarlo, sería tan culpable como ella. Además necesitaba hablar con alguien para no perder por completo la razón. Así que no exenta de dudas, se dirigió al despacho de la directora.

-Pasa, Hermione –la saludó McGonagall- ¿Qué es eso tan urgente?

La joven sintió como su seguridad se desinflaba. Ni siquiera se atrevía a mirar a su mentora. Dejó que su vista vagara por el despacho. Todo seguía como siempre, excepto una pared lateral en la que colgaban redacciones de alumnos y dibujos hiperrealistas de…

-Bellatrix –masculló la directora-. Me mandó copias de todos los trabajos que le hicieron cuando estuvo al mando del Aula de Detención. Usó un condenado hechizo fijador y ahora los tengo ahí para siempre. Hay de todo: odas a su persona, recopilaciones de sus logros, retratos… Y lo que más me molesta es que la mayoría son excelentes, en ninguna clase los alumnos se han esforzado tanto.

Hermione intentó fingir una sonrisa pero no pudo. Viendo que era serio, la escocesa la animo a confiar en ella y le aseguró que la ayudaría en lo que pudiera. Así que la chica cogió aire y le relató cómo Bellatrix le había contado lo del cuaderno y todo lo que había sucedido desde entonces. McGonagall la escuchó con atención y con la desconfianza hacia la morena evidente en su ceño fruncido. Cuando finalizó su relato, guardaron unos segundos de silencio. La joven empezó a arrepentirse.

-Igual no es para tanto, igual no debería haber…

-No, por supuesto que sí –aseguró la directora-. En su contrato firmó que renuncia a cualquier contacto con las artes oscuras y con todo lo relativo a Voldemort. No sé para qué querrá el cuaderno pero no puede ser nada bueno, sobre todo si te lo ocultó. Hemos intentado darle una oportunidad pero está visto que su destino final es Azkaban.

Hermione iba a replicar que igual no hacía falta tanto pero no le dio tiempo. La directora ya había llamado a Kreacher. El elfo apareció al instante y aceptó con agrado ir a buscar a Madame Black. La directora le aseguró a su exalumna que había hecho lo correcto y que a partir de ahora se encargaba ella. Ella asintió intentando mitigar el repentino sentimiento de culpa. "Pero no, ¡yo no tengo ninguna culpa!", se dijo la chica, "Es ella la que nos ha metido en esto". Se despidió de la escocesa porque desde luego no quería estar presente durante el encuentro.

Salió a toda prisa con un ligero temblor. Ya casi se había serenado cuando tres pasillos más adelante se cruzó con la afectada. Maldijo de nuevo su suerte. La tranquilizó pensar que seguramente Bellatrix la ignoraría. Caminaba abstraída en su mundo como siempre, con la melena casi ocultando su rostro. Cuando pasó a su lado sin prestarle atención, suspiró aliviada. Pero por desgracia, ese gesto devolvió a la mortífaga a la realidad.

-¡Hermione! –exclamó- ¿Podemos hablar?

La chica sintió renovadas ganas de llorar. Era la primera vez que la llamaba por su nombre... y sonaba tan bien en su voz… No fue capaz de responder. Así que la bruja continuó:

-Ahora tengo que ver a McGonagall que no sé qué quiere, pero cuando termine, si te…

Aunque seguía sin ánimo para responder, la culpabilidad de su rostro habló por Hermione.

-Se lo has contado –sentenció la morena.

-¿Y qué querías que hiciera? –replicó la chica con más firmeza de la que sentía- ¿Que te permita que resucites a Voldemort o algo así? –preguntó aun sospechando que esa no era su intención.

-Te chivaste aun sabiendo que me supondrá la vuelta a Azkaban -susurró mirándola a los ojos-. Confié en ti…

-¿Confiaste en mí? –repitió la chica con una mezcla de incredulidad y duda.

"Ya nunca más" aseguró la morena más para sí misma que para la chica. Continuó su camino con paso rápido y sin girarse. Hermione contempló el oleaje de oscuridad que creaba su melena a cada paso que daba. Enseguida desapareció de su vista y el repiqueteo de sus tacones contra el suelo de piedra se perdió en la lejanía. La joven se quedó paralizada sin saber si había hecho bien. Al final sacudió la cabeza: Bellatrix no le había dejado otra opción. Ahora solo esperaba que perder su compañía fuese menos duro de lo que intuía…

No hubo sorpresas: resultó insoportable. Podía vivir sin tener a la mortífaga en la cama, sin embargo, asumir también la ausencia de Polaris fue duro. No sabía si era su olor, su tacto o el hecho de tener algo con qué ocupar los brazos, pero dio vueltas en la cama durante horas. Pensó en sacarlo del armario. Lo descartó porque supondría un paso atrás: ya no quería tener nada que ver con Bellatrix. No se habían aportado nada bueno.

No mejoró conforme pasaron los días. De hecho, su intranquilidad aumentó. No supo nada de Minerva ni de Bellatrix. Cada día se despertaba pensando que quizá ya estaba en Azkaban. Por mucho que quisiera evitarlo, la sola idea le provocaba ganas de llorar. Y a veces lo hacía.

-Pro… profesora, puede revertirse… -murmuró un hufflepuff de séptimo.

Hermione levantó la vista sobresaltada. Los alumnos estaban convirtiendo ranas en jarrones y ella se había distraído. Se limpió la lágrima furtiva bastante avergonzada. Creían que estaba llorando porque sentía lástima de las ranas. "Bueno, mejor eso que la realidad" se dijo. Terminó la clase, los despidió a todos y se sentó en el escritorio. Estaba agotada, llevaba días sin pegar ojo. Sabía que Bellatrix seguía dando sus clases, pero no tenía ni idea de si estaba a la espera de otro juicio o algo así. Decidió salir de dudas y volver al despacho de la directora.

-¿Necesitas algo, Hermione? –preguntó McGonagall con aire distraído- Estoy con las evaluaciones y me falta tiempo.

A la chica le extrañó la pregunta. ¿Acaso había dado el tema por cerrado o es que ni siquiera se acordaba? ¿Y si Bellatrix la había engañado? Era una manipuladora profesional, podía resistir el veritaserum y cualquier tortura. No era nada fácil sacarle información. Igual le había hecho creer que Hermione se había inventado todo, que era una especie de venganza o algo así. La idea le causó pavor.

Pero no, Minerva jamás se dejaría engañar. Y siempre la creería a ella antes que a la mortífaga. Así que supuso que como la directora era mayor y realmente su trabajo resultaba muy exigente, debía olvidar asuntos (probablemente con ayuda del pensadero) para dejar hueco a otros. Le contestó que no le había comunicado nada referente a Bellatrix. La mayor frunció el ceño.

-Creí que te lo habría contado ella, le di permiso para hacerlo. Como salís juntas los fines de semana y sois amigas, pensé…

-No somos amigas –la cortó Hermione con más brusquedad de la deseada-, ya no. No me ha contado nada.

La directora se recolocó las gafas y centró su atención en su alumna. Dedujo en su tono y en el cansancio que mostraban sus ojos que algo había cambiado. No quiso averiguar más, bastante tenía con los problemas actuales. Dejó la pluma con la que garabateaba sobre diversos pergaminos y procedió a explicárselo:

-Vamos a ver, por dónde empiezo… -murmuró la escocesa frotándose las sienes.

Hermione no pensó que fuese tan difícil, pero no dijo nada y le dio su tiempo.

-Hay una razón que no te conté por la que accedí a contratar a Bellatrix sin protestar demasiado.

-¿Cuál? –respondió la chica bastante harta de que todo el mundo le ocultara información.

-Verás, cuando Dumbledore derrotó a Grindelwald, sus seguidores fueron interrogados de diversas formas. Por aquel entonces la metodología del Departamento de Aurores no era tan… ortodoxa como ahora. A los sospechosos que no se consiguió incriminar pero sabían que habían colaborado con Grindelwald, se los hizo olvidar para solucionar el problema.

-Vale… Sí, es poco ortodoxo, pero ¿qué tiene eso que ver con Bellatrix? Ella no vivía en esa época.

-Ella no. Voldemort sí. La gente a la que se desmemorizó poseía información que a él le interesó ya desde muy joven. Los métodos de Grindelwald para ganarse a las masas, sus armas secretas, sus tácticas, uso de la magia… Te puedes imaginar –recibió un asentimiento de Hermione-. Pero esa información se perdió gracias a los aurores. Así que uno de los proyectos que Tom inició en su etapa escolar fue crear una cura para obliviate.

La castaña sintió un escalofrío y empezó a entender a dónde podía ir a parar aquello.

-¿Y qué… qué pasó?–preguntó temblando de los nervios.

-Tom pasó años robando ingredientes y haciendo estallar calderos. Reclutó a Severus para que le ayudara. La poción que diseñó era tan compleja que hacían falta dos personas para elaborarla: mientras una removía la otra tenía que ejecutar diversos hechizos. Si fallaba un solo paso, las consecuencias eran letales y había que reunir de nuevo todos los ingredientes (que no eran nada sencillos). Hizo pruebas con Severus y un día le dijo que ya estaba preparado para elaborar la definitiva.

-Entonces–intervino la chica sin poder evitarlo-, si Snape participó…

-Snape participó en pruebas experimentales. Voldemort lo guardó en secreto: no le mostró ni la mitad de los ingredientes, ni le explicó el proceso entero, ni le permitió leer su investigación. Le prometió que cuando estuviera seguro de que iban a tener éxito, se lo detallaría todo (era vital para el éxito de la poción). Hasta entonces, todo lo iba apuntando en un cuaderno.

-¡Mierda! –masculló Hermione- ¿Entonces si encontramos el cuaderno…?

-No es tan fácil. ¿Sabes lo que es un cierre de sangre?

-Sí, leí sobre ello. Son libros que el autor sella con su sangre para que solo él pueda consultarlos. Su contenido permanece invisible para cualquier otro e incluso el autor es incapaz de revelarlo. Actúa como una suerte de encantamiento fidelio: aun conociendo el contenido no puedes revelarlo, escribirlo, ni compartirlo con nadie de forma alguna.

Miró a la directora como esperando que le diera puntos a gryffindor. La ceja enarcada de su mentora le recordó que ya no era una alumna.

-¿Quieres decir que solo Voldemort conocía la fórmula? Y dado que está muerto, aun encontrando el cuaderno no lo podríamos leer… -comentó Hermione derrotada.

-No solo él. Como te digo, necesitaba a otra persona para elaborar la poción y esa persona debía tener acceso a toda la información para garantizar el éxito.

-Pero Snape también está muerto… -recordó la chica- A no ser que elaborara alguna cuando aún vivía… -aventuró con esperanza.

-No lo hizo –respondió Minerva para desconsuelo de su exalumna-. Nunca llegó a hacerlo. Cuando Voldemort estaba preparado para elaborarla, descubrió el enamoramiento de Severus con Lily. Eso le hizo ver que las artes oscuras no eran lo único en la vida de su discípulo. Aunque el temor y la duda fueran pequeños, surgió en Voldemort el miedo de que en algún momento, le traicionara por otros intereses. Y no pensaba correr ningún riesgo.

-Pero entonces…

-Entonces solo quedaba una opción. La única persona que estaba seguro que no tenía nada más que a él, su causa y el amor por las artes oscuras. Pese a su juventud, era su discípula más aventajada, extremadamente inteligente y cruel y sabía que moriría antes que traicionarle. Así que fue a ella a quien incluyó en el cierre de sangre. Obviamente ahí dejamos de tener información porque dejó de contar con Severus. Pero sabemos que varios de los testigos que habían sido desmemorizados, fueron interrogados por Voldemort con resultados satisfactorios. ¿Entiendes lo que eso significa?

Hermione guardó silencio y al rato asintió completamente pálida:

-Bellatrix es la única que sería capaz de elaborar la poción para devolver la memoria a mis padres.

-Así es. Es una posibilidad muy remota que requiere que se den un conjunto de circunstancias fortuitas bastante complejas. Pero fue la única opción que se me ocurrió. No te lo conté para que no te formaras esperanzas. Una vez lo has asumido, recuperar la ilusión y perderla de nuevo puede destrozarte del todo.

Hermione asintió, era cierto. Lo había sentido durante el transcurso de ese relato.

-Por eso tampoco te lo contó Bellatrix –aclaró la directora-. No está segura de poder encontrarlo ni mucho menos de ser capaz de elaborar la poción sin su maestro.

-¿Pero entonces lo hizo? ¿Y funcionó?

-Ella me ha asegurado que sí, que la hicieron en tres ocasiones. Pero no recuerda los pasos, ni la totalidad de los ingredientes. Y sí funcionó, ella misma lo probó con sujetos experimentales (he preferido no saber más). Eso si nos fiamos de ella, claro.

Hubo varios minutos de silencio. Minerva retomó su trabajo pero no echó a Hermione, le permitió quedarse ahí asimilando la información. Finalmente, cuando asumió lo profundo que había metido la pata, preguntó:

-¿Y te ha dicho qué va a hacer? ¿Va a seguir buscándolo?

-No, fue una conversación un poco tensa. Dado que empecé acusándola de incumplir el contrato y mencioné Azkaban… Me contó lo que te he relatado para justificar sus acciones, pero en cuanto me disculpé por pensar mal, se levantó y se marchó.

-Es comprensible, yo tampoco actúe de la mejor forma… -suspiró la castaña.

-Fue culpa mía, no se me ocurrió relacionar lo del cuaderno con la poción. Yo desconocía esa parte, solo sabía lo que Severus nos contó: que fue Bellatrix quien ayudó a crear la poción. No relacioné una cosa con otra y mis preguntas fueron bastante hirientes. Me pudo la rabia cuando creí que nos había utilizado.

-Pero igual su propósito no es ayudarme, sino…

-Evidentemente, Hermione: no somos tontas, ninguna de las tres. Dudo mucho que el propósito por el que Bellatrix desea recuperarlo sea ayudarte. Probablemente habrá otras pociones o hechizos que le interesará recordar. O quizá únicamente lo quiere como recuerdo. Pero en cualquier caso, no podemos amenazarla porque se cerrará en banda y no colaborará. Su contrato no estipula nada referente a ayudarnos con temas secundarios.

-No, claro… Si se ha metido en esto es porque lo tenía bien pensando, un paso en falso y seguro que somos nosotras las que salimos mal paradas -murmuró la joven.

-Así es. Por eso confiaba en que te la ganaras y te ayudara. Después podemos obligarla a destruir el cuaderno o lo que sea, los problemas de uno en uno.

Hermione asintió y le concedió que tenía razón. Como no se le ocurrió nada más y tampoco se veía con fuerzas, se despidió. Volvió a su habitación aún más perdida de lo que había salido.