¡Hola queridos lectores!
Decidí actualizar hoy para no dejarlos esperando hasta el martes. He intentado avanzar bastante en los próximos caps, para que en caso de que las próximas semanas se pongan muy atareadas con mis obligaciones sólo preocuparme de subir y no de crear material.
¡Muchas gracias por sus reviews! , Aida Koizumi, Darkness1617, Any-chan y Sele17. Sé que voy por buen camino cuando veo gente ansiosa por la actualización.
¡Si eres nuevo no olvides seguir la historia! de ese modo recibirás notificaciones cuando actualice, que generalmente es cada dos o tres días.
'
Capítulo 30.- El café es más dulce contigo
(Perspectiva de Kagome)
– Tuve un miedo real de que no llegaras durante estos cinco minutos. – exclamó mientras se acercaba para darme un beso en la mejilla. El toque de sus labios se sintió como una pequeña corriente eléctrica y tuve escalofríos. Cuando volví a mirarlo por unos instantes su rostro mostró incomodidad, pero se recompuso en unos instantes.
– Dije que vendría, yo cumplo mis promesas. – oh oh, mi inconsciente había decidido comenzar con el pie izquierdo y las frases acusadoras. Inuyasha sonrió con un deje de tristeza mientras me abría la puerta de la cafetería.
El lugar era muy acogedor en su interior, con mesas de madera pulida y paredes blancas con pequeñas enredaderas que le daban un aspecto natural, asemejando una casa de bosque de cuentos clásicos. Cuando iba a mover la silla Inuyasha fue más rápido y la corrió para que me sentara en un gesto caballeroso. El mesero no tardó en llegar para anotar nuestra orden.
– Buenos días, mi nombre es Teiji y seré su mesero. ¿Qué desean ordenar?
– Yo quiero un café de caramelo. – exclamé con expectación. Noté que probablemente me veía como una niña pequeña cuando Inuyasha me miró con ternura. El mesero me sonrió y supe por su mirada que estaba intentando coquetearme de forma sutil.
– Yo quiero un capuccino. – exclamó Inuyasha para luego de carraspear su garganta, intentando llamar la atención del tipo, que sólo asintió sin quitarme los ojos de encima.
Cuando el mesero se fue por fin, Inuyasha me sonrió y fue el primero en hablar.
– Te queda bonito el verde – miró mi blusa con atención.
– ¿Sí?, gracias, es una de mis blusas favoritas. – no tuve otra palabra para decir.
El café llegó muy rápido a nuestra mesa a pesar de que alrededor había gente aun esperando y que habían llegado antes que nosotros. Incluso trajo pequeñas galletas de chocolate por "cortesía de la casa".
– Que lo disfrute. – exclamó el mesero con una sonrisa boba.
– Ajá, gracias. – respondí sin mirarlo. Él se fue de la mesa e Inuyasha habló.
– Si que tienes presencia frente a los hombres, he distinguido al menos tres en este lugar que no paran de mirarte.
– Entonces ¿de qué quieres hablar? – Ignoré su comentario y llevé una de las galletitas a mi boca.
– De nosotros, de como terminaron las cosas. Hubiera deseado que todo hubiera sido distinto, teníamos la eternidad por delante y de verdad lo lamento mucho Kag.
– Lo sé.
– Y si no quise ir a buscarte durante todo este tiempo fue netamente porque pensé que estarías mejor sin mí, supuse que verme sólo te haría odiarme más. – musitó tomando un sorbo de su café. – De todas formas, intenté chantajear muchas veces a Sango por información, pero siempre obtuve lo mínimo: que estabas bien y habías seguido con tu vida. Tienes una muy buena amiga, nunca intentó traicionar tu confianza y la verdad de algún modo siento que nunca me perdonó completamente por romperte el corazón.
Sonreí, en definitiva, me había sacado la lotería con Sango como amiga.
– Sango es la mejor. – exclamé y él asintió.
– He querido durante mucho tiempo aclarar algunas cosas de la última vez que estuviste aquí.
– Olvida ese día, apagar mis emociones fue pésima idea y de verdad si te herí con mis palabras lo lamento mucho.
– Bueno, yo invadí tu espacio personal demasiado pronto, creo que de todas formas me lo merecía... Pero no es de eso de lo que quiero hablar, para ese entonces Mika había comenzado a trabajar para mí. Ese día salió tan mal entre nosotros que el despecho me hizo huir justo a sus brazos y también te pido disculpas por ello, fue un arrebato inmaduro y tu marca debe haber dolido mucho.
– Igual que la tuya supongo. Pero bueno, nosotros ya no éramos pareja, podías acostarte con quien quisieras. – respondí sin mirarlo e Intenté restarle importancia, aunque parecía que el dolor aún ardía dentro de mí.
– Si, pero no me acosté con ella esa noche. – musitó mientras me miraba fijo y yo no pude evitar levantar la vista del café hacia su rostro, sorprendida por esa revelación. – Si la besé y debo admitir para mi pesar que si tuve intenciones de algo más, pero el dolor de mi marca me hizo comprender que estaba actuando como un idiota y huí de ahí antes de arruinar aún más las cosas. Fue un intento desesperado de demostrar que seguía siendo dueño de mis decisiones.
– Siempre lo has sido. – Me quedé pensando un rato. Después de tres años por fin sabía que había ocurrido esa noche y a pesar de que no tenía por qué confiar en él, decidía creerle, después de todo, durante el tiempo que habíamos estado juntos nunca me había mentido. Parte de mi resentimiento hacia él desapareció y al mismo tiempo el que tenía hacia Mika aumentó con creces.
– El tiempo pasó lento y me di cuenta de que la soledad me traía más dolor del que podía soportar. Tu aroma permaneció en mi habitación por al menos 6 meses luego de que te fuiste y era caer lentamente en la locura cada vez que pisaba el lugar, estuve durmiendo algún tiempo en el sofá por ello. Fui también a ver a mi madre intentando distraerme, comprenderás que casi me sacó a patadas cuando le conté lo sucedido.
Guardé silencio, debió ser desesperante para Inuyasha. Yo había sufrido el proceso de perdida, pero nadie me había juzgado por ello y cuando apagué mis emociones el tema simplemente pasó a segundo plano.
– Lo siento – musité.
– No tienes por qué, nunca fue tu culpa, tú me dejaste porque era lo mejor para tu salud mental en ese momento.
– A pesar de ello... no deseaba que sufrieras de ese modo. – Me sonrió con tristeza en sus ojos y prosiguió.
– Cuatro meses después de nuestro quiebre me obligué a salir por primera vez con Mika. Me había transformado en un mártir que sólo trabajaba y dormía… ella logró sacarme de eso.
– Ya veo, eso hace a Mika una persona muy importante para ti. – Él asintió y yo percibí como mi corazón daba un vuelco.
– Lo es, pero no en el sentido amoroso que crees. Mika es una amiga.
– ¿Estás completamente seguro de ello? no lo ha parecido anoche. – Ella había dejado en claro lo bueno que era en la cama y por supuesto que lo era, aún no podía evitar suspirar cuando recordaba cada una de sus caricias sobre mi piel.
– Si, nuestra amistad ha tenido algunos beneficios entre medio que no pretendo negarte, pero nunca he pensado en mantener algo serio con ella.
– De todos modos… no tienes que darme explicaciones. – intenté sonreírle.
– Lo sé, pero te las doy porque necesito hacerlo, necesito que tengas toda la verdad que mereces.
– Entiendo. – No supe que más contestarle a eso.
– ¿No deberías estar gritándome o algo así? – exclamó extrañado - O sea, eso esperaba.
– ¿Por qué haría eso?, ambos somos libres de estar con quien queramos. Agradezco de todas formas que hayas decidido acostarte con ella cuando la marca se había borrado lo suficiente como para no doler.
Inuyasha asintió y me miró con ojos nostálgicos; luego me sonrió.
– Ahora me gustaría escuchar que ha sido de ti en todo este tiempo. – Su voz sonó suave.
– He estado viviendo en Osaka a tres horas de aquí, es bastante mas tranquilo. En un principio Kouga me dio alojamiento, luego arrendé un lugar propio, una casa, donde pude poner una pequeña consulta para casos básicos de veterinaria.
– Eso es estupendo, fue el primer sueño que me nombraste cuando fui en busca de tu verdadero número a tu apartamento. – exclamó. ¿Aún recordaba momentos tan específicos como ese?
– Si… – sonreí – Es todo lo que quería, aunque un poco lejos de la ciudad que planeaba. De todas formas me he hecho clientes habituales. Intento atender casos no muy complejos, aun siento que no soy capaz de hacer algunas cosas.
– Tu eres capaz de todo lo que te propongas, eres brillante; tu único problema es subestimar tus capacidades.
Me quedé mirándolo por unos instantes y me asustó que me conociera tanto. Era verdad, a pesar de que siempre lograba mis objetivos, de algún modo siempre estaba menospreciando mi esfuerzo y mis logros, nunca sentí realmente que era merecedora de todo lo que tenía.
– ¿A Naoki lo conociste en Osaka? – preguntó y yo asentí.
– Justo el día que iba camino a la primera reunión con el propietario de la casa, lo conocí en el metro y me siguió para pedirme mi número, un chico muy bueno, que probablemente habría sido más feliz si me hubiera ignorado.
Inuyasha se rió y el sonido ronco y sensual resonó en mis oídos.
– Creo que le pides demasiado a los hombres, es difícil ignorarte. – musitó – Eres perfecta en todos los sentidos. – Me sonrió y yo bajé la mirada, por unos instantes sentí mis mejillas arder, después de todo escuchar halagos de su parte me ponía un poco incomoda. – ¿Él es tu... amigo realmente?
– Si.
– ¿Me refiero a… sólo amigo? – Él ya sabía la respuesta, me había visto besarle en la fiesta... no entendí el objetivo de su pregunta.
– No, tenemos algunos… beneficios también.
– Entiendo. – exclamó – Bueno, he podido notarlo cuando escuché su conversación anoche.
– Cierto. – había olvidado aquello.
– Y he podido notarlo en tu aroma el día de hoy, está mezclado con el de él. – Aguanté la respiración por unos momentos, él lo había notado después de todo. – Por favor, no quiero que pienses que estoy juzgándote, sólo que me ha sorprendido un poco.
– Créeme, a mí también. De todas formas, sigue siendo un amigo. – le sonreí y él emitió una risa suave. No era necesario revelarle que me había arrepentido a último momento, no quería que pensara que no era capaz de acostarme con alguien más por tenerlo aún en mis pensamientos.
– Dicen por ahí que el sexo afianza la amistad. – exclamó mientras se llevaba una galletita a la boca sin dejar de mirarme. El dorado de sus ojos seguía pareciéndome tan hipnotizante y admirable que de pronto ya no quise salir de allí.
– Siempre y cuando ninguna de las dos partes confunda las cosas.
Lo vi meditar por algunos segundos la frase, sumergido en sus propios pensamientos. Nos quedamos en silencio mientras tomábamos nuestro café, él fue el primero en volver a hablar.
– Mañana estaré de cumpleaños. – exclamó de repente, restándole importancia – Odio celebrarlo, pero Sango y Miroku tienen algo planeado entre manos, una fiesta de disfraces en mi departamento. Me gustaría que pudieras ir.
– No lo sé, no le he agradado mucho a Mika. – exclamé haciendo una mueca.
– ¿De verdad esperabas que fuera distinto? – exclamó – Ha notado que había algo extraño entre nosotros incluso cuando no le he dicho nada. De todas formas, ella y yo no tenemos ningún tipo de trato, no es como que pueda decidir con quien me junto.
– El tema es que no quiero más problemas.
– Mika estará temprano en mi departamento, pretendo sacarla de ahí antes de la fiesta, Sango no la soporta y Miroku apenas, la noche sería incómoda. Si es así puedes venir ¿no?
– Hmm… Prefiero que no Inu, es retroceder para ambos. – Inuyasha mostró un semblante un poco decepcionado, pero de todas formas me sonrió. Aceptar era arriesgarme y yo lo tenía claro.
– Entiendo, tienes razón.
– De todas formas, te deseo un muy feliz cumpleaños desde ya. – exclamé sonriéndole. Inuyasha me miró fijo.
– Yo… Necesito que me perdones Kag, fui un pésimo compañero contigo, prometí cosas que no fui capaz de cumplir y te hice sufrir bastante.
– Te he perdonado hace bastante tiempo ya, nunca quise guardar rencores contigo. Fuiste y siempre serás para mí alguien importante, contigo viví cosas que estarán siempre en mi memoria, sin importar que nuestra relación haya durado tan poco… Aprendí muchas cosas en ella y me sentí más viva que nunca. Ahora sólo quiero que seas muy feliz Inuyasha. – le sonreí cordial, ya no sentía esa cercanía de antaño entre los dos, ahora éramos sólo dos conocidos con muchos recuerdos. Él tomó una de mis manos que estaba sobre la mesa antes de comenzar a hablar.
– Quiero que sepas también… que yo… yo siempre voy a amarte, sin importar el tiempo o la distancia, siempre habrá un espacio importante para ti en mi corazón y puedes contar conmigo para lo que necesites. Siempre pensé que en algún momento el destino volvería a juntarnos, pero… no creo que nuestra relación pueda resurgir de las cenizas, no después de todo el daño que te causé.
Asentí, él y yo sabíamos aquello, pero no pude evitar un nudo en la garganta cuando escuché los hechos desde su boca. Era más fácil de ignorar si no lo escuchaba de alguien más.
– Eventualmente podremos volver a compartir sin que sea incómodo, lo prometo. – exclamé intentando disimular mi pena.
– Cuento con ello. – Una sonrisa que llegó a sus ojos me derritió por unos instantes hasta que pude volver a concentrarme. – ¿Te parece si pago la cuenta y vamos a caminar al parque por un rato?
Asentí, él hizo un gesto al mesero y este llegó con la boleta unos segundos después. Cuando intenté tomarla Inuyasha tuvo el mismo pensamiento y su mano rozó la mía por unos segundos, el simple roce me estremeció. Ambos quitamos la mano rápido y nos miramos un poco nerviosos.
– Lo siento – musitó – ¿Quieres revisarla primero?
– Quiero pagar yo, siempre pagaste todo cuando estábamos juntos.
– Es lo que corresponde.
– No en el siglo XXI. – Llamé al mesero con una sonrisa, él acudió al instante. – Hola, ¿puedes traerme la máquina para pagar con tarjeta de crédito?
– Por supuesto señorita. – me sonrió mientras iba y volvía – Aquí tiene.
– Hey, no la dejes pagar, yo quiero pagar.
El mesero nos miró confundido y tuve el impulso de hacer el siguiente movimiento. Tomé su mano con delicadeza para llamar su atención y él me miró fijamente.
– Yo pagaré, ignóralo. – El chico pestañeó unos segundos y asintió. Pasé mi tarjeta a la velocidad de la luz y apreté los dígitos de mi contraseña lo más rápido que pude.
– Eres una tramposa. – Inuyasha exclamó frustrado del otro lado de la mesa.
– Siempre lo he sido. – Le guiñé un ojo y me puse de pie. Él sacudió su cabeza sonriendo y me siguió de cerca.
'
(Perspectiva de Inuyasha)
Caminamos a una distancia prudente el uno del otro por el sendero del parque, de pronto comenzó a correr un viento fresco y vi a Kagome intentar disimular cuando se estremeció y soltó su cabello en un intento de abrigar su cuello.
– No he traído chaqueta para ofrecerte, lo siento. – exclamé.
– No tengo frío. – respondió.
– Eres pésima mintiendo. – suspiré.
Ella se rió y siguió caminando. Cuando llegamos al puente sobre la laguna central ambos nos apoyamos en la baranda a admirar el paisaje.
– Me hubiera gustado traer mi cámara. – musitó – Todo esto es muy bonito.
– Si que lo es. – Exclamé perdido en su belleza, estaba mas que claro que yo no hablaba del paisaje.
El amor que sentía por Kagome había estado atenuado estos últimos años porque yo mismo me había obligado a ello, en un intento desesperado de evitar el dolor. Sin embargo, desde el instante en que había vuelto a verla mi corazón no había pedido permiso para volver a latir por y sólo para ella. Sentía el impulso constante de tocarla, de enredar sus delicados bucles en mis dedos tal y como hace tanto tiempo lo había hecho. También extrañaba el calor de su cuerpo acurrucado contra el mío, podía sentir su aroma a vainilla y fresas, pero no tan intenso como cuando hundía mi rostro en su cuello o en su cabello. Además, esta vez el tenue aroma de Naoki se mezclaba, y por primera vez sentí envidia de alguien más, porque era el único afortunado con permiso para tenerla entre sus brazos y lo peor de todo es que mis errores la habían llevado directamente a ese lugar.
Era porque la amaba tanto que me obligaba a permanecer sólo como un amigo en el mejor de los casos, de ese modo era imposible perderla… de ese modo era imposible dañarla otra vez. Yo quería que Kagome fuera feliz, incluso si eso significaba no tenerla a mi lado. Podía vivir con ello si en recompensa podía ver su sonrisa de lejos por el resto de mis días, aunque yo no fuera la causa.
– ¿Qué te gustaría recibir como regalo por tus... 807 años? – Su dulce voz me sacó de mis pensamientos. A ti pensé.
– No lo sé, no hay nada que necesite realmente. – sólo a ti. Si, mi conciencia quería dañarme y lo estaba logrando a cabalidad.
– Piensa en algo, quiero darte algo que realmente te guste. – exclamó mientras una pequeña arruguita se formaba en su entrecejo. Yo sonreí.
En un impulso me acerqué a ella y extendí mi mano a su entrecejo, masajeándolo para borrar su pequeña arruguita de enojo. Luego tomé entre mis dedos uno de sus bucles, ahora en un tono cobrizo oscuro y que estaba cerca de su rostro para acomodarlo con el resto de su cabello. Kagome me miró con pánico por unos segundos y sentí su corazón latir un poco más rápido. Dios, también había extrañado ese sonido.
– Prefiero que me sorprendas. – musité concentrado en el color chocolate claro de sus ojos. Ella no se movió y me otorgué a mí mismo el permiso de bajar mi mano a su suave mejilla. La acaricié por unos segundos y me distraje en sus apetecibles labios rosados.
Bajé un poco mi cabeza siguiendo mi instinto y ella entrecerró sus ojos en una silenciosa invitación a seguir. Alcancé a sentir su tibio aliento contra mi boca cuando mi teléfono sonó. Mierda, estuve tan cerca. Kagome se alejó en un movimiento rápido y se concentró en la laguna nuevamente. Suspiré frustrado y saqué mi teléfono del bolsillo.
'
Mika
Llamada entrante
'
Justo la persona de la que menos quería saber en estos momentos. Intenté ignorar la llamada volviendo a guardar el celular.
– Contéstale… – Kagome habló sin mirarme, adivinando de quien se trataba – …Si no lo haces seguirá llamando de forma aún más insistente, conozco como funcionamos las mujeres. – Okey, tenía un punto.
Deslicé el botón verde enojado.
– Hola tú. – La voz de Mika sonó casual.
– Hola tú. – respondí mirando a Kag, quien me daba la espalda concentrada en el paisaje.
– ¿En qué estás?
– Ahora mismo estoy en el parque.
– ¿Solo? Por qué no me avisaste, podríamos haber ido juntos.
– No estoy solo, Kagome está aquí. – La aludida se dio vuelta y me miró con ojos asesinos mientras yo no escuchaba sonido del otro lado de la línea. – ¿Sigues ahí?
– Ah, si… ¿Paso a verte durante la tarde?
– No, nos veremos mañana, ese es el plan, ¿recuerdas?
– Si… bueno, avísame cuando llegues a casa. – musitó.
– Seguro, hablamos.
Me preocupé de cortar bien la llamada y cuando Kagome lo comprobó recibí un golpecito sin fuerza en mi pecho.
– ¿Qué parte de no quiero problemas no entendiste? Llevo dos días aquí y ya tengo alguien que me odia.
– Mika no te odia… – Kagome me miró seria – …tanto. Bueno si es así que importa, puedo ser amigo de las dos ¿no?
– ¿De verdad eres tan ciego como para no notar las intenciones de una chica? Ella no quiere ser tu amiga, pero era el camino más directo para ganarse tu cariño e intentar algo más.
– Eres la segunda persona que me dice eso. – Recordé a Miroku mencionándolo hace un mes atrás.
– Es evidente.
– Quizás, es sólo que si eso es verdad… significa perder la única amiga que me va quedando y yo no quiero volver a sentirme solo.
– No estarás solo, tienes amigos como Miroku y Sango que se preocupan por ti.
– Kag, ellos acaban de casarse, formarán su propia vida, probablemente Miroku se mude con Sango de vuelta de su luna de miel y estoy feliz por ellos, no me malentiendas, pero no puedo seguir ahí como visita permanente.
– Me tienes a mi. – musitó y tuve que analizar las palabras para saber si habían sido reales u obra de mi imaginación – Además, aclarar las cosas con alguien no siempre lleva a perder la amistad. Ánimo, ánimo, las cosas pueden salir mejor de lo que crees.
Me sonrió y puso una de sus pequeñas palmas sobre mi hombro. Su tacto me hizo sentir pleno.
– Te lo agradezco Kag. – le sonreí y dejé de apoyarme en la baranda – ¿Te parece si seguimos caminando?
Ella asintió y se movió junto a mí. No supe como fue que el tiempo pasó tan rápido, pero habíamos estado juntos por cuatro horas y yo lo había sentido como apenas unos minutos.
– Creo que es hora de que me vaya. – exclamó cuando estábamos por dar la vuelta completa al parque – Es tarde y tengo algunas cosas que hacer. – Yo asentí.
– Si obvio, no te preocupes.
Kagome volvió a tiritar y noté que el día se había puesto gris de un momento a otro, casi parecía que iba a llover en cualquier momento.
– ¿Quieres que pasemos por mi departamento a buscarte algo para que te abrigues? – La vi hacer un gesto que sabía era el inicio de una excusa – Puedes quedarte en la entrada si quieres, además creo que va a llover y tú no estás preparada para ello.
Sus dientes castañearon un poco y ella suspiró.
– Me quedo en la puerta mientras buscas algo.
– Vale – le sonreí y caminamos en dirección a mi departamento. La vi jugar inconscientemente a no pisar las lineas del pavimento por cerca de 2 cuadras y sonreí como idiota todo el camino. Entramos al edificio y el conserje de siempre la reconoció y le saludó.
– Señorita, ha pasado mucho tiempo, que gusto verla otra vez por aquí.– musitó con una sonrisa, Kagome le sonrió de vuelta.
– El gusto es mío. – respondió. No sabía como lo lograba, pero todo el mundo la quería instantáneamente.
Nos dio el paso con un gesto y subimos hasta el piso 20. Kagome caminó de forma automática a la puerta numerada con un 2002, ella no había perdido la costumbre a pesar del tiempo. Cuando introduje la llave un mini ladrido agudo se escuchó del otro lado. Al abrir la puerta Aki apareció moviéndome su cola enrollada.
– ¡Has adoptado un perrito! – La voz de Kagome sonó emocionada. Palmeó sus manos sobre sus piernas mientras se agachaba un poco.
– Yo no lo intentaría, Aki es reacio a la gente que no conoc… – El cachorro se movió en dirección a Kagome y se paró en dos patas sobre su regazo para que ella lo tomara – Esto tiene que ser una broma. – En cinco segundos me había dejado en vergüenza casi como si no lo conociera. Kagome se rió y lo tomó entre sus brazos mientras Aki le daba pequeños besitos en la nariz, jodido perro suertudo pensé.
– Puedo ver que es muy agresivo. – musitó entre risas – Me encantan los shiba inu, es una de mis razas favoritas, ¿no es adorable? – Kagome lo pegó a su cara y ambos me miraron con ojos de cachorro, aunque uno de ellos de forma literal. Sonreí.
– Espérame aquí y traeré algo para que te abrigues – exclamé.
Busqué una de mis tantas sudaderas y caminé de vuelta a la entrada, ahora ella tenía al cachorro de espaldas en sus brazos y acariciaba su pancita con cariño. Le entregué la prenda y ella se la puso enseguida. Sentí un ruido afuera y al mirar por los ventanales noté que estaba lloviendo, los ruedos estruendosos habían sido truenos.
– ¿Quieres que te lleve a tu hotel?
– No es necesario. – exclamó – Me gusta caminar bajo la lluvia... – Me sonrió y al instante otros truenos sonaron – ...O puedo pedir un uber.
– Kag… no seas infantil, no voy a comerte.
– Estoy a cinco minutos de aquí en auto. – musitó.
– Por lo mismo no me cuesta nada llevarte. No me has dejado pagar la cuenta, al menos déjame hacer eso.
Después de meditarlo unos segundos respondió.
– Sólo si Aki va con nosotros. – él ladró demostrando que estaba de acuerdo.
– Ok, Aki va.
Kagome abrazó al cachorro y sentí envidia de él.
'
Bajamos al estacionamiento y abrí la puerta de copiloto para Kag, ella entró en el auto con Aki en brazos. El cachorro ni siquiera intentó moverse de su regazo. Me dio las indicaciones correspondientes y encendí el motor, el tiempo de viaje se me hizo tan corto que ni siquiera alcancé a disfrutarlo.
– Gracias por el café – exclamé mientras me estacionaba frente a su hotel – Gracias también por aceptar pasar el tiempo conmigo.
– Gracias a ti – Kagome me sonrió y se acercó para besar mi mejilla; un escalofrió me recorrió con el gesto. Abrió la puerta de copiloto y dejó a Aki acomodado en el asiento – ¿Pórtate bien sí? – exclamó como una voz más adorable mientras le hacía cariño sobre la cabeza.
Antes de que cerrara la puerta volví a hablarle:
– Oye gat… Kagome. – El sobrenombre de gatita seguía dando vueltas en mi cabeza cada vez que me dirigía a ella. – ¿Piensa lo de mañana?, la verdad me haría muy feliz si pudieras asistir.
Me sonrió una última vez, cerró la puerta y entró en la recepción del hotel, su despedida fue tan poco personal que sentí como si hubiera estado intentando salir lo más rápido posible del auto. Supuse que después de todo, no podía pedir que fuera tan cariñosa como lo había sido tiempo atrás. Lo que está irremediablemente roto quizás… quizás es mejor dejarlo así, pensé.
'
Eso ha sido todo por hoy :3, las cosas han empezado a aclararse entre Inu y Kag, aunque él la ha dejado en la friendzone sin analizar antes la situación XD sdjnfsdj como siempre impulsivo.
No olviden dejar sus reviews uwu, actualizaré en un par de días!
Frani.
