"Cada vez que haces una buena acción haces que la luz brille un poco más dentro de la oscuridad.
Y el asunto es que, cuando te hayas ido, esa luz seguirá brillando, alejando las sombras."
-Charles de Lint
Capítulo Veintisiete: El Deber Viene Segundo
Las mujeres Stark llegaron al campamento al día siguiente, aunque las cosas seguían tensas entre ellas. La princesa se negaba a regresar a Invernalia y dejar a su Rey, y su madre insistía en que hiciera justo eso. Los demás en su guardia se negaban a involucrarse en las discusiones de sus protegidas, así que se creó una incómoda atmósfera que sólo se disipó cuando se reunieron con el Rey.
Lo encontraron en medio del campamento, hablando con una bella mujer, lo que hizo a Caryssa poner los ojos en blanco.
Estaban en guerra, él estaba comprometido con una chica Frey, así que por supuesto que había logrado encontrar a la única mujer en el campamento que no estaba ni emparentada con él ni era su abanderada y que, además, era lo suficientemente hermosa para distraerlo.
Era muy claro que estaba distraído con esta extraña mujer, ya que ni siquiera las escuchó acercarse, hasta que Caryssa se aclaró la garganta.
"Robb." Saludó Catelyn, sonriendo cuando su hijo se dio la vuelta, sorprendido al principio, antes de que una pequeña sonrisa apareciera en sus labios.
"Madre. Hermana." Caminó hacía ellas y las abrazo con ternura. A ambas, madre e hija, les intrigaba la mujer frente a ellas, quien enrollaba un trozo de pergamino, sonriendo a la escena ante ella, así que ambas mujeres la miraron fijamente cuando Robb finalmente soltó a su hermana. Robb guio con gentileza a Caryssa hacia la mujer, haciendo señas a Catelyn para que los siguiera. "Madre, Ryssa, les presento a Lady Talisa. Me ha estado ayudando con los heridos. Ha sido muy... útil."
No demasiado útil espero, había querido decir Caryssa, pero se guardó sus palabras. Conocía a su hermano. Era un romántico de corazón y un matrimonio arreglado no era lo ideal para él, pero había sido necesario. Sólo esperaba que su hermano pensara con la cabeza y no con otra cosa, antes de hacer algo estúpido.
Sabía que a su madre no le agradaba la obvia tensión entre Robb y esta Lady Talisa, así que decidió dejarla hablar primero.
"Lady Talisa."
"Lady Stark. Princesa Caryssa." Talisa inclinó la cabeza con respeto ante ambas mujeres, cuyas sonrisas, sabía muy bien, estaban llenas de educación y manchadas de sospecha.
"Lady Talisa...?" Presionó Catelyn, queriendo saber exactamente con quién había estado hablando su hijo.
"Maegyr."
"Maegyr. Disculpa, no conozco ese nombre."
"Maegyr... Es una de las familias regentes de Volantis, ¿no es así?" Habló finalmente Caryssa. El Maestre Luwin siempre había alentado su curiosidad cuando era una niña, y le había dado un libro sobre todas las tierras de Essos en su décimo día del nombre cuando le había preguntado sobre Braavos.
"Si, así es." Talisa sonrió honestamente, sorprendida de que la princesa lo supiera, pero el Rey Robb había dicho que su hermana era una mujer que valoraba el conocimiento. "Si me disculpan, Lady Stark, Princesa, Alteza."
Con una pequeña reverencia, los tres miembros de la familia real miraron a la mujer alejarse rápidamente, uno mirándola más que los otros. Algo que no pasó desapercibido.
Cuando Robb finalmente miró a su hermana y a su madre, vio las miradas de asombro y eso lo sacó de su ensueño.
Atrajo a su hermana a otro abrazo, enterrando su rostro en las pieles de su capa y aspirando su aroma, y Caryssa sabía que su hermano encontraba algo de consuelo en su presencia junto a él. Ser Rey había puesto mucho peso sobre los hombros de su hermano, tal vez demasiado, pero si abrazarla por un momento y mirar a una mujer hermosa lo ayudaba a aliviar el estrés, aunque fuera por un segundo, no le molestaba.
Finalmente, luego de un largo minuto, el Rey finalmente se separó de ella y Caryssa tomó su mejilla en una mano enguantada.
"Te he extrañado." Afirmó Robb, besando a su hermana en la frente, tomándola de la mano antes de mirar a su madre. "Las extrañé a ambas."
Los tres comenzaron a caminar en la dirección opuesta, y Catelyn, quien había estado inquieta por el modo en que su hijo miraba a Lady Talisa, notó lo tranquila que se encontraba su hija al tener a su hermano de nuevo a su lado. ¿Podía quitarle a su hija ese sentido de seguridad de nuevo? ¿Esa paz?
"Si, te veías verdaderamente miserable." Comentó Catelyn, haciendo a un lado sus pensamientos para lidiar con el problema actual.
"Me sorprendieron, eso es todo. No esperaba verlas hoy."
"Desearía que fueras libre de seguir tu corazón, como deseé lo mismo para tu hermana-"
"Lo sé."
Caryssa jaló la mano de su hermano, forzándolo a detenerse, ignorando la mueca de indignación en su rostro.
"Heredaste las responsabilidades de padre. Desearía poder quitar esa carga y todas las cargas del Norte de tus hombros, pero estos hombres jamás me seguirían, y no precisamente porque soy una mujer." Suspiró Caryssa, esperando que su hermano supiera lo mucho que lamentaba todo lo que había sucedido con su familia, y lo mucho que deseaba poder cambiarlo todo. "Esas responsabilidades tienen un precio."
"Estás prometido a otra." Añadió Catelyn, ignorando a Robb cuando intentó decirle que ya lo sabía. Lo sabía, pero aún se sentía atraído por Lady Talisa. Aún se sentía tentado. "Una deuda que debe pagarse."
"No lo he olvidado." Respondió Robb con voz suave.
Catelyn abrió la boca para continuar, pero a su hijo lo salvó la llegada de Lord Bolton.
"Alteza, Princesa, milady." Los saludó, inclinando ligeramente la cabeza en lugar de hacer una reverencia, y les mostró un pergamino que traía consigo. "Noticias de Invernalia."
Robb y Catelyn se movieron para seguir al hombre, pero Caryssa se quedó quieta.
"¿No vienes?" Preguntó Robb cuando notó que su hermana no lo seguía.
"Tengo deberes que atender en otro lugar."
"¿Qué deberes? No querrás decir-No, lo prohíbo." Espetó Robb, y su hermana simplemente arqueó una ceja.
"Familia. Deber. Honor. La familia primero y el deber segundo. Puede que sea nuestro prisionero y puede que sea un inútil pedazo de mierda, pero hice el juramento frente a los Dioses de cuidar a mi esposo, así que hasta que llegue el día en que le pidas una recompensa a su padre por él o le cortes la cabeza, tengo un deber que atender." Caryssa hizo una torpe reverencia burlándose de su hermano, extendiendo los brazos dramáticamente. "Alteza."
Con esas palabras, se dio la vuelta y se dirigió hacia las celdas donde tenían encerrados a los prisioneros de guerra, deteniéndose solamente para pedirles a un par de ayudantes que le consiguieran un plato pequeño de comida, una taza, un poco de agua y un trapo limpio.
No era que Caryssa quisiera pasar tiempo con su esposo, la última vez que lo había visto le había dicho que la amaba. Aún no sabía qué hacer con esa información.
Jaime la amaba. Ella lo amaba, pero lo odiaba también. Lo amaba y lo odiaba en igual medida y lo odiaba por confundirlo tanto. Debería ser simple. Jaime era su enemigo; su padre atacaba a la familia de su madre, su hijo Joffrey mató a Ned, así que debería odiarlo. Entonces recordó sus días juntos antes de la guerra, antes de que Jaime atacara a Ned frente al burdel de Meñique, y volvió a amarlo.
Así que, hasta que sus sentimientos fueran menos complicados, volvería a las lecciones de su madre.
Sería una buena esposa y atendería a su esposo, aunque fuera un prisionero.
La princesa se acercó a la jaula del león y, con una seña al guardián de las llaves, la puerta se abrió justo cuando llegaban los sirvientes con la comida y el agua.
"¿Podrían esperar aquí con la comida? Debería limpiarlo primero."
"Es más de lo que merece el desgraciado, princesa, pero haré lo que me ordene."
Caryssa entró en la jaula, Will y Lorry se movieron a cada lado de la entrada para hacer guardia mientras Rhaenyra se sentaba entre ellos. Si Jaime intentaba escapar, no llegaría lejos, ni volvería a su prisión en una pieza, pero su esposa casi quería que lo intentara.
Según todos los reportes, Jaime había sido un prisionero ejemplar. Había comido todo lo que le daban, siendo sus secos e ingeniosos comentarios la única queja que los guardias tenían de él. Ni una vez había intentado escapar de su prisión.
Era sospechoso.
"¿Caryssa? Dijeron que estabas en las Tierras de la Tormenta."
"Así era. Intenté negociar con Stannis Baratheon." Respondió Caryssa, acercándose a su esposo, hasta que el olor la sorprendió. "¡Dioses!"
"¿Te ofende mi olor, esposa? Ya casi no lo noto... el olor, quiero decir. Es difícil no notar que estás sentado sobre tu mierda y orines todo el día, todos los días." Espetó Jaime, mientras su esposa intentaba no hacer arcadas por el mal olor que inundaba sus sentidos. "Supongo que podría ser peor. Lord Karstark viene todos los días amenazando con cortarme la cabeza."
"Robb no lo permitiría, así que no debes preocuparte." Caryssa se mantuvo a una distancia razonable de su esposo, y se permitió mirarlo. Su barba, que había crecido durante sus meses en cautiverio, estaba sucia y opaca, y su cabello estaba igual. Su ropa... solo un milagro era el que las mantenía en una pieza, porque estaban tan cubiertas de los fluidos de Jaime que a Caryssa le sorprendía que la tela y el cuero resistieran aún. Sus muñecas estaban en carne viva por sus ataduras, y parecían estar al borde de la infección. Su león dorado estaba en un estado lamentable, y ella no podía permitir que siguiera así. "Vine a limpiarte, pero temo que el agua que trajeron no será suficiente. Haré lo que pueda por ahora, pero tendré que pedirle a mi hermano que nos permita ir al río a bañarte-"
"¿Por qué?"
"¿Qué quieres decir?"
"¿Por qué molestarse? Soy el enemigo, ¿recuerdas?" Presionó Jaime. "No me debes amabilidad alguna, como limpieza o buena comida. Así que ¿por qué molestarse?"
Caryssa parpadeó lentamente.
"Eres mi marido. Es mi deber." Declaró Caryssa preguntándose cuándo habían olvidado los hombres de Poniente todo sentido de la decencia que los hacía confundirse cuando la veían en otros. Lentamente se hincó junto a él, hundiendo la taza en el agua y llevándola a los labios de su esposo. "Bebe. El resto del agua es para lavarte la cara."
Jaime obedeció mirándola a los ojos, con una intensidad muy familiar para ella.
Él la miraba así cuando estaban en Desembarco del Rey, antes de enterarse de lo suyo con Cersei, antes de que ejecutaran a su padre y el rey muriera, cuando las cosas entre ellos estaban bien y el mundo que conocía tenía sentido para ella.
Ella miró sus ojos verdes y supo que la deseaba.
Una parte de ella, una extraña y primitiva parte de ella que al parecer podía ignorar la suciedad que cubría su cuerpo entero, lo deseaba también.
Decidió ignorarlo y continuó sus deberes, frotando el trapo mojado contra sus mejillas. Semanas de suciedad cedieron poco a poco ante su limpieza metódica, hasta que casi pudo ver piel rosa debajo.
Su barba y cabello necesitarían más de una dosis de agua para volver a su color dorado, pero aun así volcó el agua sobre su cabeza, sonriendo ante las maldiciones que salieron de la boca de su esposo.
"Un gracias no vendría mal." Dijo ella, secándole el cabello con otro trapo que Lorry le había entregado. "Como dijiste, no te debo amabilidad alguna."
Jaime la miró con enojo, pero esperó a que ella terminará de secarle el cabello para responder.
"Gracias."
Su tono era sincero, al igual que sus palabras, lo que sorprendió a Caryssa. En verdad sentía lo que había dicho, aunque ella lo había forzado a decirlo.
"De nada." Respondió Caryssa, antes de dirigirse a Lorry. "Ya me puedes dar la comida."
"Aquí está, princesa. Es una pena que solo sea caldo, esperaba que se ahogara con la comida." Lorry le sonrió al malhumorado león, antes de retomar su puesto frente a la celda una vez más.
"No le hagas caso." Instruyó Caryssa, acercándole una cucharada de lo que parecía ser guiso de carne a la boca. Solo que él no abrió la boca como ella esperaba, y ella suspiró. "¿Vamos a pelear por esto? Dudo que esté envenenado. Eres demasiado valioso para asesinarte."
"Te ves diferente."
Caryssa abrió los ojos sorprendida. No podía saberlo. Ella no le había dicho a nadie, ni a su madre ni a su hermano, y ellos definitivamente no le dirían a Jaime, incluso aunque les hubiera confiado el secreto.
Entonces, ¿cómo?
"¿Diferente? ¿En qué sentido?"
"Te ves... Cansada. ¿No estás durmiendo bien?"
Internamente dejo salir un suspiro de alivio. Externamente, puso los ojos en blanco y presionó la cuchara, impaciente, contra los labios de su esposo.
Esta vez él abrió la boca casi obediente y aceptó la comida.
"Tratar con Stannis fue difícil... Al parecer no tengo el temperamento correcto para viajar por mar." Comentó Caryssa, haciendo reír a Jaime. "Logré convencerlo de que una alianza con mi hermano sería benéfica, e incluso accedió a mantener al norte independiente bajo el reinado de Robb... Pero mató a Renly. No en el campo de batalla como había jurado hacer, sino con alguna clase de magia. Tenía una sacerdotisa roja con él, de una extraña religión de Essos. Ella asegura que Stannis es el rey elegido de un Señor de la Luz, y creó una especie de sombra que mató a Renly. Una sombra que dice mi madre se parecía a Stannis."
"¿Criaturas de sombras, sacerdotisas rojas y un rey muerto? Eso es suficiente para no poder dormir, supongo." Reconoció Jaime, tragando otro poco de caldo. El agua tibia con ligero sabor a carne no identificada jamás estaría entre las mejores comidas que había tenido, pero agradecía el cambio en la calidad de la comida. "¿Tu hermano aún hará alianza con Stannis?"
Caryssa arqueó una ceja, sabía que Jaime pescaba buscando información.
"No lo sé. No lo hemos discutido. Lo único que sé es que yo, personalmente, no confiaría en Stannis Baratheon, no con esa bruja a su lado." Declaró Caryssa, dándole a su esposo la última cucharada de caldo, antes de ponerse de pie y tomar todo lo que había llevado consigo a la celda. No tenía idea de cómo utilizaría Jaime un trapo sucio para escapar, pero no se arriesgaría a averiguarlo. "Haré lo que pueda para convencer a Robb de permitirte darte un baño, pero te conseguiré un cambio de ropa y algo en dónde... hacer tus necesidades. Me imagino cómo trató Cersei a mi padre en las Celdas Negras. Imagino que fue hacia su fin luciendo muy parecido a ti en este momento. No puedo ser como ella. Tampoco permitiré que mi hermano sea como ella."
Caryssa comenzó a alejarse, pero se detuvo cuando Jaime dijo su nombre suavemente.
"Gracias por esto. Por todo." Le dijo con la cabeza inclinada, incapaz de mirarla a los ojos. Le avergonzaba que ella lo viera caer tan bajo, aunque fuera su culpa. Había sido una situación imposible, su familia contra la de ella, su lealtad hacia su padre en guerra con su lealtad hacia su esposa. Tal vez había elegido mal, y su prisión y su estado lamentable eran su castigo por romper sus votos hacia ella. Pero pues, él siempre rompía un voto para cumplir otro.
"De nada." La princesa dejó al prisionero, y la celda se cerró una vez más.
A/N:
Hola chicos! Cuanto tiempo sin leernos! Pero ahora con la cuarentena y el CORONAVAIRAAAAAS! Ya puedo traducir con más calma.
Pues han comenzado los problemas con Robb y Talisa, y Caryssa y Jaime siguen con problemas en su relación, pero poco a poco comienzan a repararlos.
Pues por mi parte es todo, por favor mantenganse a salvo, no salfan de sus casas si no es muy necesario, y sigan todas las recomendaciones de higiene para poder salir más rápido de esto.
Espero leernos pronto. Los quiero mucho!
Bren.
