Día 27. De regreso a nuestros mundos o cuidado con lo que deseas

***Recomiendo escuchar Warning Sing de Coldplay para ambientar la historia de Nathaniel y Stranded de Plumb para Scarlet


Scarlet

Contemplar el fondo del vaso vacío después de acabarme el jugo de uva que contenía y no me sabía a nada… no era el ideal que tenía de un sábado por la mañana. Hubiera preferido dormir la cruda en mi cama luego de una fiesta alocada. Pero no había ningún plan que me convenciera y no estaba de humor para fingir alegría. Ni siquiera saludé a Lysandro cuando llegué a casa después de reñir con Nathaniel y pasarme la tarde con Castiel. Pasé de largo la sala donde estaba reunido con Emma y cerré la puerta de mi habitación con un azote. Quería estar sola y derrumbarme en mi cama sin que nadie me molestara.

No terminaba de creer lo que había pasado. Todo parecía estar tan bien con el señor perfecto… Digo, ¿nos gustábamos no? Habíamos compartido un montón de besos candentes y otros más tiernos que solo él sabía dar, y hablamos de tantas cosas… Menos del día en que nos conocimos. ¿Cómo era posible que lo hubiera olvidado? Me mantuve alejada del rubito psicópata desde que entre a Sweet Amoris porque me culpó de haberle jugado una broma pesada y roto las estúpidas reglas. Eso no era cierto. Y no solo eso… él intentó que expulsaran a Castiel... Okey. Debía admitir que este último a veces era irritante con ganas y a estas alturas fantaseaba con ahorcarlo. Pero eso no justificaba el comportamiento de Nathaniel.

Era tan odioso… afirmando tener la razón sin importar qué. No era más que un cuadrado sin importar todo lo que habíamos vivido los últimos días. Me costaba creerlo, pero el chico que destruyó los documentos de la sala de delegados y me besó como ningún chico lo había hecho antes… era el mismo estirado que insistió en sacar a Castiel del instituto e hizo que me castigaran sin darme oportunidad de defenderme. Y lo peor de todo es que no dejaba de pensar en él. ¡Joder! ¡En qué dimensión paralela dejé que eso pasara! ¡Yo iba por el pelirrojo del demonio! ¡Era todo lo que quería!

Pero eso era apenas la punta del iceberg. ¿Qué iba a pasar ahora que Melotiel ya no existía? Quise decírselo al rubito y comprobar que realmente le iba a valer un sorete luego de estar conmigo, pero me ignoró cuando sonó la campana para volver a clases. Eso… eso… era tan él… y no podía molestarme. Ya no. Y después tuvo que venir la vieja Shermansky para arruinarlo todo. Claro que Castiel la ayudó un montón. ¿Quién lo mandaba a espiarnos? Después de mil vueltas llenas de sarcasmo, amenazas veladas y casi un paquete entero de cigarrillos… por fin conseguí sacarle lo que había pasado en la convivencia… O al menos una parte… Ni él mismo lo entendía y mucho menos yo.

No sabía qué pensar de todo lo que me había contado. Necesitaba tiempo. Eso le dije después de regañarlo y dejarlo solo en la azotea. Hace unos días deseaba saber, más que otra cosa en el mundo, qué rayos sucedió entre Castiel y Melody, pero cuando finalmente conocí parte de la historia… no me impactó como esperaba. De cierta forma era tan previsible y estúpido. ¿Por qué no me había dado cuenta antes? Y mi falta de emoción al respecto era muy preocupante. Lo que más me angustiaba era imaginar al rubito con Melody ahora que la princesita estaba libre. Apreté mi vaso sintiendo una extraña mezcla de rabia y tristeza. Yo no iba a estar con él para recordarle lo bien que la pasamos juntos y que obviamente valía más que esa niñata mimada. No era justo. Quizá yo también debía encontrar a alguien que me distrajera de todo esto… un Dake desechable para pasar el rato…

–Luces muy pálida. ¿Estás bien Scarlet?

Levanté la vista encontrándome con los profundos y escrutadores ojos grises de Alexander. Eran las nueve de la mañana y su turno como mesero en mi cafetería favorita acababa de comenzar. La mayoría de las mesas estaban ocupadas. Todos parecían estar sosteniendo charlas amenas, menos yo que estaba sola… Nunca antes me había importado, pero no podía olvidar que la última vez que estuve aquí… me acompañaba el rubito psicópata.

–Hola… No dormí bien –respondí encogiéndome de hombros.

–Ya lo noté por tus ojeras. Ten. Cortesía de la casa.

Alexander me entregó una taza de chocolate caliente que sujeté con una sonrisa. Mis dedos estaban helados así que esa delicia me caía muy bien. Debí haber pedido una bebida caliente en lugar del jugo.

–Gracias.

–Descuida. Eres mi clienta favorita –ocupó la silla vacía justo en frente mío–. Ahora dime. ¿Qué es lo que te preocupa?

–¿No te van a regañar si te ven sentado conmigo? –le devolví la pregunta con una media sonrisa.

–Puedo tomarme unos minutos. A las meseras de la mañana no les molesta hacerme favores de vez en cuando –afirmó guiñándome un ojo.

–Aprovechado.

–Solo cuando me necesita alguien que aprecio. Ahora dime qué te pasa.

–Eres un caso Alex –puse los ojos en blanco.

El hermano de la arpía de Debrah siempre conseguía que le soltara la sopa. Desde que lo conocí… era una de las pocas personas capaces de convencerme de decir lo que sentía. Era tan tranquilo y maduro. No en vano tenía veintiún años. Se notaba la diferencia de edad al compararlo con otros chicos que aún no habían terminado el instituto. Me agradaba y lo apreciaba a pesar de ser familiar de la ex de Castiel. Además… no podía negar lo extremadamente guapo que era… con esos ojos y ese cabello castaño, no tenía nada que envidiar a ningún modelo o actor. Y aun así prefirió estudiar en la universidad a hacer una carrera en el mundo del entretenimiento.

–Pues… es un chico –dije al fin desviando la mirada.

–Me lo imaginaba. ¿Es el rubio con el que viniste la última vez?

–¡No! ¡Sí! No sé…

Mi voz sonó bastante desaminada. Rayos… esto era serio.

–Te veías muy contenta con él. Es curioso. No parecía el tipo de chico al que le darías un chance, pero se notaba que se llevaban muy bien.

Gracias por la puñalada Alexander.

–Para nada. Es un odioso. Dijo que le hice una broma pesada y por su culpa me castigaron ni bien llegué al insti.

–¿Él es el famoso rubito psicópata? Ja, ja, ja.

–Oye. No es gracioso. ¿Por qué te ríes?

Empezaba a ponerme de mal humor.

–¿Te quejaste de ese chico hasta el cansancio desde que nos conocemos y no quieres que me parezca gracioso el hecho de que te terminó gustando?

–Eso no es cierto –afirmé a la defensiva sujetando la mesa con ambas manos.

–Ay Scarlet. Era obvio que ese "rubito" te llamaba la atención. No parabas de criticarlo y contarme que hacía y que no.

Me sonrojé.

–Eso… eso no tiene nada que ver. Me sacaba de quicio y tenía que contárselo a alguien.

Pero por alguna razón nunca le hablé ni a Castiel ni Lysandro sobre las pequeñas cosas que tanto me irritaban de Nathaniel.

–Porque presenta sus tareas antes de plazo –apuntó Alexander divertido.

–Nos hacía quedar mal a todos sin motivo –respondí tomando un sorbo de mi taza de chocolate.

–Porque contesta a todas y cada una de las preguntas que los profesores hacen en clases.

–Repito… nos hace quedar mal.

–Porque no aparece en la cafetería a la hora del almuerzo –mi amigo me lanzó una mirada significativa.

–No es justo que tenga el privilegio de ir a dónde le dé la gana –contraataqué.

–Porque parece que no le importan los demás y vive en su mundo.

–Bueno… eso… eso no es tan malo como pensaba…

El señor perfecto vivía, en efecto, en su propio planeta. Pero era algo sorprendentemente interesante y para nada tenía que ver con que no le importaban los demás. Él simplemente hacía las cosas a su manera y a veces le costaba relacionarse con los demás. No era porque fuera una mala persona. O eso creía…

–Cambiaste de opinión. Habías dicho que era un estirado que no tenía idea de nada.

–Tampoco es así… Pero sigue insistiendo en que yo hice algo de lo que soy inocente –recalqué cruzándome de brazos y apoyando la espalda en el respaldo de mi silla.

–Tú también lo acusas de algo si mal no recuerdo.

–Estoy segura de lo que hizo –sentencié–. Si solo se disculpara lo olvidaría, pero se niega admitirlo.

–Igual que tú.

–¡Pero yo no hice nada!

–Y él dice lo mismo –concluyó Alexander tomando con las yemas de los dedos los granitos de azúcar dispersos en la superficie de la mesa.

–Pues sí…

–Se parecen más de lo que crees. Tal vez de alguna forma los dos son inocentes.

La conclusión de Alexander me dejó pasmada. ¿Inocentes? ¿Los dos? ¿Sería posible?

–Nah –negué con la cabeza–. Eso suena demasiado bueno para ser verdad.

Eso dije. Aunque en el fondo deseaba que fuese así. Todo sería tan perfecto si fuera así.

–Entonces infiero que pelearon por las acusaciones mutuas y que ahora no sabes qué hacer para reconciliarte con el chico que te gusta.

–¡Qué no me gusta!

Varias personas voltearon a mirarnos luego de escucharme gritar. Avergonzada, bajé la cabeza.

–Oh vamos. No puedes negar que siempre has tenido la atención puesta en él y yo diría que es mutuo. ¿No recuerdas cómo actúo el día que me invitaste a Sweet Amoris a ver las eliminatorias del torneo de basquetbol?

–¿Como un señor perfecto que quería castigarnos solo porque estabas ahí supuestamente sin autorización?

–Yo diría más bien… como un chico al que le cuesta controlar sus celos y quiere impresionar a la chica que le gusta ganando un partido de basquetbol, aunque sus probabilidades no eran muy altas y que resbaló en medio de la pista justo cuando estaba a punto de concretar el punto para la victoria. Ese "rubito psicópata", como lo llamas, es todo un idealista. Y como me divertí molestándolo.

Alexander parecía divertido al ver mi turbación.

–No es cierto. A Nathaniel no le gustan los deportes de equipo. Además… a mí no me impresionó para nada –repliqué huraña.

–¿Entonces por qué parecía que lo estabas apoyando en lugar de a Castiel y a Lysandro? Y no se me olvida que te pusiste muy nerviosa cuando te hice notar eso justamente durante el partido.

Claro que lo recordaba. Por alguna razón… sentí que debía respaldar al señor perfecto. Había que reconocer que de cierta forma era sorprendente que su equipo consiguiera enfrentar al de Castiel. Ese listillo lograba casi todo lo que se proponía. Pero eso tampoco desaperecía el hecho de que él me seguía culpando sin motivo y que ahora no estaba conmigo.

–Alucinas. ¿Dime de qué fumaste que necesito un poco de eso? –bebí de un solo trago lo que quedaba de mi chocolate caliente.

–Ciertamente el amor es muy complicado. Muchos han pasado la vida entera tratando de descifrarlo. Y algunos de esos intentos no son otra cosa que los libros que leemos en los días y noches que nos tocan en soledad.

–Estás poeta hoy –afirmé.

No entendía bien de lo que hablaba Alexander. Con seguridad el rubito le seguiría el hilo sin problemas, pero yo era diferente. No era tan brillante y era posible que lo perdiera por eso. Joder… cómo odiaba sentirme insegura.

–Ya me conoces –el aludido se encogió de hombros esbozando una leve sonrisa–. Veras. Me parece que lo más temible del amor es que te hace fuerte y débil al mismo tiempo. Tener sentimientos por otras personas puede hacer que saques lo mejor o peor de ti mismo, dependiendo de las circunstancias de la relación que tengas con ellos.

–Eso significa que no solo tú controlas lo que te pasa… también la otra persona… la que quieres –sentencié con el ceño fruncido.

Eso no me gustaba. Tener el mando sobre todo lo que me pasaba era algo a lo que no iba a renunciar como si nada.

–Mientras estas solo y por tu cuenta eres dueño exclusivo de tus decisiones. Pero eso raramente pasa. Amamos a nuestros padres, hermanos y amigos. Siempre actuaremos en consecuencia a ese hecho. Y cuando nos enamoramos de alguien… es inevitable que nuestro destino se trastorne un poco.

Era un buen punto… pero difícil de aceptar.

–En este tiempo pareciera que la mayoría no quiere aceptarlo –di un respingo. Alexander adivinó mis pensamientos–. Por eso prefieren relaciones libres o momentáneas. Es más fácil disfrutar y decir adiós que complicarse con los sentimientos hacia otra persona. No sufres, pero tampoco eres feliz y siempre llevarás un vacío contigo. Tener algo real con alguien es arriesgarse. Tirar los dados sabiendo que tu destino dependerá tanto de ti mismo, como del azar y de otra persona.

–Eso se ve complicado –apreté la taza vacía que aún tenía entre manos.

–Lo es. Por eso huir suele ser una solución para muchos. El amor es algo que nunca terminaremos de comprender y muchos le temen a lo desconocido. Y no faltan los que por ausencia de confianza en sí mismos renuncian a su propia vida en nombre de alguien que nunca les corresponderá como se merecen. Lograr un equilibrio entre los sentimientos que tienes por ti mismo y por otra persona es algo muy difícil.

–Cierto… ¿Cómo sabes todo eso? –enarqué una ceja.

–No lo sé… solo lo creo por alguna razón… intuición quizá. Me gustaría vivir más cosas que conmuevan mi vida, que en serio la muevan, pero es cada vez más difícil en un mundo donde los idealistas están en franca extinción –los ojos melancólicos de Alexander se posaron en la ventana que dejaba ver la calle por donde transitaban multitud de personas. Era una mañana de sábado y estábamos en un sector comercial después de todo.

–¿Sabes por qué me agradas Scarlet? –abrí los ojos ante su repentina pregunta–. A diferencia de muchas personas que he conocido… tú sí pareces dispuesta a arriesgarte e ir por lo que quieres sin dudar. Se nota que hay un mundo en ti que no depende de nadie más. Eso siempre terminará atrayendo a los demás. Como la gravedad de un planeta hace con sus satélites. No importa si tu apuesta no gana, seguirás siendo lo que eres. Así que no temas dar un salto de fe. Pase lo que pase… estarás bien.

–¿De verdad? –me era difícil creer todo lo que me acababan de decir y entenderlo también para ser honesta. Solo comprendería en su totalidad las palabras de Alexander varios después y luego de haber vivido bastantes cosas.

–De verdad –recalcó el joven guapo y sofisticado, incluso con un delantal puesto, que tenía en frente–. No sé cómo pasaron las cosas y acabaste interesándote en este "rubito psicópata" en lugar de Castiel que, según dijiste, era tu reto personal y de quien por cierto me hablaste muy pocas veces. Solo puedo decirte que debes estar segura de que nunca es un desperdicio sentir algo por alguien. Ni aun cuando no eres correspondido. Si eres fiel a ti mismo… sabrás que enamorarte es una experiencia que vale la pena. Las risas y las lágrimas llenarán ese vacío que las relaciones fugaces jamás podrán. Y un día, con suerte, encontrarás otro mundo que colisione con el tuyo. Enfrenta el cataclismo y quizá te despiertes un día con una visión mucho más amplia de todo.

–Gracias –esbocé una sonrisa.

–Me alegra haberte animado –el aludido me devolvió la sonrisa–. Bueno… ya debo volver al trabajo –Alexander dejó la silla donde estaba sentado al tiempo que revisaba su reloj–. Los croissants estarán listos en unos minutos.

–Nos vemos después.

–Claro que sí –me dedicó una última mirada afectuosa antes de alejarse.

De pronto me sentí mejor. Acababa de descubrir que una taza de chocolate caliente y una buena charla podían ser muy reconfortantes. Iba a irme a casa cuando entró una llamada a mi móvil.

–¿Hola? –contesté con decepción al darme cuenta de que no se trataba de quien hubiera esperado.

–¡Al fin me contestas! ¡Te he mandado unos mil mensajes!

–Yo también te quiero Rosalya –afirmé medio sorda después de escuchar sus gritos y alejando el celular de mi pobre oreja.

–Tienes suerte de ser correspondida. Kentin está en el instituto. Violeta lo acaba de ver. Te esperare en la puerta del club de jardinería en quince minutos. Estoy de camino.

–Okey. Ya voy.

Sea como fuera deseaba concluir el tema del saboteador del rubito. Tal vez ya no era mi problema, pero igual me importaba. Abrí la puerta del café para salir, pero me detuve en seco al escuchar Alexander que apareció de detrás del mostrador cual fantasma con una bandeja llena de croissants.

–¡Scarlet! Espera. Olvidé decirte que Debrah escapó de la escuela militar.


Nathaniel

El sonido de la primitiva impresora rompía el pesado silencio que insistía en imponerse entre nosotros a pesar de que Melody y yo no parábamos de hablar mientras poníamos orden la sala de delegados. Ambos habíamos aceptado de manera automática poner nuestro grano de arena en esta tarea a petición de la señora Shermansky. Algunas nunca cambiaban. Aunque nuestro intento por restaurar los documentos que destruí… eran francamente risibles. Solo una mínima parte tenía respaldo digital. El resto se había perdido para siempre. La directora de Sweet Amoris y los demás profesores tendrían que olvidarse de recuperar sus archivos y sobreponerse al trabajo extra que eso ameritaba. Yo no estaría para facilitarles la vida nunca más.

–¿Estás cansado Nathaniel?

–Un poco. Lo siento. No dormí bien anoche.

Cerré mi última frase con un bostezo mientras tomaba una pequeña pila de documentos que Melody me ayudó a clasificar. Habíamos pasado toda la mañana reestableciendo el orden en la sala de delegados, aunque hubiera preferido no salir de mi habitación. Casi no había pegado ojo en toda la noche. La imagen de una chica de largo cabello rojo y hermosos ojos azules… me impidió conciliar el sueño. Me acechaba sin remedio. ¿Cómo iba a olvidar a Scarlet y todo lo que había pasado entre nosotros?

Permanecí parado unos segundos frente a los estantes que guardaban los archivos de los estudiantes y que estarían semi vacíos por un largo tiempo, si bien nunca más serían inaccesibles para nadie. Tiré la llave al basurero más cercano. Jamás actuaría como si nada hubiera sucedido. No podía. Antes de que la chica desastre irrumpiera en mi mundo hace menos de un mes, la sala de delegados era una especie de burbuja donde me había refugiado de toda esa incomprensión que me rodeaba. Sé que no era culpa de todos, pero me había vuelto desconfiado, y en algún punto comencé a actuar por mi cuenta y nada más, como si viviera en mi propio planeta. Pero… llegó ella… y rompió la burbuja.

Solo le bastó proponerme un plan descabellado que acepté contra toda lógica y adiós hechizo. El muro que había urdido y me protegía de los demás se desvaneció. Antes éramos solo yo, la sala de delegados y digamos Melody, a la que nunca pude revelar mi verdadera forma de ser. Pero ahora estaban Armin, Alexy, Elisa y todas las demás personas que iba a conocer en el futuro. Pasara lo que pasara hoy o mañana… siempre estaría agradecido por eso.

Mi mundo había sufrido un cataclismo y aunque resultaba un poco aterrador aceptar que las cosas no volverían a ser como eran … No me quedaba otra opción. Tuve que pasar una noche de insomnio para comprender y aceptar que siempre estuve atento a Scarlet. No importaba que me hubiera jugado una broma pesada o me acusara de intentar perjudicar al pelirrojo del demonio, cuando en los hechos fue todo lo contrario. En el fondo no eran más que excusas para alejarme de ella. Quizá presentía que me empujaría a salir de mi zona de confort y ver otra realidad que había ignorado por bastante tiempo. Lo que en efecto terminó pasando. Solo quedaba admitir que extrañaba a la chica desastre y la enorme decepción que experimenté cuando fue Melody la que hoy cruzó la puerta de la sala de delegados en su lugar.

–¿Todo bien?

–Sí. No recordaba dónde iban estos documentos –contesté volteando a ver a la ex novia de Castiel al tiempo que esbozaba una sonrisa falsa.

–Ah –dijo mirándome con recelo. Probablemente no me creía. Ella sabía que era un excelente archivista. Me había asegurado que tuviera esa impresión desde que nos conocimos.

Eso era todo. Una chica y un chico sumamente estudiosos y correctos en un aula con un montón de papeleo que ordenar, o no tanto desde hace un par de días. Sonreí de verdad por un segundo ante esa idea, solo para sentir un incómodo vacío. Scarlet y yo habríamos compartido varias risas a costa del final del contenido de los estantes. Era extraño no tener a nadie que entendiera el chiste.

–Creo que ya vamos a terminar –sentenció Melody con su usual tranquilidad sentada junto al gran mesón que finalmente lucía totalmente vacío.

–Sí. Pronto podremos irnos a casa –completé su idea acomodándome en una silla al lado de la suya.

–¿Quieres?

–Gracias.

Mi amiga sacó dos pequeños cupcakes de vainilla de su mochila y me ofreció uno. Nuevamente compartíamos una comida juntos en la sala de delegados. Parecía un día tan común y rutinario… Volvimos a lo mismo y aun así las cosas se sentían tan diferentes... Melody y el pelirrojo del demonio ya no eran novios. Scarlet y yo ya no íbamos a volver a estar juntos. Una pared se levantó entre nosotros otra vez. Y lo más amargamente gracioso era que ambos obtuvimos lo que se supone que queríamos. Vaya ironía.

Cuando Melody me contó cómo es que empezó a salir con Castiel comprendí muchas cosas, entre ellas que esta historia había dejado de ser de interés para mí y que casi no había puesto atención a la chica a la que planeaba declararme hace unas semanas. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Todo parecía tan seguro y correcto que no vi los indicios, solo atiné a ver lo que quería ver y los resultados de esa ceguera fueron sorprendentes. Me había encariñado casi sin darme cuenta de la persona menos esperada y ya no tenía idea de qué hacer al respecto. Ayer todo parecía tan claro, pero hoy…

Me sobresalté al escuchar el tono de mi móvil y salí disparado hacia mi maletín dejando caer el último par de documentos que pudimos reimprimir.

–Hola Nathaniel. Soy Emma. Te llamaba para saber si hoy puedes concederme la entrevista sobre el incidente de la sala de delegados.

–Qué tal –respondí desanimado al tiempo que me pasaba una mano por el cabello–. Claro. ¿Podría llamarte esta tarde?

Le había prometido a Emma contarle los detalles sobre el descubrimiento de los documentos destruidos, que no eran muchos en realidad porque jamás revelaría que el autor del atentado era yo y que había involucrado a la chica desastre. En realidad, no quería hablar del tema, pero el periódico escolar necesitaba la primicia si quería enfrentarse al diario amarillista de Peggy y Amber. No me parecía correcto que ganaran las maledicencias e infamias, además… quería ayudar a Elisa y Armin. Mis amigos eran importantes y si podía darles una mano… claro que lo haría.

–Perfecto. Te llamo entonces.

–Muy bien. Y no olvides darle un espacio destacado al fanfic.

–Sí… lo haré –Emma no se oía muy entusiasmada por esta parte de nuestro trato. Quedamos en que le daría una entrevista exclusiva siempre y cuando accediera a publicar la historia de Armin –. Pero debes editarlo tú… no puedo publicar mamarrachos indescifrables.

–De eso yo me encargo. Confía en mí. El texto estará impecable. Esperaré tu llamada –la tranquilicé seguro de que me esperaban días de duro trabajo. No importaba. Valdría la pena cuando viera la satisfacción de mi amigo gamer al ver su historia publicada. La redacción y el orden de los hechos podían ser desastrosos, pero el argumento era bueno y algo me decía que sería un hit en el instituto si conseguía darle sentido.

–De acuerdo –aceptó mi interlocutora con un dejo de resignación–. Hablamos más tarde Nathaniel.

Lo sentía por ella, pero era un excelente negociador cuando me lo proponía. La información era un bien extremadamente valioso después de todo.

–Perfecto. Adiós.

Colgué y dejé el móvil sobre el mesón al tiempo que volvía a ocupar mi silla.

–¿Era algo muy urgente? –me preguntó Melody. Ya había recogido los papeles que dejé caer y revisaba en mi lugar.

–Algo así…

Era muy ingenuo de mi parte suponer que Scarlet me contactaría por el móvil. Me fui dejándola sola con Castiel poco después de que este rompiera con su novia. Tal vez si lo hubiera sabido antes no habría cometido semejante estupidez. Ahora era demasiado tarde. Esos dos encajaban a la perfección, como dos piezas de un mismo puzle donde yo no tenía cabida. Y lo peor era que ambos me juzgaban por igual. No creo que hubiera nada más desalentador que eso. ¿Qué podía hacer contra el hecho de que la chica que quería se ponía del lado de otro?

–Creo que ya nos vamos –sentenció mi compañera de quehaceres burocráticos con un suspiró–. Los colocaré en su lugar y ya está.

Dejó su asiento y se dirigió al archivero para depositar los últimos documentos en su respectivo lugar, asignado por tema y orden alfabético. Grandioso… una pena que nadie nos aplaudiera la hazaña. Sin duda la chica desastre me había contagiado su sarcasmo. Todo parecía tan espantosamente absurdo.

–Excelente. Gracias por tu ayuda –volví a esbozar una sonrisa de cartón.

–No hay de qué. Me sirvió para distraerme.

Observé a Melody ordenar sus cosas para irse. Lucía tan normal a pesar de la tristeza que mostró ayer cuando me contó que ya no salía con el pelirrojo del demonio. No me había explicado el por qué ni tampoco quise ahondar en el asunto si ella no estaba dispuesta a decirme nada más. Lo menos que podía hacer era respetar su privacidad y tratar de hacer que se sintiera mejor. La apreciaba a pesar de todo, aunque casi no nos conociéramos más allá de la apariencia de estudiantes ideales que por alguna razón insistíamos en proyectar entre nosotros.

–¿Vamos? –me preguntó con la mano en el pomo de la puerta.

–Sí. Ya estoy listo –asentí colgándome mi maletín.

Parecía un día como cualquier otro. Hasta que dejamos la sala de delegados y nos topamos con Scarlet y Castiel, que caminaban en la dirección opuesta. Un incómodo y gélido silencio, atravesado por el contundente golpe de las pisadas que repicaban sobre el piso, se apoderó del pasillo. Ninguno hizo el menor gesto de reconocimiento y nos limitamos a mirar al frente, pasando de largo como si nunca hubiéramos existido para el par de pelirrojos que nos dejaron atrás con total indiferencia. Sí. Definitivamente habíamos vuelto a ser mundos paralelos completamente separados. Suspiré antes de ocultar mi tristeza y la sensación de profundo abatimiento que comenzaba a experimentar. Me costó bastante, pero conseguí entablar conversación con Melody sobre cualquier cosa que no fuera nuestra inexistente vida amorosa.

–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Scarlet

Luego de las preocupantes noticias que me había dado Alexander, tomé mi motocicleta y salí disparada hacia el instituto. Tenía que hablar sea como sea con Kentin. Él tenía las respuestas y me las iba a decir hoy. No había otra posibilidad. Aparqué en el estacionamiento y me dirigí hacia la puerta de entrada sin esperar que ahí me encontraría con Castiel. ¡Joder! Cuando más lo quería… desapareció. Y ahora que no sabía qué rayos hacer con él… me lo encontraba hasta en la sopa.

–Qué tal –me saludó al tiempo que tiraba al piso la colilla del cigarrillo que acababa de fumar.

–Hola –respondí de mala gana.

–Parece que nuestro destino es encontrarnos –declaró el aludido al tiempo que me guiñaba un ojo.

–Ten cuidado. No te he perdonado –pasé por el vano de la puerta sin darle oportunidad a que dijera nada más, pero el muy necio me siguió–. ¿Quieres cabrearme o qué?

Volteé para encararlo sintiendo que se me había agotado la poca paciencia que me quedaba.

–Tranquila –Castiel levantó los brazos en señal de rendición mientras esbozaba una media sonrisa–. Resulta que vamos al mismo lugar.

–¿Y cuál sería ese lugar? –pregunté entrecerrando los ojos.

–El panel informativo. Ya publicaron las notas de los exámenes.

–¿Y desde cuándo te interesan las notas? –bufé cruzándome de brazos. Toda la situación era tan… pero tan absurda.

–Lo mismo te pregunto –replicó el pelirrojo el demonio en clara señal de burla. ¿En serio en algún momento me encantó esa actitud tan desesperante?

–Olvídalo… payaso –me alejé.

–Okey. Lo siento –se me acercó lo suficiente para que aparentáramos estar caminando juntos.

–Ya dijiste eso como un millón de veces. Solo déjalo. ¿Vale? ¿Tus papás te pidieron que les mandarás una captura de tus notas no?

Al parecer Castiel por fin tomó en serio mi malhumor decidiendo que lo mejor era dejar de hacerse el listo y contestar mis preguntas sin más.

–Sí. Están de viaje y me advirtieron que me olvidara de la próxima mensualidad a menos que les mostrara mis calificaciones. Y me obligaron a venir en sábado al instituto solo para esa tontería –explicó disgustado.

–Que lata –apunté.

–Pues sí.

–Espero que no te castiguen cuando vean la captura.

–Yo también.

Y eso era todo. Habíamos vuelto a las charlas de siempre. Qué fácil fue regresar a lo de antes. Nunca lo hubiera imaginado. En mi mente solo una cruzada épica iba a lograr la destrucción de Melotiel, pero no… el asunto se acabó solo… justo como predijo el rubito el día que fui a buscarlo a la sala de delegados para proponerle una alianza que acabaría con esa relación. Ese sabelotodo había acertado una vez más. Ellos no necesitaron de nosotros para separarse. Tal vez la única persona que necesitaba de Nathaniel era yo…

A medida que avanzábamos por los pasillos, y aunque se supone que Castiel iba conmigo y había otros alumnos de Sweet Amoris que nos saludaban al pasar, me sentí cada vez más sola. Como si me encontrara varada en una isla desierta. Tuve que repetir en mi mente la conversación que acababa de tener con Alexander para recordar que no todo había sido un desastre y que pasara lo que pasara… todo iba a estar bien.

–No está tan mal. Quizá se conformen con eso.

Las palabras de Castiel me devolvieron a la realidad. El panel con las notas se hallaba en frente.

–Pues sí. Yo creo que tus papás van a estar conformes. No reprobaste ninguna materia, ni siquiera historia. Hasta subiste tu promedio, aunque Farres es un latoso.

Era raro… esa materia nunca fue su fuerte. A menos que…

–Melody te ayudó –afirmé contemplando a Castiel con una sonrisa burlona.

–Más o menos –aceptó este último bajando la mirada–. Es una chica lista y me dio una mano. Solo eso.

–Cómo tú digas –preferí no insistir en el tema al notar la tristeza en el rostro de Castiel.

Mis ojos buscaron mis calificaciones que no tardé en identificar. Eran buenas. Demasiado para mi yo habitual. De pronto sentí una punzada al imaginar lo satisfecho que estaría el señor perfecto al comprobar que mis calificaciones habían subido. Pero era demasiado tarde. Seguro que a estas alturas

–Tú tampoco estás nada mal. Este año nos libramos.

–Sí.

Fue gracias a Nathaniel y esas sesiones de estudio donde descubrí que aprender distintas cosas no era tan malo como lo pintaban. Lástima que no tuviera a mi lado a la única persona que iba a entender algo tan loco como eso.

–Ya me voy.

–Espera.

Castiel insistió en caminar conmigo hacia el club de jardinería. Estaba demasiado harta de todo como para decirle que se largara. Y lo peor de todo estaba por pasar… nos cruzamos con Nathaniel y Melody que acababan de dejar la sala de delegados. Sentí como si acabaran de darme un baldazo de agua fría. Menos mal pude fingir indiferencia al igual que el chico pelirrojo que tenía al lado. Creo que nunca los dos habíamos lucido tan parecidos. Seguimos adelante sin decir nada. Tenía miedo. Miedo de revelar mis sentimientos. Miedo al rechazo. Miedo a la humillación. Miedo de llorar. Y así fue como dejé ir al rubito con la niñita estirada, aunque moría por robarle un beso y hacer que se diera cuenta de que él en realidad esperaba que yo volviera a su lado. Pero en lugar de eso permití que se hundiera en la oscuridad de los pasillos de Sweet Amoris con una chica con la que encajaba a la perfección.

––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Había entrado muy pocas veces al invernadero que utilizaba el club de jardinería. Era amplio y con bastante espacio para varios mesones donde descasaban masetas con una gran variedad de plantas y flores. De no ser por el creciente malestar que se expandía por mi pecho, probablemente había disfrutado la vista. Ni Castiel ni yo dijimos ni pio hasta llegar a nuestro destino.

–¿Te sientes bien Scarlet? –me preguntó mirándome con suspicacia.

–Eso deberías preguntarte tú, Castiel. Es raro que no digas bobadas en tanto tiempo –respondí con cara de pocos amigos.

–Okey. Ya entendí. Al menos podrías decirme qué hacemos aquí.

–Yo vine a resolver un asunto. ¿Tú? No tengo idea –puse los ojos en blanco.

Castiel abrió la boca, pero antes de que pudiera decir otra sandez… Rosalya entró al invernadero.

–Ya era hora. Te he estado marcando al móvil y no contestas –me reprochó cruzándose de brazos.

–Lo siento. Estaba en otra –me disculpé al tiempo que verificaba mi celular. En efecto, tenía un motón de llamadas perdidas. Lo había dejado en silencio.

–¿Y qué hace él aquí? –preguntó mi amiga dirigiendo la mirada a Castiel.

–Lo que me da la gana –contestó el aludido.

–Tan amable como siempre... –sentenció Rosalya–. Como sea, él está aquí y…

–¡Yo lo hice!

La repentina afirmación de Kentin de pie junto a la puerta del invernadero hizo que todos volteáramos a verlo. Tenía el pelo inusualmente desordenado con algunos mechones cubriéndole parte de la frente y se notaba bastante nervioso.

–Yo dejé las margaritas en el gimnasio. Las que le hicieron daño a Nathaniel.

–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Volví a casa al anochecer. Tenía mucho en que pensar y preferí tomar una ruta panorámica hacia cualquier parte con mi motocicleta. Me fue imposible ordenar mis ideas. Todo lo que nos había contado Kentin… era increíble que hubieran pasado todas esas cosas… Jamás lo habría adivinado. Y aún no había procesado la historia de Castiel y Melody que me tenía de cabeza.

Pero, sobre todo, no podía quitarme de la cabeza el hecho de haber visto a esta última con Nathaniel, como si nada hubiera pasado entre él y yo. ¿Acaso fue solo un sueño? Apreté los puños y corrí hacia la buhardilla del departamento que compartía con Lysandro. Mis colores, pinceles y cuadros se hallaban donde los había dejado la última vez que los usé. Ajenos al drama de los últimos días.

Había conseguido terminar algunos de mis cuadros y me sentía orgullosa de los resultados. En particular del lienzo con Draco y Hermione de la mano y un castillo mágico de fondo. Amaba ese cuadro. Siempre dejaba todo incompleto porque era muy impaciente e inquieta, pero ahora, después de que me costó muelas trabajar el mismo cuadro día tras día, podía decir que estaba muy satisfecha con lo que había pintado. Fue buena idea tomar en serio el consejo del rubito sobre ser consecuente y disciplinado. Recordar lo que me había dicho el día que lo invité a mi depa y le presenté mis pinturas, bastó para que un par de lágrimas resbalaran por mis mejillas.

Y más cayeron cuando vi el cuadro que pintamos juntos. Un árbol en una pradera solitaria que dibujé para los dos. El lienzo permanecía sobre uno de mis caballetes, como un recordatoria de lo que había perdido. ¡Joder! Lo que menos quería era volver a llorar por un chico. Me apoyé en la pared y dejé que la gravedad hiciera lo suyo. Terminé sentada en el suelo y bañada en lágrimas mientras recordaba todo lo que había vivido con Nathaniel los últimos días. Cada uno de mis encuentros con él resultó ser único y especial. Dolía. Mi pecho dolía. No era un simple malestar. ¿Esto… esto era tener el corazón roto? ¿Era el crack que evité sentir por Castiel al aliarme con el rubito para intentar recuperarlo? ¿O era algo mucho peor?

No lo sabía ni tenía cabeza para tratar de comprenderlo. Solo quería que parara. Era horrible sentirse así. Desee que algo lo interrumpiera, lo que fuera. Menos mal alguien, en algún lugar, escuchó mi petición. La tableta que había dejado sobre el mesón junto a los botes de pintura empezó a timbrar anunciando una llamada. Despejé mis lágrimas y me levanté a contestar sabiendo de quién se trataba.

Era una cuestión importante y debía meditarlo con calma. Necesitaba tiempo para ayudar a Nathaniel a esclarecer la identidad de su saboteador, limpiar el nombre de Lysandro… e intentar recuperar a Castiel. Eso pensaba… hace unos días. En estos momentos sin embargo… era demasiado tener que aceptar el hecho de que había perdido no a uno, sino a los dos chicos que me gustaban por la misma chica. ¡Y todo en menos de un mes! Jamás me arrepentiría de mis sentimientos, pero necesitaba un respiro. Yo no era una maldita roca, aunque intentaba aparentarlo siempre.

–Hola papá –contesté activando el altavoz y tratando de que el tono de mis palabras no dejara entrever que había estado llorando.

–Scarlet. Estoy muy molesto contigo. No te has comunicado en días. Tú madre no para de recordarme que casi eres mayor de edad y que puedes cuidarte tú sola, pero eso no significa que te olvides de nosotros y…

–Quiero irme con ustedes.

Mi inesperada declaración consiguió lo imposible… callar al bocazas de mi papá.

–¿Estás segura? –preguntó cauteloso.

Me mordí el labio antes de contestar.

–Sí… Extraño viajar y conocer lugares nuevos.

Mi voz tembló un poco al tiempo que nuevas lágrimas inundaron mi rostro.

–¡Qué magnífica noticia! –el enojo de papá fue reemplazado por una gran alegría–. Le diré a tu madre que fue tu idea reunirte con nosotros. Será nuestra pequeña mentira blanca, ¿de acuerdo?

–Okey. ¿Puedo pedirte algo papá?

–Claro. Lo que tú quieras. No sabes cuán entusiasmado estoy al saber que pronto la familia volverá a estar junta.

–Quiero irme la siguiente semana a más tardar. Cuanto antes mejor.

Y así fue como, el día menos pensado, decidí concluir mi estadía en Sweet Amoris.


Y fin del capítulo. Espero les haya gustado XD. ¿Creen que la chica pelirroja realmente abandone Sweet Amoris? ¿O alguien la convencerá de quedarse? ¿Qué opinan de Alexander y sus consejos sobre el amor? ¿Y Debrah qué? Y bueno… Kentin confesó, ¿será él el misterioso saboteador?

Solo quedan tres capítulos en los que por fin todo será revelado. Les adelanto que en el siguiente capítulo se sabrá que fue lo qué paso entre Castiel y Melody . Muchas gracias por leer y comentar el fic XD