69. Padre e hija.
Año y ocho meses atrás…
—Masamune, hoy hace un buen día. —comentó Sakura, estirándose. Acababa de leer un enorme texto de veinte hojas. Sentía su vista cansada por la cantidad de información que recopiló y se prometió leerlo una vez más antes de dormir. —Deberíamos comer aquí afuera.
— ¿No comerás con Tsunade? —preguntó el cuervo.
—Tsunade-sama hoy está ocupada, dijo que mandaría a Shizune-san por la tarde-noche para explicarme algunos temas de ninjutsu médico, así que me toca comer sola hoy. —suspiró Sakura, abrazando el libro, poniéndolo encima del pecho. — ¿Qué quieres comer hoy, Masamune?
—Humm… ¿aún tienes pescado? El otra vez supo muy rico lo que preparaste. —comentó el cuervo, revoloteando, emocionado. —Al menos si te casas con el Uchiha y el Uzumaki no morirás de hambre, porque ni de chiste esos dos saben cocinar.
— ¿Por qué me casaría con los dos? —preguntó Sakura, con una gotita bajándole por la sien.
—Bueno, ninguno de los dos va a ceder, así que ¿no es mejor aprovechar la oferta?
— ¡No hables de ellos como si fueran mercancía del mercado! —reclamó Sakura, tirando de sus plumas.
— ¡Son dos al precio de uno, son dos al precio de uno, Sakura! —gritó Masamune, buscando librarse.
Todo pasó en un segundo más tarde, mientras Sakura apenas iba volteando, cuando un tronco que parecía recién arrancado del suelo fue a pegarle directamente en el cuerpo, arrastrándola de manera horizontal, lanzándola unos cuantos metros fuera de la casa.
— ¡Sakura! —mientras Masamune intentaba volar a ella, tres Anbu se pusieron delante de él, sellándolo al instante al poner un sello en su lomo, metiéndolo en un pergamino.
—M-Masamune…—murmuró ella, queriéndose levantar. Sin darse cuenta, ya se encontraba rodeaba de al menos cinco Anbu. Entre ellos, la silueta que fue la primera en reconocer; Kizashi.
—Me tomó bastante tiempo encontrarte, Sakura. —dijo su padre, mirándola con resentimiento. Sus ojos no emitían ya ningún sentimiento, era como le hubieran extraído toda la vida.
—Padre…—Sakura consiguió incorporarse, sentándose en el suelo, con las manos soportando su peso. Le dolía cada extremidad, sin embargo, comenzó a llenar sus manos de chakra, levantándose poco a poco. —Tsunade-sama no tardará en venir, traspasaron la barrera que ella creó.
—Veremos quién es más rápido, entonces. —comentó él, indiferente. —Si esa mujer que ha robado el puesto de Hokage o los Anbu.
Sakura frunció las cejas, corriendo a él, cuando los Anbu iban a interceder para someterla de nuevo, Kizashi alzó una mano para detenerlos. La niña apretó los dientes, cansada de que su padre la estuviera subestimando. Buscó tomarlo para hacerle daño con el ninjutsu médico, su padre la paró en seco, tomándola del antebrazo y atrayéndola hacía él de un tirón.
— ¿Es esto a lo que tengo que temer? —preguntó Kizashi, lanzándola lejos con una patada en el estómago. — ¿Es este el potencial que has alcanzado, Sakura?
Ella buscó incorporarse de nuevo, con la mano en el estómago y saliva mezclada con sangre escurriéndole por las comisuras del labio.
—No lo entiendes. —susurró Sakura. —Alguien como tú y como tú clan, jamás lo entendería. —Sakura arrastró sus pies, obligándose a ponerse de pie, sosteniéndole la mirada a su padre; esos ojos que seguían mirándola fríamente, son los que un día quiso que reflejaran el orgullo de tenerla como hija. —Las personas que he encontrado, los amigos que he hecho… las experiencias que he vivido con ellos, no las entenderías.
— ¿Qué necesito entender? ¿Qué por ellos te volviste más débil? —preguntó Kizashi.
Sakura soltó una risita, limpiándose la sangre con el canto de la mano.
— ¡Alguien como tú jamás entendería que es amar a alguien! —gritó Sakura, con las lágrimas escurriéndole. — ¡Fíjate ahora en lo que te has convertido, padre! ¡No eres más que un vil asesino buscando saciar aquello que jamás consiguió! ¡No tienes lazos, no tienes familia, ni siquiera te tienes a ti mismo!
Sakura pronto sintió que le faltaba el aire, Kizashi le había dado un golpe acertado en la garganta con uno de sus codos; sintiendo que su tráquea casi fue destruida, Sakura comenzó a vomitar en el suelo, flujos llenos de sangre que solo conseguían irritar más la herida interna.
— ¿No te dije que cerraras la boca si no había nada bueno que decir? —preguntó Kizashi, observándola desde arriba. —Si te preocupas por a la que una vez llamaste madre, ella está aquí, justo ahora.
Aun sosteniéndose la garganta con fuerza, queriendo usar su ninjutusu médico, Sakura alzó la mirada, con uno de sus ojos aún cerrados y una búsqueda en vano de regularizar el dolor y la respiración. Se quedó pasmada, incluso dejó de intentar curarse, observando con escepticismo lo que estaba parada delante de ella.
La marioneta de su madre.
—Pronto te reunirás con ella, Sakura. —comentó él, tomándola por los cabellos y aplicando un genjutsu básico para dormirla. —Deberías darle las gracias a Danzo-san, si no fuera por él, yacerías aquí mismo junto a ese cuervo maldito.
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Sakura comenzó despertar con todo el cuerpo adolorido, la cabeza le daba vueltas y la poca luz que entraba por unas rendijas no ayudaba en absoluto. Con algo esfuerzo miró a los alrededores, observando con perspicacia que se encontraba en una celda, colgada de ambos brazos con dos cadenas sobre sus muñecas que iban clavadas a la pared. Sus brazos ya estaban cansados de sostenerla por tanto tiempo, así que haciendo uso de su fuerza, se quitó de inmediato, dejándose caer al frío suelo que lastimo sus rodillas.
Guiándose con la luz, tentó el suelo, asegurándose que no hubiera nada que pudiera lastimarla. Se tocó la garganta y para su sorpresa solo le raspaba un poco, podía emitir sonido y no le dolía al hablar. ¿Por qué la habían curado? Aunque bueno, solo fue eso, porque a excepción de todo lo demás, seguía igual, con las heridas de aquel tronco y las que su padre provocó.
Un destello llegó a su mente con dolor. El cuerpo de su madre había sido tratado como un vil objeto.
Se dejó caer de costado, abrazándose a sí misma, pensando en Naruto, Sasuke y Kakashi. ¿Y si cuando volvieran no la veían? ¿Qué pasaría? ¿La buscarían o pensarían que se habría ido para siempre? ¿Qué había de Tsunade? ¿La estaría buscando?
Miró el techo por minutos que le parecieron eternidades, imaginándose distintos escenarios. Al final, cuando notó que los tonos naranja del cielo se transformaban en luces blancas por el paso de la luna, se levantó del suelo, moviendo todas sus extremidades. Había descansado lo suficiente y se sentía más respuesta, aunque tenía hambre, demasiada, no se concentró en eso, tenía un cuervo que encontrar.
Se acercó a la celda, observando lo poco que pudo por ambos lados, la puerta era gruesa y solo tenía una pequeña rendija donde supuso que le pasaban comida a los reos. No veía ningún guardia, así que buscando controlar lo mejor que pudo su fuerza, logró traspasar solo la cerradura de la puerta, destrozándola.
Frente a ella se habría un pasillo enorme, que parecía no tener fin; cautelosa, Sakura comenzó a pasearse por él, escuchando algunos lamentos tras las paredes de otras celdas. Al concluir con el pasillo, se topó con unas escaleras, todo esto no tenía ninguna protección, por lo que pronto se dio cuenta que ya estaba siendo observada desde el momento en que despertó.
Dio un suspiró y comenzó a subir, sabiendo que no serían pacientes con ella. Llegó a un nuevo pasillo, al contrario de la parte baja, las nuevas habitaciones no estaban construidas con barro, eran de cemento y parecían mucho más cómodas; el pasillo era casi igual de largo que el anterior así que tuvo que recorrerlo, notando con cierta sorpresa que había niños ahí, de todo tipo de clanes, desde Akimichi hasta el Haruno. Estos niños no la miraban, se dedicaban a entrenar, leer o perfeccionar un jutsu en sus habitaciones. Cuando estuvo a punto de llegar a la última habitación, uno de los niños salió corriendo, topándose con sorpresa con ella.
Su piel era pálida, sus ojos negros como la noche al igual que su cabello, le daba cierto aire a Sasuke.
No obstante el niño la ignoró, volviendo a meterse a su habitación. Sakura entendió eso como que por más que gritara o los llamara, nadie vendría corriendo a rescatarla, así que siguió su camino e ignoró lo acontecido. Al llegar al tercer piso Sakura notó que había al menos cinco Anbus esperándola, más el que acababa de bajar del techo después de seguirla todo el rato, Sakura miró a los lados, esperando ver una salida. No había. Era como una colmena, enorme y que parecía tener tanas habitaciones y pisos que podrías acabar perdido ahí por años si no eras una abeja que la habitara.
—Te estábamos esperando. —llamó una voz entre las sombras, que no se dejó ver en ningún instante. Sakura sintió un escalofrío recorrerla, sabiendo el peligro que le aguardaba.
— ¿Y Masamune? —preguntó con voz firme, recibiendo un empujón como contestación para que avanzara.
—Oh, tu cuervo, parecía algo inquiero así que lo volvimos a sellar. —comentó, dando la indicación a uno de los Anbu para que le mostrara el rollo. —Y ahora te toca a ti.
Sentaron a Sakura en una silla delante de todos, a pesar de los forcejeos que comenzó a hacer, llamando continuamente a Masamune. Sus gritos resonaban por todo el lugar, rebotando continuamente a ella, podía escuchar sus lamentos, sus lloriqueos y al final de la semana, solo su respiración entrecortada, casi nula.
Mientras veía a su padre acercarse, para iniciar un nuevo día de golpes y torturas psicológicas, Sakura se fue repitiendo continuamente la pregunta que le hacían todos los días.
"¿Dónde estaba Itachi Uchiha?"
—.—.—.—.—
Ahora, en la actualidad, cada uno de esos recuerdos de sus días en ese lugar, se vinieron a la mente de Sakura cuando conectó la mirada con su padre, mientras la flama se iba extinguiendo por completo. Volvió a formar una sonrisa en su rostro, que seguro Naruto y Sasuke hubieran encontrado algo retorcida, pero ahí estaban solo personas que podían comprender su dolor de aquellos días.
A las cuales no les importaba que se descontrolase un poco.
Sakura quitó los guantes de su cintura, colocándolos en sus manos, apretándolos hasta ajustarlos por completo.
—Escuchen chicos, sé que ya lo saben, pero si logran atrapar a Itachi-san, estamos acabados. —dijo Sakura, estirando sus brazos.
Sasori bostezó abiertamente, poniéndose delante de Itachi con su marioneta mientras este fruncía el ceño.
—No necesito de tu protección. —remarcó Itachi.
—Dos asesinos de clase S, si logran hacernos un rasguño siquiera, se merecen todo el respeto. —comentó Sasori, ignorando a Itachi.
—Te cubriré la espalda, Sakura. —comentó Lee, desenrollando sus vendas, colocándose justo al lado de ella, a comparación de Sakura y los demás, él se sacó la capa debido a que le estorbaba al moverse.
— ¡Vamos allá! —gritó la chica, emprendiendo carrera hacía las docenas de personas que iban por ellos.
—Esta vez no quiero rehenes. —ordenó Danzo, dándoles la espalda para comenzar a marcharse. El padre de Sakura le dio una fría mirada a su hija y comenzó a seguir al consejero. —Solo el cuerpo del Uchiha.
Una crispa de enojo se produjo en Sakura a medida que veía la espalda de aquel que una vez llamó padre, hasta que finalmente explotó. Juntando una insana cantidad de chakra en su mano golpeó fuertemente el suelo, destruyendo todo frente a ella, los ninjas se movieron rápido, incluso Danzo y Kizashi tuvieron que saltar de la rampa donde se encontraban, pues en cuestión de nada está se volvió pedazos.
— ¿Ibas a algún lado, padre? —preguntó Sakura, volviendo a incorporarse. La salida estaba bloqueada por completo y aún se escuchaban los derrumbes desde el otro lado, provocando un eco terrorífico.
Kizashi suspiró, como si hubiera esperado eso.
—Ustedes dos. —ordenó a dos Anbu cercanos. —Saquen a Danzo-san de aquí. Los demás encárguense del Uchiha y el otro. Yo me encargaré de la desgracia de los Haruno.
—Kizashi-san…
—No me tomará ni un minuto. —comentó, de repente ya se encontraba detrás de Sakura y Lee. Con una fuma shuriken bañada en lo que parecía ser sangre. Kizashi se puso recto, observando detrás de su espalda, un cuerpo acababa de caer, partido por la mitad.
Pero no el de Sakura.
— ¿A dónde estás mirando, viejo de mierda? —bufó Sakura, parada encima del techo de la cueva. Rock Lee sujetaba las manos de Sakura para no caerse; mientras él proporciono la velocidad, Sakura se encargó de mantenerlos fijos al techo. — ¿La edad te pesa en los ojos?
—Por más que te haya entrenado una sannin, no eres rival para todos estos Anbus. —comentó Danzo.
—No necesito ser rival para ellos, —dijo Sakura, soltando a Lee al instante en que se mordió el dedo e invocó el selló en la pared. —solo para el que me jodió la vida.
Masamune dio un graznido enorme, atrapando a Lee justo a tiempo, agitando las alas para librarse de unos cuantos ninjas. Lee volvió a bajar, quedándose justo en medio de los ninjas rivales, Itachi ya tenía el sharingan activado, esperando poder usar el Amaderatsu lo más que pudiera.
Hubo un instante de silencio, donde todos escuchaban la respiración casi sincronizada, esperando que alguno fallara en ese pequeño lapso para atacar sin piedad.
Segundos después, ese silencio se transformó en un ruido casi fascinante.
Kizashi mandó de un golpe a Sakura contra el suelo, haciendo un gran agujero en medio de la palea que se acababa de desatar en la parte de arriba. En un parpadeó, Sakura ya tenía un kunai clavado en el antebrazo derecho, mientras que con la izquierda sostenía el rostro de su padre, buscando romperlo al ejercer presión sobre él. Kizashi se apartó de un saltó cuando notó que la sangre comenzó a fluir de su cabeza.
—Por poco. —sonrió Sakura, notando la sangre en su mano perteneciente a su padre, ni siquiera le importó que su brazo estuviera sangrando. Dando tres saltos atrás, retiró la fuma shuriken de la tierra y la lanzó a su padre, esté brincó sobre ella pero Sakura tomándolo nuevamente de la cabeza, lo estrelló contra el suelo, colocándose encima de él.
— ¿A qué has venido aquí? —preguntó Kizashi, entrecortado, a pesar que tenía una desventaja se notaba tan frío como siempre. Sakura agudizó la mirada, quería que esa rostro que siempre le mostró de pequeña, cambiará, que se fuera de esta vida con una expresión de horror impregnada en él. —Danzo-san dijo que desertaste de la aldea; aunque no me extrañó, siempre has sido una traidora.
—Supongo que aprendí del mejor. —se burló Sakura, mostrando una sonrisa socarrona. —Traicionar a tu propia familia para cumplir los deseos de tu clan, eso no lo puede hacer cualquiera.
—De eso sabrá el Uchiha.
Sakura arrugó por instantes la nariz, molesta de que se metieran con Itachi. —Puede ser —suspiró. —, pero... ¿No que los hombres son el orgullo de los Haruno? No sé tú, padre, pero yo escuchó muchos gritos haya arriba, y no parece que pertenezcan a mis amigos.
Kizashi no se inmutó. —Pudiste ser un gran ninja de quedarte con tu clan.
De nuevo Sakura sintió que las agujas la atravesaban, aunque esta vez no en sentido figurado, cinco agujas se habían inyectado estratégicamente en su cuerpo. Dos en cada uno de sus hombros, piernas y una en su estómago, Sakura las expulsó lo más rápido que pudo, quitándolas sin importar la sangre que comenzó a correr de sus heridas.
—Esa enfermedad tuya, intensifica todo el daño que recibes, ¿no? —preguntó Kizashi, aún de pie, con esos ojos sin sentimientos clavados en Sakura. —Déjame decirte esas agujas están llenas de…
—No me digas. —sonrió Sakura. — ¿Será el veneno del imbécil de Sasori?
Sakura se puso de pie, mostrando la vacuna que se había inyectado a tiempo. Aunque ya era la única que tenía, si las agujas volvían a darle en cinco minutos, está vez no tendría forma de evitarlo. Pero Kizashi no tenía por qué saber eso. Sakura miró a un costado de su padre, ahí estaba lo que tanto estaba buscando.
Mebuki Haruno, su madre.
Era igual que como la recordaba, su cabello rubio estaba bien cuidado, tenía delineados los ojos justo como antes, sin embargo, esta vez no tenía una mueca de desaprobación, de tristeza o felicidad. Simplemente era una muñeca, quizás como siempre lo fue, obedeciendo las ordenes de los Haruno, inclinando la cabeza ante Kizashi; la única diferencia era que no estaba viva.
La chica hubiera querido sentir tristeza por su madre, pero francamente hace algunos años había abandonado cualquier sentimiento hacía su clan. No quería nada que la atará a los Haruno, ni siquiera el recuerdo de los que alguna vez la tuvieron en sus brazos.
—Te equivocas, Kizashi.—el fuego negro que rodeaba el agujero, provocaba que sudara, no obstante, al mismo tiempo Kizashi podía notar que era el fuego el que consumía el alma de Sakura. En sus ojos no venía escrita la venganza, tampoco tristeza o resentimiento por casi matarla, por matar a su madre; solo veía la felicidad futura que eso le traería, que por fin podría dejar todo eso atrás. —No pude ser un gran ninja bajo tu tutela.
Kizashi se puso a la defensiva cuando lo vio correr hacía él, poniendo a Mebuki delante, esperando que eso volviera a detenerla, justo como en el pasado.
—Yo ya soy un gran ninja y lo logré sin tu ayuda. —sentenció Sakura, al instante en que su puño atravesaba el corazón de la marioneta delante de su madre, descomponiéndola por completo.
Unas lágrimas resbalaron por las mejillas de Sakura, al tiempo que una sonrisa se plantaba en su rostro. A pesar del aire que olía a fuego, cenizas y hedor de la sangre mezclada con tierra que se esparcía con el viento, pudo respirar algo diferente, que al principio no reconoció. Olía a un viento fresco, casi como el olor de la primavera, como el mar en un día hermoso.
Era el olor de la libertad.
Cuando enfrentó la mirada de su padre, una oleada de satisfacción le golpeó, estaba sorprendido. De ella. De la mujer que dijo nunca iba a llegar lejos, la que había traicionado a su clan por nada, por sus débiles sentimientos. Sakura afiló la mirada en su dirección, bañando su mano en chakra, tomó a su padre por el cuello. La piel comenzaba a desgarrarse, mientras que las manos de Sakura comenzaban a bañarse en sangre.
Podía acabarlo, matarlo con el sufrimiento que llevó desde pequeña.
Y justo cuando iba a reventar su tráquea, sintió algo jalarla con fuerza, la suficiente para que lograra soltar a Kizashi y fuera atrapada entre los brazos contrarios.
— ¿Qué estás haciendo? ¡Lee! —reprochó Sakura, notando la venda del chico que la apresaba por parte del estómago, y esté aún la sostenía con fuerza, como si tuviera miedo de que escapara.
— ¡Para de una buena vez! —reclamó Rock Lee, forcejeando. — ¡Esa no es la razón por la viniste!
— ¡Suéltame! —Sakura hizo más presión, buscando quitárselo de encima. Sin embargo, mientras los quejidos de ambos inundaban el espacio.
Kizashi miró a Rock Leee, sin lograr entenderlo. El chico llamó a Masamune, silbándole, el cuervo se posó en su cabeza, mirando fijamente al otro hombre.
—No creas que lo he hecho por ti. —dijo Lee, poniéndose delante de Sakura. —Sakura no merece mancharse las manos contigo.
—Eres el estudiante de Might Guy, ¿no? —la voz del padre de Sakura sonaba rasposa, rota. Parecía estar teniendo un momento duro a la hora de hablar. —Tú sensei…
—Mi relación con Guy-sensei no le concierne en lo más mínimo. —cortó Lee. —Así como ya no le concierne nada de lo relacionado con Sakura.
—Los niños de estos días sí que se creen muy duros. —masculló, entre tanto ruido su voz apenas era perceptible. —Entonces, ¿sacrificaras tu vida por esa niña? ¿te convertirás tú en el asesino?
—No. —intervino Itachi, descendiendo justo delante de Sakura y Lee. —Por eso es que yo estoy aquí.
