— ¿Sirius? ¿A qué debo tu presencia? No sueles aparecer sin avisar… — mencionó Walburga levantando una ceja al ver su conversación con Abraxas Malfoy obstruida mientras tomaban té.
— Lo lamento, madre. Espero no estar interrumpiendo…
— Pues claro que nos haz interrumpido, pero solo porque eres mi hijo no te cierro la puerta en la cara, que quede claro.
Abraxas rió por lo bajo — Por mi parte no hay problema — señaló.
Walburga lo miró con cara de pocos amigos — Entonces, ¿a que debemos tu presencia?
— Es sobre Valerie… — Sirius vio como ambos abrieron los ojos sorprendidos, Walburga se cruzó de brazos y Abraxas tensó el cuerpo, preocupado.
— ¿Le ocurrió algo? — cuestionó Walburga. — La vi antes de ayer… Juro que la mato si hizo alguna tontera…. — refunfuñó la bruja.
— No, ella esta bien, no se ha movido de Grimmuald Place.
— ¿Hubo algún problema con los chicos? — preguntó Abraxas. — Sé que Draco fue ayer a visitarla, no mencionó nada extraño…
— No, por ahora solo estamos Harry y yo, pero hemos tenido varias visitas los últimos días.
— ¿Entonces? — preguntó Walburga extrañada.
— Se está distanciando… — respondió incomodo Sirius.
— ¿Distanciando? — preguntó sin entender Abraxas.
— Desde vuestra última visita, ella pasa cada vez más tiempo sola. Suele retirarse en su habitación o encerrarse en la biblioteca. Ayer Draco fue a visitarla, pero no parecía tan animada con verlo… Apenas habla con Harry o conmigo y está siempre seria… Harry cree que está preocupada por tener que enfrentar a Voldemort en el futuro, pero no creo que sea eso… Aun así, no sabemos bien que hacer — explicó Sirius. "Personalmente, no sé que hacer…". Él había pensado que la vampira lo estaba evitando tras su último "encuentro", pero se percató que su extraño comportamiento no era solo con él, por lo que nada tenia sentido. — Tampoco creo que esté actuando así porque esté preocupada por Dumbledore, todos sabemos que pronto despertará. No sé bien que puede estar causando esto…
— ¿Y eso te preocupa? — le cuestionó Walburga alzando una ceja y sonriendo con ironía.
Sirius rodó los ojos, incomodo — Claramente me preocupa madre, como también pensé que sería bueno informarles sobre el bienestar de su amiga — respondió cruzándose de brazos.
Abraxas observó la interacción entre madre e hijo y no le agradó el sarcasmo en el tono de su vieja amiga ¿qué estaba insinuando? Respiró hondo y negó con la cabeza, indagar en ese asunto claramente no le entregaría ningún beneficio.
— Te agradezco que nos hagas parte de tu preocupación… Realmente me sorprende escuchar que está actuando de esta manera — dijo Abraxas interrumpiendo las miradas entre Sirius y su madre.
— ¿Cómo la estas tratando? — interrumpió Walburga observando seriamente a su hijo.
— ¿Qué? — Sirius no entendía a dónde quería llegar esa pregunta.
— ¿Qué cómo la están tratando el joven Potter y tú?
— Harry la trata como lo haría con cualquiera de sus amigas, está muy feliz de poder tenerla en casa y suele invitarla a realizar cualquier actividad todos los días, así como yo busco que se sienta lo más cómoda posible como lo haría con cualquier persona que mi ahijado estime.
Walburga se quedó en silencio unos segundos, pensando.
— Me parece extraño que se esté alejando de ustedes… Valerie suele ser muy correcta y respetuosa cuando está de invitada — mencionó Abraxas con pesar.
— Está descolocada — dijo de la nada Walburga.
— ¿Descolocada? — preguntaron ambos magos.
La bruja se puso de pie y caminó hacia la ventana, suspirando. — Si lo piensan es bastante obvio… Ella ha mantenido en secreto su verdadera naturaleza y, por lo que me he dado cuenta, no es algo que la enorgullezca. Cuando fue nuestra compañera en Hogwarts solía mencionar que no quería volver a la oscuridad… Como si temiera perderse en ella y ser algo que no quería, pero ahora, con su regreso su actitud es distinta. Creo que vivió un periodo más vulnerable cuando Abraxas y yo eramos más jóvenes, en cambio, ahora se muestra más resuelta y poderosa. Sabe que jamás podrá ser considerada un ser humano, pero compartir con Potter y sus amigos le permiten olvidar su naturaleza… Creo que todavía tiene miedo de soltar su verdadero ser cuando deba enfrentar a Voldemort… — inhaló con pesar. — Abraxas y yo aceptamos su naturaleza ser sin cuestionarla, pero creo que jamás pensó que el resto de sus amigos y la Orden del Fénix sabrían la verdad y menos de la forma en que ocurrió. Pese a eso, todos han preocupado por ella de manera genuina.
— Incluso Remus fue personalmente a conversar con ella… — mencionó Sirius.
— Lo sé, Valerie me contó — agregó Walburga. — Estaba sorprendida de que tu viejo amigo hubiera ido a hablar con ella y que le hubiera dicho lo mucho que se arrepentía de sus palabras y que no pretendía juzgarla… Menos él, pues ambos comparten una maldición con la cual no nacieron. Se que Valerie lo perdonó, pues creo que ambos saben lo que es cargar con ese peso en los hombros. Y es eso, finalmente lo que la tiene descolocada.
— ¿Crees que ella no esperaba este trato? — preguntó Abraxas sorprendido por el racionamiento de su vieja amiga.
— Absolutamente. Creo que ella esperaba que la miraran con miedo, odio o incluso que le recriminaran sus acciones solo por ser una vampira. Estaba lista para actuar de manera defensiva, pese a todos los sacrificios que ha hecho, estoy casi segura que creyó que no recibiría tanta preocupación y cariño de parte de todos. No sé bien que le habrá sucedido en el pasado para sentir que no merece ser tratada de buena forma…
— Me cuesta creer lo que dices, madre… — replicó Sirius, preocupado.
— Es una vampira de casi quinientos años de vida ¿realmente sabemos cuáles han sido sus perdidas, penas y malas experiencias en su pasado? Ella está incomoda porque no esperaba nada de esto y es eso lo que precisamente Harry y tu tienen que hacerle ver.
— ¿Hacerle ver? ¿Qué? ¿Harry y yo? Sería mejor que fueran ustedes dos, son sus más viejos amigos — se excusó incomodo Sirius.
— Exactamente, somos sus más viejos amigos — replicó Abraxas comprendiendo lo que Walburga pensaba. — Es por eso que no servirá de nada que nosotros se lo digamos, porque siempre la hemos aceptado por quien es y sabe que cuenta con nuestro apoyo, pero no lo esperaba del resto. Ustedes tienen lograr que se de cuenta de lo mucho que la estiman y que deje de lado su incomodidad… Hazle saber que confían en ella…
Sirius tragó en seco incomodo ante la intensa mirada de Abraxas y la pequeña sonrisa llena de respeto que su madre le dirigió. Aquello no era lo que esperaba al haber visitado a la bruja y al mago, pero si lo que decían era cierto tenía que hacerle ver a la vampira que su actuar era erróneo. ¿Por qué tenía él que hacerse cargo de ese tema? Odiaba cuando las personas se comportaban de manera inmadura… Pese a eso, aquel no era su mayor problema sino más bien: ¿cómo lograr hablar de algo tan importante como eso cuando ella parecía evitarlo a toda costa?
Harry suspiró mientras bebía de su taza de café. Tenía el ceño fruncido y su mirada perdida reflejaba que algo importante rondaba por su cabeza.
Sirius intentó seguir leyendo el profeta, pero no podía pasar por alto la actitud de su ahijado, no le gustaba verlo así. — Un galeón por tus pensamientos — dijo de pronto. Harry saltó sorprendido y miró a su padrino extrañado — ¿Qué cosa?
— Un galeón por tus pensamientos. Llevas tanto rato con la mirada fija en la mesa que pensé que en algún momento le prenderías fuego… No es usual verte tan distraido.
Harry rió, un poco incomodo y negó con la cabeza — No es nada del otro mundo Sirius, puedes estar tranquilo.
Black estaba por replicar cuando la puerta del comedor se abrió y por ella ingresó Valerie con el semblante serio. Harry sonrió al verla y sus ojos se iluminaron de alegría — ¡Buenos días, Valerie!
— Buenos días Harry, Sirius — inclinó la cabeza la vampira como respuesta.
— ¿Deseas algo para desayunar? — preguntó rápidamente el mago de cuatro ojos, pero se percató de inmediato de la estupidez de su pregunta por lo que se retracto — Quiero decir, ¿deseas algo? ¿que te puedo servir? — su sonrisa continuó en su rostro, expectante de poder atender aunque fuera con un detalle a su amiga.
— Estoy bien Harry, gracias. Solo vine por una taza, Snape me dio algunos frascos con sangre para que pudiera alimentarme tranquila, así solo quería servirla para beberla — respondió la vampira encogiéndose de hombros.
— Oh, solo bajaste por una taza — Harry se mordió el labio un poco desilusionado, pero después volvió a mirar a la vampira con alegría — Solo tenías que avisarme, yo podía haberte llevado la taza si lo necesitabas. Bueno, también puedo dejarte servida la taza con sangre en las mañanas para que puedas acompañaros y tomar desayuno con nosotros — Sirius observó asombrado a su ahijado, como también se percató de que el rostro de la vampira se tensaba y fruncía el ceño.
— No es necesario, gracias Harry. Dudo que sea algo que realmente quieras hacer — murmuró más para si misma.
— ¡Tonterías! Eres mi amiga y mi invitada, sería agradable que puedas compartir el desayuno con nosotros, no es molestia preparar tu taza si así lo deseas.
— No tomo desayuno como lo hacen ustedes, así que no te preocupes por mi — replicó la vampira con un tono un poco duro.
— Oh, bueno… Pensé que sería más amigable empezar el día acompañada — respondió Harry apenado. ¿Había hecho algo mal? ¿Por que Valerie parecía evitar su presencia? ¿Habría invadido su espacio? Él solo quería que se sintiera como en casa… ¿Por qué se sentía tan frustrado y apenado ante la actitud de su amiga? ¿Acaso ella no quería estar en Grimmuald Place? — ¿Hay algo más en lo que te pueda ayudar? Sino, había pensado que podríamos jugar Sirius, tu y yo una partida de snap explosivo o tal vez…
— Gracias, pero no — le cortó la vampira, caminó hacia el mueble de la esquina y sacó una taza. — Estaré en mi habitación, tengo algunas cosas que hacer… — avanzó hacia la salida.
— ¡Suficiente! — bramó Sirius azotando el periódico contra la mesa.
— ¿Sirius? — titubeo Harry sorprendido, en cambio Valerie solo se giró para mirarlo con una ceja alzada.
— ¿Se puede saber que demonios se te ha metido en la cabeza estos últimos días? — preguntó molesto Black cruzándose de brazos mientras clavaba sus ojos en la vampira.
— No entiendo de qué estas hablando… — la vampira suspiró e hizo ademán de irse.
— No te irás a ninguna parte, jovencita — siseó Sirius, movió su varita con rapidez y la puerta del comedor se cerró con llave.
— ¿Me estás amenazando? — inquirió la vampira todavía con el semblante serio.
Sirius suspiró, realmente molesto — ¿Puedes dejar esa actitud de víctima y tomar asiento? Con Harry queremos hablar contigo — Harry miró a su padrino extrañado, sin entender.
— No tengo nada que conversar en estos momentos, Sirius.
— Valerie… — susurró dolido Harry.
— ¡Ya basta! No voy a tolerar más esta situación — ella iba a replicar, pero Sirius continuó — ¡No quiero ver a mi ahijado preocupado o cabizbajo por tu culpa! Como tampoco pretendo soportar que te comportes de manera tan poco educada como lo estás haciendo con nosotros. No hemos hecho nada más que preocuparnos para que estés cómoda y disfrutes tu estancia en nuestro hogar.
— Yo no he… — quiso defenderse la vampira. — ¿Por qué demonios estarías preocupado por culpa mía? — le cuestionó a Harry.
— En cierto modo, Sirius tiene razón — se aventuró a decir Harry, incomodo. — No se si he hecho algo que te haya molestado o he sido muy invasivo, solamente quería que disfrutaras tu tiempo con nosotros, pero… últimamente lo único que haces es evitarnos y pasar tiempo sola.
— ¡Exactamente! — Sirius se puso de pie y apoyo las manos en la mesa. — Harry se ha pasado los últimos días preocupado innecesariamente por ti y ninguno de los dos se merece este trato.
— No era mi intención ofenderlos — intentó excusarse Valerie sorprendida por la conversación que se estaba llevando acabo. ¿Realmente estaban preocupados por ella? — Tal vez sea mejor que me retire donde los Malfoy para no molestarlos.
— No hemos dicho eso — exclamó Harry anonadado. — Somos más que felices con que estés aquí.
De pronto Sirius bufó, se tapó el rostro con una mano y comenzó a reír por lo bajo. — ¿Qué es lo que te parece tan gracioso? — preguntó molesta Valerie.
— ¿Qué edad se supone que tienes? ¿500 años? Por qué realmente te estas comportando como una pendeja. — Valerie lo dedicó una mirada ofendida, pero el mago no se inmutó — ¿Crees que no nos hemos dado cuenta? ¡Nos estás evitando! No sé que mierda se te ha cruzado por la cabeza últimamente, pero tienes que dejar de ponerte a la defensiva…. Valerie — la miró a los ojos con intensidad — ambos confiamos en ti y nos importante una real mierda que seas una vampira. Desde el día en que todos supimos tu verdadera naturaleza te has comportado de manera distante y fría ¿de verdad crees que vamos a actuar diferente solo por el hecho de que no eres humana?
— ¡Es verdad! — Harry se golpeó la cabeza — ¡Ahora todo tiene sentido! ¿Por eso nos estabas evitando? ¡Vamos, eres mi amiga! No pensé que fueras a pensar tan mal de mi ¿cómo iba a cambiar la forma en que te trato? ¿Pensaste que estaba siendo solo educado contigo? Realmente quiero ayudarte, hay cosas diferentes en ti, eso no lo niego, pero entre más compartamos más podemos acostumbrarnos a tus necesidades y hacer de tu estancia lo más agradable para ti y para nosotros.
— Harry tiene razón — le apoyó Sirius. — A demás… como que el papel de víctima no te queda — Sirius le dedicó una sonrisa burlona.
Valerie abrió los ojos sorprendida y no pudo evitar la pequeña sonrisa que se abrió paso en la punta de sus labios. — ¿Realmente he sido una pendeja?
— Con todas sus letras — respondió Sirius mofándose.
— No seas tan duro con ella — le retó Harry rodando los ojos.
La vampira comenzó a reír — Creo que esto es lo más humillante que me ha pasado en siglos — se rascó los ojos. — Si tuviera lágrimas de seguro estaría llorando de la risa.
— ¿No tienes lágrimas? — preguntó Harry y antes de que obtuviera respuesta agregó — Demonios, Hermione me ganó la apuesta…
— ¿Apuesta? ¿Todavía siguen apostando sobre mi? — exclamó Valerie sorprendida.
— ¡Claro que sí! Queremos saber más de ti — carcajeó Harry. — Hermione dijo que los vampiros como tu no tienen lágrimas, sino que de tus ojos saldría sangre. Claramente no le creí y aposté lo contrario — se rascó la cabeza ofuscado. — No sé por qué hice semejante tontera, era obvio que Hermione no iba a perder…
— Que… maravilloso detalle — replicó Sirius con sarcasmo.
Valerie negó con la cabeza y una pequeña carcajada salió de su boca — Lo lamento, enserio… No quería molestarlos y menos ser descortés con ustedes. Realmente no esperaba que fueran a tomar de tan buena forma mi verdadera naturaleza, pensé que recibiría odio o miedo de su parte… Veo que fue una estupidez y realmente lo siento… Los vampiros no suelen ser recibidos de esta forma por parte de los humanos.
— Pues no somos cualquier tipo de humanos si lo piensas bien — le respondió con una sonrisa Harry y Valerie lo miró extrañada. — Somos magos al fin y al cabo, por lo que las criaturas mágicas no son algo extraño para nosotros, a demás, si tenemos un amigo que es un hombre lobo ¿por qué no podríamos tener una amiga que sea una vampira? — Valerie sonrió y sus ojos brillaron entusiasmada. Sirius se regocijó de las palabras de su ahijado, definitivamente era igual de bondadoso como su madre… James y Lily estarían tan orgullosos de él.
— Gracias Harry, tus palabras significan mucho para mi — dijo Valerie emocionada.
— No hay de qué, pero ahora tendrás que ponerte al día — replicó el jovén levantando un dedo. — Iré por mi tabla de ajedrez y jugaremos por lo menos dos partidas ya que no haz querido pasar tiempo con nosotros.
— ¿Estás seguro, Potter? Llevo siglos jugando ajedrez — respondió la vampira con una mueca burlona.
— Ver para creer — Harry salió del comedor hacia su habitación en busca de tablero.
Valerie se giró para enfrentar a Sirius — Lo lamento — volvió a repetir. — No quería ser una molestia, de todas formas gracias por escupirme la verdad en la cara, no muchos suelen hacerlo.
— No soy de los que anda con rodeos — le respondió el mago con una mueca maliciosa.
— Lo he notado… — ambos se quedaron en silencio unos segundos. Sirius se sentía mucho más tranquilo al haber logrado hacer entrar en razón a la vampira, tal vez había sido un poco bruto, pero… Bueno, la delicadeza no era un aspecto muy usual en los Black. Quizás fuera momento de divertirse un poco tras la preocupación y dolor de cabeza que le había generado la vampira.
— Bueno, después de nuestro pequeño secreto no pensé que fueras de las que se escaparan — se mofó él.
— No estaba escapando — Sirius alzó una ceja, claramente sin creerle. — ¿Qué querías que pensara? Creí que te daría miedo o asco mirarme a los ojos cuando cayeras en cuenta de que una vampira bebió tu sangre…
— Oh, creo que tu y yo recordamos el hecho de maneras muy distintas, primor…
Valerie abrió los ojos sorprendida y Sirius le regaló una mueca juguetona — ¿No me tienes miedo?
El mago se le acercó — ¿Por qué debería tenerte miedo? Al fin y al cabo de lo que recuerdo, ambos disfrutamos bastante que saciarías tu sed — le susurró al oído. Se regocijó al percatarse del estupor que llenó el rostro de la vampira y caminó hacia la puerta dejándola pasmada. ¡Cuanto había deseado y esperado por aquello! Verla tan anonada definitivamente valía oro. "Una pequeña victoria para el increíble Sirius Black". Antes de que saliera del comedor logró escuchar las palabras de la vampira — No sabes con quien estas jugando, Black…
— ¿Quién dijo que estaba jugando, Deanoff? — le ronroneó en respuesta.
Una semana después…
En el enorme patio de la mansión Lestrange, Voldemort se cruzó de brazos y esperó el regreso de sus mortifagos.
Entre reiterados estruendos sus seguidores fueron apareciendo uno tras uno. Para su molestia varios de ellos estaban heridos y caminaban con dificultad, ninguno traía lo que él esperaba.
— Mi lord… — Bellatrix Lestrange y su marido hicieron una reverencia al acercarse a él.
— Por lo que veo… No lograron capturar a nadie — siseó furioso. — ¿Qué fue lo que ocurrió?
— La Orden sabía que íbamos a atacar, debieron haber puesto alguna alarma… Cuando llegamos ya nos estaban esperando — respondió Rodolphus Lestrange.
— ¿La Orden los estaba esperando? — cuestionó el margo oscuro.
— No exactamente, mi lord… — comenzó a explicar Rodolphus.
— ¡El traidor nos estaba esperando! — bramó Bellatrix interrumpiendo a su marido.
Voldemort los observó con ira — ¿Y qué demonios ocurrió con el traidor? ¡Espero que ya esté muerto! — bramó.
— Logró escapar — escupió con ira Bellatrix.
— El traidor es más poderoso de lo que creíamos, logró vencernos a casi todos, pero… — explicó Rodolphus y sonrió con perversidad — Logramos hacerle mucho, mucho daño…
Bellatrix rió maniáticamente — ¡Si! Hubiera visto como logramos herir a ese maldito mortifago. ¡No podrá ponerse en pie por mucho tiempo!
— Y eso no es todo, mi señor — agregó Yaxley apareciendo ante ellos. Su ojo izquierdo estaba hinchado y su labio tenía un profundo corte, la sangre escurría de su boca y bajaba por su cuello. — Sabemos donde ese maldito se esconde… — una macabra sonrisa con su labio sangriento se formó en su rostro. — Se oculta en el mismo lugar donde está Harry Potter y donde se encuentre Potter…
— Se encuentra la nieta de Dumbledore — sonrió con maldad Voldemort. — Estén atentos a cualquier movimiento que haga la Orden. Si el traidor fue al lugar donde Potter se esconde, lo más probable es que cambien su ubicación para continuar protegiéndolo. Dejen que el enemigo crea que está a salvo, que se confíen, porque apenas sepamos donde se encuentren atacaremos. Quiero muerto a ese traidor de una vez por todas y que me traigan a la maldita nieta de Dumbledore.
Sirius caminó desesperado por los pasillos de Grimmuald Place, se rascó la cabeza sin parar y su otra mano sostenía con tanta fuerza su varita que se estaba poniendo blanca. ¿De verdad le habían dicho que se quedara en su casa, esperando? ¡¿Esperando qué?! Resopló frustrado y agradeció a Merlín que hubiera enviado a Harry donde Remus, de haber estado ahí la ansiedad de su ahijado habría hecho que sus nervios se multiplicaran.
Valerie se había ido hace un día tras la advertencia de Snape, Dumbledore pronto iba a ser atacado...
Sirius no podía dejar de sentirse inútil, hacia pocos minutos había recibido el patronus de Ojoloco: "Los mortifagos atacaron San Mungo. Dumbledore se encuentra bien. Valerie se vio superada en número, pero si bien derrotó a la mayoría parece que esta muy herida. Es probable que se dirija a Grimmuald Place para que estés preparado. El resto de la Orden ya fue enviada a San Mungo, todo debería estar en orden próximamente".
Un largo suspiró abandonó los labios del mago que continuó caminando sin parar. ¿Y si Valerie no lograba llegar? ¿Y si era atacada en el camino? ¿Y si…?
¡PUM! Un fuerte crujido y el sonido de algo caer al suelo en la entrada de su hogar lo alertó. Corrió hacia la puerta y se topó con una imagen muy desalentadora: Valerie estaba con una rodilla en el suelo y apoyó sus manos en el piso para mantener el equilibrio. Su cuerpo temblaba y su ropa estaba destrozada. Alcanzó a ver alguna heridas que parecían curarse y cerrarse como si nunca hubieran existido, pero con solo ver el rostro de la vampira supo que el daño interno era peor. Su pelo estaba despeinado, sus labios entre abiertos mientras respiraba con dificultad y gotas de sudor recorrían su cara para bajar por su cuello.
— ¡Valerie! — Sirius corrió hacia ella y la ayudo a ponerse de pie, tarea difícil por el temblor que el cuerpo de la vampira poseía, pero para su sorpresa Valerie se soltó de él y cayó el suelo , el mago volvió a intentar levantarla, pero ella se retorció en sus brazos negando con la cabeza, intentó decir algo, pero solo un gruñido escapó de sus labios.
— Vamos, déjame ayudarte, tenemos que llevarte a tu habitación para que puedas descansar y curar tus heridas.
— Nnn… No… — susurró titubeando.
— Valerie, apóyate en mi, yo te cargaré.
— Sirius, necesito descansar un poco… Por favor aléjate, necesito recobrar la compostura y tener el control de mi misma… — logró decir con dificultad con un tono de voz cargado de dolor.
— ¡No pretenderás que te deje sola en este estado! — se negó él.
— Sirius, por favor… Es peligroso, necesito recuperarme un poco, pero debo estar sola… — inhaló varias veces de manera pesada.
— Por ningún motivo, si necesitas de mi sangre para sanar sabes que no dudaré en dártela.
— Puede que pierda el control — susurró ella a modo de suplica. — Sirius, por favor aléjate… — cayó al suelo de rodillas mientras su cuerpo temblaba. — Por favor… — fue lo último que logró decir para después dejar caer su rostro contra la pared y perder el conocimiento por unos segundos.
El mago se quedó como piedra ¿cómo iba a dejarla ahí tirada en el suelo inconsciente? Pero, ante la advertencia no logró mover su cuerpo, dudando en qué hacer a continuación. Maldijo en voz baja ¿por qué tenían que ponerlo en situaciones tan complejas? Estiró su mano para ver si lograba despertar a la vampira con suavidad, pero apenas su piel entró en contacto con el rostro de Valerie ella abrió los ojos y se puso de pie a una rapidez inhumana. Sirius se percató como las orbes de aquella mujer se habían puesto rojas y estaban clavadas en él, aquello no le dio un buen presentimiento.
— Sirius… — la vampira todavía respiraba con dificultad y sostuvo la mano del mago que no se había despegado de su rostro. Repentinamente tiró de él, acunando el rostro del mago entre sus manos y lo miró fijamente a los ojos. Sirius Black tragó en seco, aquellos obres rojos le revelaron un enorme y profundo deseo. Sorprendido dio un paso hacia atrás, pero la vampira no lo soltó, al contrario, lo arrinconó entre la pared y su cuerpo.
— Hueles tan bien que se me hace agua la boca de tan solo pensar en tu sangre — le susurró la vampira al oído, pegando aún más su cuerpo haciéndole sentir cada centímetro de su anatomía. Sirius intentó moverse, pero el agarre era más fuerte de lo que esperaba y supo que aquello podía terminar muy, muy mal, pero… ¡Qué Merlín lo salvara! Tenerla así de cerca y con esa mirada cargada de deseo le hacia la tarea de alejarse de aquella mujer casi imposible. — Quiero volver a beber tu sangre — volvió a susurrar la vampira y comenzó a darle besos en el cuello, Sirius soltó un gruñido involuntario. — Déjame probarte otra vez — murmuró Valerie rozando sus labios con los del mago, torturandolo.
Inconscientemente las manos de Sirius tomaron la cadera de la vampira mientras ella volvió a la tarea de besar su cuello y dar pequeños mordiscos que lo volvían loco. Acarició la cintura de Valerie y luego su espalda en toda su extensión aferrándose aún más a ella. La vampira emitió un gruñido gustosa. De pronto, las manos de Sirius bajaron hasta rozar sus muslos y por instinto la vampira le rodeó la cintura con sus piernas, dándole más terreno para acariciar. El mago se giró y cargándola la empujó contra la pared y su cuerpo, mientras sentía como ella recorría con su boca su mentón, dándole pequeños mordiscos que dejaban descargas de placer en todo su cuerpo. Sin poder contenerse fue subiendo sus manos poco a poco hasta llegar a sus nalgas y así apretarla más contra él, Valerie soltó un gemido al sentirlo. ¡Dulce sonido para sus oídos!
Sirius no pudo evitar enterrar su rostro su cuello y comenzar a besarlo con ferocidad, en respuesta la vampira suspiró gustosa.
Sorpresivamente ella tomó la nuca a Sirius y lo separó de su cuello. Sirius se obligó a contemplarla, aquellos ojos rojos llenos de deseo, esa boca entre abierta que lo llamaba a gritos ¿cómo no querer besarla? Pero antes de que pudiera actuar Valerie se abalanzó a su cuello y enterró sus colmillos en el. El mago ahogó un grito de sorpresa y sintió como sus fuerzas flaqueaban con peligrosa rapidez. Sin que pudiera evitarlo sintió como perdía el control de su cuerpo y comenzaba a perder la conciencia. Antes de que sus ojos cerraran logró apreciar que la boca de la vampira abandonó su cuello y lo miró con los ojos abiertos por el terror — ¡No, Sirius, no cierres los ojos! — pero todo se volvió negro y Black se sumió en la oscuridad.
Sirius Black abrió los ojos con dificultad. Se encontraba acostado en su cama, pero no recordaba haber llegado a ella. Al intentar levantarse un dolor profundo en su cuello se lo impidió mientras un quejido se escapó de sus labios.
— ¡Sirius! — Valerie surgió de la nada y se abalanzó sobre el mago abrazándolo con desesperación. — ¡Gracias a Merlín! Pensé que no ibas a despertar nunca. ¡Estaba tan asustada! ¿Por qué tenías que ser tan terco? Si me hubieras hecho caso…
— Primor, agradezco tu preocupación, pero realmente me siento bastante fatigado como para que empieces a darme sermones — gruñió Black. Apretó el cuerpo de la vampira contra él, olió su cabello e intentó reprimir el largo suspiro que quiso salir de su boca. — ¿Qué me ocurrió?
— Yo… Lo lamento mucho… Perdí el control y bebí más sangre de lo que debía. Estaba realmente muy herida y no pude evitarlo… — Valerie ocultó su rostro en el pecho del mago.
Sirius tragó en seco y se tocó el lugar donde la vampira lo había mordido, un escalofrío recorrió todas sus extremidades apenas sus dedos rozaron aquella zona. Fue entonces que recordó lo ocurrido antes del "incidente" que casi lo mata. — ¿Eso fue todo? — Valerie levantó la mirada extrañada. — ¿No recuerdas nada más? — le preguntó el mago.
La vampira se alejó de él poniéndose de pie. — Estuve a punto de matarte, Black… ¿Pretendes que no me acordara de eso? — exclamó molesta.
— Pero no lo hiciste, lograste tomar el control antes de que eso ocurriera — ella solo gruñió como respuesta y evitó su mirada.
Sirius la observó extrañado, era primera vez que lograba verla tan incomoda. — ¿Ocurre algo? No tienes que preocuparte por lo que paso, fue un accidente. Debí haberte hecho caso y alejarme — mintió Sirius, porque no iba a negar lo mucho que había disfrutado de aquel fogoso encuentro antes de que fuera mordido. Ya no podía seguir negando aquel deseo carnal que sentía por ella, su último encuentro había sido tan placentero que dudaba tener la capacidad de sacarse de la cabeza el cuerpo de la vampira pegado al suyo.
— Es que yo… — Valerie resopló y jugó con sus manos nerviosa. — Si me preguntas aquello debe ser por… — carraspeó. — Necesito que me digas si hice algo más… No logro recordar nada antes de que perdiera la conciencia y después volver a mi misma y darme cuenta que te estaba mordiendo — se mordisqueó el labio, inquieta.
Sirius abrió los ojos anonadado — ¿Realmente no recuerdas nada? — Aquello era una tortura para sus oídos. Valerie negó con la cabeza. El mago comenzó a reír ¿acaso podía tener tan mala suerte? ¿En realidad la vampira no había querido jugar con él sino que fue su instinto el que controló sus acciones? Se negaba a creer eso.
— No es gracioso, Sirius — se quejó Valerie sentándose en los pies de la cama y tomó ambas manos del mago con suavidad. — Realmente necesito saber si te hice más daño… —
Black carcajeó, pero esta vez de forma más sarcástica — Oh, primor… Lo único que hiciste — tiró de sus manos y el cuerpo de la vampira cayó sobre él sin que ella lo hubiera esperado. Sirius la abrazó por la cintura y le levantó el mentón para que su rostro quedara a pocos centímetros del suyo — Fue jugar y torturarme de la manera más exquisita posible…
Los ojos de la vampira se abrieron del estupor y la vergüenza — Mierda… — exclamó en un susurro.
— Exactamente — murmuró Sirius sobre sus labios, pero la vampira se soltó de sus brazos y él la dejó alejarse.
Valerie refunfuñó, pero sin lograr decir ninguna palabra comprensible y se acercó a la mesa de la habitación donde había preparado una bandeja con desayuno. Respiró hondo y controló sus facciones para después volver a enfrentar al mago mientras sostenía la bandeja en sus manos. No quiso mirarlo muchos segundos a los ojos porque sabría que solo habría burla en ellos. ¿Cómo demonios había perdido así el control? ¡Todo era culpa de él! Frustrada negó con la cabeza. También era su culpa, porque no podía negar que se sentía cierta atracción por ese mago, o más especifico, un deseo no muy leve por tenerlo muy, muy cerca de ella. — Esto es vergonzoso — refunfuñó mientras dejaba la bandeja a los pies de la cama y ella tomaba asiento. — Ahora come, tienes que recuperar energías.
— Se me ocurren otras formas de recuperar energías contigo, primor — señaló Sirius con una mueca socarrona.
Valerie alzó una ceja molesta — Black, no estoy de humor para tus juegos, ahora come, no me hagas obligarte…
— Eso suena bastante prometedor…
Valerie lo observó de forma maliciosa. Si aquel hombre pensaba que ella se iba a incomodar por su presencia tras lo ocurrido estaba muy equivocado — Oh, créeme, no te gustará para nada, cariño — su voz cargada de sarcasmo.
Sirius se encogió de hombros y observo la bandeja: un vaso con jugo de naranja, una taza con café. tostadas, mermelada y mantequilla junto a un plato con fruta. — Cuanto detalle para mi cariño, me harás sonrojar — se burló.
— Come y calla — reclamó la vampira mientras el mago rió por lo bajo y se sirvió unas tostadas con mermelada.
— ¿No irás a dejarme comiendo solo, o si? — preguntó con falsa inocencia Black.
Ella rodó los ojos. — Sabes que no como comida de humanos.
— Dijiste que no la necesitas, pero te he visto comer varias veces, así que… Vamos, únete al festín — le extendió una tostada.
— Sirius… — le amenazó la vampira.
— Un mordisco y seré un buen chico, me comeré todo sin rechistar — le sonrió con malicia y movió el pedazo de pan.
Valerie suspiró frustrada, pero decidió seguirle el juego para que comiera rápido y pudiera recuperar sus fuerzas. Sabía que no dejaría de molestarla tras lo ocurrido así que era mejor no discutirle, no estaba de humor para eso. Acercó su rostro a la tostada y le pegó un buen mordisco — ¿Satisfecho? — gruñió tras tragar.
Sirius se acercó a su cara casi hipnotizado y ella se quedó estática ante la intromisión — ¿Qué? ¿Tengo algo…? — No puedo terminar la pregunta porque sintió la cálida lengua del mago lamerle su mentón hasta llegar a la comisura de sus labios. Se estremeció y suspiró involuntariamente.
— Tenias mermelada — susurró Sirius contra sus labios.
Valerie alzó una ceja molesta mientras se miraban fijamente por unos segundos, hasta que ella sonrió y una mueca traviesa adornó su rostro. Sirius iba a preguntar algo, pero no le dio tiempo porque una de las manos de la vampira tomó el pedazo de pan y se lo posó en su mejilla llenándole por completo la cara y parte del cuello con mermelada.
La vampira comenzó a reír a todo pulmón al verle la cara pegajosa.
— Muy graciosa — murmuró Sirius, su tono de voz tenía un tinte de indignación que hizo reír aun más a la vampira, pero su pequeño triunfo no duró mucho porque el mago se encargó de llenarle todo el cuello y parte de la cara con el resto de mermelada. Ahora quién reía era él.
Aquello era una declaración de guerra y una idea cruzó por la mente de la vampira.
Sirius, ocupado en reírse de su increíble venganza, no se percató del inusual acercamiento de la vampira hasta que tuvo sus labios en su cuello y su lengua recorriéndolo en toda su extensión, llegando hasta su mejilla y saboreando la mermelada. Sirius se quedó estático, sosteniendo la respiración y aguantando la corriente de placer que lo envolvió. Dispuesto a saciar por fin sus ganas se volteó para tomar entre sus brazos a la vampira, pero se quedó con la boca abierta al percatarse como ella se alejaba altiva rumbo a la esquina de la habitación.
Valerie caminó con una sonrisa arrogante y satisfecha en sus labios. Si aquel hombre quería jugar con fuego, fuego tendría… Porque nadie le ganaba en un juego que ella había empezado. Le gustaba haberle dejado claro a Black que se iba a quemar si seguía por ese camino.
Llegó a la pequeña mesa donde estaba el juego de café y leche, junto con un paquete de servilletas. Comenzó a sacarse la mermelada del rostro, frustrada por sentirse toda pegajosa. Tan concentrada estaba en su tarea, que pegó un brinco al sentir un cuerpo detrás suyo y dos fuertes brazos rodearle la cintura.
— ¿No estarás pensando en irte y dejarme así, verdad primor? — la voz de Sirius salió ronca y profunda, señal absoluta de su excitación.
— ¿Dejarte cómo? Yo solo vine a limpiarme el rostro — susurró ella con el tono más inocente que pudo, lo que hizo gruñir al mago.
— Así — bajó sus manos hacia sus caderas y la pegó aun más a él, haciendo que un gemido de sorpresa escapara de los labios de la vampira al sentirlo.
Sirius comenzó a dejar pequeños besos sobre la fría piel para luego rozarla ligeramente con la punta de su lengua. Valerie tembló y sin pensarlo inclinó su cabeza dándole más acceso. Él se aprovechó de ello y continuó intercalando besos y mordiscos suaves hasta llegar a una interesante zona justo detrás de la oreja que la hizo lanzar un pequeño gemido.
Las mano de Sirius comenzaron a acariciar los costados de su cintura por encima de su ropa, pero sus dedos pronto quisieron encontrar el camino bajo la tela, tocándola directamente. ¡Morgana, su piel era fría, pero tan suave! Imaginó la deliciosa tortura que sería tenerla desnuda contra él, piel contra piel.
Liberó una de sus manos para llevarla hacia el mentón de la vampira y obligarla a girar para contemplarlo.Y luego, deseoso de poder por fin hacerlo, la beso. ¿Cómo en su sano juicio no iba a hacerlo al ver esa boca que lo llamaba a gritos? No tenía la capacidad para evitarlo ni tampoco quería.
Valerie sintió los suaves labios de Black sobre los de ella y si de algo estaba segura es que la había gustado. Le había gustado tenerlo así de cerca, con su aliento y labios rozando su cuello y su cuerpo pegado al suyo. ¡Al demonio con todo! Ella libremente buscó sus labios con desesperación y lo devolvió el beso. Lo besó con deseo, con pasión, con desesperación, con rudeza, pero también con cierta ternura.
Black no puedo evitar sentir que estaba en el paraíso, después de haberla tenido tan cerca antes de que lo mordiera, por fin podía dejar de contenerse para poder tocarla y besarla con libertad. Estaba sorprendido, pero a la vez fascinado. Nunca pensó que la vampira le daría un beso tan demandante, tan intenso, tan jodídamente delicioso, así que paso un brazo por su cuello y buscó entregarle la misma intensidad, olvidándose de todo a su alrededor.
Sirius la fue empujando hasta dejarla acorralada contra la mesa y su cuerpo. Deseoso de poder sentir nuevamente su cuerpo, bajó sus manos hacia sus muslos, levantándola y la vampira automáticamente le rodeó la cintura con sus piernas, pegándose más a él. Sirius no dudó en llegar a sus nalgas y apretarlas contra él, Valerie soltó un gemido al sentirlo y él aprovechó de introducir su lengua y explorar su boca a sus anchas.
Desenfrenadamente, Valerie llevó sus manos al pecho del mago y comenzó a desabrochar cada botón de su camisa. Volvió a gemir al sentir las manos de Sirius debajo de su ropa, acariciando su espalda y cadera. Aferrándose todavía más a ella, Black la separó de la mesa y caminó hacia su cama, soltando sus labios y repartiendo besos por su cuello.
Al llegar, la recostó con rapidez sobre la cama, sin dejar ni un segundo su labor. Sus manos expertas recorrieron el cuerpo de la vampira, quién solo se dejaba hacer y disfrutar.
Los sentidos de la vampira se acrecentaron y sin pensarlo le quitó la camisa de forma desgarradora para acariciar y morder a su antojo ese pecho bien formado.
Sirius soltó un gemido y no supo en que minuto logró quitarle la polera y el chaleco a la vampira. — Eres más deliciosa de lo que pensé — susurró Black mientras dejaba una estela de besos desde el hombro hasta el nacimiento de los senos de la vampira.
— ¡¿Sirius?!
El grito que vino de la planta de abajo hizo que ambos se congelaran.
— ¡¿Sirius, Valerie?! ¿Dónde rayos están?
Era la voz de Remus.
— Mierda — exclamaron ambos.
Tará! ¿Qué les pareció? Espero sus reviews. Los quiere, Florence
