Capítulo 41
Hasta que volvamos a vernos
Le estoy viendo las intenciones, tiene ese tic en la pierna.
-¿Bueno bajamos a pelear de una vez o qué?- Le pregunto cansada de esperar a que se decida, como tarde mucho tendremos que saltar en marcha, y eso no me mola.
-Dijiste que no bajaríamos.- Me recuerda mirándome de reojo.
-Ya, también dije que era fácil.- Digo poniendo los ojos en blanco, -obviamente mentí.-
-Yo también quiero ayudar.- Dice Mika decidida, -estoy cansada de tenerle miedo a ese hombre, este ya es el segundo hogar del que tengo que despedirme por su culpa.-
-Vaya, bien dicho.- La animo, -venga Sheriff memo, ¿hacemos algo estúpido?-
A su pesar él nos sonríe a las dos agradecido, -evidentemente chicas, evidentemente.- Agachándonos nos escurrimos entre los asientos a la parte trasera sigilosos cual ninjas.
De todos modos la gente está demasiado asustada como para fijarse en nosotros.
En cuanto estamos fuera del vehículo avanzamos en línea recta intentando ser un blanco pequeño para el ojo enemigo.
Mis cuchillos arden en mis manos, listos para atravesar cráneos en cuanto los lance.
-Oye,- nos ponemos a cubierto detrás de un coche. –Sé que no hace falta que te lo diga pero… No falles ¿vale?-
-Nunca fallo Sheriff memo, ya deberías saberlo,- no sé porque me pone nerviosa como me mira de repente. –Tú no mueras.- Le pido a mi vez.
-Solo tú podrías matarme.- Susurra aún más bajo que antes con la mirada fija en lo que nos espera delante.
-Más te vale o me quedaré todos tus comics.- Le amenazo de broma para intentar suavizar el aura intensa de soldado que le rodea.
Cosa que parece que consigo porque me dedica una pequeña sonrisa antes de volver a mirar al frente.
-Esto… No es por interrumpir pero…- La voz de Mika es insegura. –Tenemos un problema, -señala hacia atrás y entre una nube de polvo vemos como el autobús se va.
-Ahora solo nos queda un camino, encontrar a los nuestros y salir de aquí con ellos echando leches.- Asegura Carl sin mostrarse preocupado en absoluto por ese contratiempo, en realidad creo que ambos contábamos con el, quizá debimos comentárselo a Mika, pero en mi defensa diré que no lo hice porque pensé que era evidente.
-Lenguaje.- Digo para picarle, él me pone los ojos en blanco pero no replica.
-Mika, tú no te separes de mí pase lo que pase, y no pongas el dedo en el gatillo a no ser que estés segura de que quieres disparar.- Le dice para que se sienta más segura, al fin y al cabo hasta ahora ella siempre ha tenido a alguien que la protegiese, es la primera vez que verdaderamente tiene que hacerlo por sí misma.
Veo a Maggie luchando con un hacha contra tres hombres por la zona que lleva a la cancha, -os veo luego.- Digo corriendo hacia ella, se las apaña bien, pero no ha visto a los caminantes que tiene detrás.
Salto sobre un neumático para conseguir algo de altura antes de lanzar dos de mis cuchillos que dan en su objetico sin problema, miro hacia atrás y Carl ya no está, un nudo se forma en mi estómago.
Espero que encuentre a su padre, y sobre todo espero volver a verle pronto.
Cuando Maggie acaba con el último hombre me agarra por los hombros. –No deberías estar aquí,- me abraza con fuerza. –Pero gracias,- me mira con determinación. –Ahora hay que sacarte de aquí.- Dice seria.
-No, tenemos que encontrar a los demás, así podremos rescatar a Beth.- Mi aliento se vuelve un silbido entre mis dientes al ver como las lágrimas se derraman por los ojos de Maggie.
-No cielo, ya no podemos hacer nada por ella, pero sí por su memoria, y para eso tenemos que sobrevivir. ¿Lo entiendes?- Asiento apretando mis dientes con fuerza. –Buena chica, ahora vamos.- Desarma a los hombres antes de que emprendamos la retirada.
Mientras ella hace eso yo intento no llorar por Beth, porque ella era tan buena, era capaz incluso de calmar los demonios de mi hermano.
Ahora sin ella él estará totalmente perdido, ojalá no vuelva a verle jamás.
De hecho, ojalá hubiese muerto él en su lugar, Ethan es una asesino y Beth… Ella era inocente.
Sin darme cuenta ya estoy corriendo de nuevo, siguiendo a Maggie que a pesar del dolor no deja de luchar, es más, puede que esté peleando tan bien precisamente por eso.
Con la rabia que le corre por las venas, ahora mismo ella es el arma más peligrosa que hay en la prisión.
Nada podría detenerla.
…..
podremos resistir cuando los tanques lleguen aquí.- Grito entre el estruendo que nos rodea.
-Glenn está atrapado,- me hace ver Carol agachándose a mi lado, -estamos en problemas.-
-¿Te quedan balas?- Pregunto listo para salir corriendo a por el coreano en cuanto me diga que sí.
-Solo dos,- dice revisándolo.
-Tendrán que ser suficientes.- Susurro bajo.
-No,- me sujeta por la muñeca. -¿Es qué estás loco? Si haces eso moriréis los dos, no podré cubriros para que volváis aquí.- Reniega frustrada con la situación.
-Joder.- Me agacho y respiro hondo ignorando al sol que nos acuchilla desde el cielo. -¿Y Maggie? ¿Dime que la viste después de que estallase esa granada?- Pregunto temiendo que se haya convertido en una caminante.
-Sí, tuvo que retroceder, las llamas no le permitían llegar hasta Glenn.-
Escuchar eso me alivia en parte. –Es una buena noticia al menos, quizá pueda dar un rodeo a la prisión para llegar hasta su maridito.-
-Lo dudo, me parece que estaba desarmada y la seguían tres hombres, de todas formas aunque su situación fuese mejor no creo que ella esté en condiciones de ayudar a nadie ahora.- Dice Carol mirando el suelo.
-Insinúas que ha huido.- No sé porque no me sorprende que piense eso. -¿Es que crees que al único que le preocupas es a Daryl? Estas muy ciega Carol.- Apunto al hombre que se aproxima a nuestra posición.
-¿De qué hablas?- Me cuestiona a la defensiva
-De que piensas que eres prescindible, y por eso no eres capaz de creer que vayamos a luchar por ti.-
-¿Acaso tú lo harías? Si yo desapareciera tu hermanita no tendría nada de qué preocuparse nunca más.-
Esa perla que suelta por su boca casi es capaz de hacerme reír a pesar del apuro en el que nos encontramos, -Daryl la ama a ella, nunca ha tenido ningún puto motivo para que tú le quites el sueño. Pero a pesar de lo cabezota que eres, no, nunca te dejaría atrás- mi corazón retumba en mi pecho, en cuanto disparé los otros cuatro se nos echarán encima. –Por eso quiero que corras hacia el pabellón ahora y que te pongas a salvo.-
-¿Qué?- Pregunta mirándome sorprendida.
-Corre.- Le grito y disparo al tipo de la bandana en la frente.
Un mamón menos en el mundo.
A pesar de que la he pillado por sorpresa su instinto ha sido el correcto, no ha dudado en hacer caso de mis palabras.
Mientras ella huye para quedar resguardada detrás de uno de los pabellones yo la cubro del resto de la cuadrilla.
Cuatro capullos, cuatro balas, todos muertos.
Cerrando mi corazón a la suerte de Glenn corro hacia Carol, ella tiene razón, no puedo hacer nada por él, aunque el pensamiento me corroa las entrañas.
Pero a ella, a ella aún puedo sacarla de aquí ilesa con un poco de buena suerte.
Al menos Karen escapó a tiempo, si termino muriendo en este sitio al menos me quedará ese consuelo.
….
Disparo a una mujer que llevaba una chaqueta militar, nuestro hogar se ha convertido en una pesadilla, ¿dónde se han metido esos niños? No deberían haber podido ir demasiado lejos. Ya tendría que haberlos encontrado. -Gin, Carl.- Cubro la cabeza de Judith en un intento de protegerla lo más posible.
Pero nada podría hacer contra una bala, sé que tengo que sacarla de aquí, pero no hasta que encuentre a esos niños, ellos son mi responsabilidad.
-Mika,- grito, encogiéndome cuando se escucha otra explosión.
-Cuidado.- Maggie me tira al suelo justo a tiempo de esquivar un cascote. -¿Estás bien?-
-Sí,- digo revisando a Judith sin preocuparme en realidad por mí.
-¿Karen?- Me llama Gin insegura.
-Ni siquiera te hagas la sorprendida señorita, ¿no pensarías que os dejaría atrás verdad?- Digo más aliviada que molesta al verla de una pieza.
-Lo siento.- Se lamenta mirándose los pies.
-De eso nada,- digo meciendo a Judith para que deje de llorar aunque en este ambiente eso es imposible, -porque volverías a hacerlo, pero ya hablaremos sobre esa manía que te está pegando Ale de hacerte la heroína.- Digo lista para seguir mi búsqueda, ahora solo me faltan dos.
-No.- Maggie me corta el paso, -en esa dirección solo hay caos y muerte ¿eso es lo que quieres para ellas?- Pregunta señalando a las niñas.
-No puedo dejar a Carl y Mika vagabundear por aquí a su suerte.-
-Gin me encontró a mí, en cuanto den con otro adulto harán lo mismo que nosotras. Lo primero ir al bosque, y luego seguir hasta el punto de reunión.- Asegura con un aura extraña a su alrededor.
Algo le ha pasado a Maggie, algo horrible.
Sus ojos son dos pozos de agonía contenida.
Es entonces cuando me doy cuenta de que Glenn no está.
-Pero…- Miro sobre su hombro, sé que tiene razón, aun así, es tan duro seguir adelante y dejar a los que quieres a su suerte. Que no consigo obligarme a hacerlo.
-Karen.- Me llama autoritaria. –No hay más remedio, volver atrás es un suicidio.- Clava su mirada en la mía con severidad y no tengo más opción que seguirla.
Así pues emprendemos una loca carrera en la que Gin nos adelanta sin problemas para matar con sigilo a los caminantes que pueda haber en la primera línea de árboles y que crucemos sanas y salvas.
Merle ha hecho un trabajo increíblemente bueno con ella al adiestrarla.
Es solo una preadolescente y a pesar de eso es absolutamente letal, si no estuviera de nuestra parte observarla lanzar sus cuchillos sería aterrador.
-Maggie ¿viste a Ale?- Pregunto sin poder contenerme por más tiempo a pesar de saber que es egoísta que solo me importe él en este momento ahora que Gin y Judith están a salvo.
-Antes de que tuviera que separarme de Glenn por culpa de una granada estaba con Carol creo.- Eso me hace respirar tranquila, puede que no sean los mejores amigos, pero ella es una gran tiradora, se cuidaran el uno al otro.
-No Gin.- Maggie pone coloca su palma entre los omoplatos de la pequeña, -no te gires, no necesitas ver eso, ahora mismo todo lo que importa está delante, atrás no queda nada.-
Eso me sorprende, pero supongo que aunque sea duro de oír es la pura verdad.
En la prisión ya no queda nada para ninguna de nosotras que no sea dolor y muerte.
Gin se tensa, pero asiente y continúa hacia adelante sin quejarse.
Ella es realmente fuerte, observo a Maggie caminar mientras cuenta las balas de su pistola, ambas lo son.
-¿Cuánto munición te queda?- Me pregunta preocupada.
-Cinco balas, podría ser peor, ¿tú?-
Tira la pistola al suelo de mal humor, -el idiota al que se la quité tuvo que entrar como si estuviera en el viejo oeste, ahora entiendo porque no la usó contra mí cuando pudo.- Gruñe molesta sacando su machete de su funda.
-Deberíamos ir por la carretera, tendremos más posibilidades de alcanzar antes al autobús.- Digo preocupada porque se nos eche la noche aquí dentro a pesar de que deben ser las dos de la tarde como mucho.
-Tienes razón, estaremos más expuestas pero nuestras opciones aquí no me parecen demasiado buenas, al menos en la carretera podremos correr.- Sin dudar desvía su rumbo y nosotras la seguimos sin cuestionárnoslo.
Es natural confiar en ella, desprende esa sensación de liderazgo por la cual es fácil dejarse llevar.
-Karen, ¿crees que él tío Ale estará bien?- Me pregunta Gin sin dejar de mirar al frente.
-Sin duda, por mucho que todo se complique a su alrededor él siempre sale adelante. No tengas miedo. Volverás a verle.-
-Eso espero.- Dice pegándose a mi costado, paso un brazo sobre sus hombros y la consuelo lo mejor que puedo mientras seguimos avanzando, porque ahora mismo detenerse significa morir.
Y después del lugar del que hemos escapado a nuestro pesar, ninguna tenemos la menor intención de morir hoy.
….
Merle corre con la muchacha detrás con un único objetivo claro, aunque por un segundo duda al ver al sheriff pelotas de plata dándose de hostias a puño limpio con el Gobernador.
Finalmente escupe al suelo sin detenerse, por él ese par de hijos de puta pueden matarse el uno al otro.
Qué coño, de tener tiempo hasta les animaría.
Pero por desgracia no tiene un puto minuto que perder, y menos para malgastarlo haciendo el gilipollas.
El chinito está peleando contra tres tíos que le doblan en tamaño y no parece que le esté yendo demasiado bien.
-Hola nenas, ¿de fiesta sin contar con el viejo Merle?- Grita cuando llega dándole a uno un puñetazo con su refuerzo de metal rompiéndole la cabeza en el acto, al segundo le asesta una puñalada en los riñones usando un trozo de metal caliente que ha encontrado por ahí.
El último que queda en pie intenta asestarle un derechazo en la cara a la desesperada que Merle desvía con su mano, aprovechando que el capullo ha dejado su pecho expuesto para golpearle el esternón con su refuerzo, perder la mano fue una jodida putada, pero ese trasto que se consiguió para sustituirla es la hostia.
El esternón del hombre se parte y boquea de dolor, Merle decide aligerar su defunción no por piedad, sino porque tiene cosas urgentes que hacer, como salvar su culo para empezar, así que se coloca a su espalda rompiéndole el cuello sin pestañear.
-¿Por qué no has usado la escopeta?- Pregunta la chica, la verdad es que no está mal del todo, para un polvo rápido podría ser aprovechable, aun a pesar de esos grandes ojos de cervatilla asustada que se gasta.
-Hay que ahorrar munición encanto. Salvo que cagues plomo, en cuyo caso empezaré a actuar como Billy el niño, tal como debieron de hacer estos idiotas.- Le responde él señalando a los muertos que hay a sus pies, ella arruga su nariz ante su respuesta pero no dice nada. -¿Estás bien chinito?-
-Esto sigue sin perdonar lo que nos hiciste a Maggie y a mí, que quede claro.- Le suelta con dos cojones encarándole mientras se limpia la sangre de la boca. -¿Quién es?-
-Venía con el Gobernador, dice que no sabía lo que quería hacer, aunque en mi opinión contando con tres tanques era evidente,- ante las palabras de Merle, Glenn observa sorprendido a la chica. –Pensaba tirármela detrás de un árbol, pero si lo prefieres me la cargo aquí mismo.-
-No- dicen al mismo tiempo los dos. Ella asustada, Glenn aún evaluándola.
-Dame tu pistola,- le pide el chinito como si eso fuera una reunión de amigos en lugar de un jodido campo de batalla.
-Tenemos que ponernos a cubierto primero.- Dice cabreado por su idiotez, así que sin molestarse en pedirles permiso primero los coge a ambos por el cogote y los empuja hasta la torre de vigilancia de la izquierda.
Zona en la que no hay conflicto y que por lo tanto por el momento no interesa a los caminantes, Merle sabe que no tiene estudios, pero a veces viendo cómo actúa la gente que si los tiene se plantea hasta que jodido punto se supone que eso sea una desventaja, ya que por lo visto todos los que han terminado el instituto parecen carecer por completo de puto sentido común.
-Ah, joder Merle, suelta que no soy Ale para aguantar que me agarres así, duele.- Dice Glenn zafándose de él como un cachorrillo enfurruñado.
La chica por el contrario se limita a sobarse la nuca sin quejarse mientras le entrega el arma a Glenn como este le había pedido.
Él quita el cargador para ver cuantas balas ha disparado y ambos hombres se sorprenden de que la respuesta sea ninguna, ninguna en absoluto.
¿Esa chica está loca?
¿Se mete en una guerra aunque sea por accidente y ni siquiera intenta defenderse?
-Está bien, vámonos.- Dice el chino al que parece que de repente le han metido un petardo por el culo y se muere por salir cagando leches de la prisión.
Ahora que Merle lo piensa más despacio, ¿dónde está su dulce coñito?
Puede que ella sea la razón de sus repentinas ganas de usar el cerebro.
-Pero…- La chica titubea y les mira culpable. –Yo participé en lo que les hicieron a los vuestros, no disparé contra nadie es cierto, pero dejé que eso ocurriera, no hice nada por evitar que esa chica muriera como lo hizo.- Les cuenta a punto de romper a llorar allí mismo.
Como si lamentarse pudiera enmendar las cosas.
-Joder guapa, espabila.- Le gruñe Merle acercándose peligrosamente a ella. -Todos tenemos sangre inocente manchando nuestras manos, cuanto antes lo aceptes, antes podrás seguir ocupándote de mantenerte con vida en lugar de lloriquear como una jodida cría de preescolar, ¿estamos?- Se produce un tenso silencio, -además si se te hubiese ocurrido abrir la boca para protestar el hijo de puta te habría matado.-
-Me repatea reconocerlo- el chino le mira serio. –No obstante, Merle tiene razón abrías muerto, además por mucho que lo sientas no puedes cambiar el pasado solo aprender de el, lo que está claro más allá de toda duda es que hoy no querías hacerle daño a nadie.- Vuelve a cargar el arma antes de entregársela a la chica. –Confiaste en el tipo equivocado, eso fue todo.-
-Pero aunque me dejéis vivir ¿por qué querríais llevarme con vosotros? Era vuestra enemiga.- Les cuestiona ahora más calmada.
-Porque te necesitamos.- Merle pone los ojos en blanco antes esa perla de sabiduría china.
-Él te necesita porque no sería capaz de encontrársela para mear sin alguien que le guiase la manita, a mí para lo único que me harías falta sería para que me la mamases cielo.- La chica arruga el ceño al escucharle.
-¿Siempre eres así de galante?- Le pregunta haciendo un mohín con la boca.
Glenn se ríe ante esa pulla. –En realidad diría que contigo está siendo casi sutil.- Dice el chino revisando ahora las balas que le quedan en su fúsil. –Esperadme aquí un segundo.- Rápido como una de esas putas ardillas escurridizas que a su hermanita tanto le gustan el chaval sube hasta la torre.
-¿Sigues vivo porcelana china?- Pregunta Merle más preocupado por el chico de lo que nunca reconocerá estarlo cuando los minutos pasan y él no baja.
-Sí paleto.- Dice descendiendo al fin con otro rifle, además de con un traje de antidisturbios.
-Tú cara es un poema malo, ni que hubieses olido mi mierda, ¿qué has visto ahí arriba?- Pregunta el mayor de los Dixon mosqueado, lo último que necesitan ahora son más problemas.
-El vigilante estaba muerto, un tiro limpio en la cabeza.- Glenn traga saliva con esfuerzo debido a los nervios, -por eso nos pillaron con la guardia baja, con todo lo que ha pasado no me di cuenta antes… Nadie dio la voz de alarma.-
-¿Pero entonces ese come mierda tenía a alguien aquí dentro? ¿Quién? El Doc y Andrea murieron, el resto de la gente que sobrevivió de Woodbury le odiaba, nunca le hubiesen ayudado.-
-Con nosotros no había nadie de aquí,- les dice la chica cogiendo el escudo que le da Glenn, -si lo que decís es cierto, esa persona lo hizo para joderos, no para ayudar a Phillip.-
-Como cojones sea ahora no es el momento de putas adivinanzas.- Gruñe al ver como el chino se pone el traje anti disturbios y solo le da el casco al gran Merle. –Gracias por nada pimpollo.- Se lo cede a la chica sin mirarla siquiera. –No necesito esa mariconez para estar guapo, arreando nenes.-
Conteniéndose las ganas de darse la vuelta para buscar a su familia continúa con esos dos en busca de una salida segura para ir a la carretera.
Por mucho que le repatee los higadillos no le queda más remedio que confiar en que sabrán sacarse las castañas del fuego sin contar con él.
Y dado que lo hicieron bastante bien cuando se separaron en Atlanta aquella primera vez, ahora no tiene razones para creer que será distinto. Lo que no significa que le guste una mierda.
Pero lo acepta porque es lo que hay, y porque la parte derecha de la prisión donde aún pueden escucharse tiros está hasta el puto culo de caminantes, meterse ahí en medio es una jodida mala idea, que de hecho bien podría convertirse en la última para él si decidiese tomarla.
-Toma ya,- grita al llegar a las vallas. -¿Y ahora?-
-Eres tú el que nos traía por aquí.- Dice el chino sacando de no sabe donde unos alicantes para cortar la alambrada. -Por cierto de nada por la ayuda.-
-No te hagas el chulo,- dice empujándole para cruzar el primero –yo he sido quien ha salvado tu pellejo amarillo,- mira hacia atrás sin poder contenerse para ver si ve a Ale correteando hacia ellos como una avestruz histérica. –Así que yo debería ser quien dijese de nada.-
-Da gusto ver lo bien que os lleváis.- Suelta la chica negando con la cabeza y saltando el muro de coches.
-Merle vamos, los veremos en el punto de reunión.- Le asegura el chico al mayor de los Dixon al notar como se resiste a avanzar pese a la actitud de cabrón insensible que siempre se gasta.
-Más les vale, o buscaré sus cadáveres para jugar a operación con ellos hasta que me salga de las pelotas.- Glenn no se ríe de esa gilipollez porque le entiende, él también está preocupado por Maggie, sobre todo teniendo en cuenta las pérdidas que ella ha sufrido, así que en un gesto de conmiseración por su situación le palmea la espalda a Merle y salta él también sobre los coches.
El último en hacerlo es Dixon, no porque sea difícil, sino porque a pesar de que volver atrás sea un suicidio, dejarles tirados sin siquiera intentar salvarlos después de que ellos sí que fueron a buscarle a la ciudad es como clavarles una puñalada trapera en el costado.
-Más os vale manteneros vivos trío de soplapollas.- Gruñe siguiendo a los más jóvenes en dirección a la carretera, esperando con la poca alma que le queda después de tanto pecado que Glenn tenga razón y vuelvan a ver pronto a todos.
…
Metralletas, los cabrones tienen metralletas.
¿De dónde carajos ha sacado el Gobernador todo ese armamento?
Ni siquiera cuando estaba en Woodbury tenía esa potencia de fuego.
-Átatelo alrededor de la cabeza y aprieta fuerte.- Me dice Daryl dándome su inseparable pañuelo rojo.
Sin replicar hago lo que me dice, si me desmayo no seré de ninguna jodida ayuda.
Aunque… Le observo mientras dispara a los dos hombres que intentan cercarnos.
Sí esto sigue así lo único que seré para él será un estorbo, un nudo atenaza mi garganta, yo… No quiero que él muera por mi culpa, no quiero que le pase nada.
Escucho ruidos de caminantes y me pongo de pie con algo de dificultad debido a la lesión de mi tobillo.
Levanto el fusil y apunto, un tiro limpio en la frente, el primero cae justo a mis pies, el segundo caminante un metro más atrás, pero pronto llegarán más.
-Daryl tenemos que salir de aquí como ya mismo o pronto no tendremos ocasión de hacerlo.-
-Hostia puta.- Maldice al mirar a su espalda. -¿Tu tobillo?-
-Mal, pero prefiero jugármela corriendo a la pata coja a convertirme en carne picada.- Noto como aprieta su mandíbula, reacio a dejar nuestra endeble protección. –Daryl, saldrá bien ¿vale? Estaremos bien, pero solo si nos damos prisa.-
-¿Cómo lo sabes?- En esa pregunta están implícitas todas las dudas sobre lo que podría salir mal para mí si dejamos este sitio.
-Estamos juntos y todavía estamos vivos, las probabilidades no me dejan más remedio que creer en nosotros.- Digo intentando animarle.
Gruñe frustrado, -no te alejes de mí.- Dice cogiendo a pulso a uno de los caminantes. –Vamos a hacer una de las locuras que a ti tanto te gustan.- Eso me saca una sonrisa, que sé, es lo que él pretendía.
-¿Tienes algún plan?- Pregunto cargando mi fusil.
-Llevarte a algún lugar seguro, cargarme a esos desgraciados y volver a por ti para salir de aquí corriendo como cabrones.-
¿Él contra todos ellos? No me gusta, pero mientras tenga que preocuparse por mí no estará concentrado en la batalla.
-Soy tu sombra angelito,- le aseguro agarrándome a su cadera con una mano mientras con la otra sostengo el fusil y disparo a lo loco para obligar a los hombres del Gobernador a ponerse a cubierto.
-Mete la mano en mi bolsillo derecho- me pide deteniéndose, hago lo que me dice sin tiempo para discutir porque estar parados en mitad del patio ocultos tras un caminante es una jodida ida de olla. Abro los ojos como platos al sacar una granada. –Lánzala,- tres hombres salen de detrás de uno de los tanques al notar que nos hemos detenido. Sin dudar le quito el seguro y lanzo al aire la granada golpeándola con la culata del fusil para que llegue lo más lejos posible. –Esa es mi mujer.- El orgullo en su voz consigue provocar un cosquilleo en mi bajo vientre nada conveniente dadas las circunstancias.
Tras eso él comienza a trotar y yo hago todo lo que puedo para no retrasarme, cuando al fin llegamos a las escaleras de nuestro pabellón estoy sudando debido al esfuerzo. Sin pararse a preguntarme de nuevo como me encuentro me ayuda a subir dejando que apoye mi peso contra él, siempre tan protector conmigo.
Mi corazón late como una máquina de guerra, pero mi cuerpo no está en condiciones de seguirle el ritmo.
Con cuidado pasa su mano sobre el pañuelo, parece aliviado cuando sus ojos vuelven a clavarse en los míos. –La herida ha dejado de sangrar, solo necesitaba algo de presión.-
No quiere dejarme atrás, está intentando retrasarlo todo lo posible, pero tiene que hacerlo.
-Tienes que irte a patear unos cuantos traseros, ese era el plan ¿no? Yo estaré aquí.- Digo mostrándome más convencida de lo que me siento en realidad.
-¿Y sí algo sale mal? ¿Y sí no puedo volver a por ti?- Le agarro por el cuello de su chaleco y le acerco a mi rostro cuando me pregunta eso.
-Vayas a donde vayas, nunca dejaré de buscarte, tú solo tienes que confiar en mí angelito.- Acorto la distancia y le beso enredando mis dedos en su pelo, deseando con todas mis fuerzas no tener que separarme de él en medio de este caos. –Hasta que volvamos a vernos recuerda que eres la razón que impulsa mis latidos, ahora vete.- Digo empujando su pecho para apartarle de mí.
Porque ahora él tiene que luchar para ponerse a salvo, cueste lo que cueste.
-Mírame,- me pide cogiendo mi cara entre sus manos, pero no quiero hacerlo, tiene que irse ya. –Mírame a los ojos.- Insiste terco, así que le hago caso no queriendo que pierda más tiempo por mi culpa. –Mi vida es perfecta a tu lado y no pienso renunciar a eso, no pienso renunciar a ti, así que te prometo que esto no es puto adiós, ¿me entiendes?*- Asiento despacio sin querer ponerme a llorar por la emoción que veo en el fondo de sus ojos. -Todo estará bien, estaremos bien.-
-Lo sé.- Digo sonriéndole, porque tiene razón, no es un puto adiós, de esos ya hemos tenido demasiados para llenar una vida, incluso una tan precaria como esta.
-No dejes que nadie te haga daño, mátalos a todos.- Me pide apretando su mandíbula antes de alejarse corriendo de mí.
-Corre corazón, corre y no te detengas.- Susurro dejándome caer al suelo agotada, solo necesito descansar un poco.
Un par de respiraciones profundas y estaré bien, porque sí, porque no tengo otra opción, porque tengo que volver a ver a Daryl Dixon aunque el cielo se haga pedazos en el intento.
Tan simple como eso.
….
Vuelvo al patio listo para hacer frente a cualquiera lo bastante estúpido como para interponerse en mi camino ahora mismo.
Una mujer intenta acuchillarme, o mejor dicho, distraerme para que su compañero tenga un mejor tiro.
Golpeo su muñeca y aunque no suelta la hoja sí que pierde estabilidad trastabillando hacia delante, dándome cobertura con su cuerpo por accidente. Sin apiadarme de su torpeza aprovecho su vulnerabilidad, la uso de apoyo por un segundo para disparar en el pecho a su amigo antes de romperle el cuello a ella.
En ese momento me rodean cuatro hombres más del Gobernador, son como jodidas cucarachas.
Uno de ellos se me encara y otro se pone a mi espalda, le golpeo los huevos al de atrás con mi puño derecho, lo que le hace bajar la cabeza, cosa que aprovecho para golpearle con el codo, mientras agarro con mi mano izquierda al otro por la nuca atrayéndolo hacia mí para darle un codazo en la mandíbula con mi brazo derecho.
Los dos quedan mareados en el suelo y entonces de los otros dos que quedan uno me agarra las manos por detrás de la espalda, mientras el último me apunta con una pistola al pecho.
Sin dejarme intimidar levanto mi pierna derecha y le golpeo en el estómago con todas mis fuerzas, tirando al de la pistola al suelo junto con sus compañeros.
Al que me sujeta le obligo a soltarme poniendo todo el peso de mi cuerpo sobre sus dedos para que no tenga más remedio que liberarme al no poder conmigo, en cuanto tengo el brazo izquierdo libre le doy con el codo en la mandíbula aturdiéndole.
Saco mi cuchillo y se lo clavo en la sien aprovechando que no sabe dónde está parado.
Y a los otros tres que aún están en el suelo intentando levantarse les disparo a la cabeza con mi ballesta. En cuanto están muertos recojo las flechas para poder volver a utilizarlas, aunque Cass me haya conseguido más de las que tenía no quiero despilfarrarlas.
Mientras lucho para calmar mi respiración uno de los tanques vuela por los aires la pasarela que conectaba el pabellón C con el B, furioso por tanta destrucción innecesaria aprieto el gatillo del fúsil una y otra vez, deseando con cada tiro ser capaz de terminar con todo esto.
Pero solo soy un hombre.
Solo eso.
Y además es demasiado tarde para detener una mierda.
Porque ahora la prisión es territorio de caminantes, le asesto a uno un puñetazo y noto como su pómulo se rompe contra mis nudillos antes de caer de espaldas al suelo.
Saco otra de mis granadas, celebrando el hecho de que mi hermano las robase de la armería y me diese unas pocas.
Puede ser un auténtico gilipollas, pero ante todo es un superviviente.
Le quito la argolla de protección sin ocultar que disfruto como un cabrón lo que va a venir a continuación.
Sonriendo la meto por el cañón del tanque y corro un par de metros preparando mi ballesta por si acaso alguien consiguiese salvarse de la explosión.
Mi mundo se vuelve rojo cuando uno de ellos no solo logra salir, sino que además es uno de los hombres que ayudó a arrancarle los brazos a Beth.
Ella era buena, y era dura, estaba encontrando su camino, no tendría que haber muerto, no así.
Silbo y el hombre con la gorra militar me mira asustado al darse cuenta de lo cerca que me tiene.
-Oye amigo...- Dice intentando razonar conmigo para que no le haga daño, pero yo no pienso tener piedad con alguien como él.
Sin dudar ni un jodido segundo le disparo una flecha directa al pulmón, el desgraciado cae a plomo al suelo con los ojos abiertos luchando por respirar.
Los caminantes se aproximan paso a paso hasta nosotros, bien, así sufrirá más, me acerco para escupirle a la cara –esto es de parte de Beth.- Extiende una mano hacia mi suplicante al ver como la muerte gruñe ansiosa por disfrutar de su carne. –Ojalá te coman despacio.- Me despido dejándole ahí tirado para que reciba su castigo por haber acabado con una vida tan pura como la de la menor de las Greene.
Después de eso me permito sentirme aliviado ya que no parece que queden hombres del Gobernador por esta zona, sin embargo no todo es alegría ya que ahora la prisión está infestada de cadáveres.
Tengo que sacar a Cass de aquí cuanto antes, si tengo que cargar con ella porque no pueda correr iré más despacio por lo que estaremos más indefensos ante un ataque si es que me he equivocado y aún quedase algún soldado del Gobernador, de la manera que sea no puedo perder más tiempo si quiero ponernos a salvo.
Tenemos que irnos ya.
….
Apenas han pasado unos minutos desde que Daryl me ha dejado sola, pero sé que si me quedo aquí mucho más estaré en problemas, no solo por los caminantes que pasan ante las escaleras y que por suerte aún no me han detectado, sino por los gruñidos que se acercan a mi dirección desde el interior de la prisión.
Al parecer no todos llegaron al autobús a tiempo, cosa que en verdad tampoco me extraña pero no deja de ser una putada.
-No me jodas,- una anciana en camisón sin heridas aparentes se aproxima hacia mí como si yo fuera la última tarta de selva negra de toda la pastelería.
-Sería mucho pedir que no me comieses ¿verdad?- Ella gruñe en respuesta acercándose a mí, suspirando le disparo con una de mis ballestas de mano y la mujer cae como un saco de piedras contra el suelo.
Pero al parecer tenía amigos que se acercan lentamente para reunirse con nosotras. A mi pesar debido al dolor me pongo de pie tan rápido como puedo, asustada porque los caminantes del exterior se han dado cuenta de que aquí dentro se está preparando una fiesta y no han contado con ellos.
Empujo tan hondo como puedo mi ira por tener que abandonar el lugar al que sé que Daryl volverá a buscarme.
Pero a no ser que quiera que me encuentre con las tripas por fuera no tengo más remedio.
Cojeando bajo las escaleras, y una vez en el patio pego mi espalda a la pared del pabellón para tener una cosa menos de la que preocuparme, así como para ayudarme a avanzar más fácilmente.
No parece que queden ya hombres del Gobernador, aunque escucho una última detonación que distrae a la mayoría de los caminantes que se habían fijado en mí.
Jadeando y sabiendo que solo les llevo la delantera por cuestión de un par de metros continuo hacia delante.
Tengo que avanzar aunque sea a rastras si hace falta, porque en cuanto llegue al bosque tendré una oportunidad, me esconderé detrás de un árbol y podré dispararles.
Seis caminantes hambrientos dándome caza, una persecución a una cámara letal más que lenta.
Sinceramente, sino estuviese tan acojonada me parecería hasta gracioso.
El sudor recorre mi piel y yo me obligo a no apoyar el pie herido en el suelo aunque el esfuerzo de correr con una sola pierna sea agotador.
Pero si me arriesgo a plantarlo, por como me pincha de dolor el tobillo ya sin hacerlo, sé que podría desmayarme.
Y entonces sí que estaría muerta.
Ya casi, un solo metro más.
Ya casi…
…..
Sin dudar zigzagueo entre los caminantes que se han visto atraídos por el estallido del puente para llegar hasta Cass.
Pero cuando lo hago hay mordedores saliendo del interior, gruñendo y babeando sangre.
-No…- Me paralizo, esa sangre no puede ser suya, yo… No puedo haberla dejado para que muriese sola.
Ahí debía estar segura, lo hice para protegerla y poder irnos de aquí sin esos cabrones disparándonos.
-CASS.- Grito su nombre sin preocuparme porque eso llame la atención de los caminantes, pero ella no me responde. –CASS.- Lo intento de nuevo notando como los ojos se me llenan de lágrimas. –Por favor,- susurro sintiendo como si alguien estuviese asfixiando mi corazón.
Doy un puñetazo a una caminante con el cabello moreno cayéndole lacio por la cara, resistiéndome a abandonar el sitio, pero…
¿Qué más pruebas quiero?
Mi respiración se acelera, y aun así es como si el aire se resistiese a entrar en mis pulmones.
Flash Back
-Vayas a donde vayas, nunca dejaré de buscarte, tú solo tienes que confiar en mi angelito.- Ella acortó la distancia y me besó enredando sus dedos en mi pelo, haciéndome sentir a salvo aunque fuese una locura en medio del caos que nos rodeaba. –Hasta que volvamos a vernos recuerda que eres la razón que impulsa mis latidos, ahora vete.- Me dijo empujándome para apartarme de ella, tal vez intuyendo que por mí mismo no tendría fuerzas suficientes para hacerlo.
Fin Flash Back
Ese recuerdo de ella me despierta justo a tiempo de mi parálisis provocada ante el temor de su posible muerte, salvándome la vida.
De manera automática me agacho y disparo al caminante que intentaba morderme el cuello.
Todos vienen de frente a mí, demasiados para intentar atravesarlos, tengo que irme por donde he venido, en dirección al tanque y al tipo de la gorra militar.
Al pasar el hombre aún grita de dolor mientras es devorado, no me detengo a mirar, ni si quiera le dedico un pensamiento más allá de alegrarme de su sufrimiento.
Corro a pesar de que mis pulmones se sienten como si fueran a estallar sin detenerme hasta salir de allí en dirección al bosque, todo en lo que puedo pensar es que no la he visto convertida en una de esas cosas, no puedo darla por perdida aunque lo tenga todo en contra para creer lo contrario.
Ella ya me ha demostrado que lo difícil se le da de miedo, y lo imposible solo le lleva algo más de esfuerzo.
Así que tengo que vivir, porque tengo que volver a verla para besarla, para que follemos hasta que sus mejillas parezcan manzanas maduras y sobre todas las cosas tengo que decirle que la quiero con cada trozo de mi corazón hecho pedazos.
Agotado caigo sobre un campo de dientes de león, -hasta que volvamos a vernos, u-gi-tsi-ha, sigue siendo fuerte, por mí, te necesito.- Susurro para Cass al aire ardiente de Georgia.
Me tomo un pequeño descanso antes de ponerme en marcha para que ella pueda encontrarme en el camino.
…..
Tengo miedo, desde que nos hemos separado de Gin no hemos vuelto a verla. -¿Carl y sí está…?-
-No lo digas,- me corta lanzándome una mirada fría como el hielo. –Si no ha podido reunirse con nosotros habrá huido al bosque.-
-Lo siento, no quería enfadarte.- Nos agachamos al oír una explosión. –Es que estoy asustada.-
-Lo sé.- Dice sin prestarme atención, ha encontrado lo que buscaba, al lado de un camión volcado están Michonne y su padre resistiendo como pueden a los caminantes que entran poco a poco pero de manera constante en la prisión. -¿Estás lista?- Me pregunta con el cuerpo tenso para salir corriendo.
Algo me dice que si no puedo ir tras él, Carl sería capaz de abandonarme sin mirar atrás.
No porque tenga nada contra mí, sino porque no le importo lo suficiente como para que permita que mi miedo sea un obstáculo para llegar hasta su padre.
-No,- admito asustada. –Pero te seguiré.- Puede que ir hasta allí sea peligroso, sin embargo más lo es quedarme sola.
-Bien, deberías ir poniendo tu dedo en el gatillo y procura no apuntarme.- Corremos atravesando lo que queda del patio llegando así hasta la muralla de coches que tan inquebrantable me pareció cuando la vi terminada.
Creí que por fin estaba en un sitio blindado contra los mordedores, no pensé en que podría no ser suficiente contra las personas.
A lo mejor esto ha pasado porque ya no puede quedar ningún sitio seguro en el mundo por mucho que la gente buena se esfuerce para construirlo.
Como cuando la marea del mar sube y destruye los castillos de arena en la playa cuando eres pequeño.
Quizá es que tenga que ser así la vida, ir perdiendo todo y a todos a los que quieres hasta que solo quedes tú para morir.
El silenciador de Carl le permite disparar sin que esas cosas se percaten, pero cuando yo disparo empiezan a seguirnos.
-No te detengas,- me dice tirando de mi brazo para que no nos separemos.
-Es que no sé disparar a la vez que corro y acertar el blanco.- Me defiendo no queriendo que se enfade conmigo de nuevo.
-Si dudas entre correr y disparar, corre siempre que sea una opción.- Me instruye resoplando por el esfuerzo.
Michonne ayuda a Rick a subirse al techo de un coche cuando nosotros llegamos, y de ahí como puede él gatea hasta el camión para que los caminantes no le alcancen.
-Niños,- los ojos de la mujer se abren como platos al vernos. –Subid, rápido.- Hago lo que nos ordena sin replicar, pero Carl dispara a un caminante que se acercaba a ella por la espalda antes de seguirme.
En cuanto estamos a salvo Michonne sube con nosotros.
-¿Qué… Qué hacéis aquí?- Nos pregunta Rick respirando trabajosamente, tiene la cara llena de sangre, parece que le han dado una buena paliza.
-Papá.- Carl le abraza con fuerza. –Teníamos que echar una mano.-
-Se nota que sois padre e hijo.- Dice Michonne con una sonrisa agotada, -pero ahora estamos atrapados.-
-Nos quedaremos aquí hasta que terminen de pasar, el ruido de la prisión les atraerá, y con el olor a humo si no hacemos ruido no podrán detectarnos aquí arriba. Luego iremos al bosque e intentaremos encontrar algún lugar seguro antes de buscar a los demás.- Dice Rick recostándose sin fuerzas para mantener los ojos abiertos.
-¿Te mareas?- Le pregunta Michonne frunciendo el ceño.
-No.- Dice él abriendo los ojos con esfuerzo para mirarla. –Un poco.- Admite cediendo.
-Seguramente tengas una conmoción cerebral, Carl no dejes que se duerma.- Le pide al ser quien está más cerca de Rick.
-No voy a quedarme inconsciente.- Se queja el hombre.
-Tal vez, pero no pienso correr el riesgo de tener que cargarte por el bosque, ¿estamos?- Le replica limpiando su katana de sangre y tumbándose como el resto.
-Michonne…- Pregunta Rick tras un rato. -¿Realmente Cassidy estaba en la torre que derribó el Gobernador?-
-Sí, dijo algo sobre Ethan y después salió corriendo, me parece que quería comprobar algo, pero no sé el que.-
-Mierda.- Maldice él sin contener el llanto. -¿Y Daryl?-
-Intentó llegar hasta ella por como gritó su nombre de eso estoy convencida.- El silencio se llena con los gruñidos de los mordedores. –No sé si lo consiguió, el tiroteo empezó y ya no pude pensar en ellos de nuevo hasta ahora.-
-A lo mejor saltó.- Interviene Carl inseguro.
-Tal vez,- le sigue su padre la corriente dejando que él apoye su cabeza en su pecho en busca de refugio.
No puedo evitar pensar que aunque lo consiguiera, eran al menos tres metros, o cuatro… Así que a pesar de que lograse saltar seguramente se hizo daño.
Miro las nubes y pienso en Lizzie, ella era la mayor de las dos, pero era yo quien cuidaba de ella, añoro esa sensación de que alguien me necesite en lugar de que simplemente tenga que cargar conmigo.
Una explosión se escucha, levanto la vista pero solo alcanzo a ver el humo.
-¿Qué le pasó a Beth?-
Por unos minutos nadie responde la pregunta de Carl.
-El Gobernador la mató,- le explica Michonne con un enojo que me hace encogerme en mi sitio a pesar de que esa ira no vaya dirigida hacia mí.
Una idea atraviesa mi mente con claridad.
Y es que al fin entiendo que hacen esos caminantes ahí agachados, están comiéndosela. Al menos estaba muerta para cuando empezaron.
Un alivio insuficiente dadas las circunstancias, pero no por ello es menos de agradecer.
Aprieto mi pistola contra mi pecho en un intento de encontrar el valor que siento que me falta.
Carol nos decía a Lizzie y a mí que teníamos que ser fuertes, no estoy segura de serlo lo suficiente ahora mismo, pero sé que no quiero morir, aún no, así que aprenderé a luchar sin miedo, aprenderé a ser valiente aunque me cueste.
-¿Cómo estás Rick?- Le pregunta Mich incorporándose tras no sé cuanto tiempo.
-Teniendo en cuenta lo que vas a decir, en realidad da igual como este.- Resopla Rick mirándola cansado.
-Iré yo sola al bosque, vosotros esperadme aquí.- Nos pide poniéndose en pie.
-¿Qué vas a hacer?- Le pregunta Carl preocupado.
-Conseguir que seamos invisibles, vosotros no os mováis.- Le responde con una sonrisa. A continuación se desliza por los coches hasta el bosque como si eso no fuera peligroso.
Ella es realmente impresionante.
….
Grito frustrada y con el alma dolorida por todo lo que he perdido hoy, eso consigue atraer a unos cuantos caminantes hasta mí.
Que en parte es lo que quería conseguir.
Descargo en ellos mi furia con precisión, les corto los brazos, los tiro al suelo y cuando tengo cinco les rompo la mandíbula para que no puedan mordernos, ahora solo queda el cómo llevarlos hasta el camión.
Respiro hondo esforzándome por recordar, dejamos algunos materiales por aquí mientras construíamos el muro, debe haber alguna cuerda o algo similar que pueda usar.
Me lleva más tiempo del que creía pero finalmente doy con ello, además de un rollo de alambre encuentro un par de cúteres, un martillo y unos alicates, en cuanto preparo a los caminantes recojo las herramientas para llevárnoslas.
Teniendo en cuanta lo vulnerables que estamos nos vendrán bien, el alambre que ha sobrado servirá sin duda para hacer un perímetro protector si nos toca hacer noche en el bosque, aunque espero llegar antes a la urbanización del este.
Sería más seguro.
Doy un último vistazo a la torre hecha trizas, puede que Carl tenga razón, quizá pudo saltar, quizá Rainbow siga viva, diablos, puede que hasta haya conseguido matar al cabrón del Gobernador, ¿por qué no?
Cosas más extrañas y horribles suceden cada día en este mundo.
De vez en cuando tener fe en algo bueno es incluso algo obligatorio para poder seguir peleando un día más.
Y después de tanto dolor necesitamos una buena dosis de fe en que las cosas terminarán saliendo bien de una manera u otra.
….
Abrazo mis rodillas y miro la prisión con culpabilidad, no debí dejar que Gin se separase de nosotros, tendría que haberla ayudado con Maggie, pero después de como perdí a mi madre todo en lo que podía pensar eran en encontrar a mi padre vivo.
He sido un egoísta, y ahora no sé dónde está mi mejor amiga, ella bajó de ese autobús por mí, por ayudarme.
Y yo… Yo la dejé a su suerte, si no la vuelvo a ver no podré perdonármelo.
Porque habrá sido únicamente culpa mía por abandonarla.
-Ahí viene Michonne.- Dice Mika llamando mi atención, mi padre apenas puede mantener los ojos abiertos, tiene aspecto de ir a desmoronarse de un momento a otro. Espero que aguante al menos hasta que encontremos un lugar para pasar la noche. -¿Eso son caminantes?- Pregunta Mika asimilando la imagen a duras penas.
-No te asustes, no pueden hacernos daño, fíjate.- Los señalo. –No tienen brazos, y seguramente también les haya quitado los dientes.- Sonrío orgulloso por ser amigo de alguien tan inteligente como ella. –Con su olor disimularán el nuestro, y los otros caminantes con los que nos crucemos nos dejarán en paz.- Le explico –será como dijo, seremos invisibles.-
-¿Seguro?- Me pregunta poco convencida por mi explicación.
-Mira bien, a ella no le hacen nada.- La boca de Mika se abre en o al darse cuenta de que tengo razón.
-Brillante, aunque da miedo.- Dice apretando su revólver contra su pecho.
-Puedes hacerlo,- le aseguro apoyando mi mano en su hombro. –Me seguiste hasta aquí a pesar de que no fui nada amable contigo,- tuerzo la boca molesto de nuevo conmigo por mi egoísmo. -A comparación esto es mucho más sencillo.- Le aseguro dándole confianza.
-Gracias.- Me sonríe y relaja su agarre sobre el arma.
-Ayudad a Rick a bajar,- nos dice Mich en un murmullo para no llamar la atención. En cuanto mi padre está en el suelo nosotros lo seguimos cuidando nuestros pasos sobre los coches para no hacer ruido. –Ni una palabra hasta que no estemos lejos de aquí.- Nos dice Mich mirándonos seria.
Mika y yo asentimos, cogiendo las correas de los caminantes mientras ella ayuda a mi padre a caminar, no he podido preguntarle que le ha pasado para terminar así, pero algo me dice que tuvo un mano a mano con el Gobernador.
Miro el suelo bajo mis pies con ira.
Ojalá esos caminantes que ha atraído hacia nosotros con sus explosiones le devoren, después de tanto dolor como ha causado no se merece menos.
-Cuanto humo.- Dice Mika mirando atrás sin poder evitarlo.
-No.- Digo cogiendo su mano, -no la recuerdes como él la ha dejado.- Le pido, -no mires.-
-Vale.- Responde apretando mi mano con fuerza, está asustada por llevar con ella a los caminantes, pero a pesar de que no le gusta nada lo ha aceptado sin rechistar, es más dura de lo que creía, desde luego bastante más de lo que lo era su hermana.
En verdad creo que Lizzie ya estaba perdida mucho antes de que Andrea la matase.
Suspiro y le devuelvo el apretón, ¿algún día encontraremos un hogar en el que estemos a salvo y que nadie nos pueda quitar?
En el fondo de mi corazón empiezo a sospechar que la respuesta es no.
Por fin los árboles nos envuelven librándonos del hedor a pólvora y fuego, llenando nuestros pulmones con su agradable olor a vegetación.
-¿Crees que Gin estará bien?- Me pregunta de repente Mika.
-Sin duda, además dijo que nos veríamos luego, así que eso haremos.- Le aseguro luchando por convencerme de ello a pesar de mis dudas, y es que… He visto demasiado sufrimiento innecesario como para creer en los milagros por más que quiera hacerlo.
Sin embargo, ¿quién sabe? Mi padre se despertó de un coma en medio del apocalipsis y nos encontró. ¿Por qué entonces no podría yo volver a verla?
Sí, tal vez sea posible, ¿por qué no?
Gin, volveremos a vernos, es una promesa.
*/*/*
Hola almas corsarias.
*Parte de la letra de Don´t forget me de Nathan Wagner.
Lo sé, lo sé, no me matéis por haber vuelto a separar a Cass y a Daryl, prometo que se reencontraran y que será emotivo, aunque no me comprometo a que la felicidad por verse de una pieza les dure mucho. Basicamente porque me conozco y soy una mala perra.
¿Creéis que Ale está a salvo con Carol o ella intentará jugársela? Quién sabe lo que ella quiere aparte de a #DarylSexyDixon.
Por otra parte Merle a salvado a nuestro coreano inmortal de lo que tenía pinta de ser una soberana paliza, poco a poco nuestro deslenguado Dixon va progresando adecuadamente como ser humano.
Sin enrollarme más salvo para pediros que si os gusta Negan os paseis por mi perfil y os leaís el One-shot que escribí sobre él.
Hasta aquí me despido.
Espero que el cap os haya gustado, muchos besototes for all.
