Capítulo 48: La sombra del Shogun

(Opening: Killing our memories - Fable)

13 de marzo. País de los Campos de Arroz.

El mundo nunca deja de moverse, por aquí y por allá se fraguan reuniones importantes que revelan alianzas secretas y planes macabros. Nos encontramos de regreso en el caótico País de los Campos de Arroz, mismo que ahora tambalea en autonomía pues hace algunos días La Alianza Samurái invadió y tomó control de la Aldea del Sonido, sede del gobierno de esta pequeña nación. La noticia se esparció como el agua por todo el mundo llegando a todos los oídos.

En las grandes montañas del oeste, una zona densamente boscosa e inexpugnable para grupos de reconocimiento o exploración; es aquí donde cierto ninja siniestro posee su principal guarida. Un complejo subterráneo esculpido en el interior mismo de la montaña y dotado de todas las comodidades necesarias para a guarecerse por largos periodos de tiempo.

Los niveles más profundos de este refugio son destinados a los calabozos. Prisiones de roca y acero donde las víctimas de Orochimaru son escondidas y esperan su terrible destino. La muerte es lo que muchos desearían. Es húmedo y oscuro, frio como la roca misma de la que está hecha y es solo iluminado por escasas lámparas de aceite y antorchas.

En la última celda se encontraba el cuerpo inerte de una joven chica de cabellos cobrizos; sucios de lodo y tierra. Esta mujer de grácil figura y piel blanquecina ha sido despojada de sus atavíos de combate obligada a vestir únicamente su ropa interior y vendajes que resguardaban sus heridas, lo cual aumenta la sensación de frio. Sus ojos se abrieron al escuchar el grito de una persona.

–¡¿Que?! ¿Dónde estoy? –cuestionó asustada al hallarse en un lugar desconocido– ¿Dónde está mi ropa? ¡Mis armas, mi espada! ¡¿Dónde está mi espada?!

Se levantó con premura y trató de abrir la reja que la encierra, hecha de acero sólido, no había forma de escapar. El frio la acosó obligándola a abrazarse a sí misma y tiritar.

–¡¿Hay alguien allí?! –gritó buscando respuesta–. ¡Sáquenme de aquí!

Mas alaridos se escucharon tras su exigencia, nadie parecía estar cerca para oírla y, lo peor, es que esos gritos le resultaron familiares.

–E-ese parece Kido, ¡tienen a Kido! ¿lo estarán torturando? –se dijo así misma preocupada, asustada y furiosa–. El ninja con el que pelee, él me venció, eso es lo último que recuerdo; debió capturarme y traerme a este maldito lugar. ¡Mierda!

Las especulaciones de Miyuki no eran erradas. En una sala cercana, Kido era objeto de pruebas de los científicos de Orochimaru. Un par de personas vestidas como médicos y con máscaras ocultando sus verdaderos rostros. Sasuke, Karin y Zana observaban lo que hacían a ese indefenso joven situados en un rincón de la sala.

–¡Paren, paren! –gritaba Kido. Atado a una mesa de acero y desprovisto de ropaje alguno es como lo sometieron. Dos largas ajugas perforaban su piel por las muñecas y otras dos en los muslos–. ¡Por favor!

Aquel par de sujetos realizaban su labor con una parsimonia espeluznante, ignorando con habilidad los gritos del chico. Uno de ellos empuñó una nueva aguja, más grande y larga, que estaba conectada mediante una manguera a un tanque en el suelo. La colocó en el vientre de Kido lentamente, calando la piel con esa fina y gélida punta.

–No, no, ¡no! –el miedo ante el frio metal evocó gritos que fueron estallados cuando el hombre clavó con fuerza la ajuga a través de su piel y solo dios sabe hasta que profundidad.

–Pobre infeliz –murmuró el pelinegro. Un gesto de incomodidad se formó en su rostro, casi compasión ante este suplicio innecesario–. Sería mejor matarlo.

–Por supuesto que no –alegó Zana con el ceño fruncido y mirada fijamente al joven samurái–. El maestro de este mocoso mató a mi hermano; hasta no tenerlo a mis pies disfrutaré torturando a su discípulo.

Sasuke mostraba incomodidad, pero realmente poco le importaba lo que le sucediera con Kido. Zana deseaba ser ella quien clavara las agujas en la piel del samurái. Por otro lado, Karin permanecía en silencio e incapaz de mirar lo que hacían a Kido; no es misterio que la pelirroja no está acostumbrada a este nivel de violencia y su gesto de repudio, incluso aversión, son prueba de ello.

–Y-yo iré a descansar –dijo Karin tratando de salir de la sala. Lo gritos de Kido solo ponían sus nervios de punta.

–Claro que no –objetó Zana tomándola por el brazo–. Tú y yo somos las encargadas de este mocoso, son ordenes Orochimaru. Así que quita esa cara de mustia y quédate aquí.

–E-es que…–de reojo miró a ese par en su ritual. Las agujas comenzaron a drenar la sangre de Kido–. N-no quiero…

–Vete –ordenó Sasuke–. Vete a descansar, Karin. Yo me quedaré en tu lugar.

Agradecida, y halagada, por el gesto la chica asintió y salió rápidamente de la sala. La dura mirada de ojos negros de Zana cayó sobre Sasuke como un yunque.

–¿Por qué? –cuestionó la asesina del rio asesino.

–Ella es débil –señaló con indiferencia el Uchiha–. No puede soportar ver a un infeliz siendo torturado, lo sé. Es mejor que se largue.

–Si, ya lo sabía –concordó Zana con una leve sonrisa–. ¿Por qué Orochimaru la tiene aquí? No le veo uso a esa inútil.

–Tiene un don, uno que solo Orochimaru conoce. No es asunto nuestro.

Mientras esto ocurría en las profundidades de las instalaciones subterráneas, algo aún más significativo se suscitaba en el salón personal de Orochimaru. Un ala de gran tamaño sostenida por enormes pilares tallados en la roca de la montaña, iluminado únicamente por enormes pebeteros; es donde el ninja de las serpientes se hallaba, sentado frente a una gran mesa de roca y con la mirada fija en su invitado. A su diestra, como siempre, el fiel Kabuto.

–Así que la hermosa Hokage ha creado un grupo de ninjas a los que encomienda misiones secretas –decía Orochimaru con una ladina sonrisa de oreja a oreja mientras acaricia la mesa frente a él en la que se extienden tres pergaminos.

–Es imperativo para mi causa descubrir lo que Tsunade está planeado. La mujer actúa muy apacible a pesar de los problemas que comienzan a surgir en la población: el clan Aburame está iracundo ante la muerte de uno de sus más importantes miembros –explicó con tranquilidad el siniestro Danzo. La tranquilidad que presenta revela que no es la primera vez que se reúne con Orochimaru.

–Déjame adivinar: ella no hizo nada ante el ataque samurái –aseguró riendo–. Típico de la princesa, sin Jiraiya o el tercero para guiarla no sabe qué hacer.

–El tercero está muerto, pero Jiraiya sigue vivo y no es erróneo suponer que es quien aconseja a la Hokage, eso no me agrada –agregó Danzo mientras su fiel escolta, Torune, le servía una taza de té.

–Si, ese pervertido es… complicado. ¿Te molesta que estén jugando con el exuberante cuerpo de Tsunade y no seas tú? –se burló la serpiente.

–Mi… interés por Tsunade no es de tu incumbencia –respondió tajante el siniestro Danzo.

–Yo lo llamaría obsesión, yo sé de obsesiones. Como sea, eso no es mi problema; tú eres quien debe lidiar con los asuntos de la aldea, yo tengo mis propios problemas aquí.

–Recuerda que estamos juntos en esto y la finalidad es la misma para ambos –dijo con tono serio Danzo–. Cuando yo sea Hokage tú podrás volver a la aldea para realizar, en plena impunidad, todas tus locuras con recursos ilimitados, ¿recuerdas?

–Claro que lo recuerdo, pero siendo sincero, veo esa meta cada vez más distante. ¿En verdad crees puedes ser Hokage, Danzo?

–No lo creo, lo sé. ¿Cómo está nuestro pequeño proyecto Uchiha?

–¿Nuestro? –rio Orochimaru–. Sasuke es mi discípulo, no confundas las cosas.

–¿Olvidas quién te permitió llevártelo? ¿Quién ha mantenido en secreto este patético escondite? tú estás libre y vivo, porque yo te he ayudado a esconder tu soberbia y maliciosa cara todo este tiempo, no confundas las cosas, Orochimaru y no muerdas la mano que te ayuda.

La sonrisa de Orochimaru desapreció ante tal afrenta, y no por que fueran mentiras. El aciago silencio inundó la situación mientras las miradas de ambos ninjas se enfrentaban entre sí. Torune y Kabuto también cruzaron miradas en pro de anticipar un ataque por parte del otro. La situación se calmó cuando Orochimaru comenzó a reír, y luego Danzo, aunque de forma más recatada.

–Eres un hijo de puta con una lengua muy afilada, Danzo. Él chico está bien, su poder crece rápidamente, al igual que su odio; de igual forma lo hace la marca que colocó en su cuello.

–¿Está listo para pelear?

–Se está recuperando de un encuentro con unos samuráis. ¿Qué tienes en mente?

–De camino a aquí me enteré de lo acontecido en la Aldea del Sonido, y como su kage terminó con la cabeza cercenada en una jaula. Un golpe duro para nuestra sociedad, él era nuestro espía en asuntos políticos internacionales; además tenia a sus ninjas averiguando acerca del paradero de los Akatsukis –explicó con preocupación Danzo.

–El País de los Campos de Arroz cae poco a poco en manos de los invasores. Más temprano que tarde mi ubicación será comprometedora –manifestó Orochimaru consternado.

–He hecho algunas pesquisas y he elegido a tres kages de bajo nivel para ser nuestros nuevos aliados –con un gesto de su mano señaló los tres pergaminos ofrecidos a Orochimaru–. Dejaré a tu criterio elegir al indicado. A la brevedad posible el Uchiha deberá dirigirse al objetivo y someterlo.

–Entiendo –dijo Orochimaru arqueado una ceja mientras leía los nombres en cada pergamino–. Siempre tienes un plan B, ¿no, Danzo?

–El sujeto no me agradaba, ansiaba poder remplazarlo –afirmó levantándose con intenciones de irse. Una vez en la puerta principal miró sobre su hombro y dedicó unas últimas palabras a Orochimaru–. Cuando el momento llegue, Sasuke será el ariete con el que abriremos Konoha y tomaremos el poder.

–El sello de maldición hace su trabajo; mientras más odio tenga en su ser su voluntad más débil se volverá. Al final, se convertirá en un arma viviente.

Las pérfidas miradas de estos dos villanos asintieron la una a la otra en un pacto perverso que busca destronar a Tsunade y usurpar el poder de Konoha. Sasuke, envuelto en su espiral de odio y ambición, desconoce que solo es una herramienta que gesta para destruir su otrora hogar.

Una vez Danzo fuera del recinto Orochimaru analizó los pergaminos que le fueron presentados. Su mirada de serpiente se posó con curiosidad e interés en uno. Lo tomó en sus manos para leerlo a detalle.

–Aldea de la Hierba. Creo que este será un buen objetivo para Sasuke –sonrió mirando la foto de la mujer que rige el lugar–. Kabuto, quiero que Sasuke se recupere cuanto antes, usa los medios que sean necesarios. Lo quiero listo en una semana a más tardar.

Ahora retornamos a la base costera de la Alianza Samurái. El lugar se ha convertido en una autentica fortaleza militar ricamente abastecida y repleta de soldados de la alianza que trabajan día a día entrenando y preparándose para la ansiada guerra.

Con la ciudad principal del territorio en su poder el deber de las fuerzas samurái es luchar contra los que aun osan combatir para recuperar su tierra. Escuadrones de samuráis y ashigarus salen todos los días para dar caza a estos rebeldes y aplacar su insurrección.

Caemos en una de las residencias ofrecidas a los daimyos. En la residencia del clan Mori. Clan admirado por poseer la mejor ingeniería naval y las fuerzas marítimas más fuertes del mundo samurái; es liderado por una temida y severa mujer de nombre Yuu, madre de Akame. Esta dama forjó su renombre a sangre y fuego con sus propias manos. De ella se cuentan grandes hazañas contra la marina del anterior Shogun y como tintó de rojo la costa de Kimiwa, hogar de los extintos Taira, una noche de invierno.

A su mando está una hábil y reconocida mujer samurái usuaria del yumi. Resguardadas por la privacidad ofrecida por la enorme y lujosa residencia ambas féminas sostienen una reunión privada. La arquera cae de rodillas ante su señora suplicando su perdón por sus errores en la misión encomendada.

–¡Lo siento, lo siento mucho mi señora! –dice Ren con pesar y arrepentimiento–. Cuando el Demonio Sombra usó el velo dejó por el suelo la carta que yo le entregué; fue allí donde Tetsuo la encontró. Lo único que pude hacer para evitar que la descubriera fue matarlo. ¡No había otra opción!

Yuu miró con seriedad a su fiel sirviente desde su asiento mullido. Llevó su suave mano a su fino y maduro rostro acariciando su mentón mientras articula sus siguientes palabras.

–¿Es posible encontrar el cuerpo de Tetsuo? –interroga malencarada.

–N-no…no, es imposible que lo encuentren. Está dentro del Arranca Pieles; el árbol consumirá su cuerpo y lo desaparecerá en poco tiempo. Le aseguro que nadie sabrá como murió Tetsuo.

–Entonces no tengo de que preocuparme –sus labios formaron una sonrisa sínica–. Era un patético campeón indigno de representar a su familia, está mejor muerto. Háblame de lo que pasó con Hideo, eso es lo que me importa.

–Debe estar muerto, mi señora. Vi cuando Tomoe lo atravesó con su naginata y lo dejó en el suelo; nos vimos forzadas a huir ante la llegada de los ninjas –explicó ella. Pudo relajarse ante la despreocupación de su señora por el asesinato de Tetsuo.

–¿No lo vieron morir? –Yuu rio ante esa explicación.

–N-no, supongo que no, pero era una herida mortal, mi señora. No pudo haber sobrevivido a eso…

–¡Que ingenua eres! –gritó la daimyo riendo a carcajadas; desconcertando a su sirviente–. Mi amado Hideo es un samurái legendario, una simple herida de naginata no es suficiente para acabar con él, créeme. Mi amado tiene un destino escrito que solo yo conozco, no puede morir antes de cumplirlo –detuvo sus risas perdiendo su fino mirar en la ventana de esa sala–. Yo sé que sigue vivo, lo siento aquí –llevó su mano a su pecho. El "amor" que esta mujer profesa a Hideo no parece algo ordinario.

–B-bueno, si usted lo dice…

–Escúchame bien, Ren –se levantó de su asiento–. Mi destino es unirme a Hideo y juntos derrocar a los daimyo para así gobernar el mundo como reyes. Algo que no podrá suceder si él no está conmigo. Es posible que los ninjas lo capturaran. A partir de ahora tienes la única labor de ubicar a mi Hideo, y comunicármelo únicamente a mí.

–Mi señora, eso es muy arriesgado, no tengo idea donde puedan tenerlo…

–Ese no es mi problema, Ren, es tuyo –objetó la señora con severidad ante la negativa de su subordinada–. Haz lo que tengas que hacer, sin que te descubran, solo hablarás conmigo y con nadie más.

–Si, mi señora –suspiró resignada levantándose para hacer una reverencia y luego salir del salón.

En la salida de la residencia se topó con la joven heredera Mori, Akame. Ambas chicas se conocen de toda la vida y son buenas amigas.

–Ren, que bueno que ya regresaste, ¿cómo te fue en tu misión? –preguntó la chica de cabellos rojos con una afable sonrisa.

Pero la campeona pasó de ella, no por ofensa, ni siquiera apropósito. La mente de Ren estaba envuelta en dudas y temores. Sabe que le mintió a su ama y que si es posible encontrar el cuerpo de Tetsuo si se llega a tiempo. La cara de preocupación no pasó desapercibida por los rojizos ojos de Akame.

Viajemos a otro lugar donde una reunión similar se produce. La Aldea del Sonido, ahora bajo el poder samurái fue renombrada como Bastión. La sede del gobierno del kage funge como sede de la alianza. En la sala principal de reuniones Tomoe rinde cuentas ante su daimyo, el joven Nobunaga, y los tres ancianos.

–¡No está muerto! –vocifera con dureza Masamune, golpeando la mesa frente a ellos.

–Es imposible que esté vivo –replica Tomoe intimidada por las reprimendas miradas de los ancianos y la desaprobación silenciosa de su señor–. Lo atravesé con mi arma, no pudo sobrevivir.

–Niña estúpida –gruñe Masamune–. ¡Él ha sobrevivido a peores cosas! ¡Tenías la orden de cortarle la cabeza, no era una expresión, era literal!

–Mi señor, le juro que hice todo lo posible, pero los ninjas…–se dirigió a Nobunaga; quien la acosaba con un gesto fiero.

–No estás en mi residencia, Tomoe –Masculló furioso–. ¡Estás frente al Shogun, dirígete a él!

–No debimos confiar en ella, desconoce por completo el poder del Demonio Sombra. ¡Ahora él está advertido y habrá huido!

–Tal vez los ninjas lo capturaron…–sugirió la mujer.

–¡Cállate, estúpida! –gritó Masamune–. ¿Crees que un grupo de patéticos ninjas podrán retener a ese maldito demonio? Deben estar descuartizados a la mitad del bosque.

–Masamune –llamó con voz calma el Shogun–. Cierra la boca.

Masamune, un general de temer, labrado masacre a masacre en el campo de batalla, un perro de la guerra de tiempos caóticos, ni él es capaz de contraria la suave voz del shogun.

Con la pasividad y tranquilidad propia de un anciano el Shogun se levantó de su fina silla, acomodando su kimono y tomando su fiel katana que reposaba inmóvil en la mesa junto a las de sus amigos. Su marchitado rostro articuló una grotesca sonrisa y se acercó a Tomoe.

–No te propases –murmuró Shinzo al shogun, sin obtener respuesta.

Encaró a la avergonzada samurái que mantenía su mirada agachada y su postura firme. Fue obligada a presentarse sin armadura ni armas, solo un bello kimono de color rojo que se ciñe sutil a su escultura figura, su larga cabellera es presentada suelta y lacia cayendo perfectamente por su espalda.

Samuro tomó con suavidad su mentón para que levantara el rostro y lo mirara a los ojos. Los orbes que imperan soberanos en el viejo rostro del Shogun son de un color rojo brillante; un brillo que inunda las mentes de quienes mantiene la mirada en ellos por demasiado tiempo, provocan terribles sensaciones y resultados. Tomoe desconoce el poder que el Shogun posee en su mirada.

–¿Tuviste miedo, hermosa Tomoe? –preguntó él con voz lúgubre.

–N-no, no tuve miedo, lo enfrenté con valor, l-lo juro.

Ni siquiera una poderosa campeona como Tomoe podía escapar al fulgor maldito de esos ojos que comenzaron a constreñirla en una sensación de temor creciente. Retrocedió unos pasos, pero él la siguió sin quitar su mirada de los temblorosos y grises ojos de la mujer.

–¿Qué está haciendo? –cuestionó Nobunaga al ver a su mejor campeón amedrentarse, algo impropio de ella.

–La va a castigar –sentenció Shinzo con indiferencia mientras serbia una taza de té.

Las luces del lugar se apagaron lentamente para Tomoe. Perdida en la mirada maldita del Shogun fue cayendo lentamente en una ilusión de gran poder. La oscuridad lo cubrió todo en poco tiempo dejándola sola con ese hombre, el aire se tornó caliente y pesado dificultándole la respiración.

–L-los ninjas llegaron. H-Hideo me quitó mucha energía y-y no podía pelear.

Desvió la mirada, no podía seguir viendo esos ojos endemoniados. Samuro la tomó por el cuello entonces aprisionadla contra una pared invisible. Él no tenía mucha fuerza, es solo que Tomoe no puede respirar correctamente y sus fuerzas parecen menguadas por el entorno asfixiante.

–Solo escucho escusas, mujer, no soluciones –dijo el viejo hombre frunciendo el ceño.

Fuera de la ilusión sucedía lo mismo, Samuro colocó a Tomoe contra la pared de la sala tomándola por el cuello con poca fuerza. Lo extraño para Nobunaga era que ella no hacía nada y se dejaba manipular. Fijó los ojos de su campeona, estaban completamente blancos.

–Una ilusión –murmuró sorprendido–. Shogun, le ruego se detenga, ella cometió un error, pero le aseguro que lo compensará.

–No te metas niños –dijo Masamune sonriendo ante el asustado rostro de Tomoe–. Esa inútil debe recibir su castigo digno de su error.

¿Castigo? Es lo correcto, es la tradición. Cuando un samurái falla una misión debe recibir un castigo de la mano de quien se lo encomendó. Sin embargo, y a pesar de su fama, Nobunaga no quería que su fiel y más cercana subordinada fuera castigada. La relación entre ellos es diferente a lo que se espera de un daimyo y un campeón.

–Le prometo que encontraré a Hideo otra vez y le cortaré la cabeza, se lo prometo Shogun –decía Tomoe dentro de la ilusión.

–Tranquila niña, sé que lo harás –sonrió el viejo desenvainado su katana. En ese momento una risa sepulcral resonó en todo el lugar emitiendo un eco apabullante.

–¡¿Qué es eso?! –cuestionó mirando en todas direcciones.

Una sombra se posó sobre ella. Rostro pálido y demacrado, ojos ausentes en cuencas vacías negras como un pozo sin fondo, nariz alargada y afilada como la de una bruja, barbilla en punta y prominente, dentadura de colmillos afilados como navajas que sonríen en todo momento. Sobre el rostro se tiende una cabellera negra como el velo nocturno que se agita con el aire de forma sobrenatural.

–¿Has escuchado del Rey Shinigami? Tomoe, te lo presento –sonrió Samuro soltándola.

–E-el Rey Shinigami –balbuceó petrificada de miedo. Lo último que escucharía fue una risa aterradora.

Fuera de la ilusión Tomoe gritó con todas sus fuerzas tras ser liberada de la mano del Shogun. Sus fuerzas fallaron y se precipitó al suelo.

–¡Tomoe! –exclamó Nobunaga corriendo hasta ella para atraparla en sus brazos antes de que se golpeara con el suelo.

La mujer quedó inconsciente. Con ella entre sus brazos Nobunaga la vio llorando aun presa de la ilusión; lagrimas que salían tintadas de sangre manchando su pálido rostro, mientras sus labios murmuran palabras ininteligibles entre las cuales únicamente se distingue "Lo siento" una y otra vez, su cuerpo temblaba ligeramente y su piel se volvía fría.

–Cuando despierte del Réquiem del Rey quiero que la envíes a encontrar a Hideo. Tiene que saldar su deuda sea como sea –ordenó con frialdad el Shogun envainando su arma–. Llévatela de aquí.

–¿Qué le hizo, a mi Tomoe? –murmuró mirando con enojo al Shogun.

–Envié su mente al infierno, temporalmente –reveló mirando a Nobunaga con seriedad por la forma en que se refirió a él–. Lárgate o me encargaré de que no vuelva.

Indignado, ofendido y asustado, cargó a la mujer en sus brazos y salió de allí sin mediar palabra alguna con el Shogun. Nobunaga no olvidará lo que le hicieron a su fiel campeona ese día, no lo olvidará.

–El muchacho muestra sus colmillos, no es un daimyo pasivo como los demás –murmuró Shinzo a sus amigos tras la ida del joven–. Debemos vigilarlo, no confió en él.

–Cuando cumplamos nuestra misión, los mataremos a todos, él tendrá el honor de ser el primero –agregó Masamune.

Samuro regresó a su asiento, cayendo en el pesadamente y con respiración extenuada. Shinzo le dio entonces la taza de té que sirvió.

–Te excediste contigo mismo, te lo advertí –dijo el líder de los Tokugawa.

–Y-ya no tengo el poder de desterrar mentes al infierno con la facilidad de mi juventud –reveló con pesar tomando con su temblorosa mano la taza–. Mis poderes decrecen cada día. La muerte está tras de mí, respira en mi cuello con anhelo.

–El tiempo dirá nuestro destino, y aseguro será provechoso –afirmó Shinzo con una sonrisa confiada–. Kazuhiro trabaja con empeño en encontrar la fuente Lagrima de Diosa.

–Ya no tengo tanto tiempo –reveló Samuro.

Continuara…

(Ending: Ergonomic Hero – Masa Works)