* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Hola a todos, agradezco enormemente a las personas que están leyendo esta historia a la cual le tengo mucho cariño y es muy especial para mí. Aprovecho este espacio para decirles que este fanfic ya se terminó de publicar en otra plataforma cuyo nombre empieza con W xD Estuve pensando que ya no quiero hacer esperar a las personas de esta plataforma y como un aviso solo quiero decirles que a partir de ahora estaré publicando un capítulo diario hasta publicar la totalidad de capítulos de esta historia que son 40. No está de más también aclarar que esta historia estará separada en dos partes, como les decía la primera parte ya está terminada, la segunda la escribiré hasta dentro de unos cuantos meses más. Me disculpo de antemano si a alguien le molesta eso, pero cuando vean el final de esta historia entenderán porqué estará separada en dos partes. Muchas gracias por todo su apoyo hasta este punto.
Capítulo 27
Vocalista
— ¿Nunca se han sentido como si solo fueran piezas en el juego de mesa de alguien, y cuando están a punto de llegar a la meta, ese alguien ríe cruelmente, los toma y los regresa de nuevo a la línea de salida? —Preguntó Saburota con voz apagada.
— ¿Por alguien te refieres a "Dios"? —Inquirió Taho con sarcasmo.
— Claro que no, yo no creo en Dios. —Continuó Saburota soltando un bufido—. Pero si creo que la vida a veces puede ser injusta.
Tras escuchar esto los tres soltamos un suspiro de resignación y continuamos comiendo en silencio. Después de lo sucedido con Mio había citado a Saburota y a Taho en "Happy Fod" en la tarde para contarles lo sucedido. No había tiempo que perder, entre más rápido decidiéramos que iba a pasar con nuestra banda tras el abandono de nuestra prodigiosa vocalista era mejor.
Ya que nadie agregó nada más a las frases depresivas pero realistas de nuestro líder, Taho carraspeó en voz baja y volvió a hablar con inseguridad:
— Bueno… Creo que es el peor momento para decirlo, pero… Yo también estaba pensando en que lo mejor era dejar la banda tarde que temprano.
Saburota miró incrédulo a Taho, al tiempo que se quedaba boquiabierto. Por mi parte tomé el tenedor que estaba al lado de mi plato y lo apunté peligrosamente a la yugular de mi hermano menor.
— ¿Estás seguro de lo que dices?
Pregunté con una voz baja y sombría a la que Taho solo pudo mirarme confundido y tragar saliva. Saburota continuó hablando tomando mi tenedor y bajándolo lentamente:
— Kagemitsu, no puedes amenazar a tu hermano menor con un tenedor…—Acto seguido tomó su respectivo cuchillo y de igual manera lo apuntó al cuello de Taho observándolo con malicia—: Apuntalo con un cuchillo, es mucho más filoso.
— No hagan esas bromas tan crueles…—Suplicó Taho entre risas nerviosas.
— ¿Quién dice que es una broma?
Respondí fríamente, Taho abrió sus ojos desmesuradamente y forzó una sonrisa. Le dirigí una rápida mirada a Saburota, a lo cual el entendió que Taho en verdad se lo estaba creyendo, lo mejor iba a ser dejar de bromear de una vez. El baterista dejó caer el cuchillo sobre la mesa, torció la boja y desvió la vista impaciente.
— Lo siento mucho…—Susurró Taho bajando la mirada con tristeza.
— Taho, no quiero otro bajista que no seas tú.
Confesé con voz dolida, cerrando mis manos en puños con fuerza sobre la mesa. Taho me miró por varios segundos con dolor para volver a bajar la vista, sus labios temblaron levemente, simplemente no tenía idea de que responder.
— ¿Acaso hice algo malo para que quieran dejarme? —Continué con una baja voz apenas audible para después completar en mi mente—: "Ahora solo falta que Dororo entre por la puerta, me diga que me odia y que no quiere volver a verme".
— Hermano… Todos sabemos que mis habilidades musicales no se comparan a las tuyas y a las de Saburota-san. —Me respondió finalmente con voz raposa—. Creo que, si sigo con ustedes, solo estorbaría…
— Si practicas arduamente, estoy seguro que…
— ¡Lo he intentado! —Taho alzó su voz con frustración—En verdad lo he intentado, pero no importa que tanto me esfuerce, simplemente no puedo alcanzarlos. Yo… me he dado cuenta que no quiero que esto sea mi futuro, amo la música, pero no es mi pasión como lo es para ti…
Apreté mi mandíbula al escuchar sus palabras, Taho me sostuvo una mirada nerviosa y triste. Dolían, las palabras de mi hermano menor me dolían, pero aun así ese dolor no era tan intenso como lo que me había hecho sentir Mio horas antes ¿Por qué era así? Probablemente era porque Taho nunca me había mentido, él nunca se había atrevido a engañarme como ella lo había hecho. Ese día pude entender que la traición dolía más que la sinceridad.
— ¿Estás seguro? ¿Ya lo pensaste bien? —Pregunté con desgano.
— Si, lo he pensado mucho… ¡Pero no te preocupes! Puedo brindarte mi ayuda hasta que me gradúe de la preparatoria. Estoy seguro que eso les dará el tiempo suficiente para buscar un bajista que me sustituya.
— Eso quiere decir que tú si vas a entrar a la universidad.
Saburota por fin se unió a la conversación, intentó mostrarse tranquilo, aun así, su voz era un tanto fría. Taho respondió con una pequeña y nerviosa sonrisa:
— Sí, quiero estudiar en la universidad. Estaba pensando que contabilidad o leyes estaría bien.
— Serás un oficinista que use trajes todos los días, que aburrido.
Taho pudo sentirse más tranquilo al ver como Saburota volvía a bromear, mientras lo tomaba de la cabeza y sacudía su cabello. Me fue imposible no mostrar una sonrisa de lado al verlos. Hace unas horas me había sentido tan abrumado, pero a pesar del oscuro panorama que se cernía sobre el futuro de la banda, algo me decía que eso era lo mejor, que los cambios no siempre eran tan malos como se podría pensar en un principio. Embargado por este pensamiento, le respondí a Taho con una voz mucho más relajada:
— Si ya lo pensaste bien, no hay nada más que decir al respecto. Sé un buen estudiante y sigue esforzándote en la escuela ¿de acuerdo? Haz que mamá y yo nos sintamos orgullosos de ti.
— Hermano…—Susurró sumamente conmovido con ojos vidriosos. Mi hermano menor hizo un ligero puchero, el cual trató de ocultar endureciendo su mandíbula—¡Claro! ¡Puedes estar seguro de que lo haré! ¡Y cuenta con mi bajo hasta que encuentres un sustituto!
Lo miré con ternura mientras observaba como luchaba por no perder la compostura al saber que contaba con mi apoyo. Sin importar que también me estuviera abandonado a mitad de camino, sin importar los profundos sentimientos que tuviera por Dororo, yo jamás podría odiarlo. Era mi querido hermano menor, siempre iba a ser una de mis personas más adoradas, ese día lo reafirmé.
— Bueno, nos podemos tomar lo del nuevo bajista con calma. —Continuó Saburota con seriedad— Pero ¿qué vamos a hacer con lo del vocalista? Mio-chan en verdad nos dejó en el peor momento.
— Entonces… ¿lo de la oferta de la disquera queda totalmente descartado? —Preguntó Taho con timidez.
— Es lo más probable. —Respondió nuestro líder pasando una mano por su largo cabello ondulado con gesto frustrado—. En el correo electrónico que me respondieron hicieron mucha mención de la asombrosa voz de Mio-chan. Es probable que sin ella no les interesemos.
— ¿En dónde podremos encontrar a otra persona que tenga una voz tan hermosa como la de Mio?
Su sola mención enviaba punzadas de dolor a mi corazón. Por al menos un momento deseaba ya no pensar o hablar de ella, pero en las circunstancias en las que estábamos era imposible. Afortunadamente, Saburota me distrajo de mi sufrir al dirigirse a mí:
— Kagemitsu, si no mal recuerdo… Desde la guerra de bandas me habías dicho que estabas interesado en tocar música más elaborada.
— Si… Compuse algunas canciones con un estilo más pesado y rápido, pero cuando hice pruebas con Mio su voz simplemente no se adaptó, así que las descarté.
Saburota levantó sus labios y se sujetó la barbilla con gesto pensativo. Permaneció unos segundos en silencio para después responderme con entusiasmo:
— ¿Y qué tal si con esto se nos presentó la perfecta oportunidad para cambiar nuestro estilo?
— ¿A qué te refieres? —Abrí mis ojos con interés—¿Tocar música más pesada?
Saburota se cruzó de brazos y me mostró una sonrisa traviesa al responderme:
— ¡Si! ¿Qué tal si no buscamos a un nuevo vocalista que se adapte a nuestro antiguo estilo, sino a uno que se adapte a un nuevo estilo?
Me sentí tan emocionado que me fue imposible responder. Tal parecía que mi rostro en verdad reflejaba como me sentía pues Taho dijo entre risas:
— Hermano, deberías ver tu cara ahora… Pareces un niño que acaba de abrir un regalo con un juguete que deseó toda su vida.
— Entonces, eso me parece que es un sí. —Finalizó Saburota con orgullo.
Como el mayor de los tres y el líder de la banda tenía un papel que cumplir y mantener ante Hyakkimaru y Tahomaru. La verdad fue, que cuando Hyakkimaru me dio la noticia de que Mio dejaba la banda había sentido que el sueño que tenía ya desde hace años se hacía añicos frente a mis narices.
¿Cuándo había sido que me había enamorado de la música? Probablemente fue un poco de tiempo después de que descubrí que podía refugiarme en ella tras el abandono de mi padre. Tenía tanta ira contenida, era demasiada para un mocoso de catorce años como era en ese entonces.
¿Pero cómo más podía sentirme después de lo sucedido? A mi padre no le importó dejar a mi pobre madre sola teniendo que criarme a mí, y a mis pequeñas hermanas gemelas de cinco años. Como si solo hubiéramos sido unos estorbos para él, le pareció sumamente sencillo salir de la casa para no volver. Creo que lo más difícil, lo que nunca pude perdonarle fue que lo haya hecho con una mirada tan fría e indiferente, sin siquiera volver la vista atrás.
Gracias a la música, descubrí que podía olvidarme de todo por cuando menos un momento. Shiranui Aizawa, quien era mi vecino desde que íbamos a la primaria fue quien me enseñó eso. Él también era igual que yo, él también tenía sus propios demonios con los que tenía que arrastrar, y los cuales solo desaparecían cuando ambos nos encerrábamos en una habitación y escuchábamos música a todo volumen hasta hartarnos.
"Tienes brazos largos, estoy seguro que podrías ser baterista". Recuerdo que me dijo en cierta ocasión que escuchábamos "Dream On" de Aerosmith en mi viejo y gastado radio. "Tú tienes una voz rasposa y fuerte, podrías aprovechar esos gritos ensordecedores para cantar". Le respondí en parte en broma y en parte en serio. A partir de ese día, comprábamos cuantas revistas de música podíamos para aprender más, por desgracia, no contábamos con el dinero suficiente para tomar clases, por lo cual, tuvimos que ser autodidactas.
Así finalmente aprendí a tocar la batería, logrando mejorar cada día más hasta que pude sentirme satisfecho. Dos años después del abandono de mi padre, cuando mi mamá fue incapaz de superar ese profundo dolor y decidió refugiarse en el alcohol, más que nunca pasó a convertirse en gran parte de mí, pasó a ser lo único que podía darme consuelo en esos difíciles momentos. Tocaba la batería hasta ya no sentir mis brazos, pues sentía que todo mi dolor y mi ira se eliminaban por medio de ella.
Sabía que la música era mi salvación, sabía que apostarlo todo por ella valía la pena. Quería ser un baterista famoso, y con eso poder asegurarles una buena vida a mi mamá y a mis hermanitas, por eso, era tan doloroso haber estado tan cerca de cumplir ese sueño y haberlo perdido sin siquiera poder disfrutarlo.
— Ummm… Sigue así, en serio eres bueno para esto…
Escuché gemir a la hermosa muchacha debajo de mí que era mi conquista de esa noche. Oh si, bueno, supongo que no fui del todo sincero antes. En realidad, necesitaba de dos cosas para hacer el dolor a un lado, una era la música y la otra era el sexo. Se sentía tan bien que en esos apasionados momentos me ayudaba a dejar todo atrás, escapar de la realidad por lo menos un momento.
Fue por esta razón que para intentar des estresarme un momento después de lo del abandono de nuestra vocalista no dudé ni un momento en dirigirme a un centro nocturno esa misma noche para coquetear con alguien y tener una apasionada noche de sexo sin compromiso. El romance no era para mí, no iba conmigo, yo no necesitaba el apego, solo con el placer me bastaba.
El aire a mi alrededor se calentaba conforme la mujer debajo de mí se seguía revolviendo de placer al sentir como comenzaba a acariciarla por debajo de su ropa, desabrochando su sostén en el proceso. En esas circunstancias lo mejor iba a ser que me asegurara si traía condones en mi cartera, lo que menos necesitaba era cometer un error y traer un hijo no deseado al mundo.
Apenas había decidido eso cuando escuché que mi móvil comenzaba a sonar. Gruñí a lo bajo mientras besaba a esa mujer de cuerpo espectacular al tiempo que le daba un rápido vistazo a mi móvil. Al ver el nombre en la pantalla mi corazón dio un vuelco y de inmediato me separé de ella para responder, se trataba de Shiranui.
— Hey, Shirachibi… ¿qué pasa?
Atendí su llamada mientras la chica me dedicaba una mirada de desaprobación. Cuando escuché su extraña voz responderme un mal presentimiento de inmediato invadió mi pecho.
— ¡Sabu Sabu! ¡Ven, te necesito!
Respondió entre sollozos, arrastrando las palabras y con voz ahogada. Lo conocía a la perfección como para adivinar que estaba ebrio. Además, había dejado de decirme Sabu Sabu desde que entramos a la secundaria, así que era más que obvio que mi orgulloso amigo no estaba en sus cinco sentidos, en circunstancias normales nunca me volvería a decir así.
— ¿Y ahora qué pasa, Shira? —Pregunté con frustración—Estoy en medio de algo, si esta es solo otra llamada tonta de borracho, entonces mejor…
— Soy un fracasado… Todos me odian…
Guardé silencio en cuanto escuché esas palabras, mi sangre se heló al darme cuenta que lloraba con desesperación en voz baja. Eso no podía estar bien, al parecer le había dado un bajón de nuevo.
— ¿Dónde estás? ¿En el bar de siempre?
— Si…
— ¡No te muevas de ahí! ¿¡Entiendes!? ¡Voy para allá ahora mismo!
Me levanté de la cama al tiempo que me abrochaba los pantalones. La chica se levantó furiosa y gritó:
— ¿¡A dónde vas!?
— Lo siento, un amigo tiene un problema y me necesita. No te preocupes, ya había pagado la noche en el recibidor del hotel, así que puedes quedarte aquí o irte, haz lo que mejor te parezca.
— ¿En serio prefieres estar con un amigo a pasar la noche conmigo? ¿¡Tan importante es para ti!? —Exclamó con rabia.
— Por supuesto que si…
Respondí con una pequeña sonrisa para después darle la espalda y salir rápidamente de la habitación. Al llegar al mencionado bar pude encontrar a mi amigo sentado en una de las últimas mesas al fondo, lo más lejos posible de todas las personas. Le daba un gran sorbo a un vaso de cristal con vodka mientras gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas.
No perdí tiempo y me dirigí hacia él, cuando le pedí que me contara que lo había puesto tan alterado simplemente pude permanecer boquiabierto por unos segundos, hasta que finalmente le pregunté incrédulo:
— ¿Final Line se separó?
— Si… ¡Esos imbéciles me abandonaron!
Shiranui apretó con tanta fuerza el vaso de cristal que sostenía en la mano que este terminó por romperse y causarle unos cortes en sus palmas.
— No otra vez… ¡No tienes control cuando te emborrachas así!
Exclamé con preocupación mientras tomaba rápidamente unas servilletas y las presionaba contra sus palmas, Shiranui simplemente rio en voz baja para después susurrar con una voz sombría:
— Se siente bien, el dolor se siente tan bien…
Fruncí los labios con dolor cuando al moverse las mangas de su camisa se levantaron un poco dejando al descubierto las cicatrices que tenía en sus muñecas. Cerré los ojos y apreté más las servilletas contra sus palmas, en un vano intento por alejar esos dolorosos recuerdos de mi mente.
— Basta, te he dicho que no necesitas el dolor para sentirte vivo, Shira imbécil… Agh, por eso odio que te emborraches, te vuelves tan inestable cuando lo haces… En fin ¿Por qué decidieron disolver la banda?
— Resulta que nadie iba en serio. —Respondió entrecerrando sus ojos con molestia al tiempo que daba un pequeño hipido—. Dijeron que mi música era extraña y difícil de tocar. Resulta que el guitarrista solo toma a la música como un medio para conseguir chicas, el bajista se aburrió de todo y el baterista cree que no tiene caso seguir si todos se van.
Sabía que Final Line iba a tronar de un momento a otro, sin embargo, nunca me atreví a decírselo a Shiranui para no preocuparlo o lastimarlo. Esa había sido justamente la razón por la que había decidido unirme a la banda de Hyakkimaru, porque no podía seguir soportando estar en Final Line. A excepción de Shiranui, todos los otros eran unos payasos que se tomaban todo como si fuera un juego.
Ese día, cuando toqué junto a Hyakkimaru en esa sala de ensayos, supe que él no era así, supe que lo suyo iba en serio. Pude sentirlo en sus riffs, en sus arpegios y en sus ligados, por medio de lo que me transmitió su canción ese día, pude comprender que él amaba la música tanto como yo. Por supuesto fue muy doloroso haber dejado a Shiranui para poder seguir mi sueño, pero noté que Final Line no tenía futuro desde un principio.
— Nunca podré cumplir mi sueño de triunfar con mi música. —Shiranui volvió a hablar mientras lloraba—. Mamá tenía razón… Es mejor si estuviera muerto…
Sentí un desagradable nudo formarse en mi garganta al escucharlo. Siempre era igual, siempre que Shiranui se embriagaba sacaba a de nuevo a flote todos esos dolorosos recuerdos que cargaba de su niñez. Dejó caer su cabeza contra la mesa para seguir llorando en silencio. No perdí tiempo y me acerqué a él para cubrirlo con mis brazos en un fuerte abrazo.
— Tanto tú como yo sabemos que tu madre es una escoria… Bueno, si a eso se le puede llamar madre. —Le dije al tiempo que apoyaba mi mejilla contra su nuca—. Yo no permitiré que mueras, nunca te dejaré solo, Shira Shira. Y si te mueres, entonces vas a tener que llevarme contigo.
Yo tampoco lo llamaba de esa cariñosa manera desde que habíamos entrado a la secundaria, pero poder hacerlo transmitía un sentimiento cálido a mi pecho. Al escuchar mis sinceras palabras Shiranui levantó la vista y me miró con sorpresa mientras unas pequeñas lágrimas aun resbalaban por su rostro. Al encontrarse nuestras miradas le mostré una dulce sonrisa, siempre era así, él era quien sacaba lo mejor de mí, él sacaba mi lado más amable y cariñoso. Solo él, mi apreciado amigo a quien conocía desde que tenía seis años era capaz de hacerlo.
Ya no me respondió, se movió un poco para abrazarme y dejar recargada su cabeza contra mi pecho. Sabía que el alcohol lo volvía vulnerable, que lo convertía en un atemorizado y manso gatito. El Shiranui normal me estaría gritando miles de groserías y golpeándome al intentar ser cariñoso con él, pero en esos momentos en que más me necesitaba, nunca iba a dejarlo solo. En verdad era una lástima que solo pudiéramos estar tan cerca cuando se le iba la mano con el alcohol.
— Todo está bien, tu sueño no debe terminar aquí. —Susurré dulcemente mientras acariciaba su cabeza—. Eres un genio musical, estoy convencido de eso… Es solo que no has encontrado a los compañeros de banda adecuados, aun no logras encontrar a quienes aprecien tu talento como se debe.
Simplemente no podía comprender lo que pasaba. Comparado con otros domingos, este había sido completamente irregular. No, más bien, desde el día anterior todo había estado extraño. Desde que llegué de casa de Okowa, Mio se había encerrado en su habitación y no salió durante todo el día, alegando que tenía un terrible dolor de estómago.
Horas después, cuando revisé el refrigerador para preparar algo para comer, me encontré con una rebanada de pastel que tenía una nota de Mio, el cual simplemente decía: "Hyakkimaru lo trajo para ti". Eso quería decir que Hyakkimaru había estado en el departamento el día anterior ¿acaso habían discutido y por eso mi prima se había encerrado en su habitación todo el sábado? Era lo más probable, casi podía apostar que habían discutido por el asunto de la beca.
A tempranas horas de la mañana, Mio había salido de su habitación ya alistada para salir, aunque sus ojos se veían rojos e hinchados, una alegre sonrisa adornaba su rostro. Salió temprano del departamento diciendo que quería ir a la biblioteca y a la zona comercial de la ciudad para comenzar a buscar telas e ideas para el vestido de gala que diseñaría para el concurso de la beca. El resultado era que ahora, un domingo casi al medio día, me encontraba almorzando sola en la sala.
— "Hyakkimaru tonto. —Pensé con molestia mientras le daba el último bocado a los hot cakes que me había preparado—. No importa que la rebanada del pastel que me trajiste ayer haya estado tan deliciosa, ni creas que te perdonaré por desaparecerte una semana entera y por lastimar a Mio nee".
Minutos después de terminar de almorzar, se escuchó que tocaron a la puerta. Era muy extraño que alguien nos buscara durante el fin de semana, por lo cual me dirigí a abrir un tanto intrigada. Al ver a la persona al otro lado de la puerta mi corazón dio un vuelco y los nervios de inmediato me invadieron: se trataba de Hyakkimaru.
Nos observamos en silencio pues ninguno de los dos se atrevía a hablar o saludar. Este me miraba de una manera indescifrable, por mi parte, me esforzaba por no ceder ante los sentimientos que tenía por él y mantenerme distante.
— ¿Mio está aquí?
Preguntó finalmente con una voz plana, por lo cual le respondí fríamente desviando la vista:
— No… Ella salió muy temprano, si quieres verla, lo más probable es que esté en la biblioteca que se encuentra cerca de la parada de autobús.
— Menos mal que no está aquí. —Respondió al tiempo que soltaba un bajo suspiro de alivio—. No vine a verla a ella… Vine a verte a ti, pequeña Dororo.
Continuará
