Los personajes de Twilight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.
Disfrútenlo.
Día 30
Este podría ser un día como cualquier otro, pero no lo era.
Cuando desperté con el sonido de la alarma, Edward estaba mirándome y no fue necesario decir nada. Lo abracé por algunos minutos y dejó la cabeza enterrada en mi cabello, inspirando mi olor.
—¿A qué hora vamos a salir? —cuestioné—. Aún ni siquiera he hecho mi maleta.
—Nuestro vuelo llega un poco tarde a LA —habló—. Puedes quedarte hoy en casa, no necesitas irte a la tuya.
—Tengo que regresar, Edward. Si me quedo en tu casa, la gente de mi trabajo va a notar que estoy haciendo algo mal. No puedo detenerme ni a pensar en el artículo que tengo que escribir, y va a ser muy difícil tener que poner en cuatro míseras paginas todo lo que pasamos en estos treinta días.
—¿Qué diferencia hará un día? —cuestionó, apretándome en sus brazos—. Es solo una noche más conmigo, no pueden creer que eso va a hacer alguna diferencia.
—Es una noche menos que no estaré enfocada en el trabajo. No vamos a hacer que las cosas sean más difíciles, Cachorro —hablé, apartando mi rostro de él y mirado sus ojos—. Tanto como te duele a ti, me duele a mí.
—Todos estos días... parecía que hoy nunca iba a llegar. Quiero decir, sabía que ibas a irte en algún momento, pero estando aquí… ahora. Es hoy. Es difícil asimilar esto y a cada segundo se torna más real.
—No vamos a decirnos adiós —hablé—. No vamos a despedirnos. Anoche ya hicimos eso, hoy no quiero llorar más.
—¿Crees que vas a conseguirlo? —cuestionó con aire de risa.
—Estoy intentando convencerme de eso.
Permanecimos en la cama acostados, intercambiando caricias y palabras de afecto, hasta el momento que fue posible. Nuestro vuelo salía a las ocho, y antes de embarcar tenía que despedirme de mi papá. Sí, parece que hoy era el día de las despedidas.
Charlie iba con nosotros en el carro que nos dejaría en el aeropuerto, y estaba sentada entre él y mi novio; mi cabeza descasaba en el hombro paterno mientras Edward tenía sus dedos entrelazados con los míos. Era el tipo de comodidad que yo necesitaba.
Cuando llegamos al aeropuerto, algunos paparazzi estaban esperando a Edward y temí por mi papá pues sabía que, con la exposición, él se sentía tan incómodo como yo. La seguridad del lugar nos ayudó y logramos pasar rápidamente por el sitio donde los hombres esperaban con sus cámaras.
A la hora del embarque tuve que pedirle un momento a todos para poderme despedir de mi papá, quien se iría a Phoenix, al contrario de mí, que regresaría a Los Ángeles.
—Buen viaje —desee—. ¿No quieres venir con nosotros? Estoy segura que a Edward no le importaría.
—No, mi niña. Hoy es el día que aprovecharán el resto de tiempo que aún tienen por delante. Ya es un enorme placer haber tenido la oportunidad de pasar el día de ayer contigo y aplacar esta inmensa nostalgia que sentía.
—También —respondí abrazándolo.
—Cuando completes tu trabajo, piensa en tu futuro, mi niña; no creas que, por que todo en la vida exige un sacrificio, es tu vida la que debe ser sacrificada. Me preocupo por ti.
—No necesitas preocuparte.
—¿Y decir eso sirve? Soy tu papá, Bella, me preocupo por ti desde el día que recibí la noticia que tu madre estaba embarazada.
—Gracias —agradecí—. Por todo.
—De nada. Y para de hacer esa cara de llanto, que sino también harás a tu viejo llorar y nadie quiere eso.
—Voy a extrañarte —dije, dándole un beso en la mejilla e intentando contener mis lágrimas.
—Hasta pronto, ¿eh?
—Sí, pronto. Lo prometo. Dale mis recuerdos a Sue, dile que estoy extrañándola demasiado y no veo la hora de darle un fuerte abrazo.
—Puedes estar tranquila —habló y, de pronto, miró sobre mi cabeza. Cuando me giré, vi que Edward estaba atrás de mí.
—Nos tenemos que ir, Garrapata —dijo.
—Ya estaba yendo.
—Hasta pronto, señor Swan —Edward se despidió de mi papá dándole un abrazo y una palmada en la espalda.
—Ya te dije que me llamaras Charlie. Desde que no me confundas con Carlie, no hay problema —comentó y Edward rio por algún motivo que no entendí. ¿Quiere decir que ahora tenían bromas internas y todo eso?— Cuida de mi niña
—No haría otra cosa —dijo, colocando los brazos a mi alrededor.
—Gracias. Los veo pronto, ¿eh? promesa.
—Puedes estar tranquilo —dije, dándole un beso más y caminando con Edward al lugar donde embarcaríamos.
Fue solamente tiempo de entrar en el avión y sentarme en la silla, para que el grifo fuera abierto.
—Creo que él está decepcionado de mi —hablé, limpiándome las lágrimas—. En todo momento habló mal de mi trabajo.
—No está decepcionado, Garrapata —intentó consolarme—. Tu papá se preocupa por ti. ¿No ves que hasta hoy mi mamá se mete en lo que hago? Cuando entré en la gira de mi primer álbum, a ella solo le faltó irme a buscar al inicio de cada show, alegando que trabajar de esa manera debería ser considerado un crimen y que iba a perder la voz. Con el drama y todo. Cosas que los padres hacen.
—Tengo que encontrar un espacio en los próximos seis meses para pasar algún día con él. Tal vez consiga escaparme en Navidad —hablé—. Podríamos reunir a tus padres y los míos, pero Sue tiene que venir en carro.
—Hacemos lo que quieras —dijo, dándome un beso en la frente—. Desde que estamos juntos, no hay errores.
—Mi papá va a estar confabulando con tu madre y Zaza —reí imaginando—. Se van a llevar muy bien.
—Estoy seguro. Y mi mamá va a poner en la cabeza de Charlie que debe convencerte para darles un nietecito; y tontear aún con esa táctica de "quiero ver un hijo tuyo antes que muera". Era eso lo que le decía a Emmett y Rosalie.
—Por lo menos ahora va a tener el primer nieto, ¿cierto? Creo que va a tardar un poco para que empiece a presionarnos con ese asunto. ¿Tu madre es tradicional? Apuesto que primero va a querer que nos casemos.
—¿Quieres casarte? —cuestionó.
—Hmmm… —murmuré, sintiendo mis mejillas colorearse. La imagen del sueño que tuve noches atrás, regresando a mi mente—. Algún día. ¿Por qué?
—Curiosidad. Parece que ya conversamos tanto sobre todo, que encuentro interesante cuando tengo la oportunidad de saber algo nuevo de ti.
—Hay cosas que descubrimos con el tiempo —respondí.
—O cuando llamas a tu amiga para cenar con su novio y ella cuenta todas tus vergüenzas —dijo con una risa.
—Sí, eso también. Qué bueno que mi pasado trágico te divierte.
—Divierte demasiado. Un día, voy a escuchar alguna historia vergonzosa de tu boca; aunque sea cuando estés borracha. Además, nunca te he visto borracha. Bien, un día intenté…
—No me viste borracha, pero ganaste un beso mío.
—Verdad. Y qué beso… —habló, pareciendo recordar exactamente como fue. También me acordaba y jamás me olvidaría—, me sorprendiste por completo, para variar. Creí que ibas a decir que me había pasado de los límites, pero de pronto, te subiste a mi regazo y me besaste con tantas ganas que, si en algún momento dudé, en ese minuto tuve la seguridad de cuánto querías eso como yo.
—Y después salí corriendo como una niña asustada. Que tonta, debería haber aprovechado —hablé—. Ahora el día está terminando y parece que no aproveché lo suficiente.
—¿Y crees que algún día será suficiente?
—Probablemente no —admití.
—Lo aprovechamos, Garrapata, incluso cuando aún no éramos novios; estábamos juntos y cada día descubriendo un motivo por el cual deberíamos ser una pareja. Cada día fue adecuado.
—Lo sé —dije, recostando mi cabeza en su hombro y sintiendo su olorcito de jabón que tan impregnado estaba en su camisa—. Voy a querer llevarme esa camisa que estás usando. Tiene tu olorcito a jabón.
—¿No te quieres llevar mejor el jabón? —cuestionó riendo.
—¡Quiero llevarte a ti! Aquí en mi bolsillo —hablé, colocando la mano encima de mi pecho, sobre el bolsillo de mi blusa.
—Justo, es un bolsillo hecho para mí. Mi lugar favorito. Si cupiera ahí dentro, tu pecho sería mi colchón.
—Cállate —dije, soltando una carcajada—. Creo que voy a comprar tu muñeco.
—Guárdalo en tu pecho, en mi honor.
—Puedes estar seguro —hablé con una risa—. Es la segunda vez que vinimos a NY y nunca tuvimos la oportunidad de aprovechar —comenté, mirando a través de la ventana.
—Un día lo aprovecharemos.
—La primera vez fue tan divertida. Digo, nosotros en el avión. Aunque Jessica me haya mirado mal el viaje entero, valió la pena solo por el hecho que estabas provocándome.
—Te gusta cuando te provoco, ¿eh?
—Lo amo —admití con una sonrisa—. Dios, ¡y días después pediste que durmiera contigo! Fue tan audaz de tu parte decirme eso.
—Y te negaste.
—No tenía cómo, no podía simplemente acostarme en la cama contigo.
—Ni una semana después te acostaste.
—Fue diferente. Creo que necesité del tiempo para saber que no tenía otra manera cómo todo pasara.
—Después aún quisiste huir, cuando mis padres estaban en casa. Creíste que podías librarte así de fácil de mí. Sabía que regresarías.
—Tu cama es más deliciosa que la mía.
—¿De verdad?
—Aham. Duermes en ella, se vuelve más calentita y olorcita.
—Voy a extrañarte esta noche. Cuando peleamos, no pude dormir sin ti a mi lado.
—Es diferente, habíamos peleado. Ahora, solo es una cuestión de estar cumpliendo con mi trabajo.
—Aun así, será difícil.
—Lo sé.
Nos quedamos recordando cosas que pasamos, con humor y nostalgia. Todo pasó muy rápido. El hecho de haber dormido poco, no ayudó mucho y terminé rindiéndome al sueño, recostando mi cuerpo encima de sus piernas.
—Garrapata —llamó.
—¿Hmmm? —cuestioné, despertando y sobando la nariz en la tela de su pantalón.
—Vamos a aterrizar, siéntate. Y por el amor de Dios, para de restregar la cara ahí cerca, porque sabes que esa región tiene voluntad propia —dijo y me levanté en ese mismo momento al escuchar la carcajada de Félix detrás de nosotros.
—Siempre tan discreto —le dije a Edward y también le lancé una mirada a Félix.
Llegamos a LAX puntualmente a las dos de la tarde. Benjamin fue a buscarnos y no veía la hora de sentarme en el comedor para comer el delicioso almuerzo de Zafrina.
Apenas entramos a casa, era posible escuchar la música en la cocina y fue para allá donde corrí. Ella estaba removiendo la comida en una olla y canturreando.
"Don't go home, my little darling
Please don't leave the party yet
Don't go home, my little darling
Now that we have finally met."¹
Fui en su dirección y coloqué mis brazos desde atrás, envolviéndola en un abrazo. Por un segundo se asustó, pero en seguida pareció reconocer quién era.
—Me voy hoy, Zaza —hablé después de un tiempo.
—Lo sé.
—Gracias por todo, abuela —agradecí, sintiendo lágrimas formarse en mis ojos.
—No necesitas agradecer.
—Sí, lo necesito. Gracias por los consejos, por preocuparte por mí, por hablarle bien de mi a Esme… por la comida —dije con una risita.
—Niña… —dijo ella, girándose en mis brazos y noté que estaba tan emocionada como yo—, mereces unas palmadas por hacer llorar a una señora de mi edad.
—Voy a extrañarte.
—Para de hablar como si no nos fuésemos a ver nunca más. ¡Dentro de poco regresas!
—No va a ser lo mismo.
—No porque no va a ser igual, va a ser peor. Para de llorar, niña.
—También estas llorando —hablé bromeando.
—¡Porque me estás haciendo llorar!
—Dios mío, ¿qué festival de lágrimas es ese? —preguntó Edward, mirándonos y viniendo en nuestra dirección, abrazándonos al mismo tiempo—. Pueden parar. Miren la música alegre de la radio, están arruinando el ambiente.
—Y ahí viene él con eso… —bufó Zaza, limpiándose las lágrimas.
—Nada de desánimo. Además, ¿qué olor tan bueno es ese? ¿Puedo probar? —peguntó, metiendo el dedo en la olla.
—Edward Anthony, si metes en dedo en la comida, vas a llevarte una palmada en la mano —dijo ella y en ese mismo momento él se congeló, retirando la mano que estaba casi llegando a la comida.
—Solo un poquito.
—No. Ve a poner la mesa con Bella. Y niña, para de decir adiós, ¡dentro de poco vamos a vernos de nuevo! No me hagas también darte unas bofetadas.
—Ok —respondí riendo.
—Pusimos los platos en la mesa y esperamos la comida. Zaza nos sirvió y se sentó con nosotros después de llamar a Carmen. Conversamos poco y, apenas terminé, subí a mi cuarto con el propósito de arreglar mis maletas. El tiempo parecía estar pasando más rápido de lo normal.
—¿Quieres ayuda? —preguntó él.
—No, pero quédate conmigo —respondí, abriendo una maleta y mirando todo lo que tenía a mi alrededor—. La verdad, si tienes una maleta para prestarme, estaría muy agradecida; creo que Alice logró triplicar mi armario. Probablemente voy a dejar algunas cosas aquí.
—Está bien, quedan para cuando vengas a visitarme.
Arreglar maletas era una porquería y odiaba hacerlo, solo tenía ganas de pasar la mano por las perchas y meter todo dentro del equipaje, pero infelizmente, tenía que ser una persona organizada y poner cosa por cosa, para que fuese posible caber todo en el pequeño espacio.
—Estoy preocupada —comenté.
—¿Por qué?
—Normalmente, en el punto en el que estoy, ya sabría quién será mi siguiente celebridad, pero la gente de la revista no me ha dicho nada. La única cosa que sé es que apenas el artículo esté listo, tengo una reunión con Alec. Eso no me huele bien.
—¿Crees que te quieren despedir?
—No lo sé, espero que no; pero es muy extraño, no sé si quieren que firme un nuevo contrato. No sé… no me hule bien. ¿Crees que debería llamarlos?
—Si te está incomodando mucho, llama. En caso contrario, creo que será mejor esperar esa reunión que tienes.
—Sí —respondí— ¿Traes esa gaveta para mí?
—¿Ésta? —cuestionó apuntando.
—Eso.
Fui agarrando ropa por ropa, hasta que en el fondo estaba el conjunto floreado que Alice tanto odiaba. El problema fue que, cuando estaba doblándolo, noté que tenía huecos enormes, hechos es cada pieza de ropa.
—¿Qué mierda es esta? —cuestioné, mirando a Edward a través de un agujero de la blusa.
—Juro que no fui yo, pero tengo una sospecha de quién pudo haberlo hecho…
—¡Alice! —exclamé, agarrando mi celular y llamándola en ese mismo momento—. ¡Alice, tú, hija de tu madre!
—Dios mío, estás aprendiendo como mi hermano, ¿eh? ¿Qué hice ahora?
—¡Mi conjunto floreado!
—Ah, sí… ok, puedo tener la culpa.
—¡No puedo creer que le hiciste hoyos!
—Dijiste que no lo podía tirar. No comentaste nada sobre cortarle algunos pedacitos de tela con las tijeras.
—Tú… Tú…
—¿Tú qué? ¡Estoy librándote del mal! Y puedes continuar guardándolo de recuerdo. Solo no lo uses, por el amor de Dios.
—¡Eres una plaga, chica!
—Prefiero decir que soy una mujer astuta! ¿Estás haciendo la maleta?
—Sí. ¿No vienes a verme?
—Hmmm. No, pero paso a tu casa mañana.
—¿Sabes dónde vivo?
—Es claro que lo sé, Bella. Te veo mañana. No vayas a llorar, ¿eh? prometo que no me alejaré de ti.
—Claro, solo me vas a visitar para mirar el armario de mi casa.
—Claro que no. Ok, tal vez le dé una miradita, pero Edward me dijo que estás deprimida y lloriqueando, entonces, voy a pasar a animarte porque si hoy estás así, mañana vas a estar en el fondo del pozo. ¡Hasta pronto, tengo cosas que hacer! Besos.
—Beso —me despedí—. ¿Qué cosa es esa de que le hablaste a tu hermana diciéndole que estoy deprimida y lloriqueando?
—No usé esos términos.
—Dijo que va a visitarme.
—Mi pésame.
—¡Para de ser odioso con tu hermana!
—Ella es la odiosa, no es mi culpa.
—¿Qué vas a hacer mañana? —cuestioné.
—Un show pequeño en Florida. Debo salir de aquí bien tempranito.
—Ahora va a comenzar esa cosa aburrida de estar viajando. Quiero decir, aburrida para mí, que voy a quedarme aquí y tú divirtiéndote.
—No me divierto, es solo trabajo. Y Garrapata, tenemos que hablar de algo serio.
—¿Qué?
—No puedes creer en todo lo que los periódicos y revistas hablen. Porque como vamos a estar separados, puedes estar segura que van a inventar chismes, de que estoy con otra o cualquier tontería del género.
—Sí, claro que no voy a creer en eso.
—Ok, pero si estas insegura con algo, ¿me prometes que vas a llamarme o encontrar una manera de hablar conmigo antes de que te llenes de paranoia?
—Lo prometo.
Terminé de arreglar mi maleta y, cuando miré el reloj, ya pasaba de las cinco de la tarde. Edward pidió que hiciera un poquito más de tiempo y nos quedamos acostados en la cama, intercambiando miradas, sonrisas y muecas. Trajo a Nessie para estar a mi lado y abracé a la cachorrita hasta que comenzó a reclamar —ladrando— que la estaba apretando demasiado. En seguida dejé que lamiera mi mejilla y me quedé rascando su barriguita hasta que se durmió, silenciosamente dándole mi despedida. Extrañaría tanto a esa pequeñina.
—Me tengo que ir —hablé, despertándonos de nuestro mundito—. Aún no me he despedido de Carmen.
—Ve a despedirte de ella, que yo pondré tus maletas en el carro.
—Ok, deja solo mi bolso. Yo lo llevo.
Bajó antes que yo y me quedé sentada en la cama algunos minutos más, mirando mi alrededor y agarrando mi celular para sacarle una foto a Nessie durmiendo. Encontrando que ya estaba siendo demasiado sentimental, bajé para despedirme de Carmen.
Ella estaba arreglando unas cosas de la sala cuando llegué a su lado.
—Carmen, ya me voy —hablé, tocando su hombro.
—¿Ya, chica? ¡Pero todo es más divertido contigo aquí!
—¿Sí? ¡Creí que era mejor porque podías mirar libremente a mi novio! Quiero decir, antes que no fuera mi novio; pero mira, no porque estaré lejos puedes estar con tus ojos en él, ¿eh? Zaza te estará vigilando por mí.
—¡No es mi culpa que el guapetón se la pase andando en calzones! Puedes estar segura que no va a tener la misma gracia mirarlo sin que estés cerca, ¡es más genial cuando pones esa cara irritada! —Habló riéndose.
—Hasta pronto —dije, abrazándola.
—Hasta pronto, chica. No provoques porque Edward… pedazo de tentación…
—Cuidado con lo que dices, ¿eh? Zaza va a mantenerme informada en caso que te salgas de los límites.
—Solo fue una provocación final —comentó con un guiño.
De pronto, Edward surgió de la nada a mi lado, pareciendo un poco agitado.
—¿Está todo bien, Cachorro?
—Sí, vamos afuera —dijo, halando mi mano.
—¿Por qué vamos a salir al jardín? —cuestioné—. Mi carro está en el garaje, del otro lado.
—Antes quiero mostrarte una cosa.
Cuando salimos a la parte trasera de la casa, entendí lo que me quería mostrar. En el lugar al lado del futton, había lo que parecía ser una tiendita; en el centro una mesa con velas, platos, cubiertos y un balde con champagne. Alice estaba parada al lado, arreglando las servilletas.
—¿Aún hay tiempo para cenar? —cuestionó.
—No puedo creer que preparaste esto —hablé, emocionada con todo.
—La verdad fue Alice, pero la idea es mía.
—¡Edward, te dije que aún no había terminado! —gritó Alice.
—No hace falta más nada, Alice. Así está bien —dijo él, entrelazando los dedos con los míos y haciendo que mis pies se movieran hasta la mesa.
—Ok, ok —dijo ella, arreglando un tenedor—. Está todo listo. ¡Mañana te veo, Bella! Aprovechen.
Con eso se despidió, dando un beso en mi mejilla e hizo lo mismo con Edward, en seguida caminó en dirección a la puerta. Él haló la silla para mí y me senté, aún perpleja con todo, mis ojos lo siguieron y vi que hacía algo en su iPod, que estaba conectado a una pequeño parlante. Optó por una música lounge, que recordaba mucho al bossa nova.
—¿Qué cara es esa? —cuestionó.
—La cara de una enamorada muy sorprendida con esto.
—De forma positiva, espero.
—Y claro que es de forma positiva, Edward, jamás esperaba que fueras a hacer algo así para mí, tan romántico.
—Lo intento… —habló con una risita—. La comida no es muy sofisticada; la verdad, pedí comida china. Es así como te gusta tu yakisoba, ¿eh?
—Sí. ¿Vamos a comer yakisoba con champagne, Edward? —cuestioné riendo—. Esa es una combinación un tanto… exótica.
—Mierda, no pensé en eso. ¿Prefieres agua?
—¡No, vamos a comer yakisoba con champagne!
Puso el contenido de la cajita en mi plato y un poco de pasta cayó en mi vestido. Pobrecito, mi novio estaba todo nervioso y perturbado. Lo ayudé e insistí en que no necesitaba disculparse. En el momento de poner la comida en su plato, lo ayudé. Comimos intercambiando sonrisas bobas y miradas apasionadas. Esa fue la mejor forma que él había encontrado para despedirnos.
—¿Estaba bueno? —cuestionó.
—Sí. ¡Una delicia! Como me gusta.
—¿Quieres tu galleta de la suerte?
—¡Sí! —exclamé animada.
—Pero recuerda que, si es malo, no lo comas. No vayas a escupir encima de mí de nuevo.
—Ok, ok. Ya aprendí.
Me entregó la galleta y abrí el empaque con ánimo, loca por saber lo que estaba escrito en el papelito blanco que venía dentro.
—"Tu perspectiva se aclarará solo cuando mires dentro de tu corazón" ¿eso es bueno o malo? ¿Lo cómo? —cuestioné, releyendo una vez más el mensaje e intentando descifrar qué era eso.
—Creo que sí. Come —habló y puse la galleta dentro de mi boca, adorando su sabor—. ¿Y tú? ¿No tienes uno?
—Lo tengo. "Con sinceridad y determinación, cualquier decisión será favorable" —leyó—. Me gustó, voy a comerlo.
—Ya está oscuro —hablé, mirando al cielo.
—Aham, ya pasan de las siete —informó él.
—Sabes lo que quiere decir eso, ¿eh? —cuestioné.
—Sí —dijo, con una expresión triste en el rostro. Besé sus labios y en seguida me puse en pie.
—Me tengo que ir.
—Calma. Baila conmigo —habló, halando mi mano—. Una cena a la luz de las velas siempre exige un baile.
—Edward...
—Solo uno, Garrapata.
—Ok —respondí y salió de mi lado para ir hasta el parlante en donde su iPod estaba conectado—. ¿Por qué no cantas para mí en lugar de poner algo?
—Podría preguntar la misma cosa. ¿Por qué no cantas para mí? Soy siempre el que estoy cantando.
—Porque no soy cantante.
—Eso no es excusa. Sé que no eres cantante, pero eso no significa que no me gustaría escuchar tu voz cantando algo para mí.
—No vengas con esas patrañas melosas, sabes que no es justo.
—Para mí no cantas, pero diversas veces te atrapé cantando con Zaza.
—No juegas limpio —dije, con mis ojos cerrados y haciendo un puchero.
—¿Eso significa que te convencí? ¿Vas a cantar para mí?
—Ya estuve de acuerdo con bailar.
—Vamos, Garrapata, sé que debes tener alguna canción que te haga pensar en mí, ¿cierto?
—Tal vez, pero no voy a cantar.
—Ok, entonces toma mi iPod y ponla para que bailemos.
—No debes tenerla.
—Pon tu iPod entonces. ¿Por casualidad estás intentando evadirme?
—Tal vez.
—¿Por qué?
—Por causa de la canción, no sé.
—¿Por qué? ¿La letra habla de suciedades? ¿Es algo tipo "I touch myself"? —preguntó con una sonrisa malvada en el rostro.
—No —respondí riendo.
—¿Entonces qué? Me estás poniendo curioso.
—Ahora no vas a dejarme ir sin antes escuchar la canción, ¿eh?
—Me conoces tan bien. La verdad, todo lo que necesito es una disculpa para mantenerte en casa —habló y mi corazón se partió nuevamente. Quería quedarme con él.
—Si te ríes, te mato —hablé, agarrando mi iPod del bolso y conectándolo al sonido. Apenas encontré la canción, le di play.
Caminé hasta Edward y puso los brazos a mi alrededor. Respiré profundo y me prometí a mí misma que no iba a llorar, pero su olor invadía sus fosas nasales y la forma que sus manos se amoldaban a mi cuerpo, me daba ese sabor amargo de nostalgia.
No tardó mucho y la poderosa voz de Adele surgió.
"Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am home again
Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am whole again"²
Agarrando coraje y dejándome llevar por la música, comencé a cantar en su oído. Mi voz salía débil y era, en verdad, como si estuviese susurrándole al pie de su oreja y contándole un secreto. Las palabras de la canción no podían ser más sinceras.
"Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am young again
Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am fun again"³
El coro se acercaba y era la parte que más nerviosa me ponía. Nunca le había dicho eso, esperaba que entendiera que no era solamente parte de la canción, era algo que realmente sentía.
"However far away, I will always love you However long I stay, I will always love you
Whatever words I say, I will always love you I will always love you"⁴
Mi cabeza estaba enterrada en su cuello y mis ojos mojaban su camisa. Al menos intenté controlarlo cuanto pude, pero ahora, exponiendo tan claramente todo lo que sentía en esos días en que estuvimos juntos y soñando con treinta, sesenta, noventa y sin importar cuantos días más nos permitirán, era difícil sostener el llanto. Esto tenía sabor a despedida.
—Va a estar todo bien, Garrapata —dijo, besando mi cabeza—. Mírame.
—Te dije que no quería llorar —comenté, limpiando las lágrimas que insistían en caer por mi rostro.
—¿Por qué tenías vergüenza de cantar eso para mí? —cuestionó.
—No lo sé —me encogí de hombros.
—Garrapata…
—Nunca te lo dije en voz alta. Tenía miedo.
—¿Por qué? Es obvio que es correspondido.
—Lo sé. Siento que es así, solo que a veces es bueno oírlo también —admití, sintiendo nuevamente mis ojos llenarse de lágrimas.
Se acercó a mí una vez más, puso los brazos a mi alrededor y bajó la cabeza. Sus labios casi golpeando mi oído.
—Te amo —habló—. Te amo, Bella.
—También te amo —dije, agarrándolo con todas las fuerzas que tenía—. Te amo tanto. No quiero dejarte, no quiero irme.
—No te vayas, por favor —pidió, halándome tan cerca de mi cuerpo que mis pies llegaban a salirse del suelo.
—Edward…
—Lo sé —dijo, besando mis labios—. Lo sé.
—Llámame. No es necesario que sea todo el día, a todas horas, pero quiero escuchar tu voz —hablé—. Y en cuanto a tu plan de secuestrarme alguna noche, está bien, podemos intentar encontrar una manera para eso. Cualquier cosa, llego calladito, con los zapatos en la mano, sea con la celebridad que viva. Entrené mucho durante mi adolescencia viviendo con mi papá.
—Ok —respondió, soltando una risa y pasándose la mano por los ojos—. Mierda, una basura calló en mi ojo.
—Basura, ¿eh? —pregunté con una sonrisa en el rostro.
—Sí. Sóplame —dijo, agachándose y quedando su cara frente a la mía. Solo le di un beso en los labios.
—Te amo, Cachorro. Carajo, es tan bueno decir eso en voz alta. Parece que un peso se quitó de mí.
—También te amo, Garrapata —dijo, pasando las manos por mi cabello y ofreciéndome una enorme sonrisa. Nunca lo vi tan lindo, aún con los ojos llorosos. Su tacto solo hacía que sus palabras sonaran más verdaderas.
—Tengo que irme. Ya me quedé más de lo que está en nuestro contrato.
—Ok —habló—. Voy a llamar a Félix.
—No es necesario, Edward, creo que puedo ir sola, solo necesito despedirme de él.
—No. La distancia de aquí hasta tu casa es grande, y digamos que tu estado no es uno de los mejores, no quiero que te pase algo malo. Benjamín irá en tu carro y cuando Félix te deje en casa, regresará con él.
—Ok —concordé.
Félix no tardó en llegar y no tuve cómo hacer más tiempo. Besé a mi novio, sin importarme quién estuviera viendo y le dije chao con la mano a Zaza, que nos observaba desde la puerta principal.
—Te llamo hoy —dijo, besando mi mejilla, mis ojos, mi frente, mis labios.
—Ok.
Cerró la puerta del carro, pero aún miraba a través del vidrio, viendo su silueta cada vez más pequeña. Cuando no fui capaz de enfocarlo, recosté mi cabeza en el banco y lloré silenciosamente, despidiéndome de mi tan adorada rutina a su lado. De las mañanas de desayuno escuchando a Zaza canturrear, de la manera que a él le gustaba despertarme a besos, de las payasadas que hacía solo para provocarme y avergonzarme, de Nessie corriendo detrás de nosotros, de saber que por más cansado que el día de trabajo fuera, dormiría a su lado y en ese momento era como si existiéramos solo nosotros dos.
No tardamos mucho para llegar donde vivía, pero cuando vi el humilde jardín y mi modesta casa, me di cuenta que era el momento de encarar la realidad.
—¿Dónde dejo las maletas? —cuestionó Félix cuando abrí la puerta.
—Puedes dejarla aquí mismo —hablé, apuntando al suelo de la sala—. Después tendré que arreglar todo eso en el armario.
—Está bien. Entonces creo que es eso, Benjamín está esperándome.
—Gracias por todo, Félix —hablé, tirándome encima de él y apretándolo con tanta fuerza, que tuve la absoluta certeza que estaba incómodo, pero aun así salió de su zona de confort y puso los brazos a mi alrededor.
—Fue un placer, señorita. Nos veremos en breve, ¿verdad? —preguntó con una enorme sonrisa.
—Sí, Félix, espero que sí.
—¡Lo apuesto! —dijo, guiñándome y haciéndome sonreír.
Lo acompañé hasta el carro y me despedí de Benjamin con un leve asentimiento, ya que nunca fuimos cercanos.
Al regresar al interior de mi casa, nada me parecía familiar. Era todo tan extraño que no podría llamar casa a esto. Agarré un vaso de agua y bebí rápidamente, las maletas serían deshechas mañana, hoy todo lo que quería era quitarme la ropa, tomar un baño y ponerme ropa que tenía el olor a Edward.
Fue exactamente eso lo que hice. Me acosté en mi cama, oliendo la blusa que vestía y mirando la foto del fondo de mi celular, en la que mi novio dormía con nuestra cachorrita. De pronto, fui tomada por sorpresa cuando el aparato empezó a vibrar en mi mano.
—Hola, Cachorro.
—Hola, Garrapata. ¿Ya estás acostada?
—Sí —afirmé con una sonrisa en el rostro.
—Solo te llamé para darte las buenas noches.
—Ok. Buenas noches, Cachorro. Te amo.
—Buenas noches, Garrapata. También te amo.
Al contrario de lo que pensaba, dormí como un ángel. Su olorcito aún estaba conmigo y sus palabras se hicieron eco la noche entera en mi cabeza. Te amo.
AQUÍ UNA ENTREVISTA QUE LA AUTORA, BLUEBERRYTREE LES HIZO A LA GARRAPATA Y AL CACHORRO ;)
…
Berry entra en el closet de Bella, ve a la Garrapata y al Cachorro arreglando una maleta y corre hasta los dos, abrazándolos como si fuese la personificación de la felicidad y ellos fueran animalitos tiernos.
—¡Son hermosos!
—No estoy muy contenta contigo —dijo Edward.
—Ih… ¿qué hice ahora?
—¿Tenías que haber puesto treinta días? ¿No podía ser la Celebridad del Año?
—No puedo hacer nada, era así.
—Podías dejarla quedarse aquí en casa… —murmuró.
—Claro que no.
—Claro que sí, eres quien escribe. Puedes decidir todo.
—¡Edward! —interrumpe Bella—. No discutas con ella porque aún faltan cuatro capítulos. Si se pone de mal humor, estamos acabados.
—Deberías escuchar a tu Garrapata.
—¿En qué te podemos ayudar? —cuestionó Bella.
—Vine a que contesten algunas preguntas. La primera es de mjstew, y ella quiere saber si piensan tener hijos, cuantos y si tienen nombres.
—¡Carajo! —exclama Bella con un poco de sorpresa—. Bueno, ya conversamos sobre eso una vez…
—Sí —dice Edward—. pensamos tenerlos, ¿eh? pero no ahora.
—De ninguna manera. tal vez de aquí a un buen tiempo.
—Pero no mucho tiempo, ¿eh?
—Un buen tiempo, Cachorro.
—¿Cuánto tiempo?
—No lo sé. ¿Diez años?
—¿DIEZ AÑOS?
—No lo sé, Cachorro, pensé por lo mucho.
—¿Quieres ser madre con treinta y seis años?
—¿Me estás diciendo vieja?
—¡No! No. Te juro que no, Garrapata, pero es que normalmente las personas quieren ser madres un poco más jóvenes, no estoy diciendo que seas vieja. Eres apenas mayor que yo. solamente tres añitos, ¿qué son tres añitos? ¡Nada!
—Vamos a la siguiente pregunta antes que él se complique.
—Aún no respondemos cuántos hijos y si tenemos nombres —Edward recordó.
—Ok. Respondan.
—Aún no pensamos en eso —habló él.
—Solo no quiero que sea hijo único —habló Bella.
—¿y aun así quieres tener el primero con treinta y seis? ¿De verdad?
—¿Realmente vamos a entrar en ese asunto de nuevo?
—Basta, chicos. Siguiente pregunta es de Lolou y… ah Dios mío, ella también quiere saber de los hijos. Vamos a la siguiente antes que comiencen de nuevo. Ésta ahora es para ti, Bella. Marjorie quiere saber qué quieres de tu carrera. ¿Por qué no buscas otro empleo?
—Porque me siento bien haciendo esto, tengo un artículo que las personas leen, al contrario de lo que pasaba antes. Y aún recibo mucho éxito por hacer esto. No quiero dejar un trabajo y estar sin saber qué va a ser de mi vida profesional.
—Ahora Vanessa y Oh Carol quieren saber del sexo. Porque en mi dulce ilusión, creí que no iban a preguntar sobre cosas sucias, ¿eh? ellas quieren saber sobre una fantasía sexual.
—Hmmm… son tantas —dijo Edward con una sonrisita torcida y Bella estaba un poco embelesada.
—En un cuarto de espejos… —murmuró Bella, tan bajo que fue difícil escuchar bien.
—¿Cómo es que es? —cuestionó Edward, perplejo.
—¿Qué? —preguntó Bella con el rostro volviéndose del color de un tomate.
—¿En un cuarto de espejos? ¿Fue eso lo que oí? —preguntó Edward.
—Sí… —dijo, escondiendo el rostro en las manos—. No puedo creer que dije eso en voz alta.
—¡No! ¡Habla más! —pidió Edward, prácticamente vibrando—. Quieres ver lo que pasa cuando follamos, ¿cierto?
—Sí —murmuró.
—De verdad, Garrapata es mucho peor que yo. Ustedes están tan equivocados creyendo que soy el pervertido de la relación.
—¿Podemos cambiar de tema? —pidió Bella, completamente mortificada.
—Podemos, pero después quiero tener una conversación privada con la señorita —le dijo Edward a Bella, dejándola aún más mortificada.
—Priscyla quiere saber si tienes a fuerza que irte de casa de Edward. ¿No podías escribir el artículo en casa de él?
—Tengo que ir a mi casa, está en mi contrato. Además, míralo. ¿Crees que conseguiría escribir alguna cosa con él a mi lado? Obvio que no.
—Anna Pérez quiere saber si el día que se casen, va a estar escrito "Cachorro & Garrapata"
—Por el amor de Dios, no. No quiero tener que explicarle a todo el mundo de donde surgió el apodo —habló Bella.
—Y es algo de nosotros —completó Edward.
—Oh Carol y Deia quieren saber cómo se imaginan de aquí a diez años.
—Bien, según Bella, va a ser de aquí a diez años que va a comenzar a procrear, ¿eh?
—Idiota, no vas a olvidar eso, ¿eh?
—Mierda, Garrapata, diez años es mucho.
—Imagino que vamos a estar juntos. Probablemente conmigo aun llamándote Cachorro y tú llamándome Garrapata.
—Yo también.
—Edward, Dans quiere saber si puedes ayudarla con Jake. Digamos que tiene un enamoramiento por él.
—Mira, creo que él no está en esa onda de las relaciones, pero si ella quiere…
—La verdad creo que no es una buena idea —habló Bella.
—¿Por qué?
—Sabes cómo es, no es bueno ilusionar a las personas. Jake va a querer cosas que ella no puede darle y viceversa, es una relación sin futuro.
—Es un mujeriego. Pensándolo por ese lado, tengo que estar de acuerdo.
Y ahora para finalizar, porque esto está quedando mayor de lo que esperaba. Deia quiere saber cuál es la mayor cualidad y defecto de Bella, Edward.
—Es paranoica y se imagina cosas en lugar de hablar rápido. La cualidad creo que es el resto; ella me da soporte, es cariñosa conmigo, compresiva. Es mi Garrapata, ¿es necesario enlistar todo?
*Bella sale corriendo y salta encima de Edward. Berry se va rápido, antes que la echen*
(1) No te vayas a casa, cariño.
Por favor, aún no dejes la fiesta.
No te vayas a casa, cariño.
Ahora que finalmente nos conocemos.
(2) Siempre que estoy sola contigo.
Haces que me sienta de nuevo como en casa.
Siempre que estoy sola contigo.
Haces que me sienta nuevamente completa.
(3) Siempre que estoy sola contigo.
Haces que me sienta nuevamente joven.
Siempre que estoy sola contigo.
Haces que me sienta de nuevo divertida.
(4) Por más lejos que esté, siempre te amaré.
Por más distante que esté, siempre te amaré.
Cualquier palabra que diga, siempre te amaré.
Siempre te amaré.
Nota de autora: Lovesong no es una canción de Adele, en verdad es un cover que ella hizo, la original es de The Cure. La canción fue escrita por Robert Smith (vocalista) dedicada a su novia, antes de casarse.
La canción que Zaza escucha es "Don't go home (my little darling)", de The Shirelles.
NOTA TRADUCTORA: Y sí, llegamos al último día :´( (pañitos para las lágrimas a todas) Aún nos quedan tres capítulos y el epílogo…
Como ya han dicho sus teorías de lo que puede suceder, ahora díganme, qué momento más recuerdan del Cachorro y su Garrapata. Yo me acuerdo de cuando Bella lo encontró desnudo en la cama jajajajaja fue épico, y Carmen lo había visto también jijijiji
Recuerden que quien deje sus rr recibirá antes que todos, la escena extra de este capítulo. Sin embargo, publicaré el capítulo el domingo.
No leemos!
Besos
Merce
