¡Holaaa! ¡Muchas gracias por todos sus comentarios! Me hizo muy muy feliz saber que el capítulo anterior tuvo tan buena aceptación *.*, me encanta leerlas de verdad, saber su opinión al respecto de la historia y sus personajes me dan vida. Ustedes también han hecho mi cuarentena más llevadera.
La respuesta a los visitantes está en la parte de abajo c:
Disfruten:
Capítulo 26.
—¿Alguna vez habías tenido novia? —preguntó unos minutos después.
James le había pedido serlo y ella había respondido con unas lágrimas escapando de sus ojos. Era lo que había querido por un tiempo, ahora lo tenía y apenas podía creer que lo que había pasado en las últimas horas era real.
Estaba de nuevo con James y ahora como su novia, había por fin perdido su virginidad y aunque se sentía bastante adolorida, quería intentarlo una vez más. No podía ser que cuando al fin se empezaba a sentir bien todo había terminado. No tenía unas grandes expectativas tampoco. Ahora James estaba recostado a su lado, ya se había limpiado y tenía los ojos entrecerrados mirando el techo.
La lluvia no había disminuido su intensidad, era increíble que la naturaleza tuviera esa gran fuerza. Y ahora ella estaba atrapada ahí, no se quejaría tampoco. Los brazos de James eran deliciosos y las caricias sobre su espalda también la tenían medio adormecida.
—Un par de veces, FBI —respondió con una risita perezosa.
Lily elevó los ojos mirando el perfil de James. Las gruesas pestañas revoloteaban un poco, dando señales de que estaba por caer dormido.
—A pesar de todo. En los cien datos tuyos que me diste durante el día, jamás mencionaste nada acerca de tu vida sentimental.
James volvió a reír.
—¿Vida sentimental? Te revelé acerca de mi primer beso, creo que es suficiente vida sentimental.
—Vamos —pidió e hizo un puchero.
El chico conectó sus océanos con sus ojos y sonrió. No se negaría estaba segura.
—Bueno, ¿por dónde empiezo? —fingió dudar y se llevó un dedo a la barbilla—. Fue durante la secundaria estoy seguro, debía tener unos trece años y me encontré con Susie, la niña con la que fue mi primer beso. Sinceramente fue algo muy infantil, nos besábamos debajo de las gradas y ya está. Y la segunda niña, debió ser unos meses después, se llamaba Dolores y le decíamos Lolita. Lo nuestro fue despecho, ella quería darle celos al chico que acababa de terminarla y yo estaba sentido porque Susie me dejó. Así que mis únicas dos referencias ni siquiera son reales.
—Yo tampoco tengo referencias, así que será un experimento —sonrió en respuesta.
James se acostó sobre el costado quedando cara a cara, y apartó algunos mechones de cabello pelirrojo que le estorbaban. Lily cerró los ojos disfrutando las caricias.
—¿Y qué hay acerca de tu primera vez? —recordó. Esperaba que James gruñera justo como lo hizo, pero en esta ocasión rio después.
—¿No te cansas? Esa no es una buena historia.
Debía serla. Esperaba que James se hubiera encontrado con una mujer que se portara tan dulce como él. Estar con alguien virgen no debía ser fácil, sobre todo si la otra persona ya tenía experiencia. Sin embargo, su novio —y se sentía feliz de decirlo— había sido todo amor y comprensión. No se había sentido presionada ni por un segundo. Fue delicado, tierno, y vaya, la manera en la que la había tocado antes, Lily no recordaba que alguien la hubiera tocado de esa forma. Los chicos con los que estuvo antes eran unos imbéciles, bruscos y torpes. Solo uno de ellos había logrado un orgasmo después de buen rato, y Lily ahora pensaba que era porque ella estaba muy cachonda y no porque él lo hubiera hecho bien. Por supuesto, Lily tenía un poco más de práctica al hacerlo en solitario, y sin duda, antes no había tenido un orgasmo tan intenso. Todavía entonces podía sentir sus piernas débiles.
—No te juzgaré, lo prometo. Solo quiero saber.
—No puedo creer que te vaya a contar esto —dijo y volvió a su posición original, esta vez colocando un brazo sobre sus ojos. Probablemente lo hacía como acto reflejo para ocultar la vergüenza.
Sabía que aquello le estaba costando, así que se sintió libre de deslizar su mano por el abdomen masculino. James pegó un respingo y despegó el brazo de sus ojos, echando un vistazo.
—Estás un poco más arriba de lo que deberías —le dijo pícaramente. Lily bajó su mano encontrándose con el pene en reposo.
Tragó saliva y deslizó los dedos con lentitud sobre la piel.
—Empieza —lo animó.
Apoyó la cabeza en el colchón y retiró el brazo. Durante todo el tiempo no apartó la mirada del techo. Lily escuchó el relato con atención, sin interrumpirlo una sola vez.
Le contó acerca de cómo, cada vez que huía de las casas de acogida, terminaba perdiendo la misma porque buscaba al amigo de su padre. Earl era su nombre —lo recordó mencionar en una conversación más temprano—, y él trabajaba con una pandilla llamada Canidae. A Lily le pareció extraño el nombre pero no hizo ningún comentario. Al parecer esta pandilla tenía su base en un prostíbulo que tenía fachada de bar, y James se escondía en ese lugar ya que no solo eran bar/prostíbulo sino que en un área subterránea, se realizaban todos los movimientos de narcotráfico. El pozo, como lo llamó, era un lugar donde podrías estar escondido por meses o años, y nunca serías encontrado, James se escondía en ese lugar siendo el protegido de Earl. Ahí aprendió muchas cosas, duraba semanas únicamente saliendo al bar de vez en cuando conviviendo con prostitutas. Lily veía a donde iba todo, quiso tapar sus oídos pero ella había insistido en esa conversación.
—Cuando entré a la habitación ella ya estaba ahí, siempre pensé que me estaba esperando. Así que lo hice —esbozó una mueca—. En realidad yo no hice casi nada, ella se subió sobre mí e hizo todo el trabajo.
Suspiró. No quería decirle su opinión, pero hubiera sido buena idea haberse enterado antes.
—¿Y has estado con otras prostitutas? —preguntó con miedo.
—Después de eso algunas veces, pero luego ya no. Ellas siempre están disponibles y conforme fui creciendo empezaban a cobrarme. Ya no era divertido. Además, nunca tuve problema en liarme con alguien cuando se me daba la gana.
—Oh.
James se volvió a girar para verla, tenía el ceño fruncido y parecía molesto.
—¿Dije de más, verdad? Lo siento.
Negó con la cabeza.
—No te disculpes. Yo te pregunté. Lo que me preocupa es que, ¿no se supone que las prostitutas suelen tener enfermedades?
Los ojos azules de repente reflejaban un océano oscuro. Ahora se arrepentía, no debió tocar ese tema. Definitivamente había cosas que uno debía mantener para sí mismo.
—Siempre he usado preservativo y, por dudas, suelo hacerme exámenes de manera regular —gruñó antes de sentarse en el borde de la cama, y comenzar a caminar hacia el armario.
Ahora él se sentía juzgado. Demonios.
—¡Perdón! No es eso… es solo que… por favor entiéndeme. Yo no sé nada de esto, y debía asegurarme de que estabas saludable.
—Por eso no quería decírtelo. Sabía que pensarías que era una mierda —suspiró el chico colocándose unos calzoncillos y pantalones de chándal.
—No es lo que pienso. Por favor, no peleemos acabamos de arreglarnos. Confío en ti, de verdad.
James se quedó quieto, sosteniendo la playera que estaba por ponerse.
—¿Puedes confiar en mí sin necesidad de estar preguntando cada detalle? Déjame a mí decidir que es relevante, el hecho de que seas mi novia no te da el derecho de inmiscuirte en cada cosa. Hay cosas que no son importantes y no vale la pena compartirlo. Esto no lo es, cualquier chica con la que he estado no ha significado nada para mí, todo ha sido algo de solo una noche.
Lily tenía que aceptar que tenía muchas cosas que aprender de las relaciones. James podía tener razón, esa obsesión de saberlo todo, de entrometerse en cada aspecto tampoco podía ser saludable. Debía controlarse, él estaba siendo más abierto y había aceptado dejarla entrar en su vida, así que ella tenía que confiar.
—Lo siento. Te prometo que ya no preguntaré sobre esto, solo hay una última cosa que quiero saber. La última persona con la que te acostaste, durante el juego de preguntas y respuestas, aceptaste que habías estado recientemente con alguien, ¿ella es alguien importante para ti?
El chico ya se había puesto la playera, y ahora se había sentado en la cama. Lily se incorporó acercándose a él. Se había puesto serio y esa no debía ser una buena señal.
—Nadine no es nadie importante. Simplemente la utilicé para obtener una información que me pidió mi jefe. Ni siquiera sabe mi nombre, le dije que me llamaba Bill y estudiaba derecho. Así que no te preocupes por ella, ni por nadie. A mí solo me importas tú, no quiero estar con nadie más.
Echó los brazos alrededor de su cuello, y le plantó un beso en los labios. James aceptó con gusto y la abrazó contra su pecho. Lily aprovechó la ocasión para pasar una de sus piernas sobre el regazo del chico. Respingó un poco pero inmediatamente después sus manos se deslizaron por su cintura, hasta llegar a su trasero, apretándolo con las dos manos. Un suspiro se escapó de sus labios, y Lily se frotó un poco sobre sus pantalones.
—¿Por qué te vestiste? —le preguntó sobre los labios.
—Pensé en llevarte a casa —susurró, antes de gemir un poco al sentir una de las manos femeninas deslizarse por debajo de la cinta de sus pantalones.
—Todavía no me quiero ir. ¿Recuerdas el día de preguntas y respuestas? —James asintió— Me preguntaste que si en qué posición me gustaría que tú y yo lo hiciéramos. Justo así es cómo lo imaginé.
Los ojos oceánicos se dirigieron a ella y esbozaron una sonrisa.
—Sabía que lo habías pensado. Era imposible que nada pasara por tu mente. ¿Por qué no me lo dijiste?
—Sentí vergüenza —respondió encogiéndose de hombros.
—Bueno. Podemos hacerlo así, pero tendrás que aprender a moverte, ¿estás lista para eso?
Algo dio vueltas en su estómago. El huracán había vuelto.
—Solo si tú me enseñas.
Lily se encontraba en el suelo con las piernas cruzadas. Tenía ya un par de horas pasando las hojas de un lado al otro. Iba por el tercer archivero del despacho de su padre, y tenía dos columnas repletas de papeles, las que ya había leído y las que no. Le dolía la espalda pero debía aprovechar las últimas horas antes de que Petunia se despertara.
Lanzó una mirada al sillón del despacho, James tenía aproximadamente una hora dormido. Los pies colgaban fuera ya que era muy pequeño para su altura. El rostro estaba en su dirección y los ojos estaban completamente cerrados. Uno de sus brazos colgaba hasta el suelo y el otro sostenía su móvil como si lo estuviera usando, que había sido la actividad que realizaba cuando cayó dormido. Tenía la boca ligeramente abierta y exhalaba cada poco en pequeños ronquidos. Nunca lo había visto dormir tan profundamente, a pesar de que siempre estaba cabeceando por todos los lugares, ni siquiera la vez que lo encontró golpeado había dormido de esa forma. Solo reflejaba que era cierto lo de antes, prácticamente no había dormido en toda la semana y estaba agotado.
La había llevado a casa unas horas más temprano, pero Lily le había pedido que no se fuera, quería estar con él todo el fin de semana. Así que le pidió que la acompañara al despacho mientras le explicaba los acontecimientos que le habían hecho tomar esa decisión. James no la había juzgado, escuchó cada una de sus palabras con atención, y aceptó ayudarle en lo que pudiera. Dijo que si él no supiera lo que le había pasado a sus padres habría hecho lo mismo.
Le ayudó a mover los archiveros, algo que le quitaba mucho tiempo, pero Lily era la que debía revisarlo ya que ni siquiera sabía qué era lo que buscaba. Después se había acostado en el sillón mientras veía la pantalla de su móvil, hasta que se quedó dormido.
Sabía que debía terminar por lo menos con ese archivero antes de que su hermana se levantara. Incluso en domingo, Petunia era muy madrugadora, lo que vendría después es que Lily tendría tiempo de dormir un rato por la mañana. Había estado durmiendo tan poco, que no habría ninguna diferencia, o eso pensaba, si no tuviera sus piernas tan adoloridas.
Habían tenido que esperar a que la tormenta pasara, lo que significó que había intentado el sexo por segunda vez. Esta vez Lily no sintió dolor, pero sí que molestaba un poco, sin embargo, después de unos minutos sintió una ola de calor en su vientre que le había hecho disfrutar. James decía que era cuestión de tiempo y práctica, que conociera su propio cuerpo y descubriera qué era lo que le gustaba o no. Estaba de acuerdo pero impaciente, tenía mucha curiosidad y quería tener esa sensación que el resto de la gente siempre presumía. Quería platicarlo con su hermana también, pedirle consejos, aprender y explorar. James parecía ser el compañero adecuado para eso: se había portado paciente, comprensivo, también podía empujarla a hacer cosas nuevas, como había hecho ese día más temprano explicándole cómo debía moverse arriba de él. A Lily le gustó, pero definitivamente necesitaba practicar más.
Sentía las mejillas sonrojadas solamente de recordarlo todo, y al mismo tiempo un calor que se extendía por todo su cuerpo. Jamás había sentido lo que llaman deseo sexual, hasta ahora, era divertido y podía imaginarse muchas situaciones sexuales bastante interesantes.
Separó la sudadera, que James le había prestado, de su pecho y se abanicó. Debía dejar de pensar en eso, tenía que concentrarse en los documentos frente a ella. Los minutos pasaron rápido, leyendo uno a uno de los papeles. La mayoría eran recientes, cuando veía fechas de los últimos diez años simplemente los descartaba por completo, aquellos que le daba la intuición que fueran útiles les tomaba una fotografía con su móvil para revisarlos después.
No sabía cuánto tiempo había tenido los ojos cerrados cuando comenzó a escuchar ruidos en el piso superior. Pegó un respingo, para descubrir que la luz del sol entraba por las ventanas y ella todavía tenía los documentos dispersos por el suelo. Comenzó a levantarlos sin ningún orden en especial y los guardó en el archivero. Se acercó a James y movió su hombro, ocasionando que el chico despertara con brusquedad.
—¿Qué pasa? —murmuró. Tenía los ojos rojos y tallaba su pecho como si pudiera calmarlo del sobresalto.
—Petunia ya despertó. Vamos a la sala.
El chico se tambaleó mientras se ponía de pie, Lily que estaba más alerta lo tomó del brazo para que no cayera, y ambos se dirigieron hacia uno de los sillones. Lily dejó a James que se durmió en el mismo instante en que su cabeza tocó el cojín, y regresó a asegurarse de no dejar nada fuera de su lugar. Apagó la luz y cerró la puerta. Regresó a la sala y se acurrucó al lado de su chico, al mismo tiempo que escuchaba a Petunia bajar las escaleras.
Podía sentir su mirada sobre ellos, y se atrevió a abrir un ojo solo para comprobar que Petunia estaba inclinada mirándolos. Su hermana sonrió y le levantó el pulgar en señal de aprobación. Moría por ponerse de pie y contarle todo lo que había pasado el día anterior, pero estaba cansada; la suave respiración de James golpeaba su cuello, el aroma y calidez de su cuerpo la tranquilizaron.
Habían pasado algunas horas desde que cayó dormida. Cuando abrió los ojos notó que el cielo nuevamente estaba nublado anunciando una posible tormenta. James seguí a su lado, pero esta vez había cambiado de posición. Ella estaba boca arriba y él tenía su cabeza apoyada en su hombro, para su sorpresa una de las manos masculinas estaba sobre una teta sujetándola con la suficiente fuerza como para estar dormido.
—¿Te diviertes? —preguntó con la voz pastosa antes de soltar un gran bostezo.
Escuchó a James reír. Reacomodó la cabeza esta vez mucho más cerca de su pecho, que estaba cubierto por la sudadera del aludido.
—¿Nunca usas sostén? —cuestionó divertido.
Lily se sintió ofendida y trató de incorporarse.
—Así como tú no usas calzoncillos.
—Sí que los uso.
Soltó otro bostezo y se sentó en la orilla del sillón. Podía escuchar el sonido de la televisión encendida en la cocina. Petunia debía estar cocinando, solía tener ese hábito.
—¿Viste a Petunia?
—Hace un rato me preguntó si quería algo de comer.
Alzó una ceja y se giró al chico que se había reacomodado en el sillón.
—¿Cuánto tienes despierto?
—No sé. Un rato. Traté de levantarme, pero cada vez que me soltaba de tu agarre, sollozabas como un cachorro —respondió con picardía y una gran sonrisa en los labios.
—No es cierto —negó. No podía ser cierto.
James soltó una risa.
—Lo es. Pregúntale a Petunia.
No iba a permitir esa humillación. Se puso de pie y se dirigió a la cocina. Escuchaba a James siguiéndola, pero no se detuvo de encontrar a Petunia frente a la encimera picando algunas verduras.
Señaló detrás de ella como una niña y exclamó:
—Puedes, por favor, negar que yo estuve sollozando como cachorro.
Petunia parecía sumamente divertida por la situación. Clavó la vista en la pareja y comenzó a emitir un sonido que Lily jamás había escuchado. Sin duda parecía el de un cachorro a punto de comenzar a lloriquear. Escuchó a James reír detrás de ella.
—¡Eso no es cierto!
—Sí que lo es —dijo el chico y con rapidez se sentó en uno de los bancos de la cocina.
Cruzó los brazos sobre su pecho e hizo una mueca. Quería fingir que estaba enojada, pero tampoco podía evitar encontrarle lo divertido a la situación.
—¿Se van a unir los dos contra mí? —se quejó solo para recibir un abrazo de James consolándola.
—Tranquila, amor, eso es bueno. Solo quiere decir que no puedes vivir sin mí.
Se acurrucó en sus cálidos brazos y soltó sin querer el mismo sonido que había emitido Petunia. El resto de los chicos estallaron en carcajadas, y ella no pudo más que sentir sus mejillas sonrojarse.
—¿Qué preparas? —preguntó a Petunia.
—Estofado.
—¿Necesitas ayuda? —se ofreció James todavía con los brazos alrededor de su novia.
—James es muy buen cocinero.
—Entonces tal vez puedas ayudarme, a veces no consigo que la ternera se ablande lo suficiente.
El chico se acercó al paquete de carne que estaba sobre la encimera y comenzó a lavarse las manos.
—Mientras ustedes trabajan, iré a prepararme —dijo.
—¿Saldrán? —preguntó Petunia.
—Tendremos una cita —sonrió James abriendo el paquete de ternera.
La expresión de Petunia parecía brillante, pero un momento después una sombra apareció en sus ojos. Lily lo notó pero no se atrevió a comentar nada, menos enfrente de James. Petunia era reservada, le costaba hablar de sus asuntos incluso con su hermana, mucho menos se atrevería a decir algo enfrente de él, hasta podría enojarse. Decidió dejarlo estar aunque con la promesa de más tarde preguntarle que había sido eso.
Se preparó muy rápido bastante más natural que en otras ocasiones, pero con James sentía que no debía impresionarlo. Él ya la había visto de muchas formas, no la hacía sentir avergonzada.
Después de eso comieron juntos en el comedor. La carne había quedado mucho más blanda de lo normal, y todo porque James le había pasado algunos consejos a Petunia, que parecía más contenta que en mucho tiempo. Después de eso habían conducido hasta el departamento de James para que él también se preparara, cosa que fue muy rápida considerando que se había duchado.
—¿A dónde nos dirigimos? —preguntó Lily.
Habían conducido en silencio por un buen rato. Se encontraban en las afuera de la ciudad y parecía que todavía no terminaban su recorrido.
—No comas ansias, pelirroja.
Hizo una mueca y permaneció observando el exterior. La carretera estaba casi desierta y podía ver kilómetros y kilómetros de praderas. Ese camino le recordaba a la pesadilla donde había caminado por días hasta encontrar una carretera. Una mala sensación le recorrió de pies a cabeza. Tal vez eso era solo un sueño y James seguramente no la llevaba a ese lugar.
Cerró los ojos y se dejó bendecir por la suave brisa que golpeaba su rostro. El cielo cada vez estaba más nublado pero no le importaba, nada arruinaría un día como ese. Era feliz, mucho más de lo que podía recordar. Sacó una de sus manos por las ventanas abiertas formando ondas con el viento. Su otra mano que había permanecido sobre sus muslos había sido tomada, lo que le provocó abrir los ojos.
James seguía mirando al frente de la carretera, pero con solo una mirada azul que le dedicó pudo sentir ese conocido huracán en el estómago. Él señaló la ventana con su cabeza.
—Saca el torso —le animó.
—No. ¿Qué tal si me caigo? —dijo mordiendo el labio inferior.
—No te caerás. Te sujetaré. Lo prometo.
—¿Mientras conduces? —preguntó insegura.
—Confía, amor. Es divertido.
Con algo de temor apoyó las rodillas sobre el asiento y sacó primero la cabeza, sujetándose con las manos del marco de la ventana. El viento húmedo golpeó su rostro, lanzando su cabello por todos lados, casi no los podía abrir a causa del fuerte viento, pero se esforzó. Primero estiró un brazo fuera de la ventana, y cuando sintió la mano de James sujetándola de la falda, se sintió más confiada que en mucho tiempo, y se soltó del marco extendiendo el otro brazo en el exterior.
La sensación casi la podía asfixiar. Era liberador, el viento golpeando su rostro, sus brazos siendo balanceados de un lado para otro. Nadie la veía, nadie la escuchaba. Soltó un grito de júbilo, mientras sentía las primeras gotas de lluvia golpeando su rostro. Era maravilloso sentirse libre. Era la primera vez que se sentía de esa forma, como si pudiera tomar el mundo en sus manos y hacer lo que se le daba la gana con él.
Permaneció en la misma posición por varios minutos, con los brazos extendidos y el rostro mirando hacia el cielo.
—Es suficiente, amor —le dijo la voz barítono de James desde dentro.
Regresó al interior del vehículo con una gran sonrisa, y el cabello y rostro húmedos por las gotas de lluvia. James la esperaba con una sonrisa.
—Fue grandioso.
—Me alegra que te gustara.
Tuvieron que cerrar las ventanas cuando la intensidad de la lluvia aumentó, pero ni siquiera eso fue suficiente para aminorar el buen humor. La música que sonaba en el estéreo era buena, James movía la cabeza y tamborileaba los dedos sobre el volante. Lily cantaba voz en cuello, conocía la letra de cada una casi sin esfuerzo. Descubrió al chico lanzándole miradas impresionadas cada poco. Sabía lo que la gente decía, que cantaba bien, aunque ella nunca había estado completamente de acuerdo con ellos. Podía sentirse llegar a los tonos, pero eso no quería decir que fuera buena cantante.
Poco después, la lluvia paró y aunque el suelo seguía húmedo, eso no impidió su alegría cuando llegaron a su destino. Era una pequeña laguna del condado. Lily había escuchado de ella en algunas ocasiones, sus compañeros continuamente insistían en que era un buen lugar para organizar fiestas, pero al estar a casi una hora de la ciudad parecía complicado para la mayoría trasladarse.
Tal vez era debido al clima, pero el lugar estaba desierto. Había árboles que rodeaban todo el lugar, y pequeños claros con pasto y algunas plantas silvestres. El muelle era de madera y se extendía varios metros dentro de la laguna. Lily se imaginó que era un lugar donde a las personas les gustaba pescar, aunque tenía el aspecto perfecto para nadar. El agua era cristalina, se podían ver pequeños peces nadando y la flora en el fondo. No parecía demasiado profundo.
—¿Quieres nadar? —le preguntó a James cuando se acercaron tomados de las manos al muelle.
El chico pareció inseguro.
—No soy buen nadador. Ya te lo había dicho.
—Si tienes problemas yo te sujeto. Lo prometo —dijo repitiendo las palabras del chico.
James pareció esbozar una sonrisa antes de quitarse la playera por la cabeza. Lily desabrochó su falda y sacó la blusa que usaba ese día, quedando únicamente en ropa interior. El chico también quedó en bóxer antes de que se lanzaran a las profundidades de la laguna sujetos de las manos. Lily nadó hacia arriba y rompió el agua con su cabeza.
James también estaba en la superficie y reía como loco.
—¿Qué es tan gracioso? —dijo sin poder reprimir la sonrisa.
—No puedo creer que esté nadando aquí. Lo máximo que nado es una piscina sin mucha profundidad.
—¿Por qué dices que eres mal nadador? Te veo perfectamente manteniéndote en la superficie —se extrañó la pelirroja, observando cómo James nadó hacia atrás, manteniendo su cuerpo completo flotando hacia el cielo.
—Supongo que me aterra tanto ahogarme que siempre me he justificado diciendo que no nado bien. Aunque para darme un poco de crédito, no practico tan seguido.
Lily imitó su posición flotando a su lado, siendo impulsada solo por el movimiento de sus brazos.
—¿Tienes alguna mala experiencia en el mar? ¿O hay algún motivo en especial por lo que te da miedo morir ahogado?
El chico chapoteó volteando a verla, y humedeció su cabello para echarlo hacia atrás, de una manera que parecía más prolijo de lo que nunca había estado. A Lily le gustó, definitivamente se veía muy bien peinado, aunque ese aspecto desordenado también le gustaba bastante.
—Tenía doce años cuando casi me ahogué en una piscina comunitaria. Sentí un calambre durante una competencia tonta con otros niños. Estuve en el fondo por casi tres minutos.
Ahora entendía ese miedo irracional, pero le gustó. A veces debía recordarse que James era solo un chico, tenía un pasado duro y aunque parecía indiferente a la mayoría de las cosas, o simplemente no mostraba interés, por supuesto había otras pequeñas cosas que le aterraban, como cualquier superficie de agua. Ahora entendía por qué no pareció gustarle la comparación entre él y el océano, aun así, Lily no cambiaba de opinión al respecto.
—¿Y a ti que te aterra? —preguntó el chico después de un rato.
Lily ni siquiera tuvo que pensarlo demasiado.
—La oscuridad.
No sabía de dónde había surgido ese miedo irracional, pero desde que podía recordar no podía estar en una habitación completamente oscura, siempre debía haber una luz encendida. Por ese motivo su cama estaba rodeada de pequeñas luces de navidad, el techo de su habitación siempre había tenido pegatinas de estrellas fosforescentes, e incluso había mantenido una luz de noche guardada en su cajón en caso de emergencias. Ni siquiera temía a los fantasmas o algo parecido, la oscuridad en sí era la que le daba miedo.
James sonrió.
—Tu miedo es casi tan irracional como el mío.
—Lo sé —También sonrió—, por eso no te juzgo.
Nadaron un poco más hasta que James expresó sentirse cansado. Él salió de la laguna y se sentó en una de las rocas cercanas, mientras Lily aprovechó para sumergirse lo suficiente y observar todo desde otra perspectiva. Los peces nadaron a su alrededor, las pequeñas plantas acuáticas se movían con ritmo y Lily casi podía escuchar una melodía agradable en su cabeza.
Cuando regresó a la superficie se dio cuenta que nuevamente había comenzado a llover con pequeñas gotas golpeando sobre la laguna. James permanecía en el mismo lugar con el móvil en las manos, mientras balanceaba una de sus piernas dentro del agua.
—¿Trabajarás hoy? —se atrevió a preguntar nadando cerca de él.
—Tenemos que descargar un tráiler de mercancía —dijo, sin levantar la vista del móvil—. Normalmente no lo hacemos con este clima, ayer no se pudo, todavía no sé si hoy me llamarán.
—Si es así, ¿Cuánto tiempo nos queda?
James suspiró y por fin levantó los ojos oceánicos hacia ella. Parecían más claros que nunca.
—No te preocupes por ello. Todavía tenemos un par de horas.
—Muy bien.
Nadó hacia atrás y se le ocurrió una idea. Sumergió su cuerpo completo únicamente con la cabeza sobresaliendo.
—¿Los sonidos de la naturaleza también tienen color? —preguntó.
James que había vuelto al móvil sonrió.
—Todos los sonidos. No solo las voces y la música.
—Por ejemplo, ¿la lluvia?
—Por supuesto. Es amarillo claro.
Lily esbozó una mueca.
—No tiene sentido. La lluvia debería ser un tono de azul.
James parecía muy divertido por su expresión. Dejó el móvil a un lado y alzó la mano frente a él, como si quisiera atrapar algunas gotas de lluvia.
—No tiene que tener sentido. Simplemente así es.
Gruñó y antes de que se diera cuenta, le lanzó el sostén que había estado el último rato tratando de quitarse sin que él lo notara. Lo golpeó en el rostro y James pareció muy sorprendido.
—¿Sabes que este es un lugar público? Podría llegar alguien en cualquier momento.
No le hizo caso y se echó hacia atrás permitiendo que las gotas de lluvia golpearan sus senos. Quería provocarlo, por supuesto, tal vez con un poco de motivación se atrevería a entrar al agua una vez más.
—Lily —le advirtió con voz autoritaria—, si alguien te ve me molestaré mucho.
—Cállate.
Se agachó y comenzó a sacarse las bragas, para después lanzárselas a James que las atrapó al vuelo. Se sumergió por completo y nadó bajo el agua hasta que se quedó sin aire. Cuando regresó, buscó a James con la mirada y este ya no estaba.
—¿James? —preguntó volteando a todos lados.
No se veía por ningún lado. Eso debía ser una broma. Nadó de regreso al muelle y cuando se asomó se dio cuenta que su ropa tampoco estaba allí.
—¡James! ¡Sal ahora mismo!
Lloriqueó un poco. Estaba nadando en una laguna pública sin una sola prenda, y James se había llevado el resto solo para molestarla. ¿Qué tal si alguien llegaba? De repente las cosas que hace un minuto no le preocupaban comenzaron a tomar importancia. No podía haber nadie, no, James había dicho que no quería que nadie la viera. Si así fuera, no se habría llevado su ropa.
Con un poco de confianza nadó hasta la roca en la que antes estuvo James, y salió del agua. Se sentía incómoda, todo su cuerpo fue golpeado por la brisa y la lluvia. Caminó hasta donde el auto había sido estacionado, pero James no se veía por ningún lugar. Regresó a la laguna y comenzó a buscar por los alrededores. Ya empezaba a sentir las lágrimas asomarse por sus ojos, cuando vio colgando desde una rama su sostén. Lo tomó rápidamente, eso debía indicar un camino, siguió su instinto y después encontró su falda llena de tierra. Lo mataría, estaba segura.
Caminó un poco más y descubrió su blusa colgando de un tronco. Solo faltaban sus bragas, cuando comenzaba a buscarlas por todos lados. Se dio cuenta que había rodeado la laguna, y para saber su ubicación lanzó una mirada al agua, solo para descubrir que sus braguitas flotaban con ayuda de una rama.
Estaba furiosa. Sin soltar su ropa, que ya estaba sucia y mojada por la lluvia, se sumergió nuevamente en el agua, solo para descubrir que James estaba nuevamente sentado en la roca con aire despreocupado.
—¿Qué es lo que te pasa? —preguntó gruñendo.
El chico levantó la vista como si lo hubiera tomado por sorpresa y se llevó una mano al cabello, despeinándolo más.
—¿De qué hablas, amor?
—¿Te pareció gracioso que anduve por todos lados caminando desnuda?
—Gracioso no. Excitante —corrigió—. Parecías la reencarnación de Eva en el Edén, o debería decir, ¿Lilith?
—Muy gracioso —gruñó.
James esbozó una sonrisa y balanceó su pierna en el agua.
—¿Qué intentabas lograr? ¿Hacerlo en este lugar? Porque si es así, solo tenías que pedirlo.
Lily sintió sus mejillas sonrojarse. Tal vez no era exactamente eso lo que buscaba, o lo de antes era una excusa. Miró a todos lados, solo para comprobar lo que ya sabía, estaban solos.
—¿Podríamos?
El chico parecía muy contento ahí sentado.
—Claro. Elige un lugar.
Mientras anduvo caminando buscando a James, se encontró con un pequeño claro del otro lado de la laguna, donde había pequeñas plantas, y no parecía un lugar muy rocoso. Ese era, lo sabía. Nado hasta James, lo tomó del brazo y ambos nadaron hasta el punto más cercano solo para salir muertos de la risa. Lily lo guio hasta el lugar y se sentó sobre las pequeñas plantas que ahora notaba, debían ser musgo. Trataba de encontrar una posición cómoda, solo para subir la mirada para comprobar por qué James no estaba a su lado. Él seguía de pie, mirándola con una pequeña sonrisa, sus ojos parecían más brillantes que nunca. La intensidad de su mirada la hizo sonrojarse un poco.
—¿Qué sucede? —preguntó insegura, jugueteando con un mechón de cabello.
James suspiró y tomó lugar a su lado. En ese lugar, cubierto por los árboles, la lluvia parecía solo una pequeña brisa.
—Sigo asimilando la rapidez con la que me enamoré de ti. Pero ¿cómo no podría?
Sin previo aviso, el corazón comenzó a palpitar con rapidez y el huracán en su estómago volvía con mayor intensidad. No respondió, se acercó lo suficiente para colocar sus labios sobre los del chico, e iniciar uno de los mejores besos. En un principio tenía pensado que sería tierno y delicado, pero James parecía tan deseoso como ella porque en poco segundos se volvió intenso. Podía sentir la boca húmeda y caliente del chico contra la suya, volviendo la sensación más intensa con los sonidos de la naturaleza a su alrededor.
Dejó caer la espalda sobre el musgo que asombrosamente era más suave de lo que parecía, y James se apoyó con rodillas y brazos sobre ella sin detener el beso. Lily sentía que su interior estallaría, prácticamente no se habían tocado, pero parecía que lo de antes había sido el juego previo. Elevó la mano hasta los calzoncillos de James, que parecía tan listo como ella. Lo apartó de un movimiento y comenzó a masturbarlo con lentitud. James gimió en su boca.
Enredó sus piernas en las de James obligándolo a acercarse más a ella, y lo dirigió hasta la entrada de su vagina. Parecía que quería hablar, pero su otra mano lo retuvo de la nuca impidiendo que cortara el beso. Se posicionó y con las piernas que estaban en las caderas del chico lo empujó dentro. Se deslizó con suavidad, y era la primera vez que no tenía tantas dificultades. En esta ocasión, casi ni sintió dolor, se sentía todo más suave y cálido.
—Lily —jadeó James cuando por fin soltó su beso de la impresión.
Ronroneó en respuesta, tratando de controlar el palpitar de su corazón.
—No me dejaste ponerme el preservativo.
Si él no lo hubiera mencionado, jamás se hubiera acordado del pequeño detalle. Tampoco parecía demasiado preocupado porque empezó a mecerse dentro y fuera. Cerró los ojos con fuerza, y mordió su labio inferior.
—Se siente demasiado bien —jadeó con la voz más ronca que nunca. Lily estaba de acuerdo. Tendría que tomar medidas después, pero ahora ya no había nada que hacer.
—Muévete —exigió.
James obedeció aumentando la intensidad de sus movimientos. Era la primera vez que era tan brusco, pero también Lily sabía que era lo que necesitaba, si hubiera sido menos que eso no lo habría disfrutado tanto.
Sentía el corazón salirse de su lugar, los labios entumecidos de tanto besarse y sus dedos tirando del cabello negro. Pensaba que no podía sentirse mejor cuando James se puso sobre sus rodillas, y con una sonrisa, estiró una de las piernas de Lily apoyándola sobre su hombro. La pelirroja estuvo por replicar ya que había cambiado la posición de su cuerpo, pero con el primer movimiento calló. Lo sentía mucho más profundo, y una presión en el vientre se construyó con rapidez.
Gimió el primer orgasmo como nunca. Le temblaba el cuerpo completo, pequeñas perlas de sudor que se confundían con la lluvia surcaban todo su cuerpo. Sentía los vellos erizados volviéndola hipersensible, el rostro acalambrado y la fuerza con la que James la había sujetado de las caderas. Nunca había tenido un orgasmo como ese, ni siquiera cuando James la había masturbado el día anterior. Era completamente poderoso, y lo mejor fue que mientras el chico se seguía moviendo, casi se sentía mejor y mejor como si eso fuera posible.
La respiración de James era pesada, la podía escuchar aún a pesar del golpe de lluvia golpeando todo a su alrededor. La piel de su cuerpo estaba a una temperatura superior, pero no dejaba de empujar.
—Ya no aguanto más —dijo en un jadeo.
Lily no quería terminar, pero tampoco podía ser tan egoísta. Ella había tenido un poderoso orgasmo, debía dejarlo a él también.
—Está bien —murmuró.
Y eso fue suficiente para escuchar ese gemido ronco que se estaba volviendo familiar. James convulsionó un poco, después rio y se deslizó a su lado.
—¿Qué sucede? —preguntó Lily que todavía tenía las sensaciones a flor de piel. Podía sentir las gotas de lluvia cayendo sobre ella.
—¿Ese fue un orgasmo?
—Creo que sí.
James volvió a reír, pero su risa no parecía burla. Cerró sus océanos y dejó escapar un gran suspiro.
—Es el mejor sexo que he tenido.
Lily se sintió orgullosa. No sabía si eso era cierto, pero él lo había expresado tan bien, y solía ser sincero. No había ningún motivo para dudar de su palabra.
Se dio la vuelta y se acurrucó contra su pecho. James deslizó su mano por la espalda femenina, y entonces Lily pudo escuchar el golpeteo del corazón del chico. No mentía. Eso no se podía fingir.
—Te amo, James —susurró.
Recibió un beso en la cabeza.
—También te amo, Lily.
Apoyó mejor la cabeza sobre el corazón del chico que parecía haber aumentado la fuerza de su palpitar, y dejó escapar una lágrima. James no la notó, sus cuerpos estaban tan húmedos que no debía haber ninguna diferencia. Lily se sentía tan feliz, más de lo que había sido nunca.
Permanecieron acostados por un rato más, hasta que James sugirió irse. El sol ya había bajado y no parecía que dejaría de llover pronto; no quería conducir en completa oscuridad y con lluvia de por medio. Lily no se quería ir, quería estar ahí por siempre, pero no se desanimó y ambos se pusieron de pie para comenzar a ponerse su ropa, que estaba incluso más mojada que ellos.
Llegaron riendo al auto. James se había resbalado y casi cayó al suelo, si no hubiera sido porque se detuvo con un tronco. Lily no podía dejar de reír recordando su expresión en ese momento. No podían detener las risas, incluso dentro del auto. Cada vez que se miraban volvían a reír, lo que no ayudaba mucho con su intención de irse lo más pronto posible.
James encendió el auto, y condujo de regreso a la ciudad con la lluvia golpeando el limpia parabrisas, con Lily a su lado sin dejar de cantar una sola canción.
Cause baby I've got some flaws and I've made some real mistakes
/Porque, bebé, tengo algunos defectos y he cometido errores reales/
And when you find out will you look at me the same?
/Y cuando lo descubras, ¿me mirarás igual?/
Will you be here for worse or for better?
/¿Estarás aquí para mal o para bien?/
Even when the glow is gone
/Incluso cuando el brillo se haya ido/
Por algún motivo, el chico parecía haber cantado esa parte de la canción con mayor intensidad, tomando la mano de Lily, regalándole un poco de su calor. La pelirroja sonrió aunque esto él no lo vio, así que presionó un poco para que supiera que estaba en lo correcto.
When a spark turns to a flame and a flame turns to fire
/Cuando una chispa se convierte en llama y una llama se convierte en fuego/
There's no telling what that fire will do
/No se sabe qué hará ese fuego/
Cause everybody knows it's true
/Porque todos saben que es verdad/
Everything looks brighter underneath the light of a honeymoon
/Todo se ve más brillante bajo la luz de una luna de miel/
Llegaron a la ciudad cuando la luz de día se había ocultado por completo. La lluvia no era intensa pero sí constante. Sus ropas ya se habían secado casi por completo, y se dirigían al vecindario de Lily. James tenía cosas qué hacer.
No quería que el día se terminara, pero era importante darle su espacio. Sabía que él lo necesitaba, y tenía actividades que requerían su atención. Además se verían al día siguiente, todavía quedaban algunas semanas de clases, y debían prepararse para los exámenes finales. James había accedido a asesorarla en trigonometría, una de las materias en las que sería un fracaso y habían concretado un día de la semana en la biblioteca, ya que si iban a otro lugar, seguramente se distraerían cada cinco minutos.
Estaba distraída cuando sintió a James frenar en seco. El suelo estaba húmedo así que la camioneta se deslizó varios metros sobre el pavimento, ocasionando una voltereta al final. Lily inconscientemente se había agarrado del asiento para no golpearse. Cuando vio el exterior se dio cuenta que el auto estaba en sentido opuesto. Pasaban por una calle desierta que parecía de algunos edificios abandonados. Entonces notó que había una camioneta negra estacionada a unos metros, donde había tres personas vestidas de negro fuera.
Escuchó a James gruñir y golpear el volante.
—Otra vez no —alcanzó a decir antes de bajar del auto.
Lily permaneció en su posición como la vez anterior, viendo a través del cristal. Pensó que no tenía nada que temer, eran amigos de James y tal vez solo querían que le respondiera el móvil como antes.
James se acercó a ellos con paso seguro, pero los chicos —porque podía notar la juventud en su rostro—, no parecían tan amigables en esta ocasión. Tenían el ceño fruncido y por su gesticulación sabía que estaban gritando. Lily estaba tan concentrada en lo que hacían James y uno de ellos, que no se percató del peligro hasta que otro de los muchachos abrió la puerta del auto, y la sacó jalándola de un brazo.
—¿Quién es esta puta? —preguntó el chico rubio, tomándola del brazo con brusquedad y arrastrándola frente al grupo.
James abrió los ojos de par en par. Sorprendido.
—¿No es la misma de la otra vez? —rio el chico moreno que discutía con James— Debes ser muy buena si te gusta repetir.
James lo empujó de los hombros. Desde esa distancia pudo notar como los ojos claros de su chico ahora estaban más oscuros. Podía verlo en la expresión de su mandíbula, estaba furioso.
—No es ninguna puta, y no te atrevas a ponerle un dedo encima.
El chico frente a James rio. El otro de cabello largo permanecía detrás de ellos en silencio, mientras el tercero todavía la tenía sujeta por el brazo.
—Ya veo. Es tu puta personal.
—Conoces las reglas —dijo James. Lily nunca había escuchado ese tono en su voz. Era plana, pero no aburrida como antes, sino latente como el siseo de una serpiente a punto de atacar—. Te sugiero que la sueltes si no te quieres meter en problemas, Bruce.
El chico rubio que la sostenía soltó su brazo. Entonces se dio cuenta, contrario a lo que parecía la escena, ya que eran mayoría y se veían armados, los tres chicos no eran una gran amenaza, James seguía erguido y hablaba con seguridad. No se dio cuenta hasta ese momento, que probablemente James tenía cierta posición en su pandilla, y aquellos muchachos debían respetarlo.
—Earl nos mandó a buscarte. Ayer no fuiste al bar y no te apareciste todo el día. Debiste divertirte mucho para olvidarte de tus responsabilidades —dijo el moreno lanzándole una mirada a Lily.
Podía sentir su mirada oscura recorriéndola de arriba abajo, se sentía incomoda y casi podía jurar, que empezaría a temblar en cualquier momento. James estaba quieto, mostrando la tensión en su mandíbula. El único que parecía no importarle lo que tuviera que decir era ese chico, que parecía incluso más joven que todos los demás.
—Iré en un rato —espetó James con frialdad—. Largo de aquí.
Los muchachos obedecieron, aunque el último se quedó un par de segundos frente a él sin moverse, antes de girar sobre sus talones y subirse en la parte trasera de la camioneta.
James no se movió de su lugar hasta que se perdieron de vista, y entonces centró su atención en la pelirroja que sin motivo alguno había comenzado a llorar. Los brazos de James la consolaron pero no fue suficiente.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó en el auto, limpiándose las lágrimas.
—Zorros. Earl los mandó a buscarme —respondió James con sequedad.
Comenzó a hipar pero ahora no sabía si era por el llanto, o porque nuevamente había mojado su ropa y moría de frío.
—Dijiste que no tuviste trabajo ayer.
—Eso creí. Jamás se descarga mercancía cuando llueve, supongo que fue la excepción.
—¿Te meterás en problemas? —preguntó con temor.
James esbozó una sonrisa tranquilizadora y su expresión cambió. Lily no pudo saber si era real, pero de alguna manera logró su objetivo.
—No. No te preocupes.
—¿Qué son los zorros?
El chico pareció meditar unos segundos, y se llevó la mano a la barbilla. Sus ojos estaban fijos en la calle.
Todavía estaban un poco lejos de su domicilio, tendría tiempo para contárselo.
—Lo que te voy a decir es clasificado. Si alguien se llegara a enterar que tú tienes esta información podría meterme en graves problemas— advirtió—. Promete que no dirás nada nunca a nadie.
—Lo prometo —murmuró con voz débil.
—La organización está conformada por varios niveles —explicó—. En la cabeza está el Canidae que es el más poderoso, el dueño y fundador de todos los movimientos de la organización. Es una persona que yo nunca he visto, y no creo jamás que lo haga. Después de él viene el Canis, que es hermano del Canidae. Él es el que trabaja directamente con todas la gente, dirige todo, supervisa todo, sabe todo. Su labor principal es que esto funcione e informarle al Canidae cómo van las cosas.
»De él depende el Dingo, que es el jefe de seguridad, mientras que a su cargo están los Guará, también llamados sicarios; los Licaón que son sus ayudantes personales y por último los Coyotes. Ellos son los jefes y encargados de mantener a flote el negocio. Earl es un Coyote y es mi jefe directo. Normalmente cada Coyote tiene su bodega donde surte la mercancía, para su venta posterior. A su cargo está el Chacal, que lleva la administración del negocio, los Lobos y los Zorros.
»Los Zorros son los que llevan la seguridad del pozo y suelen hacer el trabajo sucio de Earl. Yo soy un Lobo, y nos encargamos de repartir la mercancía entre los Perros, los cuales concretan la venta directa. Los Lobos tenemos nuestra zona donde ubicamos Perros estratégicamente para la venta. Yo decido en qué lugar estarán, cuanta mercancía tendrán, y ellos deben pagar si no pueden meterse en problemas conmigo o con un Zorro que podría mandar Earl en cualquier momento.
Lily tardó unos minutos en asimilarlo. Era mucha información, más de la que estaba segura que podría recordar. Cada puesto tenía un nombre extraño, pero parecía que todos enfocados a una familia animal. En realidad, no le importaba lo que hacían los demás, solo a lo que James se dedicaba.
Era la primera vez que le daba tanta información al respecto, y ahora entendía por qué tenía prohibido hablarlo. De repente recordó algo:
—El tatuaje que tienes en tu muñeca —dijo, y James levantó la mano y mostró el dibujo en forma de lobo en tinta negra.
—Es una marca de la organización. Todos la tenemos.
Asintió con la cabeza, procesándolo. El chico moreno que lo enfrentó parecía ser alguien importante. Tal vez no era un simple zorro, porque a como se lo había explicado James, entendió que el Lobo tenía una mejor posición que un Zorro. Ahora entendía por qué los muchachos le habían hecho caso. Además, podía recordar a James diciéndole que Earl había sido amigo de su padre, James debía tener una posición privilegiada de alguna manera.
—¿Estás bien, amor? —preguntó James preocupado. Lily se dio cuenta que estaba girando en su calle, y de repente se sintió triste— No dejes que esto último arruine el día que tuvimos.
Negó con la cabeza y forzó una sonrisa para su tranquilidad.
—Prométeme que me mandarás un mensaje de texto cuando estés en tu departamento después de trabajar. Quiero saber que estás bien.
James la abrazó y le dio un beso en la mejilla.
—No te preocupes. Te avisaré.
Asintió con la cabeza y bajó del auto, James se despidió con el saludo militar aunque ella apenas pudo sonreír en respuesta.
Por primera vez en el día la lluvia se había tenido, así que caminó por el húmedo pasto del jardín principal de su casa con un mal presentimiento en el pecho.
Respuesta a reviews:
SerenaMileto: ¡Gracias por tu comentario! Ya me imaginaba que tenías esa cuenta jajaja ojalá te des el tiempo de ingresar a ella para poder contestar todo mucho más directo, que a mí me encanta responder a todos sus comentarios. Y menos mal que recibes notificaciones, si no no me explicaba cómo estabas aquí tan puntual xD De verdad muchísimas gracias por el apoyo, gracias por leerme y estar aquí c: Besos, S.
Lesli: ¡Gracias por tu comentario! Estoy demasiado enamorada de tu rv y que hayas comentado acerca de lo "bonito". Es que sí SÍ. Hacerlo todo demasiado perfecto, preciso y romántico también siento que le quita un poco lo humano. Me esforcé mucho por hacer la primera vez lo más realista que pude, ha pasado mucho tiempo que no escribía una escena así (porque no los había escrito TAN jóvenes) y desde un principio sabía que debía ser un poco desastrosa. Es la realidad, la primera vez es brutal, yo no entiendo por qué muchos autores la romantizan tanto y eso de que la mujer automáticamente sepa qué hacer y tenga un orgasmo en esa primera vez, me parece un tanto IRREAL. No conozco a una mujer en mi vida que haya experimentado algo así. De verdad, MUCHAS muchas gracias notarlo. Y tienes razón en otra cosa, HAY tela, MUCHA tela todavía. Aunque la relación de ellos está "encausada" no quiere decir que todos los conflictos que han presentado en la historia se van a resolver con amor eterno, así que todavía nos queda esta historia para un rato. Por cierto, lo que comentas de la cuarentena y las medidas de higiene estoy súper de acuerdo, en algunas semanas todo se ha relajado solamente porque anunciaron que ya habíamos pasado el pico de contagios, y yo sigo viendo uno números desproporcionados. Lamentablemente yo no estoy como en tu caso, vivo en la ciudad con mayor contagio y mortalidad de provincia del país (snif snif), así que dudo mucho que levanten cuarentena en las próximas semanas. Por eso es muy importante seguirse cuidando y tomarse las medidas en serio c: Por cierto, siempre hago esto e invito a los lectores invitados a crearse una cuenta y comentar desde ella, así puedo responder directamente a los reviews y recibes una notificación en tu correo cada vez que actualizo. Si lo puedes hacer sería genial c: Muchas gracias por el apoyo, por estar aquí. Besos, S.
La canción que aparece en este capítulo es: Honeymoon de The shadowboxers. La escuché en bucle mientras escribía todas escenas de la cita. Ojalá les guste c:
