Disclaimer: Los personajes de este fanfic le pertenecen a J.K Rowling, las situaciones en las que los enredo son mías.
Hola queridos lectores: Estoy viendo modern family y hay una escena donde Manny le dice a su ma que la leche de chocolate sabe mejor si le agregas sal, escépticamente su ma la prueba y pues sabe delicioso, no lo he probado, pero me parece curioso, a todo esto, muchas gracias a Yoe por betear estos dos capítulos, la sal de mi leche de chocolate jeje. Doble actualización, este es 1 de 2. Y cuqui. luna es muy lindo que comentes en cada capítulo, me hace muy feliz que lo hagas, gracias. Darla Minami bienvenida al fic, gracias por comentar. Estos dos capítulos me gustaron mucho, espero que a ustedes también, tuve ayuda extra de Yoe con la escena hot del final del cap 25, es todo, ¡Besos!
OoOoO
Té de manzanilla
Estaba sentado en uno de los escalones de la entrada a la cafetería, era tarde, aunque no lo suficiente como para preocuparme; apenas tres minutos para que dieran las 8, aun así, se me hizo raro que Cedric todavía no hubiera llegado; en general, él siempre estaba allí diez minutos antes de la hora. Lancé un suspiro y saqué mi tabaquera, puse un cigarro en mis labios, decidiendo fumar uno rápido antes de comenzar con el trabajo, estaba a punto de encenderlo cuando escuché pasos acercarse, levanté la vista encontrándome con Malfoy que me mira con el ceño fruncido.
—¿Sabes, Potter? Tuve una conversación muy interesante con tu entrenador —dijo quitándome el cigarro de la boca.
—¿Y? —pregunté alentándolo a que continuara.
—Me dijo que tienen que permanecer en el agua a temperaturas entre cinco y dos grados, que el principal riesgo de nadar en esas condiciones es la hipotermia, y que el shock inicial de entrar a temperaturas tan frías es el sofocamiento de la respiración y la hiperventilación —recitó el rubio como si lo hubiera estado ensayando desde hace mucho.
Me puse de pie con una sonrisa en los labios, podía imaginarme a qué se debía ese sermón y me parecía muy tierno que se preocupara así por mí. Ahora sabía de qué habían estado hablando Remus y él aquel día en el lago negro mientras yo practicaba.
—Lo sé, Draco, he estado entrenando por dos años —dije acercándome a él.
—¡Y aun así tienes el descaro de estar fumando! —gritó indignado.
—Solamente es uno ocasional, cuando estoy muy estresado, no pasa nada. —Me defendí al instante.
Claro que él no me escuchó, intenté tomar el cigarro de su mano, pero él me lo impidió guardándolo en el bolsillo de su pantalón.
—¿Estás estresado ahora? —preguntó con los ojos entrecerrados.
Me encogí de hombros.
—Más o menos.
—¿Por qué?
Suspiré, cuando quería él podía ser realmente pesado.
—Realmente me preocupa saber cómo hacerte feliz, ahora que estamos saliendo y todo eso —dije en tono serio sujetando las orillas de su chaqueta para poder mirarlo a los ojos.
—Tonto —dijo Draco con una pequeña sonrisa, luego me dio un corto beso en los labios—, para hacerme feliz solo tienes que dejar de fumar.
—¡Ahg! ¡Vamos, Malfoy! —Me quejé con fingida molestia. En realidad, aquello me parecía bastante divertido.
—Te ayudaré —prometió.
—¿Sí?
—Por supuesto, siempre que te sientas agobiado, puedes llamarme y te ayudare a liberar un poco de presión —canturreó el rubio con voz sensual.
Un escalofrió me recorrió la columna vertebral de manera automática, sí, así de fácil él podía derretirme.
—¿Y cómo lo liberaremos exactamente? —pregunté con voz juguetona.
—Pensaremos en algo —dijo inclinándose hacia mí hasta que nuestras narices se tocaron.
—Los jóvenes de hoy en día no tienen sentido de la decencia, ¡qué barbaridad! —exclamó una voz a nuestra derecha.
Me separé de Draco al instante totalmente nervioso, pero el rubio me sujeto de la cintura impidiéndome ir más lejos. Pude sentir el calor en mis mejillas, seguramente estaba rojo como tomate.
—Me parece increíble que seas justamente tú, mi querida Pansy, quien me hable de decencia —dijo Draco con una sonrisa cómplice en la cara.
La morena levantó una ceja y sonrió del mismo modo.
—¿Me sabes algo o me hablas al tanteo? —preguntó la chica entre curiosa y divertida.
Draco solo se encogió de hombros y dijo:
—Te conozco. —Parkinson soltó una risita.
—Bueno, tortolos, lo siento por interrumpir, pero pasan de las ocho —señaló ella cambiando de tema.
—¿Dónde diablos esta Diggory? —se quejó Draco soltándome por fin para consultar la hora en su celular.
—Tal vez se le hizo tarde, entremos primero y después le llamo por teléfono —dijo la morena.
El rubio asintió, sacó unas llaves de su bolso para abrir la puerta y entramos. La muchacha cogió a Malfoy del brazo y le susurró algo parecido a "veo que la cita fue un éxito" a lo que Draco contestó con un "shhh, te va a oír" para finalmente agregar un "sí". Pansy, luciendo bastante satisfecha, se despegó del rubio y se adelantó a la sala de descanso; con curiosidad, la seguí hasta allá. Encontré a la chica recargada en los casilleros, hablando por teléfono, cuando me vio entrar me guiñó un ojo, le sonreí y me senté en el sillón a esperar a que terminara la llamada.
—Cedric no va a venir, parece que tiene una terrible infección estomacal —me dijo cuando colgó.
—¡Qué mal! ¿Y qué se hace cuando alguien falta?
—Pues buscamos remplazo, si nadie puede nos quedamos solos.
Asentí, luego le lancé la pregunta que tenía dándome vueltas en la cabeza:
—¿Tú sabias…? Sobre Draco y yo, quiero decir.
—Pues sí, los mejores amigos se cuentan todo ¿verdad? —contestó.
—¿No te molesta que estemos juntos? —pregunté un poco nervioso por la respuesta que fuera a darme.
Pansy hizo una mueca extraña y luego suspiro.
—No me molesta que estén juntos Harry, lo que no soporto es que Draco nunca me haya elegido a mí.
Me quedé callado sin saber qué responder a eso, ella apretó los labios en una fina línea, antes de acercarse y tomar asiento en el brazo del sillón en el que yo estaba, me pellizco brevemente la mejilla.
—Olvídalo, ¿está bien? Justo ahora Draco es solo un amigo para mí —dijo sonando bastante segura y firme.
—Está bien —acepté sobándome la mejilla, ella me había pellizcado muy fuerte.
—Y, Harry, ahora también soy amiga tuya, así que puedes contarme lo que quieras —mencionó antes de levantarse del sillón y desaparecer por la puerta.
Al final, nadie pudo cubrir el turno de Cedric y nos quedamos solos los tres; al principio fue sencillo sacar los pedidos, pues no había demasiada gente, pero cuando llego la hora punta, apenas podíamos darnos abasto. Era la ocasión justa para que nos tocara un cliente especialmente difícil.
—¿Ya casi esta mí café? ¿Por qué no se apuran? ¡Llevo esperando una eternidad! —Se quejaba el hombre de muy mala manera.
—Disculpe, caballero, enseguida se lo preparan —contestó Draco que en ese instante estaba cobrando, luego preguntó—: Pansy, ¿qué pasa con el café?
—No puedo hacerlo ahora, estoy friendo unos huevos para el desayuno de la mesa 6. —Se excusó la morena con voz tensa, parecía bastante estresada, no era la única, Draco y yo estábamos igual de tensos y estresados que ella, y el molesto cliente no ayudaba en nada a nuestros nervios.
—Muy bien, entonces… ¡Harry!
Me sobresalté al oír mi nombre, yo ya había tomado y procesado todas las órdenes, solo faltaba entregar aquel desayuno, por eso estaba esperando el pedido, ahí parado recargado en la barra sin hacer nada más.
—Yo no sé hacer café —me apresuré a contestar espantado.
—¡De verdad tengo mucha prisa! ¿Quieren atenderme de una buena vez? —insistía el hombre.
—Un segundo, por favor —pidió Draco.
—¡Un segundo! ¡Han estado diciéndome eso desde hace mil años! ¡Qué pésimo servicio! ¿No cree, usted? —preguntó el hombre a una señora que estaba junto a él en la fila.
—Es verdad, también llevo esperando mucho. —Se quejó la mujer.
—La señora también tiene prisa, ¿verdad, señora? —azuzó el hombre, parecía que venía dispuesto a armar revuelo.
—¡Muchísima! —aseguró ella.
Draco terminó de cobrar, se lavó las manos y se apresuró a preparar el café de aquel hombre.
—¡Ni piensen que tendrán propina! Montón de mocosos incompetentes —aseveró el cliente una vez que Malfoy entrego el pedido.
Puede ver como el rubio lo fulminaba con la mirada y apretaba los dientes, luego sacudió la cabeza rápidamente y se dispuso a continuar con su trabajo, pues ahora era la mujer quien exigía que su pedido fuera atendido con rapidez. Entendía perfectamente al rubio, yo quería poner a aquel hombre en su lugar, pero eso violaría un montón de normas de la cafetería.
Cuando las cosas volvieron a estar tranquilas, Draco me llamó y dijo:
—Ven aquí, Potter, voy a enseñarte a hacer café.
