Capítulo 69

Una estúpida paloma.

Iba a vomitar. Estaba completamente segura de que iba a vomitar y no podía evitarlo. O quizás sí. Pero aquel ejército de nervios en su estómago superaba incluso a los que llegó a sentir el día de su debut.

No estaba allí. No estaba delante de aquel telón con Quinn, Matt y Broke, sobre aquel escenario ya iluminado por completo, y recibiendo el aplauso interminable del público.

Un público que había llenado por completo el teatro en aquella noche de estreno, y que, por supuesto, había sido arrastrado por la influencia de la señora Watson. Solo alguien como ella podía crear tanta expectación como para conseguir llenar el Teatro Imperial el día del estreno de un musical completamente innovador.

Rachel estaba en uno de aquellos palcos, con Kate, Brody, Santana y Britt a su lado, aplaudiendo como una espectadora más el increíble debut en Broadway de Quinn. Verla allí, con su enorme sonrisa y un hermoso ramo de flores entre sus manos, le llenaba de orgullo. Y le hacía sentir que todo lo que había sucedido durante los últimos siete meses, había merecido la pena.

La admiraba, por supuesto que la admiraba, y ya había asimilado que era una fan más de aquella actriz que acababa de aterrizar en la Gran Manzana, para revolver por completo el duro y complicado mundo de los musicales en Broadway. Y por supuesto, su corazón.

Pero ahora llegaba su turno.

Ver como caía el telón y sus actores, porque seguían siendo suyos, quedaban ocultos aun cuando los aplausos seguían su curso, le indicaba que tenía que salir de allí lo antes posible y regresar a su lugar. El mismo que había estado ocupando desde que mantuvo aquella reunión con Kristen Watson hacía ya tres meses. Y en la que, armándose de valor, y jugándose todo su futuro profesional, le confesó su historia más personal e íntima, siendo consciente de que tarde o temprano aquellos paparazis a los que tanto temía, terminarían por mostrarle al mundo.

No se equivocó.

Les fue suficiente recibir la negativa de Kevin a comprar más portadas que destruían su reputación, para comenzar a publicarlas sin escrúpulos. Pero fue fuerte, no permitió que nada ni nadie destruyese lo más valioso que tenía en su vida; su hija.

Santana hizo el mejor trabajo para ayudarle en ese aspecto, y seguía inmersa en conseguir que el futuro de la pequeña no fuese un quebradero de cabeza para Rachel.

—Chicos—se dirigió al grupo—. Tengo que salir. Ya sabéis el protocolo—se excusó—. Os veo en la fiesta ¿De acuerdo?

—Ok—respondía Brody en nombre de todos.

—Santana, encárgate de la madre de Quinn, por favor.

—Está todo controlado—respondía con tranquilidad—. Vamos, vete ya—susurró Santana, que no pudo evitar lanzarle un guiño de ojos antes de que abandonara el palco donde estaban ubicados.

Otra de las cosas por la que Rachel se sentía orgullosa, era de haber sabido llevar hasta su terreno a Santana, que, gracias a aquella terapia, había ido olvidándose del rencor que le guardaba y que, por supuesto, también hizo que Britt terminara recuperando la confianza que habían perdido.

Las llamadas de teléfono fueron convirtiéndose en fugaces visitas en las que su amistad, aquella que no debieron perder años atrás, volvía a restaurarse. Aunque la latina no lo demostrase públicamente.

—Por aquí, señorita Berry—le indicó uno de los encargados del evento al verla llegar a la zona de invitados.

—Gracias—espetó nerviosa—¿Han llegado ya?

—Sí, está todo preparado. Aunque tendrá que esperar un par de minutos. Ahora mismo está la señora Watson con su marido atendiendo a los medios.

—Ok, yo espero—balbuceó al tiempo que se asomaba a la salida, y descubría como una multitud de fotógrafos se reunían tras una valla de seguridad.

—Antes del photocall—volvía a hablar el chico—. Tiene que atender a esos medios—señaló hacia una serie de periodistas que ya esperaban impaciente.

—Ok —volvía a susurrar.

Nervios, nervios y más nervios. Rachel no conseguía controlar aquella sensación de presión que sentía al ser consciente de que tenía que enfrentarse a aquellos periodistas de forma pública, como lo había hecho años atrás.

Era la mayor prueba de fuego. Aquello era el resultado de más de cuatro meses de terapia, en la que tuvo que aprender a controlar su ansiedad e ignorar los comentarios que surgían alrededor de su vida. Una vida que había empezado a afrontar con firmeza y seguridad.

—Vamos, ya puede salir—le indicó tras recibir el ok de alguien que aguardaba en la otra salida—. Que tenga suerte.

—Gracias—volvía a responder casi por inercia. Rachel adecentaba su pelo y lanzaba una última mirada al vestido que llevaba antes de salir al exterior, y sentir como todas las miradas comenzaban a dirigirse hacia ella.

—¡Rachel!, ¡aquí por favor! ¡Señorita Berry!

Las voces de aquel primer grupo de periodistas no se hicieron esperar, y tratando de contener los nervios se acercó a ellos, dispuesta a enfrentarse al mundo con su enorme y encantadora sonrisa.

—Aquí, señorita Berry—habló uno de ellos—. Para la DKF ¿Cómo ha vivido el estreno del musical?

—Eh pues emocionada, muy contenta y nerviosa—sonreía—. Los chicos son increíbles.

—¿Cómo se siente al no estar en el escenario?

—Bueno, la verdad es que da un poco de envidia, sana por supuesto, pero ha estado bien. Hay que hacer otras cosas y evolucionar.

—Rachel—habló otro de los periodistas cuando de repente sintió la presencia de Mónica a su espalda, regalándole una sonrisa y la confianza que necesitaba para llevar a cabo aquello—. La señora Watson nos ha confesado que trabajar contigo ha sido una experiencia muy enriquecedora ¿Qué opinas?

—Es un gran honor que alguien como ella diga algo así de mí—respondía con orgullo—. Pero la verdad es que es ella quien me ha enseñado a mí, y me ha dado una gran lección de vida.

—¿Qué lección?

—Pues que en esta vida nadie es como aparenta, o como los demás la imaginan—tomó aire—. La señora Watson me ha demostrado que es una gran mujer y que apuesta por el talento y la profesionalidad.

—¿Lo dice por los rumores acerca de su vida personal?

—Mi vida personal es eso, personal. Es mía, de nadie más—espetó—. Yo la voy a vivir como quiero y creo que eso no le hace daño a nadie. Y, por supuesto, como he podido demostrar, no me excluye de ser una buena profesional.

—¿No crees que volver a los escenarios, aunque sea de productora, le va a quitar tiempo de su vida personal? —cuestionó otro de los periodistas.

—No entiendo esa pregunta. Me quitará el mismo tiempo que si estuviese trabajando en otro lugar, como cualquier otra persona del mundo ¿No cree?

—Por eso mismo le pregunto. Todo el mundo habla de su vida personal, hay rumores acerca…

—Estoy aquí para hablar del musical Dreams—interrumpía—. Mi vida personal no creo que sea de interés en este momento—se dirigió al insolente periodista.

—Pero usted no se esconde de nada ¿Por qué no confirma o desmiente los rumores acerca de…?

—Disculpe—interrumpió Rachel—. No tengo nada que confirmar o desmentir, porque no tengo nada de lo que hablar con ustedes acerca de mi vida privada. Así que, por favor, zanjemos esa cuestión y hablemos del musical.

—Ok. Señorita Berry ¿Qué le ha parecido la actuación de Broke Williams?

—Increíble, Broke tiene un potencial impresionante y lo va a seguir demostrando durante los 7 meses en los que vamos a estar en el teatro. Pero no es la única—aclaró—. Todos, absolutamente todos tienen un talento increíble. Desde Broke hasta el ayudante de sonido. Son increíbles. Son un grupo humano increíble.

—Rachel, acaba de pedir que no hablemos de su vida privada, pero no puedo evitar preguntarle por Quinn Fabray, ya que ella está en el musical ¿Qué le ha parecido su debut? ¿Es cierto lo que dicen de ella acerca de su futuro en Broadway?

—Quinn Fabray es una actriz que marcará un antes y un después en este mundo—respondía sonriente—. Soy muy afortunada de poder contar con ella en el musical, y, por supuesto, su debut hoy ha sido espectacular. Como el de todos sus compañeros.

—¿También está orgullosa de ser su pareja?

Silencio.

Aquella pregunta había salido de algunos de aquellos periodistas, pero Rachel no supo de quien. Simplemente la escuchó y pensó por algunos segundos cual iba a ser su respuesta.

Al igual que Mónica, que optaba por acercarse más a ella y tranquilizarla.

—¿Puede responder a eso?

—¿Quién lo ha preguntado? —cuestionó Rachel, que seguía sin saber quién era el periodista que había osado a dejar escapar aquella endiablada pregunta.

Nadie respondía. Todos se miraban unos a otros y trataban de averiguar de quien había procedido aquella pregunta.

—He dicho que no quiero hablar de mi vida privada, pero veo que os cuesta entenderlo—volvía a hablar Rachel—. Solo diré una cosa a quien me ha preguntado y no se atreve a dar la cara ¿Eres feliz? Porque yo si lo soy. Y mucho—sentenció justo en el instante en el que uno de los chicos que se encargaban de la organización, la obligaba a seguir su camino y posar delante de los fotógrafos que esperaban impaciente su llegada.

Fueron varios los minutos que ocupó delante de aquel alud de flashes y cámaras que la enfocaban como si fuese una de las protagonistas de aquella obra. Flashes que aumentaron en ese instante, cuando el murmullo de los periodistas daba la bienvenida a quienes habían sido los tres protagonistas de la primera función de aquel musical.

Quinn, Matt y Broke hacían acto de presencia en aquel improvisado escenario, y se acercaban a los que antes habían cuestionado a Rachel.

También lo hicieron Gio y Joseph, que, para sorpresa de todos, se mostraban cogidos de la mano. Sin temor alguno a los rumores que aquello podía provocar. Pero todo eso pasó desapercibido para Rachel, que, a punto de marcharse de su zona, observaba a Quinn. Solo a ella, con una enorme sonrisa en sus labios y el orgullo que le daba verla delante de todos aquellos chicos que reclamaban su atención con insistencia.

Una mirada que a pesar de los flashes que la cegaban logró provocar su atención, para rápidamente, y tras varios segundos tratando de asimilar lo que estaba sucediendo, encontrarse con ella devolviéndole la mirada. Y por supuesto, aquella enorme sonrisa que vestía para la ocasión.

No lo dudó, como tampoco había dudado desde que llegó a aquella ciudad hacía ya nueve meses, y saltándose el protocolo, abandonó la pequeña rueda de prensa que ya acertaban a responder Matt y Broke, para terminar, caminando hacia la zona donde aún estaba Rachel. Justo delante de todos aquellos fotógrafos que, durante todo aquel tiempo, las habían perseguido y cazado en decenas o centenas de paseos por Central Park. De cafés en terrazas o en cenas con amigos.

—Enhorabuena—espetó Rachel abrazándola en mitad de aquella multitud.

—¿Te ha gustado? —cuestionó Quinn de manera íntima, evitando que nadie más pudiese oír aquella conversación que se mezclaba con el sonido de las cámaras, y las voces de los fotógrafos reclamando su atención.

—¿Tú que crees? Siento no haber sido yo quien te entregase el ramo de flores, pero eso es un privilegio que solo tienen algunos.

—No te preocupes, esta noche me darás mi regalo a solas.

—¿Estás tentándome delante de estos paparazis?

—Un poco tal vez—bromeó—¿Posamos? —lanzó una mirada hacia los fotógrafos.

—Mmm Ok. Que sepas que ya me han preguntado por ti—respondía al tiempo que, sin dudas, se colocaba junto a ella, dispuesta a darle a aquellos paparazis una más de las tantas imágenes que ya tenían de ellas dos juntas.

—¿Y qué has respondido? ¿Somos oficialmente novias? —preguntó con apenas un susurro, sin apartar la mirada de los fotógrafos.

—No—sonreía divertida—. Lo sabrán cuando nos casemos.

—Pero para eso falta mucho. Ni siquiera me lo has pedido—bromeó.

—Por eso mismo —respondía con rapidez aumentando su sonrisa.

Una sonrisa que podía eclipsar aquellos fogonazos procedentes de los flashes que no cesaban, mientras ambas permanecían inmóviles, enlazando sus brazos y enfrentándose sin miedo a todos y cada uno de los rumores que las involucraban como pareja.

No temían, no sentían que estuviesen mintiendo ni se sentían vulnerables a aquellos rumores. Había creado una pequeña familia. Sus padres, sus mejores amigos sabían absolutamente todo, incluidos sus compañeros del musical. Lo sabía Mónica, que se había convertido en representante de ambas y, por supuesto, todos aquellos fotógrafos, a pesar de que ellas jamás lo habían confirmado. Y no lo hacían porque sentían que la relación más hermosa que habían vivido no era asunto de ningún desconocido. Porque ellos no tenían por qué conocer sus sentimientos. Porque cuando entraban en sus apartamentos eran ellas, no las dos actrices que se exponían ante el público. Y porque de esa forma les iban a devolver toda la frustración que un día tuvieron que superar a base de paciencia, y las incombustibles sesiones de terapia de Santana.

—Será mejor que regreses con ellos—susurró la morena lanzando una mirada hacia Matt y Broke—. No querrás que la señora Watson se arrepienta de haberme aceptado como coproductora por retener a una de sus protagonistas ¿No?

—Cierto, tengamos a la jefa superior contenta—sonreía divertida—¿Te vas ya para la fiesta? —cuestionó Quinn sin perder de vista a los periodistas.

—Por supuesto. Brody, Kate, Santana y Britt deben estar llegando ya. Y tu madre y Thomas también.

—¿Emily?

—Está con mis padres, tranquila—respondía con serenidad—. Ellos la cuidarán.

—Ok. Pues allí te veo—respondía tras ver como Mónica aparecía ante ellas e invitaba a Rachel a que la acompañase—. Y procura estar así de sexy cuando regresemos a casa—guiñó un ojo—. Quiero mi sesión de agradecimiento. Ahora te toca a ti ser romántica. Y mucho, por cierto.

—Cuidado Fabray, todavía puedo besarte y darles lo que tanto buscan—sonrió traviesa.

—Chicas dejad de jugar con fuego—interrumpía Mónica.

—Tranquila, Mónica—habló Quinn—. Ninguno de esos paparazis se llevarán la exclusiva a sus casas—respondía divertida y con seguridad segundos antes despedirse de Rachel con un abrazo, y apartarse de ambas para regresar al pequeño grupo de periodistas que seguían entrevistando a los demás protagonistas de la obra.

—¿Qué sentido tiene que sigáis así? —cuestionó Mónica apartando a la morena del foco de fotógrafos—. Todo el mundo lo sabe, Rachel ¡Es un secreto a voces!

—Pregúntaselo a Santana—respondía Rachel—. Ella es la culpable de todo.

—¿La culpable de que esos quieran una foto oficial vuestra como pareja y vosotras os dediquéis a posar juntas, dando a entender que lo sois?

—No, Santana es la culpable de que ni a Quinn ni a mí nos importe posar juntas, ni nos importe el qué dirán o qué pensaran de nosotras. Santana es la culpable de que ahora, por fin, sea feliz, sin preocuparme de nada ni de nadie. Solo de esforzarme por seguir trabajando en lo que quiero, y disfrutar de mi hija y de Quinn sin miedos—hizo una pausa—. Ella es la culpable de que no tengamos la necesidad de confirmar nada a unos desconocidos ¿Té parece poco?

—Me parece perfecto—respondía Mónica, que ya acompañaba a Rachel hasta uno de los coches que la iba a trasladar a la fiesta que habían preparado para celebrar el estreno del musical.

—Pues eso, Mónica—balbuceó—Si vas a culpar a alguien, busca a Santana. O mejor no, mejor busca a la estúpida paloma que se estrelló contra uno de las hélices del avión que hizo que el vuelo de Quinn desde Londres se retrasase, pero que no pudo evitar que llegase en el momento en el que más la iba a necesitar—le dejó un pequeño guiño—. Ella tiene la culpa de todo.