Llegamos por fin al último capítulo!

Gracias por este viaje que me costó mucho.

Nota aclaratoria: En este capítulo inicia desde el POV de Astrid.

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Capítulo 30: Inquebrantable

"Es extraño cómo a veces
una historia parece terminar
justo como comenzó,
en un círculo
".

Cómo hablar dragonés. –Cressida Cowell

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-¡Mujeres y niños a la playa de Thor! -fue la orden indiscutible del jefe de Berk.

Algunos hooligans escucharon, asintieron y obedecieron a la indicación que Stoick dio; yo me desperté con el ruido de algunas catapultas y también después de que mami me sarandeara.

-Deben irse. –escuché la voz de mi padre, mientras nos sacaba de la casa a mí y a mi mamá. Ella, demostrando que era una vikinga fuerte y tenaz, me cargó y trató de protegerme en medida de lo que podía. –Escóndanse en el bosque, iré por ustedes cuando todo se calme. Vayan a la cueva; Bertha, ya sabes cuál.

-¿Qué pasa papá? –pregunté con algo de sueño, tallándome un ojo después de bostezar pues era entrada la madrugada y me habían despertado.

Noté la manera en la que él suavizó su expresión, acariciando mi rostro. –Son unas personas malas que han venido a llevarse algunas cosas de Berk, pero no vamos a permitir que se salgan con la suya, mi princesa.

Princesa.

Recuerdo que mi padre siempre me llamaba princesa.

-Astrid, debemos irnos. –habló mi madre, desesperada, ella siempre era valiente, siempre se mostraba ruda ante cualquier situación. Admiraba eso de ella, siempre me repetí que cuando fuese mayor, quería ser justo así; pero había algo diferente en ese momento, era como si temiera mucho de esas personas que habían llegado.

Sólo asentí, tomé el hacha pequeña que mis papás me dieron en mi cumpleaños pasado hace algunos meses y corrí junto con mamá. En el camino, mi madre le pegó a esos raros gemelos que me caían tan mal, porque estaban embobados observando los grandes incendios que ocurrían desde el puerto.

Me dieron ganas de regresar y pelear con mi padre, pero si me habían dado una orden, debía cumplirla, sin embargo, mi mamá se detuvo abruptamente, me colocó detrás de unos arbustos, intentando protegerme. Creo que ella vio algo peligroso.

-Hijita, escucha bien, pase lo que pase quiero que te quedes aquí, si puedes ir bosque adentro, escóndete entre los arbustos o trepa árboles, eres ágil, lo sé… debes también buscar a tus tíos y a tus abuelos, ve. –me dijo con desesperación.

Asentí a como pude, mi mamá me dio un beso en la frente e hizo que me agachara, me arrojó a los arbustos y se movió con velocidad, me iba a incorporar para irme, pero en eso escuché unos pasos detrás de nosotros. Me agaché de nuevo, obedeciendo las señas de mi mamá, por alguna razón ella no quería que me vieran.

-Vaya, nada más… miren lo que trajo la marea. –escuché una voz rasposa, parecía ser la de ese hombre que apareció. –Bertha.

Nunca entendí por qué conocía el nombre de mi mamá.

Ella se dio media vuelta, tratando de ocultarme, nunca me había dado cuenta lo fuerte que apretó su hacha.

-Más vale que tú y tu flotilla de barcos se vayan pronto de Berk. Tenemos una gran armada en defensa. –advirtió, sin un sólo gramo de miedo en su voz. –No pasará lo mismo con esta isla.

El hombre le sonrió con maldad, apuntando con su espada también.

-Admito que fue difícil venir hasta aquí, pero ha valido la pena. Veníamos por joyas, oro, o algo de valor. -dijo, empezando a caminar alrededor de ella, pero sin llegar a verme a mí. –Pero encontré algo mucho más valioso que eso.

Su mirada me causó una sensación que sólo había obtenido en las noches de tormenta.

-Encontré a la jefa perdida de los Bog Buglars. Hay un precio muy alto por ti desde hace años. El jefe Drago sigue molesto por la pérdida de años de trabajo que le costó tu escape.

Cuando dijo eso, se acercó rápidamente, ni tiempo tuvo de patalear, porque la jaló del cabelló, atrapándola entre sus brazos, deshaciendo la trenza castaña que siempre llevaba.

-¡Suéltame! –gritó, incluso le mordió la mano, pero fue inútil.

El hombre gritó y le pegó a mi mamá, sacándole poquita sangre de su labio. Ella era fuerte, por algo le decían La Grande, pero en definitiva, ese pirata la doblaba en tamaño y en fuerza.

-La última vez que te vi, pensé que fuiste comida por dragones, o que te quemaste entre la bravura de las llamas.

Mi mamá le escupió, incluso le cayó algo de sangre que tenía en la boca, haciéndolo rabiar.

-Pues ya ves que no. No saldrás impune.

El pirata la colocó de espaldas, amarró sus brazos y antes de que ella intentara gritar para pedir ayuda, también le colocó un pañuelo en la boca. En ese momento entendí que había algo mal, estaba a punto de salir y decirle a ese hombre que dejara en paz a mi mamá, pero ella me dijo con la mirada que me quedara en donde estaba, ella dejó de mostrar resistencia, allí me di cuenta que se estaba sacrificando por mí.

No supe si hacerle caso a ella, u obedecer lo que mi pequeño corazón de niña me decía.

La sujetó con fuerza y la obligó a caminar por donde habíamos venido.

-Esta mujer vale oro. Me pagaran muy bien por alguien que es de la realeza. –musitó el que seguramente era el capitán. –Esta vez yo mismo te escoltaré hasta la isla de venta de esclavos; hay un Amo de dragones interesado en volverte a ver.

La cargó entre sus brazos, hasta que escuché cómo el pirata que tenía a mi mamá gritaba de dolor y caía al piso, soltándola a ella, también pensé que lo mejor que debía hacer era ir a buscar al amigo de mis padres, Stoick, o mi papá, fue cuando me di cuenta que esos hombres no gritaban en vano, era debido a heridas que tenían en sus brazos, al parecer hechas al filo de un arma.

Sentí algo en mi pecho, como algo frío y seco que me impedía respirar bien. Poco a poco mis ojos empezaron a humedecerse. Me odié por ser tan débil, o podía permitirme ser así, pero no podía evitarlo.

-Tranquila, estarás bien. –escuché la voz temblorosa del pequeño hijo del jefe. La reconocí de inmediato, pero era claro que él no iba a poder con todo un hombre como el invasor, pero aunque en ese momento ni me pasó por la cabeza que ese chico, sería con quien quince años después me iba a casar.

Agradecí con la mirada, él me brindó la mano para que me pusiera en pie.

-Vi que estaban en problemas y le hablé a tu padre. –su voz seguía escuchándose con algo de miedo y nerviosismo.

Fue cuando mi papá llegó y me abrazó rápidamente, no fue como los abrazos que me daba al llegar de la pesca, pero fue igual de significativo.

-¿Estás bien, Astrid? –preguntó agitado.

Asentí efusivamente, y me volví a odiar por no ser igual de brava que el resto de los vikingos, ese día me prometí que pasara lo que pasara, debía mantenerme firme y valiente siempre, en especial en las batallas, el pánico nunca más me volvería a domar.

-¿Y tu mamá?

Giré mi cabeza en dirección a donde estaba el pirata. Apunté y le señalé el camino a mi papá. –Allí, se la están llevando.

Él abrió los ojos desmesuradamente. Eran azules, tan azules como las el mar siendo iluminado por el sol en su máximo esplendor, pero de no ser por la falta de luz en esa noche, habría asegurado que estaban tornándose negros, por la furia que desencadenó mi comentario.

-Ustedes quédense aquí. –nos dijo a mí y al enclenque hijo del jefe, mientras sostenía el hacha de mi mamá, seguramente la recogió del suelo.

Mi papá se dirigió con el hombre, y lo golpeó en la cabeza con el mango del hacha, lo cual fue una suerte para el hombre, porque de haberlo hecho con el filo, seguramente lo habría descabezado.

-No vuelvas a lastimar a la mujer que amo. –amenazó, mientras tomaba a mi mamá de la cintura para atraerla hacia sí.

El pirata se tambaleó, tratando de enderezarse después de los puñetazos.

-¿Tú?

Mi papá siempre me dijo que debía ser valiente, no mostrar sentimientos de debilidad, pero por más que intentara ocultarlo, estaba asustada.

No me gustaba para nada esa situación. Mi corazón latió mucho más rápido, como si intentara decir que me fuera de allí para no ver lo que pasaría, porque de seguro iba a sufrir, tal vez tuvo razón, pero mi mente me dijo que me quedara allí y la mente ganó la partida.

Sentí una mano jalándome.

-Hay que irnos Astrid. –escuché la voz del hijo del jefe.

Volteé a verlo, sus ojos verdes estaban preocupados, pero ni sé que mirada le di porque de inmediato él endureció la suya, como si fuera un mini jefe.

-Mi papá dijo que fuéramos a la caverna. Hay que obedecer.

Yo no quería dejar a mis padres, pero él me jaló.

-Tengo que ayudarlos. –reproché obstinada.

Justo cuando iba a caminar para lanzarme contra el pirata, sentí unos brazos que me rodeaban y que me alzaban junto a Hiccup.

-¡Aquí están! –mi tía Gylda nos tomó.

-¡Allá está mami y papi! –grité atemorizada.

Mi tío vio a lo que me refería, el pirata estaba forcejeado con mi padre mientras que mi mamá seguía desmayada en el frío suelo.

-Yo me encargo. Gyl, llévalos a los refugios, no salgan hasta que escuchen el cuerno.

Mi tía nos tomó y llevó hasta el refugio en las cuevas.

-Tranquila, Astrid. Tú tío se encargará de todo. Ellos estarán bien.

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"Ellos estarán bien"

Esa frase la repitió Astrid durante la estadía en las protecciones de la isla. Se quería convencer que todo iba a estar bien, pero se equivocó, lo supo cuando vio a su tío entrar a los refugios.

-¡Finn! –exclamó Gylda, dejando a Hiccup y a Astrid para ir con su esposo. -¿Ya terminó todo?

El estruendoso sonido de una tormenta que provenía opacó el silencio que los refugiados estaban viviendo, mostrando alegría por la defensa de Berk.

-Sí, es seguro salir. Stoick me mandó por ustedes. –dijo con voz apagada mientras los sobrevivientes celebraban otra victoria en la historia hooligan.

La curandera abrazó a su esposo, pero éste no correspondió el abrazo.

-¿Finn? –preguntó Gylda al notar esa extraña manera de dirigirse a todos. -¿Estás bien?

El rubio negó dolido. –Necesito que me acompañes a la casa. Erick y Bertha fueron gravemente heridos.

Astrid se había acercado a sus tíos; cuando ella escuchó esas palabras, sintió que su mundo se empezaba a desmoronar.

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La rubia Astrid estaba afuera de la casa, acompañada por su tío Finn, quien trataba de animarla.

Había sido una difícil noche para todos los miembros de la isla. Estaban acostumbrados a recibir ataques pero más acostumbrados a defenderse y no dejar que ninguna persona abusara de la autoridad que llevaban en la sangre vikinga; pero esa noche cada uno de los ataques y asaltos que sufrió la isla dejaron secuelas y heridas que quedarían grabadas en los corazones de cada habitante de la isla.

-¿Qué fue lo que pasó? –preguntó Stoick, tratando de encontrar respuestas entre las miradas absortas de los presentes.

-¡Papá! –celebró Hiccup, buscando la manera de llegar hasta su progenitor, quien correspondió, pero con menor efusividad.

El tío de la rubia se puso de pie y se acercó a su jefe. -Intentaron llevarse a Bertha, mi hermano atacó al hombre y de la nada aparecieron otros dos que nos atacaron. Erick dejó tuerto al infeliz que le dio dos cuchillas a él y a Bertha.

El jefe mostró su temple al resistir esa mala noticia. No podía estar exponiendo sus sentimientos y sus preocupaciones.

-También hay más heridos, tenemos al menos quince caídos. -mencionó el herrero, quitándose el casco en el proceso. -Fue una noche llena de desgracia.

-No consiguieron llevarse nada, pero acabaron con muchas familias. –coincidió el jefe, sintiéndose mal por no poder proteger a su isla.

En eso salió Gylda de la casa. Llevaba una mirada empañada y ojos rojos a pesar de la oscuridad de la noche.

-¿Cómo están? -preguntó el jefe.

Ella negó con la cabeza pausadamente. -Están muy delicados, ambos perdieron muchísima sangre y me temo que a pesar de atender las heridas lo mejor que Gothi y yo hemos podido, tienen una infección muy grande. No quiero decir esto, pero creo que no van a sobrevivir a la noche.

La pequeña niña sólo escuchó esa información que daba su tía. Su corazoncito no lo soporto empezó a sentir que su mundo se derribaba al derredor y no podía controlarlo. Su padre siempre le dijo que ella era muy fuerte, pero ese cambio radical en su vida era más fuerte que ella.

Se quedó inmóvil, quieta y se tragó todas las lágrimas que amenazaban con salir. Apretó fuertemente el hacha que le habían regalado semanas atrás en su cumpleaños, sintiendo un impulso tan grande naciendo dentro de ella para encontrar al hombre que había lastimado a sus papás y esa misma noche clavarle su hacha en el cuello de él.

Siempre lo recordaría y sería testigo de sus más profundas pesadillas. Aquel tuerto que quedó con esa cicatriz permanente realizada por su padre. Ella los encontraría un día y lo dañaría justo como él le había perjudicado a ella.

Fuera de la cabaña el silencio aterrador los golpeó como un balde de agua fría a todos, sintiendo compasión por sus amigos y familia, pero en especial por la pequeña Astrid.

-Quieren hablar contigo, Stoick. –mencionó Gylda, manteniendo su entereza.

El jefe aceptó. Dejó a su hijo sentado con su amiguita y entró con ellos.

-¿Yo también los puedo ver? -preguntó Astrid sin mostrar ni una sola emoción.

Sus tíos le sonrieron con la mayor de las amabilidades mientras su abuela le abrazaba un poco.

-Claro que sí, en cuanto salga el jefe será tu turno. La rubia sintió obediente y se sentó en las escalinatas de su casa.

Dentro de la casa de los Hofferson, Stoick sintió su corazón achicarse cuando vio a sus amigos moribundos en las camas correspondientes.

La tenue luz de las velas facilitaba la apreciación de ellos, pero también hacía visible su sufrimiento.

-¿Astrid está bien? -pregunto Erick tratando de sentarse, sin embargo un dolo le hizo caer en la cama de nueva cuenta.

-Ey, tranquilo compañero, tu hija está bien y fue muy valiente. –informó animado. -Burló a unos piratas.

El vikingo mostró una sonrisa de orgullo. -Ésa es mi hija.

En cuanto se calmó esa pequeña euforia el de la armada se volteó a ver a Bertha, quien estaba más convaleciente. En eso entró Gylda y su esposo.

-Prométeme que van a cuidar de mi hija. –pidió la castaña, respirando con dificultad.

Gylda asintió y le tomó las manos a su amiga y cuñada mientras seguía presionando la herida en el vientre. -Claro que sí pero tú te vas a poner bien. -trató de animar.

La burglar miró con gratitud a su cuñada, le estaba dando ánimos y engañándose también. -Estos años he sido curandera, sé identificar las heridas de muerte. –comentó con resignación. -Y sé que tanto Erick como yo, tenemos de esas.

-Siempre en equipo, no mi amor. -bromeo su esposo para después toser un poco de sangre.

Gylda trató de frenar las hemorragias que tenían pero era un esfuerzo en vano.

-Sí, eso parece. -musitó la ojiverde mientras trataba de compartir un tema de sonrisa.

Después su semblante cambió. -El pirata que nos atacó fue el mismo que intentó asaltarnos la vez que Erick me rescató cuando fui esclavizada.

-Se llama a Argus. -mencionó Erick, furioso.

-Les prometo que algún día lo encontraremos y le haremos pagar por lo que le hizo a los burglars y a ustedes. –añadió Finn, bravo como siempre.

Bertha y su esposo agradecieron tal promesa. Ambos sentían que las fuerzas iban escaseando de sus cuerpos, pero aún tenían mucho que compartir y pedir.

-Gyl, toma esto, mi medallón. -señaló con debilidad. La curandera se acercó con ella mientras Gothi atendía al rubio. -Este medallón quiero que lo tenga mi hija cuando sea mayor, tiene un mensaje… tal vez cuando mate a su primer tragón o cuando se case. –imaginó a su bella niña viviendo etapas de su vida. -Yo no podré estar con ella, pero confío en que ustedes la cuidarán.

-Claro que sí. Sabes lo mucho que amo a Astrid, les prometo que la cuidaré como si fuera mi hija.

-No tienen ni siquiera que pedirlo. Añadió Finn. -le tomó la mano, agradecida por lo que estaba dispuesta hacer.

-Deben saber otra cosa. –añadió Berhta humedeciendo sus labios. -El tratado del compromiso de Astrid sigue vigente mientras mi hija esté viva. Ella es la heredera legítima a esa isla, pero nadie fuera de esta sala puede saberlo. -demandó la líder. -No quiero que se vea forzada a casarse con un Berserker, ella debe casarse por amor. –sentenció, dejando sorprendidos a los presentes. -Yo no quiero que le digan nada de Bog Burglar ni de su origen hasta que ya no puedan usar ese compromiso como carta de negociación. -mencionaba cada vez con más debilidad.

Erick estaba moribundo, pero giraba su cabeza viendo a su esposa, y le parecía aún la mujer más hermosa de todo el mundo. -Nuestra hija es una Hooligan también, en nuestra cabaña, en el sótano encontrarán un cofre con oro suficiente para que no le falte nada en un futuro. Pueden usarlo como dote, chantaje, o motín. Siempre y cuando ella esté a salvo y sean sus decisiones. –dijo el rubio, con pesadas palabras.

Los miembros juraron frente a ellos que no dirían nada del origen verdadero de la pequeña. Salieron de la cabaña tras despedirse de sus amigos y después fue el turno de los padres del rubio.

-Irán al Valhalla, no lo dudo ni por un momento. -ánimo la abuela Astrid.

-Que las Valquirias los acompañen –rogó Einar, quien se hizo el más fuerte, partiendo su alma por ver que su hijo moría por manos de los atacantes, él también se encargaría de encontrar a esos piratas. Finalmente, fue el turno de la valiente rubia de cinco años quien al ver que sus abuelos salían de la cabaña, se puso de pie tomó su hacha e ingresó a la cabaña con un porte digno de una brava guerrera.

Incluso el mismo jefe envidio ese temperamento.

-Mami. -pregunto con voz quebrada.

Los progenitores de la pequeña la miraron en la puerta, les sonriera y alzaron sus manos para que ella se acercara con ellos.

-Aquí está mi niña valiente. -reconoció el rubio.

-Mi princesa. -le llamó de cariño la castaña de ojos verdes. -Eres tan valiente Astrid, eres fuerte y vas a poder con cualquier cosa la vida te prepare mi amor. Aunque se rompa tu corazón te aseguro que tienes la fuerza dentro de ti para reconstruir y formar algo mucho más valioso.

-¿Se van a poner bien verdad?.

-Eso deseamos. -mencionó el padre. -Pero creo que nos están llamando las Valquirias para ir con ellos y estar en el salón de Odín.

-Pero yo los quiero aquí. Conmigo. –empezó a mostrar su orgullo, aguantando sus ganas de echarse a llorar.

-Y te aseguro que queremos quedarnos para que no tengas que estar sola. Pero tus tíos y tus abuelos te van a cuidar y hará ante ti una mujer maravillosa como lo es tu madre. -aseguro el rubio tosiendo nuevamente y viendo que poco a poco la sangre salía de su boca. -Estarás bien mi niña. Te lo prometo yo sé que va a doler que no estamos a tu lado y a mí ya me duele ese sufrimiento que te estamos causando desde antes.

-Pero esto no es tu culpa ni tu decisión. Somos parte de algo mucho más grande de lo que no tenemos un control. Por eso hay que vivir cada día, aprovecharlo y hacer lo que deseamos para ser felices. Así no tendremos que culparnos de nada cuando nos llegue el momento de partir de este mundo. –consoló Bertha, acariciando el rostro de su hija. -Yo sé que eres fuerte, y sé que nos vas a extrañar mucho, pero también sé que te vas a reponer.

-Y que algún día serás muy feliz. Mientras tanto tienes que aceptar lo que te toque transformarte desde adentro para poder transformar el derredor. –finalizó Erick, cayendo en su cama, para recuperar fuerzas.

Ella escuchó atentamente los últimos consejos de vida que sus progenitores le daban. Pero aún no lloraba. Aún podía resistir así que le sonrió le tomó las manos a cada uno y les dejó el hacha que sus tíos los habían dado.

-Buen viaje, entonces.

Tanto Erick como Bertha se miraron entre ellos. Se miraron con esta misma profundidad con la que se vieron por primera vez cuando se conocieron en el claro mientras ella se bañaba. Con esa misma devoción de entrega cuando se besaron por primera vez en esa cueva, durante una cruel tormenta que los iluminó poco a poco hasta que se besaron. Se miraron con dolor superado que se causaron mutuamente, y también se miraron con alivio, el mismo con el que se habían visto cada vez que salían libres de algo.

Tal vez se habían burlado a la muerte en demasiadas ocasiones y esto les estaba cobrando factura.

-Fue una gran vida, corta, pero buena. –añadió Erick con dolor. Y no cambiaría nada de la vida juntos. Te amo. Te amo con todo mi corazón, burglar. -expresó Eric mientras acariciaba los nudillos de su esposa estirando el brazo hasta alcanzarla en el extremo de la otra cama individual.

Bertha se removió un poco causándole dolor en su costado y también acepto ese agarre.

-Yo también te amo, mi vikingo. Eres lo mejor que me pasó en la vida. ¡Qué bueno que me viste bañarme ese día!

-Qué bueno que andaba de metiche.

Ambos sonrieron ante la ironía, tal vez la última risa que podrían compartir. Astrid los miró feliz de haber sido testigo de su amor. Después los dos jefes viraron sus ojos hasta su hija, a quien también tomaron de la mano.

-Y tu Astrid Camicazi Essen Hofferson, eres lo que nos unió y nos unirá por el resto de la eternidad. –expresó Erick, diciéndole por primera ez su nombre completo.

-Sabes que tu padre y yo nos amamos mucho y debes saber que tú naciste de ese amor. Gracias a ti es que estamos juntos y no debes olvidar que te amamos con todo el corazón.

La rubia asintió feliz. -Lo sé. Yo también los amo.

La niña recibió el abrazo de su padre primero, y el de su mamá después. Se llenaron de besos los más que pudieron y le otorgaron una bendición de vida. Ella se quedó allí, sentada en medio de las dos camas, hasta que el cansancio la venció y terminó recargada en la cama de su madre, sujetando su mano con fuerza.

Los jefes se enorgullecieron demasiado por su hijita. Era tan madura y tan inteligente además de hermosa. La niña se quedó ahí con ellos tomándolos de las manos.

-Es preciosa. –musitó la jefa.

-Claro que lo es, se parece a su mamá.

Conforme pasaron los minutos se escuchó una tormenta avecinarse, no llovía, pero los truenos sonaban estrepitosamente mientras las centellas iluminaban el cielo.

-¿Te siguen dando miedo las tormentas? –preguntó el berkiano, casi con sus últimas fuerzas.

-No desde que cuento la lejanía de los rayos. –confesó sin formular bien sus palabras, aunque sin dejar de acariciar la cabecita su hijita.

Se vio un rayo a lo lejos.

-Sabes, yo inventé eso de las tormentas, o al menos no estoy seguro que sea verdad. –confesó apenado.

Bertha le negó. –Mentiroso, pero te funcionó el truco.

En cuanto se vio otro rayo, ellos siguieron sujetándose de las manos, Bertha empezó a contar.

-1…

-2. –continuó Erick, sintiendo que un sueño lo vencía.

-3.

-… -sólo se escuchó el trueno resonando por toda la isla.

No llegaron al número cuatro.

Al cabo de unas horas, con el amanecer. En la agarre de ambos se debilitó y aunque sus manos permanecieron entrelazados en el espacio de ambas camas ya ninguno de los dos mostró signos vitales.

Su último suspiro había sido dedicado para ellos, y la rubia había estado acompañándolos junto al resto de su familia quienes lo despidieron con respeto, honor y amor.

Gylda separó sus manos y los acomodo a cada uno en sus espacios con mucho dolor los cubrió con las telas después de checar sus signos vitales y corroborar que ya no estaban el con ellos.

-Se han ido, los dos. Se quedaron dormidos por el cansancio.

El abuelo de la rubia removió la pequeña quien también se había quedado dormida en el suelo. -Bien ya estás en el Valhalla. Sólo queda algo por hacer.

Por el atardecer un mismo barco salió por la costa de la playa de Freya.

-Que las valquirias les den la bienvenida, que dos líderes han caído. Un hermano, un líder, un esposo, un padre y un leal amigo voy a dejado el mundo junto a su esposa, una líder, una amiga, una desterrada, una madre.

La pequeña Astrid fue la primera en disparar una flecha que dio directo al mástil. Vio cómo se consumía el barco que llevaría a sus padres a donde debían descansar. Pero no lloró.

Reprimió sus lágrimas no por miedo a que lo juzgaron ni tampoco por miedo a sentirse débil. Sólo no podía llorar. Cuando terminó el evento Gylda tomó de la mano a su sobrina y se la llevó a la casa.

Por obvias razones la niña no quiso cenar nada y se fue a su habitación, pero no duró mucho tiempo allí, tomó su hacha y se escabulló y fue hasta el bosque, para… en realidad, no sabía para qué iba a ese lugar.

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Con pesadez, Astrid llegó a una pequeña planicie muy cerca de la aldea, vio una X en el tronco seco de un árbol, misma que su padre había dibujado tiempo atrás donde le enseñaba a atacar.

"Nunca pierdas tu objetivo" –recordó que él le había dicho.

Apuntó y lanzó el hacha, pero no dio en la diana, por el contrario, pasó de largo cerca del árbol, pero se asustó cuando vio que había asustado a alguien, pues gritaron cerca de ella.

Corrió para ver de quién se trataba y vio al pequeño y tierno hijo de Stoick.

-¿Qué haces aquí? –preguntó la niña, acusándolo con el hacha.

-Hola Astrid, hola Astrid, hola Astrid. –repitió temeroso. –Vine porque andaba buscando algo.

-¿Qué buscas? –cuestionó.

El castañito no sabía si era prudente expresar la verdad.

-Algo que perdí. –giró sus ojos, pero no le convencía a la rubia. -¿Tú cómo estás? No te vi llorar después de lo que tu papá.

La pequeña Hofferson agachó su mirada.

-Lo valientes no lloran. –dijo segura de sí misma.

-Todos lloramos, sino, no tendríamos ojos. –se encogió de hombros, como si fuera obvio.

-Los ojos son para ver, no para llorar. –retó, llevándose las manos a la cintura.

Hiccup no halló fallas en esa lógica.

-Pues los bebés lloran. He visto que a muchos vikingos llorar. Yo lloré el otro día que me caí. –dijo, mostrando su raspón.

-¿Entonces eres un bebé? –advirtió como una pequeña guerrera.

-Soy el hijo del jefe. –bramó aturdido. –Por lo tanto, y mi papá me dijo que no es malo llorar, él ha llorado, incluso. –presumió.

-Por favor, ¿es en serio? –ironizó.

Hiccup la miró con decisión. Se plantó firme y habló. –Sí.

Astrid se mostró asombrada por tal hecho.

-¿Y por qué lloraba?

El castañito se llevó una mano a su cabeza. –No estoy muy seguro, fue hace unos días. Yo iba bajando de mi cuarto a tomar agua y lo vi frente al fogón de mi casa. Estaba llorando y YO vi unas lágrimas salir de sus ojos. Creo que pensaba en mi mamá.

-¿Tú mamá? ¿No murió hace mucho?

-Sí, pero creo que él la extraña. –mencionó sincero.

La niña también se quedó callada. –Es normal extrañar, eso fue lo último que me dijeron mis papás.

-Al menos los conociste a los dos. –trató de ver el lado bueno de esa experiencia. –Tienes recuerdos bonitos de ellos contigo, ¿no?

-Sí, creo que sí. –mencionó, empezando a ver el cielo estrellado y despejado, algo que la noche anterior no ocurrió debido a la tormenta.

Pasaron unos minutos en los que se sentaron debajo de ese árbol.

-¿Por qué no lloras? –preguntó curioso.

-No lo sé. No puedo.

-No es difícil. –expresó el muchacho. –Pero tampoco es obligatorio. Mi papá me dijo que el dolor es parte del amor.

-¿Parte?

-Sí, algo así como cuando damos algo a cambio por recibir algo. –trató de explicar con su léxico creciente.

¿Es el pago?

-Supongo. Pero a cómo lo entendí, es como el precio que pagamos por querer a alguien. Mi papá quería a mi mamá, y por eso le duele que ya no esté con nosotros. Tú amabas a tus papás, y por eso estás triste, aunque no llores.

La niña se sintió apoyada, y como agradecimiento le dio un golpe en su hombro.

-¡Ouch! –se quejó Haddock. -¿Qué hice? Eres muy fuerte.

-Es mi pago. –le sonrió, agradecida por sus palabras. –Así soy.

-No creo acostumbrarme. –dijo sobándose.

Se quedaron viendo las estrellas por un tiempo más. La tranquilidad de la noche les daba cierta paz a sus pequeños corazones.

-¿A qué viniste al bosque? –preguntó el heredero, interesado.

-Creo que… a ver el cielo, las nubes y las estrellas. Me da cierta calma, es algo que veía con mis papás.

El niño buscó algo interesante.

-A mí me gusta el cielo también. A veces me pregunto si algún día podremos volar.

Astrid lo miró extrañada. -¿Es en serio?

-Sí. –no negó. –Es una pregunta que me he hecho.

-¿Y qué imaginas? ¿Robarle las alas a un dragón? –para ser tan pequeña abusaba del sarcasmo.

-No me gusta robar. Pero tal vez podamos construir algo para volar.

-¿Por qué?

-Es sólo que si nuestros antepasados inventaron los carruajes que andan por la tierra y lo botes que andan por el mar… ¿por qué no inventar algo que nos lleve a volar? –Hiccup siguió pensando.

La rubia lo miró con ternura, había olvidado sus sentimientos de dolor.

-Si fuera heredera de algo, entrenaría más, estudiaría más. Así sería la jefa que necesita la isla. –alardeó.

-Si fuera una persona que no fuera heredera de algo, pensaría en más cosas para ayudar a los demás. –opinó el de ojitos verdes.

Ambos críos se miraron.

-La mejor ayuda que se necesita es algo que capture a los dragones. Eso dice… decía mi papá. –recordó la niña, empezando a recordar el sentimiento de tristeza.

-Mi papá dijo algo así hace unas semanas. Los dragones tienen que desaparecer para que podamos vivir en paz.

-Eso es verdad, y tú, heredero, ¿qué va a hacer al respecto? –preguntó con curiosidad.

El niño imaginó una red muy grande que atrapaba a todos los dragones y los llevaba lejos de Berk. –Supongo que algo que no se le ocurra a nadie.

-¡Una trampa! –se animó la rubia, sacando su hacha. –Berk necesita una trampa para dragones y para piratas, no se deben volver a meter a la isla. Nadie más debe morir por un ataque.

El castaño se contagió de esa bravura.

-¡Sí!

Ellos dos siguieron así, imaginando nuevas oportunidades. Claro que ambos habían perdido a seres queridos, pero también habían hecho amigos nuevos que eran considerados familia. Tenían mucho por lo cual agradecer, y aunque eran muy pequeños, eran también muy inteligetes y capaces de aceptar la vida vikinga como llegaba a ellos.

Siguieron así por mucho tiempo. Tomando caminos y gustos tan iguales como diferentes, ajenos e ignorantes a la maravillosa y difícil vida que se les avecinaba, en especial por la bella amistad que algún día se iba a devenir en un amor tan grande que sería capaz de romper maldiciones, de soportar distancias y pruebas, de acabar con inseguridades, pero también de crear nuevas y únicas posibilidades de cambio para sus vidas y para el resto de mundo.

Aunque el proceso llegara a ser doloroso y las ilusiones y corazones tuvieran que romperse, porque era la única manera de aprender, y con ese aprendizaje, de crecer para ser mejor.

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FIN

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Epílogo

28 años después

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Después de ir a visitar a los Berserkers y establecer tratados de comercio con la nueva reina, Hiccup y Astrid celebraban su segundo aniversario.

Ya habían superado muchas cosas como Dagur, cuando descubrió el tratado berserker-burglar y lo usó para forzar a Astrid a casarse con él, sin embargo el amor de los jefes de Berk superó todo, incluso perder a un bebé un año atrás.

Hiccup tuvo la brillante idea de ir a Bog Burglar después de dejar Berserk, y tras explorar el terreno, descubrieron una cueva marcada por una señal. La rubia reconoció tal proceso y lo abrió con su medallón, aunque no muy segura de hacerlo bien.

-Vaya… no sabía que Bog Burglar era tan rico. –expresó Hiccup, anonadado.

-Sabía que lo era, pero no este grado, no así. –musitó asombrada. -¿Qué debemos hacer con este oro?

-Eso depende de ti, es tuyo. Es tu herencia. –Hiccup se encogió de hombros.

-No dice mi nombre.

Hiccup señaló la pared que estaba detrás de la rubia.

"Para nuestra hija, Astrid. Este tesoro no se compara al amor que te tenemos. Eres la siguiente jefa, y una jefa escucha a su pueblo, pero primero a su propio corazón. Te amamos, tus padres… Bertha y Erick"

Las lágrimas no tardaron en llegar para la heredera.

-No puedo creerlo.

Se acercó a la pared y trató de leer con más calma, procurando palpar con sus dedos la escritura que parecía ser la de su madre, hasta llegar a la parte en donde estaban las marcas de las huellas de manos.

-¿Qué es esto? –preguntó al ver que en la pared de al lado había muchas marcas de manos distribuidas, con los nombres debajo de ellas.

Hiccup se acercó, abrazándola por detrás, apoyando su barbilla sobre el hombro de ella. –Cada isla tiene una tradición, una manera de marcar la siguiente generación, en la que los jefes son recordados.

-¿En serio?

-Sí, en Berk se colocan los escudos de los jefes junto a las fotos del jefe y su hijo mayor, como el de mi papá y el mío, supongo que aquí era esto, colocar las palmas de sus manos con los pigmentos.

Astrid no dijo nada, estaba feliz de notar que había una larga tradición que le antecedía, desde una tal Liv Essen hasta la última, Bertha Essen.

-Faltas tú. –le susurró sin despegarse de ella.

Asintió tímida. –Quiero poner mi mano junto a la de mi madre y la de mi abuela.

Hiccup llevaba tinta de calamar en su alforja, así que no fue problema que Astrid la tomara para colocar su marca y su nombre.

-Ya había venido aquí. –susurró mientras limpiaba el excedente de sus manos y recordó ese día en compañía de sus progenitores. –Mis padres me trajeron cuando tenía unos cuatro o cinco años, yo creo. Me dieron un regalo, un broche de Nadder que tengo en casa.

Hiccup estaba feliz de ver a su lady así de curiosa y nostálgica, hasta que los dos se toparon con una inscripción más antigua en la pared continua, acercaron las fogatas y trataron de leerlas.

-Cuando vine mi madre me contó una historia. Era acerca de una valquiria y un vikingo que se amaron, pero que se separaron por culpa de otra persona, no lo recuerdo bien. –comentó pausadamente, tratando de recordar. –Y esta profecía los unirá de nuevo. Es una leyenda burglar.

Hiccup se quedó un poco curioso, pues esa historia era similar a la que su padre le contó.

-Y la hija de la valquiria fue la primera jefa de Bog Burglar. –concluyó Hiccup, acercándose a Astrid.

La rubia lo miró curiosa.

-¿Sabías la leyenda?

El jefe negó con seguridad. –Esa me la narró mi padre cuando era niño, te la conté cuando te di esta pulsera. –le señaló, tomándole la mano.

Los jefes se miraron incrédulos, no sabían hasta donde los había llevado el destino. Astrid recordó algo importante de ella y palpó el muro rocoso hasta que detectó lo que buscaba, un pequeño orificio, igual al de su emblema.

-Hiccup, alúmbrame.

El castaño acercó la antorcha y vio cómo Astrid colocaba su medallón en la posición correcta.

-¿Qué haces? –le preguntó al notar que también se quitaba su pulsera, y la colocaba alrededor del hueco.

-Mira… son los objetos de la leyenda, la que nos han contado toda nuestra vida. –le susurró feliz, señalando las dos reliquias que grácilmente eran apreciadas por ellos dos.

Hiccup seguía absorto por lo que atestiguaba.

-Pensé que eran leyendas, cuentos… -el muchacho dejó la antorcha sobre un soporte. -¿Fueron reales?

-Eso parece. –susurró, impactada.

A cada paso que daban descubrían algo nuevo y estaban felices.

-Me has dado un gran aniversario… una aventura. –le agradeció Astrid sin dejar de ver una pequeña porción de la pared donde estaban las iniciales de Erick y Bertha. –No sólo descubrí algo de mi pasado, sino que también empiezo a creer en la historia de la valquiria.

-¿Crees que se refieran a nosotros? –preguntó Hiccup, apoyando su mentón en el hombro d la rubia mientras le abrazaba por la cintura.

-Pues allí está mi collar y la pulsera que me diste… ¿no era el que estaba hecho de un corazón de oro?

-Sí, eso cuenta la leyenda, toques literarios. –se rio un poco. –Pero es maravilloso creer que estábamos destinados desde hace tiempo.

-Exacto, algo así como que a los dioses vieron que nos amamos tanto que nos les dio otro remedio más que juntarnos.

Finalmente, Astrid dirigió su mirada a una parte de la pared, encima de donde habían sido colocadas las piezas de joyería donde el polvo y varias capas de tierra habían tapado unas cosas.

-Hiccup, ¿alcanzas a leer lo que dice allí?

Prestaron atención, leyendo una inscripción que años atrás los padres de Astrid habían leído con devoción, misma que unas valquirias plasmaron en esa cueva, sellando el destino de dos enamorados.

Cuando la historia se repita

La valquiria y el vikingo

Volverán a estar juntos

Cuando la belleza divina y el orgullo se unan

Y se junten las tres reliquias

la bendición de los dioses recaerá en ellos,

en su descendencia y en sus islas.

El vikingo recuperará a su hija

Y ella será complemento del nuevo corazón

Ese día, los corazones serán escuchados

Y los corazones podrán descansar juntos

Los dos se tomaron de las manos, era maravilloso compartir esos momentos de felicidad entre ellos dos solamente.

-Te amor, burglar. –dijo Hiccup, llamándola así por primera vez.

-Y yo a ti, hooligan de Berk.

-Sabes, creo que nunca lo hemos hecho en Bog Burglar. –comentó Hiccup.

-No, eso creo, y… también creo que se avecina una tormenta, quizá debamos quedarnos aquí en la cueva. Los dragones estaban descansando en el claro.

-No se diga más.

El castaño la besó con ternura, una que cambió radicalmente con el incremento de pasión entre ellos dos, el lugar donde consumaron su amor nuevamente y donde se prometieron que volverían a ayudar a Bog Burglar, a pesar de los esfuerzos que tuvieran que hacer.

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Esto es Bog Burglar.

Una leyenda.

Una isla legendaria.

Sí, cubierta de ceniza e incluso carente de vida por el fuego consumidor. Pero guarda secretos, y fue mi hogar.

Mis antepasados vivieron aquí donde decidieron guardar sus tesoros terrenales, pero lo verdaderamente valioso lo llevaron siempre en sus corazones: el amor a la familia y a los amigos.

Sí, pasó por mucho, pero poco a poco renacerá. Volveré a permitir que sea sanada como las vidas de nosotros lo han hecho con el paso de los años, porque la historia que le antecede es fuerte, al igual que los corazones que vivieron aquí.

Todos los corazones burglars, berkianos y de cualquier ser humano son fuertes. Dentro de ellos hay valor, fuerza, sueños, amor. Desafortunadamente en muchas ocasiones para que esas cualidades puedan compartirse, el corazón debe atravesar un proceso y romperse para ver lo que hay dentro de él, y de esa manera, desechar lo inservible, potenciar lo valioso y aprender lo requerido.

No importa la manera en la que un corazón se rompe, ni cuál fue el punto de quiebre. Usar un dolor agónico en la vida de la persona lastimada.

Cada pedazo que quede va a tener un sentimiento diferente ya sea odio rencor tristeza o pensamientos negativos que al unirse pueden llevar a cometer acciones terribles y desmedidas porque nacen a raíz del dolor y no del pensamiento.

Es imposible determinar el alcance de daño que un corazón roto puede sufrir, pero el dolor nunca será eterno, un corazón roto aún funciona y se arregla y una vez que se renueva es más fuerte y está preparado para soportar cualquier prueba que la vida enfrente, siempre y cuando estemos dispuestos a ser valientes escuchando al corazón.

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(La historia continua en Cómo Escuchar a tu Corazón)

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Notas de la autora:

Ta ta raaa, se acabó!

Muchas gracias por esto, por el acompañamiento que tuve estos cuatro años, y en específico de estos dos años últimos cuando retomé el fic.

Mis agradecimientos a:

Megalomonster, KatnissSakura, hiccstridforeve, Reina Dragon, lady-werempire, Ana-Gami, SAM ARCHER, Hiccstrid, Alexa HSGS, Risu-chan xD, the-rider-sel, UnbreakableWarrior, Steffani, DragoViking, Flopi261, Jessy Brown, Gaby Chanii, NightFury91, Mary, Darky Marqui, madre de los ragones, Natalia, Mad Ladyration, Airi, Diane, Anislabonis, RoxFiedler, Dani Ardila, ImHollyBlue, Vyreco, fanaticaloca, my drinking years, Astrid Pizarro Haddock, Miranda Haddock 1914, Hinaru16241, Airam Dreamy Writter, DRAVEN GLEON5, NewCruel, jailys-sama, 2Sonic1808, Dlydragon, NightShadow16, Vikingo64, Nina, httyd1y2.

Gracias por este viaje, que estén bien.

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Terminado : 8 de agosto de 2020.