Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Kin, Zaku. Usaremos la estrategia del ataque en cruz. —ordenó Dosu, extendiendo su brazo metálico con orificios extraños.

—¡Entendido!—contestaron al unísono Kin y Zaku

Los compañeros de Dosu se colocaron a cada costado del rubio ceniza, dejando al líder del trío del sonido el frente del ataque.

—Mierda, me van atacar los tres a la vez desde distintas posiciones. Apenas puedo mover mi brazo derecho, y la fiebre ya me está afectando para mantener el equilibrio. Joder ... debo pensar como el imbécil de Deku que se le ocurren los planes más descabellados y estúpidos pero eficacies para situaciones desesperadas. Y ahora mismo estoy en una situación desesperada. —pensó Bakugo, volteando la mirada en las tres direcciones de sus atacantes.

El rubio ceniza no pudo pensar durante más tiempo en algún plan ya que, efectivamente le atacaron a la vez desde los flancos, por parte de Kin y Zalu y por el frente, por parte de Dosu.

Kin le atacó lanzándoles una docena de agujas. Zaku le atacó usando su brazos modificados artificialmente con una gran explosión de aire y Dosu estaba ya a escasos metros de impactar su brazo metálico en el cuerpo de Bakugo.

Bakugo, haciendo alarde de sus grandes reflejos, reaccionó al instante y colocó su gran espada, con la ayuda de su brazo herido (que hizo que sintiera un enorme dolor) en la trayectoria de las agujas de Kin, mientras que con su brazo sano mandó una gran explosión al ataque de aire de Zaku evitando cualquier daño.

No tenía más manos libres para parar el inmediato ataque de Dosu, así que dio un salto atrás para evitar su golpeo, olvidándose por un instante debido a la tensión, lo que le había pasado a Kabuto cuando esquivó su ataque antes del examen escrito.

—Je. —sonrió Dosu, sintiéndose ganador del duelo.

—Joder, se me había olvidado que la momia tiene algún truco que hizo que el cuatro ojos acabara vomitando. —pensó Bakugo, molesto consigo mismo por no haber recordado algo tan importante. —Este es mi final, pero me llevaré a estos cabrones conmigo a la tumba. —

Bakugo estaba resignado a su destino, la muerte. Pero mientras acumulaba sudor para efectuar su Big Bang se dio cuenta que no se sentía mal. Bueno ..., se sentía mareado y echo una mierda, pero eso era debido a la fiebre provocada por la infección que tenía en su hombro derecho, no por el ataque de Dosu.

Dosu estaba aún más sorprendido que el rubio ceniza, no entendía porque no estaba postrado en el suelo vomitando por el ataque a su oído interno. Bakugo, aprovechando la distracción de Dosu, le mandó una fuerte patada en la mandíbula que lo mandó a volar.

—¡DOSU!—gritaron a la vez Zaku y Kin, que tampoco entendían nada.

Ellos, al igual que su líder, también cometieron el error de distraerse. Un error que Bakugo no dudó ni un momento en volver a aprovechar.

Lo primero que hizo fue dejar la Kubikiribōchō en el suelo para ser más ágil. Luego se abalanzó sobre Kin como una bestia que acaba de salir de su jaula.

Kin, como acto reflejo, se protegió con sus brazos aún sabiendo que tal acción no iba a ayudarla en nada ante el inminente ataque del rubio. Por suerte para ella, la reacción de Zaku fue mejor ya que volvió a ejecutar un explosión de aire que esta vez sí impactó en el cuerpo del rubio ceniza y consiguió desplazarlo de su compañera.

La adrenalina que recorría el cuerpo de Bakugo, como consecuencia del deseo de acabar con sus enemigos, hizo que momentáneamente no sintiera el padecimiento de su hombro. Se recompuso rápidamente y esta vez fue directo a Zaku. El genin del sonido volvió a lanzar su característico ataque, pero esta vez Bakugo estaba más preparado, con su brazo izquiero sano provocó numerosas pequeñas explosiones que disiparon el ataque de Zaku.

Zaku viendo que no podía detener a Bakugo, empezó a sudar por el miedo que sentía de la imagen terrorífica de Bakugo mostrando sus dientes y con los ojos casi inyectados en sangre yendo a toda velocidad a por él.. Estaba seguro que iba a morir asesinado por el rubio ceniza. Temblando y terriblemente asustado, dio un paso atrás, tropezándose con una piedra y cayendo al suelo.

Bakugo, viendo que ya había vencido a Zaku se calmó, y eso hizo que el dolor que no había sentido le viniera de golpe. Haciéndole cabrear, por lo que apoyó con fuerza su pie en el cuello del asustado Zaku.

—Come te muevas, eres hombre muerto. —dijo Bakugo con odio, aunque la fuente de su ira no era Zaku en ese momento, sino su hombro. Que hacía que tuviera ganas de amputárselo para no sentir esa tortura.

Kin, viendo que Zaku había perdido, se fue corriendo a por su líder que yacía inconsciente en el suelo por la patada en la mandíbula. Cuando estuvo junto a él, lo despertó zarandeándolo.

—¡Ey! —llamó la atención Bakugo a Kin y Dosu. —Si no queréis que mate a vuestro compañero, más os vale que os estéis quietos y que respondais a mis preguntas.—

—Antes que nada ... —dijo Dosu, mientras se incorporaba con ayuda de Kin con sudor frío. —¿Cómo es que no te ha afectado mi ataque? Ahora mismo tú oído interno debería estar destrozado.—

—Ja. ¿Eso era tú truco? Mis oídos se han desarrollado lo suficiente para poder protegerse del sonido de mis explosiones. Y eso incluye a mi oído interno. —contestó Bakugo. —Simplemente has tenido mala suerte, como lo tuvo el bastardo del cabeza de pájaro (Tokoyami), en el emparejamiento.—

—Ya era hora de tener algo de suerte, después de toda la mierda que me ha pasado en este jodido examen. —pensó Bakugo.

—¿Quién es el cabeza de pájaro? —preguntó Kin, con el propósito de ganar tiempo para encontrar una salida.

—¡Aquí las preguntas las hago yo! —gritó Bakugo, algo avergonzado por desvelar ese suceso de su pasado. —¿Dónde está el bastardo de vuestro jefe? —

—No tenemos ningún jefe, actuamos por libre. —mintió Dosu. Bakugo apretó más su pie en el cuello de Zaku, ocasionando que emitiera un gemido de dolor.

—¡No me mientas, momia bastarda! —dijo Bakugo, enfurecido. —¡El capullo del pelopincho sufrirá por tus mentiras! ¿Dónde está Orochimaru?—

El rostro de Dosu se desencajó un poco.

—Así que eso es lo que cuchicheabas con la pelirrosa. Esa muchachita te ha dicho que somos discípulos de Orochimaru.—dijo Dosu.

—¿De qué cojones estás hablando? Me lo ha dicho la serpiente bastarda. Y ahora dime donde se esconde. —ordenó Bakugo.

—Este chico también sabe de la existencia de Lord Orochimaru. Es más, ha sido él el que le ha dicho que somos sus discípulos. ¿Por qué no le ha matado? ¿Por qué ha dejado con vida a alguien tan poderoso de Konoha? ¿Qué tienes en mente Lord Orochimaru? —pensó Dosu.

—Ni lo pienses, Dosu. —dijo Zaku. —Dejadme aquí e id a por Sasu ... AAAAAHH —gritó por sentir más presión en su cuello

—¿Es que eres masoca? —dijo Bakugo con desprecio. —La próxima vez que hables te parto el cuello. —le amenazó.

—No podemos dejarte aquí, Zaku. No por camaradería, sino porque este crío es muy poderoso. Una vez que te mate, nos matará a nosotros. —dijo Dosu.

—Si me dices lo que quiero saber, os dejaré vivitos y coleando. Os ataré a un árbol para que no sigáis siendo una molestia. Pero al menos viviréis. —dijo Bakugo.

—Si te digo eso, Lord Orochimaru nos despellejará vivos. Prefiero que me mates tú que él. Al menos serás más indoloro.—dijo Dosu.

—Siempre podéis huir de él. Lo que nunca podréis hacer es huir de mí, si me sigues cabreando. —dijo Bakugo, perdiendo la paciencia. Viendo que Dosu no se inmutaba por eso, probó con otra cosa—Al menos dime donde están sus experimentos.—

—No tengo ni idea. —respondió Dosu.

—¡Deja de mentir!—gritó cabreado Bakugo

—Es la verdad. —replicó Dosu. —Va cambiando la ubicación de sus laboratorios cada pocos meses y desde hace más de 5 años, que es cuando Lord Orochimaru experimentó con mi brazo para poder atacar con sonido, que no veo a ninguno de ellos. No soy lo suficientemente importante para que Lord Orochimaru me confíe la ubicación de sus laboratorios.—

—Tsk.—masculló Bakugo, decepcionado con la respuesta de Dosu. — ¿Y viste a alguien extraño? ¿Alguien que no parecía ser de este mundo?—

—¿De qué demonios ...?—empezó a preguntar Kin, pero detuvo su pregunta ya que vio algo que captó su atención. Sonrió internamente cuando se percató de lo que era.

—¿Alguien que no parecía de este mundo ...?—reflexionó Dosu. —Mmmm, había un tipo muy extraño. No sé si te referirás a él.—

—¿Qué aspecto tenía?—preguntó Bakugo, esperanzado.

—Era ... —Dosu se detuvo, ya que Kin le estaba susurrando algo al oído.

—¡Ey, perra bastarda! ¡No molestes a la momia! —gritó cabreado Bakugo.

—Jejejeje. —rió Dosu, muy alegre por la información de Kin.

—¿De qué demonios te ríes, momia bastarda? ¡Me estoy empezando a cabrear! ¡Más te vale decirme que aspecto tenía ese experimento, si no ... tu amiguito pelopincho se quedará sin cuello. —amenazó Bakugo, aunque era una amenaza vacía. Iba de farol. Nunca mataría a alguien que estuviera indefenso. Pero eso Dosu no lo sabía.

—Hagamos un trato, llévame donde está Sasuke y yo te diré todo lo que quieras saber.—sugirió Dosu, con una sonrisa debajo de sus vendas.

—¿Es qué te has vuelto imbécil de repente? No estás en condiciones de hacer tratos. El único trato que debería tener en la cabeza es mi promesa de dejaros ilesos si me dices lo que quiero saber. —dijo Bakugo, con una vena hinchada en la frente.

—Las tornas han cambiado ... Y si no me crees ... Ahora lo comprobarás. —anunció Dosu. Éste hizo un gesto a Kin, a lo que ella hizo un lazo con hilo de chakra y lo lanzó a un arbusto detrás suya.

—¿Estás sorda o te gusta ignorarme, perra bastarda?—dijo Bakugo. —Dejé bien claro que nada de movimientos. —

—Solo será un segundo, rubito. —dijo Kin con una sonrisa arrogante

Kin estiró del hilo con fuerza, y del arbusto, atrapados con el hilo en forma de lazo de chakra que había lanzado, aparecieron Ino y Chouji. Dosu apuntó con su kunai al cuello de Choji, y Kin hizo lo propio con el cuello de Ino, aunque ésta fue más agresiva ya que con el kunai tocaba la piel de Ino.

—Ya te lo dije, las tornas han cambiado. Y todo gracias a Kin que ha hecho salir a estas ratas de su escondite. —dijo Dosu.

—Mierda ...—pensó Bakugo, ante esta nueva situación. El rubio ceniza vio a Ino y Choji que le miraban con los ojos vidriosos de lo asustados que estaban. —¿Y ahora qué hago?—