Capítulo 30: El Bosque Oscuro

—¿No piensas comer nada, Lupin? —le preguntó Draco Malfoy, mientras devoraba su propio sándwich.

—No tengo mucha hambre… —se excusó Ted, mientras que guardaba nuevamente la comida dentro de su mochila. Draco lo miró fijamente.

—Tú siempre tienes hambre —le recordó Malfoy, suspicaz—. ¿Qué sucede? Pensé que conocías este bosque…

—Lo conozco —aseguró Ted, su mirada ensombreciéndose al decir aquello. Draco comprendió que no debía insistir al respecto.

Hacía seis días que habían llegado a Ucrania. Ron había logrado introducirlos por la frontera sin ser detectados. Nadie sabía que ellos estaban allí… Sólo la Orden del Fénix. Era una misión completamente secreta, y completamente ilegal. Aquello no parecía afectar a Draco en lo más mínimo… Pero Teddy no podía evitar sentirse nervioso. Él nunca había hecho nada ilegal en su vida. Siempre había actuado correctamente. De la manera que se espera que actúe un buen hombre. Siempre. Excepto una vez, años atrás… En ese mismo lugar. El bosque le traía demasiados recuerdos. Y aquello lo tenía inquieto.

—¿Y cuándo se supone que encontraremos a esta misteriosa persona que va a ayudarnos? —volvió a romper el silencio Malfoy, haciendo un claro esfuerzo por establecer una charla con Lupin.

—Cuando ella quiera que la encontremos —le respondió Ted con un suspiro. Una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios, mientras que lanzaba una rápida mirada hacia los árboles a su alrededor, como si esperara detectar a alguien escondido entre ellos. —Y tampoco estoy seguro de que quiera ayudarnos —agregó, confesando uno de sus temores. Draco se atragantó con la bebida al escuchar aquello, escupiendo al agua que estaba intentando beber.

—¿A qué te refieres con que "no estás seguro"? —estalló Malfoy. Lupin simplemente se encogió de hombros como toda respuesta—. ¿Es que acaso no es amiga tuya? —insistió Draco.

—Eso espero—fue la única respuesta que consiguió de Lupin.

—Muchacho… Tú eres joven, y disfrutas de estas aventuras. Pero yo… Yo disfruto de la comodidad de una buena cama, de una copa de vino tinto de Burdeos… Y fundamentalmente, de mantenerme vivo. Yo soy un sobreviviente, Lupin. ¿Y quieres saber cómo logré mantenerme vivo todos estos años? ¡Evitando este tipo de situaciones! —exclamó Draco, poniéndose de pie furioso, y empezando a levantar las pocas cosas que transportaban con ellos, y guardándolas en su mochila—. He aceptado ser tu cuidador personal en esta misión suicida porque Potter me dijo que tú sabías lo que hacías. Pero aquí estamos, tras días de estar viviendo como indigentes en este bosque de la muerte, y recién ahora me dices que no sabes cómo encontrar a tu amiga… Ni tampoco si va a ayudarnos —el enojo comenzaba a brotar en su voz, la cual se elevaba con cada palabra que pronunciaba.

—Señor Malfoy… Por favor, cálmese —comenzó a decir Teddy, preocupado, lanzando una mirada de soslayo hacia el bosque.

—¡Tú no vas a decirme lo que tengo que hacer, Lupin! —escupió Draco, ahora verdaderamente enfadado.

Y entonces, el bosque entero pareció agitarse a su alrededor. Las ramas de las plantas comenzaron a crujir, y un viento frío se arremolinó a su alrededor, sacudiéndolos. Las copas de los árboles parecieron cerrarse sobre sus cabezas, tapando la luz y oscureciendo el ambiente, a pesar de que aún no había caído la noche. Draco frunció el entrecejo, preocupado. Lupin observó como el hombre rubio llevaba la mano gradualmente hacia uno de los bolsillos de su túnica, en búsqueda de la varita.

—Draco… No. —le dijo Ted justo a tiempo. Draco se detuvo en seco—. No saques tu varita —agregó en un susurro, apremiante.

Malfoy obedeció, y lentamente alejó su mano de la varita. Ambos hombres aguardaron allí, estáticos, en silencio. Lentamente, el Bosque pareció calmarse. El viento fue cediendo, y las copas de los árboles comenzaron a abrirse, gradualmente, dejando pasar nuevamente la luz. En pocos segundos, todo había vuelto a la normalidad.

—¿Qué diablos fue eso? —murmuró Malfoy, aún paralizado en su lugar. Ted suspiró.

—Te lo dije antes de entrar al Bosque… Hay pocas reglas para sobrevivir aquí. La más importante: no saques nunca tu varita —le recordó Ted.

—Odio los bosques… Simplemente los odio —comentó Draco, mientras que comenzaba a armar su tienda de campamento. —Acamparemos aquí. He tenido bastante por hoy… Y por lo visto, tú no tienes la menor idea de a dónde estamos ni a dónde nos dirigimos, así que no hay ninguna prisa.

Desde que Draco se había unido a la Orden del Fénix, Ted Lupin había tenido la oportunidad de conocerlo mejor. Y sabía que en ese momento, el hombre rubio estaba molesto. Harry lo había enviado a una misión peligrosa que dependía enteramente de la capacidad de Ted para liderarlos. Pero cada día que pasaban en ese bosque, Teddy se sentía más inseguro de sí mismo. Y empezaba a dudar de si lograrían cumplir aquella misión.

Después de todo, el éxito dependía enteramente de la ayuda de una persona que Ted no veía desde hacía más de dos años. Y el recuerdo de aquel último encuentro aún lo atormentaba.


Ted se encontraba sentado en una de las mesas de aquel bodegón. Frente a él se hallaba un plato inmenso repleto de lo que aparentaba ser algún tipo de guiso, caliente y humeante. Lupin comía de a grandes cucharadas, prácticamente sin masticar el alimento, visiblemente hambriento. Junto a él, se encontraban sus tres mejores amigos y compañeros de aventuras, Felicity Fox, Richard Fox y Thomas White.

¿Estás seguro de esto, Ted? —volvió a preguntarle Felicity Fox, visiblemente preocupada, una vez que todos hubiesen terminado su plato.

Por décima vez, Feli… Estoy seguro —le respondió Ted, poniendo los ojos en blanco.

Déjalo en paz, hermana. Ya es un hombre grande, puede tomar sus propias decisiones —interrumpió Richard Fox, reclinándose sobre su silla y palmeandose el abdomen, en claro gesto de que se encontraba lleno. Felicity frunció la nariz ante el gesto, en clara expresión de desagrado.

Solamente digo… Podemos quedarnos unos días más y acompañarlo —propuso ella, lanzándoles una mirada significativa.

No, no podemos —intervino Thomas White, con una sonrisa amable—. Rick tiene la oferta laboral en Londres que debe aceptar en estos días o desaparecerá, tú tienes la audición en Los Ángeles en pasado mañana y yo comienzo el curso avanzado en Conjuros en Amsterdam la próxima semana —le recordó el muchacho.

¿Por qué no vuelves conmigo a Londres, Ted? —propuso Rick, bajo la mirada insistente de su hermana Felicity.

Entiendo que estén preocupados por mí, pero tampoco es que no pueda cuidarme solo, muchachos. Serán solo un par de semanas más… Realmente quiero visitar el bosque —trató de calmarlos Lupin.

¿Por qué? Diablos, Lupin… Le dicen el Bosque Oscuro. Y si hay algo que hemos aprendido durante estos años viajando… ¡Es que nada bueno sale de lugares que se llaman así! —estalló Felicity. A su lado, Thomas no pudo evitar reírse del comentario.

Ya te expliqué, Felicity… El Bosque Oscuro es uno de los pocos bosques mágicos que quedan en Europa prácticamente no habitados por personas. Es uno de los pocos refugios seguros que quedan para muchas especies mágicas…—volvió a explicarle Lupin, con paciencia y pasión. Felicity resopló, llevándose ambas manos al rostro.

¡Pues ahora me quedo tranquila! Porque claro, ¿Qué puede salir mal en un bosque mágico, donde los brujos no se animan a vivir y por lo tanto las bestias mágicas andan sueltas y salvajes por todas partes? —Exclamó la muchacha, sus palabras cargadas de ironía—. ¿Ninguno de ustedes piensa respaldarme en esto? —agregó, girando a mirar a su hermano Rick y a Thomas White. Ambos parecieron incómodos ante la pregunta.

No irá solo, Feli —fue lo mejor que pudo decir Rick.

Es verdad… Me contacté que alguien que vive aquí y conoce el bosque, y le pagaré para que sea mi guía. He quedado en encontrarle aquí mismo, hoy —aseguró Ted.

Y serán solo unos días… —lo respaldó White.

Unos pocos días y volveré a Londres —aseguró Lupin.

Si tu abuela se entera que te dejamos aquí solo… —advirtió Felicity.

Le diré que estuve con ustedes todo el tiempo —le prometió Ted, armándose de paciencia. Felicity lo miró fijamente con sus profundos ojos verdes, atravesándolo.

Prométenos que no te meterás en problemas —le rogó la muchacha, seria.

Haré lo posible —le prometió Ted, sonriéndole.

La puerta del restaurante se abrió en ese momento, dejando entrar el aire fresco de primavera. Pero Ted se sorprendió al detectar un aroma distinto e intenso entremezclado con el perfume de las flores: sintió olor a sangre.

Inmediatamente levantó la mirada, alerta. Sus ojos recorrieron rápidamente el restaurante, buscando la fuente de aquel perfume poco convencional. Pero nada allí parecía explicarlo. Detectó, sin embargo, que alguien nuevo había ingresado al local.

Era una muchacha joven, posiblemente de su misma edad. Vestía unos jeans gastados y rotos en las rodillas. En los pies calzaba borcegos negros, los cuales se encontraban sucios con restos barro fresco. Llevaba puesta una remera negra, gastada, y sus brazos se encontraban decorados con múltiples tatuajes que cubrían casi toda su piel. Pero lo que más le llamó la atención a Ted fue su cabello: tenía el pelo teñido de color rosa, y le rozaba los hombros. La muchacha pareció notar que la observaban, porque rápidamente giró su rostro hacia él.

La primera impresión de Lupin fue que la muchacha era dueña de una belleza peculiar. Sus ojos color miel eran grandes y brillantes, y sus labios resaltaban en su piel blanca. Había algo en aquella mirada, en la expresión de su rostro… Algo salvaje.

Por las barbas de Merlín… Esa chica… —comentó repentinamente Rick, notando la presencia de la recién llegada. Tanto Felicity como Thomas giraron a mirar al escuchar el comentario.

Olvídalo, hermano… Esa chica está completamente fuera de tu alcance —bromeó Felicity.

Pues una lástima que tengamos que irnos. Si no le invitaría un trago sin pensarlo dos veces —insistió Richard. Felicity y Ted rieron ante el comentario. Thomas, sin embargo, parecía abstraído en su propio mundo. Lupin notó que su amigo tenía el ceño fruncido, algo poco común en él.

¿Sucede algo, Tom? —le preguntó, curioso. Thomas estaba a punto de hablar cuando la chica de cabello rosa comenzó a caminar en dirección a ellos.

¿Ted Lupin? —preguntó la muchacha. Lupin tardó unos segundos en reaccionar, sorprendido al escuchar su nombre. Incapaz de poder articular una palabra, se limitó a asentir con la cabeza—. Mi nombre es Katya Danilova —se presentó ella al ver que no obtenía respuesta de su interlocutor—. Tu guía local —insistió la chica, alzando una ceja, confundida.

¡Oh, claro! —reaccionó finalmente Ted, poniéndose de pie—. Llegas temprano —agregó, mientras que extendía una mano hacia ella. La chica observó aquella mano extendida durante unos segundos, dubitativa. Finalmente, extendió su propia mano para aceptar el saludo. Llevaba unos guantes negros de cuero, pero incluso a través de la tela Ted pudo sentir la piel fría de la muchacha.

¿Os he interrumpido? — comentó ella, lanzando una mirada hacia los amigos de Teddy.

Ted no nos ha presentado: Mi nombre es Richard Fox, y créeme que tu interrupción es cien por ciento gratificante —intervino rápidamente Rick, luciendo una blanca sonrisa. Felicity simplemente puso los ojos en blanco.

Debes disculpar a mi hermano —intervino ella, con una sonrisa diplomática—. Todos los buenos genes se quedaron conmigo —agregó luego para relajar el clima. Katya simplemente los observaba, la curiosidad en sus ojos.

No sabía que serían un grupo… —habló finalmente la guía con cierto recelo.

No, no lo somos. Ellos no vendrán con nosotros —explicó Lupin.

Bien. —aceptó Katya, mientras tomaba asiento—. No es seguro incursionar al Bosque Oscuro en grupo —agregó luego, con total liviandad. Felicity le lanzó una mirada de sorpresa y preocupación a su amigo Lupin.

Todo va a estar bien —le repitió Teddy en voz baja—. ¿No tienen acaso un Traslador que tomar ustedes? —les recordó.

¡El traslador! Será mejor que nos vayamos —pareció recordar Felicity. Y luego, se abalanzó sobre Ted, abrazándolo con fuerza—. Cuídate mucho —le susurró al oído, con cariño.

Promete que nos escribirás, o sino tendré que soportarla torturándome todos los días por haberte dejado solo —le pidió Rick, pero Ted pudo leer cierta preocupación en su mirada.

Lo haré—le aseguró él.

No, no lo harás. Al menos no mientras estemos dentro del Bosque —interrumpió Katya, mientras buscaba algo en la mochila que llevaba con ella. Tanto Rick como Ted la miraron confundidos. Katya pareció notar entonces que sus palabras habían generado cierta tensión. —No es nada personal. Simplemente no se puede. No tendrás forma de comunicarte con el exterior mientras que estés adentro del bosque, ni viceversa. La magia del lugar no lo permite. —explicó ella, mientras sacaba un cuaderno de notas de su mochila.

Oh, diablos, Teddy —insultó Felicity por lo bajo.

¡Todo va a estar bien! —Ted comenzaba a cansarse de tener que repetir tantas veces lo mismo—. Nos veremos en unas semanas. Ahora, lárguense de una vez.

Felicity y Richard se despidieron una vez más de su amigo y se encaminaron hacia la salida. Thomas White, por el contrario, permanecía aún allí, silencioso. Ted cayó en cuenta de que su amigo no había formulado palabra alguna desde la llegada de Katya.

¿Todo bien, Tom? —lo llamó una vez más Ted. Thomas frunció levemente el entrecejo.

¿Podemos hablar unos minutos… a solas? —le pidió White. Lupin se sorprendió de escuchar aquello. No recordaba la última vez que su mejor amigo había estado tan serio. Asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia la salida del lugar, pero Thomas lo detuvo a medio camino, tomándolo firmemente del brazo, y comenzó a guiarlo hacia la puerta trasera del local. Salieron hacia un estrecho callejón trasero, húmedo y desértico.

Ten cuidado, Ted —le dijo a su amigo tras asegurarse de cerrar la puerta detrás de él.

¿Tú también? Diablos, Thomas, ya les dije que todo va…—comenzó a quejarse Lupin.

Hay algo distinto en esa chica, Ted. —lo interrumpió White, tajante. Un breve y significativo silencio se extendió entre ellos.

¿A qué te refieres?

Lo pude percibir en su energía en cuanto entró al local —le aseguró el joven rubio de gafas negras.

¿Qué es lo que viste? —quiso saber Lupin.

¿Recuerdas el día que nos conocimos, en el Expreso de Hogwarts? —le habló White. Su voz sonaba intensa y apremiante—. ¿Recuerdas lo que dije que veía cuando te veía a ti?

Dijiste que veías una mezcla rara… Diferente al resto de los magos que había ahí —trató de recordar Lupin. El recuerdo era lejano y borroso, pero seguía presente en su memoria. Thomas había sido la primera persona en Hogwarts a quien Ted le había confesado que su padre había sido un hombre lobo. —¿Ella es como yo? —se apuró a preguntar.

Sí… Y no —le respondió White, visiblemente confundido—. No sé qué es ella, pero es distinta Ted… Es una mezcla de magia que no he visto nunca—intentó explicarle su amigo—. Solo… Ten cuidado —le rogó.

—¡LUPIN, DESPIERTA! —gritó la voz de Draco Malfoy, arrancándolo de su sueño.

Ted abrió los ojos inmediatamente. Confundido, miró a su alrededor, buscando la varita. Rápidamente recordó dónde se encontraba: estaba en la carpa, en el Bosque Oscuro, con Draco. Había estado soñando… O mejor dicho, recordando. El recuerdo de aquel primer encuentro con Katya todavía flotaba en su mente cuando Draco Malfoy volvió a llamarlo:

—¡LUPIN, POR TODOS LOS ASTROS, SAL DE UNA VEZ DE ESA MALDITA TIENDA! —volvió a gritar Malfoy. Y a continuación, Ted escucho un sonido grave, grutural… como un gruñido animal. Rápidamente, salió de la carpa.

Afuera, Draco Malfoy se encontraba acorralado contra uno de los árboles. Tenía ambas manos en el aire, y respiraba agitadamente. Frente a él, a pocos metros de distancia, se encontraba una bestia gigante que Ted reconoció sin dificultades. Se trataba de una criatura de cuatro patas, con una inmensa joroba en su espalda, y largos cuernos que sobresalían de su boca, sumamente filosos. Su pelaje, grueso y oscuro, parecía cubrirlo como una armadura violácea.

—Draco, no te muevas… —le advirtió Ted, susurrando para no llamar la atención del animal.

—¿Ese es el mejor consejo que tienes para dar? ¿Qué te parece si me dices como diablos matarlo? —estalló Malfoy, furioso. La bestia frente a él gruñó nuevamente al escucharlo gritar, y avanzó unos pasos en su dirección. El rubio se vio obligado a retroceder, quedando de espaldas contra uno de los árboles.

—No puedes matarlo… Su piel es demasiado gruesa, ningún hechizo logra atravesarla —le explicó Lupin, con paciencia, mientras que lenta y sigilosamente se iba acercando al animal.

—Te juro que si muero en este bosque, te perseguiré por toda la eternidad, Ted —maldijo Draco, pero esta vez se cuidó de pronunciarlas en un tono más suave y silencioso. Lupin no pudo evitar sonreír ante el comentario. Incluso en una situación como aquella, Draco se las ingeniaba para hacer un comentario ácido.

—Él está más asustado que nosotros, señor Malfoy… Simplemente tenemos que tranquilizarlo. Intentaré acercarme para acariciarlo —aseguró Ted.

—Por supuesto, hay que acariciar a la bestiacontinuó maldiciendo con sarcasmo.

—No es una bestia… es un Graphorn —lo corrigió Lupin, mientras que intentaba acercarse más a la criatura.

El graphorn notó entonces la presencia de Teddy, y a pesar de que éste se había acercado en forma silenciosa y lenta, la presencia de una nueva persona no pareció agradarle. Sin previo aviso, el graphorn emitió un fuerte gruñido, y golpeando el suelo con sus zarpas, se lanzó al ataque contra Draco.

—¡DRACO MUEVETE! —le advirtió Ted, asustado por primera vez. Malfoy reaccionó al instante, saltando hacia un lado, esquivando el ataque del graphorn por segundos. Rodando por el suelo, se arrastró hasta esconderse detrás de uno de los árboles contiguos.

El graphorn golpeó estruendosamente contra el árbol donde segundos antes había estado Draco. Sus largos cuernos se clavaron en la madera, y la criatura sacudió su cabeza con violencia, partiendo el tronco por la mitad. Ted tuvo que hacerse a un lado también y esconderse entre los árboles para evitar ser golpeado por los trozos de madera que comenzaba a caer sobre el campamento.

El graphorn estaba enfurecido. Gruñendo, comenzó a lanzarse contra todo lo que encontró en su camino, derribando las tiendas que Draco y Ted habían armado para dormir.

Draco lanzó una mirada inquisitiva hacia Ted. Pero Lupin no tenía idea de cómo calmar al animal, ni cómo escapar de allí sin ser descubiertos por el mismo. Malfoy señaló el bolsillo de su túnica donde tenía guardada la varita, pero Teddy negó rápidamente con la cabeza.

No podían hacer magia. Primero, porque la piel del graphorn era demasiado gruesa y fuerte como para que pudiesen siquiera hacerle cosquillas. Y segundo, porque el Bosque se enfurecería si lo hacían.

Ted comenzaba a preocuparse, pues el ruido que el Graphorn estaba provocando podía atraer a otras criaturas más peligrosas hacia el campamento. Desesperado, el joven muchacho revolvía en su mente buscando una posible escapatoría con vida. Fue entonces cuando una voz surgió de entre los árboles, tarareando una canción de cuna. Y Lupin sintió que el tiempo se detenía al escucharla.

Era suave y armoniosa, como el agua que corre por un manantial. Todo el bosque pareció hacer silencio para escucharla, deleitándose con el sonido. Era una canción repleta de dulzura y paz. Ted lanzó una mirada de soslayo hacia el graphorn. Mágicamente, el animal se había calmado al escuchar la canción. Todavía respiraba agitado, pero se había quedado quieto.

Una figura femenina, encapuchada, surgió de entre los árboles. Caminó con tranquilidad hacia el graphorn y se detuvo una vez que estuvo frente a él. Entonces, levantó sus manos. Llevaba guantes puestos, pero se retiró uno de ellos para dejar una de sus manos al descubierto. Era una mano delgada con múltiples dibujos tatuados sobre su dorso y dedos. Con suavidad, la acercó a la cabeza de la criatura, y con delicadeza, comenzó a acariciarlo. Los dibujos tatuados en la piel de su mano comenzaron a adquirir un color rojo brillante, irradiando una extraña luz, a medida que la figura cantaba y acariciaba al animal. El graphorn cerró los ojos ante el contacto con la mano, y comenzó a respirar con tranquilidad. Luego de unos segundos, la figura encapuchada levantó su mano del animal, e inmediatamente sus tatuajes volvieron al color negro habitual. Moviéndose con suavidad, la mujer se alejó unos metros. El graphorn sacudió levemente su cabeza, como si hubiese estado dormitando. Graphorn y mujer se miraron fijamente durante unos segundos, y luego, el animal dio media vuelta y se alejó del campamento, metiéndose entre los árboles y desapareciendo de la vista de Ted.

Y entonces, la música se detuvo. Fue como si repentinamente, Lupin despertara de un hechizo.

—Los magos no son bienvenidos en este bosque —anunció la voz de una mujer debajo de la capucha, dirigiéndose hacia ellos. Ted salió de detrás del árbol.

—¿Y qué me dices de viejos amigos? —le preguntó con una sonrisa tímida. La figura femenina se bajó entonces la capucha, mostrando su rostro. Ted y la mujer quedaron finalmente cara a cara—. Hola, Katya. —la saludó Ted.


Katya avivó el fuego que ardía en la chimenea y tomó la pava de agua caliente que yacía junto al mismo. En silencio, sirvió tres tazas de té. Luego, tomando asiento, observó a Ted Lupin y a Draco Malfoy. Ambos permanecían en silencio.

—Pensé que nunca te volvería a ver, Ted —rompió ella el silencio, sus ojos miel posándose sobre el muchacho. —Y sin embargo, aquí estás —continuó, mientras tomaba su taza de té y bebía un sorbo del líquido tibio.

—Me alegra ver que te encuentras bien… No estaba seguro si querrías recibirme —confesó Lupin, pasándose una mano por los cabellos, nervioso. Ella inclinó la cabeza levemente de costado, en expresión curiosa.

—No estoy segura de que tuviese mucha opción —respondió Katya, tajante. Junto a ellos, Draco rió sarcásticamente. La mirada de la chica se posó entonces sobre él. —Creo que no nos han presentado adecuadamente. Mi nombre es Katya Danilova —agregó.

—Draco Malfoy —respondió escuetamente él. Sus ojos grises escudriñaron a Katya, intentando descifrarla.

—Encantada, señor Malfoy —respondió ella cordialmente, tomando un nuevo trago de su té—. Ahora, ¿alguno de ustedes podría decirme qué hacen aquí? Éste no es un bosque para la gente como ustedes… —insistió al respecto, y el enojo escapó entre sus palabras. Draco alzó una ceja, sorprendido.

—¿Gente como nosotros? —preguntó, curioso, mientras tomaba una de las tazas de la mesa.

—Magos —aclaró ella, tajante.

Ted pareció percibir que Draco estaba a punto de hacer más preguntas, y decidió intervenir antes de que Katya perdiese la paciencia.

—Hemos venido porque necesitamos tu ayuda —interrumpió Lupin, inclinándose sobre su cuerpo y apoyando los codos sobre sus rodillas. Katya lo observaba impasible, bebiendo su té. Era imposible leer lo que sucedía en su mente.

—Debí de imaginarlo —comentó misteriosamente Danilova—. ¿Qué quieres? —le espetó, sin rodeos.

—Necesitamos encontrar a una familia de magos—le contestó Lupin.

—Cualquier Rastreador puede hacer eso… Hay muchos de ellos en el pueblo —señaló la chica, despectivamente.

—No, en realidad, no pueden. Porque esta familia tiene un escudo antirastreo muy poderoso… Este bosque —le explicó Malfoy, con sorna.

—Las personas que estamos buscando se encuentran escondidas en algún lugar dentro del Bosque Oscuro… Y cómo tu bien sabes, es imposible rastrear mágicamente a alguien aquí —aclaró Ted.

Katya dejó su tasa sobre la mesa nuevamente, y se puso de pie. Camino hacia la chimenea, dándoles la espalda.

—Si verdaderamente se están escondiendo aquí, lo más probable es que estas personas ya estén muertas —les dijo ella, su mirada fija en el fuego frente a ella—. Pero si aún están vivas… Entonces el Bosque los está protegiendo. Y tú sabes muy bien que nadie puede encontrar algo que el bosque no quiere que encuentres —agregó luego.

—No estamos persiguiéndolos, Katya. No es de nosotros de quien tiene que protegerlos. Queremos ayudarlos… Creemos que ellos nos están esperando —insistió Ted—. Pero nunca podremos llegar a ellos sin tu ayuda —confesó el muchacho, su voz rogándole ayuda. Katya suspiró, un suspiro suave y armonioso, casi como una canción. Draco la observaba con el ceño fruncido.

—Lo siento, Ted. Ya no hago trabajos para brujos —le respondió ella finalmente.

—Katya... Por favor, no te das una idea de lo importante que es esto… No solo para nosotros, sino para todo el mundo mágico—insistió Ted. Ella giró entonces a mirarlo, su rostro iluminado por la luz que proyectaba el fuego de la chimenea. Draco se sorprendió al verla. Era terrorífica y hermosa al mismo tiempo.

—Ustedes los brujos creen que pueden ir por el mundo exigiendo cosas del resto de los seres vivos y que nosotros simplemente se los concederemos… Simplemente porque se creen que ustedes saben qué es lo mejor, qué es lo importante, ¿no? —estalló ella, enfurecida. Sus ojos refulgían con violencia salvaje.

—Sabes que yo no pienso así, Katya. Que yo soy distinto —le retrucó Ted, poniéndose de pie, ofendido.

—¿Lo eres? —preguntó ella avanzando hacia él de manera peligrosa.

Draco se puso de pie de un salto, dispuesto a interponerse entre ambos, pero Katya se detuvo antes de llegar junto a Ted. Los tres permanecieron allí de pie, midiéndose durante unos segundos. Finalmente, Katya respiró hondo y cerró los ojos, tranquilizándose. Cuando volvió a abrirlos, su rostro había vuelto a la normalidad.

—Pueden pasar la noche aquí. El graphorn rompió su campamento y la noche al descubierto es peligrosa. Pero mañana se irán de aquí… Mi consejo es que vuelvan al pueblo —volvió a hablar, su voz fría y controlada. Acto seguido, comenzó a caminar hacia la salida de la sala.

—Se trata de una mujer con dos niños, Katya. Su padre fue asesinado hace ya varios meses, pero creo que ellos no lo saben aún—Ted disparó su último recurso, esperando que las palabras surtieran efecto. Katya se detuvo en seco a medio camino. —El último deseo de su padre fue que los encontrásemos… Y eso planeo hacer, aunque me tome años —siguió hablando al notar que la chica seguía allí, escuchando—. Pero sería mucho más fácil si tú me ayudas —agregó, y no pudo evitar sonreír al decirlo.

—Necesitarías reencarnar en cinco vidas y aún así no serías capaz de encontrarlos por tu cuenta, Lupin —le respondió ella, pero sus palabras estaban cargadas de amigable sarcasmo.

—Gracias—le dijo Ted con sinceridad. Lanzó una rápida mirada de alivio hacia Malfoy, quien permanecía observando la situación en cauto silencio.

—Agradéceme cuando los encontremos —le respondió ella, y luego, abandonó la sala.


Al día siguiente, Katya los despertó con el amanecer. El sol apenas comenzaba a secar el rocío de la noche cuando Ted, Draco y Katya abandonaron la cabaña donde habían pasado la noche. Se trataba de una construcción humilde y reducida, pero funcional. Allí, Katya vivía allí sola, en medio de aquel bosque mágico.

Durante el resto de la mañana, la mujer los guió a lo largo del bosque en silencio. Cada tanto, Ted la escuchaba tararear alguna canción. Y cada vez que lo hacía, el bosque entero parecía deleitarse y bailar. Los árboles sacudían sus ramas, crujiendo armónicamente.

—¿Es mucho pedir si alguien me explica a dónde estamos yendo exactamente? ¿O acaso nuestro plan es caminar hasta toparnos mágicamente con los Solcoff? —interrumpió el silencio Draco, tras varias horas de caminata.

—Esta familia que buscan son brujos —le explicó Katya—. Y los brujos no son…

—Sí, sí, no somos bienvenidos aquí, ya entendimos esa parte —se exasperó Draco. Katya le clavó una mirada furibunda.

—Exacto —continuó hablando—. Si tu familia sigue viva, entonces es porque el Bosque la está ayudando. Y sólo se me ocurre de un ser capaz de ayudar a una familia de brujos… La gente del bosque —agregó.

—¿Y dónde encontramos a esta gente del bosque? —insistió Malfoy, frunciendo la nariz. Katya giró a mirar a Ted, desconcertada.

—¿Acaso no le explicaste nada del Bosque antes de traerlo? —le criticó ella. Ted abrió la boca para responder, pero Draco lo interrumpió.

—Sí, me explicó lo básico. Bosque grande, muchas cosas que pueden matarte y nada de varitas mágicas —respondió con sorna. Katya torció una sonrisa de lado.

—Sí… eso sería lo básico —estuvo de acuerdo ella—. La gente del bosque es un pueblo nómade, son seres pacíficos, que viven en sintonía con la naturaleza que los rodea. —retomó la explicación— Para encontrarlos, primero tenemos que seguir sus rastros. Y no encontraremos ningún rastro en esta zona del Bosque. Ellos jamás se mueven por la periferia del bosque… Demasiado contaminada por los magos.

—Tenemos que llegar al centro del bosque si queremos encontrarlos —resumió Ted.

La tarde estaba llegando a su fin y el sol comenzaba a esconderse cuando decidieron frenar la caminata y montar el campamento por la noche. Ted fue el primero en ofrecerse a buscar alguna fuente de alimento y agua, así como también asegurarse de que no había ningún peligro inminente cercano. Draco lo observó perderse entre los árboles sin poder evitar preocuparse por el muchacho.

—¿Eres familiar de Ted? —le preguntó entonces la voz de Katya. Comprobó que la chica lo estaba observando de manera analítica.

—Sí… Y no —respondió Draco, mientras volvía su atención hacia la tienda de campamento que intentaba armar en ese momento. Sin poder usar magia, aquello se volvía más complicado.

—Pregunto porque Ted solía hablar mucho de su familia, pero no recuerdo que nunca dijese tu nombre —señaló Danilova, perspicaz. Draco sonrió de lado.

—Pues, soy uno de esos familiares perdidos que se reencuentran años más tarde —respondió él con sarcasmo.

—Una verdadera rareza teniendo en cuenta lo encantador que eres —le devolvió ella con igual dosis de ironía.

—Parece que tú sabes mucho de Ted. ¿Te molesta recordarme cómo es que se conocieron?

—Lupin buscaba una Guía para que le enseñara el Bosque Oscuro… En ese momento yo me ganaba la vida haciendo ese tipo de trabajo para brujos —explicó ella. La muchacha había terminado de montar su propia carpa y se disponía ahora a montar la de Ted.

—Pues entablaron una relación muy cercana para haber sido un vínculo simplemente laboral —señaló Draco, mientras golpeaba una de las estacas, clavándola en la tierra. Ella le lanzó una mirada de soslayo.

—Pues sí… Convivimos en este bosque durante cuatro meses —dijo la chica.

—Vaya… No sabía que él y sus amigos habían estado tanto tiempo aquí —confesó Malfoy.

—¿Sus amigos? —se rió Katya—. No, ellos nunca estuvieron aquí. Lupin vino al bosque solo —le confesó ella. Draco la observó confundido. —Se suponía que iba a quedarse unos días, y luego volvería a Londres… Pero los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. Incluso llegué a pensar que nunca se iría.

—¿Quedarse aquí? No te ofendas, niña… Pero vives en un bosque —le espetó Draco, lanzando una mirada significativa hacia su alrededor. Ella simplemente sonrió al escuchar eso.

—Por supuesto que alguien como tú nunca lo entendería —comentó ella, despectivamente.

—Sigues diciendo eso… ¿Cuál es tu problema con los brujos? —empezó a perder la paciencia Malfoy.

—¿Cuál es el problema de los brujos con el resto del mundo? —le retrucó ella.

—¡No tenemos ningún problema con el resto del mundo! ¡De hecho, estamos intentando salvar al resto del mundo y a tu blanco trasero! —estalló finalmente Malfoy. Katya no se quedó atrás. Enfurecida, lanzó una de sus estacas contra uno de los árboles, clavándola profundamente en la corteza.

—¿Salvar al mundo? ¿Realmente crees que eso es lo que tú y tu gente están haciendo? ¿Exactamente de qué nos están salvando? ¿De algún otro brujo como ustedes? —Katya comenzó a escupir las palabras con odio—. Ustedes se creen superiores a todos y todo. Realmente se creen todopoderosos. Con su magia y sus varitas… Pero ustedes no saben nada de magia. NADA. —las palabras brotaban de ella a borbotones. Su voz no llegaba a elevarse, pero había una violencia contenida en ellas capaz de helar la sangre. —En el fondo son como niños asustados, que destruyen todo aquello que no comprenden o que es distinto a ustedes. Es de ustedes de quienes necesitamos salvarnos —sus palabras eran como agujas, perforando a Draco. Sus ojos adquirieron nuevamente ese brillo salvaje, rojizo, y su rostro pareció ensombrecerse mientras hablaba.

—¿Qué diablos eres? —le preguntó Malfoy, observándola con el ceño fruncido, intentando terminar de descifrar el enigma.

—¿Todavía no sabes la respuesta a esa pregunta? —le respondió ella con otra pregunta. Toda su piel pareció refulgir ante aquellas palabras, blanca brillante, sus tatuajes tornándose de color rojo sangre, al igual que sus ojos, sus labios oscuros curvándose en una sonrisa, mostrándole sus colmillos.

—¿Eres una vampiresa? —respondió Malfoy, sin poder evitar sentir sorpresa y temor mientras que lo decía. La sonrisa se acentúo en el rostro de ella y una risa burlona escapó de sus labios. Aquel sonido, musical y hechizante, pareció cambiar inmediatamente el ambiente. Lentamente, el rostro de Katya pareció volver a la normalidad.

—Sigues sin entenderlo. Me miras como lo hacen los brujos, y lo único que ves es una vampiresa —agregó ella—. Pero yo soy mucho más que eso, señor Malfoy.

—También lo somos nosotros —fue la respuesta de Draco, el enojo todavía brillando en sus ojos por las acusaciones.

—Hasta ahora no he conocido ningún mago que me demuestre lo contrario, señor Malfoy —insistió Katya, mientras que caminaba hasta el árbol para arrancar del mismo la estaca que había clavado en su arranque de furia.

— ¿Qué me dices de Teddy? —le retrucó Draco. Katya volvió a reír, esta vez más fuerte.

—Ted no es un brujo —le respondió ella.

—Claro que lo es —se opuso Draco.

—No —dijo tajante la muchacha—. Él es como yo —insistió. Y entonces, Draco comprendió.

—Eres una híbrida —pronunció las palabras sin poder evitar que la fascinación escapara por ellas.

—Vaya que les encanta encasillarnos, ¿no? —comentó ella, con sarcasmo.

—Después de todo lo que has dicho… Tú también eres bruja —fue el turno de burlarse de Draco.

—Mi madre era bruja. Mi padre era un vampiro—explicó ella—. Yo… soy yo.

—¿Dónde están ellos, tus padres? —preguntó Draco, curioso.

—Muertos —respondió ella, mientras retomaba la construcción de la carpa.

—¿Hace cuánto que vives en este bosque? —quiso saber. Ella levantó la mirada como si aquella pregunta la hubiese descolocado.

—Te dije que este bosque era mi hogar… He vivido aquí siempre —le respondió—. Cuando mi madre estaba viva solíamos visitar el pueblo cercano con frecuencia. Pero nunca fuimos bienvenidas allí. Después de su muerte, fue bastante claro que ellos no querían saber nada conmigo. Podía ser la Guía del bosque siempre y cuando me quedase allí la mayor parte del tiempo. Eventualmente, dejé de ir.

—No todos los brujos son así, ¿sabes? —insistió Draco al respecto. Ella torció una sonrisa de lado.

—Déjeme adivinar… Usted es una buena persona, ¿verdad, señor Malfoy? —se burló ella. Draco rió por lo bajo.

—No, yo soy una persona de mierda, niña —reconoció Draco—. He sido siempre un egoísta, y me he pasado gran parte de mi vida convencido de que los brujos somos una raza superior —confesó el rubio. Katya lo observaba sin comprender—. Y estaba equivocado —agregó.

—¿Y cómo es que llegó a semejante revelación? —continuó satirizando la chica.

—Fui hasta el Infierno mismo y volví —le respondió Malfoy, y sus ojos parecieron cubrirse de oscuridad al recordar aquello. Katya adquirió repentinamente una expresión seria, casi avergonzada.

—¿A dónde quieres llegar con esto? —preguntó Danilova, en un tono más conciliador, mientras terminaba de levantar la segunda tienda de campamento.

—A lo que quiero llegar es que la sociedad está cambiando, Katya. Las nuevas generaciones están cambiando… Y están tratando de hacer las cosas bien —le aseguró Draco, dejando a un lado la construcción de su propia carpa para mirarla mientras decía aquello

—Nunca podrán cambiarlos a todos, señor Malfoy. Siempre va a haber gente de mierda en el mundo —afirmó Katya. Draco asintió.

—El mundo es una gigantesca mierda, niña. Es cruel, es injusto, es miserable… Pero acá estamos —le dijo el rubio, con una sonrisa burlona. Y sorprendentemente, Katya rió. No había burla ni sarcasmo. Simplemente, rió.

—¿Por qué hace esto, señor Malfoy? ¿Por qué está aquí? —sintió curiosidad Katya.

—Porque me prometí que esta vez haría las cosas bien —le contestó Draco—. Y porque presiento que ese muchacho no sobreviviría ni un día solo —agregó luego, refiriéndose a Ted, quien en ese momento aparecía entre los árboles.


Zaira observó una vez más su reloj. Faltaban solo diez minutos para la medianoche. Levantó la mirada y escudriñó el horizonte, buscando en la oscuridad una señal. Inevitablemente, comenzaba a impacientarse.

—No podemos esperarlo, Levington —le dijo a su lado la voz de Ronald Weasley.

—Aún faltan diez minutos, señor —le recordó Zaira, inmutable—. Y él siempre llega a tiempo.

—Bien… Diez minutos. Pero no nos quedaremos ni un minuto más, ¿comprendido? Ya es demasiado arriesgado siquiera intentar esto después de lo que les sucedió la última vez —le recordó Ronald, malhumorado.

Zaira frunció en entrecejo, disgustada. No le gustaba que le recordaran sus errores. Y cuatro noches atrás, había cometido un error garrafal.

Tras la caída de Rusia, muchos magos poderosos habían iniciado una revuelta dentro del Ministerio italiano, reclamando un cambio en el gobierno. Harry conocía todos sus nombres. Draco Malfoy le había provisto una lista con ellos. Y conocía también sus intenciones. Buscaban reemplazar el gobierno actual por un gobierno que fuese partidario de la dictadura que se había instaurado en Rusia y estuviese dispuesto a apoyar a a Romanoff como legítimo líder del país. Y por supuesto, aquello había comenzado un agitado debate, dividiendo las aguas en dos bandos: aquellos a favor de Romanoff y aquellos en contra.

En enfrentamiento entre ambos partidos políticos pronto excedió el Parlamento italiano, y llegó a las calles. Así, el pueblo había comenzado a tomar partido también. Rápidamente, el país se encontró dividido.

Y como era de esperarse, eventos misteriosos empezaron a suceder. Primero fue una periodista que escribía para uno de los diarios más importantes del país. Dos días después de hacer una nota defenestrando a Sergei Romanoff, la mujer apareció muerta en su casa. La causa aparente: suicidio. Pocos días más tarde, la familia del Jefe del Departamento de Asuntos Internacionales, quien se había manifestado abiertamente a favor del gobierno actual, desapareció de su casa sin dejar rastros. Al mes, el número de muertos y desaparecidos había alcanzado las tres cifras.

Fue entonces cuando Harry Potter puso en marcha el proyecto Caballo de Troya. Consistía en una misión encubierta en Italia para rescatar a los magos y brujos cuyas vidas corrían riesgo por persecución política. Había puesto a Zaira a cargo de la inteligencia del proyecto, y durante los primeros meses, la mujer había dirigido Caballo de Troya desde Londres. Una vez por semana, viajaba a Túnez junto a algunos otros aurores asignados al proyecto, subían a un barco pesquero, y navegaba el mar hasta llegar a Siracusa. Allí, su nexo italiano lo aguardaba con los refugiados. Zaira los subía al barco y los trasladaba de regreso a Túnez, a salvo.

El plan había funcionado a la perfección, hasta cuatro noches atrás, cuando su punto de encuentro fue descubierto por la oposición. Apenas habían amarrado el barco cuando figuras encapuchadas con máscaras venecianas surgieron entre la oscuridad y comenzaron a atacarlos. Superados en número, Levington se había visto obligada a retroceder hacia aguas internacionales. Pero durante la emboscada, una sus compañeras resultó gravemente herida. Y Zaira no tuvo otra alternativa que llamar al cuartel de Aurores para informar de la situación y solicitar refuerzos.

Resultó ser que la llamada al Cuartel había coincidido con otro evento desafortunado: alguien había intentado envenenar a uno de los hijos de Harry Potter.

Toda aquello había resultado sumamente bochornoso para Zaira Levington. Su jefe le había delegado una misión de rescate, y ella había puesto en peligro a sus compañeros. No se sorprendió cuando, dos días más tarde, Ronald Weasley se apareció en Túnez para resolver el problema.

La solución había sido simple e inamovible: el proyecto Caballo de Troya quedaba cancelado. Zaira había aceptado la decisión de sus jefes, pero había pedido un último viaje antes de dar de baja el proyecto. Deseaba poder rescatar a los refugiados de aquel viaje frustrado cuatro días atrás por el ataque de los Guardianes Negros.

A regañadientes, Ronald había accedido. Así, Zaira había puesto en marcha el plan B, habilitando el puerto alternativo, y alertando de la nueva fecha a su infiltrado en Italia.

Ahora aguardaba, nerviosa, de pie sobre el muelle a la llegada de su infiltrado y de los últimos refugiados que rescatarían.

—¿Dónde estás? —murmuró a la noche, mientras buscaba con la mirada alguna señal de movimiento.

Y entonces, cuando estaba a punto de perder la esperanza, una camioneta muggle apareció por la calle que llevaba hasta el destartalado muelle. Detrás de ella, Ron se tensó y sacó su varita. Por el rabillo del ojo notó que los aurores que se encontraba sobre la cubierta del barco se posicionaban listos para defender la embarcación.

La camioneta se detuvo, y una mujer bajó del lugar del conductor. Otra figura masculina la imitó abriendo la puerta del acompañante.

—¡Somos nosotros! —exclamó la voz del hombre a la distancia, mostrando ambas manos en el aire.

—La palabra clave —le solicitó Zaira, apuntándole con la varita.

Ulises —pronunció el hombre. Zaira respiró aliviada, y bajó la varita mientras que caminaba hacia los recién llegados —Me alegro que llegasen a tiempo—les dijo mientras que estrechaba la mano de ambos.

—Por un momento pensamos que no lo lograríamos —confesó la voz del hombre, descubriéndose la cabeza y revelando el rostro de Theodore Nott.

—Cuando recibimos tu mensaje intentamos rescatar a la mayor cantidad de gente que pudimos —le explicó Sylvia, la mujer junto a él y su esposa. La pareja se encaminó hacia la parte de atrás de la camioneta y abrió las puertas, revelando a las personas escondidas en su interior.

—Son… todos niños —dijo Levington con un hilo de voz al verlo.

—Dijiste que éste sería el último barco de rescate… Decidimos priorizar —explicó Sylvia, su voz entrecortada por la angustia. Zaira se encontraba petrificada, la mirada fija en los rostros de aquellos pequeños. Ninguno tenía más de diez años. Algunos de ellos, los más grandes, cargaban bebés incluso. Y todos lucían aterrorizados, lágrimas en los ojos.

—Debemos movernos… Rápido —los apremió repentinamente la voz de Weasley, haciéndola caer nuevamente a la realidad.

Theodore y Sylvia empezaron a bajar a los niños del camión, mientras que Zaira los guiaba hacia la embarcación, donde los otros aurores los ayudaban a subir y los ubicaban dentro de la cabina. Uno a uno, fueron marchando un total de diecisiete criaturas, bebés incluidos.

—Señorita Levington —la llamó Theodore Nott una vez que todos los niños estuvieron arriba del barco—. Simplemente quería darle las gracias… Y decirle que ha sido un placer trabajar con usted y su gente —le confesó el hombre, con una sonrisa triste.

—El placer ha sido todo mío —les respondió ella. Theodore extendió una mano en su dirección, pero Zaira la hizo a un lado, y en su lugar, lo envolvió en un abrazo. A él y a su mujer. Y mientras se separaba, sintió que le ardían los ojos. Subió rápidamente al barco pesquero sin mirar atrás. Sabía que si lo hacía, iba a llorar. Y no podía permitirse llorar.

—No sabía que estarías aquí, Weasley —comentó Theodore una vez que ambos quedaron solos. Solo su esposa estaba presente para escucharlos. —Así que tu eres el pez grande que envían cuando las cosas se ponen feas, ¿eh? —agregó luego con cierta amargura.

—El proyecto Caballo de Troya se ha vuelto demasiado peligroso, Nott… Casi perdemos a una de las nuestras la última vez. Lo entiendes, ¿verdad? —le explicó Ronald de manera protocolar.

—Sí, lo entiendo —aceptó con resignación Nott—. ¿Puedo pedirte un favor, Weasley? —agregó entonces. Ron tragó saliva, inquieto ante la pregunta. Finalmente, asintió con un gesto de cabeza. Nott revolvió entonces en su túnica y extrajo un paquete. —Necesito que le entregues esto a Draco Malfoy… Él sabrá qué hacer con el contenido —le pidió.

—Malfoy se encuentra inaccesible en este momento —le explicó evasivamente Weasley. Nott negó con la cabeza.

—No importa… Simplemente entrégaselo cuando vuelva a ser accesible —insistió Theodore. Weasley observó con cierta vacilación el paquete.

—Por favor, señor Weasley —intervino entonces Sylvia, suplicándole. Había tanto dolor en aquellas palabras que Ron simplemente no pudo negarse. Tomó el paquete de manos de Theodore y lo guardó.

—Gracias, Weasley —le agradeció Nott, aliviado.

Ron simplemente asintió con la cabeza, y se dispuso a subir a la embarcación. Se encontraba a mitad de camino cuando, repentinamente, volvió sobre sus pasos hasta quedar frente a Theodore y a Sylvia.

—Aún queda lugar en el barco para dos personas más, Nott —les sugirió Ron, abandonando su rol de Auror por unos segundos. Theodore alzó las cejas, visiblemente sorprendido. Su mirada y la de Sylvia se encontraron en silencio y ambos sonrieron.

—Gracias, pero nos quedaremos aquí... Éste es mi hogar, Weasley. Y no lo abandonaré sin pelear —le respondió Nott. Ron abrió la boca para insistir, pero inmediatamente se detuvo. Nott lo miraba con firmeza, la convicción reflejada en sus ojos.

—Buena suerte, Theodore —se despidió Weasley. Nott sonrió al escucharlo.

—Buen viaje, Ronald —le respondió.

Ron subió al barco y dio la orden de partir. Lentamente la embarcación comenzó a alejarse de la costa. Theodore y Sylvia permanecieron allí de pie observándolos, hasta convertirse en dos puntos a la distancia.

—Esa pareja ha salvado en total ciento siete personas contando los niños que están a bordo de este barco —comentó la voz de Levington junto a él—. Y nosotros los hemos abandonado a morir allí.

—Tú misma lo dijiste… Han salvado ciento siete personas. Si mueren, no habrá sido en vano —le respondió Ronald, incapaz de mirarla a los ojos mientras lo decía.

—Pero nunca nadie lo sabrá. El Proyecto Caballo de Troya será siempre un archivo secreto dentro del Departamento de Seguridad. El mundo nunca sabrá de Theodore y Sylvia Nott —lamentó con amargura Levington.

—Nosotros lo sabremos —le contradijo Weasley. Zaira rió con amargura.

—A veces creo que este trabajo es un castigo —se lamentó la rubia. Ron rió ante su comentario.

—Bienvenida a mi mundo. Esta es la parte del trabajo que nadie te cuenta… —gruñó Weasley—. La parte que es simplemente una mierda.


Y así termina el capítulo 30, dejando una sensación un poco agridulce, sin duda.

Algunas cosas que quiero comentar... Para aquellos que me siguen hace bastante, seguramente ya saben que tengo otro FF que es un spin off de la saga Albus Potter. El nombre de este FF es "Memorias de Ted Remus Lupin", y en el mismo hay varios capítulos que hablan sobre Ted y su vínculo que varios de los personajes que aparecen en este capítulo: Felicity y Rick Fox, así como también Thomas White. A los que lo deseen, les aconsejo darse una vuelta por ahí. Sin duda les ayudará a tener una mejor comprensión de varias cosas que suceden aquí.

Estoy segura que este capítulo despertará muchos interrogantes en torno a Katya Danilova, y por supuesto, en torno a Theodore Nott. Siéntanse libres de expresarse. Intentaré responder todas sus preguntas en la medida de lo posible, sin arruinar la historia.

Espero ansiosa sus reviews.

Mientras tanto, responderé los que dejaron el capítulo pasado.

lulu0611: sí, ciertamente estoy mal acostumbrandolos. Espero poder seguir manteniendo este ritmo! :) ¿Así que tienes a alguien la mira como culpable del veneno? Bueno, es una teoría interesante... Pero por supuesto que ya sabes que no puedo confirmarla ni desmentirla. Porque justamente, el objetivo del capítulo anterior fue crear esta sensación de que todos, absolutamente todos, son sospechosos. Ya lo dijo Harry: deben tener mucho cuidado en quien confían. No sería la primera vez que en épocas de guerra se comenten las peores traiciones, ¿no? La clave es: ¿por qué? ¿Qué motivos tendría alguien para envenenar a Albus? Nuevamente, creo que te dejo más preguntas que respuestas, lo siento! Sobre Balt... Pronto. Habrá más información sobre él y sobre todos los alumnos de Salem, o al menos de la mayoría. La vida se trata de elecciones, ¿no crees? Y cómo nuestros caminos se van bifurcando con cada elección que tomamos. ¿Qué hubiese pasado si...? El destino de muchos de los personajes de esta serie va a depender de muchas pequeñas decisiones tomadas a lo largo de las historias que los llevan en una determinada dirección... Ese es el caso de Albus, por ejemplo. El destino de otros personajes, en cambio, tendrá lo que me gusta llamar "momentos bisagra": Hedda es uno de ellos. Y Wence es otro. ¡Y no diré nada más! Verdaderamente quieres ver a James y a Hedda juntos, ¿eh? Ahora, con una mano en el corazón, ¿realmente crees que son el uno para el otro? ¿Te sentiste engañada con respecto a Sasha? Perfecto, ese era el objetivo. Sobre Thomas y su interés en el hechizo sanador de Albus... Se basa simplemente en el hecho de que fue ese hechizo la razón por la cual Albus se encuentra aún con vida. De no haberlo hecho, el veneno lo habría matado inevitablemente. En cuanto a Scarlet... Ella simplemente adora la gente habilidosa ajjaaja. Sobre Albus... Bueno, repito lo que dije antes: el camino de su personaje va a estar definido por múltiples pequeñas decisiones y momentos. No tan "blanco o negro", como se podría esperar. Con estos capítulos intento traer un poco de regreso a la OdF a la historia... Ya estaban un poco olvidados, no creen? ¿Querías más de Zaira? Bueno, aquí tienes un poco... Aunque si eres como yo, de seguro te habrá dejado un sabor agridulce. Y sobre Ted y su historia... También un poco de "luz" al respecto,no? Aquí he introducido a Katya... Dejaré que ustedes saquen sus conclusiones al respecto.

Malagoniano: Oh sí, sumamente revelador! Tienes un punto... La historia se centra en la Rebelión y el Mago de Oz, pero eso no quiere decir que todo sea tan blanco o negro, no? Ya lo verás... No quiero decir demasiado porque me temo que podría arruinar partes importantes de esta historia. Pero sí, hay muchas historias entre líneas. Cuando planee estos libros me planteé con una historia para cada personaje... ¿qué ha sido de la vida de cada uno de ellos durante todos esos años que transcurren entre la derrota de Voldemort y la llegada de Albus a Hogwarts? Así que terminé desarrollando muchas historias paralelas... Algunas irán descubriendose a lo largo de los libros, y algunas simplemente me sirven a mi de trasfondo para desarrollar los personajes. Por ejemplo, la vida de Jaques Le Blanc, o las aventuras de Harry y Ron como Aurores durante estos años, etc etc. Sobre JAmes y Hedda... (porque veo que todos son muy fanáticos de esta pareja) repito lo que he dicho antes en otras respuestas: no digo ni si ni no. Pero sí planteo la pregunta ¿realmente creen que serían una buena pareja?

Severus 8: ¡Realmente me estoy luciendo con los tiempos de actualización, eh! Ojala pueda mantener este ritmo, pero si tengo que ser sincera... Esto se debe a que gran parte de la trama de estos capítulos, y de este libro, ya se encontraba escrita en algunos borradores... Simplemente les estoy dando el formato final, puliendolos y agregando cosas extras, y definiendo el orden en que presentaré la información. Sobre Sasha y su familia... Al principio de este libro se nombra durante una charla entre Harry y Laurence Miles (Jefe de Seguridad EEUU) el enfrentamiento que hubo en Nueva York. Entraremos un poco más en detalle respecto a este tema a medida que avance la historia, pues la familia de Sasha no es la única involucrada. Prometo que en los próximos cpitulos brindaré un poco más de información sobre los alumnos de Salem. Respecto al Bosque Oscuro... ¡ES IMPORTANTE! Claro que sí, hay algo ahí. Ya lo verás... Aunque creo que te he dado una idea con este capítulo. Sobre tu pregunta respecto al Bosque... No, no es el mismo al cual va Gellert con el Domador. Como te habrás dado cuenta en este capítulo... Al Bosque Oscuro no le gustan los magos, ni las varitas mágicas.

karybust1126: OH, Sasha y su guante. Supongo que seguirá siendo un misterio por ahora. ¿Sabía la chica que su guante tenía veneno? ¿Es verdaderamente inocente? Y si es inocente, ¿entonces quien quiso envenenar a Albus? Si tan solo alguien pudiese brindarte esas respuestas jajaja. La última frase a Harry... oscura, ¿no crees? Casi como si estuviese adivinando que algo va a suceder. Sobre Ted... Sí, mintió eh! Y vaya sorpresa, porque Lupin no es de los que mienten jeje. La pregunta es ¿por qué?. Sobre mi respuesta anterior y tus posibles teorias... ¡ahora quiero escucharlas! Si no deseas dejarlas en un review, donde cualquiera puede leerlas y posiblemente spoilearse (jeje), enviame un mensaje privado! Ahora soy yo la que siente intriga!

bjilydp7: ¡Yo no he dicho que no ha sido Sasha! Simplemente he planteado la posibilidad de que, talvez, no fue ella. Me gusta que el capitulo anterior haya generado esa desconfianza en ti. ¡Era el objetivo! Plantar la semilla de la duda... La posibilidad de la traición. LA existencia de alguien, escondido entre ellos, capaz de lastimarlos. Esa sensación de que no podemos confiar en todos los que nos rodean... Y talvez, ni siquiera en aquellos a quienes consideramos de nuestro bando. La interacción entre Thomas y Victoire... puff! Ellos se conocen bastante, fueron a Hogwarts juntos, y Vicky es la novia de Ted, y a su vez, Thomas es el mejor amigo de Ted. Así que existe confianza entre ellos, la suficiente como para que Victoire no dude en presionarlo hasta que Thomas confiese toda la verdad. Sobre la mentira de Ted... aquí he dejado un poco de ella. Es solo la punta del iceberg... pues resulta ser que Ted estuvo MESES en el Bosque OScuro... Sobre el chocolate, sí, es un guiño a Remus. Uno de los personajes que más quise en los libros de HP, y el que más lloré. Literal, recuerdo que leí una y otra vez el párrafo de su muerte (encima JKR lo tira así nomas, al pasar... simplemente un muerto más). Creo que por eso Ted ocupa un lugar tan especial en mi historia. Remus no merecía morir.

: bienvenida de regreso! Haces bien al menos en dudar sobre la culpabilidad de Sasha... Y Albus, bueno, sigue siendo un crío orgulloso, no? Por supuesto que iba a tener una rabieta ante la idea de que alguien había intentado ganarle haciendo trampa. jaja. Sobre la intencionalidad del ataque... Harry parece pensar que iba dirigido a él. Eso es verdad. Por hombre italiano te refieres a Fazio? El Jefe del departamento de Misterios? Jaja, no crees que eso es encasillarlo, simplemente porque es italiano? Pero bueno, lo cierto es que las cosas se estan poniendo muy dificiles en Italia... Sin ir más lejos, este capítulo nos permite tener un vistazo de lo que está sucediendo. Tus pedidos son órdenes, jajaja, aquí te he dejado unas escenas de Ted y Draco en el Bosque... Ojala sean de tu agrado. Sobre Tessa... ¡son crios! claro que le va a importar que su novio esté pendiente de ella! LA guerra es algo lejano para ella. Gracias por tus palabras de aliento, y espero que disfrutes de este capítulo. Una alegría recibir tu review.

Potter Doll: estos reviews me hacen sonrojar, jaja. Me alegro que te gustase ;) ¿Te ha gustado como quedó la versión "Harry Adulto Auror Lider de la Orden"? Jaja. Fue difícil... pero tras mucho analizarlo, creo que es una versión bastante fidedigna al Harry de los libros... Buen corazón, con una cuota de autoexigencia elevada, y un sentimiento de culpa inevitable. Sobre Ginny... Ya veremos un poco más de ella. Solo puedo decirte que la guerra es algo muy dificil para ella... Ya lo fue la vez anterior, y esta vez promete ser aún peor... Porque ahora, sus hijos estan en peligro.

Saludos a todos, nos estamos leyendo.

G.