El Profeta trajo la noticia del levantamiento de la cuarentena, esa misma mañana la medribruja al cargo de la planta fue a avisarlos.
Neville podía volver al área de estudiantes.
Severus había solicitado poder volver a su casa. Él no había sabido de la existencia de su hogar, pero tenía sentido. Solo había deseado que la búsqueda de un lugar le hubiera tomado al menos algunas semanas, podría hacerle alguna visita después de las clases.
Las pocas pertenencias que Dean le había llevado no tardaron en estar empaquetadas.
Neville no tenía más motivos para estar allí, tenía que irse. Y sin embargo, sus pies se resistían a moverse. No quería abandonar aquella habitación.
—Es hora de irme.—Tuvo que reconocer al final.
—Gracias por todo, Señor Longbottom.—El tono solemne de Severus le llevó a un punto casi doloroso.
¿Ya no era más Neville?
La mano extendida, esa que había acariciado tantas veces le esperaba. Neville la agarró, pero no quería despedirse.
—Gracias por ser mi medimago, tendrá un gran futuro en esta profesión.
¿Sería estúpido si Neville se echaba a llorar?
—Oficialmente ya no soy tu medimago, solo un estudiante.
La sonrisa de Severus le molestó, al parecer él era el único que estaba deseando salir de allí.
De un modo un tanto tambaleante, Severus tiró de él a través de aquel apretón de manos. Le acercó tanto, que sus pechos se tocaban, haciendo que ambos se notaran inestables.
Pero no tenía mente en ese momento para pensar en lo efectos sobre su "primer" paciente. No podía pensar más que en el gesto íntimo, casi sensual de la mano de Severus en su cadera. No podía dejar de mirarle con los labios entreabiertos, recibiendo la mirada oscura que le hacía querer cometer una locura.
Salvo que no fue él quien la cometió, Severus le besó.
Despacio al principio, como si hubiera alguna posibilidad de que Neville le rechazara.
Cuando sintió que el cuerpo de Severus se debilitaba, fue él quien los sostuvo, fue él quien le siguió besando.
—No soy el mejor candidato para ti, podría ser tu padre, y sigo estando enfermo.—Neville no le soltó en ningún momento, ya no, sabiendo que existía esa posibilidad—Pero también soy alguien egoísta, y no quiero que dejes de estar a mi lado. Quiero devolverte todas las caricias que tú me has dado.
Neville le besó, porque eso era lo que había deseado, que Severus quisiera seguir a su lado, que su recuperación fuera con él.
Escucharon como la puerta se abría, Neville le ayudó a sentarse. Su mano no se separó de su hombro en todo el tiempo que Neville informó a la medibruja de los pasos que había realizado en el tratamiento.
Después de eso tuvo que marcharse. Su habitación de estudiante, sus compañeros, le esperaban.
Aquella enfermedad mágica, la Viruela de Dragón, se había llevado a su ser más querido. Sin embargo, le había traído un sostén que jamás hubiera imaginado. Una persona a su vida que le abría una puerta a otro tipo de felicidad.
Severus tardó tres días en irse de San Mungo, Neville volvió a sus clases.
Era sábado, sus compañeros se habían ido a visitar a sus familiares, algunos habían salido a festejar el fin de la cuarentena.
Neville tenía fuertemente apretado un pequeño trozo de pergamino, y estaba frente a una de las chimeneas conectadas a la red flu de San Mungo.
—Calle de la Hilandera, 41—dijo entrando a la llamas verdes.
Un salón pequeño, un librero hasta los topes y dos sillones gemelos frente a él.
Uno vacío, en el otro, el hombre al que había deseado ver por días.
—Bienvenido.—Severus era más aquel hombre que fue en el pasado, más que un paciente, menos que una pesadilla.
Neville se arrojó sobre el sillón para besarle, esa noche no consiguieron llegar a la habitación. La alfombra del salón tuvo que bastarles.
Neville le abrazaba con fuerza mientras acariciaba su pecho desnudo. Pasaba los dedos sobre las gruesas cicatrices, el color oscuro era un poco más débil, pero seguían destacando fuertemente contra el resto de su piel pálida; para él eran casi como volver a casa.
Con sumo gusto comprobó como la parte inferior no había sido dañada en lo absoluto, y como el maldito Seamus había tenido razón todo el tiempo.
Llevó su mano hacia abajo para contornear la carne de nuevo endurecida.
—Señor Snape, creo que voy a tener que aplicarle un tratamiento oral de nuevo, esta zona se ha visto muy poco atendida en el último mes.—Neville movió la mano rítmicamente haciéndole gemir—Debería tener una seria conversación con su medimago.
Severus se lo comía con los ojos, y Neville se lo comió con la boca.
A partir de ese día, Neville fue todos y cada uno de los fines de semana.
Severus fue considerado como caso de estudio, por su vertiginosa recuperación.
Pero solo ellos sabían que lo que había hecho que Severus se recuperara habían sido aquellos treinta días, aquella cuarentena donde se había enamorado de su medimago.
FIN
Se acabó lo que se daba, en España se acabó la cuarentena hace una semana o dos, ya no lo recuerdo.
Tenía ganas también de terminar con esta historia, tiene su tiempo y su lugar.
A mí, tanto esta como la anterior Viruela de Dragón, me han servido para mantenerme entretenida, para dejar de pensar en cosas que no estaban en mis manos.
Solo espero que para vosotras haya sido una distracción y os haya gustado.
Gracias por acompañarme.
Nos vemos en otras historias.
Besos.
Shimi.
