29

Su cabello se estaba volviendo rebelde, así que lo tomó en dos coletas tristes. No le importó si los colores de las puntas de sus cabellos se revolvían. Como si eso fuera importante.

El frío le empezaba a calar sus huesos, era mediados de otoño, y solamente a ella se le ocurría usar ese diminuto vestido en la calle.

La búsqueda de sus "bebés" no tuvo éxito. Por más que buscó en posibles lugares, no encontró rastro de sus hienas. Recordó que tal vez estarían en la otra metrópoli. ¿Ellos estarían bien? ¿Estarían juntos?

Quería llorar a mares, pero no sólo por eso.

No tenía nada más, no tenía a nadie más.

¿Qué podía hacer?

Se encontraba a muchos metros de "Carnival", mirando a lo lejos. Podía ver alguno que otro secuaz trabajando. Sonreía, quería llegar, hacer una entrada triunfante, decir "¡He vuelto!" y que todo volviera como era antes.

Pero sabía que no era así, sabía que las cosas habían cambiado. Tal vez los payasos dejaron de considerarla parte del clan, tal vez la odiaban por haberlos metido en problemas con él.

Tal vez no sería bienvenida.

Harley, sintiendo su corazón partirse de nuevo, caminó lejos de ahí.

No tenía ni idea que había sido vistas por algunos payasos a lo lejos, y claro, sorprendiendo a estos. Intentaron contactar a su jefe, decirles que Harley Quinn estaba de vuelta.

Pero no hubo respuesta de este.

Harley caminó por las calles, mirando sus pequeñas zapatillas doradas. Era cuestión de tiempo que volvieran a reconocerla y volver a ser atacada, pero ¿Esta vez tendría las agallas de enfrentarse con sus enemigos?

Hacía un poco de frío, el invierno se acercaba.

Sintiendo que sus pies la mataban, se sentó en la acera y empezó a contar sus posibilidades otra vez.

La independencia no era segura y había fracasado. Mamá no la recibiría de vuelta. ¿La cárcel? Por supuesto que no, ¿Arkham? Ni loca.

Oh, que ya lo estaba, bueno, estando loca no volvería ahí.

Llegó a pensar en dos posibilidades, pero sería demasiado riesgo. Pensó en Gigi y Sophie, pero sólo sería arriesgar la vida de ambas.

—No, eso no es inteligente Harley... Descartado

Miró hacía el cielo, pensando en otra posibilidad.

Se lamentó que el Mensajero estuviera encerrado en la cárcel, tal vez él la ayudaría. Y no, no se aprovecharía de los sentimientos que el tuviera hacía ella, sólo sería un apoyo.

—¿A quién quieres engañar Harley? Estas jodida...

Dejó caer su cabeza contra sus rodillas. El frío la estaba congelando y si no se movía de ahí, podría morir de hipotermia.

Morir, ¿Morir era opcional también?

—¿De qué forma? No seas estúpida Harley...

Harley se miró la punta de sus zapatillas. Sólo existía un camino. Una salida.

Y era la más desconcertante, problemática y peligrosa de todas.

Pero era la única que le quedaba.

—¿Cómo puedo ser libre de esto?

Aún había muchos sentimientos dentro de su pecho, para ser más específicos, dentro de su corazón, sentimientos que quería que murieran de una vez por todas.

¿Pero cómo se podía hacer eso?

¿Cómo se puede dejar de amar a alguien?

...

El crimen nunca descansaba, pero parecía que se había tomado un pequeño receso. Ese receso aprovechó Bruce para volver a su enorme mansión.

El Caballero de la Noche también necesitaba un descanso, aunque este no lo viera necesario.

Pero ciertamente no quería acostarse y dormir todo el tiempo que su cuerpo lo necesitaba. Sólo quería pasar de Batman a Bruce.

No confiaba en la palabra de los criminales, menos en la palabra de Quinzel. Sabía que era una pobre mujer que cayó en la locura de aquel payaso psicótico, sin embargo, ese último encuentro con ella y ese último maldito dato que le dio hizo que su cabeza no dejara de dar giros por toda la noche.

Quitándose el traje de murciélago, Bruce subía por aquellas escaleras que parecían eternas hasta llegar a su hogar.

Caminó por los pasillos aterciopelados con alfombras rojas. Su intención era llegar a otro sitio, pero fue interceptado por su único acompañante.

—Amo Bruce, ha llegado demasiado temprano

—Aunque no lo creas, esta noche todo estuvo tan seguro, que incluso pensé que era la calma antes de la tormenta, pero...

—¿Pero?

—Sólo fue calma...

—Bueno Amo Bruce, son buenas noticias que escuchar, pero el desayuno aún no está listo, tal vez sea esa una mala noticia para usted, al menos que quiera un sándwich

Y por más insignificante que fuera esa palabra, Bruce le recordó a alguien y recordó algo que debía de hacer, algo que lo apesadumbraba a cada segundo que pasaba, y si no aclaraba eso desde antes, iba a volverse demente.

—Podría hacer uno de huevo, no me molestaría en absoluto

Alfred sólo elevó sus cejas, un poco extrañado por la respuesta de Bruce, más porque no pedía platillos de esa índole. No le quedó de otra que hacerle caso, no sin antes darle un último vistazo, asegurándose de que el joven Wayne estuviera en pleno uso de sus facultades mentales.

Cuando Alfred se retiró, Bruce volvió a sus asuntos.

Bruce entró a su despacho, que a la vez había pertenecido a su padre. Se preguntaba dónde podría quedar los viejos registros de los antiguos trabajadores de la casa. Abrió un enorme cajón que en su interior se encontraba un poco empolvado de uno de los enormes libreros

Recordaba el nombre que la loca Arlequín le dio.

Sacó un pesado libro, un registro de los trabajadores que habían prestado años de servicio en la Mansión Wayne. Era algo útil que solía hacer su familia años antes de que él naciera.

Bruce buscó el índice del libro, buscando la letra "F", recordando el primer nombre de la mujer.

"Penny, Penny Fleck, Fleck"

Pensaba en el nombre mientras con su dedo indagaba las páginas amarillentas, ¿Cuántos años tendría ese libro? Quizá era más viejo que sus padres.

Encontró la sección de la letra F, inmediatamente abrió la sección y buscó desesperado, hasta darse cuenta que la hoja donde se supondría que estaría ese expediente se encontraba arrancada.

—¿Qué?— Bruce movió las hojas, buscando por todo el libro, tal vez esa hoja fue arrancada por error y la guardarían en el libro. Nada cayó de las páginas viejas ni por error.

Rascó su cabeza, ¿La Arlequín le estaría diciendo la verdad?

—¿De verdad desea esa cosa de huevo joven Bruce? No creo que— Alfred entró al despacho, interrumpiendo los pensamientos de Bruce, sin embargo, el mismo se calló al ver el libro que se situaba sobre el escritorio.

—La verdad es que he perdido un poco el apetito, estoy tratando de buscar algo

—¿Buscar? ¿Qué es lo que estás buscando?

Bruce estaba tan concentrado en el libro viejo que elevó su mirada a Alfred, y nunca lo había visto con sudor en su frente y sus ojos temblorosos.

¿Ahora que le pasaba a Alfred?

¿Qué demonios le pasaba a todo el mundo en estos días?

—... Nada en especial, un par de nombres... ¿No tenemos más de estos?

—M-Me temo que no, Bruce, es el único que tus abuelos y bisabuelos tenían, ¿Por qué estás leyendo eso?

Alfred se veía tan nervioso, Bruce tuvo curiosidad de preguntar, pero decidió no preocuparlo. Sin embargo, eso sólo levantaba las sospechas de las palabras de Quinzel.

—Hace unos días llamaron a la casa unos familiares de unos trabajadores que pasaron aquí un largo tiempo, al parecer se encuentran enfermos y sólo quería verificar si ellos realmente trabajaron para mis abuelos. Al parecer así era...

—Oh... Menos mal que era eso

—¿Menos mal que era eso?

—Q-que los hayas encontrado, que no fueran personas queriéndose pasar de listos con usted... ¿De verdad prefiere el sándwich de huevo a una comida más decente?

Alfred le tomaba demasiada importancia al desayuno, como si eso fuera más importante. Bruce sólo frunció el ceño y volvió a ver la hoja arrancada, y no notó el detalle de que sólo había un pequeño pedazo de hoja, en el cual estaba escrito "Penny Fl"

Confirmando lo que Quinzel dijo.

—Sí Alfred... De vez en cuando deseo un desayuno no convencional...

Alfred parpadeo. La seriedad en el rostro de Bruce se vio al momento de dirigirle la palabra, seriedad que puso más inquieto a Alfred.

—Bien... En unos momentos estará... No tardaré mucho...— Alfred dejó el despacho, y a la vez, con más dudas a Bruce.

Bruce se llevó una mano a su ceja. Miró de nuevo a la hoja arrancada. Tomó lo que quedaba de Penny, Penny Fleck.

Una nueva investigación a su lista. Un nuevo caso que resolver.

Y lo que más le perturbaba de ese caso era el hecho que tarde o temprano, se iba a volver personal.

...

Elevó su cabeza, la cálida sensación de volver a casa la envolvió.

Sin embargo, otra vez dudó en entrar o no. ¿El estaría molesto?

Aquella mansión abandonada se encontraba oscura. Eso significaba que él no estaba ahí.

¿Cierto?

No sabía porque estaba temblando. Si era del frío o del nerviosismo en su estómago. Probablemente ambas opciones

"A la mierda"

Harley caminó entre la maleza, con la cara en alto, el martillo sobre su hombro, su pistola y su navaja en su mano izquierda y con su pequeño vestido corto y "feo".

Esta vez no atravesó una ventana para entrar. Si iba a volver, lo iba a hacer bien.

Abrió la puerta principal y se adentró. Oscuridad. Sólo la luz de la luna se reflejaba a través de las ventanas.

Cerró la puerta, dejó caer sus cosas al suelo. Todo se sentía tan irreal, como si fuera un sueño.

Un sueño que se convertiría en pesadilla.

No quería vivir más pesadillas.

Harley caminó por el lugar, buscándolo. Quería delatarse a propósito, sus tacones contra el piso era una prueba de ello. No estaba armada, no buscaba pelea, y si él lo buscaba, ella lo aceptaría.

Aceptaría su castigo por haber huido de él.

"No debí de hacerlo" Pensó para sus adentros "... ¿Qué rayos Harley? Si no lo hubieras hecho probablemente estarías... ¿Por qué carajos estoy aquí de vuelta en primer lugar?"

No era hora de arrepentirse, ya estaba ahí.

Buscó en el despacho. No había nadie. Buscó en la habitación principal, tal vez estaría dormido.

La cama estaba vacía.

¿Su habitación tal vez? No, no estaba ahí. Buscó en casi todos los rincones de la casa, pero no había rastro de él.

Quería llamarlo en voz alta, ¿Y si se molestaba? No quería arriesgarse a molestarlo más.

Pero si no quería arriesgarse a molestarlo, ¿Por qué estaba ahí de vuelta? Harley quería llorar a mares.

Un pensamiento llegó y estuvo a punto de cumplirlo. "No debo de estar aquí, debo de irme".

Pero quería saber si realmente él estaba ahí. Faltaba una parte de la casa por buscar.

Dudaba que estuviera en la cocina, sí, él sabía cocinar, lo había hecho toda su vida para la mujer que creyó que era su madre, pero dudaba que el estuviera haciendo un delicioso platillo a mitad de la oscuridad.

Harley entró y se llevó una mano a su boca. Lo primero que encontró fue un desastre: Comida, latas, algunos botes de leche y soportes de frigorífico en el suelo.

—¿Pero qué mierda?

Harley no comprendía qué pasaba hasta que recordó su libreta de psiquiatra en Arkham.

Caminó rápidamente hasta el frigorífico, arrodillándose frente a este. Empezaron a brotar unas pequeñas lágrimas de sus ojos.

¿Desde cuándo él estaría ahí? Le daba terror abrir la puerta y descubrirlo por ella misma.

—¿A-Arthur...?

Preguntó contra la puerta asustada.

¿Habría entrado ahí desde que ella se fue? La culpabilidad la empezó a atacar.

"¿Pero qué demonios has hecho?"

—¿Harley?

Una voz débil se escuchó dentro de la caja fría. Harley respiró el oxígeno que sus pulmones necesitaban, oxígeno que no se permitió respirar en esos segundos de sosiego, él aún estaba ahí.

—P-pudín— Sonrió tontamente, aun cuando seguía llorando —¿Qué estás haciendo ahí, pudín?

—No lo sé... Estoy pasando por mucha mierda... Sólo necesito un minuto

Su sonrisa se volvió más grande, el sólo escuchar su voz, fue como una pequeña luz en su oscuridad —... Te espero...— Su corazón volvió a latir tanto, como si tuviera vida propia.

Rápidamente corrió por una sábana más gruesa por él, la iba a necesitar. Otra vez sentada en el suelo frente al frigorífico, esperando el tiempo necesario.

Aún pasaban muchas cosas por su mente, aún tenía la sensación sobre si debía de estar ahí o no.

No pasó mucho tiempo cuando la puerta volvió a abrirse. Harley tembló y no sabía si fue por el frío golpeando su piel o por verlo a él de vuelta. Y el estado en el que él se encontraba. Tan frágil, tan herido. Sus labios estaban púrpuras, y podía jurar que su piel estaba a nada de volverse azul.

Sin pensarlo, abrazó a Arthur con la enorme sábana gruesa, este intuitivamente tomó la tela, volviendo poco a poco al calor.

Harley lo ayudó a dirigir sus pasos hasta la habitación principal. Fue la segunda vez al entrar a esa habitación que se dio cuenta que esta había quedado intacta, justo como lo había dejado hacía un mes atrás.

Sentó a Arthur en la cama, lo ayudó a recostarse mientras no paraba de abrazarlo.

—¿H-Harley?

—Shhh, tranquilo, tranquilo...— Harley se abrazaba a él, esperando pasarle el poco calor que tenía que tenía hacía él.

Arthur respiraba profundamente, de vez en cuando abría sus ojos y veía la silueta de Harley en la oscuridad.

¿Era ella?

Por eso era tanto su necesidad de hablar, de saber que no lo estaba soñando o alucinando

—¿Har...?

—No hables, ¿Que te dije? — Ella volvía a abrazarlo y acariciaba su cabello suavemente —Tienes que calentarte, estabas dentro del frigorífico, congelándote...— Harley sintió las tremendas ganas de preguntarle porqué había vuelto a ese antiguo hábito, pero no quería que Arthur se sobresforzara con explicaciones en ese momento —No hables, no pienses, sólo relájate, sólo—

Inesperadamente, Arthur salió de la sábana, alejándose de Harley. Con su delgado y débil cuerpo intentó salirse de la cama. Harley no decía nada al respecto, incluso se avergonzó un poco.

"Tal vez no le gustó que lo sermoneara"

Sin embargo, sólo observó como Arthur iba a unas ropas tiradas en el suelo. Era su traje de Joker.

Ella sólo observó como Arthur intentaba volver a poner sus pantalones, su camisa turquesa y su chaleco amarillo, todo con poco éxito.

Harley frunció el ceño, preocupada por la actitud de Arthur. Este inmediatamente fue a la cómoda y tomó algo que se encontraba arriba de esta. Eran sus pinturas de payaso. Fue al espejo de la recamara y empezó a maquillarse.

Pero se encontraba tan débil, que su maquillaje se estaba volviendo un desastre.

Harley no comprendía, ¿Por qué Arthur estaba haciendo eso? ¿Qué planeaba? ¿Con qué propósito?

Su maquillaje estaba "listo", pero ese intento de maquillaje se asemejaba más cuando ya estaba desgastado. Parecía que había escapado de la policía, o después de haber pasado un largo día trabajando.

O simplemente parecía después de arruinarse a sí mismo al terminar una larga noche con Harley.

—N-N-Nece...- Harley escuchó la voz frágil de Arthur, inmediatamente se levantó de la cama y fue hacía él.

—¿Sí? ¿Qué ocurre?

Arthur se llevó una de sus manos hacía su cabello, haciéndolo hacía atrás, aún había rastros de tintura verde. Faltaba su saco rojo para estar completamente listo, pero se veía tan débil. Harley nunca lo había visto así de débil, siempre lo veía fuerte, hasta de alguna forma lo veía "invencible".

Y en ese momento los ojos verdes de Arthur observaron a Harley, la cual sólo lo esperaba. No se parecía a Harley Quinn, no se parecía a "Su Harley". No usaba sus colores, usaba un extraño vestido, zapatillas que no eran azabache ni carmesí, lo único escarlata que usaba eran sus labios y una herida en su brazo, y sus coletas lucían tristes, al igual que su rostro.

La miró de pies a cabeza.

Harley había pensado en ese momento, cómo iba a ser, y eso había sido apenas hace un par de horas. Pero la realidad fue otra, siempre la realidad iba a ser otra.

Sólo veía a Arthur tan frágil, tan vulnerable, intentando ser Joker. Pero Harley no podía ver a Joker, sólo veía a Arthur.

Arthur caminó hacía ella, y sin advertencia alguna, cayó de rodillas, asustándola. Harley sin pensar corrió hacía él y estaba por ayudarle a levantarse cuando sintió sus brazos rodearla y siendo atraía hacía él. La abrazo, poniendo su cabeza contra su vientre.

No comprendía, ¿Qué era lo que pasaba con su Arthur?

Las lágrimas salieron de sus ojos verdes. Un sollozo, un verdadero llanto, un lamento real. Harley sólo acariciaba su cabello oscuro.

Y apareció la risa.

El verdadero llanto de Arthur.

Harley lentamente se agachó y abrazó a Arthur. Él se aferraba tanto a ella. Suavemente, Harley tomó a Arthur de sus hombros y se lo llevó de vuelta a la cama.

No hubo más palabras entre los dos. Sólo risas dolorosas y sollozos sinceros.

Ni siquiera supieron a qué hora los dos cayeron en su sueño.

Lo que sí fue que Harley fue la última de los dos en despertarse. No era para menos, después de haber tenido esa noche de perros. Al menos seguía viva.

—Hola tú...— Escuchó una voz que erizó su piel al instante, volteó hacía la puerta, recargado contra esta ahí estaba él. Vestido como la noche anterior, su maquillaje perfeccionado, pero lo que brillaba por su ausencia era su saco rojo. Se dio cuenta Harley que ese saco rojo lo estaba usando ella. Ella no recordaba habérselo puesto durante la noche, ni siquiera lo hubiera intentado dormida, al menos que ya fuera sonámbula.

¿O tal vez fue él?

—Hey...— Harley respondió algo tímida. A su nariz le llegó ese olor a tabaco que conocía perfectamente. En ese instante ella recordó que lo había dejado por un largo tiempo. Se encogió bajo el saco rojo. Tal vez iba a reclamarle de eso. Tal vez las cosas se pondrían peor de lo que estaban.

—Definitivamente eres la bella durmiente, dormiste muchas horas, más que yo. Mira por la ventana, está por atardecer de vuelta

Harley apenas giró su cabeza, tenía razón, el cielo era naranja.

—... Bueno, si supieras todo lo que pasó ayer...

—Me lo imagino. Hey, hace mucho que no te veo ¿Qué te trae por aquí?

Harley pestañeó. Notó como Arthur se encontraba lleno de seguridad, como si el Arthur que había visto la noche anterior hubiera sido sólo en un sueño, como si nunca hubiera existido.

—Erh...— Harley agachó su mirada, y se dio cuenta que tenía la misma pregunta que Arthur, ¿Por qué ella estaba ahí? —Yo... No lo sé...

—¿No lo sabes?

—Es que... Es que no...

—¿No qué?

Harley temblaba a cada respuesta, Arthur no quería, exigía una respuesta. Lo supo por su tono de voz.

—... Estuve... Estuve... No sé ni siquiera donde estuve... Yo sólo desaparecí...

—Y lo hiciste bien... ¿Sabes? Muchos te buscaron por todas partes. Mis hombres te buscaron, incluso creo que mis enemigos también...

¿La buscaban? ¿Eso significaba que Arthur la quería de vuelta?

"No-te-hagas-ilusiones"

Se regañó a su misma. No quería caer de vuelta. No quería caer.

Pero últimamente perdía el equilibrio. Como si estuviera en una cuerda floja.

—Lo sé, ellos me encontraron primero

—¿Qué?

Harley, con un poco de dificultad ya que su cuerpo aún resentía la pesada noche anterior, se quitó el saco rojo, al menos la manga donde se encontraba lastimada, mostrándole a Arthur la herida en su brazo —Lo hicieron ellos...

—Oh... Parece que dolió mucho eso...

—Sí, créeme que si dolió...

—Tuviste suerte, no paran de amenazarnos, incluso mandan amenazas en diferentes puntos de Gotham y nos dicen cómo nos van a matar a cada uno de nosotros. Sus métodos son eficaces pero anticuados, deberían de ser más originales... — Arthur fumó de su cigarrillo al expresar su sincera opinión. Harley quiso reír, pero no pudo. Harley no quería sentirse en casa aún. Sabía que las cosas no iban bien, su instinto se lo decía —Harley, tengo una pequeña pregunta

—¿S-Sí?

—¿Por qué te fuiste?

Sabía que esa pregunta iba a caer, tarde o temprano. Sólo que se lo imaginaba con mayor exigencia. No debía perder la oportunidad, pues él se encontraba calmado, debía de aprovechar esa ventaja ¿No era así?

—... N-no lo sé— Respondió con más dificultad de la que se esperaba.

—Mmhh... Bueno, eso puede esperar... ¿Entonces los rumores eran ciertos?

—¿Rumores?

—¿Era cierto que estabas en burdeles?

"Mierda"

Harley agachó su mirada, su cara se tornó roja de la vergüenza, no se atrevía a mirarlo a los ojos, ¿Cómo podía responder eso de forma positiva y sin que se lo tomara a mal? Era obvio que iba a pensar mal de ella.

—Y-y-yo, s-s-solía estar en lug-lugares así, pe-pero

Sintió dos manos sobre sus mejillas, obligando a su cara a voltear hacia arriba.

—¿Es cierto Harley?

—N-¡No hice nada malo! Bueno, s-sólo maté a un par de dueños y a c-cualquier imbécil que se quería propasar conmigo, y me robaba el dinero también, p-pero nunca, y-yo nunca...

No tuvo más valor de continuar, temía que Arthur decidiera hacerle algo si ella seguía hablando.

—Hmmm... Así que eras tú la que hacía todos esos desastres, traviesa

Arthur sonrió, de alguna forma le daba gracia todo lo que Harley había hecho en su escapatoria, aprovechando el tiempo de su ausencia.

Pero sus manos notaron una ligera sacudida. Era Harley quién palpitaba con su toque.

—¿Harley? Estás temblando, ¿Qué te pasa?

Ella había vuelto a desviar su mirada de él.

—¿Tu qué crees?

Arthur no hizo más preguntas al respecto, pero su curiosidad no había sido saciada aún. Tirando el cigarrillo en una parte de la habitación, tomó con una de sus manos el mentón de Harley, acariciando con su pulgar su mejilla. Había maquillaje "Normal" en su rostro. Observó sus facciones, sus sombras estaban arruinadas, corrían desde sus ojos hasta las mejillas. Su labial se encontraba de la misma manera.

—Hey, no sé qué es lo que esa cabecita esté pensando, pero yo te conozco perfectamente y no importa lo que los demás digan de ti para hacerme dudar, sé que no me has traicionado bajo ninguna circunstancia

—¿Eh?

—Estoy seguro que has recordado lo que nos prometimos en aquel mirador y lo que pasaría si no cumplimos nuestra promesa, porque sé que tú me perteneces, tu corazón, tus ojos, tu alma, toda tú eres mía, ¿No es así?

Harley no sabía si sentirse protegida o en peligro.

—... Y-yo—

—Shhhh— Arthur la cayó poniendo un dedo sobre el labial escarlata desgastado de Harley, la cual eso provocó más inseguridad en ella.

¿El estaría molesto?

—Vaya que eres la reina del desastre, debiste de haberme invitado a todos tus calamidades... ¿Sabes? Creo que ese vestido te queda bien, te ves demasiado linda...

Su corazón tuvo una pequeña punzada de esperanza, incluso sus comisuras se curvaron, pero antes de formar una sonrisa las detuvo, no quería ilusionarse demasiado rápido.

—... Pero me agradas más como Arlequín

Arthur dejó escapar una sonrisa algo oscura e incluso hostil.

Harley se encogió de hombros. Era obvio, siempre la iba a querer más como Arlequín.

"El objetivo del Arlequín es servir a su rey"

—Es cómo te gusta más, ¿Verdad?

Silencio de nuevo en la habitación, Harley volvió a llamarse la atención a sí misma, ¿Por qué le hacía esas preguntas a él? Como si valiera la pena enfrentarlo de vuelta. Además, hasta en ese momento no se veían las intenciones de atacar, ¿Por qué provocarlo?

—¿Vas a responder a mi pregunta?

—¿Eh?

—Bueno, son dos preguntas, pero responde la primera, ¿Por qué te fuiste?

Arthur parecía mantener la calma, su compostura y su tono de voz lo hacían verse así. Pero Harley sabía mejor que nadie que esa era la calma antes de la tormenta.

Además. ¿Qué podía decirle? ¿Una mentira? ¿La verdad? ¿Por qué ella misma se complicaba con cosas tan simples?

Harley se volvió a encoger de hombros y volvió a evitar cruzar su mirada con la de él.

—... Miedo...

—¿Miedo?

Un pequeño silencio más, uno que le servía a Harley para tomar valor y continuar.

—Tenía tanto miedo a que volviera a pasar de nuevo... Eso que ocurrió...

Arthur se quedó mirándola. Una expresión de confusión marcó su rostro a pesar del maquillaje de payaso.

—Pero Harley, lo hablamos juntos, te prometí que eso no iba a ocurrir de vuelta

—Lo sé... Pero... Simplemente sentí que debía de desaparecer...

—Oh... Bueno, eso resuelve mi primera duda, pero no responde a la segunda y a la que me deja más confundido... Si te doy tanto miedo, ¿Por qué volviste?

—... No lo sé...

—Estas mintiendo, ¿Por qué regresaste?

Y esa pregunta fue un balazo justo en el corazón de Harley.

Harley se reventó a llorar en ese instante.

Arthur inmediatamente se sentó junto a ella, y Harley se abrazó a él.

—No pude... Simplemente no pude...

—¿Qué no pudiste?

—No necesitarte...

Su voz tembló al decir esas palabras.

Arthur sólo siguió abrazándola. No decía nada, sólo sentía el cuerpo de Harley hacerse cada vez más pequeño y unas tibias lágrimas que lograban caer entre su camisa y su pecho.

—Y-y esto es tan patético que no debería de llorar... Carajo...

Arthur, extrañamente, no hablaba, no le llamaba la atención, ni siquiera hizo alguna mofa de los sentimientos de Harley como más de alguna vez lo hizo. Simplemente estaba ahí, guardando la compostura, envolviéndola con sus brazos.

Pero en vez de que ella resolviera sus dudas, cada vez aparecían más y más, y era obligado a hacer más preguntas.

—¿Qué es patético?

—...Me duele, me duele porque sé que tú no me necesitas a mi...

—Harley...

—Intenté... Intenté ser suficiente para ti, y sólo fracasé— Su voz volvió a quebrarse. Los sollozos se escuchaban por toda la habitación.

—Harley... eso no es—

—¿Por qué esto es difícil para los dos? — Harley tomó valor para verlo a los ojos, las miradas de ambos eran tan diferentes y similares a la vez —¿Por qué el amor es difícil?

—¿Quién te dijo que iba a ser fácil?

Sólo ahí estaban los dos, Harley preguntándose una y otra vez porque por más que lo intentaba nunca podía ser suficiente para Arthur.

Todo parecía tan fácil al principio, tan sencillo. Harley buscó a alguien que la escuchara, que la amara y la volviera a hacer sonreír por años. Se sentía irremediablemente sola hasta que Arthur cruzó su camino. Creyó que ese alguien era Arthur, y a pesar de todo, quería seguir creyendo que él era.

—Soy una estúpida, una tonta, y una ingenua... De alguna manera tu me salvaste, y yo creí que podía hacer lo mismo contigo

—¿Qué? ¿Qué es lo que dices?

—Lo que escuchaste... Mierda... Intenté salvarte, como tú lo hiciste conmigo. Lo intenté de tantas maneras, primero cuando estábamos en Arkham, con las malditas consultas, los jodidos medicamentos, busqué tantas formas para ayudarte...

Harley respiraba muy lento, porque incluso respirar le costaba y le empezaba a doler. Arthur sólo estaba en silencio, escuchando las palabras de Harley, y por alguna razón, quería que ella dejara de llorar.

—Era tu trabajo—

—¡No! ¡No lo era! — Harley casi gritó a la cara de Arthur, pero aún su voz titubeaba de desconfianza ¿Hacía el o hacía ella? Ni siquiera lo sabía —No lo hacía por trabajo... De verdad intenté ayudarte, ayudarte de todas las formas que pude, todas las maneras dentro de mis posibilidades, incluso después de convertirme en tu Arlequín, lo intenté... Y esto es ridículo... Incluso creí que amándote podía salvarte...

Sintiéndose como un bufón y como la mujer más burlesca del mundo, Harley no pudo evitarlo y se quebrantó en más llanto. A este punto se separó de Arthur, era ridículo pedirle a él un consuelo por algo tan absurdo. No debería siquiera de llorar por eso.

—Fui una jodida ingenua

Sintió unos brazos rodearla por detrás, y ella, desesperadamente, correspondió esos brazos.

—No... No lo fuiste...— Escuchó su voz, tan suave, sus palabras erizaron cada célula de su cuerpo.

—Perdón por no haber sido suficiente... Ojalá mi amor hubiera sido suficiente para ayudarte...

—Harley... Lo lamento tanto... Pero no debiste de hacerlo...

Giró su cabeza hacía él, confundida, incluso un poco ofendida.

—¿Eh?

—No debiste siquiera de pensarlo en hacerlo...— Sintió sus manos acariciar su cara, casi cerca de su cuello, tan delicadamente— Muñeca, yo no tengo cura... He estado roto desde el inicio de mi existencia, lo sabes mejor que nadie... Intenté ser una buena persona por años, y nunca funcionó. Sólo convirtiéndome en lo que soy ahora pudo hacer que esté por aquí un poco más de tiempo, pero nunca estoy a salvo, nunca lo estaré... Lo siento mucho, Harleen, pero no puedes salvarme...

Abrazaba a Harley mientras ella se rompía en mil pedazos nuevamente.

Arthur la abrazó con más fuerza, podía sentir las manos suaves de Harley acariciar sus muñecas dócilmente, la forma en la que Harley quería respirar sin que doliera tanto, su corazón latiendo a mil por hora.

—Arthur...— Las lágrimas caían en las sábanas blancas de la cama, lágrimas llenas de dolor y tristeza.

Él le había hecho daño, demasiado daño, y no comprendía porque ella ahí estaba de vuelta a su lado.

¿Qué demonios fue lo que la hizo cambiar de opinión? ¿Por qué regresó? Arthur daba por sentado que Harley nunca volvería, estaba tan seguro de eso, que, de tan sólo pensarlo, se sentía miserable.

Pero no entendía porque ahora que ella estaba de vuelta se sentía más que miserable.

Le hirió, y eso lo hizo sentirse bien, sintió que tenía poder sobre ella, y ahora tenía miedo de tocarla siquiera. Pero ahí estaba haciéndolo.

Y no quería admitirlo, pero su cuerpo y alma también la necesitaban a ella.

Arthur no iba a cuestionarla más.

¿Qué iba a hacer entonces? Ambos estaban en esa cama, la misma cama en la que estuvo a punto de...

Cerró sus ojos ante el terrible recuerdo.

Harley sacó todo el sufrimiento que cargaba desde hacía tiempo. Pero eso no se aseguraba de que no iba a volver a ser lastimada.

Harley giró de vuelta hacía Arthur, esta vez, todo su cuerpo. Observando cada detalle de su rostro incluso bajo la pintura facial. Dios, había dormido casi por 24 horas, y sentía la necesidad de volver a dormir.

Y tal vez nunca despertar.

—Arthur... Tú... Tú sabes todo lo que siento por ti, ¿Lo sabes?

—Lo sé

—Arthur, ¿Tú sientes lo mismo?

Él selló sus labios y desvió su mirada. Harley notó eso, pero esta vez aguantó las lágrimas. No quería llorar más.

—Arthur, por favor, contéstame, ¿Sientes lo mismo por mí?

No contestó a la pregunta de Harley, no iba a hacerlo.

—Arthur, ¿Me quieres o no me quieres?

—Harleen...

—¡Arthur!

—No debiste de enamorarte de mí— Respondió sin mirarla a los ojos.

¿Cómo se atrevía a decirle eso? Harley quería gritarle eso. Quería gritarle que tal vez no debió, pero lo hizo porque sólo quería estar con él. Con nadie más.

Y quería gritarle más cosas a sus cara, pero se encontraba tan débil para hacerlo, y todo esos sentimientos los resumió en dos frases.

—... Te amo... ¿Por qué no me dejas amarte?

—¡Porque no debes de hacerlo!— Arthur gritó agresivo y golpeó con su puño la cama.

¿Pero que estaba haciendo?

Harley tembló al escucharlo molesto, ¿Ahora su amor le molestaba a él? Tal vez siempre le molestó y nunca se dio cuenta.

¿Para eso volvió a su lado? ¿A seguir siendo herida?

Arthur trató de recuperar la compostura, pero fue muy tarde. Harley ya le estaba dando la espalda.

De repente, se levantó de la cama, quitándose el saco rojo, cubriéndose con sus brazos. Arthur sólo la observó.

—Bueno...Creo que respondí todo lo que querías saber de mi... Lo mejor será que me vuelva a ir...

—¿Qué...? ¿Qué es lo que dices? — Se levantó ahora él de la cama, y adelantó su paso hacía Harley, interponiéndose en su camino antes de que llegara a la puerta —¿Qué quieres decir con eso?

—Me voy...

—¡No puedes irte!

—¿Por qué no?

¿Qué excusa podría darle justo cuando le dio a entender que él no sentía lo mismo por ella?

—Afuera no es seguro. Hay muchos hombres que quieren dañarte

—¿Cuál es la diferencia entre esos hombres y tú?

Arthur quedó en silencio.

Las palabras de Harley salieron con toda sinceridad. El peso de la culpa volvió a caer sobre sus hombros.

Y Harley, siendo honesta, sintió bien descargar ese peso.

Pero en el fondo no quería irse. Quería quedarse ahí. De todos los sitios del mundo, a pesar que no estaba a salvo, era el lugar donde menos se sentía insegura.

"¿Menos insegura Harley? ¿Te sientes así a un lado del hombre que intentó matarte?"

Y en voz muy baja, sin que Arthur la escuchara, se respondió.

—... Ya lo ha hecho...

¿Qué sentido tenía ahora su vida en ese momento?

—Ok— La voz de Arthur la sobresaltó de sus pensamientos —Puedes irte— Harley en el fondo volvió a pedirle que no quería irse, aunque ella misma lo dijo — No te obligaré a que te quedes aquí si no quieres... Pero tienes que cambiar tu aspecto, sino te reconocerán y te atacaran

"Él tiene razón"

—Esta bien, me quedaré aquí, pero me iré mañana al amanecer... Dormiré en mi habitación, así no te molestaré aquí...

Harley no pudo verlo a los ojos de vuelta. Arthur en cambio se animó a hacerlo. Observó que Harley había aprendido a maquillarse bien los golpes. Notó que debajo del desgastado maquillaje estaban las marcas que le dejó alguna vez. Incluso había maquillaje en su cuello y hombros, y no pudo ver más por que el vestido ocultaba el resto de ella.

No podía creer que aún siguieran esos hematomas en su piel, su blancura y finura lo hacían más notorios.

Había roto a su propia muñeca.

La risa no tardó en llegar, y permitió que está la torturara.

Harley se dio cuenta, y a pesar de lo que habían acordado apenas unos minutos atrás, se acercó a él, a punto de salvarlo como siempre lo hacía, pero Arthur se apartó. No lo merecía, no merecía su ayuda.

"Lo siento tanto".

Salió de la habitación. Harley, confundida, lo vio irse. Agachó su cabeza, y se encogió de hombros de vuelta.

"Sólo quería ayudarte... Sólo quería bailar contigo una vez más"

Mas afligida, volvió a la cama, tomó la almohada, se acomodó entre las sábanas, ahora torturándose, ¿Qué había hecho mal esta vez?

Dejando caer unas lágrimas, sintiendo su cuerpo débil, tal vez deshidratado de tanto llorar, durmió sollozando en silencio, sólo con la risa de Arthur recorriendo cada rincón de la enorme mansión.

¿Qué era lo peor que le podría pasar? ¿Qué Arthur intentara asesinarla de nuevo? Ya estaba herida, su corazón estaba roto y su alma adolorida.

Horas después, Arthur tomó coraje y volvió a entrar en la habitación. Ya no tenía su maquillaje de payaso encima, ni su cabello verde, sólo era Arthur Fleck.

Tampoco usaba su chaleco amarillo ni su camisa turquesa, se encontraba sin camisa y descalzo, sólo usando sus pantalones rojos.

La observó dormir. Se recostó a su lado, con mucho cuidado de no despertarla. Supo que había lloriqueado de nuevo, el rastro de rímel en sus mejillas la delataba.

Cerró sus ojos.

"No debiste de enamorarte de mí"

¿De qué forma permitió que ella entrara así en su vida? Oh, desde que la intentó seducir en Arkham. Sí, tal vez esperaba que ella lo dejara escapar, o al menos le ayudara. Pero recordó la primera vez que la vio, esa primera sonrisa.

Y después, todo el año que estuvieron juntos, incluso los últimos meses, Arthur creía en el amor, desde pequeño sabía que existía, lo veía en las películas de Chaplin, en las canciones de Frank Sinatra, incluso en las personas a su alrededor. Recordó cada momento con ella, las primeras citas psiquiátricas en esa habitación blanca, cada vez que hacían el amor, todos los atracos juntos, cada vez que Harley lo ayudaba con un ataque, como lo cuidaba, como le demostraba su amor.

No sabía si eso era lo indicado, si ella era lo que había esperado toda su vida.

Recordó aquella vez cuando él era más joven, recordó cuando lloró en un callejón al ver una pareja feliz, en ese momento que se dio cuenta que realmente estaría solo en su vida. Arthur regresó a su departamento, actuando como si nada. Hizo lo rutinario, la cena a Penny, vieron el Show de Murray y carcajearon con cada uno de sus chistes.

Cuando Penny durmió, Arthur fue a la sala a escribir en su diario, tantas cosas que escribir, qué si no lo hacía, iba a estallar.

Pero no podía, había perdido la inspiración, así que, caminó a la sala y sobre la mesa había una revista, la hojeó un poco, a ese punto de su vida no recordaba de que era la revista, pero lo que recordaba perfectamente fue ver el dibujo de una chica con un traje hawaiano publicidad de California.

No encontraba la relación entre la chica hawaiana y California, pero de lo que estaba seguro era que California debía de ser el mejor lugar del mundo.

Recortó el dibujo de la revista, lo pegó en su diario y escribió a su alrededor, en círculos, porque él era así, no existía otra razón lógica.

Leyó su texto, siempre orgulloso de lo que escribiera, aunque fuera triste.

"¿Quién es mi única persona?"

¿Quién llegaría serlo?

Cerró sus ojos y los abrió, de vuelta a la actualidad.

Se recostó en su cama y durmió.

Volvió esa pregunta a su mente, y de repente, esa pregunta se transformó en una que sólo respondería esa noche.

Lo único que odiaba de dormir era soñar pesadillas, cuando sus memorias dejaban de ser chistes y se convertían en angustiantes delirios, recordando cada terrible segundo de su existencia.

Pero esta vez, sólo esta vez, le dio un recuerdo que derritió su corazón, y ni siquiera existía.

Soñó que iba en la carretera, junto a ella. No eran el Joker y la Arlequín, eran Arthur y Harleen. Escapaban, ¿De quién escapaban? ¿La justicia? ¿Sus enemigos? ¿Del Caballero Oscuro? No, sólo escapaban.

Llegaban a ese lugar que Arthur siempre soñó con visitar desde que tenía memoria. Sólo sentía la brisa calurosa y algunos cabellos de Harleen golpear su cara, pues su cabeza estaba en su hombro.

Llegaban a una pequeña playa de California, alejados de la gente. A ese punto ya habían comprado algo para comer, ¿Qué era lo que habían comprado? Un par de hamburguesas y sodas. Hablaron de muchas cosas sobre la arena, reían espontáneamente, daban bocados a sus hamburguesas y sorbos a sus bebidas.

Arthur no podía dejar de mirarla. ¿De verdad era Harley? ¿Su Harley? Sí, era ella. Y se veía tan feliz. La tomó de sus mejillas y la besó.

Lo único que había pedido toda su vida era alguien para amar, y ese alguien era Harley. No podía ser mejor persona para ocupar ese puesto.

Nunca se había sentido tan seguro, como en casa. Tan feliz.

Unas campanadas se escucharon.

Arthur despertó.

Su realidad no era esa, su realidad era en Gotham, siendo el Príncipe Payaso del Crimen, en soledad.

Sabía que se encontraría solo a partir de ese momento, el sol estaba en un punto alto, el reloj marcaba 11:11. Lo sabía por él ruidoso sonido que resonó en la mansión. Ella había dicho que al amanecer se marcharía.

Se le ocurrió tal vez mandar a sus hombres a buscarla, sólo asegurarse en donde podría estar ella, en donde se reubicará, sólo quería saber eso, pero recordó que ella quizá cambió de aspecto para no volver a ser reconocida. Tal vez lo hizo para no ser identificada por sus enemigos, tal vez también lo hizo para no ser identificada por él mismo.

Razones tenía de sobra, y él respetaba esas razones.

Suspiro decepcionado, esperó que su risa saliera a flote.

Pero ni siquiera ocurrió eso.

—Se fue...— Se susurró a sí mismo, solo de vuelta, como lo había sido toda su vida —...No volverá...

Un crujido de la cama se dejó escuchar, extrañado, Arthur volteó hacía atrás y su respiración se cortó.

Harley se despertaba a su lado.

Internamente festejó, ¡No se había ido! Pero no entendía muchas cosas.

—¿Harley?

Ella en cambio, se levantó, sentándose de rodillas sobre la cama. En su cara se leía que estaba harta, ¿Pero de qué?

—... Soy una estúpida débil...— Parecía más un regaño a ella misma, y una afirmación a la vez. Arthur curveó las cejas, confuso por las palabras de su Arlequín.

—¿Por qué dices eso, muñeca?

Tembló, volviendo a perder contra esa batalla dentro de ella misma, volviendo a mostrarse vulnerable y frágil ante él.

—... Soy una estúpida por querer seguir contigo...

Volvió a llorar, las lágrimas saliendo de sus ojos azules, trataba de limpiárselas, aunque se desbordaban de sus ojos.

Sintió las manos de Arthur en sus mejillas, tomándola delicadamente de su cara. Cómo lo hizo en su sueño.

—... Entonces somos un par de estúpidos...

Harley se desbordó al llanto de nuevo, al mismo tiempo que sentía los labios de Arthur con los suyos. Se dejó llevar por ese beso, porque ansiaba tocar sus labios, besarlos, realmente lo necesitaba.

Se abrazaron y se besaron desesperados. Se necesitaron todo este tiempo que estuvieron separados, aunque uno de los dos no lo quería admitir.

Se dejaron caer en la cama, Harley dejó de lado la tristeza, debía de concentrarse en ese momento, eso que tanto había anhelado. Había olvidado lo posesivo que llegaba a ser Arthur, pero extrañaba tanto eso, extrañaba sus ojos, su boca, su eterno aroma a cigarrillo.

Arthur se separó de ella, sólo para bajar a besar su cuello, mientras tomaba los tirantes de su vestido, bajándolos, descubriéndola de vuelta. Su mente intentó ignorar los cardenales ocultos debajo del vestido, pero fue algo imposible. En cambio, se dedicó a besar cada una de esas manchas púrpuras de su blanca piel.

Harley sentía un pequeño dolor cada que Arthur besaba sus heridas. Sentía que había bajado al infierno y lentamente subía al cielo, ¿Estaba mal lo que hacía? Tal vez, y siendo sinceros, le importaba una mierda si eso era correcto o no.

—Bésame— Le demandó a él esa orden. Las cuencas verdes de su amado la observaron, ¿Cómo era posible que ella sacara lo mejor y lo peor de él a la vez?

Y esa fue la única vez que siguió una orden. Volvió a besarla, tan desesperado por tenerla de vuelta.

Harley, levantándose un poco, le ayudó con el pantalón carmesí, y claro, con su ropa interior también. Cuando la ropa de ambos finalmente estaba en el suelo dejando de estorbarles, ella se volvió a sonrojar al verlo despojado de sus vestiduras, observando su delgado torso. No sólo lo amaba, también lo deseaba.

Ni que decir que lo que Arthur pensaba de Harley cuando estaba de esa forma ante él.

Harley, sin perder más el tiempo, se recostó, y lentamente abrió sus piernas, ofreciéndose ante él. Maldijo Arthur por lo bajo al verla así.

Sin repasarlo mucho, sólo viajó hacía ella, poniéndose encima, besándola de nuevo, tocándola, seduciéndola, ¿Amándola?

—Ouch...— Arthur dejó escapar un gemido de dolor cuando su labio inferior fue atrapado entre los dientes de Harley, trayéndole buenos recuerdos. Sonrió ante esos recuerdos.

Pero su cuerpo no lo podía soportar más. Exigía estar con su muñeca. Tenía que hacerlo, si es que ella después se arrepentía y decidiera cumplir con su promesa de irse y nunca volver. Mientras aún sostenía su boca contra la de Harley, con su mano tomó su masculinidad y con cuidado, entró en ella.

Harley gritó dentro de su boca, un pequeño pinchazo de dolor sintió al principio, pero después de unos momentos más sólo iba a concebir placer y amor, a pesar que esta vez se sentía diferente al resto de las cientos de veces que hicieron el amor.

Arthur desesperado, sintiendo que su piel ardía al tocar la de Harley, se movió más rápido dentro de ella, su corazón latía con fervor, y a pesar que ya lo estaba, creía que iba a volverse más loco de lo que ya estaba, y sólo ella era capaz de hacerlo sentirse así.

Sólo ella era capaz de volverlo más loco.

—Arthur... Arthur...

Se abrazó a él, y sintió una de las manos de Arthur ayudarla a elevar sus piernas para rodearlo. Quería estar unida a él, quería ser parte de él, sólo de él. Gemía su nombre, excitada, encantada por ese desgraciado.

En ese momento a Harley ya no le importaba nada, si existía una sola oportunidad, un rayo de luz, una esperanza de que ella pudiera escapar de él, ya no le interesaba. Recordó su carrera, su familia, su vida antes de Arthur, y decidió despedirse de todo eso, renunciar a su pasado y futuro, tirarlo todo a la basura, echar gasolina y prenderle fuego. ¿Por qué? Porque ahora ella sólo le pertenecía a él.

Y como lo había dicho antes: Ella no quería ser salvada.

Escuchar los suspiros de Harley provocaron algo en Arthur. Se preguntaba porque esta vez se sentía tan diferente, se preguntaba porque había otro sentido, ¿Era porque ella se había ido? ¿Su cuerpo la había extrañado? ¿O era algo más?

Dejando de pensar, la tomó entre sus brazos, la miró a sus ojos, y continuó reclamando lo que era suyo. Harley era hermosa, era bella, y era suya, y de nadie más.

Fundiéndose con ella, perdiendo la poca cordura que le quedaba (Si es que alguna vez la tuvo), elevó el ritmo, arrastrándola a ella a la misma locura. Podía ver como ella se arqueaba, empezaba a gritar y cerraba sus ojos, apretando sus parpados.

—Mírame...— Harley escuchó entre su delirio la voz de Arthur, hizo lo que le pedía —... Míranos...— El deseo entre ambos aumentó más y más, y la primera en ceder fue ella. Gritó cuando el clímax llegó a ella, temblando y lagrimeando, y agradecía que finalmente esas lágrimas fueran de placer, no de tristeza.

Arthur perdió la cabeza al verla terminar, perdió la cabeza al sentir como su entrada tembló alrededor de él, y sin poder sostenerlo más, terminó dentro de ella, esparciendo su cálida semilla en su interior.

Los dos respiraban agitados, completamente sonrojados, tal vez se preguntaban qué demonios había ocurrido, pero, ¿Importaba?

Arthur salió de ella, y sin dejar de ver su delicado rostro húmedo, acarició su mejilla, pasando sus dedos por sus labios, y terminado en su mentón.

—Harleen... Escúchame...

—Lo hago...

De repente, las manos de Arthur atraparon el rostro de Harley, obligándola a verlo.

—No te atrevas a irte de vuelta... No lo hagas...

—¿Por qué no, cariño mío?— Pícaramente sonrió.

—¿Acaso no lo sentiste? Porque como tu me necesitas a mí, te necesito... Te necesito Harleen... Te necesito...— Besó sus labios, y de vez en cuando pasaba su lengua sobre estos —...Te necesito... ¿No te irás?

—... No... No creo que lo vuelva a hacer...— Dijo con un tono de sarcasmo en sus últimas palabras, riéndose un poco.

—... Eres una linda muñeca, Harleen... Eres mía, mi muñeca...— La besó de vuelta, Harley rodeó su cuello con sus brazos. Escuchar su verdadero nombre salir de los labios de Arthur extrañamente la hacía sentir a salvo.

¿Cómo podía sentirse a salvo con él después de todo lo que le hizo? No lo sabía, y no quería responderse a pregunta.

De repente, las cosas entre los dos volvían a encenderse, como un incendio sin control. Y no les molestaba volver a hacer el amor, ni les importaba hacerlo todo el día.

Aunque era algo obvio. Tenían que recuperar todo el tiempo perdido, tenían que recobrar todos los segundos que estuvieron separados.

...

"My baby lives in shades of blue
Blue eyes and jazz and attitude
He lives in California too
He drives a Chevy Malibu

And when he calls
He calls for me, not for you
He lives for love, he loves his drugs
He loves his baby too

But I can't fix him, can't make him better
And I can't do nothing about his strange weather

But you are unfixable
I can't break through your world
'Cause you live in shades of cool
Your heart is unbreakable"

Lana Del Rey – "Shades Of Cool"

"Oh, I'll pick you up
If you come back to America, just hit me up
'Cause this is crazy love, I'll catch you on the flip side
If you come back to California, you should just hit me up"

Lana Del Rey – "California"