Disclaimer: Star Wars no me pertenece

N.A.: ¡Sorpresa! Nuevo capi calentito del horno. Y el próximo ya está acabado a falta de doble revisión. Espero poder redactar el que va después, que ése sí que va a ser difícil. En fin, espero darle un buen empujón a esto en estas semanas.


38

Se cierra el cerco

"Y tú mandándolo a la mierda hace unas horas, deseando que le vaya bonito en Europa. Muy consistente, Rey, sí señor."

Estaba visto que no, que el alma seguía teniéndola atenazada de miedo. Y ahora que se le había echado el tiempo encima, más que nunca.

"¿En qué quedamos? ¿Tantas ganas tienes de perderle de vista? ¿Tan cabreada estás con él?"

Pisó el acelerador aún más a fondo.

Pensaba en su figura, alta, oscura, intimidante. Rodeada de gente que conocía de sus habilidades, dispuesta a hacer tratos con él. Aquello le daba tan mala espina...

"Si él se marcha, se perderá definitivamente. Se codeará con gente con la que podrá hacer cosas probablemente incluso peores de lo que lleva hecho en estos años de instituto. ¿Qué pasará con su luz? Yo te digo lo que va a pasar, Rey. Que se va a olvidar de ella. Que va a volver a asfixiarla dentro de sí mismo."

La carretera se le hacía hoy incluso más larga que de costumbre. El cielo plomizo aún no había descargado. Rezó para que siguiera así mientras ella hacía su viaje.

"Si él se marcha, le perderemos definitivamente. Nunca podré saber si habría querido volver."

Una opresión le llenó el pecho y ascendió hasta su esófago, bloqueándole la garganta. Tuvo que frenar en la cuneta rápidamente, porque casi derrapa.

Respirando con dificultad, miró al vacío.

"Si él se marcha, le perderé."

Volvió a arrancar, acelerando como nunca, maldiciendo verdaderamente en ese instante que su moto no fuera más potente. Recordó otro atardecer, a lomos de otra máquina muy distinta, abrazada a él.

En ese instante se había sentido más segura que nunca. Segura de todo, de sus poderes, la conducción de aquella máquina, de él…

Segura de que él nunca se marcharía.

Comenzó a verse la línea de acantilados familiar y Rey resopló.

"Cuando me vea, me va a montar el pifostio del año."


La meditación de aquella tarde le había venido muy bien. Se estiró, preparado para ir a por un aperitivo. Echó un último vistazo a la fotografía de su abuelo e inspiró hondo.

- "Voy a conseguirlo. Voy a desarrollarme más aún y volveré más fuerte, para dirigir bien Red Star Corp."

Revisó todo lo que había dejado dispuesto sobre la mesa: una carpeta pequeña, donde esperaban su pasaporte, tarjetas, seguros médicos, planos, justificantes de reservas de hotel (para aquella semana, más tarde se mudaría al piso que le había sido asignado) Cargador de móvil, tablet y cascos para el viaje en avión… Ignoraba si Darek Maul era un hombre de dormir siestas o si intentaría entablar conversación durante el vuelo, pero era lo que tenía haberle visto en persona durante unos minutos hace tiempo. Tampoco era infalible, como para hacer un sondeo completo de su mente en ese momento. Más no podía hacer ya.

Necesitaba descansar bien, para estar fresco para el vuelo. Saldrían en el avión privado que habían traído los rumanos y que estaba apostado desde hace unas horas en el aeródromo que tenía la Red Star Corp. Al ser una empresa de aquel calibre, se podían permitir traer a clientes o inversores de varios puntos del mundo, así como visitas VIP, que siempre se alojaban en el completo Ciudad Nube, como estaba haciendo Maul entonces.

Anduvo hasta el gran ventanal que había frente a su escritorio y se apoyó en el alféizar, mirando al vacío. Tenía que reconocer que estaba nervioso…

El móvil sonó.

Avanzó para cogerlo, pero cuando vio el nombre, se paró en seco. Respirando fuertemente, mirando al aparato de modo inexpresivo, únicamente con un leve temblor de labios que denotaba toda su emoción, ancló los pies en el suelo.

El móvil sonaba, pero él permaneció inmóvil.

Respiró fuertemente, intentando calmarse. Por fin, el aparato se calló y él soltó el aire. Recuperó el movimiento y fue a por las zapatillas…

Otra llamada.

Se metió en el baño a prepararse para la ducha, mientras el aparato seguía sonando. Se lavó las manos, se cambió de camiseta y el móvil dejó de sonar.

Inspiró hondo, cogió el móvil, lo puso en modo silencioso y salió del cuarto, dejando el dispositivo allí y cerrando la puerta con cuidado.

"No."


Acantilados de Ahch-To, viernes, 19:23 PM

Rey ya se olía que algo iba mal cuando aparcó la moto en el pequeño espacio abierto junto a la cabaña del profesor. No había nadie fuera.

Al principio de su entrenamiento, allá por noviembre, el profesor la esperaba ya sentado en su roca habitual frente a las olas. Ella tenía que ir a buscarle y a veces, ni siquiera estaba donde se le esperaba. Tenía que poner en funcionamiento sus poderes y buscarle gracias a sus vibraciones. Como siempre, Skywalker no era una frecuencia que se sintonizase fácilmente, dado que, como ya percibió en un principio, el profesor tenía sus poderes como sellados (¿sería como lo del "sigilo" de Kylo?) y era difícil o imposible leerle. Por ello, debía emplearse a fondo hasta que lo encontraba en algún bosquecillo cercano, en el escaso trozo de playa que había junto a los acantilados plagados de rocas contra las que el agua chocaba encabritada, o en la cresta de alguna elevación cercana.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, Skywalker se había acostumbrado a esperarla frente al porche de su casa, al igual que hacía cuando la despedía. Se quedaba de pie, al borde del camino para vehículos que había toscamente excavado entre la maleza, contemplándola alejarse o aproximarse con su gesto grave. Pero Rey había aprendido, con el tiempo, que ver a Skywalker con aquel rostro no era mala señal. Cuando fruncía el ceño sí que había que temerle.

Por ello, en parte no se extrañó al ser ignorada cuando llamó a la puerta.

- ¡Vamos, profesor, sé que está ahí dentro! ¡Le percibo perfectamente!

Al instante, sintió algo inusitado: oyó los pensamientos de él, dirigidos expresamente a ella con una intensidad letal…

- "Por eso te imaginarás que no estoy para recibirte. No, después de haberme demostrado que lo que has aprendido conmigo no te sirve de nada."

Rey retrocedió, estupefacta ante aquel despliegue. Su voz era tan clara y tan penetrante… Casi le provocó una extraña reverberación en sus oídos y su pecho. Era tan segura y tan potente, que lo llenaba todo. Era imposible escapar de esa voz, de esa vibración…

Pero de su poder no percibía ni gota. Muy frustrante.

Aunque ella no iba a rendirse.

- ¡Profesor, necesito hablar con usted! ¡Siento mucho haberle decepcionado, pero ahora hay algo más urgente!

Se atascó con sus propias palabras… Tomó aire y cambió de estrategia. Estaba desesperada.

- ¡Tengo que decirle que voy a ir a pararle los pies al imbécil de su sobrino!

Hubo un silencio. Rey se acercó a la puerta de madera, posando suavemente su mano sobre ella.

- No quería hablar con Chewie, no quiero meterle por medio. Y la directora Organa no sabe nada de que me hablo con él… Solamente lo sabe usted. Bueno, Maz Kanata también sabe algo...

No se había dado cuenta, hasta que sintió la humedad en sus mejillas y notó que se ahogaba por la opresión en el pecho.

- No sé a quién acudir, pero necesitaba decírselo a la cara. Ben se marcha y como lo haga, lo vamos a perder para siempre. No le estoy pidiendo ayuda – frunció el ceño, sacando un poquito de orgullo – Tan sólo quiero que sepa lo que voy a hacer.

El ahogo no la dejaba hablar. Intentó inspirar hondo, pero la congoja y la rabia podían con ella. Cerraba los ojos y le veía a él, dándole la espalda, llenando de oscuridad todo. Dándole de lado, tirando a la mierda todo lo que habían vivido. Sin tan siquiera mirar atrás una sola vez. Ella había fantaseado con acercarse a él, con días pacíficos a su lado, con descubrimientos mutuos entre bromas y disfrutando de cómo se abrían el uno al otro.

Y resulta que, mientras tanto, él había estado maquinando aquel maldito viaje. Le había mentido, después de prometerse mutuamente que se ayudarían en el asunto.

Se apoyó en la puerta con los codos, sollozando.

- Profesor… - musitó – Me voy… Sólo quiero… quiero que… que lo sepa…

Un torbellino se formó en su cabeza, que empezó a maquinar sobre posible compra de billetes de avión, búsquedas infructuosas, carreras por Budapest…

Iría a buscarle. Cometería una locura, pero iría a buscarle. Aunque la hubiera traicionado. Porque aún creía en él. De modo cabezota, irresponsable, incorregible, necesitaba que no se fuera de su lado.

Por eso, la voz de Skywalker la sorprendió de nuevo en su mente.

- "Ni se te ocurra."

Rey resopló.

- ¿Qué ni se me ocurra EL QUÉ? – acabó gritando.

Y su rabia y su tristeza explotaron…

La joven sintió la oscuridad ascender desde sus tobillos hasta reconcentrarse en su garganta en una subida espantosa y, sin la menor muestra de arrepentimiento, alzó su mano hacia la madera… La puerta de Skywalker retembló y volvió a salirse de sus goznes hacia adelante, en un estallido infernal de astillas y metal. Rey movió el brazo como si estuviera tirando de la puerta con una soga invisible y dio un latigazo hacia un lateral, como quien arranca una cortina liviana… Todo en una fracción de segundo.

Mientras los últimos trozos de madera aún repiqueteaban en la gravilla y tierra, la joven, recuperando el aliento, permaneció quieta, escudriñando el interior de la cabaña. Frente a ella, justo en la entrada, esperaba Luke, impasible, tan sólo demostrando algo de emoción con el leve temblor de su ceño. El profesor salió al fin a la luz del sol que moría ya, avanzando lentamente hacia su pupila.

- ¿Maz? ¿En serio has hablado con ella? Buena las liado, niña.

- Estaba asustada.

- Te lo digo de nuevo… No cometas estupideces…

- NO.

La voz de Rey era acerada, firme y helada. Había visto ya muchas veces a Kylo portarse así y ella se fijaba muy bien…

- El que va a cometer la mayor estupidez de su vida es su sobrino si yo no le paro los pies.

Y ella lo notó, la curiosidad en los ojos de su ex maestro. Había cosas que no se podían ocultar…

- ¿No va a escucharme? Quizás le interese… Quizás sea la última oportunidad antes de que eche todo a rodar.

La mirada de Luke llegaba hasta el horizonte y sería capaz de atravesar la atmósfera en línea recta hasta llegar a Marte sin descanso.

- Habla.

Rey tomó aire…

- Le contaré la versión resumida: la Red Star Corp. anda de tratos con unos rumanos, un negocio importante… y el jefazo de esos tipos descubrió que Ben tiene poderes… Le pillaron, no se dio cuenta…. Creo que fue por mi culpa, me crucé con él en ese momento y nos pusimos a discutir y él levantó una papelera y… - Luke alzó una ceja, como el día en que le atizó con el junco al inicio de su entrenamiento – El caso es que le han ofrecido irse a Rumanía, allí hay alguien que dice que podría ayudarle, podría aprender desde dentro… No me quiso decir más. No sé a qué se refería… Si habría alguien más con poderes o qué… Pero debe ser muy fuerte para haberle convencido de largarse así por las buenas para usar sus poderes en la otra punta del mundo. O eso, o tiene muchas ganas de perder de vista esto. Y Snoke le ha dado el visto bueno y…

La muchacha se dio cuenta de que a medida que hablaba, se iba embrollando más. Y es que ¿cómo contar aquello de modo resumido, obviando mil detalles comprometidos?

Pero Skywalker se lo puso más fácil.

- Esto ya no es de mi incumbencia. Ben tomó su camino, era muy maduro a sus diez años y nos dio la espalda a todos. ¡A su madre! ¡Y a su propio padre…! Bueno, ya sabes lo que pasó.

Rey no estaba dispuesta a rendirse. Se secó las lágrimas con el brazo y respondió:

- Sí, sé lo que hizo. Pero a lo mejor ahora hay una oportunidad para él. ¿Pero por qué no quiere ayudarme? ¡Usted siempre se queja de que no hizo lo suficiente!

- Basta, niña, no es tu historia. No debería importarte lo que haga Ben con su vida. Como bien dices (y piensas, según puedo leerte) él ha decidido olvidarse de ti para empezar un nuevo camino. No, ésta ya no es tu historia…

- Se equivoca. Sí que lo es desde hace un tiempo.

Hubo otro silencio.

- ¿Es que no quiere salvarle?

- No necesita que lo salven.

Ambos eran igual de tozudos y sinceramente, ninguno sabía quién iba a ganar ese combate.

Rey pensaba a toda velocidad, intentando esbozar posibles preguntas, razonamientos… Pero todo se tornaba inútil, porque su argumento principal era que no quería que Kylo se fuera.

- Vale, lo entiendo. Usted tiene razón. Es cierto que yo no estoy aquí para sacar a nadie de ningún agujero. Tiene que salir de ahí él solo, pero necesita ayuda y si se marcha lejos, no podré dársela. Por eso, cambiaré la pregunta – habló apresuradamente - ¿No quiere ayudarle a darse cuenta de que necesita salvarse a sí mismo? Porque hasta yo lo entiendo ahora: he intentado sacar su luz, pero me doy cuenta ahora de que, si no quiere, no lo va a hacer. Tiene que hacerlo él.

Skywalker se cruzó de brazos, rodeando las astillas y maderas de la puerta destrozada, acercándose a ella.

- Ya me estás respondiendo tú.

- Sí, pero… eso no me basta. No es suficiente para solucionar esto. Él no va a salir de ahí porque…

Porque…

Porque…

"Prometes sujetarme y no hacer que me caiga?"

Aquella frase que había oído en la mente de Kylo, el día en que ambos desnudaron su luz y su oscuridad el uno ante el otro, le sacudió entera.

Estaba inseguro, muerto de miedo. Aún seguía siendo ese niño de diez años oculto tras una máscara.

- Él piensa que… piensa que nadie cree ya en él… Usted creía en él, ¿verdad?

Skywalker suspiró.

- Claro que sí, Rey. Claro que creía en él. Por eso sus padres me lo confiaron a mí. Hasta que se descontroló.

- Dígame, profesor… ¿Es cierto que usted quiso pararle los pies hasta hacerle daño?

Aquello despertó un flash en la mente de Luke y Rey lo percibió. El incendio, la visión de Ben niño corriendo y chillando de furia…

- ¡Basta! ¡Suficiente! ¡No vayas por ahí! ¡Vete de aquí! – exclamó, alzando el brazo para espantarla.

Rey retrocedió un par de pasos, pero insistió, a gritos.

- ¡Respóndame! ¿Lo hizo? ¿Creó usted a Kylo Ren?

El terreno bajo ellos retembló, provocando que los trozos de madera destrozada ante ellos y los guijarros cercanos se agitasen también levemente. Tras aquel leve espasmo de poder, Rey habló de nuevo con voz más calmada, pero apremiante.

- Dígame la verdad. Cuéntemelo.

Luke la miró desde el abismo de sus recuerdos, atenazado por un miedo que Rey jamás le había visto. Tenía ante sí a una chica tan decidida como él mismo, con la misma luz en los ojos que una vez brilló en los suyos, hacía ya siglos, cuando le dijo al viejo Ben Kenobi que quería irse con él, que quería ayudar a aquella pobre chica llamada Leia a la que prácticamente ni conocía. La misma impulsividad, el mismo coraje.

- Vi la oscuridad…- comenzó Luke a decir con voz pausada. Una voz que a pesar de su enorme tristeza, capturaba al instante. Pero se notaba que Skywalker no quería contar aquella historia. Lo supo. Nunca la había contado y había pensado que se llevaría aquel secreto a la tumba.

Pero las cosas habían tomado una dirección muy distinta.

- La vi crecer dentro de sí mismo. La había visto en ciertos momentos durante su entrenamiento. Pero cuando miré dentro de verdad, me di cuenta de que era peor de lo que yo había imaginado jamás. Snoke ya le había transformado el corazón durante sus malditas escapadas de casa. Cómo me enfadé con Han y Leia por no estar más atentos, por no pararle los pies… Nunca estaban en casa, siempre estaban ocupados, no tenían tiempo para él… Ben se aprovechó de que no le hacían caso, se escabullía de Arthur, eludía a Chewie, les daba esquinazo… Ya a Han y Leia no les gustaba la compañía del chico Hux, sobre todo cuando se enteraron de que Snoke les rondaba. Y Ben siguió escabulléndose, siendo más listo, aprovechándose de los huecos en vigilancia… Snoke sacó partido de todo aquello, cebando su alma de odio por nosotros, por la gente que lo quería… Por el más breve instante, pensé que podría pararle, que podría controlarle para que no hiciese daño. Él me vio tan enfadado, que sacó la conclusión de que había dejado de intentarlo. Que le daba por perdido. Que ya no le quería - se le quebró la voz, haciéndose más lenta - Fue solamente un segundo... Un segundo en el que dudé... Si no le hubiera dicho que iba a mandarlo a una institución de salud mental infantil, si me hubiera callado… él no habría explotado. Y lo último que vi de él fueron los ojos de un niño asustado a quien su maestro le había fallado. Y algo más debió ocurrir, porque al poco rato, hizo caer el techo la sala donde estaba Han… Yo me di cuenta de mi error al instante y jamás dejaré de arrepentirme de ello. Cargaré con las consecuencias para siempre.

Rey, de nuevo llorando a lágrima viva, intentó responder como pudo:

- Usted le falló pensando que su elección estaba ya hecha. ¡Y no lo estaba! Aún hay conflicto en él. Si él volviera conmigo, ¡eso podría sacudirlo todo! La estúpida guerra que hay entablada entre republicanos y cuervos se acabaría. ¡Volvería con su madre, con usted! ¡Ustedes son su verdadera familia, no ese Snoke! ¡Usted vuelve a hablarse con Chewie ahora y ambos saben que Chewie le quería muchísimo! Si él estuviera de nuestro lado... Si se marcha a Rumanía, volverá a ser tan cruel o peor de lo que le ha estado enseñando Snoke.

- Rey, no es fácil… Esto no va a acabar como tú piensas.

- Sí que lo hará. Estoy segura de ello. Ben no es como antes.

Hubo una pausa, en la que Luke observó cómo el gesto de Rey se suavizaba de repente.

- ¿Sabe? Un día nuestras manos se tocaron durante uno de nuestros enlaces astrales… ¡No sé cómo fue! Pude tocarle, sentirle de verdad… y vi algo… Le vi a él… En una especie de… visión, no sé decirlo de otro modo... En esa visión, él se quedaba conmigo, se ponía a mi lado y… Lo vi… Tan sólido como le veo a usted ahora mismo. Si yo voy hacia él, cambiará de opinión y se le quitará la tontería de largarse a Europa por un chantaje.

Skywalker negó suavemente con la cabeza.

- Rey, no hagas esto. No merece la pena. Ya es mayorcito. Que se busque la vida como pueda. Él ya no es asunto nuestro. No nos dejaría ayudarle.

La muchacha resopló. ¡Demonios, el gen de tozudez en esa familia era tremendo!

- Sí que me dejará – replicó vehementemente - Lo sé. Y sé que usted quiere tener esperanzas en él. Le estoy leyendo ahora mismo. Sé que en el fondo, querría tener a su sobrino de vuelta. Querría poder volver a mirar a los ojos a su hermana. Hay una oportunidad…

La derrota en los ojos de Luke fue patente por uno segundos. Las ganas de creer.

- Rey…

La voz de la chica era ahora suave, pero firme.

- Por favor, profesor – musitó Rey - He visto la luz dentro de él. Aún hay esperanza.

La figura de Rey estaba en aquel momento de espaldas al acantilado, de espaldas al sol brillante que bañaba de naranjas y rosas aquel atardecer, plagado de nubes que ahora parecían oro líquido ante ellos. El antiguo profesor de Física entrecerró sus ojos… Aquella luz era arrolladora.

En aquel atardecer, hoy había dos soles delante de él.

- No puedo… - musitó – Han pasado demasiados años. No puedo hacer nada.

- Pues yo sí voy a intentarlo – replicó ella. Su voz era ahora más calmada, pero igual de firme. Y eso sí que impresionó al profesor – Me marcho. Tan sólo quería que lo supiera. Mañana sale su avión por la mañana desde la Red Star Corp. No me ha costado leer algunas mentes para enterarme de los detalles. Yo voy a estar allí. Intentaré hablar con él una última vez. Iría ahora a tirar piedras a su ventana, pero dudo que quiera hacerme caso. Prefiero ir mañana, donde no tenga escapatoria. Ni yo tampoco, me dirá usted. Sé que teme por mí, que no debería entrar. Pero correré ese riesgo.

- No lo hagas, Rey. Efectivamente, es una mala idea. Y menos con Snoke allí.

- No le tengo miedo.

- Rey, no…

La chica echó a andar, recolocándose la mochila sobre el hombro.

- Me voy. Le llamaré cuando todo acabe - pasó de largo delante de él- Le pido perdón de nuevo por lo de la puerta. Prometo pagarle en breve.

Y se alejó hacia su moto, sin que Luke moviera un dedo. La vio desaparecer, sintiendo al fin cómo se rompía por dentro un poquito.

Aquella condenada chica lo sacaba de sus casillas como nunca antes nadie lo había logrado. Lo de Ben estaba a otro nivel, pero aquella joven era la criatura más imprevisible del universo. Una fuerza de la naturaleza.


Red Star Corp., sábado, 8.30 AM

- Buenos días, Kylo. ¿Cómo has dormido?

- Bien, señor.

Kylo vio por la pantalla de videoconferencia cómo Maul ladeaba la cabeza.

- No lo parece. Tienes mala cara.

El muchacho se encogió de hombros.

- Estás nervioso por el viaje, ¿no? Tu primera vez al extranjero.

- No, pero sí la primera que viajo solo.

- Bueno, viajas conmigo.

- Por ahora, es lo mismo que decir que viajo solo.

Maul esbozó un gesto de dignidad herida.

- Oh, chico, me ofendes… - entrecerró los ojos sonriendo ladinamente - Pero me gustas. Creo que nos vamos a llevar muy, muy bien.

"Usted también me cae mejor de lo que pensaba."

- ¿Sobre qué hora llega usted?

- Sobre las 10.30. Nos vemos directamente en el aeródromo, ¿no?

- Correcto.


Red Star Corp., sábado, 10.00 AM

Había visto muchas veces aquel edificio en la tele local, en anuncios de YouTube, pero lo cierto es que imponía mucho más a simple vista. Sin embargo, no había llegado hasta allí para dejarse impresionar. Le costó bien poco distraer a los guardias de vigilancia con unas ramas de árboles que se agitaban para arrastrarse bajo la ventana de sus garitas. Penetró en el recinto de seguridad, pensando en un posible plan de huida, pero… es que no lo había.

Ella quería hablar con Kylo, solamente eso. Había desechado la opción de buscarle en casa, por si le abría la puerta Snoke o peor, la pillaba alguien del servicio doméstico y la denunciaban a la poli… Tampoco el chico había hecho caso a sus llamadas la noche anterior. Y además, si iba ahora por la mañana a esperarle, horas antes de su salida en avión, le pillaría por sorpresa. El golpe de efecto le afectaría fijo. Eso mejor que nada.

Por eso no le extrañó comenzar a sentir las vibraciones del joven. Y casi casi, el corazón le saltó en el pecho, ya revuelto por una extraña ansiedad.

Avanzó de modo paralelo a los edificios principales y al llegar a la puerta, su esperanza se truncó, viendo los paneles de la entrada.

- ¿En serio? – bufó – Joder, debí haberlo imaginado…

Ante ella había un panel de reconocimiento facial. Qué ilusa. ¿Acaso se pensaba que una empresa como aquélla iba a estar guardada por dobermans y puertas cerradas con candado? Argh. Ellos eran punteros en tecnología de última generación.

Pensó en reventar el panel con sus poderes, pero desistió enseguida, por si aquello provocaba un cortocircuito o algo similar, que trascendiera a los de mantenimiento o centro de seguridad y que delatara sus movimientos. Así que corrió de nuevo paralelamente a las paredes, agachándose para evitar pasar por las ventanas, hasta encontrar alguna abertura practicable…

¡Bingo! Una ventana abierta… Se asomó con cuidado y vio un cuartito de mantenimiento que parecía vacío. Genial, para adentro que iba…

La oleada de poder oscuro era mayor ahora. Tenía que llegar a él lo antes posible… Salió al pasillo, mirando a ambos lados y vio a un par de trabajadoras con monos blancos que se acercaban por la izquierda charlando animadamente. Más allá de ellas, Rey divisó una maceta con plantas grandes adornando el pasillo y, recordando su encuentro con Kylo aquel día en que le descubrieron los rumanos, hizo volcar el gran recipiente desde su posición. Éste cayó al suelo con gran estruendo, volcándose y derramando tierra por todas partes. Las dos mujeres se giraron, sobresaltadas, corriendo a arreglar el desaguisado y llamar a alguien de limpieza…

… Momento que aprovechó Rey para cruzar el descansillo hasta el siguiente bloque de escaleras. Buscaba alguna indicación de cómo llegar al aeródromo, porque el acceso desde fuera estaba plagado de cámaras de seguridad (había explorado el perímetro antes de entrar durante un buen rato aquella mañana) y, además, confiaba en pillar a Kylo antes de que él saliera. Si tan sólo pudiera hablar con él cinco minutos antes de salir…

El poder oscuro se hacía más intenso cuando enrumbó por un pasillo que detectó como inhabitado (no había mentes cercanas que leer) Al fondo del mismo había unas puertas dobles con ventanitas redondas, típicas en laboratorios u hospitales… Miró a los laterales y vio estancias dispares, tales como despachos, salas de trabajo en grupo, pequeños talleres y algunos almacenes. "Sección de robótica experimental", decía en el cartel sobre la puerta.

Una sombra apareció tras el cristal y Rey inspiró hondo, deteniéndose a un par de metros de la puerta, que se deslizó lentamente a un lado.

Ahí estaba él, mirándola fijamente como siempre.

Pero, aquel rostro…

Daba miedo.

Kylo parecía haber envejecido diez años sin dormir bien. Las ojeras en su rostro eran muy profundas, estaba más pálido que nunca y jamás había visto tal inexpresividad en su rostro. Salvo, claro está, el leve temblor en el labio, fuertemente presionado.

Y su mente era totalmente opaca. Había controlado su "sigilo" mejor que nunca.

- ¿Qué cojones haces aquí? – escupió con frialdad - Vete ahora mismo si no quieres buscarte un lío.

- ¡No! Voy a llegar al fondo de esto.

Kylo inspiró hondo y se cuadró, ganando unos centímetros al alzarse ante ella.

- No tienes ni puta idea. Eres sólo una niña intentando entrar sin ser vista en la Red Star Corp.

Ella avanzó un par de pasos.

- Me encantaría verte intentarlo. No tienes huevos.

En otro tiempo, aquello habría causado una reacción en Kylo. Una ceja alzada, una maldición… Pero hoy estaba rarísimo. Parecía que se le hubiese aparecido el demonio.

- No has hecho bien en venir.

- ¿Pero por qué? ¿Tanto miedo te da escuchar lo que tengo que decirte antes de que cometas la gilipollez del siglo?

- Tú no lo entiendes… Es…

El clac clac de unos talones a paso firme les pilló desprevenidos. Detrás de Rey apareció de la nada un guardaespaldas, que intercambió un par de frases con Kylo en rumano, para después alejarse por el pasillo delante de ellos. El muchacho inspiró profundamente e hizo un gesto de cabeza a Rey.

- Ven conmigo.

Ella frunció el ceño.

- ¿A dónde? ¿Qué pasa? ¿Qué te ha dicho?

- Tienes que venir conmigo.

"Mierda, ¿cómo ha sido", pensó Rey frenéticamente. "Qué me he dejado?"

- Esto está trufado de cámaras de seguridad. Te han visto por cinco de ellas desde que entraste por la ventana.

Rey arqueó las cejas.

- ¿Y cómo es que no se me han lanzado encima los de seguridad?

- Porque Robert está seguro de que vas a querer quedarte cuando te enteres de que te ha invitado a una reunión. Me ha pedido que te lo diga.

A la chica se le desbarataron los circuitos. Intentó entrar a la mente de Kylo, pero estaba sorprendentemente opaca, mucho más que nunca. El "sigilo" iba estupendamente.

- ¿Qué narices está pasando? ¿Por qué quieren hablar conmigo?

Pero Kylo se había vuelto una tumba. El guardaespaldas seguía andando a metros de ellos, adecuando su paso al suyo, sin alejarse nunca más de veinte metros.

Atravesaron el pabellón de despachos y laboratorios, que ya era laberíntico en sí, hasta llegar a una pasarela que comunicaba con otra sección del enorme complejo. Transitaron por ella también, mientras Rey observaba por las paredes acristaladas que se estaban acercando al aeródromo. Salieron por una enorme puerta de cristal hasta un edificio más grande que el que acababan de abandonar… Fueron derechos hasta un ascensor que había al lado de la puerta.

Kylo cruzó de nuevo unas palabras en rumano con el guardaespaldas y la cosa era distinta ahora, pues Kylo parecía desdeñoso y amenazante, haciendo que el guardaespaldas titubease y farfullase algo en desabrida respuesta. Pero Kylo replicó rápidamente y el guardaespaldas, gruñendo por lo bajo, se retiró, marchándose por el mismo camino por el que habían venido.

- ¿Qué ha pasado? – inquirió Rey, mirando por encima de su hombro.

Pero Kylo permaneció en silencio.

- De verdad, ¿se puede saber qué mierda te pasa? ¿Piensas estar así todo el rato? Porque te aseguro que voy a aprovechar este ascensor para soltarte todo lo que tengo que soltarte…

Las puertas se abrieron y se introdujeron, con Kylo quedando detrás de ella y mirando al vacío.

Rey inspiró hondo, mirándose a los pies… Le dolía no verle, ignorándola tan deliberadamente.

- Kylo, sigo sin entender por qué quieres hacer esto. Irte a Rumanía… Es ponerte en manos de esos desalmados… ¿Para qué vas a trabajar? ¿Tan bien pagado va a estar?

Hubo un temblor en la atmósfera oscura que rodeaba a Kylo. Una fluctuación por la que escapaba algo… ¿Qué era? ¿Qué era?

- Las paredes oyen, ¿sabes? - gruñó él.

La fisura en Kylo se cerró de nuevo.

- No te creo – replicó ella - Si no, te habría dado lo mismo que me espiaran.

- Piensa lo que quieras – dejó escapar él.

Rey tomó aire. Debía calmarse, por ambos.

- No tienes por qué hacer esto. Vayámonos de aquí y hablemos esto con tranquilidad… Este sitio me pone de los nervios.

- ¿Y eso?

Ella se detuvo un instante en valorar sus percepciones.

- No sé. Hay algo en este lugar que me revuelve las tripas. No estoy cómoda. Tanta cámara y securatas detrás de cada esquina…

- Es lo que hay.

La joven tomó aire de nuevo.

- Escúchame. Sea lo que sea lo que te hayan prometido… Estabas logrando cosas antes de esto. Estabas venciéndote… Hay conflicto en ti, lo veo. Lo llevo viendo desde hace tiempo. Y te tiene destrozado, mírate la cara. No lo estás pasando bien. Tú no quieres irte.

Él continuaba mirando impertérrito a la pared, con las manos detrás de la espalda, rígido. Una estatua de ébano y mármol.

- Ben…

Y entonces ocurrió: él la miró. Rey casi pudo oír la fisura haciéndose más grande. Podía oír la piedra resquebrajándose. Cimientos que retemblaban.

Seguía siendo una máscara inexpresiva, pero al menos volvía a tener sus ojos sobre ella.

Por todos los cielos, nunca pensó que los iba a echar de menos de esa manera.

Inconscientemente, dio un par de pasos más hacia él, bajando su tono de voz.

- No sé si nunca te lo dije, pero ¿sabes una cosa? Aquella noche en que bajé a esa cueva y me hinché a llorar hablando contigo… Esa noche, cuando nos tocamos la mano, vi algo...

La chica, consciente de la inverosimilitud de lo que estaba narrando, alzó la cabeza mientras dejaba escapar una leve risotada sarcástica de incredulidad.

- Es decir… No… No me preguntes cómo lo hice. Te aseguro que nunca he sido bruja y tú conoces mejor que nadie cómo son mis poderes. Pero en ese momento, lo vi… Fueron solamente formas, pero eran sólidas, se veían muy claras. Éramos nosotros dos.

En su interior, Rey fantaseó momentáneamente durante aquellos segundos con la idea de estar revolviendo el alma de Kylo con sus revelaciones. Pero nada más lejos de la realidad: Kylo seguía inexpresivo, aunque no había perdido la fiereza de su mirada.

- No vas a quedarte con Snoke. Saldrás de ahí.

Ahora sí que su voz era un susurro, mientras ella se acercaba aún más a Kylo, que no apartaba la vista de ella. El rostro del joven empezó a traslucir una emoción, pero no sabía definirla.

Kylo el Inclasificable, le había apodado una vez.

- Puedes cambiar. Vas a hacerlo. Yo te ayudaré. Lo he visto. Sé que lo harás.

Su voz se había suavizado hasta casi ser un susurro. Estaba tan cerca de él que podía oler de nuevo su colonia, aquella estúpida colonia que la había traído loca desde que le conoció.

Él inspiró.

- Yo también vi algo.

La fisura en Kylo tembló de nuevo. Ahí bullía algo bajo toda la oscuridad. Lo estaba conteniendo más fuertemente que nunca.

- Y por ello sé que cuando llegue el momento, tú serás la que se quede a mi lado. Vas a quedarte conmigo. Yo también lo sé.

Si Rey estaba sorprendida, no pareció mostrarlo. O no le dio tiempo, porque el ascensor llegó al fin al piso correspondiente.

- Vamos – farfulló él.

Rey iba a responder, pero les salieron al encuentro unos hombres vestidos en traje de chaqueta con corbatas rojas, que les escoltaron hasta la entrada a lo que parecía una enorme sala de juntas. La habitación era de color blanco, con mobiliario también en blancos y grises. Destacaba en el lugar la enorme mesa de reuniones, en forma de "U", dispuesta de tal modo que quedaba invertida frente a ellos y dejando un enorme espacio hasta el fondo de la mesa.

Había allí unos cuantos guardaespaldas más, varios con aspecto de extranjeros. Rey exploró sus mentes y confirmó lo que se sospechaba. Pero pronto su atención quedó ocupada por la figura sentada en el centro de la mesa, en la zona del medio.

- Muy bien, Kylo. Gracias por traerla – oyó decir a Robert Snoke con su voz cascada.


Conocía bien su autocontrol y sabía gestionarlo de maravilla, pero tenía que reconocer que aquella conversación con la chica durante la tarde anterior le había drenado las fuerzas.

Contempló casi con incredulidad la puerta derribada, indeciso por primera vez en mucho tiempo. Por la tarde, había colocado un panel de madera que tenía en el desván en el marco de la puerta inexistente, sin ganas de recoger el estropicio que había provocado Rey horas antes. Así que ahí estaba, de buena mañana, parado como un poste ante el cadáver de la puerta de entrada y preguntándose aún por qué estaba tan abatido.

Por primera vez en semanas, había pasado mala noche. La última vez había sido también por causa de Rey, cuando ella estuvo en esa cueva. Pero había aceptado aquello, continuando el entrenamiento. Aquella chica estaba perdida y él se daba perfecta cuenta de lo mucho que necesitaba un mentor como él. Y era una buena alumna, a pesar de haberle defraudado de aquella manera. Ponía tanta entrega en todo… Incluso en las lecciones de física. Y casi, casi había sentido el pinchazo en el alma al echar de menos aquellos días de docencia…

- Triste pareces, joven Skywalker. Estarlo, no deberías.

Casi se atraganta del susto, aparte de que ya tenía el corazón a mil tras la discusión con Rey, que se había marchado de allí como un vendaval. Se iba a nosedónde, camino a pararle los pies a una bestia negra. Ella sola, con su fe como única arma y unos poderes que aún no controlaba bien…

- Perdido, todo no está – oyó decir Luke mientras se daba la vuelta para ver quién le hablaba. No se sorprendió al ver quién era, pero sí por la condición de incorporeidad de aquella persona...

… Porque la última vez que le había visto con vida había sido hacía treinta y tantos años en el pantano Dagobah.

Y seguía teniendo el mismo aspecto que entonces: el de un anciano extraordinariamente menudo, de apenas metro cuarenta de alto, cuya piel morena estaba plagada de arrugas. Arrugas en su rostro, en sus callosas manos, en sus mejillas, hasta en sus orejas, que eran muy saltonas y desproporcionadamente grandes... Vestía unos pantalones anchos y una sahariana, todo en todos tostados y muy raído, así como la amplia rebeca de anchas mangas que llevaba por encima. Se apoyaba en un bastón hecho con un tronco retorcido y su retrato de anciano venerable se completaba con la calva por cuyos laterales asomaban algunos mechones de pelo completamente blanco. Sus ojos rasgados brillaban con una chispa de algo parecido a la diversión. Y, conociendo como conocía a su antiguo mentor, era muy probable que el anciano estuviese disfrutando de lo lindo en ese momento.

Devrat Yodha(*), el segundo hombre que le había enseñado a manejar sus poderes. Después, claro está, del viejo Ben.

El corazón de Luke dio un vuelco, mientras intentaba controlar la ola de melancolía y devoción hacia aquel hombre que lo asaltó en ese instante. Pestañeando repetidamente para evitar las lágrimas, murmuró:

- Maestro…

El anciano cabeceó suavemente, sonriéndole.

- Joven Skywalker.

Luke avanzó hacia él, sintiendo cómo su barbilla temblaba. El apelativo de su mentor era su particular manera de dirigirse de modo cercano a él. Siempre sería "su joven padawan."

Estaba acostumbrado a este tipo de apariciones, ya sabía lo que eran desde que vio por primera vez al viejo Ben aparecerse ante él cuando apenas era un chaval… Pero el maestro Yodha nunca había hecho eso. Y solamente los cielos sabían cuánto había necesitado que él, o Kenobi, hubiesen aparecido ante él durante los últimos años. Que le hubieran acompañado, asistido y aconsejado durante los tiempos del aprendizaje de Ben, donde tan perdido estuvo. Que le hubieran susurrado palabras sabias al oído, para transmitírselas a su hermana, a su amigo Han, para que las pusieran en práctica con el chico.

Pero los fantasmas se quedaron en el pasado, y él había tenido que vivir el drama de los Solo–Organa a solas, hasta que no aguantó más y tuvo que marcharse…

- ¿Por qué vienes ahora? – inquirió Luke, con amarga lentitud y los ojos acuosos - ¿Por qué ahora, cuando he perdido tanto y acabo de perder a otra padawan?

Como siempre, el viejo Yodha tenía una reacción inusual para esto. Suspiró y se sentó sobre una roca, apoyando el mentón sobre su nudoso bastón. Acto seguido, la puerta que Rey había derribado comenzó a arder espontáneamente. Luke boqueó, sin aliento.

- Ah, Skywalker. Te he echado de menos, sí… – dijo con su voz cascada el anciano.

- ¿Por qué esto ahora?

Yodha suspiró.

- Tu pregunta, ésa es… pero el destinatario, no soy yo. Esta pregunta, a ti mismo te haces, porque abandonado, tu padawan te ha, sí... Discutido habéis, mucho… Mucho… Desde que ella esta puerta abrió por primera vez, sí...

El ex-profesor de física se sentó a su lado, derrotado, mirando al frente, a la pila de madera ardiente, pero sin ver más allá.

- Estropeada sin remedio, la puerta estaba ya, sí, sí… – argumentó Yodha, gruñendo y carraspeando en mitad de las frases – La compra de una nueva, he acelerado por ti. ¿Recuerdos no te trae, hummmm? El fuego libera, el fuego limpia.

Skywalker le dirigió al espectro una mirada de soslayo, todo el sarcasmo que podía permitirse en aquel agrio momento. Por supuesto que la puerta estaba ya rota. Rey se la había cargado el día en que le conoció.

Menuda chiquilla.

Pero el fuego limpiaba y liberaba, aparte de matar.

- Mirando al horizonte estás aún – insistió el anciano - Ni aquí ni ahora estás, ¿eh, huuumm? A un palmo de tus narices, la necesidad está, sí...

Luke, aún mirando al vacío, replicó.

- No sé qué he hecho mal. Ella es una cabezota incorregible, se ha lanzado hacia algo incierto y peligroso, ¡un sinsentido! No me escucha. No he sabido inculcarle autocontrol. No ha aprendido nada conmigo.

El espectro le contemplaba con aquella profundidad en sus saltones ojos que tanta paz le dieron décadas atrás, cuando los vapores de Dagobah y el calor lo ahogaban en un vaso de agua.

- He sido débil. Insensato.

- A Ben Solo perdiste. Perder a Rey, no debes ahora. Sola está, ahora más que nunca, sí, sí...

Luke negó de nuevo con la cabeza en silencio, con el crepitar de las llamas como único ruido de fondo.

- No puedo ser lo que ella necesita que yo sea. No puedo ser el maestro de lo que ella quería aprender. Y ahora ella quiere… quiere… quiere que crea de nuevo en alguien a quien dejé por imposible hace tantos años.

Una nueva sonrisa se dibujó en el rostro del fantasma.

- A mis palabras atención no prestaste, ¿verdad, huummm? Transmite lo que has aprendido: fuerza, maestría; pero insensatez, debilidad, fracaso también. ¡Sí, fracaso sobre todo! El mejor profesor, el fracaso es. Luke, somos lo que ellos alcanzan, esa es la verdadera carga de todos los maestros. ¿La diferencia entre un maestro y un aprendiz, quieres saber, hummm? El maestro ha fallado más veces de las que el principiante lo ha intentado.

Las llamas alcanzaron un nuevo punto álgido, alzándose en una columna de luz y humo que finalmente le aclaró las ideas.

- Soy un idiota – gruñó Luke, levantándose ante la risueña mirada de Yodha – Y esa chica también, por ir sola a meterse en un nido de serpientes. Cuando la vea, me va a oír.

Echó a andar resueltamente en dirección a la casa… y se detuvo, mirando atrás.

- `Bahut dhan´yavad´ (**) - musitó.

Desde su roca, la figura de Yodha, que ya se desvanecía, le devolvió una enorme sonrisa con una inclinación de su cabeza.


Rey notó el brazo de Kylo colocarse detrás de su cintura, sin llegar a rozarla, mientras la guiaba silenciosamente hacia el centro de la sala, acercándose a la zona de la mesa donde les esperaba Snoke. Casi notaba físicamente el calor corporal de él tan cerca de ella. Y algo más. Una calidez que no estaba antes ahí. Algo extraño, que estaba sellado…

Automáticamente su membrana de poder se activó. La luz y la oscuridad batallaron en ella por protegerla, alzándose mucho más rápido de lo que jamás habían hecho en presencia de Kylo. Y el motivo no era el joven ante ella, sino el señor que les miraba ladinamente.

Había algo sobre esa persona… Algo muy siniestro. Algo que le había encendido todas las luces… Algo que no había notado aquel día en que se los cruzó por la calle hace poco. Algo que nunca había podido percibir por no haber estado más cerca de él.

Y supo que las cosas iban a tomar un cariz pésimo cuando le oyó hablar.

- Hola, Rey… Rey de Jakku, ¿verdad? Un placer, jovencita. Es una enorme satisfacción tenerte aquí. Nos has ahorrado un trabajo ímprobo… Eres una muchacha realmente sorprendente. Tendríamos que haber empezado a hacer negocios contigo mucho antes. Estoy francamente arrepentido.

...


(*) Navaja de Occam: teoría filosófica que dice que, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Es decir: no le busquemos tres pies al gato. Rey es una chica práctica.

(**) `Bahut dhan´yavad´: significa "muchas gracias" en hindi. He comprobado varias veces la escritura de la expresión y la he encontrado escrita de mil maneras, así que si alguien sabe hindi, que me corrija, por favor.

N.A. ¡Qué feliz soy por haber traído a Yodha! Me encanta este personaje y la escena fue FÁCIL de escribir. Fluyen solos, a pesar de que he tomado muchísimas cosas de su escena en la peli del epi 8.


Avances para el próximo capítulo: Secretos desvelados, sorpresas infartantes... Y la pobre Rey flipando en colorines. Pero aún así, hace intentos desesperados por entablar una conversación, aunque no le hacen caso. Mientras tanto, Snoke se pone en plan cuentacuentos, nos damos un viajecito al pasado y Kylo entra en estado catatónico. O algo así.