Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.

Capitulo 42. ¿A QUIÉN TE PARECES?


Me desperté para encontrarme con un par de ojos marrones y unas hinchadas mejillas. Papá estaba a mi lado y me sonreía. Instintivamente llevé mi mano a mi pancita y ya no estaba ¡Mi bebe!

Ahora lo recuerdo, tuvieron que hacerme una cesárea de emergencia. Rememorar los horrores de aquella operación sólo es aplacada por el recuerdo de mi pequeña bebé. Mi cachorrita. Necesito tenerla conmigo...

—Hola campeón— saludó papá.

—Hola papá— le sonreí. —¿Ya la viste?— pregunté

—Sí. Es chiquita y arrugada— sonrió.

—Quiero verla— pedí.

—El doctor dijo que la verás por la tarde, debes descansar para recuperarte. Vuelve a dormir, quizás cuando despiertes nuevamente te lleven a verla.

Le hice caso, volví a cerrar los ojos. Cuando desperté nuevamente ya era de mañana. Intenté incorporarme pero un dolor agudo en mi vientre bajo me mantuvo postrado en la cama. Siento que me han partido en dos y me han vuelto a pegar.

Sala no tardó en llegar con su característica sonrisa.

—Buen día Yuuri. ¿Cómo te encuentras?— preguntó.

—No lo sé— suspiré.

—Primero lo primero. Va a venir una técnica a realizar el aseo. Obedece todo lo que te diga para que los obstetras puedan revisarte y luego yo te llevaré a hacer una tour por todo el hospital— sonrió.

— ¿Y mi bebé?— pregunté preocupado.

—Ella está bien, está en incubadora porque es prematura. Tú eres el que nos preocupa por ahora. Debemos hacerte chequeos para descartar alguna posible secuela de la preclamsia.

Obedecí a pesar de la molestia que me causa la sonda urinaria. Dejé que me aseen con gasas y apósitos vertiendo una solución en mis partes. Me cambiaron el enorme pañal que ahora debo usar por un par de días, según la técnica, pronto solo necesitaré toallas sanitarias grandes en lo que baja el flujo de sangre y fluidos que debo eliminar.

Pude notar que no estaba solo en la habitación, había dos omegas varones más conmigo. Uno de ellos ya tenía a su cachorro con él y lo arrullaba. Tengo tantos deseos de ver a mi bebita...

Chris y la doctora Petrova entraron para la revisión, empezaron por el omega quien dejó a su cachorro en el cunero. Lo auscultaron, le preguntaron cosas, tomaron sus signos vitales y le dieron recomendaciones. Sólo escuché, no quise ser indiscreto mirando porque me siento como si violara su privacidad.

Cuando fue mi turno les sonreí pero solo Chris me devolvió la sonrisa. Parece que Anya ha olvidado como hacerlo. ¡Pero que tonto soy! Debe estar muy triste por lo de su mamá.

—Buenos días Yuuri, vamos a revisarte— pidió Chris. Me auscultó, revisó mi herida, incluso miró mi pañal, eso sí fue vergonzoso. Anya miraba y anotaba lo que Chris decía.

Cuando Anya revisó mis ojos, aproveché su cercanía.

—Siento mucho lo de su madre, reciba mi más sentido pésame— dije. Me miró por unos instantes sin ninguna emoción. Yo sé lo que se siente, mamá siempre fue mi mejor amiga. La doctora debe estar muy triste.

—Gracias— dijo intentando sonreír pero no le salió.

Luego que se marcharon, Sala llego a ayudar a levantarme por primera vez. Es doloroso, puedo sentir claramente el lugar donde me han hecho el corte. Apenas puedo tenerme en pie, el dolor me obliga a agacharme hacia adelante, no puedo estar recto.

—Vas a usar una silla de ruedas, tranquilo— me quitó la vía y la sonda, me ayudó a ponerme una de mis batas abrigadoras y mis calcetines peludos que papá debió traerme, me acomodó en aquella silla de ruedas, volví a ponerme mis gafas y salimos afuera.

El primer lugar a donde llegamos es laboratorio, donde además de sacarme varias muestras de sangre, dejé mi bolsa colectora de orina. Luego fui llevado a oftalmología. Sala me dejó allí a cargo de otra enfermera no sin antes explicarme todo lo que haremos esta mañana

—Vas a pasar varias consultas, Yuuri. Primero oftalmología para que revisen tu vista, muchos embarazados que padecen eclampsia quedan ciegos, necesitamos descartar cualquier anomalía. Luego te llevaré a cardiología y medicina general. Regreso en media hora.

No sabía la cantidad de análisis y revisiones que debían hacerme, eso me decía que no vería a mi bebé esta mañana. Me resigné a lo que han mandado y esperé pacientemente.

Me hicieron al menos cuatro pruebas en aquel consultorio oftalmológico. Al final el médico decidió que mi vista está bien, no necesito ni siquiera una medida más de graduación. Sólo me recetaron gotas para el cansancio de mis ojos.

En cardiología estuve una hora, me pusieron chupones en el pecho, me pidieron hacer sonidos extraños, respirar profundamente aunque eso me molestaba un poco la herida. Luego tuve que esperar para que me dieran una hoja con los resultados.

Pasado el mediodía me atendieron en medicina general, evaluaron muchas cosas, además de mi presión, respiración, me auscultaron y me hicieron varias preguntas.

Sala me regresó a la habitación, hacía rato que había pasado la hora del almuerzo pero la atenta enfermera me trajo comida bastante insípida aunque estaba tibia.

—Hola— saludé al omega que estaba sentado en su cama. –¿Y el que estaba junto a la puerta?

—Le dieron de alta, se fue a mediodía— suspiró tristemente.

—¿Y tu cachorro?— pregunté mientras me alimentaba.

—Está en neonatología, debo ir a verlo en unos minutos— intentó sonreír.

— ¿Está enfermo?— pregunté con miedo.

—No en realidad. Nació prematuro, demasiado. No tenía muchas posibilidades de que sobreviviera y me enviaron aquí, afortunadamente tienen de esas incubadoras especiales y lograron salvarlo, además el doctor en muy bueno. Llevo aquí tres semanas.

Me sorprendí al saber eso. ¿Tres semanas? Pobre omega, pendiente de su bebito todo este tiempo.

— ¿No tienes a donde ir o no te quieres ir del hospital?

—Si tengo pero no quiero marcharme. No puedo dejarlo solito, no puedo abandonarlo. Le pedí a su doctor, que es el director del hospital, si me podía quedar y me dieron esta habitación. He visto pasar varios omegas que dan a luz y se van luego de dos o tres días— esta vez sí sonrió.

—Viktor es muy buen doctor— dije sin querer.

— ¿Lo conoces? Quisiera que algunas enfermeras me dejaran ver a mi bebito más seguido. Antes podía amamantarlo cada dos horas pero ahora casi no me dejan. Sólo me obligan a sacarme la leche y me botan— suspiró.

—Eso es muy cruel— dije sorprendido. —Viktor, quiero decir el doctor Nikiforov debería saberlo.

—He intentado decirle pero esa Lilia y la otra, Leiko, son muy malas. Me han amenazado para que no le diga nada al director y no puedo abrir la boca o pueden "olvidarse" de alimentar a mi bebito.

— ¿En serio? ¡No pueden actuar así!— dije indignado.

—Esa Leiko es muy mala.

— ¿Mas que Lilia?

—Lilia es buena a su lado. Ya la vas a conocer. Mejor no le des la contra o avísale que eres amiga del director, así no te hace nada.

Me asusté de su advertencia. ¿Por qué en los hospitales siempre hay una o dos enfermeras que parecen odiar a los enfermos? ¿Si no tienen vocación de servicio, para qué estudiaron esa profesión?

Terminé de comer y me recosté, no veía la hora que le llevaran a ver a mi cachorrita aunque sea desde lejos, necesito verla, estar cerca de ella.. Pasada una hora nadie venía, hice el esfuerzo sobrehumano para ir a los servicios caminando como viejecito pero me urgía. Tomé dos vasos de agua después de la comida.

—Ya estás caminando ¡Yuuri no debes hacer esfuerzo!— me retó Sala cuando llegó.

—No me aguantaba— me quejé.

—Te voy a dar una pastilla para los gases, créeme que me lo agradecerás. Va a venir a revisarte el doctor Giacometti y después de eso te traeré a la personita más importante de tu vida— sonrió.

— ¿Voy a verla?— me agité. —¿No necesita estar en la incubadora? — se me llenaron los ojos de lágrimas.

—Sí, vas a verla, vamos a intentar algo para que ya no esté en incubadora. Pero debes ser bueno y recostarte, nada de caminar por hoy. Ya tendrás todo el tiempo de mundo para moverte cuando vayas a casa— me sonrió.

Volvió a colocarme la vía y me quedé esperando. Creo que el sueño me venció porque cuando abrí los ojos nuevamente Chris estaba mirándome.

—Buenas noches Yuuuuuri—me saludó. –Vamos a revisarte por última vez y a descartar la eclampsia— me sonrió.

—¿Eclampsia?

—Anoche creí que estabas convulsionando, me diste tremendo susto. Por eso mandé a hacerte todos esos análisis, necesitaba estar seguro que no era eclampsia y que no habrá secuelas. Tenemos buenas noticias, todos tus exámenes están bien, tu vista, tu corazón y tus niveles de... bueno estás perfecto, solo queda que te recuperes de la operación y podrás irte a casa— sonrió lo que me causó mucha alegría.

Dejé que me revisara, contesté sus preguntas y bromeamos sobre la anestesia. Me reprendió por haber dejado a Anya empezar la operación a pesar de poder sentir todavía.

—Chris ¡Aquí estás! Tenemos concejo a las nueve, no te demores— Anya entró más recuperada de su tristeza de esta mañana.

—Ya voy, no me lo perdería por nada— contestó el suizo con sarcasmo. ¿Qué será un consejo?

—Aquí viene la persona que estabas esperando— escuché la voz de Sala mientras entraba con un carrito.

—¿Es la cachorrita? Quiero verla, ayer apenas la tuve en mis manos— me sorprendí con la reacción de Anya.

Sala se acercó y con cuidado la sacó del cunero para entregármela. Traía puesto uno de los bebecrece más bonitos que pude comprar, papá debió traer mi maleta de ropitas.

Sé que una madre espera con ansias conocer a su hija y yo la esperaba casi con desesperación. Pero no estaba preparado para lo que vi.

Cuando Sala puso a mi hija entre mis brazos quedé desconcertado, a pesar de las advertencias que me hizo.

Mi bebé tiene un extraño color amarillento, no tiene cabello, sobre su cabeza hay solo pelusa castaña y las palmas de sus manitas están rojas. Intenté ver el color de sus ojos pero estaba dormida. Qué cara habré puesto que Sala volvió a repetir.

—Presenta un leve cuadro de ictericia. Se le pasará en cuanto la alimentes.

Yo aún no me puedo creer que esta criatura sea mía, no es que estuviera esperando un bebe peliplateado con enormes ojos celestes pero... no se parece a mí, ni a Viktor. Por mi cabeza cruzó la loca idea de que me la han cambiado. Pero eso no puede ser. En su bracito llevaba mi nombre.

—Yo no creo que sea ictericia, ya se los dije— Anya se acercó a verla. —Es su raza— concluyó. La miré extrañado. ¿Cómo que su raza? Al parecer entendió mi duda. —Los japoneses nacen así... amarillos. Pero mezclada con la de su pareja que es mitad blanco va a aclararse con los días— esta vez sí sonrió.

—El doctor Nikiforov insiste en que es ictericia. Ya mandó a hacer las pruebas— la corrigió Sala.

No puedo creerlo ¿Anya sigue creyendo que Kenjirou es el padre de mi hija? Por mi bien y el de mi bebé no diré nada ni le aclaré las cosas.

Tomé en brazos a mi bebita y la acurruqué contra mi pecho. Es tan pequeñita. Se removió al sentir mi calor, abrió sus ojos y me dejó más impactado todavía. Son de un color gris tornasolado, completamente extraños. Nadie en mi familia tiene los ojos así. Y Viktor tiene unos preciosos ojos celestes. ¿A quién se parece esta cachorrita?

—No te alarmes Yuuri— intervino Chris. —Quizás sus ojos sean más claros que los tuyos. Muchas veces los prematuros no han alcanzado la madurez completa. Incluso en sus genitales, no te asustes cuando le cambies el pañal— advirtió el doctor.

—Lo tendré en cuenta— susurré.

—El pediatra ya viene para darte las indicaciones— sonrió Sala saliendo de la habitación con los otros dos médicos.

Unos minutos después Viktor entró y con él pareció iluminarse el espacio. Mi compañero de habitación no había regresado, con lo cual estábamos sólo los tres. Tuve que contener a mi mente para que no pinte pajaritos. Viktor es el médico de mi bebé, sólo eso. No tardaremos en dejar el hospital, quizás lo veremos en los controles, mientras estos duren.

— ¿Cómo está la princesa?— preguntó.

—Es tan pequeñita— sonreí.

—A pesar que nació aproximadamente a las 31 semanas y con poco peso es fuerte. Su llanto es uno de los más escandalosos que he oído— sonrió. —Estuve de guardia anoche. Va a necesitar más cuidados que los bebés normales, de hecho debería estar unos días en la incubadora pero me gustaría que practiques con ella ser mamá canguro, tenerla pegada a tu cuerpo el mayor tiempo posible para que pueda mantenerse a temperatura estable. Sus pulmones están bien, han madurado correctamente, no presenta problemas respiratorios— eso me deja más tranquilo. He tenido tanto miedo que mi enfermedad le dejara secuelas.

—Sé lo que es ser mamá canguro, he visto documentales. La llevaré en mi pecho todo el tiempo— sonreí.

—Dale de comer o va a empezar a chillar y no habrá quien la calle— me advirtió Viktor con una sonrisa juguetona. —Dámela mientras... te preparas para darle de lactar.

Vi cómo la tomó en sus manos. La puso boca abajo y le acarició la espalda. Eso pareció relajarla. Abrí mi bata receloso. Sé que él es su pediatra y debe vigilar que le dé el pecho correctamente pero eso no me quita la vergüenza.

—Estoy listo— dije estirando los brazos. Discretamente tapé mi pecho con la bata. Me alcanzó a mi niña y vigiló la forma en que la acomodé.

—Eleva un poco más el codo. Tu mano debe abarcar su espalda hasta llegar a sus nalgas. Correcto. No olvides que la espalda debe estar recta o te dolerá si te arqueas.

Me agrada su trato. Completamente centrado en la bebé, en que se posicione bien para que no se ahogue. Verlo sonreír me dio mucha alegría, parece el Viktor de antes. El que me jugaba muchas bromas y hacía de todo para hacerme reír porque le gustaban mis carcajadas.

—Déjala que busque su comida— me indicó cuando tuve que sacar mi pezón para dárselo. —Ella sola tiene que lograrlo, debe estar hambrienta.

Con alegría vi que la pequeñita buscaba instintivamente cuando le acerqué un pezón. Necesito que tome algo, los pechos me dan comezón desde esta mañana.

—Sí que tiene hambre— sonreí al ver que se desesperó cuando pudo coger el pezón y empezó a succionar.

—Procura darle de lactar cada dos horas, de diez a quince minutos por pecho. Si tienes algún problema con la leche, si falta o produces demasiada le avisas a Leiko — me señaló una enfermera que iba entrando a la habitación. —Ella es mi asistente en neonatología. Sabrá guiarte igual que yo en lo que necesites. Vendré más tarde para revisar que la princesa esté bien. Tengo que recoger sus análisis. Además, Leiko te enseñará como usar correctamente el fular donde llevarás a...

—Aún no tiene nombre— me sonrojé. –Quería... necesitaba mirar sus ojos antes de nombrarla.

—Sé que encontrarás uno adecuado a ella— acarició su cabecita antes de marcharse y me regaló una espléndida sonrisa que en lugar de alegrarme me entristeció. Eso me dejó confundido.

Cuando Viktor regresó, era brusco, seco o incluso sarcástico conmigo, estaba seguro entonces que seguía enfadado y aun recordaba el pasado. Seguía creyendo que lo había engañado y por eso me odiaba. Lo que significaba que sentía algo por mí.

Pero en estos meses en que mi bebé se desarrollaba, su trato para conmigo cambió mucho. Pasó de ser hosco a tratarme con aprecio. Incluso con ternura. Ahora se muestra tan cariñoso, se enternece con mi cachorrita, eso quiere decir que ya ha dejado atrás el pasado y solo siente afecto por alguien que una vez fue su mejor amigo y compartió un romance.

Sin embargo yo... yo creo que he vuelto a enamorarme de él.