Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.
A todos los chicos de los que me enamoré
Capítulo 25
Edward me llevó a su carro, Angela y Alice venían detrás de nosotros mientras él me guiaba lentamente.
—¿Cómo sucedió? —preguntó—. ¿Te tropezaste?
Comencé a negar con la cabeza, pero incluso mover eso me dolía.
—No. Alguien me empujó.
Sus ojos verdes oscuros se entrecerraron.
—¿Alguien te empujó a propósito? —exigió saber.
¿Cómo podría saberlo?
—¿Quizás? Tal vez alguien estaba apurado y no se dio cuenta.
—Creo que ella lo hizo a propósito —comentó Alice.
¿Ella? Oh, mierda.
—¿Ella quién? —preguntó Edward, su voz se hizo más dura—. ¿Fue Tanya? —añadió, dándole voz a la misma cosa que yo estaba pensando.
—No. Conozco a Tanya. Era una chica rubia que no conozco —nos dijo Alice.
Edward exhaló.
—¿Viste algo más? —le pregunto a Ali, haciendo su voz más gentil porque ella seguía llorando por mi herida.
—Creo que no. ¡Lo siento, Bella! —lloró, lanzando sus brazos alrededor de mi cintura. En definitiva, se portó más gentil que de costumbre, mi muñeca y yo apreciamos el gesto.
—No fue tu culpa, cariño. Sólo me alegra que tú no te hayas caído —le aseguré. Miré a Angela, que se veía casi tan molesta como mi hermana—. ¿Puedes llevarla a casa?
—¡Iré contigo! Estás herida, ¡y no te voy a dejar! —Alice me fulminó con la mirada, incluso con las lágrimas cayendo por su cara.
—Ali, es tarde y necesitas ir a casa. Papá nos estará esperando. —Mierda. Necesitaba decirle sobre esto, pero iba a esperar. Sino me llevaría al hospital antes de que yo pudiera terminar de hablar. Dejaría que Alice le contara.
—Papi querrá que vayas al hospital —me informó, lo cual era obvio, duh.
—Sólo dile que la llevaré con mi papá. Él entenderá —dijo Edward.
Angela pasó su brazo alrededor de Alice.
—Vamos, linda. Ben y yo te llevaremos a casa, y cuando lleguemos ahí, podremos asaltar tu helado. Creo que nos lo merecemos.
Ali se veía indecisa, pero le hice una seña para que se fuera con Angela.
—Estaré pronto en casa.
Se giró hacia Edward.
—¿Prometes que harás que la atiendan, incluso si después de todo tiene que ir al hospital?
Él se agachó frente a ella.
—Lo prometo, Cat. Estará mejor cuando la lleve a casa. Tienes mi palabra.
—Bien. —Estiró los brazos y le dio un abrazo, y aunque mi muñeca dolía horriblemente, fue en realidad muy dulce verlo corresponderle el abrazo. Se susurraron algo entre ellos por un minuto antes de que ella se apartara y le sonriera—. Bien.
—Llámame cuando te den un diagnostico —me dijo Angela, o tal vez le dijo a Edward. De cualquier manera, los dos dijimos que sí.
Ella y Ali se dirigieron a su carro mientras Edward me ayudaba a entrar al suyo.
—Sostén tu muñeca —me dijo mientras me ponía el cinturón de seguridad.
La sostuve contra mi vientre mientras Edward corría al otro lado de su carro. Lo encendió y salió rápidamente. Fue entonces cuando noté que todavía llevaba puesto su uniforme.
—No te cambiaste.
—Ni me bañe. Lo siento por eso. —Me lanzó una pequeña sonrisa—. Estaba más preocupado por llegar contigo. Todo lo que hice fue quitarme las hombreras.
Era tan dulce. Aquí estaba, sudoroso y sucio – pero aun así apuesto – llevándome a uno de los últimos lugares a donde querría ir. El mejor novio del mundo.
—Gracias por hacer esto. Sé que no es fácil para ti.
Puso su mano en mi rodilla.
—Haría cualquier cosa por ti. No te preocupes por mí. Estaré bien.
Pero escuché la tensión en su voz y me sentí mal. Aunque no tan mal como para aceptar ir al hospital. Y había querido reunir a Edward con su padre, pero ciertamente esta no era la forma en que había pensado hacerlo. En absoluto. Se lo compensaría.
Nos detuvimos frente a una casa que no era tan distinta de la casa donde Edward vivía ahora. También estaba a sólo unas cuadras de la casa de Edward. Él se quedó viéndola por un momento antes de apagar el carro y salir.
Me ayudó a bajarme del carro, de nuevo siendo tan gentil conmigo que quise llorar. Pero no iba a permitirme hacerlo. Caminamos hacia la puerta y Edward tocó ligeramente. Cuando lo vi, se encogió de hombros.
—Tienen un bebé.
Cierto. Su hermanito al que ni siquiera conocía. Era muy triste.
Cuando nadie respondió, sacó su teléfono del bolsillo de su chaqueta.
—Lo agarré cuando Angela me dijo que estabas herida. Sabía que necesitaría mis llaves para conseguirte ayuda.
Sip. El mejor novio del mundo. Yo era tan afortunada.
—Papá. Estoy afuera de tu casa. Mi novia se lastimó la muñeca y necesita que la revise. —Pausó por unos momentos, escuchando lo que sea que le dijera su padre en respuesta—. Bien. Gracias.
Unos segundos después se encendió la luz de la entrada y luego se abrió la puerta, y ahí estaba el padre de Edward. Carlisle Cullen se parecía mucho a su hijo, lo que significaba que era muy atractivo. Edward favorecía a su madre en sus colores, pero su altura, complexión y cara eran muy similares a las de su papá.
—¡Edward! —La forma en que su cara se iluminó al ver a su hijo me habría hecho sonreír si no estuviera sintiendo dolor.
—Papá. —Mi Edward no tuvo en absoluto la misma reacción al ver a su padre. Mantuvo su cara más bien estoica—. Esta es Bella. Se cayó de las gradas y se lastimó la muñeca. Creemos que está rota.
—Hola, Bella. Gusto en conocerte. Desearía que fuera bajo otras circunstancias. Estaré más que feliz de revisarte, pero si está rota, necesitaremos llevarte al hospital para poder acomodarla y ponerte yeso.
Comencé a sacudir la cabeza de nuevo mientras Edward me rodeaba con sus brazos.
—Shh, Bella. Estarás bien. No te va a pasar nada malo. Lo prometo.
Enterré la cara en su hombro, sin importarme para nada su sudor. Para mí Edward olía bien. Le murmuró algo a su padre mientras me acariciaba la espalda.
—Bien. Tráela adentro.
Entramos a la sala, e inmediatamente note todas las cosas de bebé. Había un corralito, un tapete, y uno de esos artilugios donde podías poner al niño para que caminara sin lastimarse a sí mismo, un columpio… era el paraíso de bebés aquí.
Edward me guío hasta un acolchado sofá gris, y me senté mientras su padre se disculpaba para ir por su maletín de doctor.
—Mi papá llamará al tuyo y le pedirá permiso para atenderte.
Pobre papá. Se iba a alterar a saber que estaba herida. Recordaba lo aterrado que estuvo cuando Rose se hizo un esguince en el tobillo durante un accidente de trineo en Acción de Gracias. Ellos se habían ido a emergencias mientras yo felizmente me quedaba en casa con Alice. No había puesto un pie en un hospital desde que mamá murió, y planeaba mantener esa racha esta noche, muchas gracias.
—Bien. Sólo no lo dejes llevarme al hospital.
Edward suspiró mientras se ponía en cuclillas frente a mí.
—¿Y si tu muñeca está rota?
Moví mi hombro derecho para encogerme, ya que usar el izquierdo probablemente me mataría.
—Tal vez pueda acomodarla con uno de esos aros de plástico que están ahí —sugirió Edward, señalando hacia los juguetes de bebé y, sí, haciéndome reír a pesar de todo.
—El rojo es mi color —repliqué mientras Edward sacudía la cabeza y me sonreía.
—¿Qué voy a hacer contigo?
Pues, ahora esa era una muy buena pregunta.
—Puedo pensar en varias cosas.
Esos preciosos ojos verdes suyos se calentaron.
—Bella…
—¿Qué? —intenté mantener mi voz inocente, pero ambos sabíamos a lo que me refería. Me alegraba tener a Edward como distracción. El dolor seguía muy ahí, pero era más fácil soportarlo cuando el chico más apuesto del mundo estaba frente a mí.
—No comiences algo que ni siquiera podemos empezar a terminar esta noche.
Comencé a responderle algo sobre él convirtiéndose en mi atento enfermero, pero su papá regresó vestido con unos jeans y una camiseta, algo bueno. Una bata me distraería mucho. Me tensé cuando vi el maletín negro, Edward se movió a un lado y se sentó a mi derecha, tomando mi mano sana en la suya.
El doctor Cullen se sentó en mi otro lado, poniendo el maletín en el piso junto a él, fuera de mi línea de visión, lo que era bueno.
—Llamé a tu padre y conseguí el permiso para tratarte. Tuve que convencerlo rápido para evitar que se subiera a su patrulla con las luces encendidas.
Solté un gemido. Lo sabía.
—A pesar de eso, creo que probablemente viene en camino.
Era muy cierto.
—Lamento eso.
—No es problema en absoluto. Me alegra que vinieras conmigo. —Aunque me estaba viendo, todos sabíamos que esas palabras eran para su hijo.
—Bien, Bella. Voy a revisar tu muñeca ahora. Seré gentil, lo prometo.
Asentí y enterré la cara en el cuello de Edward mientras el doctor Cullen tomaba gentilmente mi brazo en sus manos. Ahogue una inhalación ante el toque de sus dedos en mi muñeca.
—Pues, a pesar de que no tengo una radiografía para confirmarlo, sí tienes una ruptura aquí.
Mierda. Dejando las bromas de lado, sabía que no iba a convencerlo de que me pusiera el aro rojo de plástico para bebés.
—Te daré algo que te ayude con el dolor luego de llamar otra vez a tu papá para ponerlo al corriente.
El doctor Cullen se fue, y mantuve la cara enterrada en el cuello de Edward. Olía a sudor y pasto, y en cierta forma era reconfortante. Edward soltó mi mano derecha y pasó su brazo a mí alrededor, sobándome la espalda.
—Vas a estar bien, lo prometo. Mi papá ha curado su justa cantidad de huesos rotos, incluyendo unos cuantos míos —me aseguró Edward.
—¿Sí? —pregunté, inclinándome hacia atrás para poder ver su cara—. ¿Cómo qué?
Sonrió.
—Me he roto dos veces el brazo izquierdo. Una cuando tenía cinco años y me caí de un árbol. La otra creo que tenía alrededor de siete años.
—Ocho —dijo su papá, regresando a la habitación—. Se deslizó en segunda base de cara. Casi se me detuvo el corazón cuando gritó y comenzó a aferrase a su brazo.
Aww. Apuesto a que se veía lindo en su pequeño uniforme de béisbol.
—¿Gritaste? Yo no grité.
Edward se rio entre dientes y tiró de mi cabello.
—Tenía ocho años. Todavía no era un joven varonil.
—Bella, necesito que te tomes esto para mí. —El doctor Cullen me extendió una pastilla y algo de agua—. Te ayudará a relajarte.
Sería bueno relajarme. Supuse que habría hablado con mi papá y también habría conseguido permiso para esto, así que me enderecé y tomé la pastilla.
—¿Esto ayudará con el dolor?
—Algo —dijo, sentándose—. Desafortunadamente, no hay mucho que podamos dar para huesos rotos. Puedes tomar cualquier medicamento para el dolor que te vendan sin receta.
Eso tenía sentido. Teníamos suficiente Motrin y Aleve en la casa, gracias al SPM.
—Tu papá viene en camino.
Mierda. Eso sólo podía significar…
—Me van a llevar al hospital, ¿cierto? —podía sentir que mi corazón comenzaba a acelerarse.
—Sólo relájate, Bella. Nadie te llevará a ningún lado por ahora. Vamos a dejar que la pastilla haga efecto, y entonces te vendaré la muñeca.
Bien. Podía lidiar con eso. Edward siguió sobando mi espalda mientras yo me recargaba, dejando que su papá rodeará mi muñeca gentilmente con una venda. Esto podría funcionar. No necesitaba un yeso como tal. Ya me estaba sintiendo mejor. Ya estaba… vaya. ¿La habitación estaba girando, o era sólo yo?
—¿Qué le diste? —exigió Edward cuando me dejé caer en sus brazos.
—Es un sedante ligero. Charlie me dio permiso. Dijo que tiene completo terror a cualquier cosa que tenga que ver con hospitales, y lo siento, hijo, pero tenemos que llevarla para acomodarle el hueso. De esta forma, no tendrá miedo.
Miedo, medio. El dolor ya no estaba. Estaba lista para irme a casa.
—¿Puedes llevarme a la cama? —pregunté a Edward.
Él tosió mientras su papá reía.
—Es algo bueno que haya preguntado eso antes de que llegara su papá.
—Sí.
—¿Te estás cuidando? —preguntó su papá.
Edward era muy cuidadoso. Era tan amable y gentil, excepto a veces cuando me besaba y me ponía caliente.
—¡Bella! ¡Me estás matando! Por favor, deja de hablar.
¿Estaba hablando? Estaba segura de que no. Me sentía bien y sentía que volaba, como me sentía la vez que él…
—Papá, dale algo más que la deje inconsciente antes de que Charlie llegué aquí. Él tiene una pistola.
El doctor Cullen se estaba riendo, y Edward sonaba muy divertido.
—¿Qué pasa? —le pregunté. Mi lengua se sentía rara, como gorda y pesada.
—Estás drogada. Debiste haberle dado la mitad de la dosis.
—Eso parece —respondió el doctor Cullen—. Al menos irá sin quejarse.
Yo nunca me quejaba. ¿De qué estaban hablando?
—Carlisle, qué… ¡Oh! Hola, Edward. —Una nueva voz entró en la habitación. ¿Quién era? Hombre, tendría que abrir los ojos para descubrirlo. Eso no estaba bien. Pero entonces al menos podría ver la linda cara de Edward.
—Mi cara no es linda.
Oops. Abrí los ojos y vi esa linda cara frunciéndome el ceño.
—Pues no justo ahora. —Estiré mi mano buena e intenté subir sus labios—. Sonríe.
Un sonido suave me hizo apartar la vista de la linda cara ceñuda, y ahí estaba una bonita castaña sosteniendo un bebé. ¡Oh! Era su madrastra y su hermano.
—¡Bebé! —estiré los brazos, pero el bebé no vino a mí. Qué grosero.
—Esme. Esta es la novia de Edward, Bella. Se lastimó la muñeca, y le di algo para que no sintiera dolor.
—Me siento bien —le aseguré, intentando enderezarme. Edward me ayudó y le lancé una sonrisa—. Gracias. Puedo cargar al bebé, sabes. Solía cargar a Alice todo el tiempo.
Esme sonrió al acercarse.
—Estoy segura que sí, pero tal vez esperaremos hasta que ya no te duela la muñeca. —Se detuvo frente a mí, mirando a Edward—. Este es Alexander. Lo llamamos Alex.
—Aww. Es lindo. —Al menos yo pensaba que era lindo. Se veía algo borroso. Probablemente porque se acababa de despertar—. ¡Shh! No insultes al bebé. Es tu hermano.
—Lo sé. Yo no lo insulté. Tú dijiste que se veía borroso.
Oh. Ya no sonaba divertido. Emociones. Eran difíciles. Yo iba a ayudar. Era mi trabajo como la novia. Y ni siquiera por un contrato o algo así.
—¿De qué está hablando? —preguntó Esme.
Edward suspiró.
—De nada. Está dándole voz a cada uno de sus pensamientos por la pastilla que le dio mi papá.
—Lo siento. Dejaré de pensar. —¿Eso era posible? Los pensamientos siempre estaban ahí. Incluso ahora estaba pensando. El bebé era realmente lindo.
—Gracias. A nosotros también nos gusta —me dijo Esme, y el bebé balbuceó para mostrar que estaba de acuerdo.
—Deberíamos cuidarlo por ustedes alguna vez. Soy buena niñera. Y entonces Edward podrá conocer a su hermano. Sé que es raro y esas cosas, pero los hermanos deberían amarse y estar juntos. Mi Rose está al ooooootro lado del mundo y la extraño mucho. Vamos a llamarla. ¿Puedo llamarla? Edward, dame mi teléfono. Está en mi bolsillo. Tienes permitido tocarme ahí. En todas partes, de hecho.
—Oh, Dios. Por favor, deja de hablar. Te lo ruego. Haré lo que sea si dejas de hablar, especialmente cuando llegue tu papá.
Su papá y su madrastra se estaban carcajeando por alguna razón. Edward se tiraba del cabello y se veía como si estuviera herido. ¿Estaba herido?
—No estoy herido ahora, pero lo estaré si dices ciertas cosas frente a tu papá.
Cierto. Bien. Podía hacerlo. Especialmente ya que prometió que haría cualquier cosa. Tenía muchas ideas para cualquier cosa.
—¡Bella!
Oops. Podía hacerlo. Podía estarme callada. Pero primero…
—¿Cuidarás a tu hermano conmigo y te darás el tiempo de conocerlo?
Edward asintió.
—Sí. Lo juro.
—Cárgalo ahora —exigí. Esto era genial. Tenía poder. Él debía hacer lo que yo dijera.
—No olvidaré esto —me dijo Edward.
—¡Por supuesto que no! Es la primera vez que cargarás a tu hermanito bebé. ¡Hazlo! Ya que yo no puedo.
La madrastra sonrió mientras le entregaba el bebé a Edward. Lo tomó en sus brazos, y el bebé balbuceó y agitó su brazo, pegándole a Edward en la barbilla. Era tan lindo.
—Se parece mucho a ti cuando eras pequeño —dijo el papá de Edward, su voz sonaba apagada por alguna razón. Oh, probablemente por el bebé.
Alex era muy lindo, y sí se parecía a Edward. Su cabello era más claro y sus ojos eran azules, pero esa justo ahí era la cara bonita de Edward.
Edward suspiró junto a mí.
—No soy bonito. Soy apuesto. Y Alex tiene una cara bonita porque es un bebé.
—Tan bonito. —Toqué la mejilla de Edward y luego pasé un dedo por la del bebé—. Toma una foto. ¿Dónde está mi celular?
—Yo tengo la foto —dijo el papá de Edward.
—Bien, bien. —Ya podía descansar. Edward estaba pasando tiempo de calidad con su hermano. Ese era el objetivo.
—¿Qué objetivo?
No sabía. Cerré los ojos y recargué la cabeza en su hombro. Esto era bueno. Lo amaba.
—También te amo, nena. Duerme.
Buena idea.
Sospechábamos de Tania, pero al parecer no fue ella. ¿Qué les pareció esta versión ligeramente drogada de Bella?
Espero que hayan disfrutado del capi, gracias por todo su apoyo siempre 😉
