DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Bueno chicas, la cuenta se nos terminó. Éste es el penúltimo capítulo y sólo nos resta el final. Me pongo melancólica y emocional. Gracias por el enorme apoyo a mi traducción, y por disfrutar tanto ésta hermosa historia. ¡Nos leemos pronto!
Nota Autora: ¡Estamos llegando al final mis amores! Un capítulo más después de éste.
Gracias a todos por sus fabulosos comentarios y apoyo. Además, ¡llegué a las semifinales en los Enchanted Awards!
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La Forma Correcta de Actuar
Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8
Capítulo 35
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No podía sentir nada.
Había un agujero en su interior, y cada minuto otra pieza de su ser caía hacia el abismo, esperando tragarla por completo.
Había cavado su propia tumba y se había conformado con recostarse en ella.
A las seis de la mañana, Ginny llamó suavemente a su puerta, después la abrió.
—Vi tu bolso en el pasillo, —dijo. Hermione mantuvo los ojos en el techo—. Pensé que te quedarías a pasar la noche.
—Yo también.
Escuchó el repiqueteo de los pies de Ginny en el piso. Ella se subió a la cama a su lado.
—¿Qué te hizo?
Ginny estaba de lado, mirándola de frente, con la cabeza apoyada en el brazo.
—Nada. Se enteró de los recuerdos.
Ginny se quedó inmóvil a su lado. Hermione mantuvo sus ojos en el techo sin pestañear. Estaban secos y cansados.
—Oh.
—Y luego me pidió que me fuera.
—Oh.
Hermione tragó saliva. —Sabes; en Hogwarts, cada vez que Harry, Ron y yo hacíamos algo peligroso o contra las reglas, planeaba una historia en caso de que nos descubrieran. Siempre estaba preparada para hablar con McGonagall o con Dumbledore. Lista para darles una excusa. —Hermione se giró para mirar a Ginny, sus ojos azules ya estaban sobre ella—. Nunca pensé que él se enteraría. Nunca lo consideré. Así que, no tenía nada.
Ginny asintió.
—Entonces, ¿qué le dijiste?
—"¿Lo siento?" —Hermione se rió entre dientes tristemente. Se encogió de hombros contra las almohadas y volteó hacia el techo con una sonrisa despectiva—. Le dije que quería conocerlo mejor.
—¿Él sabe que lo amas?
Las mejillas de Hermione se sonrojaron y se mordió el labio. —No. Cada vez que tengo la oportunidad de decirle, cada vez que me pregunta por qué he hecho algo por él... le digo que era la forma correcta de actuar.
—Lo que es básicamente un sinónimo para ti, —dijo Ginny. Hermione la miró de nuevo y ella le dedicó una sonrisa triste—. ¿Esto significa que terminaron?
—Nosotros... no estábamos juntos en realidad ¿o sí? —Hermione apretó los labios. Ginny suspiró—. No teníamos citas ni hicimos publica nuestra relación.
—Pero eso es lo que quieres, ¿no? —Los ojos de Ginny la miraban. Hermione asintió—. ¿Y él sabe que eso es lo que quieres?
Hermione sintió que sus cejas se unían. —Yo... sinceramente sólo he estado tomando lo que podía conseguir de él. —Sacudió su cabeza.
—Entonces, tal vez es hora de que establezcas las reglas. —Ginny estaba arqueando una ceja. Le recordaba mucho a Fred cuando lo hacía.
—No creo que él quiera tener nada más que ver conmigo, —dijo—. Mucho menos, hacer pública la relación ante su personal, ya que todos tuvieron que firmar esa cosa del "Contrato de Amor".
Sintió que Ginny se levantó de la cama. —Nunca lo sabrás hasta que lo pidas.
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Transitó a rastras por el domingo. Fue a clase con Madame Bernard. Fue a Cornerstone. Ni un solo Malfoy a la vista.
Se fue a casa. Ginny le había pedido a Harry que viniera a cocinar, por lo que Hermione intentó ser sociable durante un par de horas antes de retirarse a la cama, encontrando agotador fingir que todo estaba bien mientras ignoraba la forma encantadora en que ambos interactuaban. Sin miedo a estar juntos. Enamorados.
Se sintió somnolienta el lunes de camino al trabajo. Draco no la recibió con su café. Tampoco había esperado que lo hiciera.
Era el primer día de Walter después de una semana en el Santuario de Snidgets en Somerset, y se reunieron para repasar sus notas y cifras antes de que Hermione se dirigiera a la sala de conferencias para la reunión del personal ejecutivo de las 9 a.m.
Draco ya estaba en la sala de conferencias cuando entró, de pie en la cabecera de la mesa, hojeando unos documentos. Wentworth y Blaise estaban sentados, conversando sobre algo. Draco levantó la vista cuando ella cruzó la puerta y luego miró hacia otro lado.
Como si ella no fuera nada para él.
Hermione sacó la silla y se sentó. Hojeó sus notas e ignoró las manos que movían documentos a sólo centímetros de ella.
Necesitaba hablar con él en privado, pero necesitaría disuadirlo. No podía imaginarlo accediendo a una reunión con ella hoy.
—Buenos días, Granger. —La voz de Blaise canturreó al otro lado de la mesa.
Ella levantó la vista y él estaba sonriéndole. —Buenos días.
—¿Qué tal tu fin de semana?
—Hum... —Hermione se miró las manos—. No muy bien.
Blaise la miró y Draco continuó moviendo sus manos.
La reunión comenzó unos minutos después. Su voz era la de siempre. Sus gestos eran los de siempre. Como si nada lo molestara. Y tal vez nada lo hacía. Tal vez ya se había resignado a que así serían las cosas.
Cuando llegó el momento de dar un informe sobre el estatus de su Departamento, Hermione se puso de pie. Leyó sus notas. Miró alrededor de la habitación. Habló elocuentemente. Se sentó.
Draco le dio las gracias. Luego se trasladaron a Wentworth. Hermione escuchó.
Al levantar la vista una vez, encontró a Blaise observándola, con una curiosa expresión en el rostro.
Cuando terminó la reunión, ella regresó a su oficina. Intentó organizar sus pensamientos.
Qué razón tan excelente para crear un Contrato de Amor. Para problemas de acoso sexual, por supuesto; pero era aún mejor para cuando las cosas terminaban.
Un golpe en el marco de la puerta, y Blaise estaba entrando, cerrando la puerta a su espalda. Hermione lo contempló mientras él se mantenía de pie en la puerta.
—Así que ustedes dos rompieron ¿eh?
Sintió una punzada de pánico, seguida de un escalofrío de tristeza.
—No sé de qué estás hablando. —Su voz era ecuánime. Hermione se volvió hacia su escritorio.
—Sí, lo que tu digas, Granger, —dijo Blaise, rodando los ojos. Ella lo escuchó marcharse. Y finalmente se relajó.
Después tuvo una reunión de tres horas con Draco y Waterstone. Unas muy dolorosas tres horas. Draco no la miró. No la ignoró por completo, todavía le hacía preguntas o asentía cuando estaba de acuerdo; pero para Hermione, era dolorosamente obvio que no quería tener nada que ver con ella. Parecía que había pasado el resto del fin de semana reconstruyendo su muro. Era impenetrable.
Deseaba que Draco las dejara trabajar solas a Waterstone y a ella, pero al parecer un poco de microgestión era de esperarse. El juicio de los Hombre Lobo comenzaría el lunes, estaba a tan solo una semana de distancia. Y era el primer gran proyecto de su Departamento. Draco quería asegurarse de que todo saliera bien.
El martes por la mañana, cuando Walter trajo su correspondencia, las manos de Hermione se quedaron inmóviles alrededor de una carta con una dirección familiar. Una Universidad en California.
La tan esperada respuesta de Noelle Ogden.
Hermione se frotó la frente. Éste era... definitivamente un momento inadecuado. Draco le había pedido expresamente que no le escribiera a Noelle. Y ella había ignorado sus deseos y lo había hecho.
Porque ella quería conocerlo mejor. Justo igual que con los recuerdos.
A Hermione le llevó todo el día decidir qué haría con la carta. No abrir una carta dirigida a ella podía hacerle perder oportunidades, amistades cuajadas como crema olvidada. Pero abrirla podía resultar en descubrimientos mucho peores.
Cuando quedaba una hora para terminar el trabajo, Hermione se dirigió hacia la oficina en la esquina trasera. Su puerta estaba entreabierta, así que entró y la cerró detrás de ella.
Él la miró, frunció el ceño y volvió a mirar sus papeles.
—Si esto no está relacionado con el trabajo, voy a tener que pedirte que te vayas.
Hermione apretó los labios, intentando evitar que cualquier comentario desagradable saliera de ellos. Arrojó la carta de California sin abrir sobre su escritorio. Draco la miró fijamente, tratando de descifrar su significado.
—Le escribí a Noelle después de que me pidieras no hacerlo. Ella acaba de contestarme. —Hermione vio cómo los ojos de Draco se desplazaron hacia ella, fríos y duros como acero—. Quería dejarlo claro y darte la oportunidad de decidir si puedo abrirla o no.
Él la miró fijamente, sacó su varita y apuntó la carta con ella, prendiéndole fuego.
Hermione parpadeó mientras el papel se arrugaba y crujía.
Bien entonces… Eso lo respondía.
Draco volvió su atención a los documentos, y Hermione lo sintió como despedida. Respiró hondo, aceptó su castigo, y se dirigió hacia la puerta.
—Ella malinterpretó la situación. Nada en esa carta habría sido verídico, de todos modos.
Hermione se giró. Draco todavía estaba concentrado en lo que estaba leyendo. —¿Qué situación?
Él la miró. —Aquella noche. Con Marcus Flint. —Su mandíbula se apretó. Ella se quedó quieta cerca de la puerta—. Después de que te fuiste con O'Connor, no manejé las cosas muy bien allí adentro.
Hermione intentó pensar en la forma en que Noelle lo habría visto. Draco y Marcus peleándose a puñetazos en medio de un bar. Hermione pensó en la forma en que la amiga de Aiden se lo había contado a él.
¡Supongo que justo después de que nos fuimos, Malfoy volvió a entrar y comenzó a reñir con Flint! ¿Creo que estaba coqueteando con Noelle o algo así?
Ella asintió al suelo. —¿Y no lo aclaraste para ella? ¿No le contaste lo que realmente pasó?
—Ella no era mi prioridad en ese momento. Algo que después le dejé muy claro. —Draco hizo una mueca—. Y no sabía cuánto de lo que había pasado querías que fuera del dominio público.
Hermione se mordió el labio, pensando que tampoco había querido que Draco y ella fueran arrastrados por la prensa si ella asistía a la Oficina de Aurores a acusar a Flint.
—Le dijo a su padre que yo era descarado e inestable. Que no era alguien con quien debería invertir. —Draco golpeó su pluma contra el pergamino frente a él.
—Eso podría haberse aclarado fácilmente, Draco. Yo con mucho gusto le hubiera escrito a Noelle o a su padre. —Ella deseaba dar un paso hacia él, pero se contuvo.
—El daño ya estaba hecho. No quería que te involucraras más de lo que ya estabas.
Intentó pensar en cualquier otra cosa que quisiera decir sobre el asunto. Asintió y se giró hacia la puerta.
—¿Algún otro secreto traicionero que hayas estado guardándome de Granger? —Volteó hacia él y sus ojos estaban fríos de nuevo—. Hoy es martes. Estoy empezando a preguntarme si una décima parte de la herencia será transferirá a mis cuentas hoy a las 9 p.m.
Hermione levantó una ceja y tomó la manija. —Es muy probable que así sea. —Y salió por la puerta.
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El jueves era el día de publicidad para la campaña de Snidgets Dorados. Hermione hizo que el Profeta y el Quisquilloso asistieran a escribir un artículo sobre el proyecto; y Ginny, Harry, Rolf Scamander y Viktor Krum serían entrevistados y fotografiados como parte de la campaña "Salva a los Snidgets" que se promocionaría en revistas y periódicos.
Sentía que todos sus proyectos en realidad estaban avanzando, todos en la misma semana. Hoy realizarían la campaña para los Snidgets Dorados, que se imprimiría el domingo, y el juicio de los Hombres Lobo en el Wizengamot estaba programado para iniciar el lunes. Había tenido una semana increíblemente ocupada. Lo cual había sido excelente, ya que eso la ayudó a no concentrarse en lo horriblemente mal que se sentía.
Ayer había sido tan tenso como el lunes y el martes. Tuvo que preparar al personal para la campaña de Snidgets, de modo que si Rita comenzaba a indagar en lugares extraños, encontraría un equipo unido. Ella y Walter se dirigieron a todos el miércoles por la tarde, dándoles información básica y puntos de conversación. Draco estaba de pie en la puerta de su oficina, con los brazos cruzados, el hombro apoyado en el marco y los ojos apartados de ella. Finalmente desapareció dentro de su oficina, cerrando la puerta tras él.
Un tintineo de los ascensores y un par de tacones que se dirigían a su oficina la trajeron de vuelta al presente.
—¡Querida!
Hermione levantó la vista y Pansy Parkinson, bronceada y gloriosa, entraba a la habitación cargada con bolsas y cajas de compras.
—¡Cómo te he extrañado!
Hermione parpadeó. —¿A mí?
—¡Sí, a ti! ¡Mi modelo! ¡Mi musa! —Pansy comenzó a deshacerse de las bolsas colocándolas en una silla y empujó las cajas sobre el escritorio de Hermione, casi volcando su tintero. —Encontré muchas cosas excelentes para ti mientras estuve en Italia.
Mientras se apresuraba a guardar la documentación que estaba siendo barrida de su escritorio, Hermione dijo, —¿Lo pasaste bien?
—¡De lo mejor! Te lo contaré todo, pero preparémonos para la sesión publicitaria de hoy, ¿de acuerdo?
Pansy conjuró un perchero, y la ropa comenzó a salir de las bolsas y cajas, aterrizando perfectamente sobre las perchas.
Cuando Pansy la empujó detrás de una cortina cambiador con un brazo lleno de vestidos a probarse, Hermione se dio cuenta de que no había visto a Pansy Parkinson desde antes de la Gala del Día de San Valentín. ¿Habían pasado sólo tres semanas?
Hermione miró las telas en sus brazos. ¿Acaso ella y Draco sólo habían estado juntos tres semanas antes de colapsar?
Rita Skeeter llegó a las 11 de la mañana, adelantándose una hora a su invitación. Mientras Daphne y Tracey comenzaban a maquillarla, escuchó a Skeeter hablando por adelantado con Draco, preguntándole sobre el juicio de los Hombres Lobo la semana entrante, las operaciones en la oficina, sus ideas sobre la campaña de Snidgets Dorados. La voz de Rita hacía eco en toda la oficina, y el rasgueo de su vuelapuma comenzó a chirriar en sus oídos, pero Draco mantuvo el tono de su voz grave y ecuánime. Ella sólo podía captar una o dos palabras de sus respuestas.
—Y, Draco querido, ¿cómo va tu vida amorosa? ¿Tienes a alguien especial en este momento? —La tonadita de Rita se deslizó por la puerta de la oficina de Hermione. Ella tragó saliva, esforzándose por escuchar la respuesta de Draco. Escuchó el retumbar de su voz, un silbido de palabras y un ruido de consonantes, pero no pudo descifrar lo que había dicho.
Skeeter se echó a reír. Un sonido agudo que podría haber roto cristales y que hizo que un ojo de Hermione se crispara.
—¿Estás lista?
Hermione levantó la vista y Daphne estaba sobre su rostro con un lápiz labial. Ella levantó una ceja experta hacia Hermione, que notó en ese momento que había estado mordiéndose el labio. Ella lo soltó y asintió.
Daphne miró a Tracey, domando rizos, por encima del hombro de Hermione, y sonrió antes de abalanzarse encima con el lápiz labial.
Un momento después, Pansy la estaba enfundando en un vestido morado con botones frontales, y de pronto ya estaba saludando a Skeeter en recepción. Draco se excusó y Skeeter comenzó su ataque de preguntas sobre Hermione. Bozo estaba en la sala de conferencias, preparando telones de fondo y despejando el espacio para las fotografías.
Las puertas del ascensor se abrieron a su espalda justo cuando Skeeter comenzó a interrogarla sobre su vida personal, y Hermione volteó para ver a Luna Lovegood de pie dentro del ascensor, con los ojos soñadores y muy abiertos.
—¡Luna! —Hermione sonrió—. ¿Vienes representando al Quisquilloso?
—Hola Hermione —Luna salió del ascensor y dejó que Hermione la abrazara con fuerza—. Mi padre sufrió un terrible caso de gripe Norflax, así que me ofrecí. Me alegra poder pasar un rato contigo.
—¿Gripe Norflax? —se mofó Rita Skeeter.
—Sí, es un resfriado terrible causado por el contacto con un Flaxson Noruego. Son nativos de Escandinavia. —Luna levantó una mano para jugar con sus pendientes.
—Oh. ¿Tu padre ha estado recientemente en Escandinavia? —Preguntó Hermione.
—No —sonrió Luna, como si estuviera lista para responder la siguiente pregunta.
Hermione abrió la boca, luego la cerró y asintió, y llevó a Luna y Rita a la sala de conferencias.
Una vez que Harry y Ginny llegaron, Hermione se sintió mucho más tranquila, concentrada en la actual tarea. Ginny se vistió con su uniforme de las Holyhead Harpies, y mientras Skeeter le rogaba a Harry que se pusiera su viejo uniforme de Quidditch de Gryffindor "por los viejos tiempos" –batiendo las pestañas-, Harry se las arregló para declinar.
Llegó Rolf Scamander, luciendo muy fuera de lugar, y Hermione lo abrazó.
—No soy un jugador de Quidditch, Hermione, —dijo, con los ojos revoloteando nerviosamente por la habitación—. Sólo soy el nieto de alguien.
—Y eso es todo lo que te pido que seas. —Hermione le sonrió y él desapareció dentro de la sala de conferencias.
Las puertas del ascensor se abrieron y Viktor Krum apareció como si acabara de salir de otra sesión fotográfica. Algunos de los empleados que lo conocieron la semana pasada agitaron la mano y saltaron encima suyo para saludarlo. Él volteó a ver a Hermione y se dirigió directamente hacia ella, sonriendo e inclinándose para besar de nuevo cada una de sus mejillas.
Y ese fue el momento perfecto para que Draco saliera de su oficina y reapareciera para las entrevistas. Hermione lo miró y él volteó hacia otro lado, dirigiéndose hacia Krum para estrecharle la mano.
—Gracias por estar aquí, Krum. —El rostro de Draco estaba tenso y desapareció dentro de la sala de conferencias antes de que Viktor pudiera responder.
Viktor le hizo un gesto a Hermione para que entrara primero, y ella ingresó a la locura del día de publicidad.
Bozo había quitado la mesa y preparado algunos fondos: un campo de Quidditch para los jugadores de Quidditch y un muro de piedra para Harry y Rolf. Rita estaba pegada como mosca a Harry, desviviéndose por cada comentario que hacía respecto a la planeación de su boda, y Rolf estaba hablando con Luna, luciendo mucho más cómodo de lo que había estado antes. Hermione sonrió mientras los miraba.
—Disculpen, todos, —gritó, y la habitación se silenció—. Muchas gracias a todos por estar aquí. Les explicaré cómo trabajaremos el día de hoy. El fotógrafo hará algunas tomas de cada uno de ustedes para su publicidad. Éstas fotografías se publicarán en revistas, periódicos y volantes, con nuestro eslogan "Salva a los Snidgets". Después, Luna y Rita les quitarán un poco de su tiempo en una entrevista para sus publicaciones. Harry tiene el tiempo limitado porque debe regresar al Ministerio, así que le pediremos a Bozo que comience con él. —Ella miró a su alrededor—. Y tal vez Rolf puede iniciar con Luna y Rita.
Rita no parecía muy impresionada. Pansy, Daphne y Tracey estaban listas para preparar a los que serían fotografiados, y todos los demás simplemente deambularon por la sala de conferencias, esperando su turno. Hermione encontró a Viktor pegado a su codo más veces de las que podía contar, así que intentaba enfrascarse en una conversación con cualquier persona.
Con cualquier persona excepto Draco, por supuesto.
Rita había terminado muy pronto con Rolf, y esperaba ansiosamente que Harry Potter arribara a su silla de entrevistas, pero Hermione notó que Luna continuaba haciéndole preguntas sobre sus proyectos actuales y la relación de su abuelo con los Snidgets Dorados.
A medida que el grupo avanzaba y Harry se marchaba, Ginny se quedó, curioseando alrededor.
—Esto va bien, Hermione.
—Gracias, Gin.
—Pero no has interactuado con él en lo absoluto, —dijo Ginny.
—Sí, —suspiró—. Lo sé.
Draco y Pansy estaban charlando en una esquina. Ella estaba sonriendo y susurrando algo sobre la sesión de fotos de Viktor Krum. Él estaba frunciendo el ceño.
Cuando Krum terminó, Bozo terminó con los invitados. Era hora de fotografiar a Hermione y Draco mientras Krum se trasladaba a la silla de entrevistas. Ginny se despidió y Draco se colocó frente al fondo de piedra. Pansy revoloteó hacia Hermione y comenzó a fastidiarla con el vestido y el cabello.
Hermione también tuvo su sesión de fotos, haciendo todo lo posible para lucir como alguien que deseaba salvar una especie, como fuera que eso se viese. Cuando terminó, Krum aún estaba siendo entrevistado.
—¿Qué tal una de ustedes dos? —Bozo hizo un gesto con su cámara, como si fuera una extensión de su brazo. Hermione siguió la dirección de la lente para descubrir que los señalaba a Draco y a ella.
—¡Oooh sí! —Pansy aplaudió—. ¡La pareja que armó todo esto!
—No, eso no es necesario, —comenzó Hermione, pero Pansy ya estaba arrastrando a Draco de vuelta al fondo de piedra.
Se pararon ahí, separados. Hombro con hombro. La bombilla destelló. Pansy frunció el ceño.
—Está bien, —se rió—. ¿Un poco más relajados?
Hermione intentó colocando su mano sobre la cadera, inclinando su cabeza. Golpeó el costado de Draco y se alejaron el uno del otro.
Pansy parecía horrorizada. Se acercó y colocó a Draco detrás de ella. Mantuvo la mano de Hermione sobre su cadera e hizo que Draco colocara una mano sobre su otra cadera. Hermione podía sentirlo cálido contra su espalda. Draco se llevó la otra mano al bolsillo.
La bombilla destelló un par de veces más.
—Ahora ésta vez, ¿cómo si les importara? —intentó Pansy.
Hermione recompuso su rostro, ignorando la mano tocándola sutilmente en la cadera, justo donde a él le encantaba tocarla.
Se separaron el uno del otro una vez que Bozo se los permitió. Viktor había terminado, así que Hermione se despidió de él mientras la sala los observaba. Ella se puso muy rígida cuando él intentó despedirse besándola nuevamente en las mejillas, y le preguntó si podrían reunirse pronto.
Ella sonrió e intentó actuar con naturalidad mientras los ojos de Rita Skeeter los perforaban.
Después de que Hermione y Draco terminaron sus entrevistas, Pansy y Hermione regresaron a su oficina, pasando frente a Daphne y Blaise que charlaban en una esquina. Se alejaron el uno del otro mientras Pansy y Hermione se aproximaban.
Hermione no tenía la capacidad cerebral para esa revelación. Estaba frita.
Una vez dentro de la oficina, Pansy la ayudó a quitarse el vestido y sugirió que se probara los atuendos para el juicio del lunes. Le entregó un vestido azul marino para probarse detrás de la cortina cambiadora. Cuando Hermione se lo pasó por la cabeza, escuchó la voz de Pansy hablándole.
—Entonces, ¿qué me perdí mientras estaba en Italia?
Las manos de Hermione se congelaron. Bueno, pues bastante.
—Hum, nada en realidad. —Hermione permaneció detrás de la cortina más tiempo del necesario.
—Ah-jaaa —murmuró Pansy—. ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos ustedes dos antes de que Draco lo jodiera todo?
Hermione cerró los ojos. Debería habérselo pensado mejor antes de intentar engañar a Pansy Parkinson. Salió de atrás de la cortina, y Pansy estaba doblando ropa, mirándola con una sonrisa.
—Hum... apenas tres semanas. Y él no jodió las cosas. Fui yo. —Se puso los zapatos que Pansy le tendía.
Pansy se rió. —No lo creo. —Pansy se acercó a ella y comenzó a tirar de las mangas y a jalar la tela alrededor de sus costillas—. Dudo mucho que cualquier cosa que seas capaz de hacer pueda causar algún tipo de daño, Granger.
Hermione dejó que su mirada se perdiera en la pared. —Irrumpí en el Ministerio y vi los recuerdos que le dio al Wizengamot.
Sintió que Pansy se detenía. —Wow, Granger. Wow.
Hermione la miró y encontró a Pansy sonriendo. Tragó saliva.
Pansy se arrodilló a su lado y comenzó a ajustar el dobladillo. —Estarán bien. Sólo necesitas darle un poco de espacio.
Hermione quería creerle, era la ex de Draco, pero no podía. —No lo sé. No viste su rostro. Lo traicionado que se sintió. Creo... creo que realmente lo arruiné.
Pansy guardó silencio mientras sus dedos trabajaban. Hermione la miró y ella estaba sonriendo.
—¿Qué? —Preguntó Hermione.
Pansy respiró hondo y se mordió el labio. Hermione esperó cuatro respiraciones más antes de que ella finalmente hablara.
—¿Recuerdas cómo solías atraparnos besándonos en los pasillos, Granger?
Hermione de pronto se sintió muy incómoda. —Hum... sí.
Pansy sacó un alfiler de entre sus dientes. —Me tomó mucho tiempo, más de lo que me gustaría admitir, darme cuenta que sólo se reunía conmigo los jueves y sábados por la noche. Y me tomó más tiempo aún entender que sólo elegía lugares a lo largo de tu ruta de patrullaje como Prefecta.
Pansy le sonrió. Y volteó el dobladillo para coserlo a mano.
Hermione estaba congelada. Su corazón latía fuerte y rápido mientras bajaba la vista hacia esa chica en pánico.
Pansy volvió su atención al vestido. —No lo supe hasta Sexto año, cuando me susurró tu nombre, —dijo ella, frunciendo los labios con tristeza—. E incluso entonces intenté ignorarlo un par de meses.
Hermione tragó saliva. Sus ojos estaban húmedos.
—Él ha esperado mucho tiempo por ti, Granger, —dijo Pansy—. Sólo dale un poco más de tiempo. —Ella se encogió de hombros y se levantó—. Déjalo hacer su berrinche. Y cuando termine de lloriquear, recordará por qué ha luchado tan duro por ti.
Hermione la miró y todo lo que pudo decir fue —Lo siento, Pansy.
—No es tu culpa. —Pansy se reacomodó el cabello—. Tengo un gusto terrible para los hombres. —Sus ojos se abrieron alegremente—. ¿Sabías que Theo Nott es gay?
—¿Qué?
—¡Sí!
—¡No!
—¡Sí!
—Él es tan guapo.
—Lo sé. Lo intenté. Lo volví gay.
Hermione se echó a reír, y Pansy se arregló un mechón suelto que retorció.
Pansy y Hermione pasaron otra hora y media riendo y charlando sobre muchachos, y Hermione sintió que cualquier culpa residual se derretía.
Pansy se fue y Hermione intentó esperar. Intentó darle tiempo. Realmente lo intentó.
Pero tenía que verlo.
Había estado encerrada en su oficina con Pansy durante casi dos horas, y no había visto a ninguno de sus empleados desde la mañana, antes del rodaje publicitario. Se dirigió hacia la oficina de Draco, pero mientras se acercaba notó que la luz de su oficina estaba apagada. Ella consultó su reloj. Eran las 4 de la tarde.
—Él se fue.
Hermione se giró y Blaise estaba hojeando unos papeles detrás de ella.
—Se fue tan pronto se enteró.
Hermione frunció el ceño. —¿Se enteró de qué?
Blaise la miró con el ceño fruncido. —¿Aún no lo sabes?
Hermione sintió que las costillas la apretaban y sacudió la cabeza.
—Lucius Malfoy fue apuñalado ésta mañana. Está en San Mungo en estado crítico.
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Había reporteros y cámaras afuera de San Mungo y en el punto de Aparición. Escuchó a Skeeter gritando su nombre, diciéndole cosas como —¡Hermione, cariño! Les pedirás que me dejen entrar, ¿verdad?
Hermione se dirigió directamente al mostrador, donde la bruja de recepción la dirigió al tercer piso -Heridas mágicas y naturales-. Subió al ascensor, escuchando a los Sanadores hablar en voz baja sobre chismes de oficina.
En el tercer piso, siguió las indicaciones hacia las suites privadas, y una vez que vio a un Auror "disfrazado" como visitante en la sala de espera, supo que iba en la dirección correcta.
Giró en una esquina y al final del pasillo encontró dos cabezas rubias. Narcissa estaba de pie al lado de una puerta, al otro lado de un guardia apostado, y Draco se apoyaba contra la pared un poco más lejos. Él se levantó de la pared y caminó lentamente por el pasillo hacia la otra pared.
Narcissa, Draco y el guardia componían un cuado hermoso, desde esa distancia. Estáticos. En silencio. Había dos sillas al lado de Draco, pero ni él ni su madre parecían inclinados a sentarse.
Narcissa la vio primero. Ella sonrió forzadamente. —Hermione, cariño.
Vio que Draco se tensaba y luego volvía su mirada hacia ella, aún del otro lado del pasillo. Sus ojos se abrieron, pero rápidamente miró hacia otro lado, murmurando algo.
Narcissa caminó para encontrarse con ella. Se abrazaron en medio del pasillo, a unos pasos de Draco y las sillas en las que él no se sentaba. Narcissa la acercó, y si sabía algo de la situación entre Hermione y su hijo, no lo demostró.
—Eres muy amable al venir, Hermione. —Narcissa se echó hacia atrás y sostuvo su rostro entre sus delicados dedos. Le apartó un mechón de cabello para colocarlo en su lugar, y Hermione sintió que su pecho se entibiaba.
—¿Ya sabes algo? —Hermione miró por encima del hombro de Narcissa y vio a Draco frunciendo el ceño al suelo—. ¿Ya tienen a alguien en custodia?
—No, aún nada. —Narcissa acarició los brazos de Hermione con sus manos—. Pero al parecer ésta mañana un guardia fue puesto bajo la maldición Imperius y se le ordenó atacarlo. Todavía están tratando de averiguar si el cuchillo tenía alguna propiedad mágica.
—¿Un guardia de Azkaban hizo esto? —Hermione miró la puerta que protegía a Lucius Malfoy del resto del mundo—. Eso es absurdo.
Draco resopló. Ambas mujeres se giraron para mirarlo, y él las ignoró, avanzando por el pasillo, más lejos de ellas.
Narcissa se volvió hacia ella. —¿Quieres sentarte conmigo?
—Por supuesto.
Narcissa la condujo a las dos sillas, sosteniendo su mano entre las suyas. Se sentaron en silencio por un momento hasta que apareció por el pasillo una Sanadora en Entrenamiento. Ella se acercó rápidamente, y Hermione sintió que Narcissa contenía el aliento. La chica sonrió tímidamente y luego entró por una puerta frente a ellos, un armario de suministros. La chica tomó lo que necesitaba, luego cerró la puerta, asintiendo cortésmente antes de salir corriendo. Narcissa se relajó de nuevo y se miró las rodillas.
—Draco me contó que la primera fecha del Wizengamot está programada para la próxima semana.
Hermione volvió a mirar a Narcissa, ignorando el movimiento de la silueta al final del pasillo. —Sí, el lunes. Ya casi estamos listos.
—Eso es maravilloso. —Narcissa le sonrió, luego se giró para mirar a Draco. Hermione vio que la ceja de la mujer se alzaba de una manera crítica y encantadora. Luego miró a Hermione inocentemente—. Cariño, ¿quieres algo de la cafetería de arriba?
—Oh, no, gracias. —Vio a Draco poner los ojos en blanco a la distancia y lo entendió demasiado tarde. —Pero, puedo ir a traerte algo si-
—No, creo que sólo iré al baño. —Narcissa se puso de pie, y Hermione estuvo a punto de decirle que ella también necesitaba usar el baño, cuando Narcissa hizo lo que Narcissa sabía hacer mejor: entrometerse—. ¿Me esperarías aquí?
Hermione inhaló profundamente y asintió. Narcissa le dio unas palmaditas en el hombro y la dejó sola, sentada en un pasillo con Draco Malfoy y un guardia silencioso.
Intentó pensar en algo que decir que no fuera tan estúpido como un "¿cómo estás?" pero no lo consiguió. Estaba abriendo la boca para decir exactamente eso cuando él habló.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Ella lo miró, él aún mantenía los ojos fijos en las baldosas bajo sus pies. Tenía los labios apretados.
—Quería estar aquí para ti y tu madre. —Ella lo observó mientras él giraba los hombros hacia atrás.
—Deberías estar preparándote para el juicio de la próxima semana.
—Ya estoy preparada.
Draco levantó la cabeza, mirando la pared frente a él. —Alguien debe quedarse a cargo de la oficina.
—Blaise lo está manejado.
Él frunció los labios.
—Entiendo si no me quieres aquí, —dijo ella—. Y me iré si eso te facilita las cosas. Pero quería asegurarme de que Narcissa estuviera bien.
Draco apretó la mandíbula. Se giró sobre sus talones y miró hacia el otro lado del pasillo. Estuvieron en silencio por lo que se sintió como un millón de latidos.
—¿Fue con un cuchillo? —preguntó ella.
Él asintió.
—¿Y fue un guardia de Azkaban bajo la maldición Imperius?
—Eso es lo que dicen.
Hermione lo estudió. Tenía las manos en los bolsillos y el pelo le caía alrededor de los ojos. Se veía muy cansado.
—¿Lo has visto ya?
Él sacudió la cabeza. —No hasta que esté estable.
Oyó el repiqueteo de los zapatos de Narcissa regresando por el pasillo. Ella volvió con una taza de té y algunas golosinas. Le entregó a Draco una empanada de calabaza, animándolo a comerla. Draco puso los ojos en blanco y Hermione sonrió. Narcissa le ofreció algunas golosinas y ella declinó cortésmente.
Narcissa y ella se sentaron durante los siguientes treinta minutos, conversando intermitentemente sobre nada, manteniéndose alejadas del tema del hombre acostado en una cama de hospital tras la puerta.
Cada vez que Draco cruzaba el pasillo, paseándose, ella lo miraba. Cualquiera podría confundir su actuar con aburrimiento, si no sabían encontrar la tensión en su mandíbula, el apretar y soltar sus puños, los movimientos de una persona generalmente inmóvil.
La puerta de la habitación de Lucius se abrió y, de pronto, todo volvió a estar en movimiento.
Un sanador, mayor y claramente a cargo, salió de la habitación. Narcissa se puso en pie de un salto. Draco se levantó de la pared. El Sanador se adelantó para hablar con ellos y Hermione se acercó, tratando de colocarse detrás de Narcissa para no parecer entrometida.
—Hemos reparado el daño a sus órganos internos, —dijo, directamente a Narcissa—. Todavía existe la posibilidad de que el cuchillo sea mágico o haya sido sumergido en veneno. Tenemos a un Rompe-maldiciones estudiándolo ahora, pero de acuerdo a los barridos preliminares de la herida, no hay magia ni veneno.
Narcissa asintió con los ojos muy abiertos.
—¿Qué significa eso? —Draco resopló.
El sanador se giró hacia él. —Esperamos que se recupere por completo.
Hermione vio a Narcissa asentir, retorciéndose sus manos. Draco estaba inmóvil.
—Necesito revisar algunos documentos con usted, Sra. Malfoy-
—Black, —increpó Draco. Estaba petrificado en su lugar viendo hablar al Sanador.
—Sí, por supuesto; Sra. Black, —se corrigió el Sanador—. Él está descansando en este momento, pero pronto estará listo para recibir visitas.
—Sí... —Narcissa miró alrededor del pasillo—. Bueno, lo acompañaré ahora a revisar la documentación.
Se giró sin mirar a Draco o Hermione, y siguió al Sanador por el pasillo.
Hermione encaró a Draco, sus ojos aún enfocados en el lugar donde había estado el Sanador. Su mandíbula se tensó y se soltó. Su ojo izquierdo se crispó. Ella lo observó tragar saliva y respirar, escuchándolo resoplar como un dementor.
Ella reconoció lo que pasaba. Lo había visto hacerlo en sus recuerdos, justo antes de romperse.
Draco exhaló aire del pecho y miró las baldosas. Ella se acercó lentamente.
—Draco...
Él se volteó para apartarse de ella, cerró los ojos con fuerza y presionó las palmas de las manos contra su rostro. Hermione levantó la vista y el guardia desvió la mirada, arrastrando los pies. No había nadie más en el pasillo, pero era un lugar muy público.
La cabeza de Draco se levantó rápidamente, y ella retiró la mano con la que había intentado tocarlo. Él miró alrededor del pasillo con ojos ardientes, como si quisiera destruir algo. Hermione se acercó a su lado y le tomó la mano que aferraba en puño.
El pecho de Draco estaba agitado y sus ojos estaban húmedos.
—Draco.
Y él tomó su mano y se aferró a ella mientras se doblaba por la mitad. Su garganta arrancó un sonido, un sollozo. Draco se apoyó en ella y Hermione levantó la mano libre para acariciarle el cabello con los dedos.
—¿Por qué no se muere de una vez?
Los dedos de Hermione se congelaron. No sabía cómo ayudarle con eso. No sabía cómo se sentía desear que alguien estuviera muerto. Alguien que era su propia carne y sangre.
Ella volvió a acariciar su cabello, y él se inclinó más hacia ella. Hermione levantó la vista y el guardia estaba dejando que sus ojos vagaran hacia ellos. Una Medimaga rodeó el pasillo, estudiando un gráfico.
—Shhh —lo arrulló—. Ven conmigo.
Hermione abrió la puerta del armario de suministros y lo empujó dentro. Una vez que la puerta se cerró tras ellos, la voz de Draco se quebró en otro sollozo.
El armario estaba oscuro, y ella pensó en lanzar un hechizo silenciador y encontrar la luz, pero luego él cayó al frente, de rodillas y envolvió sus brazos alrededor de su cadera, presionando su rostro humedecido contra su pecho.
Ella dejó de respirar.
—Quería que muriera, —él se atragantó.
Ella le pasó las manos por el cabello y lo sintió respirar de nuevo.
—Lo sé. —Sintió las lágrimas pinchar en sus propios ojos.
Los brazos de Draco se apretaron alrededor de sus caderas, presionándose más cerca de ella, y un sollozo roto lo empujó hacia su pecho. Enterró su rostro contra su cuerpo, y ella lo sostuvo, mientras sus dedos vagaban a través de su cabello, a través de su cuello, bajando por sus hombros y subiendo nuevamente. Hermione repitió varias veces ese movimiento mientras la respiración de Draco se ralentizaba. Sentía sus calientes exhalaciones contra su vientre.
Ella lo escuchó sorberse la nariz mientras movía la cabeza, y se preguntó si su vestido estaría mojado por sus lágrimas. Los brazos que rodeaban su cadera se aflojaron antes de que sus manos se deslizaran por sus costillas, descansando sobre su espalda. Draco presionó su rostro contra su estómago, luego su esternón, y cuando comenzó a levantarse de su posición, se dio cuenta de que él estaba besándola mientras ascendía hacia sus senos.
Ella jadeó, y sus brazos la sostuvieron con fuerza cuando los labios de Draco se presionaron contra su pecho, su clavícula y luego su cuello. Susurró, aire caliente contra su oído, —Te extraño.
Hermione sintió que recuperaba rápidamente la respiración cuando él la besó justo debajo de la oreja, aprisionándola contra la puerta.
—Draco.
Le acarició la espalda, deslizándose luego al frente para recorrerle el vientre.
Probablemente éste no era el momento más oportuno para... lo que sea que esto fuera.
Sus manos acunaron sus mejillas, besándola en la boca y dejando que su lengua empujara contra la suya. Ella suspiró y permitió que la besara.
Después empujó suavemente sus hombros.
—Draco. Ahora no. —Sus ojos se centraron en ella, con el rostro aún sonrojado y humedecido. Él comenzó a apartarse, como si ella lo hubiera rechazado, y Hermione acercó su rostro al de él nuevamente para darle un beso suave en los labios. La boca de Draco intentó moverse contra la suya y ella se apartó—. Tienes que regresar allá afuera.
Draco suspiró, presionando su frente contra la suya. Ella acarició sus mejillas con los pulgares, quitando las lágrimas residuales y deslizando sus dedos por el cabello en sus sienes.
Él la dejó conducirlo fuera del armario de suministros, de vuelta al pasillo demasiado iluminado. El guardia miraba resueltamente hacia otra parte.
—Necesito... —comenzó Draco—. Aún no puedo entrar a verlo. —Se secó los ojos, y Hermione observó su rostro, rosado y manchado, y la piel hinchada bajo los ojos. Indudablemente había estado llorando. Era muy fácil saberlo. Ella no lo había visto llorar de verdad desde que era un niño—. Iré con mi madre a revisar los documentos, y buscaré un baño.
Hermione asintió. —Aquí te esperaré.
Él la miró como si su respuesta le sorprendiera. Ella le dio una pequeña sonrisa.
Draco asintió y se giró para dirigirse hacia el pasillo, su mano se soltó de la de él cuando se alejó. No se había dado cuenta de que estaban tomados de la mano. Ella lo miró marcharse y se volteó para observar al guardia, que miraba fijamente las baldosas. Volvió a caminar hacia las sillas, pero no quiso sentarse.
—Está despierto.
Hermione levantó la vista y el guardia la estaba mirando.
—Oh, —dijo ella—. Maravilloso.
Él se encogió de hombros. —Estás en la lista, si deseas verlo.
Ella parpadeó. —¿Qué lista?
—La lista de visitantes aprobados. Hermione Granger aparece en la lista de Lucius Malfoy.
Hermione sintió su corazón en la garganta. —¿Y cuándo hizo esta lista si ha estado inconsciente?
—Está entre los documentos de Azkaban, así que no estoy seguro de cuándo se agregó su nombre. Pero fue antes del día de hoy.
Ella miró más allá de guardia, hacia la puerta. Contuvo el aliento sabiendo que era una estúpida.
—De acuerdo.
—Él asintió y le indicó que entrara.
Empujó la puerta, sintiendo el peso del momento. El momento que se suponía que estaba reservado sólo para parientes de sangre.
La habitación era austera. Cortinas de color azul claro en la ventana y largas cortinillas de privacidad alrededor de la cama en el centro de la habitación. Había flores en el alféizar de la ventana y sintió curiosidad por saber si eran para alardear o si alguien realmente se había preocupado lo suficiente por Lucius Malfoy como para enviarlas. Escuchó sus propios pasos contra el linóleo, resonando en la habitación silenciosa mientras rodeaba la cortinilla para encontrar a Lucius Malfoy, apoyado en el respaldo de la cama, como si acabara de salir de un spa.
—Srta. Granger. —Sus labios se arquearon en las comisuras—. Esperaba encontrarla por aquí.
Además de la bata de hospital, la cama de hospital y el tono pálido de su piel, no había diferencia entre verlo ahora y cuando lo vistió en Azkaban. Llevaba la misma mirada curiosa, su cabello recogido en el mismo peinado, y su actitud de superioridad no se había debilitado ni un poco.
—Sr. Malfoy. —Hermione se detuvo a un paso del pie de la cama—. Me sorprendió descubrir que fui incluida en su lista de visitantes. —Escuchó su propia voz, medida y controlada. Esperaba que su rostro proyectara la misma fachada de indiferencia.
—Por supuesto, Srta. Granger. —Sus ojos brillaron al mirarla—. Después de todo, prácticamente usted ya es parte de mi familia.
Hermione sintió un escalofrío, comenzando en la parte superior de su columna vertebral y atravesándola al igual que la maldición Cruciatus.
Lo observó más detenidamente y encontró la delgada piel alrededor de los ojos, la delicada forma en que estaba apoyado contra las almohadas, la somnolienta inclinación de su cabeza. No tenía nada de qué temer. Éste hombre ya había jugado todas sus cartas cuando le contó a Draco sobre las clases. Y claramente no representaba una amenaza física para ella. Sólo era un combate mental para el que tenía que estar preparada.
Ella respiró hondo y lo miró directamente a los ojos. —¿Por qué le contó a Draco sobre las clases? ¿Qué posible motivación podría haber tenido para hacerlo?
Él le sonrió, tan diferente y a la vez tan similar a Draco. —Supuse que él ya lo sabía. No tenía idea de que ustedes dos se guardaban secretos mutuamente.
Estaba jugando con ella, como con un ratón. Hermione invocó algo en su interior y sintió que su ceja se curvaba hacia arriba.
—Qué aburrido debe ser. Estar en Azkaban sin nadie con quien jugar. —Dio un paso al frente y bajó las manos para apoyarlas en la barandilla al pie de su cama—. ¿Las cosas se habían vuelto demasiado cómodas para usted? —Ella inclinó la cabeza hacia un lado y vio que sus ojos la seguían—. Narcissa no le hablaba. La herencia de su hijo -lo único que aún lo mantenía atado a usted- se desvanecía poco a poco. Y yo ya estaba jugando de acuerdo a sus reglas. —Ella entrecerró los ojos—. ¿Era momento de condimentar un poco las cosas?
Sus labios se torcieron. Ella vio como sus ojos recorrían su rostro, y una sonrisa se extendía en sus mejillas.
—Cuánto ha cambiado, Srta. Granger, —canturreó. Ella apretó la barandilla y mantuvo los ojos lo más secos que pudo—. Podría darle el crédito a Madame Michele por refinar su modos, a la Srta. Parkinson por cambiar su apariencia, o a la Srta. Truesdale por enseñarle cómo moverse... —Dejó que sus ojos vagaran por su cuerpo, y ella se mantuvo firme—. Pero también hay otra cosa, —dijo, y sus ojos se encontraron nuevamente con los suyos.
Hermione le dirigió una mirada gélida y dejó que el sarcasmo se derramara en su voz. —Vaya, vaya. No se le ocurra empezar con que "todo el tiempo estuvo en mí". No después de haberme hecho pasar por tantos problemas.
Él sonrió. Casi una verdadera sonrisa. La miró directamente a los ojos y dijo. —Usted será una buena Lady Malfoy para él, Srta. Granger.
Cualquier confianza que había ganado la abandonó en una bocanada de aire. Sintió que su ojo se crispaba y sus pulmones se contrajeron. Se levantó de la arrogante inclinación que había adquirido sobre la baranda de la cama, y perdió toda noción de qué hacer con sus manos.
Ella buscó en su rostro el juego. Y casi encontró afecto allí. Había aceptación. Había orgullo. Y si lo miraba profundamente a los ojos, casi podía percibir una expresión perdida en su memoria, una que pertenecía a su propio padre.
¿Qué estaba haciendo? ¿Qué juego había sido este?
—No lo entiendo, —ella respiró.
—Ya sabe, señorita Granger, —dijo, mirando la ventana a su izquierda—. La herencia de los Malfoy sólo puede ser liberada el día de la boda del heredero. Así ha sido durante siglos. Y sólo puede ser liberada una vez que la novia es aprobada —Él volteó a mirarla y le sonrió—. Tarde o temprano tendría que tomar esas clases. Pero Draco quería la herencia cuanto antes. Así que sólo acorté la línea de tiempo.
Hermione sintió que sus manos temblaban. No debió haber entrado.
La confianza que él tenía. El sentimiento de inevitabilidad. La triste sonrisa de Pansy mientras acomodaba el dobladillo del vestido esa mañana. El suave sondeo de Blaise durante la semana. Narcissa y sus abrazos, sus sonrisas, sus suaves caricias, sus ojos maternales y sus diamantes familiares.
—Si hubiera liberado la herencia, no habría podido tener ningún control sobre la novia de Draco —susurró—. Así que, usó la herencia para manipularme, para que tomara esas clases.
—Vamos, Srta. Granger. Se manipuló usted misma. Yo apenas tuve algo que ver en eso.
Él sonrió sin malicia. Sin un plan intrigante. Era como si hubiera jugado su carta final, y la baraja ya hubiera sido barrida.
Hermione sintió lágrimas de ira en los ojos. —¿Por qué hizo todo esto? ¿Por qué interfirió? —Ella cerró los ojos, pensando en Blaise, Pansy, Narcissa. Ginny y Harry, incluso en Marcus Flint... — Todos ustedes.
—Ya se lo dije, Srta. Granger, —se rió entre dientes. Ella abrió los ojos para encontrarlo mirándola suavemente—. Todo lo que hago, lo hago por mi hijo.
Pensó en su "propuesta" del pasado noviembre. Tomar las clases, casarse en el gazebo, acompañar a Narcissa a todos los bailes de sociedad; y ella podría haberlo hecho.
Sacudió la cabeza, apretando los labios. —Bueno, Sr. Malfoy. ¿Valió la pena? Éste juego que ha montado, con sus peones y sus reinas. ¿Valió la pena su próximo divorcio y la relación destruida con su hijo? Nunca querrán verlo de nuevo.
Ella trató de sisear, pero sólo podía mirarlo con tristeza.
—Oh, yo no lo aseguraría, Srta. Granger. —Él levantó una ceja arrogantemente—. Según entiendo, ellos están al otro lado de ésta puerta.
Ella parpadeó. Y un escalofrío la recorrió cuando una pieza encajó en su lugar. Retrocedió un paso más. —¿El guardia siquiera estuvo bajo un Imperius?
Lucius le sonrió. Orgullosamente. Paternalmente.
—Ha sido muy bien compensado, Srta. Granger. Se lo aseguro, —dijo Lucius—. Ya era hora de... ¿cómo lo llamó? —Él le sonrió de lado—. Oh, sí. Condimentar un poco las cosas.
La puerta se abrió de golpe y Hermione volteó para encontrar los ojos ardientes de Draco sobre ella.
—Aléjate de él.
Sintió que la respiración se le cortaba en breves movimientos espasmódicos. Se apartó de la cama y contempló la expresión traicionada en el rostro de Draco cuando él rodeó la cortinilla y volteó a ver a su padre. Ella vio el modo en que Lucius sonrió.
—Draco. Qué gusto que hayas venido.
La ira se apoderó de los hombros de Draco cuando él se paró frente a ella, protegiéndola de la mirada de su padre.
—Aléjate de ella. No vuelvas a dirigirle la palabra.
—Draco, ella vino a buscarme.
—No más, —estalló de su pecho. Miró a Lucius Malfoy a los ojos hasta que las palabras le asentaron—. Deje de usarme en su contra. El juego terminó. —Hermione sostuvo sus pálidos ojos hasta que él miró hacia otro lado, casi haciendo un puchero, resignado.
—Hermione, déjanos solos —dijo Draco.
Su nombre en sus labios la detuvo. Echó un último vistazo a Lucius Malfoy, esperando no volver a verlo ni saber nada de él en su vida, y sabiendo que era un deseo inútil.
Draco le tocó el brazo y ella volteó a verlo. —Por favor, vete. —Sus ojos eran suaves—. Te veré en la mañana.
Se giró para encontrar a Narcissa parada en silencio en la puerta, justo fuera de la vista de su esposo. Ella le dio a Hermione una sonrisa cansada.
Hermione acarició la mano de Draco sobre su brazo, lo miró a los ojos y asintió. Los ojos de Draco flotaron hacia sus labios, y ella deseó que la despidiera con un beso.
Se giró, alejándose de las manos de Draco, y se acercó a Narcissa en la puerta. Ella acarició su hombro al pasar, un suave consuelo, y Hermione salió.
Narcissa entró de lleno en la habitación, y Hermione pensó en ésta reunión familiar. La primera vez que los había visto a los tres en el mismo espacio desde el Gran Comedor de Hogwarts, todos pálidos y conmocionados; Lucius intentando aferrarse a su orgullo, Narcissa intentando aferrarse a su hijo y Draco intentando aferrarse a su autocontrol. Y Hermione, mirándolos.
Narcissa cerró la puerta tras ella.
Hermione asintió al guardia y caminó por el largo pasillo hacia la salida.
