Noticas
-Tengo muchas cosas en la cabeza Alice- dije mientras mis ojos estaban fijos en la pantalla de mi laptop.
-Vamos Bella, debes distraerte, no vas a acelerar el tiempo o la decisión de nadie por más investigación que hagas. Lo que deba ser será- insistió ella a mi lado.
Suspiré agotada, había estado toda la noche mirando diversas páginas en internet, de organismos del gobierno, de artículos sobre adopción de niños refugiados, había repasado las leyes que nos amparaban, tanto a mí como a Edward como a ellos. Mis ojos me pesaban, aparte de todo eso Edward había pasado la noche en la ciudad, pues hoy a primera hora tenía una reunión con su comandante, lo había citado en el consulado a primera hora. Esperaba que viniera con buenas noticias, pero también el miedo pesaba en mi corazón, no quería pensar en los motivos para pedirle asistir a esa reunión tan importante. Edward y otros militares más habían asistido.
Tomé mi cabeza entre las manos y la sostuve con los codos sobre la mesa. Estaba colapsada, los últimos días habían sido intensos, los niños ya habían empacado sus pocas cosas que habían traído de Libia entre las que nosotros les habíamos comprado. Verlos doblar cada prenda con amor y cuidado había llevado lagrimas a mis ojos, sus pocos juguetes y las dos fotos que tenían de sus padres muertos, solo fueron algunos de los artículos que habían sido genuinamente de ellos. Me prometí a mí misma en ese instante, armar una vida para ellos, cosas que pudieran apreciar y atesorar como suyas, momentos intensos y llenos de amor que pudieran recordar para siempre, borrar las penas que había traído la guerra en sus vidas, las lágrimas, las desgracias y crear en su lugar momentos inolvidables junto a nosotros. Ojalá cada niño que vivía en esa situación tan desafortunada de violencia y muerte pudiera encontrar la felicidad con personas que en verdad eran capaces de darles una familia llena de amor y alegría. No se merecían menos que eso de parte de la humanidad, aunque sea solo para resarcir los errores que los adultos cometemos por avaricia y egoísmo.
Miré a Alice que aún esperaba a mi lado y luego de peinar mi cabello con mis propias manos, cerré la laptop y opté por ir a ver a mis niños, ellos estarían tomando la merienda en el comedor común. Alice sonrió y me abrazó por los hombros cuando caminé junto a ella, quizá de alguna manera sabía lo que pasaba por mi cabeza, ella había pasado tantas cosas en ese lugar, tantas situaciones.
-¿Qué te preocupa amiga?- susurró mientras caminábamos, suspiré… tenía atascado algo en mi pecho y tenía que sacarlo, no podía dejar que los niños me vieran así, porque ellos lo verían.
-Alice… dime la verdad ¿qué posibilidades hay que esta reunión que Edward tiene en la ciudad sea para darle otra misión?- listo… había puesto en palabras mi mayor miedo. Eso era algo que había estado rondando en mi cabeza durante toda la noche. Sabía que él estaba allí por algo, era militar y si era llamado a una nueva misión, simplemente debía acatar las órdenes y acudir. No sabía cuál era su verdadera situación en el ejército, él me había entregado sus dogstags como símbolo de dimisión, pero en los papeles y en lo legal quizá aún nada había terminado. Tenía miedo. Antes no tenía nada que perder, yo solo hacía mi trabajo y cumplía con lo requerido, pero ahora mi mundo entero había cambiado… él era mi vida entera, él y esos niños que el destino nos había regalado. No podía perder a ninguno de ellos.
-No te voy a mentir Bella, puede ser llamado nuevamente, pero si el pidió la baja… no pueden obligarlo, ya cumplió con su deber- dijo ella de manera contemplativa.
-Pero pueden hacerlo, llamarlo a una nueva misión- insistí.
-Si- me miró con pesar -¿eso te molesta?- suspiró –deberías tener más fe en tu hombre Bella, están por adoptar dos niños, ¿crees que él te dejaría sola en esto?-
-Cielos no… nunca- gemí sacudiendo la cabeza, Alice tenía razón, él nunca me dejaría en esto sola. Debía creer en él.
-Tranquila amiga… solo espera a que él venga y ten fe- acarició mi brazo con consuelo y continuamos caminando -Ellos te extrañaron- murmuró mientras cruzábamos las puertas hacia el comedor común dentro del hangar, a lo lejos vi a Abbas y Azhar con las cabezas gachas concentrados en su plato de comida. Eran tan agradecidos cuando la comida llegaba a ellos, oraban y luego con mucho cuidado saboreaban cada cucharada que se llevaban a la boca sin dejar nada en el plato. ¿Cuándo en mi vida había apreciado la simple acción de alimentarme? Simplemente comencé a hacerlo cuando ellos habían llegado a mi vida, dándole valor a lo que nosotros damos por hecho, a lo que damos por sentado. Por dios… nunca más en mi vida iba a dar nada por sentado, ellos habían perdido tanto en un abrir y cerrar de ojos y por decisiones de terceros, que no iba a infravalorar más lo que tenía en mi vida y en lo que me había convertido. Ellos me habían hecho otra mujer, esta guerra me había convertido en alguien distinto, con los ojos más abiertos y el corazón dispuesto.
Al llegar a la mesa me senté a su lado, tenían sus cuadernos y lápices a un lado, era lo único que no habían empacado, el deseo de seguir aprendiendo no podía ser guardado en maletas. Les sonreí cuando alzaron las miradas de su carne asada con ensalada de verduras,
-¿Layid?- murmure intentando comunicarme en su lengua. Azhar rió asintiendo,
-Ladhidh- corrigió con firmeza para luego añadir –del…cios-
-Delicioso- reí corrigiéndola. Habíamos aprendido tanto unos de otros. Ella alzó la palma de la mano frente a mí y con la mía hicimos choque de palmas, algo que Edward les había enseñado en signo de camaradería o amistad.
-¿Edward?- preguntó Abbas mirando alrededor, él había congeniado tan bien con Edward, había encontrado no solo un amigo en mi amor, sino la figura de un hermano mayor, un referente… alguien a quien admirar. Sonreí con dulzura, Edward sería un gran padre algún día.
-Ciudad- dije señalando hacia afuera. Ellos asintieron al entender.
Entendían que Edward al volver les traería golosinas y algún regalo que ellos apreciarían mucho, pero no sabían lo que pesaba en mi corazón… la posibilidad de que Edward viniera con noticias sobre nueva misión o sobre ellos me tenía pendiendo de un hilo. Solo recordaba estar tan ansiosa de la misma manera cuando él había estado en el campo de batalla y no respondía mis cartas.
Miré a Alice con un nudo en la garganta, sentía que me asfixiaba. Ella puso una mano en mi hombro y apretó en silencioso apoyo. Mi mente y mi corazón estaban fuera de mi cuerpo, estaban ahí con Edward, pendiente de lo que pudiera suceder con nosotros.
Cuando estaba a punto de levantarme para salir a tomar aire afuera, el sonido de las astas de un helicóptero rompió el silencio de la tarde, pocas veces los helicópteros habían aterrizado en el complejo de la base y cuando lo hacía significaba caras nuevas, bocas nuevas que alimentar, nuevas miradas temerosas y desconfiadas y más camas para armar y disponer. A pesar de que el régimen comunista de Gadafi había terminado, había insurrectos que no aceptaban la intervención de la ONU en el país y seguían con las guerrillas y ataques en partes del territorio, mucho más en la frontera, pues evitaban dejar salir a todo aquel que quisiera dejar Libia, para los insurrectos, eso era desleal y merecía la muerte sin importar si había niños o mujeres.
Con Alice nos pusimos en marcha dejando a los niños continuando con su almuerzo, corrimos hasta las puertas del hangar con otros voluntarios de ACNUR y Cruz Roja, muchos de los nuevos rostros necesitarían atención médica seguramente.
Al llegar al lugar Withlock estaba coordinando el descenso de pasajeros del helicóptero. Su herida había sido totalmente curada y hacía días había comenzado a trabajar activamente en el voluntariado, él y Alice habían iniciado una relación, era increíble cómo el destino nos había juntado a todos, Edward y yo y ellos dos. Corrimos a ayudarlo, varios niños y mujeres solas venían esta vez al refugio.
En el sector médico ayudamos a las enfermeras y médicos a limpiar las heridas superficiales, mientras otros voluntarios llenaban el papeleo de los nuevos ingresantes al Hangar. Alice estaba ayudando a vestirse a una niña que había llegado con la ropa en harapos y yo limpiaba la rodilla raspada de un pequeño de no más de 5 años con su madre sosteniéndolo cuando oímos gritos en el pasillo, fuera de enfermería.
Alice me miró frunciendo el entrecejo y volteé hacia la puerta, durante esos meses había llegado gente en estado de desesperación, madres llorando hijos muertos y niños llorando padres… pero estos gritos eran algo más, un hombre gritaba en árabe y se oía llantos a lo lejos. Me levanté de la silla y fui hasta la entrada saliendo al pasillo. El aire dejó mis pulmones al ver la escena que se desarrollaba…
Un hombre, vestido con túnicas sucias y desgarradas tenía apartada una tela que cubría su pecho, debajo, a modo de chaleco, había explosivos sujetos a un cinturón. El hombre, con la mirada llena de ira y determinación, gritaba palabras árabes mientras empuñaba lo que parecía ser una granada con aún el pestillo de seguridad puesto.
Tapé mi boca con una mano sin poder creerlo, a mi alrededor todos habían quedado paralizados. Los voluntarios de ACNUR miraban con incertidumbre y los médicos levantaban las manos en rendición. Oh por dios! Estábamos solos ante este suicida.
Alcé una mano hacia Alice que aún permanecía dentro de la sala de enfermería indicándole que se detuviera y tragué en seco buscando a mis niños entre la gente que había en ese sector, no era mucha, solo un puñado de voluntarios que miraban aterrorizados, un par de médicos y los refugiados recién ingresados. El comedor estaba en otro sector del Hangar pero los niños podrían haber venido a ver lo que sucedía. Rogaba que su instinto les hubiese dicho que no se movieran de ese lugar. Withlock comenzó a decir palabras en árabe mientras levantaba ambas manos hacia el hombre intentando calmarlo de alguna manera. Cielos… si Alice lo veía tomar las riendas de la situación se desesperaría.
-Tranquilos… no se muevan- dijo él en voz baja y cautelosa -es uno de los rebeldes- alcanzó a decir antes de que el hombre comenzara a gritar en árabe mientras lo señalaba, seguramente indicándole que se callara.
Tenía miedo, no… tenía un terror que me helaba la sangre en las venas. No pensé en mí, pensé en todos nosotros, que por la locura fanática de un hombre podíamos perder la vida en ese lugar, pensé en mis niños, pensé en Edward. A esta gente no les importaba nada su propia vida, se sacrificaban diariamente por la idea fanática de la continuidad de un sistema corrupto y esclavista, mucho menos les importaría la vida de nadie en este refugio.
-Tranquilo- dijo Withlock antes de repetirlo en árabe. El hombro continuó gritando levantando la mano con el explosivo, todos habíamos quedado paralizados. Mi corazón tronaba en mi pecho, mi mayor preocupación era que mis niños entraran en ese momento y vieran lo que estaba sucediendo, eso realmente no sería nada, temía que ese hombre detonara los explosivos. Justo ahora… justamente cuando tenía la esperanza de iniciar una nueva vida junto a los seres que amaba.
Nunca iba a imaginar que mi mayor miedo se transformaría en mi peor pesadilla cuando por la puerta ubicada detrás del rebelde y que daba de frente al área del comedor, vería caminar a Edward junto a otros militares, todos ellos con armas levantadas apuntando a la cabeza del hombre y con paso lento y silencioso. Mi respiración se atoró en mi garganta y comencé a temblar, el hombre no los había visto, miraba a Withlock que continuaba diciendo palabras en árabe para calmarlo. Miré a mi amor y a pesar de qué su mirada se concentraba en el rebelde a través de la mira del arma, la mía no podía dejar de observarlo…
En todas las semanas que Edward había estado en el refugio nunca había visto ese semblante, su rostro estoico y serio se concentraba enteramente en el atacante, parecía calmo y relajado, sin embargo la concentración y frialdad de su mirada me señaló que no estaba mirando a Edward, el amor de mi vida… ante mí estaba presente el soldado Edward Masen, miembro SEAL y un experto francotirador que acabó con la vida de Kaddafi, uno de los hombres más peligrosos de la última era. Esa realización, no me calmó, temía por su vida, siempre lo haría, pero me daba cierta tranquilidad y confianza, ese hombre, mi hombre… sabía cómo actuar.
-Suéltalo y hablemos- dijo Withlock en árabe, el rebelde, aún concentrado en él, no paraba de gritar señalando los explosivos en su pecho. Parecía amenazar con explotarlos…
-¡Qadar alshaeb al amrikii!- gritaba el insurgente.
-Calma… calma, no te muevas- respondió Jassper levantando la voz, miré a Alice, pues ella lo había escuchado y lanzó un grito ahogado desde el cuarto de enfermería, algo que atrajo la atención del atacante, que me miró con rabia en sus ojos. No pudo dar más que un paso hacia mí, cuando el tiempo se detuvo con el sonido de un disparo, algo que hizo que mis piernas flaquearan. El rebelde, con su mirada vacía y un agujero de bala que había perforado su nuca y salido limpiamente por su frente, cayó de rodillas y luego de pecho sobre el suelo. Edward detrás de él había disparado.
Entonces todo se volvió turbulento, los militares corrieron hacia el cuerpo del rebelde, los gritos de los voluntarios se escucharon por todo el lugar y yo colapsé sentada en el suelo, mis piernas me habían fallado.
Miré fijamente el cuerpo del rebelde muerto en el suelo hasta que alguien se agachó frente a mí, parecía haber pasado una eternidad cuando tomó mi rostro entre sus manos y con voz cautelosa me trajo a la realidad otra vez,
-Cariño… Bella, mi amor mírame- fijé mis ojos en los suyos, tan verdes y atentos –nos vamos de aquí nena, se terminó-
-¿Qué?- susurré comenzando a caer en la histeria luego de la crisis vivida, pestañeé sin poder retener las lágrimas.
- Nos vamos de este infierno amor, nos dieron a los niños- dijo con firmeza… -nos dieron a los niños- repitió.
Oh Dios…
Había llegado a mi límite, no deseaba pasar ni una hora más en ese lugar… de repente sobrevivir hasta llegar a Chicago era lo único que tenía en mente, salir de ahí con Edward y los niños era mi más impetuoso objetivo. Debía salir de ahí.
Ufff esas cosas pasan, pero se termina todo espero, la esperanza a llegado. Unos capítulos más y el fic también se acaba. Wooou fue un viaje intenso. Queridas lectoras nos vemos en la próxima. Abrazo!
