Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.

Capitulo 43. EN TUS MANOS


—Déjeme enseñarle a usar el portabebés que va a llevar de ahora en adelante— obedecí a todo lo que la enfermera decía, después de las advertencias del omega que nuevamente había salido, no tengo la menor intensión de contrariar a Leiko.

Acomodé a mi cachorrita sobre mi pecho y se volvió a dormir, la miré por un buen rato intentando reconocer mis rasgos en ella. No encontré ningún parecido. Luego empecé a compararla con Viktor. Tiene una naricita respingada y fina, facciones delicadas pero parece no tener pestañas aún. Quizás Chris tiene razón y al ser prematura no ha desarrollado lo suficiente para parecerse a alguien, lo cual me tranquiliza por el momento. Aún no tengo que dar explicaciones o inventarme excusas.

Me pregunto si confesar sea lo correcto. ¿Qué consecuencias puede traer revelar la verdad?

Antes de saber que debía extirparme el útero el recuerdo de Viktor ya no dolía tanto. Durante estos años dediqué todo mi esfuerzo a mil trabajo y los pocos amigos que he conservado de la escuela y los de la escuela en la que enseñaba. Estaba ocupado planificando clases, actividades infantiles y haciendo decoraciones para mi aula de clases. Viktor había pasado a formar parte de mi pasado. Triste, pero pasado al fin.

Volver a verlo fue difícil y más en las circunstancias en la que lo encontré en San Petersburgo. Pero aun así, pude salir de allí sin heridas graves en mi corazón. Él estaba ebrio, todo lo que dijo quizás fue por el alcohol.

Mi problema real empezó cuando él volvió. Tener que verlo, incluso tratarlo constantemente me causaba sentimientos encontrados. Al inicio fue bastante tosco pero poco a poco fue cambiando, volviéndose más cariñoso conmigo, mi corazón fue albergando falsas esperanzas. Dejé de pensar en él como un enemigo o una amenaza para verlo como lo que es. El padre de mi hija.

Mientras que él ahora me ve como un ex novio que se ha convertido en madre.

¿Y si le dijera la verdad?... ¿Cuál sería su reacción? ¿Me creerá? No tengo más prueba que un recuerdo que quizás él no conserve.

¿Si se enfada conmigo? ¿Podría llegar a ofenderme?

¿Qué pasará con Anya? ¿Y su compromiso? Ellos se van a casar y si le digo la verdad a Viktor podría causarle problemas con su novia. No tengo derecho de desbaratar su vida, de echarle a perder sus planes e interferir en sus proyectos. Además no se quedarán mucho tiempo en Hasetsu, pronto se marcharán.

Papá y Kenjirou aparecieron de pronto, no es hora de visitas y ya me disponía a dormir.

— ¡Nació la futbolista! creo que no vamos a poder jugar con ella como pensábamos— bromeó Kenjirou. —Yuuri ¿Cómo es posible que justamente el día que me ausento se te ocurra dar a luz?— me reclamó entre bromas.

—Créeme que no fue mi intensión— contesté. —¿Los dejaron pasar?

—Sí hijo, vine a la hora de las visitas por la tarde pero estabas dormido. La enfermera de ojos lilas me dijo que podía entrar a cualquier hora— sonrió papá mirando la cabecita de mi bebé. –¡Qué chiquita es!— sonrió.

Ellos piensan que el padre de mi hija es algún donador anónimo al que nunca conocí por eso no pusieron reparos en la coloración amarillenta de mi bebé. A mí eso me preocupa porque los bebés japoneses no nacen así.

Permanecieron media hora conmigo hasta que la bebé se despertó porque necesitaba un cambio de pañal y como buenos hombres que son, huyeron.

Me espanté al ver como una pequeña cosita de dos kilos y medio podía producir tanto... residuo. Me gasté la mitad de las toallitas húmedas que me habían traído. Y tal como me lo advirtió Chris los genitales de mi hija me causaron terror. Tengo una bebé prematura así que debo acostumbrarme. Después de volver a amamantarla se quedó dormida y aproveché para acomodarnos.

Por primera vez en mucho tiempo dormí sin preocupaciones, al menos de momento todo estaba bien, tengo a mi cachorrita, su físico es algo peculiar por el momento sin embargo estamos bien y eso es lo que importa.

Me desperté en la madrugada a amamantarla tres veces. Tuve que dejarla solita para ir a los servicios, no quise despertar a mi compañero de habitación ni llamar a ninguna enfermera.

Hace mucho frío en los pasillos, pronto llegará el invierno, ya puedo sentir ese aire helado colándose por debajo de las puertas. Miro por la ventana, las calles están vacías, todo en silencio, el mundo descansa, me siento agradecido, con esperanza en el futuro.

Fui despertado por un técnico que pasó a hacer la limpieza, a pesar de decirle que ya puedo ir a los servicios solo, insistió en que tenía órdenes que desinfectarme. No quise interferir con sus labores y me dejé hacer. Me dijo que en media hora van a venir los obstetras a pasar revisión cama por cama y me acomodé mejor para recibirlos.

Quedé confundido cuando Viktor entró, parecía algo preocupado, lo noté en la pequeña arruga en su frente. Se sentó a mi lado.

—Buenos días, Yuuri. ¿Todo bien? ¿Durmió bien la princesa? ¿Tuviste algún problema en la noche?

—Todo bien, no ha dado problemas ni siquiera ha llorado.

—Déjame revisar sus mucosas— pidió. Me quité el portabebé canguro, cuidando de no dejar expuesto mi pecho.

—Sigue el color amarillento, anoche los del laboratorio ya se habían ido, estoy esperando que lleguen para que me den los resultados, pedí unos que quizás estén demás pero necesito estar seguro...

—¿Qué es lo que pasa?— pregunté porque el tono de su voz parecía tenso.

—La ictericia debería haber desaparecido, ayer que no estuvo contigo la alimenté, ya llevas más de 12 horas con ella, la veo más amarilla... creo que no es normal— suspiró.

—¿Qué no es normal?— me preocupé. Que yo sepa a ictericia es común, suelo verlo anotado en las fichas de mis alumnos como anomalía en el nacimiento.

—Es normal si, en muchos recién nacidos pero desaparece apenas se alimentan, tal vez sólo necesita más tiempo pero yo prefiero estar seguro, encargué un hemograma completo porque... su tipo de sangre no es común, necesito más datos...

Me incorporé asustado, dentro de mis recuerdos escolares, está aquella clase de biología avanzada cuando Viktor me jugó una broma.

Ya éramos novios y no nos separabamos ni para ir al baño. La maestra trajo equipos para hacernos pruebas de sangre entre nosotros. Yo hice la de Viktor y él la mía, mientras que mi novio identificó correctamente mi tipo sanguíneo yo no pude. No encajaba en ninguno según los resultados. Estaba por ir a preguntarle a la profesora cuando él me confesó algo que me dejó bastante sorprendido...

—Tengo un tipo de sangre muy raro, es más, uno de mis tíos vive de eso— sonrió.

—¿Vive de su sangre?

—No le gusta trabajar, vive de sus rentas y vende su sangre en el mercado negro. Yo siempre he bromeado con mis padres que si un día me iba de casa, podría sobrevivir vendiendo mi sangre. Así que no la vas a poder detectar con un kit escolar. Se necesitan más pruebas.

—No entiendo— respondí intentando esconder mis pensamientos. ¿Acaso mi hija heredó el tipo sanguíneo de su padre? De ser así ¿él estará sospechando? ¡No! No puede

—Es una suposición, como te digo debo ver primero los exámenes completos para estar seguro— sonrió.

Pero dentro de mí, algo se removía desesperado. La sangre de mi cachorrita debe ser igual a la de él por eso ha pedido un examen más detallado ¡Se va a dar cuenta cuando lo tenga! O tal vez no...

Mi respiración se hizo más rápida, no tenía planeado decir la verdad así pero al verlo con mi bebé entre sus brazos sin saber que ella es su sangre, se me hace tan injusto.

—Viktor yo... creo que es necesario que sepas...

— ¡Estás aquí!— escuché la voz de Anya. Con sólo verla me arrepentí de aquel impulso tonto. Yo no puedo hacer esto. Ellos van a casarse, ella es su prometida. Yo no tengo derecho a desbaratarlo.

—Dime— se giró Viktor a verla.

—Llamó tu papá, dijo que era urgente— le sonrió.

—Gracias, le llamaré luego.

—Está bien, no demores en hacerlo, ya sabes cómo se pone— cerró la puerta pero antes me lanzó una mirada extraña.

— ¿Me decías?— Viktor me miró intrigado. Mi bebé empezó a llorar y tuve que apartarla de sus manos para abrazarla.

—Sólo quería decirte que confío en ti— le sonreí.

—Gracias— sonrió. –Voy a llamar a casa... problemas familiares— arrugó la nariz, siempre hacía eso cuando algo le avergonzaba.

—Espero que no sean graves— comenté.

—Jamás... la abuela debió hacer algo... ya sabes— dijo abochornado.

—¿Tu abuela Evgenia?— pregunté recordando lo que él me contaba cuando... sí, cuando nosotros estábamos juntos. Es incómodo tener todos esos recuerdos y ser... ¿amigos?

—Sí, está molesta porque vine a Japón y se desquita con papá. Aunque fue ella quien me envió las nuevas incubadoras, así que debo ser bueno y reportarme. Volveré cuando tenga los resultados, Yuuri.

Chris no tardó en llegar para mi revisión, me hizo olvidar por un momento que quizás Viktor ya tenga los resultados en sus manos.

—¿Molestias en la herida? ¿Has sentido ardor?

—Ninguna y por eso quería preguntarte. Cuando he tenido heridas me han cosido la piel pero allí en mi cicatriz no siento hilo, es como si no hubiera costura debajo de la gasa— pregunté. Es algo que me había causado intriga, no hay costura, parece que me hubieran puesto una cinta adhesiva sobre la piel para unírmela. Por eso me da miedo moverme muy rápido, por el dolor y porque creo que se me puede abrir.

—Soy médico, Yuuri, no costurero, no me ofendas que hice mi mejor trabajo— respingó la nariz.

Lo dejé ir sin ahondar el tema porque es algo que le preguntaré a Viktor ya que Chris quiere mantener el misterio.

No pasó mucho tiempo cuando Viktor entró en la habitación de modo precipitado, acompañado de Sala y Leiko, las enfermeras.

—Tenemos un problema— dijo mirándome ¿Un problema? ¿Nosotros o nuestra... mí bebé? No, no puede estar seguro a menos que se haya hecho una prueba para comprobar su paternidad.

—El hemograma dice que tiene anemia severa. Voy a tener que internarla para hacerle una transfusión. Creo que tu sangre y la de ella pueden generar eritoblastosis...

— ¿Generar qué?— pregunté asustado. Eso de internar a mi cachorrita no me gustaba...

—Un problema en la sangre de la bebé.

— ¿Te la vas a llevar?— dije atrayéndola contra mi pecho.

—Es necesario Yuuri, créeme que no lo haría si no fuera porque puede ser peligroso. Tu sangre y la de ella no son compatibles. Luchan entre sí, por eso es que desarrolló la bilirrubina y me temo que el tipo de sangre de tu hija es uno de las más difíciles de conseguir.

—Pero... apenas la he tenido conmigo— mis ojos se llenaron de lágrimas.

— ¡Dios mío!— Sala soltó un grito, los ojos de Viktor se agrandaron al ver a mi hija, se cercó rápidamente. Cuando yo la vi me estremecí, mi pequeñita respiraba muy rápido y se arqueaba. Sus ojitos estaban blancos.

— ¡Bebé! ¿Chiquita que tienes?— grité asustado.

— ¡Leiko! Prepárame una sonda para transfusión de sangre y la incubadora 3— ordenó Viktor, la enfermera abandonó rápidamente el lugar.

Yo no sabía qué hacer, lloré y grité pero mi pequeña no reaccionaba, Viktor intentaba quitarme a mi hija. Todo se volvió un caos de repente, sólo reaccioné cuando él tomó mi rostro y me habló.

—Yuuri. Tranquilo cariño, tranquilo. Dame a tu bebé, dámela por favor— pidió usando una voz que no era de alfa pero a la vez no me daba opción a desobedecerlo, me quedé muy quieto. —No le haré daño, la voy a curar, ella va a estar bien. Te lo prometo— aflojé mis brazos dejándola en los de él. —Sala dale un calmante a Yuuri ¡Rápido!— es lo último que dijo antes de salir prácticamente corriendo de la habitación con mi bebé entre sus brazos.