Umbridge

El humo llenaba el aire de aquella nublada mañana de primero de septiembre. El oculto andén estaba concurrido con varias familias que iban a despedir a sus hijos quienes tomarían el expreso de Hogwarts. Era el inicio de un nuevo curso escolar. Godric aguardaba en uno de los compartimentos del tren mirando hacia el andén por la ventanilla del compartimento contemplando la escena. Había llegado temprano con su abuela y no había tardado en adentrarse en el expreso y conseguir cuanto antes un compartimento. Se volvió hacia la puerta cuando oyó que la abrían. Era Rowena que venía con Theodore Nott.

— Luna, Nott —saludó.

— Neville, ¿que tal?

— No a estado mal. Llegó a los oídos de mi abuela lo sucedido con los dementores y estaba contenta que honrase adecuadamente el apellido familiar. Lo mismo de siempre.

— ¿Has visto ya el nuevo libro de defensa? — preguntó Theo.

— Tan sólo lo puede comprar ayer. La verdad, solamente el título del libro apesta.

— Pues ya verás cuando empieces a leerlo. Dudo mucho que los pájaros lo quieran para hacer los nidos —comentó Rowena.

— ¿Tan malo es? —cuestionó.

— Sospecho que Hermione considerará un sacrilegio que se lo llame libro de texto.

— Eso suena alentador —comentó Theo con una sonrisa.

— He tratado de olvidarme el libro en casa, pero Hedwig me lo ha recordado insistentemente — escuchó la voz de Salazar. Al girarse hacia la puerta pudo ver que su amigo estaba ahí apoyado con el baúl al lado y la jaula de la lechuza vacía.

— La has soltado para que vaya sola al castillo por lo que veo, Potter —dijo Theo.

— Lleva mucho tiempo sin estirar las alas como corresponde —comentó Salazar mientras acomodaba su equipaje en la rejilla portaequipajes. — Ron y Hermione se nos unirán luego. Los he visto por el anden. Ambos son prefectos; al igual que Draco.

— Lo de Draco me lo imaginaba. Blaise no es nada serio y no me la mandaron a mi. Sinceramente no creo que nadie en su sano juicio nombrase prefectos a Crabbe y Golye —mencionó Theo.

— Pensé que el prefecto de nuestra casa serías tú, Harry.

— Mejor no serlo. Podría hacerlo bien, no lo niego. Pero esta es la oportunidad definitiva de Ron para mostrar que es más capaz de lo que él cree. El ajedrez le ha dado mucho, sobretodo confianza en sí mismo —Afirmó Salazar.

El tren comenzó a moverse, desplazándose sobre los raíles con un suave traqueteo. Tenían varias horas de viaje por delante. Así que mientras esperaban que pasase la señora del carrito con alimentos de potencial nutricional dudoso; se dispusieron a jugar una partida de snap explosivo. A quienes se unió Ginny al poco de iniciarse el trayecto. Los gemelos pasaron poco después vendiendo algunos de sus productos, los cuales habían elaborado con las inversiones de Salazar, quien los financiaba en su proyecto. La verdad, Godric admitía que tenían un don para la creación. Su amigo no se había equivocado al elegir financiarlos. Cuando pasó la señora del carrito habían terminado ya de jugar. Declinaron el comprarle algo. Pues, al contrario que cuando eran estudiantes de primer año, que la mayoría compraron dulces a tutiplen; ahora eran más maduros al respecto. Godric llamó a uno de los elfos domésticos que tenían en la mansión Longbottom que les trajese la comida.

—Esto es estupendo. Neville. A la próxima me encargo yo.

—Gracias Harry.

Estaban disponiendolo todo para comenzar a comer cuando llegaron Ron y Hermione. Ron parecía molesto por algo; fulminó con la mirada a Theo en cuanto entró en el compartimento y se sentó en el asiento más alejado de la puerta lanzando miradas de fastidio hacia Theo y murmurando algo sobre los Slytherin

— Es mi novio, Ron. Y esta donde le da la gana —dijo Rowena relajada. —Sírvete algo, por favor.

— No se trata de eso. Se trata de las imbecilidades que le ha soltado la prefecta de Slytherin —mencionó Hermione. —Es Pansy Parkinson.

— Greengras era mejor opción. Poner a Parkinson es poner a alguien que va a abusar de la confianza que se le ha depositado —dijo Theo.

— Como Malfoy —murmuró Ron.

— Ron. Draco no es sus padres —dijo Salazar.

—No quiere ser un seguidor de Voldemort —dijo Ginny. —Estuvimos hablando la noche del baile.

— Yo tampoco —dijo Theo mirando a Ron. —Ambos hemos estado preparándonos desde tercer año para poder abandonar con seguridad nuestras familias. Si permanecemos con ellas nos veíamos obligados a seguir sus designios al pie de la letra. Ambos preferimos pensar por nosotros mismos. Lo estábamos manteniendo en secreto, pero seguro que ya habrá lo sabrá todo el mundo. Esas cosas se saben pronto.

— Ahora entiendo el comentario que hizo Parkinson —gruño Ron.

— Sólo tenéis quince años —señaló Hermione frunciendo el ceño con curiosidad.

— A los quince años es cuando las grandes familias comienzan a dar a su heredero ciertas obligaciones y, en el caso que sea él único de su familia que queda puede pedir la emancipación en varios designios —les explico. —Harry podría pedirlo. Sobretodo después del torneo en el que lo obligaron a participar. Lo consideraron mayor de edad entonces, así que en realidad lo podría ser oficialmente si se lo propusiera.

— ¿Pero tenéis dónde vivir? — preguntó Hermione con curiosidad.

— Draco no sé con quién está. Yo me he ido con Luna.

— Bueno, ¿quienes son los prefectos de Ravenclaw y Hufflepuff? —preguntó Salazar.

— Terry Boot y Padma Patil de Ravenclaw — respondió Ron

— Ernie Macmillan y Hannah Abbott por Hufflepuff —respondió Hermione.

— Parecen buenas elecciones —murmuró Salazar. — Por lo que sé tienen un buen promedio y no se han metido en muchos problemas.

Poco a poco, mientras conversaban iban comiéndose todo lo que el elfo doméstico de les había traído. Habían calculado bien la comida para que hubiese para todos. No demasiado para recibir bien el banquete pero sí lo suficiente como para no llegar con el estómago vacío.

— ¿Quién será el nuevo capitán de quidditch? — preguntó Ron.

— Yo no. —Afirmó Salazar. —Y si preguntas supongo que tampoco ni Fred ni George. Así que debe ser alguna de las chicas.

— Oh, quiero presentarme al puesto de guardián —afirmó Ron. — Mamá me ha comprado una escoba nueva por ser nombrado prefecto. Aunque los gemelos me han estado molestando con eso. Es gracioso, pero no deja de ser molesto.

— No debe quedar mucho para llegar al castillo —observó Hermione.

—Bueno, pues cambiamos vosotras. Nosotros os esperamos fuera. Luego nos cambiaremos nosotros.

Mientras aguardaban en el pasillo escuchaban el ruido que había en los otros compartimentos. Conversaciones y gritos de júbilo que vivían ajenos a lo que sucedía en el mundo exterior. Godric miró a Salazar. Sabía que este no les iba a decir nada sobre aquello, de hecho, estaba jugando el papel de la incertidumbre. Intercambiaron una mirada, no iban a molestar a los niños. Quizá avisarles de la proximidad de Hogwarts pero no les correspondía realmente a ellos.

— Estoy nervioso — dijo Ron. —Tengo dudas sobre si lo haré bien como prefecto. Nunca he sido referencia o ejemplo de nada.

— Simplemente muéstrate como alguien accesible. Haz respetar las normas pero sin avasallar. Ten en cuenta que hay normas que pueden torcerse siempre que no implique un daño a los demás —dijo Salazar. —Hermione y tú sois las elecciones perfectas para Gryffindor. Ambos os complementais bien dadas vuestras diferencias de carácter.

— Te recomendaría que hablases con ella y os pusierais de acuerdo. Actuad como equipo buscando un frente común —sugirió Theo interviniendo en la conversación. — Algo que no va a pasar en Slytherin. Pero no quiero aburriros con las políticas internas de mi casa.

— Lo harás bien, Ron. No te presiones. Simplemente déjalo fluir. A cada momento lo que estimes correcto.

— Gracias Neville. Gracias chicos.

No tardaron mucho en llegar a la estación de Hogsmeade. Estaban completamente cambiados y vestidos ya con las túnicas de la escuela. Se apearon y se apresuraron a coger uno de los carruajes que iban hacia la escuela. Se separaron al llegar a la entrada y cada cual fue a la mesa de su casa. Godric sorprendió a Salazar examinando con detenimiento la mesa del profesorado. Dirigió su mirada hacia la misma.

— ¿Que hace la subsecretaria del ministro entre los profesores? —susurró.

— ¿Quien? —preguntó Hermione desconcertada.

— El sapo rosa —respondió Salazar frunciendo el ceño provocando una carcajada en Ron.

— Eso es cruel, Harry —le reprendió Hermione.

— No soy cruel. Sólo constato un hecho. Se parece a un sapo y esta vestida de rosa —replicó Salazar. —Quizá sea la profesora que ha mandado el ministro —comentó finalmente. Dumbledore ha estado teniendo problemas para contratar y el ministro se ha sacado un decreto de la manga que le permite contratar personal de Hogwarts si el director no encuentra a alguien adecuado para el puesto —agregó hablando de forma más seria.

— Eso es… —comenzó Hermione, quedándose a mitad porque justo en ese momento Dumbledore se levantó para hablar.

Todo el comedor quedó en silencio. Tal y como hacían siempre, una muestra de respeto hacia el actual director. Por regla general, cuando alguna de las figuras de autoridad de la escuela hablaba, los estudiantes callaban. Por regla general. Eso que tan sencillo ocurría en el comedor, en algunas clases era difícil que sucediese. Eso Godric lo sabía y lo entendía. Desconectó bastante del discurso de Dumbledore, siempre hablaba de lo mismo, únicamente le llamó la atención que, al igual que el sombrero tratase de llamar a la unión de todas las casas como medio para afrontar una amenaza externa. Lo dijo como de pasada, sin incidir demasiado y, a Godric, le pareció que estaba algo nervioso. Presentó a los nuevos profesores y cuando iba a pasar a hablar de los equipos de Quidditch fue interrumpido.

— Ejem, ejem…

Grodric frunció el ceño e intercambió una mirada con Salazar. Al igual que la gran mayoría de los estudiantes escudriño la mesa del profesorado y el comedor en general en busca del factor de interrupción. Aquello era completamente insólito.

— Ejem, ejem… ¿Me permite dirigir unas palabras a los jóvenes estudiantes?

El sapo rosa se levantó de la mesa de los profesores y se acercó al estrado. Dumbledore asintió y se apartó dejando el estrado a la bruja mientras la miraba con atención.

— ¿De verdad va a hablar ese sapo Rosa? —preguntó Ron

— Buenas noches —comenzó Umbridge. — Es un placer para mí estar de nuevo en esta institución y ver las caritas sonrientes deseosas de aprender verdaderamente. Hogwarts siempre se ha caracterizado por la innovación y el progreso. Siempre a tratado de estar a la vanguardia de la magia; sin embargo, tanto progreso puede hacernos olvidar lo importante de la tradición, dejando de lado conocimientos y costumbres que todos deberíamos tener presentes para regirnos en el mundo adecuadamente a cada posición, la posición que nos corresponde. El progreso es importante pero no a costa del progreso necesario para mantener nuestras buenas prácticas. Debemos aprender de verdad, recortar las prácticas que deberían ser prohibidas y recorgar aquellas que deberían ser recordadas.

—Gracias, profesora Umbridge. Ha sido un discurso muy ilustrador.

Dumbledore retomo el discurso donde lo había dejado, sin embargo a Godric no se le paso por alto las expresiones de la mayoría de la gente. No era tonto, había comprendido lo que pasaba al igual que sus amigos y coofundadores presentes. Ese año iban a tener algo más de lo que preocuparse. Una profesora que parecía que había venido del ministerio a tratar de tomar el control de Hogwarts.

— Ya lo creo que ha sido ilustrador —dijo Hermione.

— No puedo creer que ese bodrio te haya gustado —dijo Ron. — Ha sido un discurso muy aburrido a pesar de lo hortera que es.

— Ron, el discurso es aburrido porque tiene mucha paja pero toda esa paja es una declaración de intenciones —dijo Salazar.

— ¿Qué intenciones? —pregunto Ron.

— Que el ministerio está inmiscuyéndose en Hogwarts —respondió Hermione.

Godric había estado atento a las palabras de sus amigos, había analizado las palabras de Umbridge y al igual que Salazar, Hermione y, probablemente Rowena y los profesores se había enterado del verdadero significado de las palabras de Umbridge. Tendrían que tener cuidado con aquella mujer, su intuición se lo gritaba y él era de escuchar siempre su intuición.

— Ya lo sospechábamos al verla, su discurso sólo lo confirma —dijo al final. —Habrá que tener cuidado.

— Y estar atentos —agregó Salazar.

La cena discurrió sin mayores incidentes. Los mejores manjares fueron proporcionados, como era siempre que había un banquete importante, como los de inicio, final de curso y navidades. En la zona más cercana de la mesa pudo ver a Sir Nicholas impresionando a los de primer año. Godric encontraba gracioso que hiciese eso y luego se pasase el año quejándose que lo llamaban Nick casi decapitado. En cuanto el banquete concluyó, Salazar y él se despidieron de Ron y Hermione; pues como prefectos, tenían que encargarse de mostrar el camino a los de primer año. Al menos tenían la contraseña para entrar en la sala común. .


A la mañana siguiente, en cuanto Hermione bajó del dormitorio de quinto año a la sala común donde la esperaban Ginny y Neville, se detuvo al ver alboroto en torno al tablón de anuncios. Eso era inusual. No solía formarse ese tapón en el tablón nada más comenzar el curso. Se dio cuenta que la mayoría eran estudiantes de primer año y algunos de segundo. Se acercó al tablón y lo ojeó, molestándose enseguida por lo que vio. Era uno de los anuncios. Un anuncio puesto por los gemelos. Un anuncio que buscaba a estudiantes que se ofreciesen como cobayas para probar sus productos. Eso era pasarse de la raya.

— ¿Qué te ocurre?, pareces molesta —observó Neville.

— Creo que ha visto el anuncio puesto por mis hermanos —respondió Ginny.

— No pueden hacer eso. Son niños. Pueden salir dañados por usar unos productos que no se sabe lo que pueden hacer.

— Tranquila, antes que probarlos en nadie los han probado ellos mismos —le dijo Ginny en tono tranquilo mientras caminaban apresuradamente al gran comedor.

— Entiendo que te moleste, pero en realidad no están saltándose ninguna norma en sí. No mientras los otros se ofrezcan verdaderamente a probar sus productos —le dijo Neville. —Sin embargo, es preocupante y, si estuviese en tu lugar probablemente tendría unas palabras con ellos. No les echaría la bronca como a unos niños pequeños. Sino que averiguaría con qué pretenden experimentar y les proporcionaría un entorno vigilado. Haz un trato con ellos.

— Eso parece un consejo que me daría Harry.

— Hemos pasado bastante tiempo juntos los últimos dos años. Se ha convertido en uno de mis mejores amigos.

— De acuerdo. Lo tomaré con calma, mientras nadie salga herido.

Llegaron al gran comedor, y tomaron asiento en la mesa de Gryffindor junto con Harry, Ron y la chica esa de Ravenclaw Luna. Pese a haber tratado bastantante con ella, la encontraba un poco extraña en ocasiones. Hermione centró su mirada en los gemelos que estaban próximos a donde ellos se encontraban.

— Fred, George; luego quisiera hablar con vosotros — dijo con entereza y aplomo.

— No hemos hecho nada —dijeron al mismo tiempo.

— Antes que lo hagáis. Quiero hablar con vosotros del cartel que habéis puesto en la sala común.

— Nosotros no obligamos a nadie… —dijo uno

— Pagamos bien… —dijo el otro.

— No puedes hacer nada por detenernos. Además este es el año de los TIMOS, nos necesitarás.

— Podría escribir a vuestra madre, pero no lo haré siempre que alcancemos un acuerdo —replicó. —¿Y que tiene que ver que sea el año de los TIMOS?; por lo que se sólo conseguisteis unos dos o tres cada uno.

— Va a ser un año estresante. Necesitaréis de nuestro surtido saltaclases para poder ganar tiempo.

— ¿Surtidos saltaclases? — preguntó Harry uniéndose a la conversación mientras Ron hablaba con Parvati y Lavender de sus recientes triunfos en ajedrez y Neville deboraba un libro de herbologia mientras se comía los huevos.

— Si, son unos dulces que te pondrán enfermo para que tengas un pretexto para salir de clase —dijo Fred.

— La mitad del caramelo te pone enfermo y la otra mitad te cura. Así de sencillo —agregó George.

—Algunos profesores llevan preparándonos para los TIMOS desde el año pasado y, puede que incluso desde tercer año —comentó Harry. — He oído que son importante, muy importantes para el futuro y lo que se podrá estudiar.

— Por eso yo me he propuesto estudiar desde ya mismo. Tengo ya diseñados distintos horarios de estudio y repaso que aplicaré segun pueda encajar más con el horario lectivo de este año.

— Hermione. Es una carrera de fondo. Si no te lo tomas con calma pero con constancia acabarás siendo internada con un ataque de nervios —dijo Neville acariciándole la espalda sin levantar la mirada del libro que estaba leyendo.

— Eres la primera de la clase, lo has sido siempre —le dijo Harry. —Te irá bien en los TIMOS, no tienes por qué agoviarte.

— Lo era hasta tercer año. Allí me adelantateis vosotros dos. — Los señaló a ambos, a Harry y a Neville.

— Bueno, yo empecé a tomarme en serio los estudios y Neville ganó en confianza. Eso ayudó bastante. Pero estoy seguro que ninguno de los dos puede superar tu memoria eidetica.

— ¿Cómo sabes?

— Recitas el contenido de los libros parráfó por parrafo —respondió Harry a su pregunta. — Y no sólo eso sino que pareces saber exactamente de qué punto de cada libro has sacado la información.

— Sólo tienes que relajarte y enfocarte más en el aspecto práctico —agregó Neville cerrando al fin su libro. —Conocer al dedillo la teoría no siempre hace que domines fácilmente un hechizo.

— Exacto, tienes que encontrar momentos para distraerte, para divertirte — dijo Fred.

— En cuanto a lo que nos decías de hablar, ¿te parece bien esta tarde?, antes de la cena —agregó George.

— Perfecto.

Justo en el momento que cesaba aquella conversación y llegaba al acuerdo con los gemelos de conversar, llegó McGonagall repartiendo los horarios de las clases. Había empezado por los se sexto año, con los que tenía que concretar los EXTASIS que cada uno pensaba estudiar. Luego había comenzado repartiendo por los de primero.

— ¡Que asco! — exclamó Ron. — Bins, Trelawney, Umbridge y Snape en un dia. Eso es una tortura.

— Suerte que dejé adivinación — bromeó Harry

— Hubiese sido perder el tiempo — intervino Luna hablando por primera vez en todo el rato. — tu careces del don, así que no te hubiese servido de mucho a menos que quieras trabajar en determinados sitios. La profesora tiene el don parcial; un don débil en el que sólo bajo determinadas circunstancias puede hacer profecías y no recordaría lo que dijo después. De hecho no es consciente ni que lo tiene. Y todo el mundo la toma por farsante por lo que hace.

— ¿Lo dices en serio? —le preguntó a la Ravenclaw.

— Completamente.

— ¿Como sabes eso?

— Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres —sonrió de forma que le pareció mística. —Tu eres muy inteligente, pero demasiado analitica. Lo cual es bueno para algunas cosas pero otras no entran dentro de los esquemas.

— ¿Dices que me falta algo?

— Capacidad para mantener la mente abierta al tipo de conocimientos que no pueden ser procesados con la lógica.

— Oh, bueno. — No estaba muy convencida de lo que decía, la verdad que encontraba a la chica muy inteligente pero extraña al mismo tiempo. — Será mejor que vayamos a clase.


La mañana había pasado lentamente. Salazar encontró, como siempre, la clase del profesor Bins completamente aburrida y se lamentaba que no pudiesen hacer nada por el momento para cambiar esa situación. La historia era algo muy importante, algo que todo mago debía conocer bien sobre su pueblo. Sin embargo, generaciones y generaciones de estudiantes habían dejado de conocerla por tener a aquel profesor enseñándoles, un fantasma que de seguro era tan aburrido como ahora cuando estaba vivo. Así, no le extrañaba que ya no hubiese historiadores modernos. Así, no le extrañaba que todo aquello estuviese abocado al desastre. Era una de las cosas que pensaba cambiar cuando se quitasen las máscaras o más bien cuando se declarasen los verdaderos herederos de la escuela; desvelar quiénes eran podía ser peligroso, ponerlos en mayor peligro aún.

Al menos, el haberse borrado en tercero de adivinación y coger aritmancia le había librado de otra tortura. Comprendía y respetaba a quienes tenían el don de la clarividencia; no por nada una de sus mejores amiga era Rowena,pero no podía soportar a aquella profesora que claramente trataba de ser más de lo que era. Y lo peor de todo no era esa estafa, sino que asustaba a los estudiantes con sus predicciones.

— ¡Que asco!, ni siquiera sé por qué escogí adivinación —pretestó Ron a la hora del almuerzo.

— Porque te pareció una materia fácil — replicó mientras se servía un poco de jamon cocido sobre las tostadas.

— A ti también te lo pareció, Harry.

— Cierto Ron, pero en cuanto vi el tipo de clase que era me cambié de inmediato de materia.

— Te cambiaste porque predijo tu muerte.

— ¿Y aún sigue haciéndolo, no?

— Bueno…

— Con eso tengo bastante, Ron. Ahora dime, ¿qué ha hecho para molestarte ahora?

— Quiere que escribamos un diario de sueños, con nuestros sueños y que les demos un significado. Ni siquiera recuerdo con qué sueño.

— Puedes decir que soñaste que salvabas a todo un planera haciendo estallar un satelite completamente metalico y artificial disparándole desde una nave espacial… ah, no espera, que eso es de una película.

— Me gusta la idea… ¿Me la dictas?

— ¿Qué le vas a dictar? —preguntó Hermione que había llegado ya con Godric.

— La escena de la destrucción de la primera estrella de la muerte. Al parecer quiere incluirla en su diario de sueños.

— ¿La qué…? —preguntó Godric.

— ¿Y cuál será el siguiente sueño? —preguntó Hermione con una mueca de diversión. —¿Ser congelado en carbonita?

— ¡Esa me gusta!, no sé qué es la cabroncita pero me gusta — dijo Ron

— ¿Ves?, le gustan esas ideas.

— No sé de qué estáis hablando —dijo Godric.

— Podemos quedar durante las navidades y mostrarte, Neville —le dijo Hermione con una sonrisa.

— Vale —respondió Godric entusiasmado.

— Hermione.

— ¿Si Harry?

— No le dejes tener una espada de luz.

— No se porque pero te imagino antes a ti con una que a Ron.

— Puede ser. — Salazar se encogió de hombros. — Quizá intente construir alguna por simple entretenimiento. Puede ser un buen entretenimiento cuando me vea agobiado por los TIMOS. Ya sabes, por lo que dijeron Fred y George de divertirse. —Compuso una sonrisa divertida. —Será mejor que veamos que nos tiene preparado el sapo rosa como lección.

Cruzaron el castillo recorriendo uno de los pasajes secretos que conocían, todo con tal de atajar y llegar a clase cuanto antes. Habían perdido unos preciados minutos conversando y, no creían que esa profesora fuese a andarse con muchos miramientos. Así que lo mejor era no dar pretextos para que el ministerio fuese en su contra y estar atentos. Salazar así lo consideraba. Se sentó en segunda fila junto con Godric. Ron y Hermione estaban detrás de ellos. Los cuatro se mantenían en silencio expectante. El resto teorizaba sobre lo que enseñaría la profesora de ese año. Parecía que algunos no se habían percatado de los pormenores de todo aquello.

La profesora comenzó dando un discurso parecido al que había dado en el banquete de comienzo de curso. En esta ocasión indicó de forma más directa los que serían los objetivos de su clase. Iba a enfocar las clases de forma puramente teórica, sin nada de práctica. Lo cual molestó a muchos cuando se dieron cuenta de lo que los objetivos del curso implicaban realmente. Salazar guardó silencio, prestando atención a la profesora, a lo que decía y a lo que no decía. Todo era importante en sí. Hermione sí que reaccionó, y algunos de los otros compañeros igual.

— ¿Cómo vamos a afrontar la vida real si no se nos enseña a eso? — dijo Ron.

— Esto es un aula. No la vida real —dijo la profesora con su falso tono infantil. — Nada os va a pasar en un aula. Aprenderéis a defenderos de forma segura para vosotros.

— Esto es un aula, pero no es lo que hay en el exterior. ¡Ahí afuera hay quien no dudaría en hacernos daño! — exclamó Ron.

— Se os ha asustado diciendoos que hay un mago oscuro allí afuera. Es todo falso. No hay ningún mago oscuro ahí afuera ni nadie que quiera haceros daño. Quienes han intentado engañaros con eso, lo pagarán. —Aquella última frase la dijo mirándo directamente a Salazar, como retandolo a decir algo al respecto. Salazar se mantuvo en silencio. Se limitó a sostenerle la mirada unos instantes antes de bajarla y centrarse en el primero de los capítulos. — ¿Algo que decir?

— No, profesora Umbridge. — A Salazar le dio la impresión que estaba insatisfecha, como si hubiese esperado algo diferente de esa primera clase. Un desafio a su autoridad o algo así. Lo curioso era que, de no haber funcionado el plan de los cuatro de regresar a traves de un descendiente digno o alguien afín, seguramente hubiese actuado como se esperaba que lo hiciese. Pues no se habría salido de "la ruta" planeada por Dumbledore.

—Espero que lleguéis a apreciar que todo esto es por vuestro propio bien —agregó la profesora.

Salazar fingió leer el texto. Ya lo había ojeado con anterioridad. No había ahí nada de utilidad. Nada. Lo mejor que podía hacerse con ese libro era quemarlo. Lo cual estaba seguro que una de sus amigas lo consideraría un sacrilegio, o tal vez no. Salazar no creía que ese texto mereciese ser llamado libro. Pasó la clase analizando a la profesora. Los quería convertir en un grupo de inútiles que agachasen la cabeza y siguiesen al ministerio. Podía ser que quisiera moldear a la población pues eso no respondía únicamente a la creencia de Fudge que Dumbledore usaba la escuela para crear un ejército. Espiar y controlar Hogwarts parecía, por sus declaraciones y su actitud. Pero no todo era siempre lo que era realmente evidente. De todas formas lo más evidente era que trataba de provocarlo. Eso unido a lo que le contó Helga… le daba un mal prensentimiento todo aquello. Esperaba que su presencia en Hogwarts no terminase como un reinado de terror, sino, tendrían que hacer lo posible por reorientar sus prioridades. Eso los alejaría y retrasaría. Cuando sonó la campana, recogió su material con cuidado y en silencio y abandonó el aula. En cuanto estuvieron lejos dirigió una mirada a Neville y sabedor que Ron y Hermione iban con ellos habló al fin.

— Me ha dado la impresión que la profesora estaba esperando que la enfrentásemos. Será mejor que tengamos cuidado en ese aspecto. Sobretodo tu Ron. En más de una ocasión te has dejado llevar por el orgullo, como con Snape.

— ¿Insinuas que ella es peor que Snape? —pregunto Hermione.

— Lo es —afirmó Godric.

— No voy a comportarme como una serpiente escondiendo la cabeza — espetó el muchacho.


A los pocos días de haberse iniciado el curso se encontraban los cuatro algo apartados a la hora del desayuno. Fue entonces cuando recibieron el ejemplar del diario "El profeta". Rowena lo desplegó de forma que todos pudiesen leer el artículo. Se trataba de un artículo de prensa que hablaba sobre la profesora Umbridge y la maniobra política que había permitido que el ministerio de magia, que el propio ministro la nombrase. Por otra parte, hablaba de la resistencia por parte de los profesores de Hogwarts a colaborar con ella y hablaba de la publicación de un nuevo decreto educacional. Un decreto que la nombraba como Suma Inquisidora. Lo que se traducía en tener autoridad sobre el resto de profesores y poder buscar pretextos para deshacerse de los que no le convenía. Prácticamente le confería una autoridad especial en el colegio. Una autoridad con la que podía socabar y destruir todo el sistema.

— ¿Hacemos algo o seguimos observando? —preguntó a sus amigos.

— No creo que pueda echar a los profesores que realmente son competentes. No al menos con la excusa que no son buenos docentes —dijo Salazar. —Lo que está claro es que si se deshace de uno solo colocaran a alguien que les convenga para ganar más poder en el colegio. Incluso su posición podría hacer que ella misma publicase más decretos. Solo tiene que redactarlos y que los firme la mayor autoridad.

— Entonces tenemos que echarla de aquí — manifestó Godric.

— No creo que sea tan sencillo, pero algo tenemos que hacer.

— Propongo observar y tratar de encontrar un punto débil. También hablar con las personas para evitar que caigan en su juego, en sus provocaciones — comentó Salazar. — Me preocupa algunos en particular.

— Ron y algunos otros de Gryffindor podrían ser elementos que estallen fácilmente ante la profesora o que traten de revelarse —dijo Godric. — Y los de Hufflepuff, tienen su orgullo; como tal lo manifestaron en el torneo de los tres magos. Están atacando a Diggory, quien ha sido su estrella durante años, así que es una afrenta contra ellos.

Rowena se quedó unos momentos callada, su mirada miraba parecía mirar al infinito. Estaba teniendo una visión. Sus amigos actuaron como si no fuese nada. Estaban acostumbrados a eso. Ella lo agradecia. Si la interrumpian en momentos así podía llegar a pasarlo realmente mal. Pasados unos segundos parpadeó y volvió a la normalidad.

— Dejemos que sean los alumnos quienes hagan el primer movimiento. Tienen que ser ellos quienes aprendan a hacer las cosas.

— ¿Has visto algo? —pregunto Godric.

— Todo a su tiempo. Las piezas tienen que encajar por sí solas.

— Ya veo. Supongo que es el momento que rompan el cascarón —afirmó Salazar. — No podemos guiarlos como antaño porque técnicamente somos adolescentes. Aunque no estaría en contra de tomar el liderazgo, si fuera necesario.

— Si llegase a ser necesario, lo haremos; pero dejemos que sea el alumnado quien dé el primer paso y nos escoja.

— ¿Seguro que no es mejor tomar las armas ya? —preguntó Godric algo molesto. Está claro que por mucho que hubiese ganado en paciencia tenía en él un espíritu guerrero.

— Eso sería lo fácil.

— Así que crees que es mejor esperar a que otro de el paso y recurra a nosotros —afirmó Salazar mirandola.

— Mejor de forma inmediata puede que no. Pero mejor a la larga desde luego.

Notaba la mirada que sobre ella dirigían sus dos amigos. Sabía que estaban pensando en lo que les había sugerido. De normal, si no hubiese tenido una especie de visión, estarían planeando ya qué hacer. Con las imágenes que le habían venido, era mejor esperar; por mucho que a los tres les disgustase. Era algo bastante complicado en realidad. Una situación compleja con demasiados actores. Salazar era el especialista en cuanto a eso.

— ¿Qué opinión te merece Umbridge? — preguntó a su amigo.

— Creo que la mueve algo más que seguir los caprichos de Fudge. ¿El qué?, no lo sé todavía. Lo más probable es que sea la ambición de poder, como a la mayoría.