CAPÍTULO 27

—¡Ya está bien! —Exclamó Alice golpeando el mostrador frente a ella—. ¡Vas a contarme que te ocurre ahora mismo!

—No me pasa nada, Alice. —Respondió Bella sin apartar la mirada del ordenador.

—Sí, claro. No hay nada más que verte, ¡Eres la alegría de la huerta! —Ironizó— Llevas uno días demasiado rara: no sonríes, estás perdida, esquiva, apenas hablas, solo con monosílabos y las únicas veces que te he visto sonreír ha sido cuando ha entrado algún cliente, pero eso sí, con sonrisas tan falsas como las que salen en los anuncios de pastas de dientes.

—Siento no estar al cien por cien en el trabajo, Alice. Intentaré...

—¡A la mierda el trabajo! Me importas tú, Bella. ¿No ves las ojeras que tienes? ¡Pero si estás más delgada!

Isabella sabía que Alice tenía razón, pero era difícil intentar sobrellevar el día a día. Hacía dos semanas que no sabía nada de Edward. Dos semanas desde que le confesó lo de su embarazo y salió huyendo de su apartamento. Dos semanas en las que no había contestado a ni una sola de sus llamadas ni mensajes, ni siquiera al que le envió cuando salió de su primera ecografía.

Ese día, el que se supone debería ser especial para una mujer en su estado, Isabella lo pasó triste y sola. Intentó mantenerse fuerte durante la prueba, pero tras confirmar que todo estaba bien, rompió a llorar. La tensión de los últimos días le estaba pasando factura, y aunque intentaba seguir al pie de la letra las indicaciones del médico, cada vez sentía más nauseas, se sentía más cansada y tenía menos apetito.

—¿Ocurrió algo en la boda de Emmet? —Continuó Alice—. Desde entonces vengo observando tu cambio, y el de Edward, que ese es otro que está más raro que un perro verde. No ha aparecido por aquí, no me contesta a las llamadas y a Jasper tampoco. No sé nada de él y tú tampoco es que le menciones mucho.

Isabella se estremeció al escuchar su nombre y no pudo retener el comentario que salió de su boca.

—Me alegra saber que no soy la única a quien ignora. —Habló para si misma al conocer que tampoco respondía a sus amigos.

—¿Qué has dicho?

—Qué a mí tampoco me responde al teléfono, ni a los mensajes. Hace dos semanas que no sé nada de él.

—Pero ¿Qué ha ocurrido? ¿Habéis discutido? —Preguntó antes de beber un trago de su botella de agua.

—Estoy embarazada.

Alice se atragantó y escupió toda el agua que estaba bebiendo empapando la cara de Bella.

—¡Oh Dios, Alice! —Se quejó buscando un pañuelo para secarse.

—¿Embarazada? ¿Has dicho que estás embarazada? —Repitió sorprendida.

—Sí.

—¡Oh Santo Cielo! ¡Enhorabuena! —La felicitó llegando a su lado y abrazándola, pero al sentir sus sollozos se separó corriendo para ver que ocurría. ¿No eres feliz? ¿Por qué no estás feliz, Bella? Un embarazo es algo...

En ese momento Alice recordó las palabras de Bella. Según le había dicho llevaba dos semanas sin saber nada de Edward.

—¡Oh mierda! ¿Estás así por Edward? ¿Lo sabe?

Isabella asintió sin dejar de llorar.

—E imagino que no se lo ha tomado bien. —Alice volvió a recibir un asentimiento como respuesta seguido de un llanto aún más desgarrador.

—Lo siento, es que... No sé lo que me pasa, no puedo dejar de llorar. —Se excusó Isabella.

—Tranquila, todo está bien. Bebe un poco de agua.

—¡Nada está bien, Alice! ¡Edward no ha asimilado la noticia! Y creo... Creo que me ha dejado. —Lamentó entre lágrimas.

—¿Qué estás diciendo?

—Lo que oyes. Ni siquiera estoy segura porque no se ha dignado a hablarme. Le envié un mensaje por si quería asistir a la ecografía y no respondió...

—Lo mismo necesita tiempo...

—¡A la mierda el tiempo! ¡Dios, Alice! No quiero parecer egoísta, pero yo también le necesito a él. ¡Santo cielo!, Si hasta por un momento pensó en la posibilidad de que abortase.

—¿Te lo pidió? ¡Nome lo creo! —Exclamó Alice negando con la cabeza.

—No hizo falta, lo leí en sus ojos.

—Sé que su situación es difícil, que ha sido un shock, pero yo tampoco esperaba esto.

—Bella, no quiero que suene a un intento por excusarle, porque no hay manera de entender ese comportamiento, pero no ha superado la muerte de su hija y...

—¡Y este también es hijo suyo! Yo... Lo entiendo Alice de verdad, pero yo también necesito respuestas. Necesito saber si me sigue amando, si sigue queriendo estar conmigo. Si vamos a criar juntos a este niño o... O tendré que hacerlo yo sola.

—Bella, estoy segura de que Edward recapacitará. Él no es un irresponsable, no te dejaría sola en esto.

—¡Pues lo está haciendo, porque se ha alejado de mí! Y ¿Sabes? Puedo ser comprensiva y tener paciencia, pero todo tiene un límite, Alice y todo esto... Duele demasiado y ya me está cansando.

—Intentaré hablar con él, Le diré a Jasper que...

—No, por favor... No intercedáis. Esto es algo que solo depende de él. Para mi hubiese sido muy fácil buscarle en su apartamento, obligarle a hablar, pero no quiero hacerlo. Debe ser él quien tome la decisión, aunque solo espero que no sea demasiado tarde, porque puede que cuando el reaccione sea yo quien no esté dispuesta a escucharle.

—Intenta calmarte, Bella. Sé que es difícil y que desde fuera todo se ve muy fácil, pero alterándote no conseguirás nada, solo ponerte peor y eso no te hace bien ni a ti ni al bebé.

—Estoy tan cansada... —Lloró.

—Lo sé, Escúchame, Bella. Voy a pedir algo de comer, comeremos juntas, nos atiborraremos de pizza y helado, después te irás a casa, te darás un baño relajante y te meterás en la cama a descansar. Vas a tomarte el resto del día y la mañana de mañana libre, y por la tarde, cuando vuelvas quiero ver que esas ojeras están desapareciendo ¿Entendido?

—No puedo...

—Eh, Soy tu jefa y es una orden ¿De acuerdo?

—Gracias, Alice.

—Y ahora vamos a buscar el número de la pizzería me muero por una de cuatro quesos y extra de ternera. ¿Tú no?

Isabella esbozo una triste sonrisa

—Por mí, que sea de lo que tú quieras siempre que venga acompañada por un cubo de helado de chocolate tamaño XXL.

—¡Esa es la actitud, así me gusta!

Comieron juntas y siguió las órdenes de Alice al pie de la letra.

Llegó al Apartamento y se metió bajo la ducha do de dejó que el agua caliente relajarse sus músculos, estuvo cerca de una hora bajo el agua. Un despilfarro, pero lo necesitaba, necesitaba despejarse.

Se puso uno de sus pijamas más cómodos y se metió en la cama. Era media tarde, pero le daba igual, los ojos se le estaban cerrando solos. Sostuvo su teléfono móvil y meditó durante unos segundos Intentar llamar a Edward por última vez, pero desechó la idea y optó por enviarle un mensaje.

Tu silencio duele.

Espero que cuando decidas hablar no sea demasiado tarde.

Apagó el teléfono y se cubrió con las sábanas. Estaba harta, ya había esperado bastante. Ahora le tocaba a él dar el siguiente paso.

Se despertó al día siguiente con energías renovadas. Dormir doce horas le ayudó bastante. Ni siquiera sintió a Jessica cuando fue a despertarla para cenar. Su amiga estaba siendo un apoyo enorme desde el día que la encontró llorando tras confesarle la verdad a Edward. Estaba preocupada por ella y enfadada con él, pero optó por no mencionar su nombre para no alterar más a Bella.

Desayunaron juntas antes de que tuviese que irse a trabajar. Cuando llegó a la librería, Alice la recibió sonriente.

—Me alegra ver que me has obedecido. Esas ojeras están algo mejor, aunque aún tienes que descansar más. Si necesitas unos días...

—No te preocupes, Alice. El trabajo me viene bien para desconectar.

El día fue bastante ajetreado, ya que esa misma semana empezaron con el taller de lectura para niños. Un taller en el que Alice había accedido a colaborar con la directora del centro donde trabajaba Edward. Los pequeños, de unos ocho años, no pararon de hablar y buscar todo tipo de libros infantiles para poder disfrutarlos allí.

La tarde, aunque fue más tranquila también las mantuvo ocupadas, de tal forma que cuando se quisieron dar cuenta había llegado la hora de cerrar.

—Vete si quieres a casa, Bella. Ya cierro yo. —Se ofreció Alice al tiempo que respondía una llamada entrante en su teléfono— ¿Sí? Dime, cielo. ¿Cómo que las has perdido? ¡Jasper, tienes la cabeza en las nubes! ¡Cualquier día vas a perderte tú! Está bien, ahora mismo voy.

—¿Va todo bien? —Preguntó Bella.

—Mi querido novio ha perdido las llaves del local. Necesita que le lleve las de repuesto que tiene en su piso. No puede ir él a buscarlas porque en el mismo llavero iban también las de su propia casa. Tendrá que cambiar todas las cerraduras.

—¡Vaya!

Alice miró el reloj sopesando que hacer.

—No te preocupes, puedo cerrar yo.

—¿En serio? Si, al fin y al cabo, solo queda colocar esos libros. No tardaré más de cinco minutos.

—Muchas gracias, Bella. Te veo mañana.

Alice se marchó a toda prisa. Ella se dirigió a la pequeña mesa para colocar los libros que faltaban cuando escuchó que la puerta se abría.

—Lo siento, pero hemos cerrado.

—Para mí, no. —Respondió una voz de hombre.

Bella se giró y no pudo evitar que los libros cayesen al suelo al ver quien estaba allí; un encapuchado le apuntaba con una pistola.

Todo su ser se estremeció de miedo.

—¿Qué... Quiere?

—El dinero de la caja, ¡Vamos! Y no hagas ninguna tontería. —Amenazó apuntándole con el arma— ¡Muévete!

Bella obedeció temblando y llegó hasta el mostrador. Llevaba las manos en alto y tuvo que bajarlas lentamente para abrir la caja, pero esta estaba cerrada. Siempre echaban la llave cuando cuadraba la recaudación del día.

—¿Qué pasa? ¡Ábrela de una vez!

—Está cerrada. Necesito la llave —Susurró con voz temblorosa.

—¿Y dónde está?

—¡Ahí! —Señaló el cajón que había bajo el mostrador, pero el grito del asalta te la detuvo.

—¡Las manos donde pueda verlas!

—Sin las llaves no puedo abrir la caja. —Explicó sin apartar la mirada de la mano temblorosa del ladrón, podría acabar con su vida en cualquier momento.

—Está bien. ¡Sácalas rápido!

Isabella se dirigió hacia el cajón y en ese momento sus manos rozaron algo: el botón de la alarma. Si presionaba el botón, la central de policía recibiría la señal. Según le había dicho Alice, era silenciosa.

—¿Por qué tardas?

—Lo siento, lo siento.

Apretó el botón y sacó la llave. Abrió la caja y le ofreció el dinero recaudado.

—¿Sólo está mierda?

—Mi jefa se acaba de marchar, se ha llevado casi todo el cambio.

—Seguro que dentro hay algo más. —Dudó el atracador amenazándola de nuevo y acortando la distancia que les separaba— ¡Vamos, camina!

Obligada, entró en la trastienda donde el asaltante se apoderó del contenido de su bolso. Volvieron fuera y decidió llevarse además el portátil que usaban para las gestiones.

—Con esto servirá. —Tomó el ordenador dándose por satisfecho.

—¡No te muevas!

En ese momento la puerta se abrió y un par de policías entraron derribando al asaltante. En seguida pudieron reducirlo y desarmarlo.

Isabella observaba estática la escena. No era capaz de moverse, pero sentía como todo su cuerpo temblaba por dentro. De pronto un calambre en la parte baja del vientre la hizo doblarse de dolor.

—¡Ahh!

—¿Señorita? ¿Se encuentra bien? —Preguntó el agente

Bella intentó responder, pero una nueva sacudida volvió a asolarla.

—¿Está herida?

Sintió como algo tibio recorría su entrepierna. Bajo la mirada y a llevó las manos a la zona, alzando la falda de su vestido para descubrir un pequeño reguero de sangre.

—¿Señorita?

—Yo... —El dolor y las lágrimas cortaban su voz— ¿Pueden llevarme al hospital? Algo no va bien.

No quería pensarlo, no podía ocurrir, el dolor, la sangre…Su bebé.

¡Hola! ¿Qué tal todo?

Aquí tenéis el nuevo capítulo, Edward and desaparecido y Bella, destrozada y ahora…parece que las cosas van de mal en peor.

Veremos que ocurre con ese sangrado.

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews. Espero ansiosa leer vuestros comentarios.

Un saludo y nos leemos como cada martes en Facebook en el grupo de Elite Fanfiction y el viernes en el nuevo capítulo.

Saludos.

Nos seguimos leyendo.