Acordes

Mientras tanto, Prince acudía a la Sala de Menesteres con Valerie y Deborah. De camino discutió con esta última, porque lo primero que quería hacer era mirarse en el espejo de Oesed.

-Deborah, amo a Sirius Black, he de velar por su vida – tajante - No quiero pasar ni un minuto más con la incertidumbre. ¿Qué opinarías si se tratara de Paul?

Deborah no respondió a eso.

-Para mí Sirius está a la misma altura que Paul. Con toda probabilidad va a ser pareja futura de Lily, parte de mi familia, y ella me ha pedido que me mire. Ella misma lo haría, pero no posee clarividencia. No voy a agobiarme si no lo veo, nos queda mucho tiempo por delante para seguir cambiando el destino, pero si lo veo voy a llevarme una alegría enorme. El mejor talante para afrontar la tarde.

-Deborah, Prince tiene razón – le dijo Valerie, paciente – No intentes imponer tu criterio, sé más flexible.

-Pues sí, una pena. Nuestra primera discusión, Deborah, y lo estoy sintiendo en el sentimiento del Vínculo, rabia hacia mí por no salirte con la tuya. Si quieres entro yo solo y no os cuento nada.

-Yo sí que quiero que me lo cuentes – le dijo Valerie – Voy a entrar contigo.

-Yo también la estoy sintiendo, Prince, tu rabia – le dijo Deborah, apenada.

-Desde luego. Estamos estropeando algo tan bonito que teníamos, ya estoy a punto de llorar.

-Y yo. Anda, perdóname, dame un abrazo antes de salir del pasadizo.

-Claro, Deborah, jo… con lo que te quiero…

Se abrazaron llorando. Valerie los rodeó a ambos, dándoles muchos besos y mimos. ("Valerie es perfecta para formar trío con nosotros dos, nos da la empatía que no tenemos ninguno de ambos cuando chocamos.")

-Ya estoy dejando de sentir la rabia. ¿Y tú, Deborah?

-Yo ya no la siento en absoluto, Prince, pero sí mucha tristeza.

-Claro, Deborah… Compréndeme, no puedo dejar de lado a nadie a quien quiera. No lo entiendes porque no te he contado lo que ha pasado esta mañana entre nosotros. Sólo te digo una cosa, hemos pasado diez minutos abrazados, el mejor abrazo que me han dado en mi vida. Y cuando ha terminado el entrenamiento hemos vuelto a buscarnos los dos para abrazarnos otra vez.

-Vaya…

-Lo quiero mucho, está tan entregado a mí como cualquiera de vosotros, y desde hace mucho más tiempo, lleva arrepentido desde el verano pasado, eso ya te lo conté ayer.

-Tienes razón. Lo siento mucho, Prince.

-Ahora yo también te siento muy triste.

-Ya sé qué vamos a hacer – dijo Valerie – Primero vamos a entrar al Aula de Piano y vamos a buscar la melodía de la canción. ¿Quieres, Prince?

-Vale. ¿Tú quieres, Deborah?

-Claro, cariño, lo que tú quieras – respondió Deborah.

-Así se nos pasa el disgusto y estamos de mejor humor por si veo algo feo en Oesed.

-Venga, vamos, que se nos pasa la tarde – los apremió Valerie.

Terminaron de subir hasta el séptimo piso y fueron hasta el retrato de Barnabás. Demandaron el Aula de Piano y entraron.

-Buaaah… hacía mucho de tiempo que no venía – dijo Prince.

-Una semana, cariño – le dijo Valerie.

-¿Sólo una semana?

-Menos, el domingo pasado por la noche.

-Me ha parecido un mes. Es horrible esto del Giratiempo.

-Dejamos el piano abierto, un error.

-Porque esa noche no estábamos de ánimo ni para cerrarlo.

-El disgusto que nos dio Jack.

-Pues sí, y yo que quería escaparme de todo.

-Venga, no recuerdes eso ahora. No lo recordaba, de lo contrario no os lo habría propuesto. Sentaos a la banqueta – les dijo Valerie.

Prince y Deborah se sentaron a la banqueta.

-¿Ya estáis mejor?

-Un poco mejor – dijo Prince.

-Yo también – dijo Deborah.

-Vamos a hacer música, ya veréis qué pronto se os pasa. La música conecta directamente con las emociones y es muy curativa, una canción puede cambiarte el estado de ánimo en unos segundos. Voy a darte la primera nota de la melodía del Vínculo de Comunidad, Prince, y tienes que buscarla en el teclado.

-Dale.

Valerie cantó la primera nota de la melodía, Prince probó varias hasta que la encontró.

-Ésa, ésa. Voy con la segunda.

Lo mismo, y así hasta que tuvo todas las de la primera frase.

-¿Tienes la secuencia?

-Sí.

-Ahora tócalas con ritmo, aunque sea con un dedo.

Lo hizo, le salió a la primera.

-¡Eres lo más de lo más! - de viva voz - Dame un buen morreo.

Se lo dieron.

-Ahora tendrás que buscarle la digitación.

-Claro, pero eso otro día, que eso es muy aburrido.

-Vale, vamos con la segunda frase.

Lo mismo.

-Ahora tócala entera, con ritmo.

Lo hizo a la primera.

-¡Qué maravilla el ritual de la cueva! Vamos a ser el grupo que más rápido aprenda a tocar instrumentos y componga canciones.

-Vamos a tener un serio problema, Valerie, no pensamos en ello.

-Sí, yo sí que lo he pensado. Los instrumentos eléctricos.

-Eso.

-Habrá que demandar un espacio con generador de electricidad y combustible para el mismo. Ya nos informaremos en verano de cómo utilizarlo.

-Piensas en todo, Valerie.

-Por supuesto, es mi sueño. Dale otra vez.

Lo hizo.

-Muy bien, ahora busca la variación del Vínculo como Pareja.

-¿Yo solo?

-Sí, tú solo, así aprendes a sacar canciones de oído tú solo. Luego vas a tener que enseñarle a Andrew.

-Buf… demasiadas cosas que enseñarle a Andrew.

Se carcajearon.

-Lo que te decía, haciéndole el trabajo sucio. Pero si toma clases de guitarra en verano y tú no tomas de bajo, que te enseñe él las notas en el bajo, son como en la guitarra.

-Genial. Por fin un intercambio equilibrado.

-Nunca será equilibrado, Prince, le das cien patadas.

Volvieron a carcajearse.

-Eres fantástica, Valerie, ya nos has puesto de buen humor.

-La música, la música. Dale, saca la variación. Intenta hacerlo ya directamente con ritmo, es así como se hace, para no perderse.

Prince lo intentó, le costó mucho menos de lo que esperaba.

-¡Lo que te decía, cien patadas! – de viva voz - ¡Vaya oído tienes!

Volvieron a carcajearse.

-Ahora toca una detrás de otra sin perder el ritmo.

Lo hizo a la primera, cuando acababa le dijo Valerie:

-Sigue, sigue, enlaza otra vez.

Lo hizo varias veces.

-Ya tenemos media canción. Estrofa o estribillo.

-También podría ser sólo así. 'Wish you were here' no tiene estrofa y estribillo.

-Cierto, no los tiene, pero tiene introducción y puente, y la segunda parte es distinta de la primera, es aún más complicada. Es una canción que primero fue letra y luego música.

-Como los Vínculos.

-Claro, la letra de 'Wish you were here', también rima y tiene ritmo como los conjuros, se prestan a ser musicados.

-Cierto.

-Pero es la típica canción pegadiza, es muy extraño que sea tan famosa. Somos muy afortunados, se está produciendo, en la pasada década y en ésta, la mejor música de todos los tiempos, muchos estilos nuevos, muy originales, para todos los gustos. Y lo que nos queda por ver, porque lo que vimos en el espejo quizá no esté inventado todavía y también fue una premonición, tuya, Prince, quizá lo inventemos nosotros.

-Vaya…

-Venga, a buscarle los acordes. Ya te digo yo cómo. Tienes que localizar dónde va el golpe de la melodía. El primero es fácil, empieza 'a tempo'.

-¿Qué significa 'a tempo'?

-Que empieza en el golpe. Un, dos, tres, y… pum. Como la primera parte de 'Wish you were here'.

-Claro.

-¿La primera nota es tecla blanca o negra?

-Blanca.

-¿La melodía tiene negras?

-Sí.

-¿Más negras que blancas?

-No, sólo dos negras.

- Así que la compuse con notas fáciles. Maravilloso, mi oído absoluto.

-¿Qué es eso de oído absoluto?

-Que sabes el nombre de la nota que cantas sin compararlo con un instrumento. Es un don de nacimiento, imposible de aprender.

-Vaya…

- Muy bien, busca los tres acordes de tres notas que podrías formar con la primera nota de la melodía y otras dos, respetando las que tocas en el resto de la melodía. ¿Me has entendido?

-Desde luego.

-Con la izquierda.

Prince lo hizo, buscó los tres acordes.

-¿Los tienes?

-Los tengo.

-Ahora buscamos el siguiente golpe de la melodía, yo te ayudo. Toca a la vez que canto, te doy la entrada.

Lo hicieron. Valerie daba palmadas en cada tiempo, a la tercera se interrumpió.

-¿Tienes la nota de la tercera palmada?

-Desde luego.

-¿Coincide con alguna de los acordes que habías buscado?

-Sí.

-¿Más de uno?

-No, sólo uno.

-Muy bien, pues ése es tu acorde del primer compás. Vamos ahora con la quinta palmada.

Lo hicieron de nuevo.

-¿La tienes?

-Sí.

-¿Coincide en el primer acorde?

-No.

-Entonces hay que cambiar de acorde en el segundo compás. Busca de nuevo los tres.

Prince lo hizo, buscó los tres.

-Vamos con la séptima palmada.

Lo repitieron.

-¿Coincide en algún acorde que habías buscado?

-Sí, en dos.

-¡Bien, tenemos para elegir! Toca el primer acorde y uno de los otros dos seguidos.

Prince lo hizo.

-¿Te gusta cómo suena?

-Sí.

-Prueba la otra combinación.

Prince probó.

-¿Ésta te gusta más? – le preguntó ella.

-Suena más rara, pero sí, me gusta más, me gusta que suene raro.

-¡Estupendo! – de viva voz - ¡A mí también! ¡Rompedor! ¡Lo vamos a petar! Con mis melodías y tus acordes. Vaya mancuerna, ni las de Deborah en el espejo.

Se carcajearon.

-Deborah, ¿te estás aburriendo? – le preguntó Prince.

-En absoluto, Prince, me encanta verte tocar y haber recuperado el sentimiento del Vínculo.

-Dame un beso, anda, bonita.

Se besaron muy dulcemente.

-Oh… qué tiernos, ya se han reconciliado… – dijo Valerie, ilusionada - Han tenido su primera discusión de enamorados. Los que se pelean se desean.

Se separaron riendo, Valerie se carcajeaba.

-Cuánta verdad. La única bronca descomunal que he tenido con Lily fue la primera vez que me puse caliente con ella.

-Vaya… - dijo Deborah, asombrada - ¿Y qué fue primero, enfadaros o ponerte caliente?

-Enfadarme, llevaba todo el día enfadado. Casi me tiré a su cuello como un vampiro.

-Wow… ¿Y por qué no lo hiciste?

-Porque el calentón me pilló por sorpresa, ojalá lo hubiera hecho. No se me pasó en media hora, mientras nos gritábamos sin parar.

-Vaya tela…

-Me puso mucho que me desafiara, nunca la había visto así. Perdí la discusión.

-¿Y os reconciliasteis?

-Sí, después de otro tipo de combate que no quiero recordar. Caí en depresión dos semanas.

-¿Y eso cuándo fue?

-A principios de noviembre.

-¿Nunca te habías puesto caliente con Lily hasta noviembre del año pasado? – muy extrañada.

-No, nunca. Sólo la adoraba, no la deseaba. Conservaba el mismo sentimiento que en mi infancia.

-Buah… con casi dieciséis años. Amor platónico.

-¿Qué es eso?

-Inalcanzable y eterno.

-Vaya que sí.

-Vamos, que te estás poniendo nostálgico – dijo Valerie – Le has pillado, ¿no? Acordes en golpes impares alternos. Por el momento en el uno y en el cinco, el siguiente en el nueve. Toca y cuenta tú.

Prince lo hizo.

-Tengo la nota.

-Pues busca ya la del once.

Lo hizo.

-Ya está.

-Busca un acorde que tenga esas dos notas.

-También hay dos.

-Pues toca las dos combinaciones seguidas, de los dos que ya tenías con cada uno de los nuevos.

Lo hizo.

-¿Cuál te gusta más ahora?

-La primera.

-¡Bingo! A mí también. Te queda un compás para la frase, ahora ya sabes cómo va, acaba tú.

Lo hizo.

-Estupendo. Ve por la segunda frase.

Siguieron así hasta que completaron las cuatro frases, dos por conjuro, con cuatro acordes cada una, dieciséis en total, que, por descontado, se repetían.

-Lo tenemos. Ahora tienes que quedar un día con Cecile y que te diga el nombre de los acordes, para que Andrew pueda practicar la secuencia en verano, y en septiembre pueda enseñártela a ti al bajo. Antes de que termine el mes tenemos canción.

-Estupendo.

-Tócala, y yo canto. Toca sólo los acordes, no toques la melodía. Te doy la entrada.

Lo hicieron, les salió a la primera.

-¡Somos los mejores! – dijo ella de viva voz, dando saltos de alegría – Vamos al espejo, ya cierro yo el piano.

Salieron, demandaron el 'lugar donde esconder cosas' y entraron.

-Vamos corriendo.

Lo hicieron, fueron corriendo hasta el espejo de Oesed.

-Venga, Prince, mírate – dijo Valerie - Rapidito, ¿eh? Que se nos pasa la tarde.

("Qué ansiosa está, qué mona.")

Se miró, vio la gran familia de guerreros. Al centro, junto a él, Lily y Lauren, y del lado de Lily, estaba Sirius, con la niña pelirroja de ojos negros de Sev, y Lily llevaba un niño más pequeño, moreno de ojos claros en los brazos. Sev a su hija con Lauren y ella un niño moreno de ojos verdes pero con el pelo rizado como Sirius.

Hacia una esquina, junto a Alice y Frank y su hijo más mayor, estaban James y Mary, con un niño de la misma edad que el de los Longbottom, sin cicatriz alguna, y otra niña de la edad de los hijos de los demás guerreros. Pettigrew no aparecía. Por lo demás, todos aquéllos a quienes Sev conocía personalmente y formaban parte del Ejército y la familia de Lucius también aparecían.

-Bueno… - le dijo Valerie – No es necesario que nos cuentes nada, ya se te ve la cara de ilusión. ¿Cuántos hijos tienes ahora?

-Cinco, uno con cada una y dos contigo, Valerie, el más pequeño todavía es un bebé.

-¿Cuántos tengo yo?

-Por el momento, tres.

-¡Bien! – de viva voz.

-¿Y con la quinta no? – le preguntó Deborah.

-No, con la quinta no, está sola.

-¿Quién es la quinta? – preguntó Valerie.

-Es secreto todavía.

-Ah… ya sé… - dijo Valerie.

-Pues si sabes, calladita.

-¿Qué pinta tiene? – preguntó Deborah.

-Ya te lo mostraré, Deborah. Vamos.