EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Un hijo llena el espacio de nuestro corazón que nunca supimos se encontraba vacío. Disfruta el milagro de dar vida a un ser al que amarás por el resto de tu vida".
VIDA
CAPITULO XXXIV
-Pensé que llegarían antes. – Dijo Albert quien fue quien los recibió en la estación de trenes.
-Lo siento Albert. – Dijo Candy saludando a su amigo.
-Hicimos una pequeña desviación. – Dijo Anthony al ver a su tío quien lo miraba como interrogándolo con la mirada.
-¿Lo encontraste? – Preguntó. Él sabía que Anthony quería ir a visitar la casa de sus padres en Escocia, pero no estaba seguro si se animaría, por eso no había incluido ese lugar en el recorrido que les había planeado, quería que él mismo decidiera si lo hacía o no. Anthony asintió con una sonrisa.
-Así es tío, lo encontramos. – Dijo feliz sonriente. – Él siempre me estuvo esperando. – Albert le sonrió feliz por su sobrino.
-¿Cómo es eso? – Preguntó.
-Mi padre dice que continuó mi búsqueda porque nunca vio mi cuerpo, el presentía que yo estaba en algún lugar y después de tres años de búsqueda por su cuenta regresó a Escocia, sabía que yo lo buscaría ahí en caso de estar vivo.
-Fue una buena decisión por parte de Vincent. –Dijo el mayor. - ¿Y bien? ¿Cómo les fue? – Preguntó al tiempo que abrazaba a ambos.
-¡Maravilloso! – Dijo Candy emocionada, había disfrutado mucho el viaje de luna de miel junto a su príncipe. Anthony sonrió enternecido y feliz por la manera de expresarse de su pecosa, ella estaba feliz y radiante por los días que habían pasados juntos y solos, la observaba embobado hablar con alegría de todo lo que habían pasado juntos.
-Se nota la verdad. – Dijo Albert al ver los rostros de su sobrino y su "hija". – Se te ve radiante Candy y a ti sobrino, se te ve muy bien. – Dijo apretando un poco más a Anthony a su cuerpo. – Me hace muy feliz que ustedes por fin estén felices y tranquilos. - ¿Cómo te has sentido Candy? – Preguntó a la rubia y ella se puso colorada por la pregunta sabía a qué se estaba refiriendo.
-Bien. – Contestó únicamente sin poder ocultar la pena que le había dado aquella pregunta.
-No tienes porqué sentir pena Candy, eres toda una señora casada y es completamente normal estar encinta. – Le dijo para tranquilizarla, sin embargo Candy sabía que Albert estaba enterado de su estado antes de la luna de miel.
-Hemos estado bien tío, los malestares no han sido diario. – Dijo Anthony quien estaba a la par de la rubia, ambos estaban sincronizados con las náuseas y los mareos, sin embargo les faltaba poco para pasar esa etapa. – Sin embargo leí que pronto pasaremos esta etapa. – Dijo el rubio con una sonrisa viendo a su esposa quien seguía colorada por plática que habían comenzado.
Los tres rubios se dirigieron rumbo a la mansión de Chicago, Albert los había llevado ahí y Anthony sintió nostalgia por regresar a aquella casa que tenía años de no haber vuelto a pisar.
-¿Sucede algo amor? – Preguntó Candy a su amado.
-No amor, solo que no pude evitar sentir nostalgia por este lugar. – Candy se aferró a su pecho y lo abrazó para tratar de reconfortarlo.
-Adelante hijo. – Dijo Albert. – Este es tu hogar, siempre serás bienvenido. – Le dijo al observar que el rubio dudaba un poco en entrar. Anthony entró ya un poco más tranquilo observando todo a su alrededor, llenando de recuerdos su mente, sobre todo aquellas escaleras por las que solía resbalarse mientras su madre lo perseguía para darle un baño. Sonrió con nostalgia.
-Anthony, Candy. – Dijeron Stear y Archie al ver a sus primos entrar en la habitación.
-Los estábamos esperando. – Dijo Stear emocionado de verlos, abrazándose todos en señal de bienvenida.
Unos minutos después las puertas se abrieron de nuevo, dando paso a las prometidas de Stear y Archie, habían ido ya que les habían organizado una comida de bienvenida a los rubios.
-Tom y Elisa no pudieron venir, están muy entretenidos con los preparativos de la boda. – Dijo Albert quien les había dicho a los jóvenes del regreso de Anthony y Candy.
-No te preocupes tío, conociendo a Tom es de esperarse que esté muy concentrado en su labor. – Dijo Anthony quien sabía muy bien como era Tom de dedicado cuando algo le interesaba. - ¿Y la tía Elroy? – Preguntó por su tía abuela, que si bien sabía que había asistido a la boda no había podido hablar con ella ni un momento.
-La tía abuela sigue encerrada en Lakewood, no quiere moverse de allá. – Dijo Albert. – Dice que ese es su hogar y que allá están sus recuerdos. – Dijo de nueva cuenta.
-¿Sigue molesta? – Preguntó Anthony.
-Ya menos. – Dijo Archie con una sonrisa burlona. Los demás se unían a su risa, sabían muy bien todos que eso era así.
-Genio y figura… – Dijo Stear.
-Hasta la sepultura. – Completó Anthony con una sonrisa de lado.
-Pero bueno, no es motivo de estar tristes, al contrario es motivo de celebrar su regreso y sobre todo por otro motivo. – Dijo Albert sin ahondar mucho en el tema, era algo que les pertenecía a su sobrino y su esposa, sin embargo sembró la duda para obligarlos a dar la feliz noticia. Albert ya no aguantaba las ganas de gritarle a todos que sería abuelo y tío abuelo al mismo tiempo.
-¿Qué motivo? – Preguntó Stear que fue el único que se atrevió a hablar.
-En un momento les diremos. – Dijo Anthony quien iba de la mano de su esposa rumbo al comedor, el hambre ya se les hacía presente en su organismo y no quería que tanto la rubia como él comenzaran a sentir náuseas por lo mismo.
-Adelante. – Dijo Albert cediéndoles el paso y entendiendo a la vez el apuro de su sobrino.
Se sentaron todos a la mesa felices de compartir aquella comida en familia como hacía muchos años no se daba en aquel gran comedor. Después de la muerte de la tía Rosemary y los constantes viajes que hacían para distraer a Anthony no se había dado una cena tan concurrida como aquella, había nuevos integrantes en aquella mansión, sin embargo todos eran familia, la nueva generación de los Andrew comenzaba a despuntar gracias a los tres alegres chicos que un día correteaban por aquellas paredes haciendo travesuras, inventando cosas o haciendo planes para el futuro.
Una vez terminada la cena, se quedaron en la sobremesa, platicando un poco del viaje que habían realizado los rubios, platicando de todo y de nada a la vez, detallando los momentos que habían pasado en cada ciudad.
-Bien. – Dijo Stear por fin. – Ya nos platicaron todo lo bonito que les fue, como se divirtieron y como ambos disfrutaron mucho de su compañía, pero ahora quiero saber ¿Por qué otro motivo hay que celebrar a parte de su regreso? – Dijo mirando al matrimonio a los ojos, como evitando que siguieran evadiendo el tema.
-Bien. – Dijo Anthony volteando a ver a Candy, ella dio su autorización para que el rubio comenzara a hablar. – Lo que sucede es que Candy y yo pronto seremos padres. – Dijo el rubio con una sonrisa de oreja a oreja sin poder ocultar más la alegría que le invadía el alma.
-¡VAMOS A SER TÍOS!- Gritaron Stear y Archie al mismo tiempo y en vez de abrazar a sus novias para festejar, se levantaron de sus asientos y se abrazaron entre ellos brincando y celebrando felices por el futuro integrante de los Andrew. -¡Que felicidad! – Decían ambos.
-Pronto habrá una gatita corriendo y trepando árboles. – Decía Archie quien era el que siempre apostaba por una niña.
-No te emociones Archie, puede ser un perfecto ayudante para mis inventos. – Decía Stear quien buscaba la manera de tener un ayudante.
-¡NO! – Gritó Candy al momento de que Stear terminó de hablar, quedando todos observándola con curiosidad, Anthony era el único que creía entender su preocupación. – Quiero decir, no creo que sea buena idea. – Dijo un poco más calmada. Archie fue el primero en estallar a carcajadas, mientras los demás comenzaban a seguirle, todos menos Stear quien se sintió un poco ofendido por la reacción de su prima.
-Vamos Candy, a ti nunca te ha pasado nada. – Dijo disculpándose por las innumerables veces que le había estallado un invento de su primo.
-Lo sé, solo que mi hijo será muy pequeño. – Dijo Candy continuando insegura de los planes de su primo.
-Aquí nadie seguirá siendo conejillo de indias, por lo menos no mi pecosa o mi hijo. – Dijo Anthony con una sonrisa mientras Stear mostraba su inconformidad. – Ya pronto tendrás los tuyos Stear. – Terminó el rubio, Stear volteo a ver a Patty con una sonrisa iluminando su rostro al pensar en aquella posibilidad, sin embargo la sonrisa de Patty reveló angustia.
-¡Sí! – Dijo Stear emocionado. – Podré tener muchos inventorcitos corriendo por el laboratorio. – Dijo emocionado mientras Patty sonreía con dificultad, sin embargo ver lo ilusionado que se veía su adorado inventor la hacía verlo enternecido. Los demás reían por la manera de hablar de Stear quien ya se le hacía que tendría muchos hijos y que todos le ayudarían con sus inventos.
Pasaron otra semana junto a su familia, Anthony le contaba todas las travesuras que hacían de niños y la llevó de nuevo a la casa del árbol ayudándola a subir esta vez él, Archie y Stear iban con ellos contando ahora los tres las aventuras de los tres Andrew, dejando siempre a Anthony como el que más travesuras había hecho saliendo bien librado de la mayoría. Candy estaba feliz de verlos juntos en aquel lugar, viendo como sus cuerpos ahora eran demasiado grandes para aquel espacio.
-Un día nuestros hijos estarán en este lugar. – Dijo Archie viendo alrededor de la pequeña casa. – Y pensar que antes nos parecía enorme. – Dijo con una sonrisa melancólica. De pronto se escuchó un crujido que puso a todos en alerta, sobre todo a Anthony quien definitivamente se levantó y ayudo a bajar a Candy de ese lugar.
-Pues será mejor que la reforcemos o construyamos una nueva, porque creo que ustedes chicos han engordado mucho. – Les dijo con gracia.
-¿Nosotros? ¡Pero si ustedes son los embarazados! – Dijo Stear siguiéndolos de cerca porque también había escuchado a la pequeña casa crujir.
-¿Me estás diciendo gorda? –Dijo Candy poniendo sus brazos en jarra al enfrentar al de anteojos haciéndose la ofendida, cosa que el chico comenzó a sudar.
-¡No! Para nada Candy, estás hermosa, los gordos somos nosotros tres. – Dijo refiriéndose a los caballeros. Candy comenzó a reír por la actitud de su primo y los demás la siguieron. – Vaya Candy, pobre de ti Anthony, no quisiera verla enojada de verdad. – Le dijo poniendo su brazo en el hombro de su primo. Candy le sacó la legua divertida y Anthony sonrió por su gesto.
-No me importa Stear, quiero estar con ella toda mi vida. – Dijo abrazándose a ella mientras sus primos los veían con una sonrisa en su rostro. Los dos Cornwell asintieron convencidos de que así sería.
Los preparativos de la boda de Tom llegaron a su fin, los Brower habían llegado justo a tiempo para terminar de ayudarles a organizar los detalles, Anthony y Candy habían comprado en su viaje el vestido de novia que Elisa portaría, era el primer regalo que les querían hacer a ellos ya como matrimonio establecido, los rubios estaban muy emocionados con la boda de su hermano, él se veía radiante y no podía esconder la alegría que le embargaba en el pecho, iba a cumplir por fin aquel sueño que había comenzado hacía tan poco tiempo, pero que estaba tan bien convencido que ella era la chica ideal para él, era la única que lo hacía estremecerse con tan solo una mirada, la única que lo hacía esforzarse por ser alguien mejor, la única que lo enfrentaba cuando tenía temor, la única que lo sacaba de quicio y a la vez lo elevaba al infinito, definitivamente nunca encontraría a otra mujer como Elisa, tenía todo, belleza, ternura, pasión y sobre todo el picante que le faltaba el día a día de su vida.
Elisa había sido ayudada ahora por Candy, Annie y Patty para la ceremonia, se encontraba frente al espejo mirando su reflejo, encontrándose con su mirada fija en él recordando toda su vida y el cómo había llegado hasta ese punto, le parecía imposible que ahora era completamente feliz, a pesar de antes haber tenido todo para serlo simplemente era muy infeliz, nada la satisfacía y solo buscaba sentirse superior a los demás mediante burlas y ofensas, sin embargo todo aquello lo único que le había generado era tristeza, amargura y una profunda soledad, ya no culpaba a nadie por su forma de ser, porque a pesar de la educación recibida siempre tuvo personas buenas a su lado, sin embargo ella había decidido portarse de esa manera, hasta que conoció a Tom, un chico incapaz de sentir la necesidad de complacerla, un chico capaz de enfrentarla y humillarla si era necesario por defender su orgullo, un chico que la hacía temblar simplemente de ver sus ojos encendidos de furia pero que al mismo tiempo esa mirada la hacía elevarse hasta el más elevado placer.
-Acepto. – Dijo una vez terminada aquella pregunta que una y otra vez se había repetido en su mente, una que estaba ansiosa por responder para convertirse por fin en la señora Stevens.
-Puede besar a la novia. – Dijo el sacerdote a los jóvenes que unía en matrimonio, era la segunda boda que se organizaba en aquel lugar y había quedado igual de hermosa, los invitados eran mucho menos que los de la boda de los Brower, sin embargo era gente que estimaba de verdad a Tom, las pocas personas que estimaban a Elisa se podían contar con una mano, ya que solamente Daysi quien a pesar de todo seguía interesada en Neal y una amiga del San Pablo eran las únicas que se habían atrevido a ir a la boda, nadie más de todas las amigas que un día había presumido tener, ni las personas que siempre barrían el suelo que pisaba habían sido capaz de asistir a su boda, su familia definitivamente estaba arruinada y con ellos la habían arrastrado.
El baile de boda comenzó, las pocas personas que habían asistido comenzaban a tomar su lugar en las mesas que habían colocado y el joven matrimonio comenzaba el primer baile como marido y mujer.
-Lo siento. – Le dijo Tom a su esposa, ello lo miró sorprendida.
-¿Lo sientes? ¿Por qué? – Le preguntó confusa.
-Porque sé que te hubiera gustado tener una boda más elegante y grande y que todo el mundo se enterara de este acontecimiento. – Le dijo con una sonrisa tierna, mirándola a los ojos. Elisa sonrió de la misma forma ¿Cómo no haberse enamorado de aquel joven vaquero, si a pesar de todo le demostraba una y otra vez su infinito amor?
-A pesar de lo que puedas pensar, por primera vez en la vida soy completamente feliz. – Dijo abrazándolo a su cuello. Tom esperó que continuara. – Mis padres no están conmigo, sin embargo sé que mi padre estará feliz por mí, y a pesar de que mi madre está lejos en el destierro me siento tranquila de que no está cerca para lastimarnos y Neal pronto saldrá de ese lugar y a pesar de su comportamiento siempre demostró la preocupación que siente por mí, son mi familia y no puedo cambiar eso, sin embargo sé que hoy comienzo una nueva a tu lado y eso es lo más importante, los lujos no los necesito si tengo a un esposo capaz de trabajar a sol y a sombra para sacarnos adelante a nuestro hijo y a mí, además las personas que están hoy a mi lado son las que realmente me han demostrado su amistad y son las que ahora me importan. –Tom la veía sorprendido, emocionado, por fin escuchaba de sus labios las palabras que él estaba esperando escuchar de sus labios, sin embargo él no se detendría por ello, seguiría trabajando y esforzándose para darle a ella la vida a la que había estado acostumbrada y recuperaría la posición que se merecía, él sabía trabajar para lograr eso y así lo haría.
El baile continuó, todos los invitados comenzaron a rodear a la pareja, Candy y Anthony bailaban felices, así como las parejas que formaban Archie y Annie, Stear y Patty, le hacían bromas al nuevo señor Stevens y este se defendía de la misma forma, parecían chiquillos, a lo lejos Elory veía a todos los presentes, se podría decir que ella, Daysi y la amiga de Elisa eran las únicas de la "alta sociedad" aparte de los Andrew, se sentía incómoda en ese lugar, sin embargo no podía dejar de asistir a esa boda era la boda de su única nieta directa y no podía hacerle el desaire si ya había asistido a la boda de Anthony, aunque en aquella ocasión los invitados estaban más a su altura.
Albert fue uno de los más solicitados para el baile, teniendo que dividirse entre las damas asistentes a aquella fiesta, primero sacó a bailar nuevamente a la tía abuela, ya que en la boda de Candy y Anthony, cuando ellos se habían ido la elegante mujer se tomó la molestia de bailar con su sobrino ante la mirada de todos los invitados quienes la veían asombrados por ser la primera vez que la veían bailar en muchos años. Elroy mostraba que aún tenía esa gracia de su juventud para mover su cuerpo y se dejaba llevar por los pasos de baile de su sobrino, después de Elroy Daysi pasó por sus brazos, después la amiga de Elisa y una que otra joven que había asistido por parte de Tom, quienes observaban maravilladas a aquel rubio tan elegante que asistía sin pareja, sin embargo él se había comportado como todo un caballero con todas las chicas, sin demostrar un interés especial en alguna.
-Veo que el tío está muy solicitado. – Dijo Anthony acercándose a sus primos para comentar lo que estaban todos observando.
-Y eso que no lo viste el día de su boda. – Le dijo Stear. – Estuvo bailando con muchas más chicas invitadas por él mismo. – Dijo con una sonrisa traviesa. – Pero una de ellas fue la que más acaparó la atención del tío.
-¿En verdad? – Dijo Candy ilusionada de escuchar que su protector había mostrado interés en una chica, ya que nunca había visto que eso sucediera.
-Tal vez era una chica más, sin embargo fue la que más llamó su atención. – Dijo Archie como queriendo que no se ilusionaran, él era el que más conocía a Albert y sabía perfectamente que aún no se había dejado atrapar por nadie, era joven aún y le quedaban muchas jóvenes por conocer, ya que ahora que se había destapado como la cabeza del clan Andrew le llegarían las ofertas de matrimonio y grandes dotes de chicas bien posicionadas, feas, jóvenes, hermosas, hasta con títulos nobiliarios, así que le esperaba un buen trabajo para decidirse por alguien en especial, solo le quedaba seguir tratando y seguir conociendo gente para por fin formar algún día su propia familia por lo pronto él se veía muy divertido bailando con aquella cantidad de chicas que estaban suspirando por el patriarca de los Andrew.
-Lo bueno que Magdalena no está presente, sino de seguro estaría detrás de Albert. – Dijo Candy con una sonrisa de lado volteando a ver a Anthony, quien reía por la ocurrencia de su esposa.
-Tienes razón amor, de seguro ella querría ser tu mamá. – Dijo Anthony en tono de broma, sin embargo eso asustó a Candy.
-Ni se te ocurra mencionar eso. – Dijo mientras se reían los demás.
-Ahora veo a lo que se refería el tío con el mal que aquejaba a los Andrew. – Dijo Stear siendo observado por Archie quien lo regañaba con la mirada, no quería que Annie estuviera celosa por lo que había pasado con Nancy.
-¿Qué mal es ese? – Preguntó Patty a su prometido. Stear contestó a su novia sin preocupaciones, sin advertir la mirada de Archie le hacía para que cerrara la boca.
-El tío dice que siempre los Andrew han tenido problemas con que las chicas nos persigan. – Dijo sintiéndose alagado por ese comentario, sin embargo la mirada de cada una de las chicas para los caballeros no decían lo mismo. Archie se daba una palmada porque su distraído hermano no había sabido guardar silencio a tiempo.
-Eso me consta muy bien. – Dijo Candy volteando a ver a su esposo con una sonrisa de lado, Anthony le sonrió con una sonrisa maravillosa, mostrando su blanca dentadura, acercándose a ella para besar su mejilla.
-Suerte que también somos bastante fieles. – Dijo tratando de salvar la situación.
-Eso es cierto. – Dijo Candy ya más tranquila lo que hizo que Annie relajara el cuerpo ya que se había tensado con el comentario hecho por su cuñado y Archie ya comenzaba a sudar por lo que tendría que explicar si al bobo de su hermano se le salía que había tenido una admiradora más insistente que ella misma.
La desaparición de los Stevens se dio de la misma forma que la de los Brower, también había recibido el mismo regalo por parte de Albert. Tom sería la primera vez que viajaría rumbo a Europa y estaba muy emocionado, Elisa le ayudaría y sería la guía turística de su esposo y le mostraría todos los lugares a los que los había enviado el rubio mayor.
La fiesta continuó su curso, la tía abuela se retiraba con su chofer un poco después de la huida de los novios, había convivido un poco con sus sobrinos mostrando genuina alegría por la noticia del próximo heredero de los Andrew, era algo que alguna vez había deseado y ahora se le haría realidad, lo único que podía pedir era vida para conocer la nueva generación de los Andrew.
Candy y Anthony amanecieron por primera vez sin ningún síntoma extraño aquella mañana, pudieron desayunar sin ninguna náusea y pensaban que ya sería el inicio del segundo trimestre, estaban en su cuarto mes de embarazo y aún no se apreciaba su vientre tan fácilmente.
-¿Estás segura que estas embarazada Candy? – Preguntaba Jhon quien era uno de los más emocionados porque sus hermanos serían padres, él siempre había querido ser tío y le gustaba pensar que podría ayudar y devolver a Candy lo mucho que había hecho por él siendo un pequeño niño.
-Por supuesto que sí, Jhon. – Dijo Candy con una risita divertida. – Lo que sucede es que está aún muy pequeño. – Le decía tratando de explicarle por qué no mostraba un vientre tan voluptuoso como el de otras mujeres embarazadas. Jhon se rascaba la nuca apenado por su comentario.
-Lo siento es que yo no sé Candy. – Se excusó el pobre chico. Candy se rió junto con él mientras salían abrazados rumbo al hogar a visitar a sus madres, Anthony estaba en el campo atendiendo todas las actividades del día, tratando de terminar temprano para reunirse con su esposa.
-Buenas tardes señorita Ponny, hermana María. – Decía Candy y Jhon.
-Buenas tardes chicos. – Contestaban ambas mujeres contentas de verlos tan seguido como antes.
-¿Cómo te sientes Candy? – Preguntaba la señorita Ponny, era la más emocionada porque tendría pronto un nieto, el primero que conocería después de tantas niñas y niños que habían pasado por ahí, pero que nunca habían regresado.
-Muy bien hermana María no se preocupe. – Decía Candy tranquila a su madre.
-Aún no puedo creer que dentro de unos meses seremos abuelas. – Decía emocionada.
-¡Y Yo seré tío! – Decía Jhon emocionado. – Yo lo enseñaré a montar Candy y todo lo referente al campo. – Decía sintiéndose orgulloso por todos los conocimientos que había aprendido a lo largo de ese tiempo. – Tú y Tonny me han enseñado mucho en toda mi vida y les debo mucho, por eso yo los ayudaré con mi sobrino. – Candy le sonreía feliz y agradecida.
-Hermana María, señorita Ponny ¿Qué han pensado de la boda de Annie? – Preguntó Candy un poco incómoda, pero quería saber lo que habían decidido.
-Nosotras no iremos Candy. – Dijo la señorita Ponny con tranquilidad, Candy observó a la hermana María confusa por la respuesta que había dado su madre y quería saber su opinión.
-¿¡Pero por qué!? – Preguntó asombrada.
-Candy, primero que nada porque no podemos dejar a los niños, ellos necesitan cuidado. – Dijo con calma. – Segundo a pesar de que Annie nos ha invitado y estoy segura que ha sido con gusto, sabemos bien que la señora Britter no lo verá con buenos ojos, además ese día precisamente vendrán unas familias a ver a los niños y esperamos que alguno de ellos consigan una familia a la cual pertenecer. – Dijo por último la buena mujer. Candy no estaba de acuerdo con los dos primeros puntos, pero sabía que era cierto lo de la señora Britter.
-Pero… - Dijo Candy intentado replicar.
-Ya deja de buscar una excusa Candy, nosotras sabemos nuestro lugar y te aseguro que estamos bien con eso. – Dijo la hermana María. - De todas formas agradecemos mucho tu preocupación.
Los días pasaron rápido y pronto se llegó el mes en el que se casaría por fin Annie y Archie, la boda sería un completo acontecimiento en toda la ciudad, la señora Britter había hecho todo lo posible porque se hablara de la boda de su hija por mucho tiempo y se había desvivido por hacerla muy espectacular, Annie estaba entusiasmada por todo lo que habían hecho sus padres por ella.
-¿Estás lista amor? – preguntó Anthony quien tenía todo listo para trasladarse una semana a Chicago y pasar así esos días en compañía de sus primos, los últimos que le quedaban a Archie como un joven soltero.
-Estoy lista amor. – Le contestó Candy quien ya se había ataviado con un sombrero para comenzar aquel viaje.
-Bien Jhon, nos veremos en una semana. – Le dijo Anthony a su hermano menor. – Te esperamos allá. – Dijo por último ya que sabía que Jhon también estaba invitado a la boda. – Jhon asintió.
-No te preocupes por nada Tonny, yo estaré al pendiente de todo, junto a Tom y en una semana nos veremos en Chicago. – Dijo con una sonrisa el muchacho.
-Ve sin pendiente Tonny. – Dijo Tom quien también ya había regresado de su luna de miel y seguía trabajando en el rancho de Tonny, mientras que Elisa se dedicaba a aprender todo lo relacionado con la vida de señora casada, ambos vivían ya en el rancho que era de Tom y poco a poco la pelirroja iba adaptándose más a su nueva vida, sin embargo extrañaba la vida de la alta sociedad, pero las miradas que le daba la gente en Chicago la hacían aguantar sus ganas de regresar a ese mundo frívolo y hostil para su familia.
-Gracias muchachos, nos veremos pronto. – Dijo Anthony con una sonrisa.
-Hermana María, señorita Ponny ¿Siguen pensando en no asistir? – Preguntó la rubia insistente. – Annie se sentirá muy mal si no van.
-Es posible Candy, pero es mejor así, no queremos importunar a la madre de Annie, de todas formas entrégale esto por favor. – Le dijo entregándole un pequeño presente envuelto en una pequeña cajita, era algo muy sencillo sin embargo era hecho con mucho amor. – Sabemos que no necesita nada, sin embargo quisimos dárselo para este día. – Dijo con un suspiro profundo. Aquel regalo era el crucifijo que Annie había usado en su primera comunión y sabían que ella lo valoraba mucho.
-Yo se lo entregaré señorita Ponny, no se preocupe. – Dijo Candy dejando de insistir con lo de su asistencia.
-Vamos amor. – Le dijo Anthony tomándola por la cintura para ayudarla a subir con cuidado al automóvil.
-Tengan mucho cuidado Tonny. – Dijo Tom por último a su hermano dándole una palmada en el hombro para para despedirlo.
El automóvil comenzó su marcha, querían llegar temprano y aprovecharían la mañana para viajar tranquilos. El camino estaba lleno de piedras y mucho movimientos, siendo necesario que Anthony condujera con mucho cuidado y precaución yendo más despacio que de costumbre para que Candy no sufriera mucho en su estado.
-¿Te encuentras bien hermosa? – Preguntó tomando su mano para besarla con amor.
-Sí amor, no te preocupes, estoy bien. – Le contestó con una sonrisa, amaba que la tratara con aquel cuidado, y le gustaba más porque había regresado a ser aquel chico tierno y dulce que le había robado primero el corazón, ya no era el testarudo y rebelde vaquero que había encontrado un día, lleno de celos e inseguridades.
Llegaron a su destino por la tarde, habían parado solo un momento para descansar disfrutando los olores del campo, antes de continuar su camino.
-Bienvenidos. – Dijo Albert quien los esperaba en la mansión.
-Gracias Albert. – Dijo Candy abrazándolo con cariño.
-Hola tío ¿Cómo estás? – Preguntó Anthony saludando a su tío.
-Muy bien, gracias a Dios y ustedes ¿Cómo va mi nieto? – Preguntó con una sonrisa traviesa.
-¿Nieto? – Dijo Candy sorprendida y con una risita que no podía evitar soltar.
-Si lo piensas bien, legalmente es mi nieto y es mi sobrino nieto de verdad. - Dijo Albert.
-Tienes razón tío. – Dijo Anthony. - ¿Dónde están los Cornwell? – preguntó buscando a sus primos.
-En un momento vienen, estaban en las pruebas de vestuario de Archie. – Dijo con una risita traviesa.
-¿Pruebas de vestuario? ¿Todavía? – Preguntó Anthony divertido.
-Puedo asegurarte hijo que Annie lleva menos pruebas que Archie. – dijo sin poder soltar una carcajada todos por el comentario.
-Te oí tío. – Dijo Archie quien llegaba junto a Stear.
-El tío ha dicho la verdad Archie. – Dijo Stear uniéndose a la risa de los recién llegados y su tío, ante la mirada inconforme del gatito.
-Ustedes no entienden de la elegancia. – Dijo con un aire sofisticado, eso provocó más risa entre los presentes.
Esa semana se dedicaron a convivir más como familia, todos juntos, las parejas se reunían a comer o cenar todos los días disfrutando su compañía, Candy comenzaba a sentir un leve movimiento en su vientre, sin embargo aún no era algo perceptible para los demás, Anthony se quejaba porque no podía sentir el movimiento de su hijo.
-Tranquilo. – Le decía Candy. - Pronto lo sentirás. - Sin embargo una noche que estaban dormidos profundamente Anthony rodeó el cuerpo de su esposa con su brazo colocando su mano sobre su vientre y en ese momento el rubio sintió un pequeño golpe en la palma de su mano, por estar dormidos ninguno de los dos sentía ese movimiento, hasta que después de varios intentos como si quisiera ser advertido el bebé siguió insistiendo hasta que ambos padres se despertaron de madrugada.
-¿Lo sientes? – Preguntó el rubio quien fue el primero en advertir lo que estaba pasando. –Se está moviendo. – Decía emocionado, se había levantado de su lugar sin despegar la palma de su mano del vientre de Candy.
-¿Moviendo? Me está pateando. – Dijo Candy un poco adormilada, mientras Anthony sentía el movimiento como una caricia y un leve cosquilleo en su palma Candy sentía como que le estaban pateando insistentemente el vientre.
-¡Es maravilloso! – Decía Anthony con un nudo en la garganta al sentir aquella maravillosa sensación. Candy lo veía maravillada, era hermoso verlo tan ilusionado con su próxima paternidad. Candy tomó la mano de Anthony con la suya y juntos sintieron el movimiento de su bebé.
-Tienes razón, es maravilloso, aunque por fuera a penas se siente el movimiento por dentro parece que está jugando a la pelota. – Dijo sonriendo. Anthony la besó con ternura y comenzó a hablarle a su bebé con esa voz tan tranquilizante que tenía cuando hablaba en un susurro, tranquilizándolo poco a poco, a partir de esa mañana todos los días a la misma hora el pequeño despertaba en el vientre de su madre buscando las palabras de su padre.
La boda de Annie y Archie fue espectacular, como se había anticipado, ambos habían estado muy elegantes y la señora Britter se sentía muy importante, la señora Elory a pesar de haber estado en contra al principio de aquella boda, se sentía muy halagada porque la madre de Annie hubiera hecho lo posible por mantener el nombre de los Andrew en alto, ambas sabían que sus apellidos eran muy importantes, pero sobre todo la señora Britter quería que todos se enteraran con quien habían emparentado.
Archie se veía feliz, enamorado de su hermosa pelinegra ojos azules, la veía muy enamorado mientras bailaban aquel vals que los había anunciado como marido y mujer. Mientras bailaban la gente observaba a los demás integrantes de la familia y Elroy era mirada con intriga después del escándalo, era la primera vez que salía ante la sociedad en Chicago después de aquel escándalo con los Leagan, no podían evitar que la gente hablara, sin embargo esa vez la mujer hizo de tripas corazón para callar las habladurías de la gente, observaba que a pesar de todo Elisa seguía siendo una dama y que el joven que había elegido como esposo tenía porte y elegancia, ambos habían ido muy acordes a la ocasión, dejándola satisfecha con su presencia. Que decir de Patty era una jovencita de muy buena familia y su nieto era bastante guapo.
Candy y Anthony eran los que más le habían causado orgullo, a pesar de que ella era adoptada la elegancia natural que había en ella no podía discutirla, Anthony había sabido pulirla bien, pensaba Elroy, los veía ilusionada esperando que tuvieran a su bebé y miraba a Elisa quien también le había dado la sorpresa de que tendría un hijo, a pesar de todo se sentía feliz por ella, y reconocía que ahora a pesar de lo sufrido era otra mujer, muy diferente a ella y a su hija.
-La tía abuela se ve feliz. – Dijo Candy quien no pudo no advertir la mirada de orgullo que salía de los ojos de Elroy.
-Me alegra mucho que sea así. – Dijo Anthony. – Dicen los muchachos que ha estado más cercana a ellos, por lo pronto está haciendo lo posible por no estar sola. – Dijo abrazando a su esposa mientras besaba su frente.
-Por cierto ¿Dónde está Albert? – preguntó Candy curiosa y buscando por todos lados a su padre.
-Creo que el tío está muy ocupado. – Dijo apuntando con la mirada hacia donde había visto a su tío acosado por varias damas que lo querían para que bailara con ellas un poco. - Que pena que tendrá que seguir con el mal de los Andrew. – Dijo con una risita.
-Mientras tú no seas el que lo sigue padeciendo. – Dijo Candy mirando a su alrededor sin evitar sentir un poco de celos por las miradas de las chicas que estaban a su alrededor.
-Qué suerte que yo solo tengo ojos para ti mi amor. – Le dijo uniéndola a su cuerpo mientras se la llevaba de nuevo a la pista de baile para comenzar a bailar una vez más, tenían que hacerlo así por episodios para que ella no se cansara mucho.
-Qué suerte tengo. –Le dijo guiñándole un ojo mientras se dejaba llevar por los pasos de su amado.
Continuará…
Hola hermosas ¿Cómo están? Espero que muy bien, han estado muy calladitas, espero que sea porque están ocupadas pero con mucha salud, gracias por los comentarios que hacen sobre esta historia, me da mucho gusto que les esté gustando bastante he recibido muy buenas críticas de ella y sobre todo muchas visitas, de muchos países, así que les mando un saludo y un fuerte abrazo a cada una de ustedes, saludos a las lectoras de México, Colombia, Estados Unidos, Brasil, Guatemala, Chile, Perú, Venezuela, Argentina, Francia, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Portugal, Bélgica, España, Reino Unido, Grecia, Alemania, Canadá, Holanda y Federación Rusa, a todas y cada una de ustedes lectoras gracias por tomarse un tiempo de leer, ojalá se atrevieran a dejar su comentario sin importar el idioma. El orden de cada uno de los países es por el número de visitas que he tenido de cada uno, reciban mis más sinceros agradecimientos y bendiciones para cada una.
Saludos y bendiciones.
