Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XXX: Mi debilidad.

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Las luces de neón se intensificaban a medida que todo se movía, que todos se agitaban, cuerpos contra cuerpos, sudor salpicado, el aroma de alcohol y nicotina adueñándose del sitio, la música subiendo cada vez más, absorbiendo todo cuanto podía. El ritmo iba compenetrándose en su palpitar, sintiéndose cada vez más, parte de la escena dinámica que representaba su cuerpo en aquel salón lleno de personas. Cerró los ojos un momento, regresando en sí.

―No puedo creer que terminara apareciendo de ese modo ―La voz de Camie la trajo de vuelta al sitio en donde se encontraba sentada. Una mesa ubicada en una de las esquinas del gran bar, acompañada por sus amigas, bebiendo ella una copa de vino y las demás whisky―. A veces quiero entenderlo, pero Tsuki es tan…

―Egoísta ―Convino Tsuyu.

―¿De verdad pensó que estabas embarazada? ―Volvió a preguntar Mina indignada―. ¿Acaso piensa que no le dirías algo así?

―Lo peor de todo ―Dijo Ochako llevándose la copa a sus labios bajo la atenta mirada de sus amigas―, creí haberlo superado, pero cuando tocó mi piel… ―Ochako volvió a perderse en sus pensamientos, en el recuerdo de Katsuki tocando su vientre o tomando su mano. Mierda, su cuerpo la traicionaba de un modo tan vergonzoso.

Camie miró a la castaña y se llevó su vaso de whisky a los labios, maldiciendo en su interior a su amigo por tener de ese modo a la joven mujer.

―¿Saben qué? Estoy harta de él ―Ochako tomó su copa de vino para bebérselo por completo, sorprendiendo a sus amigas―. Hoy vine para pasarla con ustedes. No para llorar por un hombre.

―¡Esa es mi chica! ―Gritó Mina para ponerse de pie y jalando de Ochako, la sacó de allí, dirigiéndose a la pista del medio, rompiendo el hielo del sitio para comenzar a bailar, sin interesarle ser el centro de atención.

Camie observaba con cierta preocupación a Ochako, volteó a ver a Tsuyu entonces.

―¿Es buena idea que Ochako beba tanto? ―La azabache se encogió de hombros.

―Una Ochako ebria es mal presagio ―Respondió―. La última vez que tomó tanto, terminó conociendo a Iida.

―¿Y por qué es mal presagio eso?

Tsuyu la miró.

―Al día siguiente, Bakugo la suspendió cinco días. ―Tsuyu se puso de pie para acompañar a sus otras dos amigas a la pista.

Camie las vio bailando, pensando en las palabras de Asui. Bakugo siempre estaba en la ecuación que involucraba a Uraraka. ¿Mal presagio? Camie sonrió.


Bakugo apretó el seguro del guardapelo que tenía entre sus manos, hallando la fotografía de Ochako en ella. Sus ojos recorrieron cada detalle en su rostro como el mismo día que le tomó aquella fotografía: ella de pie en contraluz a los rayos del ocaso, el último suspiro de luz que el sol brindaba antes de caer; Ochako se veía hermosa, más que nunca, con aquel tono naranja acariciando su cuerpo, envolviéndola, su sonrisa era radiante y aún podía escuchar su risa cuando él le decía que se quede quieta.

―¡Pero si tú nunca quieres que te saque fotos! ―Había dicho ella entre carcajadas, él no podía evitar contagiarse con su gracia.

―¡Yo soy yo, tú eres tú! ―Respondió él con el teléfono en alto―. Carajo, Cara de Ángel, quiero tu maldita cara en mi guardapelo.

―¿Y me lo pedirás así? ―Inquirió ella cruzándose de brazos, subió una ceja y él sólo rodó los ojos para acercarse a ella, la envolvió entre sus brazos y besó su sien―. ¿Piensas que con un beso será suficiente? ¿Tan fácil crees que soy?

Él rio para morder su oreja, arrebatándole una risa baja en compañía de un suspiro poco disimulado.

―Eres cruel, Katsuki ―Respondió ella cerrando los ojos ante el tacto que su lengua en su lóbulo le producía.

―Y eso que no he hecho el esfuerzo por serlo ―Susurró contra su oído.

Ella rio como una adolescente para separarse de él.

―Tendrás mi foto, pero ¿qué me darás a cambio? ―Él la miró con una ceja enarcada―. Oh, vamos, todo tiene un precio.

Katsuki se llevó una mano a su mentón de manera pensativa, sentía la mirada de Ochako sobre él y eso le provocaba querer sonreír. Dirigió sus rubíes orbes a ella para finalmente, levantar su teléfono nuevamente hacia su novia, ella echó a reír para que su imagen terminara capturada en su teléfono finalmente. Ella se abalanzó sobre él por ser injusto y él terminó llevándola de brazos a la cama para cumplir parte de su trato: una fotografía por una noche llena de "cosas malas".

Una sonrisa involuntaria se escapó de sus labios ante el recuerdo que aquella foto ejercía en él. Cerró el relicario entonces y con él, volvió a sepultar su memoria al lado de Uraraka por, al menos, varios días antes de que querer abrirlos, como cual caja de Pandora. Y es que aquel relicario era una pieza de total tentación para él: abrirlo, significaba la liberación de memorias que, así como le arrebataba sonrisas, le devolvía el dolor que cada día intentaba aplacar.

Su madre tenía razón, era un maldito masoquista. ¿Por qué seguir guardando el relicario? Porque sencillamente, la idea de vivir de recuerdos era mejor que hacerlos sin ellos, aunque éstos implicaba recordar que no la tenía con él. Él se encargó de desaparecer de su vida, de que ésta fuese realmente buena para ella: ella trabajaba en un lugar exitoso, poseía un jugoso salario y finalmente, la paz en su vida era un hecho.

El sonido de su teléfono alertando una llamada lo arrebató de sus pensamientos, sobresaltándolo. De pronto, recordó que estaba en el despacho de su abuela terminando trabajo que trajo de la oficina para pasar el rato, era la única manera que tenía de pasar sus noches de insomnio.

Tomó el teléfono en mano, el nombre de Camie llamó su atención. Desde la última vez que había ignorado las llamadas de Utsushimi y que todo el caos de una fotografía íntima terminó por arruinarles la vida, prometió siempre contestar las llamadas de su rubia amiga. Esa noche no fue la excepción.

Grande fue su sorpresa de escuchar un sinfín de ruido desde la otra línea, música estridente, griterío eufórico producto de la ebriedad y la voz de su amiga por encima de todo aquella algarabía.

―¿Camie? ―Preguntó Bakugo al no comprender las palabras de su amiga―. ¿Dónde mierda estás?

¡Tsuki! ―Gritó la mujer―. ¿Puedes venir a buscarme?

―¿Qué? ¿Por qué no llamas a tu novio para eso, tonta? ―Preguntó molesto.

¡Tenya está patrullando! ¡Por favor, estoy muy ebria y me quedé sola! ―Gritaba, se la escuchaba bastante ebria para su disgusto―. No tengo dinero para pedir un taxi o uber. Además, eres mi único amigo, Tsuki.

Bakubo maldijo internamente. Odiaba que usara aquel tono para hacerlo ceder, finalmente, él siempre terminaría ayudándola sin importar lo que esto implicara; además, sólo era buscarla de un bar.

―¿En dónde estás?

¿Recuerdas Ginza 300? ―Obviamente lo recordaba―. Vine aquí con algunas amigas pero todas se marcharon, me dejaron sola. ¿Puedes venir pronto? Siento que hay un sujeto mirándome extraño.

―Mierda, estaré ahí en quince minutos. ¿Puedes resguardarte en el baño mientras? ―La escuchó afirmar y bajo esa condición, Bakugo finalizó la llamada.

No era la primera vez que él terminaba salvándola de bares por culpa de idiotas que no podían ver a una mujer sola o aceptar un 'no' de su parte. Dejó la comodidad de su sillón, tomó su abrigo y salió del despacho de su abuela. Su chofer ya no se encontraba disponible, no podría pedirle que se despertara a las dos de la mañana sólo para llevarlo a rescatar a su amiga, así que tomó las llaves de su propio vehículo y saliendo por la puerta trasera de su gran casa, subió a su móvil.

La madrugada de aquel domingo lo halló manejando hacia el barrio de Ginza, dirigiéndose a la zona de bares y karaokes, en donde la tranquilidad dejaba de existir por la música y el movimiento de personas que iban y venían. La conglomeración de personas era asfixiante incluso para él que iba en la cabina de su vehículo.

Tomó su teléfono cuando llegó al bar en donde su amiga se hallaba para marcarla pero ésta no contestaba. ¿Qué mierda le pasaba? Maldijo un par de veces, pero Camie seguía sin contestar. Un texto le llegó después para su sorpresa: "espérame en la entrada". Suspiró molesto, se estacionó cerca de la entrada cuando halló finalmente un lugar y allí, con las luces de stop, aguardó a que su amiga hiciera acto de presencia.

Pasaron aproximadamente diez minutos antes de que unos nudillos golpearan el vidrio de su ventana, sobresaltándolo. Era Camie, pero no estaba tan sola como se lo había dicho minutos atrás.

―¿Qué mierda…? ―Katsuki miró sorprendido a su amiga que llevaba el brazo de Ochako tras sus hombros, mientras intentaba estabilizarla sin mucho resultado. Se apresuró a abrir su puerta para bajarse y ver qué sucedía―. ¿Qué le pasa? ¿Está bien?

―Demasiadas mezclas ―Comentó Camie con una sonrisa inocente―. Pero sobrevivirá. Sólo necesito que la lleves a su departamento o a tu casa, lo que te quede más cerca, ¿está bien?

Bakugo miró a Camie entre sorpresa y enojo, ella sólo le guiñó el ojo divertida.

―¡Utsushimi! ―Bramó molesto el rubio pero Camie sólo le tendió a Ochako como si de un saco de papas se tratara. Katsuki la tomó deprisa, evitando que, de ese modo, acabara golpeándose contra el asfalto―. ¡Tienes que estar bromeando! ¡No vine por ella, vine por ti!

―Ay, qué buen amigo pero Tenya está esperándome en la esquina. Avísame cuando Ochako-chan se encuentre mejor, ¿sí? ―Katsuki miraba incrédulo a Camie, quien, sin escrúpulos, lo abandonó con una Ochako bastante ebria, balbuceando incoherencias contra su pecho.

Bakugo bajó la vista a la mujer entre sus brazos sin saber qué hacer. Se encogió de hombros, claramente sabía qué hacer, no podía dejarla inconsciente en la acera del bar. La sujetó mejor, colocando su brazo tras sus hombros y rodeándola por la cintura, la ayudó a subirse a su vehículo en el asiento trasero, recostándola con cuidado. Ochako seguía balbuceando, riendo entre dientes.

―Necesito… Baño… Ugh…

―Carajo… ―Maldijo para sí. Cerró la puerta del auto para subirse tras el volante y así dirigirse a su propia casa, porque era el sitio más cercano al bar. Si intentaba llegar al departamento de Ochako en Chiyoda, su auto estaría arruinado con el vómito de ésta.


Katsuki llegó hasta la gran casa de los Bakugo después de diez minutos, ingresó por la entrada vehicular una vez el portero lo vio llegar. Estacionó cerca de la puerta trasera de la casa y aunque ayudarla a descender de su vehículo no fue un problema, ya que la mujer era pequeña y solía levantarla con facilidad cuando vivían juntos, lo que realmente terminó por ser un reto fue ingresar a la gran casa en donde dos de las empleadas seguían despiertas y lo vieron ingresar al gran salón con Ochako en sus brazos.

Una de ellas se apresuró a ayudarlo con uno de los zapatos que acabó cayéndose de los pies de Ochako, mientras la otra lo observaba con sorpresa. No había que ser demasiado listo para reconocer quién era la inconsciente mujer que cargaba en sus brazos.

―Haz algo útil, mujer y prepara un té de hierbas para su estómago.

―Sí, Bakugo-san. Disculpe ―Respondió la mujer avergonzada para dirigirse a la cocina para hacer lo que el hombre le había dicho.

―¿Quiere que prepare una habitación para la señorita Uraraka? ―Inquirió Tomoe, la otra mujer que traía los zapatos de Ochako y lo seguía de cerca.

―Hazlo. Gracias, Tomoe.

La mujer asintió a sus palabras para alejarse de él. Katsuki se dirigió a su propia habitación con Ochako en brazos, intentando ser lo más rápido posible en su andar, pues la mujer comenzaba a tener espasmos a consecuencia de su estómago sobrecargado de sustancias que intentaba vaciar para aliviarse a sí mismo. Definitivamente, Camie se las pagaría.

La escuchó quejarse por algo sobre su vaso pero sólo se acomodó mejor entre sus brazos para abrazarse a él como única tabla de naufragio. No pudo evitar sonrojarse, incluso en esa situación, ella seguía siendo adorable. Llegó hasta puertas de su propia habitación, la descendió al suelo, sin dejar de sujetar con fuerza su cintura, evitando que cayera cuando estuvo frente a su puerta.

―¿Katsuki? ―Preguntó la mujer cuando ingresó a su habitación. Él cerró la puerta tras de sí y sin soltarla, la ayudó a caminar en dirección al baño privado que contaba el cuarto―. ¿Qué haces aquí?

―¿Qué crees que hago, tonta? Gracias a Camie, soy tu niñero por esta noche.

―Niñero… ―Balbuceó Ochako entre risas tontas que lo hizo rodar sus ojos.

Entonces, Ochako se llevó ambas manos a su boca, deteniéndose inmediatamente. Él reconoció aquella palidez en su rostro y los movimientos en su garganta sólo significaban una cosa. Ingresaron al baño y levantó la tapa del inodoro un segundo antes de que ella vaciara todo en la taza cerámica.

Katsuki tomó con sus manos el cabello de Ochako, peinándoselo hacia atrás para evitar que lo ensuciara con su vómito, dedicándole caricias circulares en su espalda, ayudándola a recomponerse de los espasmos que le causaba el acto en sí. Bakugo estuvo a su lado aun cuando ella no comprendía que sucedía, aun cuando estaba llena de su propio vómito, él sólo pudo suspirar.

―¿Estaría mal sacarte una foto? ―Dijo para sí muy bajito―. Me debes varias, Cara de Ángel.

―Te mataré si lo haces ―La escuchó responder. Katsuki no ocultó su sonrisa ante sus palabras bruscas; la mujer se limpió el hilo de saliva que caía de sus labios para mirarlo con su ceño fruncido―. ¿Qué haces aquí?

―Es mi puta casa, borracha. ―Ochako rodó los ojos―. Además, impido que llenes de vómito tu cabello. ¿No es obvio? ―Ella lo miró un momento con el ceño fruncido, claramente no entendía lo que decía, quizá ni recuerde cómo llegó allí ni que él terminó ayudándola de ese modo―. ¿Necesitas echar más? ―Ella negó―. Bien, te ayudaré a quitarte la ropa, necesitas bañarte. Apestas.

Ochako asintió de forma meditabunda, él realmente no sabía si su cuerpo se movía porque sí o porque realmente comprendía lo que le decía, así que la ayudó a ponerse de pie y desprendió el vestido que traía puesto, estaba sucio por tener manchas de cerveza y otros licores (Camie no mentía, la mujer había mezclado demasiado) y un poco de vómito, así que la ayudó a quitárselo. También, le ayudó a deshacerse de su ropa interior, intentaba no mirarla directamente, aunque conocía a profundidad el cuerpo de la mujer, en esos momentos, ella estaba inconsciente y ya no era nada suyo, no quería sentirse como un maldito pervertido.

―Katsuki… ―La voz de Ochako lo hizo levantar su mirada a su rostro, ella le extendió su mano―. ¿Me llevas a la ducha? Yo no… ―No hacía falta explicar demasiado. Él asintió.

Tomó su mano, la guio hasta el duchero, abrió el grifó y preparó el agua tibia como sabía que le gustaba y asegurándose de que esté a la temperatura adecuada, la ayudó a pasar por la mampara acrílica.

―¿Quieres que me quede? ―Ella asintió. Era la mejor decisión, temía que cayera y se rompiera algo. En ese estado, todo era posible.

Katsuki juntó su ropa sucia para dejarla en una esquina del baño, la llevaría a lavar luego, una vez que Ochako esté en su cama sana y salva. Aguardó un momento cerca del duchero, dándole la espalda y permitiéndole privacidad. La escuchaba murmurar, aunque por un momento, creyó escucharla cantar. Katsuki sonrió por lo bajo; la Ochako ebria era una de sus favoritas, solía decir maldiciones y hacer cosas que la Ochako sobria nunca se animaría. Esa noche, le tocó volver a encontrarse con su yo ebria y aunque la situación era extraña, se sentía tranquilo de que él haya ido por ella a buscarla, aunque técnicamente no la buscaba a ella.

Camie sin duda, sabía que había tomado una decisión errónea al alejarse de Ochako, no había momento en que no se lo dijera, pero esa noche superó sus expectativas. Nunca esperó que terminara llamándolo con la excusa de ayudarla sólo para entregarle a una muy ebria Uraraka Ochako. Suspiró cansado; a pesar de todo, sentía cierta gratitud hacia su amiga, porque sabía que si llevaban a Ochako a su departamento, ella no tenía a nadie allí para que la ayude en aquel estado extremo de ebriedad e inconsciencia. Finalmente, él quería cuidar de Ochako incluso si ella no lo recordaba.

Escuchó que cerró el grifo, tomó la toalla que tenía colgada en el perchero del baño. Le extendió su mano a la castaña, ésta lo tomó y entonces la sacó del duchero, envolviéndola en su toalla, salieron del baño con cuidado de que ésta no se resbalara y así, dirigirla a su cama.

―Trata de no caerte, Cara de Ángel. ―Ochako sólo murmuró algunas cosas para recostarse en su cama. Él se encogió de hombros, no podía hacer mucho.

Katsuki fue a su placar, deslizó una de las hojas del mueble en donde guardaba sus camisetas y pantalones largos. Tomó una de sus prendas con mangas largas de color rojo y unos yoguis ajustable en la cintura; no era la primera vez que Ochako usaría prendas suyas.

Se acercó a ella para vestirla, la mujer intentaba enderezarse de la cama aunque parecía demasiado mareada para lograrlo. La toalla había caído a su alrededor, enseñando sus senos a la perfección. Katsuki la ayudó a sentarse en la cama para colocarle su camiseta encima.

―¿Por qué todo da vueltas? Siento que moriré.

―Te mataré si te mueres ―Dijo él y la escuchó reír por lo bajo para luego quejarse del dolor que le producía su propia risa. Él sonrió sin que ella lo notara―. Sí que eres increíble, Cara Redonda.

―Te extrañaba. ―La escuchó decir cuando introdujo su cabeza en el hueco del cuello de su camiseta. Él detuvo sus movimientos al oírla, negó para sí y finalmente terminar de colocarle la prenda en forma.

―Está ebria, sólo está ebria ―Seguía repitiéndose a sí mismo.

Se arrodilló frente a Ochako para introducir sus piernas en los yoguis blancos que eligió para ella. Los brazos de Ochako fueron a su cuello, la tomó contra su pecho y así ponerla de pie, ajustando los cordones en su cintura, sin que ésta cayera de su cuerpo al dormir. Podía sentir el aroma de Uraraka entremezclada con el suyo propio; una de las cosas que adoraba, era verla vistiendo sus ropas, le gustaba verla con prendas de grandes dimensiones en su pequeño cuerpo.

La puerta de su habitación sonó con un par de golpes, llamando su atención. Tomoe ingresó a su cuarto después de oír la voz de Katsuki permitiéndole ingresar. La mujer le dedicó una reverencia de respeto para verlo de pie frente a una joven Ochako recostada en su cama.

―La habitación para Uraraka-san está preparada.

Katsuki dirigió su vista a Ochako, ésta lucía demasiado cómoda allí. Se encogió de hombros.

―Gracias, será mejor que duerma aquí. Iré al otro cuarto para descansar. ¿Podrías retirar sus ropas sucias? ―La mujer asintió a sus palabras para ingresar al cuarto y dirigiéndose al baño, tomó las prendas sucias de Ochako, dejando su cuarto después.

Bakugo quitó la toalla húmeda de la cama, volviéndola a llevar al baño. Cuando regresó a Ochako, la vio acurrucada de forma fetal, era su posición favorita para dormir, ya no quedaba mucho por hacer allí, más que ponerle encima una sábana. Cuando su cuerpo sintió el calor de la tela, Ochako se acurrucó mejor contra la almohada, formulando una sonrisa infantil en sus rozagantes labios que él no pudo dejar de observar. Intentó contenerse pero sus dedos fueron a aquellos labios que adoraba besar sólo para rozarlos con su piel, el único consuelo que tenía en esos momentos.

―Katsuki… ―La escuchó susurrar. La mujer fue abriendo un poco sus ojos―. Ven a mi lado.

―Ochako, no…

―No vuelvas a irte.

Su corazón volvió a bombear con fuerza, su rostro se tornó de un rojo indescriptible y sólo pudo desear desaparecer. Por más de que se repetía una y otra vez sobre el estado etílico de su ex novia, el modo en el que le hablaba y la forma en la que lo miraba lo hizo flaquear. Aspiró profundo para suspirar.

Mierda.

―Me marcharé antes de que despierte ―Se dijo a sí mismo. No quería que ella recobrara el conocimiento y lo vea durmiendo a su lado, no quería que pensara que aprovechó la situación para su conveniencia.

Katsuki se quitó su abrigo, dejándolo sobre la silla que tenía cercana a su escritorio, sus zapatos igual y finalmente, sus pantalones dejándolos sobre su abrigo. Escuchó cómo su relicario cayó al suelo cuando se quitó su ropa, lo tomó entre sus dedos para ponerlo sobre su escritorio. Caminó hacia su placar nuevamente, tomó unos pantalones holgados, colocándose en silencio. Volvió a mirar a Ochako durmiendo en su cama, ¿era una buena idea?

Suspiró. Caminó hacia su cama, levantó su sábana e introduciéndose en ella, mantuvo cierta distancia del cuerpo de la mujer, viéndola dormir. Ochako se acomodó mejor, dirigió su rostro hacia él, acurrucándose mejor contra su almohada. Katsuki dirigió su mano hacia sus rozagantes mejillas, acariciándola con cuidado, sintiendo la tibieza y suavidad de su piel.

―Katsuki… ―Susurró ella al sentirlo. Él no pudo evitar sonreír al escucharla pronunciar su nombre incluso en sueños.

―Eres por quien intento ser fuerte, pero sigues siendo mi debilidad, Ángel.

Estuvo un momento más observándola dormir antes de que el cansancio acabara acomodándose en él. De a poco, fue cediendo al sueño. ¿Quién diría que volvería a compartir cama de ese modo con Ochako? No era el modo en el que se imaginaba, de hecho, él no pensaba volver a compartir absolutamente nada con ella, pero Utsushimi Camie tuvo que involucrarse para hacerlo acabar de ese modo.

Estaba molesto con ella por engañarlo de ese modo, él nunca se negaría a buscar a Ochako de donde fuera si sabía que estaba en problemas, pero verla dormir a su lado sólo confirmaba lo que ya sabía, una parte de él, estaba feliz de que las cosas se diera de ese modo.