La reina de tus caprichos
Te giraste solo al punto para recibir un puñetazo de lleno, sin llegar a derribarte, tambaleándote. Aún le sacabas a tu contrincante un palmo de altura y arremetiste, en contraataque, desde arriba. Vi caer una sombra oscura al suelo, cerca de mí. Después escuché un barullo de voces y ruidos como de gente corriendo.
Parecía que el peligro ya había pasado, pero no lo supe hasta que noté unos brazos que me rodeaban, sobresaltándome, y que pronto los reconocí como tuyos por tu olor. Me relajé y me apresé más a ti, ahora temblando, dejando salir los nervios y el miedo contenidos- ¡Albert! –Empecé a llorar sin poder evitarlo.
- Candy, mi pequeña ¿Qué te han hecho? –Noté tus manos tomando mi rostro con sumo cuidado.
- ¡Qué diablos ha pasado aquí! –Sonó una voz más apartada- ¿Qué es todo este escándalo? ¿Quién ha hecho todo esto?
- Cabo Hitman, cabo Spencer, ¡Quiero un informe ya! –Se escuchó otra voz, aún más firme y aterradora, que reconocí como la del oficial de la enfermería. Seguía mareada y aquel vocerío aún me aturdía más. Me cobijé aún más en ti, deseando que todos se fueran. Me dolía todo el cuerpo, y aún no conseguía dejar de tiritar ni de sollozar.
- Por favor, déjenme llevar a mi mujer a la enfermería.
- ¿Tu mujer? Está bien Albert, iros, luego ya me explicarás como ha ido todo –El primer hombre debía ser el que nos había recibido al embarcar. Al extrañarse, me pareció reconocer su tono de voz.
- Por favor, Sr...
- Greenland, Albert greenland -contestaste al oficial.
- Por favor, Sr. Greenland, hágame saber como evoluciona su mujer. Le prometo tomar medidas sobre mis hombres... Si necesita cuaquier cosa que esté en mi mano...
- No, gracias, se lo agradezco. Tan solo procure mantener lejos a sus hombres -respondiste seco.
Mientras me cargabas escuché una serie de murmullos de los soldados, pero ya no me importaba, estaba contigo, estaba a salvo, solo quería olvidar y descansar. Al contrario de lo que solicitaste, no me llevaste a la enfermería sino a nuestro camarote. Lo agradecí, allí se respiraba paz y seguridad.
Recostada en la cama dejé que me desnudaras y limpiaras mis heridas– Tienes la mitad de la cara inflamada, también el hueso de la cadera y un par de moretones en tus piernas… Por suerte no pareces tener nada roto. Voy a buscar un poco de hielo y una pomada que te ayudará y vuelvo enseguida… ¿Estarás bien? ¿Quieres que deje la puerta cerrada con llave? No tardaré demasiado, el tiempo de ir a buscar lo que te he dicho –Me decías con suavidad, mientras acariciabas, tembloroso, mi cabeza-. Candy ¿Cariño? ¿Me oyes?
- Sí, sí, es solo que estoy muy cansada.
- Cariño, mírame, ¿Sabes quien soy?
- ¡Eh! Sí claro, eres Albert… ¿Por…?
- Te noto muy aturdida, quiero asegurarme que no sea grave la conmoción. Dime, aparte del dolor ¿Cómo te sientes?
- Mareada, con mucho sueño, pero el zumbido del oído ha desaparecido… -balbucee.
- ¿Te zumbaba el oído?
- Sí, pero ya ha pasado…
- Candy, por favor, mírame, no me has mirado cuando te lo he pedido ¿Ves bien? –Me agitaste, ligeramente, para hacerme reaccionar. Parecías asustado.
- Veo... Veo un poco borroso… Quiero descansar, Albert –El silencio me hizo creer que ya te habías ido hasta que te despediste al poco.
- Vuelvo enseguida, no tardo, tiempo de… -No escuché más, me venció el cansancio y el sueño.
El ruido de la puerta me obligó a abrir los ojos. Me sentía mucho mejor, pero para mi sorpresa a mi lado se encontraba Glory.
- ¿Glory? ¿Y Albert? ¿Qué haces aquí?
- Albert me explicó lo que te había pasado. Has dormido durante horas. Él ha tenido que volver a su turno. Me ha pedido que me quede contigo para hacerte compañía.
- ¡Oh!... bueno, supongo que gracias… Pero realmente ya me siento mejor, yo… -Yo me inquieté… Acababa de notar que me habías dejado totalmente desnuda y, aunque había aclarado las cosas con Glory, no podía dejar de sentirme incómoda- … No quiero ser una molestia.
- ¡Créeme querida! No lo eres. Déjame que te cuide –No me gustó en absoluto el tono meloso de su voz. Aquello no me olía bien-. Además, podemos aprovechar para conocernos mejor. Dime, Candy ¿Todavía quieres saber de mí y de Albert? –Me preguntó dulzona.
Continuará…
