Pasó la semana con días largos y tranquilos, bueno, tranquilos para los otros ya que para Yuri fueron tensos y llenos de confusión. Con Yuuri su relación de amistad se volvió un poco más estrecha cosa que lo sorprendió, ya no solo hablaban de videojuegos o de algún cómic que a ambos les gustaba, ahora sus temas de conversación también tocaban la línea de la privacidad. Se relataban cosas de sus infancias, sus gustos, aficiones y miedos. El ruso jamás había pensado que llegaría a formar un lazo así con Katsuki, sin embargo no le molestaba, después de todo sentía que tenían muchas cosas en común. No lo iba a admitir, pues su fuerte orgullo no se lo dejaba, pero el chico japonés se estaba volviendo alguien especial para él.

Los días en el club de boxeo fueron muy normales para su pesar. Con Otabek se dedicaron a entrenar de forma dura y de hablar de algunas que otras cosas como siempre. Sin embargo, Yuri aunque pareciera normal por fuera, por dentro estaba que moría, solo no lo decía para no complicar la situación. Cada vez que estaba junto al kazajo se ponía nervioso y se preguntaba miles de veces que pensaba Otabek con lo que ocurría entre ellos. En los entrenamientos miraba siempre de reojo al moreno y se admiraba de su perfección, sentía latir su corazón como loco cada vez que este le hablaba o se le acercaba, por lo que agradeció con intensidad cuando el fin de semana tocó las puertas del tiempo dándole la noticia que por dos días no iría más al club.

El día sábado por la madrugada Yuri despertó algo agitado por una pesadilla que tuvo. Se sentó en la cama tratando de recordar aquel mal sueño que lo tenía sudoroso y alterado, sin embargo no recordó nada. Solo la mala sensación en su cuerpo era el recuerdo de su mal descanso. Asustado se levantó en pijama para ir al baño a mojarse la cara y así quitarse la mala sensación. Al acabar, teniendo presente que aún era muy temprano para levantarse, se fue a la pieza de su abuelo y ni haciendo el menor ruido, levantó las mantas del lado de la cama que estaba desocupado metiéndose así como un gatito asustado en ella quedando al lado de Nikolai, el cual tenía los ojos cerrados, pero a los segundos los abrió de forma perezosa.

—¿Qué pasa, Yuratchka? —inquirió el mayor soltando un suspiro.

Yuri se llevó las mantas hasta la nariz y miró a su abuelo adormilado. Se sentía como un niño yendo donde él por lo asustado que estaba. Recordó por unos segundos cuando era un niño y que por culpa de las constantes pesadillas que tenía, se iba a media noche a la cama de su abuelito para refugiarse.

—Hum… nada —susurró temiendo romper el silencio de la habitación.

—¿Has tenido una pesadilla? —Nikolai se giró a ver a su nieto con un gesto de preocupación.

Yuri sonrió levemente. No podía ocultarle nada a él, Nikolai lo conocía tan bien.

—Sí… Aunque no recuerdo de qué se trataba… ¿Puedo seguir durmiendo aquí? —preguntó Yuri acurrucándose más en las mantas. Sentía una increíble calma estar cerca de él. Sabía que su abuelo Nikolai era muy bueno espantando los monstruos de su mente.

—Por supuesto —dijo el ruso mayor acariciando su cabellera rubia—. Pero no te vayas a hacer pis.

Yuri, el cual había cerrado los ojos dispuesto a dormir por la paz que recibía, los abrió de forma rápida y se sentó avergonzado.

—¡A-Abuelo! —gritó enrojecido.

Nikolai en ese instante soltó una carcajada alegre que le duró muchos segundos. El ruso menor al ver que su abuelo se reía de sus desgracias de niño se avergonzó más e hizo un puchero con los labios sin saber qué hacer.

—No es divertido… —se cruzó de brazos mientras la risa de Nikolai seguía decorando la habitación—. A-Además eso ya no me pasa hace años… —se defendió con un tono altanero.

—Pero si te pasó hace poco, Yuratchka —habló Nikolai secándose una lágrima provocada por la carcajada. Yuri lo miró sin entender—. Esa vez que te duchaste en la madrugada… Aunque ahora que lo recuerdo tu colchón no estaba nada mojado, quizás solo mojaste tu pijama…

Yuri al recordar de qué hablaba su abuelo volvió a sonrojarse de forma violenta y antes de que Nikolai terminará su relato dio un grito que despertó a Potya que estaba dormido a los pies de la cama. No quería que hablara más de eso pues todo lo que había hecho esa noche lo avergonzaba demasiado. No quería recordar que se había tocado pensando en Otabek, si seguían hablando de aquella noche sentía que moriría de vergüenza.

—No grites a esta hora, despertarás a los vecinos —dijo su abuelo sin dejar de reír.

—¡Me importa una mierda! —soltó Yuri dominado por la vergüenza, para después morderse la lengua al percatarse de sus palabras.

Nikolai dejó su risa risueña y vio seriamente a su nieto. Yuri tragó de forma rasposa teniendo presente que la había cagado. Su abuelo odiaba las groserías.

—Ese lenguaje, jovencito —lo regañó el mayor con su inusual tono de voz grave y estricto.

—L-Lo siento —Yuri se volvió a acostar tapándose hasta la cabeza pensando que a veces su abuelo daba mucho miedo. Debía controlar la boca frente a él o sin duda alguna quedaría castigado por el resto del año.

"Si supiera lo mal hablado que soy… no vería la luz del día por décadas", pensó Yuri mirando al mayor con ojitos envueltos en una fingida inocencia, aquella carita de gato arrepentido la ponía siempre cuando deseaba liberarse del castigo. Nikolai viéndolo unos segundos con las cejas juntas, suspiró y revolvió el cabello de Yuri a la vez que suavizaba su expresión.

—Ya, sigue descansando que aún quedan horas de sueño —le sonrió su abuelo y el ruso menor asintió notándose aliviado de no tener un regaño.

Se acomodó mejor en la cama quedando viendo el techo azulado de la habitación. Sintió como Puma Tiger Scorpion se allegaba a su lado y le exigía un lugar en la almohada que usaba. Sin tener más opción se lo dio, o su gato andaría resentido durante todo el día. Suspiró ya notando que las sensaciones desagradables de aquella pesadilla se iban dejándolo como si flotara en agua serena. En completo silencio su mente se sumergió en muchos pensamiento que lo tenían inquieto; sin querer comerse la cabeza de tan temprano tomó aire y cerró los ojos para tratar de dormir, sin embargo no lo logró. Sus preocupaciones eran demasiadas que ya estaba convencido que lo molestarían hasta que decidiera hablar con ellas. Enfrentarlas.

Dudoso miró a Nikolai, el mayor tenía nuevamente los ojos cerrados emitiendo un leve ronquido junto a su respiración pesada, era señal de que estaba quedándose dormido. Yuri despegó sus labios queriendo decir algo, no obstante a los segundos los volvió a juntar, no quería interrumpir el descanso del mayor pero creía que si no hablaba ahora con él no se quedaría tranquilo hasta hacerlo.

—¿Abuelo, estás dormido? —habló de forma bajita.

—Sí…

Yuri frunció su ceño ante esa respuesta.

—Abuelo, no bromees ahora… Necesito hablarte de algo —persistió Yuri, aunque no tenía muy en claro que iba a decirle. Solo sentía que necesitaba hablar.

—Bien, te escucho —dio luz verde el mayor y Yuri se mordió el labio al no saber que expresar—. ¿Qué pasa, Yuratchka?

—Ehh… bueno —miró para arriba frunciendo un poco las cejas—. Hoy en la tarde los chicos del club harán una nueva quedada… en la casa de Otabek —soltó lo que lo tenía más inquieto en ese segundo.

—¿Quieres ir?

—No —respondió de inmediato y sintió como su abuelo lo veía extrañado—. Bueno… no lo sé.

—¿Es por qué siguen enojados con Otabek? —inquirió su abuelo haciendo tensar a Yuri.

—Hum… no sé por qué dices eso, con Otabek no estamos enojados —respondió expresando indiferencia, aunque por dentro moría de nerviosismo, ¿cómo se había dado cuenta su abuelo de que las cosas con él no iban viento en popa? Yuri durante toda la semana se había encargado de aparentar que se había arreglado todo con el kazajo, ya que no quería preocupar a su familiar.

—Es fácil verlo —Nikolai suspiró para proseguir—. No lo has invitado a casa, te vez más serio y te enojas mucho más fácil que habitualmente, además lo llamas Otabek cuando el apodo que le pusiste es "Beka". Desde que invéntate ese mote nunca había dejado de decirlo.

Se quedó enmudecido. A Pesar de que tenía presente que su abuelo sabía todo de él, seguía sorprendiéndose por las cosas acertadas que le decía. ¿Tan fácil era de leer?, se frustró un poco al ver que todos los esfuerzos que hizo para mostrase normal frente a su familiar fueron en vanos. El mayor se había preocupado de él por días y de forma silenciosa le había entregado su apoyo como siempre lo hacía. Por un segundo tuvo ganas de contarle todo, de su enamoramiento y de todo lo ocurrido, pero temiendo a su reacción, pues después de todo Nikolai aunque fuera comprensivo, se había criado en otra época con normas muy estrictas, él definitivamente lo despreciaría si se enterara de su verdad.

—Bien… sí estamos mal aún —confesó, aunque no estaba dispuesto a decir más, prefería que su abuelo pensara que solo se trataba de una riña de amigos—. Aunque no estamos enojados… es un poco complicado.

—Entonces deberías ir a la junta con tus amigos. Conversar las cosas es lo que deben hacer —aconsejó Nikolai cerrando los ojos, se veía adormilado.

—Quizás —susurró Yuri dándose cuenta que el mayor volvía a quedarse dormido—. Gracias por escucharme, abuelito —finalizó ya sintiéndose un poco más en calma.

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Al atardecer, cerca de las siete de la tarde, Yuri vio los mensajes que le dejaban Leo y Emil (el cual no sabía cómo este último había conseguido su número) que le recordaban la junta en el departamento del kazajo. Yuri solo ignoró los mensajes acostado en la cama pensando en que hacer. No se sentía con las ganas ni la confianza para asistir, creía que si iba se sentiría muy ajeno a todo ya que le celebrarían el regreso a alguien que él no conocía, además de que tenía presente que sufriría por ver al kazajo nuevamente. Ellos estaban bien, no peleaban, ni discutían, pero sentía un profundo abismo entre los dos que lo tenía muy mal.

Dándose una vuelta en la cama pegando su cara a la almohada, deseó no haberle dicho nada a Otabek en el pasado.

Después de dormitar unos segundos su móvil volvió a sonar y se fijó que era un mensaje de Otabek. Con el corazón en la garganta lo vio demasiado nervioso.

«¿Vendrás?, sé que me dijiste que estarás ocupado hoy con tarea, pero trata de venir»

Yuri al leer el mensaje recordó que el día anterior le había dicho al kazajo que el fin de semana estaría ajetreado con tarea de la escuela, por lo que no podría ir a la fiesta. Claramente era una excusa, una mentira que se había inventado en un momento de tensión entre los dos para no ir. Pensó en el consejo de su abuelo y suspiró. No podía mentirse, tenía ganas de verlo, de estar más con él, sin embargo al mismo tiempo quería permanecer lo más alejado posible de Otabek. Hace mucho que no se sentía tan indeciso. Realmente odiaba la adolescencia.

«No puedo ir. Aún estoy con tarea. Ya sabes, estúpida escuela»

Respondió después de habérselo pensado por minutos. Sintió un vacío con esas palabras, pero creía que era lo mejor. Ahora podría relajarse y pasar el tiempo como la hacía antes de conocer a Otabek; jugar con su consola de videojuegos, comer mucha chatarra y quizás —si su abuelo estaba de humor— repetir alguna película de Jason Statham o ver nuevamente el Señor de los anillos. Volvió a suspirar al ver su panorama tan triste. Tomó nuevamente su celular cuando un nuevo mensaje le llegó.

«Entiendo. Entonces nos vemos el lunes. Suerte con tu tarea»

Se mordió el labio inferior. Se encontró idiota al rechazar nuevamente la invitación, pero ya estaba hecho. No debía echarse para atrás. Así, con ese sentir de soledad y rabia volvió a pegar su cara en el almohadón; ya quería dejar de sentirse como un idiota con el corazón roto, quería volver a tener aquella relación relajada y llena de confianza con Otabek, pero simplemente no podía hacerlo, ahora odiaba la palabra amigos para ellos.

—Tonto… —murmuró escondiendo su rostro.

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—¿Al final no irás? —preguntó Nikolai cuando se sentaron a cenar. Ya el reloj marcaba las 21:17 por lo que la luz en el exterior se desvaneció.

—Ya es tarde para ir —respondió llenándose la boca con carne de res.

—Yo te puedo ir a dejar, el auto se enciende con cosa de segundos —comentó su abuelo mirándolo de forma persistente. Yuri masticó rápidamente para poder hablar.

—¿Por qué quieres que vaya?... ¿Sabes?, normalmente los adultos se negarían a que un adolescente fuera a una fiesta —comentó Yuri de forma seria, no entendía la persistencia del mayor.

—Ah, pero soy tu abuelo, quiero consentirte en muchas cosas —contó Nikolai con una sonrisa de júbilo, Yuri elevó una ceja no creyendo nada de eso, Nikolai al verlo solo soltó una pequeña risa—. Solo quiero que pases más tiempo con amigos y que arregles las cosas con Otabek. ¿Hay algo de malo en eso?, debes aprovechar la juventud para hacer buenas amistades y divertirte. Y no estoy preocupado en esto ya que sé que eres un chico responsable que no haría nada para preocuparme, y además sé muy bien que sabes cuidarte perfectamente. ¿O me equivoco?

—Hum —Yuri asintió algo cohibido dándole la razón. Era increíble la confianza que le tenía su abuelo—. No te equivocas, sé cuidarme muy bien. Además nunca he buscado preocuparte en nada…

—Entonces con eso aclarado levántate y ve a coger un abrigo para llevarte, que me preocupa verte tan decaído y complicado. Debes relajarte algunas horas, Yuratchka, solo eres un joven, no deberías estar tan preocupado por las cosas.

—Pe-Pero, abuelo —Yuri lo quedó viendo sorprendido cuando el mayor se levantó y lo empujó suavemente hacia las escaleras—. La cena…

—No te preocupes por eso, además Otabek debe tener comida, ahora ve a abrigarte. Prenderé el auto.

Sin poder decir nada contra eso, Yuri quedó viendo como su abuelo se ponía su boina, su abrigo y salía de casa para hacer lo anunciado. Algo perdido por la repentina conversación y decisión del mayor, subió los peldaños para tomar un abrigo. No se creía lo que pasaba, pero rápidamente se hizo a la idea de lo que pasaría ya que su abuelo difícilmente llegaba a cambiar de parecer.

Después de un viaje de una media hora, llegaron a las afueras del edificio de Otabek. Su abuelo le recordó todo lo que le prohibía y le hacía mal. Yuri sabiéndolas de memoria solo asintió prometiendo no hacer nada y a continuación se bajó del vehículo despidiendo al mayor alzando la mano en el aire. Entró al lugar y para su sorpresa la recepcionista o saludó reconociéndolo con una sonrisa. Yuri algo nervioso y aliviado montó el ascensor agradeciendo mentalmente que ella lo dejara pasar sin avisar su llegada. No sabía qué hacía. Realmente estaba que moría de miedo. ¿Estaba bien ir a pesar de que dijo que no lo haría?

Se bajó del ascensor en el piso correcto y caminó lentamente al departamento de Otabek. Se escuchaba música del lugar pero no lo suficientemente fuerte para molestar a los vecinos. Armándose de mucho valor y tragando sus nervios, apretó el timbre y esperó a que abrieran la puerta con el corazón demasiado agitado. Quería irse, juraba que si se demoraba un segundo más en abrir, él se largaría de ahí.

—¿Yuri?

No logró arrancarse ya que la puerta se abrió frente a él y lo recibió un confundido Leo, sin embargo su expresión extrañada a los segundos cambio para formar una linda sonrisa en sus labios.

—¡Yuri! Qué bueno que has venido, pensé que no lo harías —expresó Leo muy alegre.

El nombrado aún estando nervioso se encogió de hombros tratando de fingir desinterés.

—So-Solo me desocupé y vine —dijo desviando la mirada. Ya no podía escapar como una rata.

—Oh claro, tenías tarea —Leo lo hizo entrar alentándolo por los hombros—. Pasa, pasa que estoy seguro que más se alegran al verte.

Yuri sin ir a la contra caminó junto a Leo entrando al living del lugar donde todos estaban sentados en los sofás o en el suelo conversando y bebiendo viéndose muy felices. Yuri de un rápido vistazo reconoció a todos, menos a uno.

—Miren quien llegó —habló Leo llamando la atención de los presentes.

Yuri tuvo ganas de irse corriendo cuando Emil se le tiró encima como un cachorro y lo abrazó. Quiso gritarle pero se enmudeció sabiendo que era inútil discutir con él.

—Ven aquí, Yuri —lo llamó Mila con una sonrisa. El ruso bufó no queriendo hablar con ella, sin embargo Emil junto a Leo lo llevaron sentándolo en un sofá—. Este chico guapo de aquí es Georgi Popovich —indicó al hombre a su derecha que tenía el cabello negro algo aplanado—. Georgi, él es Yuri, un amigo del club. Otabek lo está entrenando para hacerse más fuerte… pero ten cuidado, a pesar de que se vea delicado es un punk ruso —agregó con una sonrisa.

Yuri de inmediato sintió latir su vena en la frente.

—¿A quién llamas delicado, maldita vieja bruja? —soltó ya enfurecido.

Mila ante su reacción se carcajeó y Georgi quedó sorprendido por el tan repentino cambio del menor.

—Ah, Yuri, no te alteres, perdónala, ya está algo pasada de copas —trató de calmar las cosas Leo a su lado. Yuri bajando los brazos, pues los había levantado al gritar, soltó un suspiro tratando de relajarse. En ese segundo que pudo respirar buscó a Otabek entre todos pero no lo identificó—. Él está afuera tomando algo de aire —dijo Leo adivinando sus pensar por lo que Yuri se sonrojó. ¿Tan obvio era?

—I-Iré a tomar aire también —anunció queriendo alejarse del bullicio de todos. Leo solo asintió con una sonrisa alentándolo a salir. Yuri con eso tuvo la ligera sospecha de que él sabía más de lo debido, sin embargo no quiso pararse a preguntar.

Sacándose a Emil de encima con la ayuda de Leo, llegó a la terraza que estaba a unos metros de donde estaban todos, y una vez allí se encontró con Otabek de espaldas a él mirando atentamente la gran ciudad. Con algo de dificultad por lo nervioso que se colocó, visualizó como un humo blanco decoraba la noche y supo de inmediato de dónde provenía. Apretando sus manos se acercó al moreno y quedó parado a su lado, en menos de un segundo el olor a tabaco inundó su nariz.

—No sabía que te gustara eso. No me lo dijiste —dijo Yuri viendo a Otabek por el rabillo de sus ojos.

El moreno al parecer sorprendiéndose por su repentina llegada, miró unos instantes a Yuri bajando el cigarrillo a la vez que sujetaba con más firmeza la botella de cerveza que cargaba en su zurda.

—No creí que fuera necesario que te lo dijera, después de todo estoy esforzándome para dejarlo —respondió Otabek evitándole la mirada, poniendo sus ojos oscuros en la ciudad nuevamente.

Yuri con eso supo de inmediato que el kazajo no se sentía orgulloso de su vicio.

—No veo que te estés esforzando mucho… —soltó Yuri sin pensárselo.

Otabek ante ese comentario sonrió y de inmediato apagó el cigarro en el cenicero que tenía a un lado.

—Tienes razón —el kazajo luego de esas palabras dejó libre el humo que mantenía adentro esparciéndolo por el cielo. Yuri al verlo, por alguna razón se sonrojó—. Pensé que no vendrías.

—Yo también lo pensé, pero por insistencia de mi abuelo estoy aquí —dijo no siendo capaz de ocultar la verdad, después de todo Otabek sabía cómo era el mayor.

—Entonces debo agradecerle al señor Nikolai de que hayas venido.

—Sí… —dijo el ruso mirando la noche decorada con las luces de la ciudad. Estar ahí era tener una magnífica vista.

—Me alegro de poder verte —confesó Otabek tan naturalmente que Yuri sintió electricidad por todo su cuerpo.

Teniendo las mejillas rojas enfrentó los ojos de Otabek y habló tratando de desviar su cohibimiento.

—¿A-Acaso estas ebrio? —preguntó apuntando la botella de cerveza. Otabek la observó viéndose un tanto preocupado.

—No realmente, tomé un par antes de que llegarás pero tengo buena resistencia al alcohol —contó Otabek dejando la botella en la pequeña mesa de vidrio que tenía junto a él—. Ya no beberé más.

—Hum… Si lo haces por mí no te preocupes, no te quiero causar más molestias —expresó Yuri aun completamente nervioso.

—Ya te he dicho que no eres molestia, Yura —Otabek habló tan seriamente que el ruso se sintió intimidado por el mayor—. No beberé más para que no te sientas incómodo con todos ebrios, además debo mantenerme consciente para ver que nadie haga algún estropicio en la casa… —el moreno miró hacia adentro visualizando como todos conversaban ajenos a ellos dos.

—Eres como la mamá del grupo —observó Yuri con una pequeña sonrisa al ver la preocupación de Otabek por todo.

Por esas palabras obtuvo una linda sonrisa del mayor, el cual le revolvió el cabello de forma tierna. Yuri con ese gesto sintió sus mejillas encenderse mucho más.

—Alguien tiene que cuidarlos a todos. Ven. Vamos a dentro a comer —Otabek entró diciendo en voz alta que debían cenar recibiendo asentimientos alegres de los presentes.

Yuri aun afuera miró nuevamente la ciudad por unos segundos y respiró profundamente. Aun se preguntaba si estaba bien estar ahí, pero al recordar que todos se alegraban por su llegada sonrió algo cohibido, jamás había pensado que le llegaría a agradar a tanta gente. Antes estuvo siempre solo que toda esta compañía la sentía ajena.

—Hola —una voz conocida llegó a su lado y Yuri elevó la mirada para encontrarse con Mila—. Es una linda noche, ¿no crees?

—Era linda hasta que llegaste tú —escupió preocuparse de mostrar su enfado con ella. A pesar de todos los días pasados ellos seguían sin hablar ya que cada uno se vio ocupado en sus cosas.

—Ehhh, no seas cruel, Yuri —Mila se acercó a él y lo abrazó juntándolo a su cuerpo. Yuri se cohibió de forma violenta al tener los pechos de la mujer en su rostro—. Sé que a pesar de todo me quieres mucho, te hago la vida más divertida —dijo ella sin verse afectada por los movimientos de Yuri para liberarse.

—¡S-Suéltame! Estúpida bruja —gritó el ruso no pudiendo con la fuerza de ella, por lo que no le quedó más alternativa que pisarle un pie para que lo deje ir. Mila lo soltó de inmediato soltando un pequeño grito y Yuri se alejó varios metros de ella recuperando el aire.

—Ah, eres muy agresivo. Otabek va a tener mucho trabajo que hacer contigo, no puedes golpear a las damas.

—¿Por qué rayos metes a Otabek aquí? —rugió él sin entender nada. Le molestaba demasiado que el nombre del kazajo fuera pronunciado por ella.

—Uhh —Mila borró de su rostro el dolor para verlo con algo de malicia mezclada con diversión. Yuri elevó una ceja preparándose para lo que fuera que ella dijera—. Otabek, ¿eh?, ¿ya no es "Beka"? —preguntó enfatizando la última palabra con una molesta sonrisa que hizo hervir la sangre al menor—. Y yo que pensé que luego de lo sucedido las cosas entre ustedes iban a avanzar… creo que me equivoque.

El ruso menor comenzando a ponerse nervioso por esas palabras sugerentes como extrañas, movió su cabeza tratando de minimizar su enfado.

—¿De qué rayos hablas? —preguntó temiendo la respuesta de ella. Por intervalos de segundos pensó que Mila estaba al tanto de todo lo que ocurría con Otabek, pero lo negó de inmediato, moría si eso era verdad.

Mila dio un vistazo para adentro y luego se acercó a Yuri, al parecer quería decirle todo de forma privada por lo que Yuri, expectante de todo, dejó que ella se acercara y le hablara cerca del oído, como si fueran muy cómplices de algo.

—De sus sentimientos por supuesto —expusó ella con bajita voz que el viento terminó por llevarse sus palabras.

Al escucharla se atoró con su saliva por lo que tuvo que levantar los brazos para poder respirar, Mila ayudándolo le dio unas pequeñas palmadas en la espalda. Al recuperarse, Yuri se puso frente a ella con las mejillas completamente abochornadas y con el gesto más serio que nunca.

—¿Qué sabes tú, maldita vieja bruja? —inquirió con voz potente pero manteniéndola al margen para que nadie llegara a escuchar.

—Nada a ciencia cierta, cariño, pero saqué mis conclusiones con el actuar de ambos —respondió ella de forma relajada, nada afectada por la agresividad en la voz de Yuri—. Son muy evidentes, Yuri. Aunque debo admitir que muy lentos… hombres tienen que ser —negó con la cabeza confundiendo más al menor.

—N-No sé de qué hablas —negó Yuri queriendo hacerse el tonto. No quería hablar de eso con ella.

—Vamos, Yuri, no sacas nada con mentirme, sé bien lo que ocurre. Y si quieres puedo ayudarte para arreglar las cosas con Otabek —Mila volvió a sonreírle de forma confiada.

Al ver que ella de alguna forma sabía todo, quiso irse del lugar ya que no aguantaba la vergüenza, sin embargo al recordar algo la miró con suma desconfianza. Apartándose unos centímetros, habló.

—No te comprendo —expresó Yuri—. Tú me dijiste que te gusta Otabek, ¿Por qué me estás diciendo todo esto?

Mila lo miró por unos segundos para después negar con la cabeza y soltar un suspiro. Con ese gesto parecía que lo estaba llamando tonto.

—No me gusta Otabek, aunque no te niego que esta como quiere —sonrió para luego volver a centrarse—. Eso solo te lo dije para ver tu reacción. No estaba muy segura de lo que sentías por él, pero después de ver tus enojos y celos me quedó muy claro todo. Tú estás completamente enamorado de Ota.

Quedó sin palabras ante eso, por lo que Mila prosiguió.

—No pongas esa cara de pánico, solo quería averiguar si mis sospechas eran ciertas. No podía preguntarte a ti o a Ota ya que no lo admitirían. Pero no te preocupes, que tu secreto está bien guardado conmigo.

—¡¿Entonces todo este jodido tiempo has estado jugando?! —gritó sin aguantar la rabia que se adueñó de él al ver la sonrisa de la chica y al percatarse que había quedado en evidencia frente a ella por culpa de los celos que sintió cada vez que ella se le acercó a Otabek, pues creía que estaba intentando algo con él.

—Pues... Sí. Debo decir que ha sido divertido —se carcajeó la chica rusa escapando de las manos de Yuri que quisieron alcanzarla para vengarse—. Me hubiera gustado seguir por más tiempo pero al verlos tan incómodos quise detenerme. ¿Ahora las cosas andan mal?

Yuri detuvo su persecución en el balcón. Apartó la mirada al cielo oscuro y bufó. Cruzándose de brazos y sintiéndose muy desprotegido negó con la cabeza. A pesar de que ella ya sabía su sentir no tenía la confianza suficiente para hablarle de ello.

—Con Otabek estamos bien… Nada de esto es de tu incumbencia —declaró sulfurado.

—Lo comprendo. Sé que desconfías de mí. No me quejo —Mila portando una sonrisa maternal se acercó a él y tocó su hombro derecho—. Pero para cualquier cosa ven a hablar conmigo. Después de todo somos amigos.

Yuri avergonzado apartó la mano de la chica y chasqueó la lengua.

—No te considero mi amiga… —escupió deseando herirla para que su vergüenza disminuyera, no obstante, Mila sonrió mucho más.

—Eres cruel, pero eso no importa. Con mi amistad basta por ahora. Ya verás que después no podrás vivir sin mí y me dirás: ¡Mila, te quiero mucho! —diciendo esto último, la chica elevó los brazos y abrazo a Yuri, el cual de inmediato se zafó de ella.

—¡Ni muerto!

—Eso ya lo veremos —Mila guiñándole un ojo se fue hasta adentro caminando como si hubiese ganado una gran batalla.

—¿Que mierda fue todo eso…? —murmuró Yuri para después ser llamado por Leo a comer.

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Yuri después de haber comido carne asada con todos y de compartir un poco, se fue a sentar al sofá para ver como Jean junto a Emil se debatían a un duelo en un videojuego. Yuri los observó aburrido notando que ellos no eran para nada buenos jugando, así que cuando acabó perdiendo Emil, Yuri tomó el control y jugó contra Jean ganando en menos de tres minutos. Sonrió victorioso por eso sintiéndose superior al canadiense que se lamentaba por su derrota, sin embargo esa sensación de seguridad se difuminó cuando escuchó elogios dirigidos hacia él convirtiéndose en completo cohibimiento. Leo, junto a Guang y Mila le aplaudían admirados mientras que Otabek junto a Georgi, Isabella y Michelle se ocupaban de ordenar los platos usados, ya que el kazajo se lo exigió con la condición de prestar el departamento.

Pasaron un considerable tiempo más jugando, tomando turnos entre todos para después pasar a conversar animadamente volviendo a poner música para alentar el ambiente. Yuri al igual que la vez anterior pasó más tiempo escuchando lo que contaban permaneciendo en silencio, la única diferencia de ahora era que no estaba sentado al lado de Otabek, pues Yuri aun sintiéndose extraño junto a él, rápidamente se ubicó entre Leo y Michele así tratando de evitarlo. Ahora su compañía lo ahogaba de cierta forma que quería evitar aquello, sin embargo sus ojos verdes siempre terminaban por posarse sobre el moreno, el cual también lo buscaba con la mirada y al verse, ambos desviaban sus ojos a otro lado. Se sentía como un idiota al hacer eso, pero no podía evitarlo.

—¡Bien! —gritó repentinamente Mila llamando la atención de todos—. Basta de conversar, ¡juguemos a algo!

—Eh... ¿Acaso eres una niña? —inquirió Michele con los brazos cruzados.

Mila hizo un puchero, sin embargo siguió hablando de su idea sin medir palabras. Yuri se dio cuenta que ella ya estaba pasada de copas al igual que muchos. Por ese hecho se sintió un poco pequeño, quizás él junto a Isabella, Otabek y Guang eran los únicos más conscientes en el lugar.

—¿El juego del rey?, ¿cómo es eso? —preguntó Isabella teniendo la cabeza de Jean en su regazo, el canadiense descansaba mientras escuchaba todo recibiendo mimos de su novia.

—Pues, no son muchas las reglas. Es simple —Mila observó a todos con emoción —. Usaremos papelitos —sacó de su cartera una bolsa transparente donde habían varios papeles bien doblados—. Cada papel tiene un número, exceptuando uno que tiene la palabra Rey escrita. El que saque el papelito del rey dice lo que quiere que haga un número o varios, y como es el rey deben obedecer. Claramente él no debe saber qué número tiene cada uno. Es divertido ya que así se hacen combinaciones muy raras.

Los demás comenzaron a murmurar, algunos se veían entusiasmados y otros como Yuri no estaban para nada de acuerdo, sin embargo no lograron escaparse del juego ya que Mila les hizo sacar a todos un papel y amenazaba al que no quería jugar. Esa mujer sí que daba algo de miedo.

—Oh… Soy el rey —dijo Guang cuando abrieron sus papeles asegurándose de que nadie viera que número les tocó.

—Felicidades amor —dijo Leo a su lado.

—Entonces di uno o varios números y da la orden —guió Mila más que emocionada.

Guang pareció ponerse nervioso al tener toda la atención de los presentes, por lo que sus mofletes se tornaron rojizos y bajó la mirada.

—Hum… —Guang después del apoyo de Leo, habló—. Que el número 3 con el 1… Bailén lo primero que salga en la radio…

Después de un silencio, todos miraron sus números, Yuri se sintió aliviado al verificar que tenía el número 2. En ese momento Leo con Emil, los cuales tenían los números dichos, se levantaron de sus puestos con la intención de hacer cumplir la petición del rey. Yuri tuvo que aguantarse la risa cuando ellos dos comenzaron a bailar de una forma extraña el hip-hop que empezó a tocar en ese instante. Los demás se rieron sin medirse y Mila junto a Georgi grabaron ese épico momento.

—Lo siento, Leo —dijo Guang cuando su novio después de un baile vergonzoso con Emil, volvía a su puesto.

—No te preocupes, no sabías que yo tenía el 3. Fue divertido —Leo le sonrió para después tomar un poco de vodka.

—Muy bien, ahora devuelvan los papeles y hagamos otra ronda —animó Mila viendo que el juego era todo un éxito.

Así siguieron por más de una hora, Yuri, aunque no se lo creía, se estaba salvando de todas las vueltas. Una vez le tocó el papel del rey, mandó a que el número 6 se tomará una mezcla asquerosa de un vaso en el cual todos cooperaron echando algo, cuando Jean vio que debía tomarse eso puso una completa cara de asco. Yuri al ver eso sintió una gran satisfacción en su interior. Pero aquella sensación fue muy efímera ya que a la otra vuelta, tuvo que cantar una canción a capela ya que Michel, como rey de esa ronda, se lo había mandado al número 4 y Yuri en esa ocasión tuvo la mala suerte de tener el 4 en su poder.

—Muy bien, basta de juegos de niños —habló Mila con una sonrisa que parecía decir que no venían cosas buenas. Yuri recuperándose de la vergüenza por haber cantado al frente de todos, la miró con las cejas fruncidas—. Subamos un poco el nivel —ella mostró el papel del rey bajo su poder—. El rey dice que el número 5 y el 7 deben besarse en la boca por un tiempo laargo —dictaminó con tono sugerente mirando directamente a Yuri para después guiñarle un ojo. El ruso menor sintió todo su cuerpo tensarse. ¿Qué rayos estaba planeando ahora esa bruja?

Con los nervios a flor de piel vio su papel y suspiró al ver que tenía el dos. Sonrió victorioso por ello viéndola a ella, no obstante percibió su cuerpo congelarse al ver que Otabek junto a Jean levantaban los brazos dando a entender que ellos tenían los números seleccionados.

—Ah… ¿Por qué salgo tantas veces? —suspiró Jean con desgano viendo a su novia que no parecía para nada molesta—. Isabella, ¿no dirás nada?, sálvame de tener que besar a Ota.

Yuri no creyéndose lo que pasaba maldijo internamente todo. Nuevamente sus ojos jades se posaron en Mila, quien se veía de lo más feliz. Gruñó cruzándose de brazos, estaba demasiado enojado por lo que pasaría. No quería ver a Otabek besar a otra persona, eso terminaría por partir por completo su corazón. Bajó la mirada a la vez que escuchaba las voces alteradas de todos por lo que debía pasar. Isabella le había dado permiso a Jean para acatar la petición del rey y por eso Jean como el kazajo se veían muy contrariados.

—No lo haré —dijo Otabek en el momento que Jean se acercaba con pesar hasta él. Todos posaron sus ojos en Otabek, incluido Yuri que mantenía sus puños apretados conteniendo sus celos, rabia y tristeza.

—Oh, vamos hombre, es solo un juego. Además nadie se ha negado hasta ahora —insistió Mila con el apoyo de Emil y Georgi.

Yuri siguió observando a Otabek sintiendo la garganta apretada.

—Ah —el dueño de casa suspiro manteniendo las cejas fruncidas, su gesto era de molestia—. Lo siento, pero no lo haré.

—¿Y si se tratara de una chica? —inquirió Georgi—. ¿No quieres por qué se trata de un hombre?

—No es por eso, simplemente no lo haré.

Con eso dicho los presentes empezaron a hablar un poco hasta que Mila, viendo que Otabek no cambiaría de parecer y no pudiendo obligarlo a nada, cambió el reto diciendo que ambos, Jean como Otabek, debían tomar una extraña y peligrosa mezcla de licores. Yuri ya sintiéndose más aliviado por la fuerte postura de Otabek en no besar a Jean, vio como el kazajo también ponía mala cara con ese reto, sin embargo, luego de chocar miradas por unos segundos, donde al parecer Otabek le pedía disculpas, tomó la extraña mezcla junto a Jean, que se notaba era muy fuerte, ya que al acabar ambos hicieron sonar sus gargantas.

—Tú los quieres matar, Mila — comentó Leo siendo secundado por Michele y Guang.

Yuri después de esa tormenta de emociones en segundos, notó que por culpa de lo nervioso que estuvo le habían comenzado a transpirar sus manos. Se las secó en las piernas y luego bebió de su vaso ya vacío. Leo percatándose de eso le dijo que había más bebida en la nevera, por lo que Yuri se levantó para llenar su vaso, sentía que necesitaba con urgencia mojar su garganta apretada.

Al terminar su misión y al volver donde los demás se dio cuenta que faltaba Otabek. Rápidamente lo buscó y lo vio en el balcón en completa soledad. Sin decir nada fue hasta donde él pensando que lo encontraría fumando, pero Otabek simplemente estaba viendo la noche con la mirada perdida.

—¿Estás bien? —preguntó Yuri apoyando sus manos en la baranda. Sintió como el frío de esta apaciguaba el calor de sus manos.

—Sí, solo un poco mareado, no sé qué mezcla extraña le puso Mila a esa bebida —dijo el mayor sin apartar la mirada de la noche—. Te dije que no bebería más pero era eso o lo otro… Lo siento.

Yuri asintió no dando mucha importancia a eso, pues por dentro tenía una duda más grande que no dudó en soltarla.

—¿Por qué no lo hiciste? —se ganó a su lado notando su garganta apretada. No necesitó más palabras, ambos sabían que su pregunta era sobre el beso no dado a Jean.

El kazajo en un silencio ahogado lo vio unos segundos para después fijar nuevamente los ojos en la ciudad.

—Estabas tú —confesó Otabek con la voz un poco rasposa—. Soy consciente de tus sentimientos, no podía hacer eso.

A Yuri sus ojos se le humedecieron al instante, apretó la mandíbula y respiró profundamente. Su corazón se había alterado con esas simples palabras.

—Entonces, ¿solo lo hiciste por lástima? Si es por eso no la quiero —soltó Yuri agravando su voz. Se había sentido tan pequeño con las palabras de Otabek que hizo lo posible para aparentar que no le afectaba en nada. Sin embargo sus ojos llorosos lo delataban.

—Tampoco lo hice ya que no puedo ignorar los míos —añadió el kazajo volviendo a hacer caos en la cabeza de Yuri como en sus sentimientos. Quiso hablar, preguntar por lo último dicho, pero no pudo ya que Otabek prosiguió—. Sé que te he estado haciendo mucho daño últimamente, y me odio tanto por eso… Lo que menos quiero es que tú salgas lastimado.

Tragó fuertemente dejando dolor en su garganta. ¿Qué trataba de decirle, Otabek?, ¿iba a contarle sus motivos por rechazarlo? En cosa de segundos sintió todo su cuerpo rígido.

—No quiero decirte esto estando un tanto bebido, pero ya no quiero que las cosas entre nosotros sigan tan frías y distantes —Otabek lo enfrentó con la mirada, no se veía para nada ebrio. Yuri enfrentó con todas sus fuerzas esos ojos otoñales que parecían querer decirle muchas cosas—. No me gusta la distancia que se está formando entre nosotros.

—A mí tampoco —confesó Yuri con la voz ahogada. Estaba hecho un manojo de nervios—. Pero no sé qué hacer… cómo estamos no sé qué es correcto o no, no sé si puedo estar a tu lado como antes o si lo mejor es simplemente alejarme… Todo es tan confuso y doloroso que ya ni sé que debo pensar o hacer.

—Lo sé —Otabek asintió sin cambiar su expresión seria—. Por eso debo explicarte mi actuar. ¿Me escucharás o no?

Ahora fue el turno de Yuri para asentir. Era el momento para hablar y aclarar todo. En silencio, sin apartar mirada, se prometió no interrumpir a Otabek hasta que acabara, pues ya tenía la mala experiencia de que cada vez que lo interrumpía se formaba un mal entendido. Dentro de la casa, todos seguían la velada acompañados por la música, muy ajenos a la situación.

—Debes saber que mi rechazo a ti no fue porque seas hombre, yo nunca me he preocupado del sexo de la persona, solo veo los sentimientos —comenzó Otabek tan seriamente que parecía que hablaba frente a un tribunal—. Aunque debo admitir que aun con eso tú eres el primer hombre que llama mi atención. Debo confesar que al principio fue un tanto extraño ya que sentía que le fallaba a tu confianza, tú solo me veías como un amigo y por eso preferí callar todo y tratar de dejarlo de lado —hizo una pequeña pausa que aceleró más el corazón de Yuri, el cual estaba haciendo todo lo posible para no interrumpir—. Mi rechazo fue porque quiero protegerte.

—¿Protegerme? —inquirió sin poder evitarlo.

—Sí. Yuri, en estos momentos nos encontramos en Rusia. Ambos sabemos cómo es aquí y yo no quiero exponerte a la maldad de la gente —Otabek cambiando un poco su expresión estoica, se remojó los labios viéndose apresurado para soltar todas las palabras que parecían estar estancadas en su garganta—. Yo he vivido en carne propia como es la discriminación a las parejas del mismo sexo y definitivamente no quiero que tú pases por eso.

—¿Qué? —Yuri movió la cabeza confundido—. ¿Tú lo has vivido en carne propia?, pero dijiste que es la primera vez que te atrae un hombre, ¿cómo es eso posible? —finalizó con un poco de apocamiento.

El kazajo dirigió sus ojos hasta dentro de la estancia y Yuri curioso siguió el patrón de ellos. Vio a Leo junto a Guang compartiendo un helado con unas ligeras sonrisas en sus rostros. Al ver eso presintió lo que le diría el mayor.

—Fui testigo de todas las cosas que ellos pasaron para poder estar juntos. Leo en ese tiempo no sonreía para nada y su novio Guang andaba todo el día con miedo por las amenazas y maltratos que recibían cuando sus compañeros de universidad se enteraron que estaban enamorados —contó el kazajo volviendo a posar sus ojos en Yuri, este último sentía cada vez más pesado el corazón—. No te miento cuando te digo que pasé varios días en el hospital acompañando a Leo por las palizas que recibía protegiendo a Guang… por esas peleas Leo se metió al club para hacerse fuerte y así poder cuidar a su persona amada. Yo también me peleé con muchos tipos por ellos, hasta me metieron a prisión por unos días por casi matar a uno de esos mal nacidos.

Sin poder evitarlo abrió la boca muy pasmado. Eso no se lo había esperado. Cada palabra de Otabek la estaba comenzando a sentir tan reales y dolorosas que desgarraba su pecho.

—Sé del dolor que pasaron ellos, del dolor que aún pasan por estar juntos, y sinceramente yo no quiero que tú enfrentes todo eso. Estamos en un lugar peligroso, Yuri. Aquí ni siquiera podría tomarte de la mano en la calle… además no quiero que por estar conmigo te acomplejes más de tu apariencia, sé que eso es muy importante para ti y estoy convencido que eso te afectaría mucho si comenzáramos algo. Aparte de todo sigues siendo un menor, alguien que aún debe conocer mucho y no quiero ser yo el que te ate, tienes que saber más de todo —viéndose un poco complicado por lo que decía movió la cabeza para dejar ir un suspiro—. Yura, ahora tú eres la persona más importante para mí, es por eso que no puedo aceptar tus sentimientos sabiendo que te arrastraría a un infierno al estar conmigo.

Con los hombros rígidos como concreto y los ojos cristalizados asintió bajando la mirada. Se había quedado demasiado impactado con lo que escuchó que ahora lograba ver con claridad todo. ¿Qué había estado haciendo todo este tiempo?, ¿Ilusionándose con un lindo romance cuando no podía ser? ¡Maldita sea! Estaban en Rusia, ¿cómo rayos no había pensado en eso después de haberse confesado? Había estado tan inmerso en su dolor que se negó a investigar más la situación… ¡Sí hasta él mismo había sentido un poco de rechazo por los homosexuales antes de conocer a Leo y a Guang! Le costó un mundo convencerse de que eso era normal y que a él ahora le gustaba un hombre. Si había sido difícil para él… ¿Qué quedaba para los demás?

"Pero a mí me importa una mierda lo que digan los demás", pensó apretando sus manos, sin embargo aunque deseaba decirlo, ninguna palabra abandonó su boca.

Todo lo que le había dicho Otabek era cierto. Ser homosexual en Rusia no era un juego. Yuri había visto junto a su abuelo las noticias donde anunciaban muertes y maltratos hacia ellos sin compasión alguna. Ni siquiera la jodida ley los apoyaba como debían.

Tragó con dificultad, como si se estuviera tragando un veneno muy amargo. Otabek lo veía muy atento a solo unos escasos pasos de él. No tenía que decir. Deseaba negar todo. Quería darle en la razón… No quería nada… Estaba realmente muy confundido.

—Yuri… —Otabek posó su diestra en su hombro izquierdo y con eso Yuri no aguantó más y dejó libre sus lágrimas que ya le quemaban los ojos. Todo era tan injusto que la rabia comenzó a consumirlo.

—M-Me importa una mierda todo eso —soltó levantando la mirada sorprendiendo a Otabek.

—Pero, Yuri —percibió como Otabek se tensó ya que su suave agarre fue un poco más fuerte—. ¿Acaso no…? —el kazajo no logró terminar ya que Yuri de un arrebato levantó la voz.

—¡Maldita sea! ¡Cállate!... no quiero darte la razón —de un manotazo rompió el agarre del moreno en su cuerpo. Su mirada humedecida chocó fuertemente con la de Otabek, el cual seguía con una expresión de asombro mezclada con preocupación. Yuri sabía que no podía ir contra el pensar del kazajo, sin embargo no quería aceptarlo.

—Quizás no te importe lo que digan los demás, ¿pero tu abuelo?, ¿cómo crees que tomará esto?

Con eso el arrebato que le había llegado se fue de forma violenta para darle paso al miedo. Era eso lo que se preguntaba todos los días Yuri y contra eso sí que no podía decir nada. Estaba aterrado de que Nikolai lo despreciara si sabía la verdad. Además… ahora que lo pensaba Otabek también tenía mucho en juego. Su trabajo como DJ y todo eso sin duda se vería afectado. Lleno de frustración se dio cuenta que la balanza estaba cargada del lado contrario.

—Maldición… —murmuró bajando su mirar—. Ganaste… tienes toda la razón —dijo Yuri sintiendo como esas palabras le salían quebradas.

—Es por eso, Yura…

Respiró profundamente para poder calmarse por segundos, segundos que le parecieron eternos. Cuando lo logró volvió a ver el rostro de tristeza y preocupación de Otabek y percibió un dolor en su interior. Otabek estaba haciendo todo eso por él, para cuidarlo de lo malo del mundo… Otabek también estaba sufriendo como él bloqueando lo que sentía. Sin duda el kazajo era una gran persona.

—¿Si no estuviéramos en Rusia... —habló Yuri ya en un tono más calmado aunque sentía todo su cuerpo tembloroso—, si estuviéramos en un lugar para nada peligroso, me aceptarías? —preguntó notando su alma en la garganta.

—Sin dudarlo.

La respuesta rápida, sin pizca de duda de Otabek volvió a llenar sus ojos de lágrimas. Por un segundo pensó en cómo sería aquello… sin dudas sería perfecto.

—Es tan injusto todo esto —comentó Yuri llevando sus manos a sus ojos para enjuagarlos. Ahora se sentía abrazado por la tristeza.

—Lo es.

Volvió a sentir como las manos de Otabek encontraban sus hombros. Aquel suave, tímido agarre del kazajo suavizó un poco todo. Yuri ahora comprendía absolutamente todo y se regañaba por haber sido tan idiota al no darse cuenta. Encontraba la verdad en cada palabra de Otabek y sabía muy bien que no podía ir en contra de ellas. Todo era por protegerlo… Yuri también quería proteger a Otabek, no podía arrastrarlo a una relación donde los dos se vieran tan perjudicados. Donde perderían demasiado los dos.

"¿Pero qué hago con esto que siento?, ¿ignorarlo y ya?"

No deseaba hacer eso. Lo que sentía por Otabek era tan fuerte que temía apagarlo. Olvidarse de ello… de la sensación que lo hacía sentirse realmente vivo. Cada vez que estaba con el kazajo sentía que estaba en otro mundo, junto a él sabía que estaba completamente bien.

—Sé qué haces todo esto por protegernos —habló Yuri ahora percibiendo una pequeña llama en su corazón, cálida pero tenue—. Pero dime, ¿qué hago yo con lo que siento? —sus ojos entristecidos volvieron a reunirse—. No sabes el infierno que tuve que pasar para aceptar esto… sé que sonara egoísta, pero no pretendo que todo este sufrimiento quede en nada. Tú sabes muy bien que odio estar con las manos vacías.

Otabek sin decir nada asintió. Yuri tragando en seco quiso enterrar toda la vergüenza y dejar que solo su sentir verdadero hablara. Ya no quería pensar más, ni en las cosas buenas ni malas. Él quería darle un poco de felicidad a su pecho apretado. Brindarle un poco de bencina a esa pequeña llama en su corazón que era la esperanza.

Quería ser egoísta.

—Otabek… ¿Podemos besarnos? —preguntó de forma tímida.

—Yura… —la sorpresa en el rostro de Otabek no se hizo esperar.

El nombrado antes de perder la valentía prosiguió.

—Por favor… Aunque solo sea esta vez y ya —pidió percibiendo como sus mejillas recibían toda la sangre de su cuerpo—. Tengo presente todo lo que has dicho… pero siento que todos nuestros besos han sido tan extraños que parecen irreales. Quiero ser egoísta, Beka… solo por hoy.

Esperó al borde de un infarto la respuesta del kazajo. Por un segundo sintió que lo iba a rechazar pues Otabek se mostraba muy contrariado, sin embargo obtuvo la sensación de una fuerte descarga eléctrica cuando su amigo aceptó con un bajito "sí" que se fundió con la oscuridad.

Manteniendo el poco aire que tenían sus pulmones, apreció como las manos de Otabek se transportaban a sus mejillas y así, sintiendo cada segundo pasar, se fueron acercando lentamente a sus labios sin desconectar sus miradas cómplices. Percibió el aliento cálido de Otabek sobre su nariz y juntó sus párpados para ya encontrar la boca de Otabek, estaba que moría de un ataque. Ya sentía que los escasos centímetros que les faltaba matar los estaba matando a ellos. Con todos sus nervios y sus deseos a flor de piel quiso ya unir sus labios, sin embargo sus bocas no lograron hallarse ya que justo en ese instante una voz escandalosa irrumpió entre ellos matando por completo el mágico momento.

Se separaron de forma rápida con el corazón en la mano en el instante que Jean, ya muy ebrio que ni se podía su cuerpo, se abalanzó contra Otabek para abrazarlo mientras soltaba palabras sin coherencia. Yuri recuperándose de ese maldito susto y de la frustración que sentía por no haber logrado su objetivo, miró con inmenso odio a Jean que quiso acercarse a él y ahorcarlo hasta matarlo, no obstante, no pudo hacer nada ya que Leo junto a Mila llegaron cruzando el ventanal con expresiones de enfado, preocupación y un sin fin de emociones más que el ruso no pudo identificar ya que estaba hundido en sus propios deseos de asesinato.

—Demonios, JJ, te dijimos que no te movieras del sofá mientras Isabella iba al baño —lo regañó Mila tirando al canadiense por el cuello de su ropa, pero eso no fue suficiente para retirar a Jean de un aturdido Otabek.

—E...Eres… un —el hipo comenzó a atacar a Jean dificultando más sus palabras—. guen amigo —Yuri rodó los ojos cruzándose de brazos tratando de ignorar la mirada de Leo que sin duda sabía todo.

—Ya no seas cargoso, hombre, muévete que debes irte —siguió Mila tratando de llevarse a Jean. Pero al parecer JJ no deseaba despegarse de su amigo querido.

—Está bien… ven que te llevaré adentro —dijo finalmente Otabek con el ceño fruncido al parecer controlando su mal humor. Yuri ya viendo que todo se había jodido se fue al interior del lugar tratando de asimilar todo lo ocurrido.

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—¡Gracias por todo! —dijo Mila sosteniendo por un lado a Jean junto a Isabella acompañados de Georgi. Ya se iban del lugar cuando el reloj marcaba las cuatro de la mañana.

Los que decidieron quedarse a alojar en el apartamento de Otabek fueron Leo y Guang, que se acomodaron en el mismo sofá de la vez pasada, y Emil con Michele se quedaron en el suelo sobre un colchón inflable pues ambos estaban muy ebrios para ponerse de pie e ir a casa.

Yuri viendo que ya todo quedaba en paz y en silencio pensó en llamar a su abuelo para que lo fuera a buscar, pero de inmediato descartó la idea encontrando estúpido molestarlo a esa hora, de seguro su abuelo ya iba por el cuarto sueño durmiendo a pie suelto. Notando que iba siendo momento de descansar suspiró sentándose en un sofá individual. ¿Qué iba a hacer? Creía imposible dormir nuevamente con Otabek después de todo lo que habían hablado. Moría de la vergüenza.

—Yura, vamos a dormir —dijo Otabek al cerrar la puerta después de despedir a los que se fueron.

—¿Eh? —Yuri se levantó de un movimiento—. ¿Es-Estás seguro que sea buena idea?

—No hay otro lugar para dormir. Vamos, dejemos descansar a estos chicos —Otabek mostrando un gesto de cansancio se dirigió a la habitación sin decir más.

Yuri con el corazón resonante apretó sus labios y lo siguió apagando la luz del living. Entró a la habitación cerrando la puerta tras él muy despacio para no despertar a nadie y miró como Otabek buscaba ropa en su closet para entregarle. Parecía que todo lo que habían hablado horas atrás hubiese sido irreal. Esa sensación no le gustó para nada.

—Ponte esto. Iré a lavarme los dientes —Otabek le entregó ropa para dormir y Yuri la recibió por reflejo. Su mente era un caos. Vio como el moreno se daba la vuelta para ir al baño, y por eso Yuri sin pensarlo mucho lo detuvo de la remera negra tal cual como lo había detenido la primera vez que se hablaron—. ¿Yura?

Al obtener nuevamente esos ojos otoñales sobre él, tragó en seco controlando su respiración y despegó sus labios que los sentía descoser por habérselos mordido mucho.

—No actúes como si nada —dijo Yuri en un débil susurro—. Me debes algo —recordó indicándose sus labios con el índice de su mano libre.

Otabek lo apreció por unos segundos dejando que el silencio de la habitación producido por la noche, los abrazara a ambos.

—Lo sé.

No fueron necesarias más palabras. Yuri sintió su estómago achicarse cuando Otabek se giró por completo frente a él y volvía a posar sus confiables manos en sus sulfuradas mejillas. Fue víctima de un pequeño cosquilleo por ese toque. En completo mutismo, donde solo sus respiraciones lentas como cargadas decoraban el lugar, cerraron los ojos al mismo tiempo. Yuri tenía su corazón martillando fuertemente su pecho y así, lleno de sentimiento verdadero, alcanzaron a conectar sus labios. Yuri frunció un poco el ceño al no creerse lo que ocurría, sin embargo cuando percibió como los labios de Otabek se movieron sobre los de él de forma mansa, quiso llorar al percatarse de que era real. Quería explotar.

Al fin se estaban besando.

El olor a alcohol estaba presente. Los labios del kazajo se encontraban algo secos pero se sentían y sabían tan bien, tan cálidos que no pudo evitar soltar las ropas y levantar de forma tímida sus manos hasta encontrar el pecho de Otabek. Entre el roce mágico de sus bocas notó como el corazón de Otabek iba tan rápido como el suyo. Se sintió unido al kazajo.

Otabek le brindaba un casto beso donde solo sus labios eran los protagonistas. Se unían y se separaban dejando sentir la calidez del contrario sin discriminación alguna. Cuando se detuvieron, sus miradas decoradas con cierto brillo de satisfacción se unieron como amantes. Yuri teniendo la respiración agitada y el corazón a mil por hora, volvió a tener la boca de Otabek sobre la suya en menos de un segundo, sintiendo así como ahora la sensación que se entregaban era más fuerte, más atrayente. Como un imán.

Soltó el aire cuando Otabek terminó el beso, sin embargo no se alejó de él y con la voz cargada le habló.

—Abre la boca, Yura —demandó el kazajo con la voz grave, transportando una de sus manos hasta su mentón mientras la otra seguía sujetando su mejilla acalorada.

Yuri creyendo que moriría por todo lo que sentía, obedeció completamente sumergido a sus sensaciones, y así su lengua saboreó la de Otabek por primera vez. Perdiendo las fuerzas en sus piernas, se aferró a la ropa de Otabek y notó como la electricidad recorrió su cuerpo cuando el kazajo, posando su derecha en su pequeña cintura, lo atrajo más a su cuerpo quedando así completamente unidos. Sus lenguas comenzaron a perder la timidez y dejándose poseer por la humedad de la otra, se emprendieron a conocerse mejor enredándose y rozándose sin parar un segundo. Era como una danza de fuego para ver quién iba más rápido. Aquel beso fue una placentera caricia que encerró en una jaula todos los miedos de Yuri.

Al separarse por falta de aire en sus pulmones, el ruso observó con la respiración alterada las expresiones extasiadas de Otabek. En ese segundo, notando el sonrojo en las mejillas de su contrario y al ver esos ojos que amaba apreciándolo, creyó ver el arte más hermoso del mundo. Otabek para él era completamente perfecto… y sus besos… joder, sus besos eran jodidamente increíbles… de otro mundo. Se sentía sobre una nube.

Sin decir nada y comprendiéndose mutuamente, terminaron por abrazarse sin dejar ningún centímetro entre ellos. Otabek calmando su respiración escondió su rostro en los cabellos de Yuri mientras este último se acurrucó en el pecho del kazajo disfrutando del ritmo de su corazón. Seguía alterado, eso lo hizo sonreír. Aquel abrazo después de tan apasionante beso fue un calmante para todos sus miedos. En ese segundo solo importaban ellos dos.

Yuri se aferró por completo a Otabek y olvidándose de todos los problemas como de la realidad, dejó que el moreno lo sostuviera con todas sus fuerzas.

Solo con Otabek sabía que estaba completo.

Solo con él se sentía tan seguro que no temía a nada.

Ahora, con aquellos besos dados con el alma, se percató que iba a ser imposible dejar su sentir.

Estaba malditamente enamorado de su mejor amigo y ya no podía negarlo más… Ya no deseaba negarlo más.

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¡Hola, gatitos!

Estoy con las manos temblorosas después de haber escrito todo esto, no saben cuánto anhelaba que ya pasara. Sé que ustedes también. *se muere de la emoción*

¿Qué piensan que pasará ahora con estos dos tortolos? /

Espero les haya gustado. Nuevamente muchas gracias por su compañía y palabras.

Si están en el grupo de face pongan alerta de spoiler en sus publicaciones, ya saben.

Nos vemos en la siguiente actualización.

Bye!