Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Capítulo 30. Un teatro que cae.
—Paty!
—¡Candyyyy! –Se escuchó a lo lejos—
Cuando la rubia corrió para alcanzar a su amiga quedó impactada. Tenía mucho tiempo de no verla y ahora que la encontraba la veía completamente transformada. Estaba preciosa. Traía puesto un lindo vestido color champagne de corte imperio, de "Shantung" (una tela muy suave y lisa similar a la seda pero en tono mate) que caía con gracia hasta la mitad de sus pantorrillas, de escote recto, con un precioso listón almendra satinado, decorado por un delicado brocado con diminutas flores que bordeaban su bien definido busto del cual salía una delicada y transparente muselina bordada en hilos dorados que cubrían su escote y llegaban hasta la base de su cuello en forma redonda y continuaba delicadamente sobre sus hombros y brazos hasta terminar en sus muñecas. Con unas zapatillas a juego de un pequeño tacón. En conjunto era un delicado y fino vestido que aunque un poco atrevido para la época la mostraba exquisitamente femenina. Se había dejado crecer su castaño cabello hasta la mitad de la espalda pero ahora lo peinaba en un semi recogido con ligeras ondas, utilizaba un suave maquillaje que resaltaba sus facciones y utilizaba labial rosa, también cambió sus grandes anteojos por unos más pequeños, discretos y muy estilizados que la hacían lucir más sofisticada. Había crecido sólo un poco más, su altura era casi la misma que la de su rubia amiga pero en definitiva había cambiado mucho. Lucía como una mariposa que había renacido en la flor de su juventud. Después de recibirse con un gran abrazo se separaron y la castaña dijo.
—¡Candy! ¡Mírate estas hermosa!. Ya sabía yo que te ibas a convertir en una preciosa dama. Eres bellísima. Aunque ya no me siento tan mal, la verdad era que pensaba encontrarte más alta pero tú tampoco creciste mucho como yo –Dijo sinceramente mientras se reía y volvían a abrazarse—
—Paty que cosas dices si tu estas realmente hermosa. Cambiaste mucho y ese vestido te queda divino.
—Gracias Candy. Mi cambio se lo debo a la abuela Marta ya sabes que ella siempre ha sido muy atrevida –Dijo mientras sonreía abiertamente—
—¡Pero si veo que hasta lo tímida se te ha quitado Paty!
—jaja Un poco mi querida amiga pero habrá cosas que nùnca cambiaran.
Estaban sumergidas en su plática cuando el carraspeo de cierto rubio las interrumpió.
—¡Discúlpame Paty por la emoción se me olvido Albert!
Entonces el rubio educadamente tomó su mano para saludarla.
—Hola Paty ¿cómo has estado?
—Hola Albert. Muy bien. Gracias por recibirme en tu casa para visitar a Candy. Eres muy amable.
—No tienes nada que agradecer Paty, para nosotros eres muy especial y mi pequeña estaba ansiosa por verte.
—Muchas gracias. Por cierto felicidades por su próxima boda. –Dijo alegre—
Entonces Candy le contestó
—Ay Paty tengo tanto que contarte… pero anda vamos al automóvil para que lleguemos a la mansión y te pongas cómoda y después podamos platicar toda la tarde. –Dijo emocionada la rubia y dando pequeñas palmaditas de gusto—
—jajaja ¿Ahora entiendes Candy que habrá cosas que nunca cambiaran?
—jajaj Tienes razón Paty.
Se encaminaron rumbo al automóvil. Durante el trayecto Albert estaba asombrado por la cantidad de palabras que salían de la boca de las dos pequeñas mujeres que traía con él. Apenas y podía seguir el hilo de su conversación porque en ese momento a ninguna de las dos les interesaba ser "correcta" y se interrumpían constantemente para intervenir en la plática de la otra y al parecer les agradaba de sobre manera porque todo era risa y más risas. El rubio solamente era un espectador increíblemente sorprendido. Su pequeña hablaba mucho con él pero nùnca como con Paty, no sabía de qué más iban a platicar en la tarde si al parecer se estaban devorando las palabras a un ritmo desenfrenado. Tal parecía que la antigua Paty se había convertido en una mujer muy segura. Entonces recordó con nostalgia a su querido sobrino Stear y lo feliz que hubiera sido al poder formar una familia al lado de tan linda dama. Dio un respiro, sonrió y continuó callado y asombrado con el interminable parloteo de su princesa y la castaña.
Cuando llegaron a la mansión Albert bajó el equipaje de Paty, se lo dio al mayordomo y entraron. La tía Elroy ya se encontraba esperándolos. Cuando los vio inmediatamente saludo a la recién llegada.
—Patricia es un gusto volver a verte.
Ella con toda propiedad se dirigió a la señora.
—Igualmente señora Elroy, hacía mucho tiempo que no la veía. Es un gusto estar aquí. Gracias por recibirme.
—Ni lo menciones querida, en esta familia siempre serás bienvenida. Fuiste muy importante para mi querido Stear.
Entonces la melancolía invadió ligeramente a la castaña, ya que el recuerdo de su amado inventor le seguía doliendo. Entonces solo se limitó a contestar.
—Muchas gracias, para mi Stear también fue muy importante.
Pasaron al comedor y el almuerzo transcurrió amistosamente. Cuando terminaron Candy le dijo.
—Paty has de estar cansada por el viaje. Por qué no vas a descansar un rato a tu habitación y nos vemos en una hora en el jardín. ¿Te parece bien? –Dijo con una sonrisa—
—Claro que sí Candy. Nos vemos en una hora entonces. Y dirigiéndose a todos dijo. Con su permiso me retiro.
Al cabo de unos minutos la anciana también se retiró a descansar y los rubios se quedaron unos momentos solos.
Albert estaba encantado de ver a su pequeña tan feliz.
—¿Así que van a seguir platicando pequeña?
—Si Bert hay tanto que decirnos todavía…—Dijo suspirando—
Entonces asombrado le dijo.
—¿Más?. Pero si al parecer se dijeron todas las palabras del mundo durante el camino.
—jajaja No seas malvado Bert. Se nota que no eres mujer. Entre nosotras siempre habrá algo que contarnos.
—Muy bien pequeña. Yo más tarde paso a despedirme de ti porque tengo que regresar a la oficina.
Entonces Candy con un puchero le dijo.
—Te voy a extrañar amor…
Albert con una traviesa sonrisa le dijo.
—No te queda para nada lo mentirosa pequeña embustera. Sé que no vas a extrañarme en lo absoluto porque tienes a Paty aquí.
—No digas eso. A Paty la quiero mucho pero tú… —Dio un gran suspiro— tú eres irremplazable.
— Que bueno que lo dices así hermosa ya estaba comenzando a ponerme celoso jajaja. Te amo pequeña y disfruto de verte tan alegre, tan contenta. –Dijo mientras besaba su mano—
Entonces una seductora Candy le habló.
—¿Sólo un beso en la mano…?
Albert moría por besarla como era debido pero estaban dentro de la mansión y la verdad era que también le resultaba delicioso dejarla con ganas de más. Entonces acercándose peligrosamente a su oído le contestó suavemente.
—No tienes idea de las cosas que quiero hacerte hermosa, pero prometí no tocarte, pero dentro de tres días todo será diferente y entonces voy a poder entregarte cada beso que he guardado para ti todos estos días y ahora mismo te digo que son muchos.
La pecosa sabía la intención de las palabras que Albert le había dicho así que de inmediato se puso roja, pero ella tenía la culpa por andar provocándolo y como siempre se quedó sin habla.
—jajaja Me encantas pequeña. Me tienes vuelto loco. Pero bueno anda, ve a descansar que yo haré lo mismo. Te paso a ver en un rato.
Entonces después de cerciorarse de que nadie lo viera se acercó a ella y le dio un pequeño y cortito beso en sus labios para despedirse, lo cual dejó a Candy flotando en el aire, pero reaccionó casi instantáneamente y le respondió.
—Está bien Bert te veo en un rato.
Pasó una hora y Paty ya se encontraba en una de las bancas del precioso y grande jardín. Cerca de un gran árbol que la cobijaba con su sombra. Cuando Candy la vio se acercó, pero se detuvo un instante para admirarla, le parecía increíble cómo le tiempo puede cambiar tanto a las personas, ya sea interna o físicamente, pero al parecer en el caso de su querida amiga las dos situaciones habían sucedido porque pudo darse cuenta de inmediato que la encontraba mucho más segura, independiente y realmente hermosa, Su corazón se llenó de gozo por ella. Entonces se acercó hasta donde estaba.
—Pues bien Paty me ganaste y llegaste primero que yo. –Dijo haciendo su característico mohín con la lengua—
—jaja Candy ese gesto será tan tuyo que aunque tengas cien años creo que no lo dejarás de hacer.
Entonces alegremente le contestó.
—Tienes razón querida Paty, he aprendido a ser una dama, pero en la intimidad de mi hogar siempre seré la misma Candy que conociste en el colegio San Pablo. Pero tú sí que has cambiado muchísimo, cuéntame, me platicaste en tus cartas que estabas estudiando la universidad.
—Así es Candy ahora mismo me encuentro en la universidad Central de Florida estudiando Ingeniería Eléctrica. –Dijo orgullosa—
La cara de Candy fue de asombro y no dudo en preguntarle.
—Pero Paty esa es una carrera de hombres. ¿No fue difícil que te aceptaran?
—Claro que fue difícil Candy. Al principio realicé los trámites de ingreso por mi cuenta pero inmediatamente me rechazaron por ser mujer, pero aunque me negaba a hacerlo la abuela me convenció de recurrir a la influencia de mi padre. Entonces hablé con él y para mi sorpresa me apoyó en esta aventura, así que movió sus contactos y me aceptaron. Claro después de realizar un examen.
—Tu eres muy inteligente Paty, pero dime ¿Por qué esa carrera?
—Es muy sencillo Candy. Una ingeniería es lo que más me recordaba a mi querido Stear así que no dude en anotarme. –Dijo tranquilamente—
—Pero ¿te gusta?. Explícame un poco porque la verdad no entiendo mucho de que sirva.
—Claro Candy mira. La ingeniería eléctrica es el campo de la ingeniería que se ocupa del estudio y la aplicación de la electricidad, la electrónica y el electromagnetismo. Aplica conocimientos de ciencias como la física y las matemáticas para diseñar sistemas y equipos que permiten generar, transportar, distribuir y utilizar la energía eléctrica. Además, constantemente hacemos trabajo de laboratorio, de hecho en estos momentos nos han encargado la elaboración de nuevos proyectos que ayuden a mejorar las telecomunicaciones ya que pretenden mejorar la eficacia del telégrafo y el teléfono con tecnología moderna. Personalmente estoy fabricando en casa un nuevo modelo de teléfono. La abuela Martha me ha acondicionado un pequeño laboratorio y para estas alturas creo que ya se ha acostumbrado a los ruidos extraños y mis constantes fallas. Es todo un complejo sistema, en definitiva es lo mío amiga. A mi me encanta, mis clases están llenas de ecuaciones y de experimentos que explotan, pero estoy muy contenta con lo que hago. Espero que después de terminar la Universidad me ofrezcan un puesto en el área de investigación, aunque creo que estará muy peleada esa vacante porque solo somos dos mujeres y supongo que mi compañera aspira a lo mismo que yo.
— ¿Entonces cuando exista un nuevo y moderno modelo de teléfono podrías haberlo inventado tú?
Entonces Paty le contestó con una radiante sonrisa.
—Eso espero Candy. ¿Te imaginas? Sería maravilloso y más porque tendrían que reconocer mi inteligencia y capacidad aunque sea mujer. Estaría abriéndole camino a muchas de nosotras. Pienso que tenemos la capacidad de hacer y estudiar las mismas cosas que los hombres. Somos igual o más inteligentes. –Dijo segura de cada una de sus palabras—
—Ya verás que todos tus esfuerzos valdrán la pena Paty. Y ahí estaremos contigo cuando seas una famosa inventora.
—Eso espero Candy.
Entonces la pequeña rubia tocó un tema un tanto delicado para su amiga.
—Y ¿Cómo estas de amores Paty?. ¿Existen algún posible "Señor O'Brian"? –Dijo soltando una abierta risa—
Entonces Paty con su semblante tranquilo le respondió sinceramente.
—No Candy no existe.
—Pero ¿por qué Paty?. Tú eres hermosa y más de un caballero estará orgulloso de pretenderte.
—Sí he tenido pretendientes, y como te conté alguna vez en una de nuestras cartas estuve saliendo hace ya algún tiempo con un caballero pero no se formalizó nada.
—¿Nunca te propuso matrimonio? –Preguntó incrédula—
—Sí lo hizo, pero lo rechacé.
A Candy casi se le salieron los ojos de la cara por la impresión.
—¿Cómo que lo rechazaste Paty? ¿Por qué?. No lo entiendo.
La castaña le contestó con toda la naturalidad del mundo.
—No acepté su proposición por dos razones muy importantes. La primera es que no pienso estudiar algo tan importante como lo que estoy haciendo para contribuir a la ciencia y luego casarme para que mi esposo me tenga encerrada en una jaula de oro, eso iría en contra de mis principios y en definitiva no creo que podría créele a ningún caballero que me diga que no se va a oponer a que trabaje.
—Ok puedo entender eso, pero ¿la segunda razón?
Paty sabía que su amiga la regañaría pero le tenía plena confianza, así que le contaría la verdad. Entonces respiró profundo y le dijo.
—La segunda razón es que no existe nadie en el mundo que pueda ocupar el lugar de mi amado Stear.
A Candy se le estrujó el corazón de escuchar a su amiga con ese pesar en el alma.
—No cierres tu corazón Paty…
— No lo hago, pero tendría que ser una persona muy especial para que reconsiderara mi decisión.
—Ya verás que pronto llegará esa persona. Lo presiento.
—Pues ya veremos si es que eso sucede Candy… —Dijo con un dejo de nostalgia—
—Paty… sé que te duele pero Stear habría querido que continuaras con tu vida.
—Y lo estoy haciendo Candy. Tengo muchos proyectos y estoy dedicando mi vida en algo que honre su memoria. Sé que de vivir estaría muy orgulloso de mi y hasta podríamos trabajar juntos, pero mi corazón se fue con él querida amiga y aunque he tratado no puedo fingir amar a quien no puedo. Además quien dijo que es necesario que una mujer se case para que sea completamente plena. Yo a mi manera soy muy feliz, pero jamás dejaré de amar a mi hermoso inventor, lo haré hasta el día en que me muera y me reúna nuevamente con él porque sé que me estará esperando. Ya más adelante pienso en adoptar un niño para poder darle todo el amor que tengo guardado... Pero eso será hasta que tenga una carrera consolidada. No quiero depender de mis padres para poderle ofrecer algo. Quiero que se sienta orgulloso de su madre.
—Paty… Dijo afligida—
—No Candy no me tengas lástima, porque yo no me la tengo. Sé feliz por mí. Esta es una decisión adulta ya no tengo quince años amiga.
Candy entendió entonces que Dios tiene diferentes caminos para todos y que muy a su manera Paty se encontraba en paz, tranquila y buscando su felicidad.
—Tienes razón amiga. Sabes que te apoyare siempre, ¿verdad?
Con una sincera sonrisa Paty le respondió.
—Siempre lo he sabido Candy. Muchas gracias por esta entrañable amistad.
En eso un alto rubio hizo su aparición.
—Buenas tardes señoritas –Dijo galantemente—
—¡Bert! ¿Ya te vas?
—Si princesa voy para la oficina pero como te prometí vengo a despedirme.
Entonces le dio un beso en su mano y le entregó una "Dulce Candy" que traía escondida.
Candy de inmediato aspiró su olor mientras le decía.
—Es hermosa Bert. Muchas gracias.
—Es igual de bella como lo eres tú pequeña, pero las dejo platicar. Me despido. Nos vemos en la noche. Paty quedas en tu casa.
—Gracias Albert, que tengas una linda tarde.
Cuando el guapo rubio se hubo retirado la castaña le dijo a su amiga.
—Es muy bella la forma en que te trata Albert Candy.
Entonces fue el turno de la enfermera para contarle a Paty todo lo que había sucedido esos días, ya que con todo lo que pasó solo se habían comunicado por telegramas.
—Ay Paty…tengo mucho que contarte. Han pasado unos días intensos.
Entonces sostuvieron una larga platica en donde la puso al tanto desde el beso de Nicolette, su acoso con los anónimos, la vigilancia con sus hombres para terminar con la actitud de Annie y la traición de Archie, además de las reveladoras fotografías. No omitió ningún detalle. Al terminar de contarle todo la cara de Paty era de total asombro.
—Me parece increíble todo lo que me cuentas Candy. Pero bueno, menos mal que su amor es más fuerte y han podido superar todo. Respecto a esa mujer espero que no les tenga más sorpresas guardadas, deben estar muy pendientes de ella, pero lo que creo que me asombra más es el cambio de Annie, me parece que hablamos de otra persona. Aunque…
—Aunque… —Dijo Candy—
—Bueno Candy pensándolo bien y si me lo permites creo que coincido con tu tía. Annie nunca lo demostró abiertamente pero a mí jamás me pareció correcto que te pidiera que no le quitaras a Archie. Él tenía el mismo derecho que Terry de luchar por ganarse un lugar en tu corazón y ella deliberadamente te lo prohibió. Eso se llama envidia y celos. Además recuerda que en un principio renegaba de ti. Por lo que me has contado sino mal recuerdo desde que la adoptaron y después yo lo vi en el San Pablo y eso no es de amigas, mucho menos de hermanas.
—Ya lo sé Paty. Ahora tristemente comprendo que aunque para mi era como mi "hermana" ella nunca me vio así. Tú por ejemplo jamás te has avergonzado de mi procedencia ni me has tratado despectivamente.
—Sabes que para mi eso no importa. Tu calidad humana habla por sí sola Candy.
—Gracias Paty pero Annie no piensa lo mismo.
—Pues en verdad que es una sorpresa. No quiero ni imaginarme el encuentro que va a tener con Archie. De seguro no se va a esperar y conociéndolo la va a buscar casi que ese mismo día. El puede ser muy caballeroso pero también cuando se enoja puede ser muy explosivo. Sólo de recordar las peleas que tenía en el colegio a la menor provocación hacen que tenga miedo por Annie. Digo sé que jamás le pondría una mano encima, pero no se va a salvar de que le suelte unas cuantas verdades olvidándose de que es una "señorita" por así decirlo, porque por lo que me dices hace tiempo que dejó de serlo. Pero hay que pensar positivo Candy. Es mejor que termine de una vez por todas con esa relación patológica para que pueda encontrar a una buena mujer que lo ame de verdad y el a ella, porque bien sabemos que no la amaba, solo la quería y con los años se acostumbró a estar juntos y por eso planeó su vida a su lado.
—Pues esperemos que todo se resuelva bien. De cualquier manera lo apoyaremos. –Dijo la rubia—
—Ay Annie…¿Cómo es posible que las personas cambien tanto Candy?. Pensar que nosotras tres éramos inseparables y solamente contigo he mantenido una bella amistad. Con ella traté de continuarla, pero solo respondió algunas de mis cartas y en la última me dijo que no me escribiría por un tiempo porque se encontraba muy ocupada y después se alejó por completo. La verdad es que en un principio me dolió su rechazo, pero con el tiempo aprendí que Dios te pone en tu camino a las personas que necesitas conocer para luego dejarlas ir y otras que conocerás para que te acompañen en este largo camino que es la vida.
Paty al mirar a Candy la observó preocupada y suponiendo que era por Archie le dijo cariñosamente.
—No tengas pendiente Candy, Archie es muy fuerte aunque a veces no lo parezca. No creo que se deje derrumbar por este asunto al contrario creo que se va a liberar.
Entonces Candy se aventuró a preguntar.
—Y a ti ¿No se te hace atractivo Archie Paty? Acuérdate que en el colegio traía de cabeza a muchas. La verdad es muy guapo.
—Que no te escuche Albert Candy –Dijo mientras la miraba sarcásticamente—
—jaja Obviamente mi Albert no tiene comparación Paty, pero eso no quiere decir que Archie no sea buen mozo
—Si tienes razón es muy guapo, pero no empieces Candy. Estamos hablando del hermano de Stear es casi como si siguiera siendo mi cuñado. Así que no la andes haciendo de Celestina por favor jajaj
—Está bien. Está bien ya no digo nada.
La tarde se les pasó rápidamente. Mientras tanto en la mansión de los Britter Annie se encontraba tomando el té cuando recibió un telegrama. El mayordomo se acercó para entregárselo junto con otro sobre que recién habían dejado para ella.
Cuando tomó el telegrama pudo darse cuenta de que se trataba de Archie, así que con fastidio dijo.
—A ver veamos ahora que quiere mi "prometido". Entonces comenzó a leerlo.
Querida Annie. Llego antes de lo esperado. Te veo este viernes. Cena con nosotros. Te espero en la mansión. Siempre tuyo Archibald.
Cuando terminó lo dejó caer desganadamente en la mesa de té en donde se encontraba.
—Qué fastidio…esto de ser la prometida modelo me aburre de sobre manera, pero tengo que acostumbrarme, así será mi vida dentro de unos meses. Menos mal que existen fiestas y compromisos sociales. Hubiera querido volver a ver a Cameron pero no puedo exponerme tanto, además él no me ha buscado y en cuanto se entere del regreso de Archie estoy segura que dará por terminada nuestra relación. En fin…fue bueno mientras duró.
Entonces tomó el otro sobre que el mayordomo le había entregado. Cuando lo abrió casi escupe todo el té tenía en su boca.
De mi nadie se burla Britter. Ten cuidado porque pienso sacarme la traición que me hiciste. Teníamos un acuerdo y lo rompiste. Tu palabra no vale nada. Atente a las consecuencias.
La cara de Annie se desencajó completamente. Por un momento se olvidó de la pelirroja y de las fotos que decía tener de ella. Pero lo pensó por unos minutos y llegó a la conclusión de que nadie le aseguraba que era verdad aquello de que tenía unas fotos de ella que la comprometían. Aunque sí le creía que le conocía sus deslices no la creía capaz de llegar tan lejos como para seguirla y tomarle fotos con Cameron. Así que de inmediato se deshizo del anónimo y siguió tomando con tranquilidad su té. Tenía que prepararse mentalmente para soportar a su prometido pasado mañana. Entonces Escribió unas palabras y pidió a su sirviente que enviaran un telegrama urgente a su querido Archie.
Horas más tarde Archibald se encontraba en el gran salón principal degustando su cena. En eso un mesero se le acercó para decirle.
—Señor Cronwell llegó un telegrama urgente para usted.
Entonces le entregó el pequeño sobre. Cuando lo abrió decía.
Te veré el viernes. Llega con bien querido. Tuya por siempre.
Annie Britter.
Cuando terminó de leer arrugó el pedazo de papel entre sus manos mientras pensaba: "Hermano ayúdame y dame fuerza para continuar…No tienes idea de lo que te espera Annie. Aunque quiera no puedo perdonarte esto".
La verdad era que Archie había tenido el tiempo suficiente para pensar y por un momento paso por su cabeza la idea de perdonar los deslices de la morena con tal de poder quedar como buenos amigos ya que su cariño hacia ella aunque no era amor si era real y no quería que las cosas terminaran mal entre ellos, pero después de un rato su orgullo herido se lo impidió y por un instante dejó de pensar con un buen caballero y comenzó hacerlo como el hombre al que habían burlado descaradamente en sus narices y a saber desde hace cuánto tiempo y cuantas veces. Entonces fue que escribió ese telegrama para invitarla a cenar a la mansión, necesitaba tenerla en sus terrenos para sentirse lo suficientemente fuerte para enfrentarla. Ella sola había decidió el futuro de los dos y en esta ocasión Archibald Cornwell iba a decirle todas y cada una de sus verdades.
Al mismo tiempo a la afueras de Chicago en una lujosa propiedad Nicolette estaba más que furiosa. Se encontraba sentada en su escritorio tomando un copa de Whisky, pero solo podía pensar en que el rubio no había respondido a sus amenazas y era el día en que aún no regresaba con ella, así que no lo pensó más y se decidió que algo drástico tendría que hacer para impedir esa boda mientras pensaba: "Tu así lo quisiste Albert"
Mientras tanto la cena en la mansión de los Andrew había transcurrido y todos se habían retirado a sus habitaciones, pero Albert tenía curiosidad de saber si Candy ya había escrito sus votos matrimoniales, ya que acordaron agregarle otras cosas además de las tradicionales, entonces se dirigió a la habitación de ella, aun no era tan tarde y pensaba que estaría leyendo algún libro para conciliar el sueño, pero cuando llamó a la puerta y esta se abrió se quedó sin palabras. Candy estaba en camisón, en un diminuto camisón de seda color lila que le llegaba ligeramente por arriba de las rodillas. No traía puesta su bata y los delicados tirantes mostraban su cremosa piel, de inmediato sintió unas terribles ganas de llevársela a su habitación y amarla con locura hasta que llegara el alba, pero ella lo interrumpió al saludarlo tan casualmente.
—Hola Bert. Pensaba que dormías, pero pasa. –Dijo natural sin darse cuenta de lo turbado que se encontraba el rubio—
Entonces haciendo acopio de toda fuerza de voluntad Albert recargó uno de sus brazos en la pared para contenerse de mirarla y entrar a su habitación. Luego agachando su cabeza le dijo nerviosamente.
—¿Por qué tienes que hacérmelo tan difícil Candy...?
—¿De qué hablas Bert? –Dijo inocente ella—
El rubio seguía con la mirada en el piso mientras le contestaba.
—De que no puedes pedirme que no te bese o no te toque si me provocas de esa manera.
Candy comprendió el difícil momento por el que pasaba su prometido ya que ella misma a veces quería escabullirse en las noches para estar con él. Entonces alzando su cara para que la viera le dijo mientras acariciaba su mejilla.
—Solo faltan dos días más amor. Yo también deseo que pasen rápido.
Albert respiro profundamente para decirle.
—Venía a preguntarte algo sobre los votos pero creo que es mejor que me retire. Buenas noches. Descansa pequeña.
Entonces le dio un rápido beso en la mejilla y salió caminando aprisa de ahí como si lo estuvieran persiguiendo. Candy solamente lo miró mientras se alejaba y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro mientras pensaba: "Ya pronto amor…" Luego regresó a su habitación.
El viernes llegó. Albert había salido temprano a la oficina así que no pudo llevarla y le pidió a Paty que la acompañara ya que no quería dejarla sola y ella solo iría a informar que tomaría una licencia de tres semanas, sabía que no tendría ningún problema porque la influencia de los Andrew era muy grande y aunque no le gustaba usar eso en su beneficio solo por esta ocasión lo haría gustosa. Las dos iban muy bellas y arregladas ya que Dorothy se había encargado de eso muy temprano. Candy iba con un lindo vestido color salmón de escote recto, ceñido a su cintura con un delicado faldón con bordados en rococò hasta sus rodillas que se movía ligero cuando caminaba y Paty optó por un vestido azul pastel de escote "Jewel" que cubría ligeramente sus hombros y enmarcaba estilizadamente su largo cuello, el corte era recto hasta a la mitad de sus pantorrillas y marcaba perfectamente sus curvas y su pequeña cintura. Ambas traían unos hermosos sombreros de ala media a juego con sus vestidos. Paty prefirió utilizar su cabello suelto con marcadas ondas al igual que Candy solo que a ella Dorothy le había dejado algunos pequeños rizos sueltos que se notaban coquetos al frente enmarcando su rostro. Iban caminando y platicando alegremente por el pasillo cuando se toparon de frente con Jonathan. El moreno recordó al momento de ver a Candy el fuerte encuentro que había tenido con Andrew el día anterior y lleno de pena le habló.
—Candy…necesito disculparme por lo de ayer. –Dijo apenado—
Entonces ella amablemente le contestó.
—No pienses más en eso Jonathan. Mejor te presento. Ella es mi amiga Patricia O'Brien. Ayer te mencioné que pasaría a recogerla a la estación porque viene de visita desde Florida.
Entonces el médico dirigió su mirada a los grandes ojos café de Paty y pudo darse cuenta de que era muy bella, así que galantemente tomó su mano y la besó mientras se presentaba.
—Jonathan Kingsford. Un placer señorita O'Brien.
A Paty le pareció atractivo pero finalmente no era su adorado Stear, pero amablemente le contestó.
—Igual mente señor Kingsford.
—Por favor llámame Jonathan. Si eres amiga de Candy también puedes considerarme un amigo.
—Gracias Jonathan.
Estuvieron platicando unos minutos y cuando siguieron su camino rumbo a la oficina del Dr. Leonard. Candy le preguntó a la castaña.
—Y ¿Qué tal te pareció Jonathan Paty?
Paty se dio perfectamente cuenta a donde quería llegar su amiga así que sin más le contestó.
—No puedo negarte que es muy buen mozo y tiene unos ojos preciosos pero nada más. Ya te dije que no andes de celestina conmigo Candy.
—Ay Paty… como vas a darle una oportunidad al amor si no te permites conocer a nadie –Dijo un tanto desesperada la enfermera—
—jaja Candy…yo estoy bien no te preocupes por mi. Ya te dije que estoy perfecta así como me ves, pero no te preocupes que si en algún momento alguien llegará solamente el destino se encargaría de eso, no podemos forzarlo.
Una resignada Candy le dijo.
—Está bien Paty será como tú quieras…
—Mejor vamos a tramitar lo de tu licencia que es a lo que vinimos.
El Dr. Leonard las recibió y con gusto le dio el permiso que necesitaba. Cuando salieron del hospital Paty le dijo cariñosamente a Candy.
—Pues ya está. Tienes tres semanas de vacaciones señora Andrew.
—jaja Que dices Paty hoy todavía soy Candice White. Hasta mañana seré la señora Andrew, pero bueno vámonos que tenemos que pasar recoger a Archie que ya no ha de tardar en llegar. Podemos almorzar en un café cerca de la estación en lo que esperamos su tren.
—Claro Candy. No me lo imagino, el pobre ha de estar muerto de cansancio. El viaje que hizo fue tremendo y luego el venir de Nueva York hasta acá. Lo bueno es que los trenes son cada vez más rápidos y ya no hacen tres días como antes sino uno, pero de cualquier manera aunque venga en primera clase es muy pesado.
—Tienes razón Paty pero nosotras nos encargaremos de alegrarle un poco su día. –Dijo con una sonrisa—
Así lo hicieron. Se detuvieron en una cafetería cerca de la estación y almorzaron. Hicieron un poco de tiempo para esperar las dos horas que faltaban para la llegada del tren que traería de regreso a Archie. Cuando por fin la hora marcada se aproximada, pagaron y salieron rumbo a la estación de trenes. Todos los pasajeros llegaban e iban bajando poco a poco de los vagones, cuando a lo lejos Candy pudo notar la alta figura de su querido primo. El sintiendo una mirada volteó para encontrarse con los ojos verdes de Candy, entonces rápidamente caminó entre las personas hasta que llegó hasta donde estaba ella. Cabe mencionar que el tiempo también había favorecido al elegante Archibald Cornwell, ya que como tradición familiar disfrutaba mucho de la equitación y aunque estuviera trabajando dedicaba algunos días de la semana para practicar el deporte, el cual lo mantenía en forma y aunque era de complexión delgada su cuerpo se mostraba muy atlético y eso aunado a su alta estatura de 1.85 metros lo convirtió en un hombre verdaderamente atractivo. Cuando estuvo frente a Candy la abrazó y muy cariñosamente le dijo.
—Viniste a recogerme gatita.
Candy le regresó una mirada cariñosa y muy sonriente le contestó.
—Vinimos Archie. No estoy sola –Dijo al momento en que con los ojos señalaba a Paty—
Archie tuvo un poco de pena porque no había notado la presencia de la delicada señorita que se encontraba observándolos. Entonces con la galantería que lo caracterizaba tomó su mano y besándola le habló.
—Archibald Cornwell. Un placer señorita.
Entonces Paty dándole una mirada de incredulidad le preguntó.
—¿Es en serio…?
—Claro. ¿Por qué habría de mentir sobre mi nombre señorita? –Le dijo con su voz de barítono—
Entonces Paty decidió seguirle el juego. Ya se reiría de él cuando se diera cuenta de quién era.
—Claro que tonta disculpe. –Dijo fingiendo pena—
—Y esta delicada señorita ¿tiene nombre?
—Claro caballero, pero es un nombre muy común al contrario del suyo.
Entonces Archie brindándole la mejor de sus sonrisas le contestó.
—Seria todo un honor que me permitiera conocerlo mi bella dama. –Mientras miraba sus preciosos y expresivos ojos—
—Claro caballero. Mi nombre es Patricia O'Brien. –Dijo mientras hacia una teatral reverencia—
En ese momento Archie abrió enormemente sus ojos miel. Pensaba que no podía estar hablando con la misma Patricia O'Brien que él conocía. Ella era más bajita, gordita, tímida y con lentes de fondo de botella y la dama frente a él era todo lo contrario a eso. Entonces incrédulamente le preguntó.
—¿Paty…?
Entonces ella con una tremenda sonrisa le dijo.
—Sí Archie.
Pero de nuevo le preguntó.
—¿Paty la del Colegio San Pablo?
Tanto Candy como Paty no pudieron contener más las carcajadas y Paty entre risas le contestó.
—Sí Archie esa Paty. Eres tremendo cómo no me reconociste.
Archie bastante apenado se pasó la mano por su cuello y le respondió.
—Discúlpame Paty es que estas muy cambiada y no te reconocí.
Fue turno de Candy para hablar.
—¿Verdad que se encuentra bellísima Archi?
—Claro de eso no cabe duda. Estas preciosa Paty. Me da mucho gusto verde de nuevo.
—Igualmente Archie, pero déjame decirte que tú también has cambiado desde la última vez que te vi.
—Espero que para bien. –Dijo con una bella sonrisa—
—Bueno…creo que en algo no has cambiado. Sigues siendo un vanidoso chiquillo.
Archie volvió a abrir grandemente sus ojos para reclamarle.
—¿Chiquillo?. Tengo veintidós años Paty ya no soy un niño.
—Pues no lo serás pero en el fondo sigues siendo un chiquillo vanidoso
Entonces Candy y ella comenzaron a reírse de él.
—No es justo que se unan para conspirar en mi contra señoritas. –Dijo fingiendo molestia—
Durante el camino ninguno de los tres tocó el tema del por qué de su precipitada llegada, prefirieron evitarlo y Archi disfrutó de la compañía de las dos bellas damas, pero la verdad era que encontraba muy interesante todo lo que Paty le platicaba. Le resultaba fascinante que una pequeña y delicada mujer estuviera siendo pionera en algo tan importante como lo era la ingeniería eléctrica y que encima de todo estuviera fabricando un nuevo modelo de teléfono. Paty también se encontraba muy interesada en la plática del elegante, ella conocía muchos temas y la economía del país era básica para el proyecto que estaba levantando ya que debía ser accesible para todos y pasar de ser un artículo de lujo para gente rica y entrar como un servicio necesario para todos los demás, así que el enterarse por boca de Archie como se encontraba la situación económica del país le servía bastante. Por su parte Candy solo iba como espectadora. No quería interrumpir ese bello momento, al parecer aun siendo tan diferentes tanto Archie con Paty tenían cosas en común y se notaba que disfrutaban de su mutua compañía.
Cuando por fin llegaron a la mansión tanto Albert como la tía Elroy ya los esperaban ansiosos. En cuanto los vieron la matriarca los recibió y se dirigió cariñosamente a su sobrino.
—¡Archie hijo que bueno verte! –Dijo mientras lo abrazaba—
Este gesto impresionó bastante a elegante que no estaba acostumbrado a que la matriarca fuera cariñosa en lo absoluto, pero le correspondió y la saludó.
—Lo mismo digo tía. Es un placer verle de nuevo. –Dijo educadamente—
En cuanto observó la presencia de Albert le dijo con toda confianza.
—¡Tío abuelo William! Es un gusto. Tanto tiempo sin verlo. –Dijo mientras hacía una pequeña reverencia—
Entonces se abrazaron y mientras lo hacían Albert le comentó entre risas.
—No seas payaso Archi ya sabes que solo soy Albert.
Entonces en voz baja Archi le comentó.
—Vaya que ha cambiado la tía. Supongo que es obra de mi gatita –dijo mientras seguían saludándose—
A lo que Albert le respondió.
—Luego te cuento todo.
Cuando terminaron los saludos la tía se pronunció.
—Hijo lamento tener que tocar este tema, pero necesito que me acompañes al despacho porque hay algo que necesito mostrarte.
Esta de más decir que Archie ya sabía lo que la tía quería tratar con él, así que con resignación dio un suspiro y le dijo.
—Si no es molestia quisiera que me acompañaran Candy y Albert tía.
Elroy a esas alturas ya no se sorprendía de nada así que aceptó ese extravagante gesto de su sobrino.
—Claro hijo. Vamos entonces. Paty quedas en tu casa en un momento regresamos.
—Pierda cuidado señora Elroy.
Cuando estuvieron todos en el despacho. Elroy le dijo a su sobrino.
—Por favor ponte cómodo hijo.
Albert fue hacia el bar y le preparó un escoses doble porque lo necesitaría e inmediatamente se lo dio.
—Toma Archie.
Archie aceptó la copa y se sentó en la silla frente al escritorio del despacho. Entonces la tía sacó el sobre con las fotografías y se las entregó al joven. Mientras le decía.
—Esa es la prueba fehaciente de que lo que hablamos es cierto hijo.
Archie abrió el sobre y miró detenidamente cada una de las fotografías en donde la "dulce Annie" se encontraba con un hombre que claramente se veía era su amante. De repente se sintió asqueado por comprobar el comportamiento de su "prometida" y sus ojos se inyectaron de dolor y enojo, pero tratando de mostrarse lo más calmado le dijo a su tía.
—Nunca dude de su palabra tía, sin embargo estas fotografías solo comprueban todo, pero ya me encargaré de esto. Le he mandado un telegrama a Annie cuando me encontraba en el barco pidiéndole que viniera hoy a cenar, así que en un rato arreglaré cuentas con ella.
—Necesito que estés calmado Archie. –Intervino Albert—
—No te preocupes Albert no le haré daño, pero está muy equivocada si piensa que va a jugar conmigo. –Le contestó mientras de un golpe terminaba con la copa que tenía en sus manos—
—Pues esperemos que todo salga bien en la noche hijo. Qué bueno que estés tomando las cosas tranquilamente.
—Claro tía no se preocupe, pero ahora si me disculpan quisiera descansar un rato. La verdad es que ha sido un viaje bastante cansado.
—Anda hijo, no tengas pendiente. Te esperamos en la cena.
Cuando Archie se retiró la matriarca le dijo a los rubios.
—Les pido por favor que estén pendientes cuando llegue esa mujer. Yo no puedo estar presente ni quiero, así que permaneceré en mi habitación, pero ustedes pueden quedarse por ahí por cualquier imprevisto que pudiera suceder en esa "platica" que tendrán.
—De acuerdo tía –Respondieron—
Las horas transcurrieron y la hora de la cena llegó. Archie trataba de controlarse para no demostrarle su enojo a Annie en cuanto la viera, quería dejarla para ver hasta donde llegaba su cinismo. Bajó al comedor y ya se encontraban ahí Albert, Candy y la bella Paty, pero se le hizo algo extraño que su tía no estuviera presente ya que ella era muy puntual, pero luego dedujo que no quería estar presente cuando la morena llegara a su casa. Se encontraban esperando cuando el mayordomo les avisó que la señorita Britter estaba llegando.
Cuando Annie entró y vio a todos reunidos su cuerpo se llenó inmediatamente de celos al mirar lo bellas que se encontraban tanto Candy como Paty. Más de la última porque hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella y encontrarla ahí fue toda una sorpresa. Pero de cualquier modo fingiendo alegría las saludó.
—Candy, Paty. Qué gusto volverlas a ver. Lucen espectacular.
Castaña y rubia se miraron con complicidad y solamente contestaron cortésmente.
—Igualmente Annie. Es un gusto. Tú también te miras muy bien. –Habló Candy mientras la saludaba con un beso en la mejilla—
Entonces la morena se dirigió a Paty.
—Y tu Paty. ¿No piensas saludarme?¿En dónde dejaste tus modales? –Dijo irónicamente y con una discreta sonrisa—
Paty estaba que echaba chispas del coraje por su actitud tan altanera, pero educadamente le respondió.
—Claro Annie. Es un placer volverte a ver después de tanto tiempo. Espero que ésta vez te encuentres menos ocupada y podamos retomar nuestra amistad. –Dijo sin poderse contener—
—Claro querida será todo un gusto hacerlo.
Luego miró a donde Albert para saludarlo.
—Señor Andrew buenas noches. Es un placer.
—El placer es mío Annie. Estás en tu casa –Contestó el rubio manteniendo la compostura—
En cuanto volteó su mirada a donde Archie éste actuó con total naturalidad y tomando su mano para darle un beso en la mano le dijo.
—Hola amor. Qué bueno que llegas. Te he extrañado mucho. –Dijo fingiendo cortesía—
Annie no notó nada diferente en su comportamiento así que con la misma hipocresía de siempre le respondió el saludo.
—Qué bueno verte querido. Yo también te he extrañado mucho. ¿Qué tal estuvo tu viaje?
El notar la falsedad en cada una de sus palabras hizo decidir a Archie que no se esperaría hasta después de la cena. Entonces con toda la amabilidad que pudo disimular le pronunció.
—Un poco pesado amor, pero eso no importa porque ya estoy aquí. ¿Sabes? Quería esperar hasta después de la cena pero necesito platicar contigo sobre algunos detalles de nuestra boda, ¿Podrías hacerme el favor de acompañarme al despacho?.
—¿Estás seguro de que no puede esperar hasta después la cena Archie?. Todos nos están esperando.
—No tardaremos nada solo son unos detalles, ya conoces lo perfeccionista que soy y quiero que todo quede perfecto en ese día tan especial.
Luego miró a los chicos para decirles.
—¿Les importaría esperarnos unos minutos para cenar? Regresaremos pronto, lo prometo tío. –Fingiendo una sonrisa—
—Por supuesto aquí los esperamos. Vayan chicos. –Respondió amablemente el rubio—
Cuando entraron al despacho Archie dejó la puerta entre abierta. Conocía perfecto a ese par y sabía que en cuanto eso se pusiera difícil no tardarían en entrar, así que les facilitó el camino, a esas alturas ya no le importaba quien los escuchara y quién no.
—Ponte cómoda Annie por favor. –Le dijo señalándole el sofá de la pequeña sala—
Annie por su parte no se encontraba de muy buen humor, ya que sabía que con la llegada de Archi se daba por terminada su relación con Cameron, así que un poco molesta por la inusual petición de su prometido le contestó.
—Archie, sinceramente no sé qué es lo que quieras tratar sobre la boda. A estas alturas algún cambio sería catastrófico ya que tenemos prácticamente todo listo.
—Entonces Archie lentamente se dirigió al escritorio en donde su tía tenía guardadas las fotografías. Sacó el sobre, lo tomó en sus manos y caminó de regreso a donde Annie mientras le contestaba.
—Te prometo que será sólo un momento querida.
—Archie por favor, no estoy de humor. Ya dime de una vez que es eso que quieres.
Entonces Archie dejó caer el sobre en la mesa de centro de la sala mientras le preguntaba fijamente con sus ojos llenos de coraje.
—¿Desde cuándo Annie?
Annie no había tomado el sobre así que no entendió la pregunta.
—¿Desde cuándo qué Archie? –Dijo ya con desgano—
Entonces mirándola con profundo resentimiento le alzó la voz.
—¡Quiero que me digas desde cuando me estás viendo la cara de estúpido junto con tu amante Annie Britter!
Justo en ese instante Annie comprendió todo, así que rápidamente abrió el sobre para darse cuenta de que Nicolette había cumplido con su amenaza y en verdad tenía evidencia de su comportamiento. En cada una de las imágenes salía junto a Cameron, besándolo o acariciándolo deliberadamente. Sintió de pronto como su mundo se le venía abajo. Se quedaría sin Cameron y sin la posición que le otorgaba ser la "señora Cornwell". Sus lágrimas comenzaron a brotar de inmediato y volteando a ver a Archie le dijo entre sollozos.
—No es lo que tú piensas Archie. Yo sería incapaz de faltarte al respeto. Lo que pasa es que ese hombre me tiene chantajeada, me amenaza, me está obligando a e…
Pero Archie no la dejó continuar.
¡Callate!. ¡Eres una mujerzuela!. ¡Cómo te atreviste a hacerme algo así! Y no me vengas de nuevo con que es mentira porque mi familia me abrió los ojos y me confirmó que todo esto es cierto. –Dijo ya gritándole mientras caminaba por todo el despacho—
Annie no tuvo más que recurrir al perdón de Archie. Sabía perfectamente que no soportaba verla llorar o sufrir, así que probablemente le terminaría dando una segunda oportunidad.
—Perdóname Archie. Es que tú nunca estas, me sentía muy sola y las cosas solo pasaron, pero te juro que no hemos sido amantes. Solo han sido algunos besos –Dijo fingiendo aflicción en cada palabra—
Entonces Archie la miró con desprecio mientras le decía.
—El que yo no estuviera no te daba derecho a meterte en la cama de otro hombre Annie. ¡Eres una cualquiera!
—¡No me metí en la cama de nadie!. ¡Yo sigo siendo una dama!
En ese momento la barrió con la mirada y le espetó.
—¡Tú una dama!.¡No me vengas con tonterías!. Si fueras una dama me habrías hablado con la verdad. Me habrías dicho claramente "Archibald ya no te amo". Yo hubiera preferido eso a que me engañaras. Pero ¿qué fue lo que hiciste?. Preferiste conseguirte un amante, mientras me veías la cara de idiota para poder gozar de los privilegios de pertenecer a la familia cuando nos casáramos. ¡Eres una hipócrita y una interesada!. ¡No sé como fui tan ciego y no lo vi antes carajo!.
Annie solo lloraba y lloraba.
—Archie por favor, podemos comenzar de nuevo tú también has tenido errores.
El elegante no podía creer que siguiera insistiendo con lo mismo y encima que lo estuviera haciendo responsable, pero enseguida le rebatió sin dejar de lado su por demás dura y despectiva voz
—Tienes toda la razón Annie mi error fue ayudar a mi tío y trabajar dejándote tan sola para que corrieras a los brazos de otro. Mi error fue respetarte siempre. Pero ¿sabes?, si me hubieras dicho que te gustaba que te trataran como una cualquiera te hubiera faltado desde hace mucho y tendría años que calentarías mi cama cuando yo quisiera.
—Archie por favor...
—No Annie se acabó. No creas que con esas falsas lágrimas me vas a convencer. Ya no soy más el idiota al que manipulabas fácilmente. Ahora veo claramente quien eres y no te quiero más en mi vida.
Entonces se acercó al bar para servirse un trago, necesitaba calmarse. Tenía el vaso en la mano cuando sintió que ella lo tomaba por el brazo.
—Yo te amo…
—¡Suéltame! ¡Jamás me has amado!. Sólo fui un capricho y ya que estamos siendo tan honestos quiero que sepas que yo tampoco te amé, pero si te quise demasiado, tanto que pensé en formar una familia a tu lado pero ahora te desprecio profundamente.
—Dame una oportunidad Archie podemos superar esto.
Entonces ya cansado la miró con profunda tristeza y lástima mientras le decía.
—Basta ya Annie. En este momento te libero de nuestro compromiso porque no pienso casarme contigo. Puedes salir y correr a los brazos de tu hombre en turno. –Dijo mientras le hacía una exagerada reverencia—
—Pero…
—Vete Annie. No me obligues a sacarte yo mismo de mi casa.
Ella iba a insistir cuando de pronto Albert abrió la puerta mientras le decía.
—Por favor Annie sal de la casa. Archie ya ha dejado claro que no quiere saber más de ti.
Entonces Annie se olvidó de su papel y con el enojo saliendo de su boca caminó hacia la puerta y le dijo a Albert.
—¡Todo esto es tu culpa! ¡Si tan solo no lo hubieras mandado lejos!
¡Albert no tiene la culpa de nada! Todo esto solo es la consecuencia de tus actos Annie. –Dijo una enojada Candy—
En ese momento Annie ya no tuvo que fingir y su desprecio hacia la rubia se hizo presente.
—¡No te metas en donde no te llaman estúpida huérfana! –Le dijo mientras la empujaba— Has de estar muy orgullosa de que Archie me haya botado, ¿verdad?. Tienes que ser siempre tú el centro de atención, siempre ha sido así, pero quiero que sepas que yo jamás te he comprado ese teatrito, para mi no eres más que una insignificante enfermera muerta de hambre sin familia. No sabes cómo te odio maldita Candy. –Le dijo con sus ojos llenos de rencor—
Candy estaba impresionada de las palabras de la morena. No imaginaba que tan grandes podían ser los malos sentimientos que tenía hacia ella. Iba decir algo pero Paty intervino y no se lo permitió.
—¡Ya termina de largarte de esta casa de una buena vez y no vuelvas nùnca Annie! ¡No significas nada para ninguno de nosotros!.
Entonces al ver que el mayordomo estaba con una cara de espanto por ahí Paty le pidió amablemente.
—Por favor le pido que acompañe a la señorita porque ya se retira.
Entonces el buen hombre hizo lo que le pidió la castaña y la sacó de la mansión. Paty sólo la miró partir. No sabía que pasarían años antes de que volvieran a tener noticias de Annie Britter.
Cuando Archie escuchó que la ojiazul se había retirado salió del despacho. Entonces sus tres amigos se le acercaron para reconfortarlo pero el solamente se dirigió a donde Paty, la estrechó entre sus brazos y le dijo un sincero: "Gracias por apoyarme".
Continuará…
